Dragon Ball Z y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
Luego de una noche problemática para la niña y Videl, quien casi no pegó el ojo en toda la noche pendiente de ella, Pan se encontraba mejor de salud; los síntomas gripales persistían, pero por lo menos la fiebre había desaparecido. Sharpner había dormido en el sofá, por si Videl necesitaba ayuda con la pequeña. La hija de Mister Satan se levantó a eso de las 8 de la mañana. Aun llovía muy fuerte, por lo que, todavía no podría salir de su hogar. Vio a Sharpner desparramado en el sofá, roncando sonoramente, lo que le causó bastante gracia. Fue a la cocina y puso algo de café mientras le preparaba el desayuno a la niña. Al poco tiempo, terminó de prepararlo y subió nuevamente a su habitación para llevárselo a Pan.
─ Panny…hora de levantarse ─ la niña hizo un pequeño sonido de inconformidad ─ Vamos, pequeña. Debes desayunar para poder darte la medicina ─ explicó Videl mientras depositaba la bandeja en la mesita de noche. La niña miró a la joven con ojos somnolientos.
─ Buenos días, Videl ─ saludó entre bostezos.
─ Buenos días, Pan ─ respondió sentándose a su lado─ Ya te sientes mucho mejor, ¿verdad? ─ la niña asintió feliz.
─ ¡Súper! ─ dijo la niña animadamente ─ Gracias a ti…
─ ¿Pero qué dices? Fue gracias a las medicinas que estas mejor.
─ No es verdad ─ dijo la pequeña niña, sentándose en la cama─ Podrías haberme dado a beber una farmacia completa y no habría mejorado, si tu no me hubieras cuidado tan bien; yo estoy bien gracias a ti ─ la pequeña se sentó en el regazo de la joven detective y se acurrucó en él ─ Gracias ─ Videl sonrió y acarició el pelo de la niña.
─ De nada ─ permanecieron así por unos minutos, disfrutando del abrazo acogedor ─ Bueno, es hora de que comas algo ─ dijo mientras se estiraba para tomar la bandeja con Pan aun en su regazo. La tomó y la puso en las piernas de la niña. Casi de inmediato, la infante comenzó a comer como si no hubiera mañana. Videl había notado que Pan comía mas de lo normal, por lo que, le había preparado el equivalente a cuatro porciones de comida, los cuales, la niña se comió sin problemas. Al principio cuando la conoció, pensó que la cantidad de comida que había ingerido se debía al hecho de que tenía varios días sin comer, pero comprobó que se equivocaba la noche que la trajo a casa y comió mas de lo humanamente posible. Cuando Pan terminó de desayunar, Videl recogió la bandeja y la llevó a la cocina, pasando nuevamente al lado del dormido Sharpner. Tomó la medicina que debía darle a Pan, regresó a la habitación y se la dio. Luego de eso, ambas comenzaron a charlar.
─ ¿Y te gustaría ser un pony? ─ preguntó Videl a la niña frente a ella.
─ ¡No! A mí me gustaría ser un ave ─ respondió Pan alegre.
─ ¿Por qué? ─ Esa respuesta la intrigó; cualquiera pensaría que a una niña de la edad de Pan le gustarían esas cosas fantasiosas y mágicas.
─ Porque, además de que sería una de las aves más fuertes del mundo, podría volar libremente por los cielos; creo que el cielo es el único lugar donde somos libres ─ respondió la pequeña, asombrando por completo a la joven detective con sus maduras y profundas palabras. No le dijo que ella sabia volar porque no quería asustarla y, además no quería recordar a la persona que le enseñó a hacerlo, pero quien sabe, tal vez en el futuro podría enseñarle ─ ¿Qué hora es? ─ Videl buscó su celular.
─ Casi es medio día ─ expresó sorprendida; el tiempo volaba cuando estaba con Pan.
─ ¿Puedo ir a la sala a ver Tv? ─ preguntó inocentemente.
─ Claro ─ esa era una muy buena idea; así podría estar pendiente de ella mientras cocinaba. Videl cargó a la niña envuelta en una frazada y descendió hasta la sala donde Sharpner aun dormía ─ Levántate ─ dijo y no obtuvo respuesta. La joven detective colocó a la pequeña niña en el suelo, puso sus manos en el sofá e hizo fuerza hasta inclinarlo, ocasionando que su rubio amigo cayera rodando del mismo.
─ ¡Auch! ─ se quejó el rubio ─ ¡Videl! ─ Pan solo reía divertida.
─ Es casi medio día; es hora de que te levantes ─ respondió simplemente. El rubio se quejó y se levantó a regañadientes. Videl ignoró a su amigo. Tomó a Pan de la mano hasta llevarla frente a la Tv. La niña se sentó en el sofá y se arropó con la manta que había traído con ella, mientras Videl encendía la Tv y le pasaba el control a la niña. De inmediato, la infante se sumió en un mundo de caricaturas, por lo que, Videl aprovechó su distracción para poder preparar el almuerzo. Videl sonrió ante ese pensamiento; ya pensaba como una madre. No tardó mucho en terminar el almuerzo; puso tres platos en la mesa y llamó a Pan y Sharpner. La pelinegra niña apareció de inmediato, seguida de un rubio muy hambriento.
─ ¿Saben algo? Parecemos una familia de verdad ─ Sharpner decidió intervenir esta vez.
─ ¿Por qué lo dices?
─ Videl es la mamá, tu pareces el papá y yo la hija ─ explicó risueñamente ─ Siempre he imaginado una familia así ─ Sharpner trató de hacerse el fuerte, pero estaba muy conmovido con el relato de la niña; no imaginaba lo duro que debía ser para una niña tan pequeña ser huérfana.
─ Muy bien, Panny ─ dijo Videl tratando de cambiar de tema ─ Vamos a comer ─ El rubio quedó boquiabierto al ver la cantidad de comida que esa niña ingería. Miró a Videl extrañado, pero ésta solo rio divertida; al final, el chico se limitó a comer, hasta que terminó almuerzo.
─ ¿Quieres que te ayude a recoger la mesa, Videl? ─ preguntó la niña.
─ No te preocupes, Sharpner y yo nos encargaremos; aun debes descansar ─ le dijo tiernamente ─ ve a ver Tv ─ la niña la miró no muy convencida, pero terminó aceptando e hizo lo que Videl le había indicado. Cuando terminaron de ordenar todo, el timbre sonó. Extrañada, Videl fue hacia la puerta ¿Quién vendría a visitarla en semejante tormenta? Abrió la puerta.
─ Papá ─ dijo sorprendida ─ ¿Qué haces aquí? ─ Hercule abrazó efusivamente a su hija.
─ ¿No puedo venir a visitar a mi hermosa y querida hija?
─ Si, pero…─ el campeón del mundo no le permitió terminar de hablar e ingresó a la residencia.
─ ¡Sharpner, que sorpresa! Tiempo sin verte muchacho ─saludó al rubio en un apretón de manos.
─ Lo mismo digo, señor ─ respondió por cortesía; no era un secreto para nadie el hecho de que la relación entre estos dos se había deteriorado.
Hercule fijó su vista en una niña que lo miraba expectante. Los profundos ojos negros de la pequeña lo helaron por completo y le hicieron temer lo peor al percatarse de que eran tremendamente familiares para el.
─ V-Videl, ¿Quién es esa niña? ─ preguntó tratando de sonar lo más tranquilo posible.
─ Pan, ven aquí─ el gran salvador del mundo se estremeció al escuchar el nombre; ya no le parecía una coincidencia todo lo que el doctor le había dicho antes. Pan se levantó del sofá y caminó hasta Videl, tomándole la mano a la joven detective mientras miraba a Hercule con algo de desconfianza. Era extraño que se sintiera de ese modo, cuando conoció a Sharpner le cayó bien de inmediato ─ Papá, esta es Pan; Pan esta es mi padre ─ la niña se aferró a Videl.
─ Mucho gusto ─ dijo tímidamente. Hercule forzó una sonrisa y asintió levemente.
─ El placer es mío. Videl, ¿puedo hablar contigo? ─ dijo rápidamente. La chica simplemente asintió.
─ ¿Te metí en problemas? ─ preguntó inocentemente una voz al lado de la joven. Sintió su corazón derretirse ante su inocencia.
─Claro que no, Panny ─ dijo despeinando su cabello de modo amistoso ─ Vuelvo enseguida ─ Videl siguió a su padre hasta el segundo nivel de la casa, entrando a la habitación de la pelinegra. La chica no entendía la actitud de su padre; lo conocía demasiado para saber que algo tramaba.
─ ¿Quién es esa niña? ¿Qué hace aquí? ─ preguntó rápidamente.
─ Ya te la presenté, papá; es una niña huérfana a la que he estado cuidando ─ respondió simplemente.
─ ¿Qué? ¿Ahora eres una trabajadora social? ─ dijo de manera sarcástica, cosa que no le agradó mucho a la ex-justiciera ─ Debes deshacerte de esa niña cuanto antes ─ Videl se sintió ofendida ante la orden que le estaba dando su padre; ya no tenia 5 años. Pero lo peor era el hecho de que hablara de Pan como si fuera un viejo par de zapatos sin valor; eso no se lo iba a permitir.
─ No lo haré…─ dijo de manera firme, sorprendiendo a Mr. Satan.
─ ¿Qué dijiste? ─ juraba que había escuchado mal.
─ Que no haré lo que me pides ─ repitió ─ Pan no es un objeto que puedes desaparecer a tu conveniencia; no te lo voy a permitir ─ Hercule quedó en silencio por un rato. Miró a su hija enojado y salió sin decir más de la habitación. Videl lo siguió solo por precaución; no quería que la pequeña presenciara uno de los arrebatos de su padre; el hombre siguió directo hacia la puerta y salió por ella, dando un gran portazo que tomó por sorpresa a todos los presentes.
─Videl…─comenzó Pan angustiada.
─ No te preocupes, Pan…no es tu culpa ─ comenzó a decir ─ Papá es un experto en crear momentos incómodos…─ murmuró enojada.
No podía creerlo; en verdad, no podía. Su propia hija se atrevió a contradecirlo. No podía entender por qué Videl cuidaba de esa niña; esta situación era muy peligrosa para él. El doctor tenía razón; esa niña era idéntica y, en verdad, no quería creer que era la misma. Si Videl llegaba a descubrir la verdad, jamás se lo perdonaría. Descendió de la limosina y entró a la mansion siendo recibido de inmediato por su asistente.
─ Mr. Satan…aquí le tengo el número que me pidió conseguir ─ el campeón tomó el pedazo de papel que su asistente le estiraba y sin decir nada, se encerró en su despacho; este número mantendría el pasado muy atrás.
─ Buenas noches, habla Hercules Satan…quisiera reportar a una pobre niña huérfana que he visto…
─ Bien Pan, pórtate bien con Sharpner ─ la niña asintió. Ya era lunes; la lluvia había cesado y Videl debía ir a trabajar. Sharpner estaba de vacaciones, por lo que, podía quedarse a cuidar a Pan ─ Trataré de venir lo más pronto posible, ¿bien? ─ la niña volvió a asentir. La joven detective miró a su amigo rubio ─ tu también pórtate bien.
─ ¡Oye! ─ Videl solo rió.
─ Bueno, ya le di su medicina; la próxima dosis es en la noche y ya estaré aquí para dársela ─ explicó la joven detective ─ nos vemos en la tarde ─ dijo mientras tomaba su bolso y las llaves del auto.
─ ¡Suerte! ─ deseó la pequeña niña; Videl alzó el pulgar como respuesta.
─ Bien, ¿Qué quieres hacer, Pan? ─ Antes de irse, Videl había hecho todo: le había hecho el desayuno a ambos, le había preparado un baño a Pan, incluso preparó el almuerzo para que Sharpner solo tuviera que recalentarla y así, evitar un muy probable incendio…
─ No lo sé
─ ¿Qué te parece si jugamos un videojuego? Llevo una consola conmigo a todos lados ─ expresó orgulloso.
─ ¿En serio? ¡Juguemos!
Sharpner fue a su auto, sacó la consola, volvió a la casa y la preparó para ser usada.
─ Debo advertirte…que soy increíble en los juegos ─ dijo el de manera altanera.
─ Ya veremos ─ respondió la niña del mismo modo que el. Era la misma actitud que tomaba Videl ante los desafíos.
Sharpner y Pan jugaron durante toda la mañana hasta que decidieron que era hora de almorzar. Como estaban repletos debido al almuerzo y cansados de jugar, Sharpner decidió que lo mejor era ver una película. Estaba seguro de que no encontraría películas infantiles en la casa, por lo que, optó por buscar varias en internet y las reprodujo para mantener a la niña entretenida, mientras él se entretenía en las redes sociales…y de un momento a otro, ya eran las 4 de la tarde.
El timbre sonó. Sharpner se extrañó; se supone que a esa hora Videl estaba trabajando ¿Quién podría venir a buscarla a esa hora? El joven rubio se dirigió a la puerta. Cuando la abrió, vio a dos personas, un hombre y una mujer, vestidos de manera formal, que portaban semblantes muy serios para su gusto y detrás de ellos, se encontraba Hercule, mirándolo de manera maliciosa. Esto no le daba buena espina…
─ Y… ¡listo! ─ exclamó la detective. Le había tomado todo el día, pero había logrado terminar todos los reportes que se le fueron asignados. Miró el reloj; ya eran altas horas de la tarde. Sonrió. Nunca había tenido tantas ganas de regresar a casa, pero una hiperactiva niñita la esperaba ansiosa y eso era suficiente razón para ella. Comenzó a ordenar su lugar de trabajo, para poder marcharse lo más rápido posible y cuando terminó, alguien tocó a su puerta.
─ Señorita Videl, la necesitamos; el jefe dará un anuncio ─ Videl suspiró frustrada ¡¿Justo ahora que iba de salida?! Sin tener de otra, terminó yendo.
Salió de su oficina y encontró a todos sus compañeros de trabajo reunidos ahí, en torno a un hombre de cuarenta y tantos años, bajito y regordete, vistiendo su uniforme de oficial.
─ Como ya todos están aquí, procederé ─ dijo el jefe ─ Mañana se une a nuestras fuerzas un nuevo detective que nos ayudará aun mas a cumplir con nuestro deber. Es muy talentoso y espero que le den la acogida que se merece ─ explicó ─ Mañana mismo lo conocerán; por ahora es todo de mi parte, ya se pueden retirar ─ Videl no le dio mucha importancia al asunto. Volvió a su oficina, terminó de ordenar, tomó su bolso y sus llaves y se fue. Condujo tranquilamente hasta su casa, tarareando una melodía, cosa muy extraña en ella. Pero no podía evitarlo, se sentía tranquila. Llegó a su hogar y se alivió al ver que no había signos de desastre. Introdujo sus llaves y entró.
─ ¡Videl! ─ escuchó como Pan la llamaba; sonaba algo… ¿asustada? ─ No dejes que me lleven, por favor ─dijo la niña totalmente en pánico, comenzando a llorar. Videl cargó a la pequeña tratando de tranquilizarla y cuando levantó la vista, vio a un muy enojado Sharpner, a su padre muy sonriente y a dos completos extraños.
─ ¿Qué está pasando aquí? ─ preguntó mientras arrullaba a Pan contra sí, tratando de calmarla un poco ─ ¿Quiénes son ustedes?
─ Somos trabajadores sociales ─ respondió la mujer ─ Vinimos por la niña…
¡Hola! Espero que hayan disfrutado del capítulo. Gracias a todos por dejarme sus reviews, favs y follows; y a todos aquellos que aunque no han dicho presente, leen la historia; Thank you very much! :D Volveré pronto (o eso espero =/). Sin más que decir,
Bye!
