Capítulo 2:

Encuentro

Era de día cuando Hermione Granger despertó en medio de una pesadilla, no recordaba cómo había logrado llegar a la cama, aunque supuso que la señora Weasley había tenido que ver; tampoco estaba segura de a qué hora se había dormido aunque hubiera preferido no despertar, el peso de la realidad era abrumador. La respiración ya comenzaba a hacerse superficial dando indicios de lo que seria nuevamente un ataque de pánico...para por fin calmarse minutos más tarde luego de varias respiraciones profundas. Quería a sus padres, aún sabiendo que eso era imposible. Pensar en ellos le hacía ver lo mucho que este mundo le habia quitado... tenía dieciséis años recién cumplidos, sería obligada a casarse con alguien horrible y ni siquiera podía tener a su madre. No quería pensar en ella ...

Decidió que era mejor cambiarse y bajar. Ya todos deberían estar por almorzar y sinceramente la niña no quería ser una molestia más de lo que lo había sido ese día o para ser sincera esas semanas… mientras bajaba su mente divagó sobre la ley de matrimonio, una ley antigua renacida por los seguidores de Voldemort para someterla a ella. En realidad ya existía pero había sido reformulada para no tener escapatoria posible... solo afectaba a nacidas muggles y básicamente estarían a elección de cualquier sangre pura que las reclamara. Era algo bárbaro. La mujer nacida muggle solo podía elegir entre perder su magia o la potestad de realizarla pero ceder y casarse. Aún así, en caso de elegir la primer opción y renunciar a la magia si el hombre siguierq dispuesto a concretar las nupcias el consentimiento lo firmaría el ministro de magia con lo cual ella estaría obligada de por vida a esa persona y de todas formas perdería su magia.

Dumbledore habia dicho que el acuerdo podría contener cláusulas que a ella le impresionaran porque venian de mundos muy distintos pero que la instaba a ser valiente. Habia repetido que Snape no era tan malo como aparentaba y que a su vez tendría una vida cómoda y lo más importante seria que ella estaría lo más segura que se podría estar en una guerra siendo alguien de interés.

Molly luego le había contado emocionada (no entendía en absoluto como alguien podria emocionarse por ese hombre. Aunque había descubierto que en esa familia todos soñaban con tener más dinero) la fortuna que tenía Severus Snape, el nivel social y lo increíblemente buen empresario que era. Todos en el mundo mágico conocían al menos su apellido. Pasado el shock inicial tanto la señora Weasley como su hija habían intentado emocionarla por todos los eventos sociales a los que estaría invitada, las compras o cualquier pasatiempo que quisiera realizar...

No consiguieron mucho sinceramente nombrando solo cosas tan banales, pero la situación y su desconsideración por sus sentimientos dejó en Hermione un regusto amargo...Solo repetían Snape y dinero...dinero que para empezar no quería aunque debía admitir que esa era una sorpresa increíble; sabía que los profesores ganaban muy bien en el mundo mágico y que a parte él era uno de los mejores maestros pocionistas de Europa pero ser rico y reconocido socialmente era algo que jamás había demostrado o aparentado en la escuela en donde era conocido como el murciélago de las mazmorras de pelo grasiento quien siempre llevaba la misma túnica modesta y estricta. Esta arista en la vida del profesor la inquietaba muchísimo. Según lo que había podido razonar podría conseguir que su acuerdo prenupcial fuera aún más rígido y restrictivo que el que podría esperar de alguien con bajo perfil, en cambio su posición exigiría que ella este notoriamente en inferioridad de condiciones. En otras palabras nadie la ayudaría si algo iba mal, después de todo quién se pondría en contra de un hombre espectacularmente rico y poderoso por una disputa doméstica.

Había esperado uno o dos minutos para que ella volviera en sí, desde que la vió en la base de la escalera con la mirada perdida, en blanco. Aprovechó en cambio para estudiarla. Se encontraba mortalmente pálida y delgada, para nada atractiva, su pelo era un completo desastre, los ojos dorados (quizás el atributo más destacado de la adolescente) estaban hinchados y enrojecidos. El estado de shock que presentaba era considerable siendo evidente que sin ayuda no recuperaría pronto sus sentidos y no poseía tiempo ni paciencia suficiente para esperar indefinidamente. Solo se permitió un segundo de simpatía sabiendo que esa situación probablemente rompiera a la chica de forma irreparable.

- Señorita Granger - La voz del hombre la paralizó por completo, gélida y cargada de su habitual desdén. Normalmente habría contestado sin mayores dificultades pero solo fué capaz de quedarse paralizada sin casi respirar temblando ligeramente y mirando los pies de Severus Snape. - Sígame por favor. -

Quiso hacerlo sinceramente pero no pudo, sus piernas no le respondían, la figura del hombre nunca le había parecido tan intimidante. Se sentía inutil, ni siquiera podía mirarlo más allá de sus pies. Tenía puesta su habitual túnica que le hacía recordar a un murciélago, su pelo no estaba grasoso pero su lenguaje corporal la aterraba. Sentía que en cualquier momento podría atacarla y aunque nunca la había lastimado ni había hecho nada que le hiciera temerle más alla de algunas detenciones o palabras desagradables, ahora sabía la verdad, tenía una noción del poder real del hombre y su inferioridad. Odiaba ser inferior.

- Señorita Granger! - ladró sacándola de su trance- Le estoy diciendo que me siga, ahora. - Era evidente el profundo estado de shock de la chica, sabía que debería al menos mostrar cierta empatía, estaba realmente aterrorizada y para ser sincero tenía razón, pero años siendo espía y mortífago habían terminado con cualquier atisbo de ese sentimiento que pudiera haber tenido, por el contrario sintió gran molestia. Era una maldita niña y nada hacía que la viera diferente, su futuro auguraba ser penoso y miserable. Aún así no dijo nada más y optó por tomarla del brazo bruscamente arrastrándola al estudio silenciando el lugar antes de soltarla, lo que no ayudó a disminuir la impresión o susto de la muchacha quien se había corrido hasta chocar contra una pared mirándolo como si fuera un animal a punto de ser cazado... quizás una buena analogía después de todo.

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- Señorita Granger, aquí le traje para que firme todos los papeles del ministerio, con ellos informaremos que estamos acatando los tiempos y las directivas impuestas.- Esperó unos segundos a que se acercara al escritorio para tomar los papeles, pero ella siguió en silencio sin poder moverse. Snape suspiró impaciente antes de hablar- Puede no firmar, Señorita Granger, usted es completamente libre de ser una idiota; pero lo firmará de oficio el ministerio, usted ya sabe que el objetivo de todo esto es precisamente esta unión y sinceramente no toleraré de buena gana la humillación de tener una esposa sin magia - La chica estaba en shock al escuchar el discurso de hombre con su habitual forma desagradable de hablar, lentamente logró recuperar el control de sus pierna y caminar en dirección al escritorio junto a Snape quien en ningún momento dejó de observarla con la pluma en la mano esperándola, su mano estaba temblando al tomar la pluma como rogando a gritos que no lo hiciera, que no firmara y saliera huyendo al mundo muggle... y durante unos segundos pareció sí dudarlo, aunque un vistazo rápido hacia él bastó para terminar con los papeles de una vez, no existía escapatoria alguna de esta situación. Si corría él la atraparía antes de salir de la casa, incluso si llegaba más lejos no tenía dónde ir o a quién recurrir.

- Debe saber, Señorita Granger, que yo definitivamente no deseo esto más que usted y sin embargo le ahorraré cualquier cosa que le haga avergonzarse y a cambio exigiré la misma cortesía. - Hermione estaba sorprendida y asustada mientras veía cómo él mismo seguía firmando y revisando el papeleo como si hablara con un empleado. Observándolo notó la inmensidad de lo que estaba haciendo, ese hombre no había hablado diferente a como lo haría en cualquier clase o detención. No esperaba respuesta de ella y era obvio que no comenzaría a respetarla junto con el inicio del matrimonio. El hombre siguió en modo informativo mientras acomodaba los papeles luego de sellar él mismo con su propia firma la última página sin siquiera mirarla al hablar - El contrato estará listo en seis días para firmarlo en la ceremonia de compromiso, la haremos en el despacho del director. Esos son los papeles oficiales y son en definitiva prácticamente igual de vinculantes que el matrimonio en sí mismo; incluso le pido que se considere comprometida desde este momento, la joyería pertinente la tendré en la fecha formal de compromiso. Luego de concluir eso son siete días corridos adicionales hasta la ceremonia principal y… estará hecho. - Severus se detuvo unos segundos para ver si ella lo seguía, no pudo dejar de notar nuevamente que su aspecto era deplorable, esperaba que eventualmente mejorara, para ser honesto su lenguaje corporal se asemejaba al de los prisioneros que capturaban esporádicamente los mortífagos, lo cual lo molestó aún más, no era un monstruo y no le había hecho nada! Él mismo estaba obligado a unirse a ella y no estaba buscando hacerla sentir aún más miserable. - Debe controlarse señorita Granger, no puede reaccionar así cada vez que me ve, sería un gran inconveniente.

- El profesor Dumbledore me explicó ayer que usted se ve forzado también a aceptarme como esposa y que no está feliz con ello... pensé que debido a eso iba a preguntarme mi opinión al respecto o al menos no me haría sentir como una cosa - Las lágrimas habían vuelto a surgir y sus puños estaban firmemente cerrados. No se animaba a mirarlo al hablar.

Snape parecía bastante sorprendido, aunque rápidamente se recompuso-

- Señorita Granger, creo que no leyó ni entendió la naturaleza de este arreglo. Su opinión o sentir me son por completo indiferentes, usted ahora no es una alumna, es la prometida de un importante hombre de negocios de clase alta sangre pura. Es, a efectos prácticos, una mera pertenencia mía. Debe procesarlo ahora. No le pregunté nada, en principio porque no conoce nuestras costumbres ni nuestra cultura. No me interesa la opinión de una niña, aunque deba llamarla mi esposa, sigue siendo una niña y no tiene capacidad para tomar estas decisiones... por último no suelo pedir opinión sobre mis acciones y va a seguir así - Sin dedicarle otra mirada salió a toda velocidad de allí dejándola llorando desconsolada. Una ley y un hombre habían conseguido doblegarla más que cualquier batalla o señor oscuro.

El reflejo del espejo le devolvió una imagen demacrada de sí misma, era notoria la pérdida de peso desde aquel día y las uñas estaban carcomidas hasta que sus dedos quedaron lastimados. Los estragos del estrés eran notorios en cada poro de su piel. Faltaban pocos minutos para partir hacia el despacho del director y firmar esos malditos papeles, aún estaba procesando su vestimenta rígida, de un color demasiado sobrio que intentaba ocultar sus escasos años. Se sentía como una niña disfrazada en la ropa de su madre jugando a ser adulta.

No llevaba absolutamente nada y aunque había leído bastante no estaba segura de qué pasaría y cuáles serían las cláusulas principales a las que se vería sometida probablemente por el resto de su vida… ya hacían unos días que las lágrimas le habían abandonado, dejando pasó a unas ojeras qué parecían no dejarla nunca.

Era muy difícil comprender qué Lord Voldemort, uno de los magos más poderosos de todo el mundo, estuviera particularmente interesado en que ella, una niña de 16 años que ni siquiera era mayor de edad, se casará para ser completamente controlada por uno de sus mortífagos aunque su estatus de sangre fuera por completo contrario a los estándares de la organización que dirigía. Pero lo único realmente cierto para ella en ese momento era que no tenía escapatoria alguna de lo que venía y que la persona con la que compartiría su vida la odiaba, o al menos le era completamente indiferente sus anhelos, sus gustos o cualquier cosa respecto a su persona. Sería infeliz. Completa y totalmente infeliz.

Nunca había soñado con casarse ni con tener hijos y ahora se vería obligada a hacer ambas cosas, y lo peor era que este hombre tampoco quería casarse ni dejar descendencia en este mundo y ahora se vería obligado a ello.

Los golpes repentinos la distrajeron de su perspectiva futura sobre su incierta vida, sus amigos le estaban esperando al otro lado de la puerta para acompañarla hasta la red flu, el profesor Snape no quería a nadie qué no fueron ellos dos y el profesor Dumbledore en la ceremonia, supuestamente por una cuestión de seguridad, y ella debería afrontar sola este terrible momento.

Los pasos de la chimenea fueron demasiado cortos, el tiempo era demasiado escaso, no parecía alcanzar cada segundo de libertad qué le quedaba. Inexorablemente se hicieron las 9 en punto y debió irse, a través de las llamas verdes vió desvanecerse los rostros preocupados de las personas que amaba. Con determinación se prometió permanecer fuerte frente al profesor Snape y no darle más motivos para tratarla peor.

Al salir de la chimenea levemente tosiendo se encontró frente a ambos hombres, respiró profundo tratando de evitar que notaran lo débil que estaba; días sin poder comer estaban destruyendo su espíritu aunque claramente no era el momento de decirlo... Ya había llegado el momento y nada de lo que hiciera evitaría que su vida se destruyera por completo.

- Buenas tardes Señor director, Buenas tardes profesor... - Notó la mirada penetrante del hombre barerla de arriba a abajo con claro desagrado como quien evalúa si una comida es o no atractiva. Claramente lo que estaba viendo no satisfacía al profesor de pociones.

- Buenas tardes, señorita Granger. Comencemos.