Muchas gracias por sus bonitos reviews.
Aclaro que no he descartado la trama de Thánatos, ni la de Zeros, o incluso lo que me sugieren: mi excusa es que accidentalmente borré los capítulos que estaba escribiendo y ahora estoy intentando rehacerlos... Estuve largo rato lamentándome, pero ya lo superé.
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Era demasiado temprano en la mañana para que sus subordinados le salieran con tonterías como éstas. Radamanthys depósito la taza de café a un lado y se frotó las sienes, escuchando a Valentine desbarrar sobre vacaciones y algo que sonaba sospechosamente similar a "la locura está alcanzando a mi jefe", con palabras menos ofensivas. Sólo su gran respeto por el chipriota, y el hecho de que era bastante útil, evitó que sus dedos le rodearan el pálido cuello hasta oír un satisfactorio crujido.
—No pierde nada con tener vacaciones, mi señor.
—¿Que no pierdo nada, dices? Bien. Déjame avisar a los humanos que por esta vez pospongan sus muertes hasta que regrese... ¡Oh, espera, esa es una idea estúpida porque NADA evitará que los idiotas se enfermen, envejezcan, se suiciden o se maten entre ellos! A ver, Valentine: ¿quieres llamar a las prostitutas del mundo y decirles que hoy no es el momento indicado para tener una sobredosis? ¿O pedirle a los ancianos que aplacen su taquicardia? Anda, ¡te reto!
—Señor, es completamente imposible para mí hacer lo que me pide —dijo Valentine, algo acostumbrado a los arranques de su superior—, pero me temo que usted necesita relajarse, puesto que se está haciendo daño al someterse a tanto estrés.
—Valentine, soy un bebedor empedernido: ya me estoy haciendo daño —como para confirmar sus palabras, el hombre sacó una botella de whisky de debajo del estrado y se sirvió un poco en la taza de café.
—... Dioses, si sigue bebiendo así... Y ni siquiera ha desayunado todavía —Valentine miró con alarma las acciones de Radamanthys, pero no se atrevió a detenerlo— . Aunque sigo firme en mi convicción de que necesita vacaciones.
—No necesito vacaciones.
—Señor, todos se toman vacaciones de vez en cuando. Incluso Lord Hades.
—¿Y qué?
—¿Cómo "y qué"? ¿Es que no le dice algo? ¡Hasta los dioses se toman vacaciones! ¿Por qué usted sería la excepción?
—Porque sin mí, este lugar se cae a pedazos. ¿Quieres dejar a Minos a cargo, Valentine? ¿O Aiacos? Ahora lárgate y déjame trabajar.
Valentine palideció ante la mera idea; e incapaz de hallar una forma de replicarle, se retiró... sólo para regresar unos minutos después y encontrar al Juez de Wyvern aparentemente dormido sobre el estrado, mientras las almas que debía juzgar pululaban cerca y algunas se veían indignadas a más no poder, aguardando su turno. Esa imagen casi hizo que arrojara la bandeja de té y galletas que llevaba, puesto que, contrario a la creencia popular, Radamanthys no vivía del aire (o del whisky, en todo caso).
—¡Ah, se lo dije! ¡¿Vio que sí necesita vacaciones?!
—¡Ésto es el colmo! —vociferó un sujeto gordo, que más parecía la mezcla entre un pandillero y un leñador—. ¡¿Incluso muerto debo esperar al maldito Juez? Me recuerda a ese idiota emo del avión... ¿Este tipo es Radamanthys, verdad? Uno de los reyes de Creta... ¡Nunca pensé que lo vería en persona! ¡Qué bajo ha caído! Y tampoco se parece en nada a los bocetos de los libros... ¡Ey, tarado, despierta!
Impidiendo que el bastardo agrediera físicamente al Juez, Valentine se interpuso en su camino y empezaron a forcejear, la bandeja de comida completamente olvidada. Pese a que era un simple difunto, el tipo gozaba de una notable fuerza. Los demás humanos, al ser testigos de la extraña escena, estallaron en gritos de batalla.
—¡Acábalo, Mario!
—¡Dale una paliza!
—¡Ese señor que duerme tiene una cara muy bonita, mamá! ¡Me recuerda al hombre del avión, el que nunca nos aclaró si los teletubbies eran extraterrestres o si los vampiros tenían olor!
—¡¿Morimos en ese avión, verdad?! ¡Qué horror!
—¡Esos dos tipos fueron los culpables! ¡¿Viste cómo abrieron la escotilla, Johnny?!
—¡Sí! ¡Pero antes, uno de ellos me contó historias macabras sobre dioses asesinos! ¡Ahora resulta que esas historias eran reales, puesto que estamos en el Inframundo!
—¿Te refieres a esa belleza de ojos grises y ceño fruncido?
—¡Usted, azafata, se deja llevar por las apariencias!
—¡Ay, mis pobres retoños! ¡No merecían morir! ¡Nunca le han hecho daño a nadie!
—¡Mamá, ¿los nazis y los teletubbies son vampiros disfrazados?! ¿El infierno es frío o caliente? Es que no siento mi cuerpo... ¿La Reina Isabel es una reptiliana? ¿Existe un caballo con cuerpo de conejo y cabeza de conejo?
—¡Calla a esos engendros, mujer, que son insoportables! ¿Los tuve que tolerar allá arriba y ahora aquí abajo? ¡Qué injusto!l
Tal alboroto arrebató a Radamanthys del sueño, que agarró simultáneamente a Valentine y al tipo gordo (antaño conocido como "Luigi") de las gargantas, pensando que se trataba de enemigos. El Juez parpadeó un par de veces, espabilándose, y soltó abruptamente a ambos hombres. Acto seguido, todas las almas presentes en el Tribunal desaparecieron en un extraño destello.
—¿Qué demonios acaba de suceder? —murmuró el rubio, incrédulo.
—¡Casi me mata! —reprochó Valentine, recuperando el aliento y frotándose el cuello, que tenía marcado los dedos de Radamanthys.
—¡Bueno, pensé que eras ese idiota de Zeros y su maldita cámara! ¿Qué sucedió con las almas que estaban aquí?
Sylphid, Gordon y Queen, al sentir el cosmos del Wyvern estallar con ira, abandonaron lo que sea que estuvieran haciendo en ese momento y acudieron rápidamente a la Sala del Tribunal. Los tres soltaron un hondo suspiro al ver que sólo se trataba de una farsa alarma, y que el Espectro de Harpía estaba relativamente ileso.
—Jefe, estoy de acuerdo con Valentine en que debería tomarse unas vacaciones —dijo Alraune—. Además, su ojo derecho está temblando.
—¡Tal vez quiero que lo haga!
—Señor, me vi en la medida de llamar a alguien que podría convencerlo.
Sin previo aviso, el Dios Hades se hizo presente en la Octava Prisión, justo frente al malhumorado Juez de Wyvern, que procedió a arrodillarse. Los demás Espectros lo imitaron.
—Escuché el rumor de que estás siendo un descuidado contigo mismo, Radamanthys, ¿cómo es eso? —preguntó el Dios con expresión sombría.
—No se dónde habrá escuchado semejante calumnia, Mi Señor Hades, pero juro que encontraré al perpetrador, le arrancaré la lengua y lo obligaré a comérsela, luego lo colgaré con sus propios intestinos.
—No hay necesidad de ponerse violento. ¿Te das cuenta de que ahora tus dos ojos tienen un tic nervioso, Radamanthys?
—¡¿Qué pasa hoy con mis malditos ojos?! ¡¿Por qué incluso usted lo menciona?!
—Valentine, te dejaré la planificación de las vacaciones de Radamanthys. Y Radamanthys, bajarás los cambios y te relajarás, ¿entendido?
—Puedo planear mis propias malditas vacaciones...
—Tu idea de vacaciones es agarrarte a golpes con el Santo de Géminis y regresar como si hubieras atravesado un pantano.
—¿Y eso qué? Es divertido.
—No es divertido cuando regresa para descargar su frustración en nosotros —interrumpió Valentine.
—Ahí es donde te equivocas, Valentine, puesto que siempre me tomo el tiempo de entrenar a mis hombres y cerciorarme de que estén en óptimas condiciones, y de paso les enseño el fino arte de la esgrima.
—Eso no es entrenamiento, jefe, eso es torturar a sus subordinados —comentó Gordon, como quien no quiere la cosa.
—Radamanthys, te tomarás unas vacaciones y fin de la discusión. No puedo permitir que enloquezcas por exceso de trabajo. Me basta con Minos. Y Valentine, no olvides llamarme para darme los detalles —y sin más dilaciones, Hades se dio lo vuelta y abandonó el Tribunal.
Los Espectros observaron escandalizados cómo el Juez de Wyvern levantaba ambos dedos medios hacia la espalda del Dios del Inframundo. Sylphid ahogó una sonrisa, Gordon miró el techo y Valentine negó con la cabeza. Queen pareció horrorizarse. Sin duda el comportamiento de Radamanthys, generalmente taciturno y reservado, difería mucho de su carácter usual.
—Me disgusta y enfurece que hayan incluido al Dios Hades en mis asuntos personales.
—Bueno, yo estoy decepcionado de que usted me hiciera llegar a este punto en primer lugar. Y también por ese gesto tan obsceno.
Esta vez, Radamanthys levantó el dedo medio en dirección a Valentine, y gruñó:
—Toma, tú también puedes tener uno.
—Está siendo inmaduro, Señor. Es preocupante.
—¿Y crees que me importa?
—Sólo estoy tratando de ayudarlo.
—Pues no necesito tu ayuda.
—La necesita, sin duda.
Radamanthys sujetó la taza de café y se la arrojó al chipriota, atinándole en la cabeza.
Los otros Espectros salieron discretamente del lugar, antes de que las cosas se tornaran demasiado violentas.
—¡Señor! ¡No toleraré que me trate de esta manera!
Una botella de whisky pasó volando a milímetros de la cabeza de Valentine.
—Si no necesita nada más, me retiraré a realizar los preparativos para sus vacaciones.
—Hay una cosa: antes de irte, recoge todo lo que se cayó en mi piso recién encerado —luego de limpiar el desastre de la bandeja de té, la taza rota y los vidrios de la botella, Valentine salió de Caína a paso apresurado.
Tenía la sensación de que estas vacaciones iban a ser difíciles, pues su jefe, más que humano, parecía un maldito dragón con dolor de muelas.
Radamanthys, por su parte, sólo se quedó en el Tribunal, luciendo un marcado ceño fruncido en sus aristócratas rasgos. Entonces su paz se vio quebrantada al momento en que Minos –seguido por Lune– irrumpió y, a juzgar por la bella sonrisa que traía –que para otros hubiese sido encantadora–, Wyvern tuvo un mal presentimiento: quizás Valentine le había dicho lo que estaba pasando...
—No pongas esa cara —se burló el noruego—. Unas vacaciones pueden hacer maravillas para el cuerpo.
—¿Qué diablos sabes, Minos?
—Nada. Sólo que si sigues así se te caerán los ojos, pues no dejan de temblar.
Radamanthys lo ignoró y centró la vista en Lune, que había acompañado a su jefe.
—¿Algo que quieras agregar? Elige tus palabras con mucho cuidado –el Espectro negó con la cabeza y salió corriendo de la Octava Prisión.
—De verdad que necesitas unas vacaciones, Radamanthys: tus ojos tienen otra vez ese tic nervioso...
—¡Ya Lárgate!
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