Dragon Ball Z y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
Se estiró perezosamente en el sofá, totalmente desorientado por el sueño que aun lo invadía. Cuando por fin logró ubicarse, se incorporó de aquel mueble y fue a inspeccionar la casa. Pasó por la habitación de la pequeña Pan, encontrándola totalmente perdida en el mundo de los sueños, luego pasó por la de Videl y, como esperaba, ella no se encontraba ahí. Miró el reloj; faltaban unos 15 minutos para las 6 am, por lo que surgió otra pregunta en él: ¿Qué hacía el despierto a esa hora? Videl dijo que volvería a tiempo para alistar a Pan, así que, él no debía preocuparse. Retrocediendo en sus pasos, volvió al sofá y reanudó su sesión de sueño antes interrumpida.
El sol comenzaba a asomarse anunciando la llegada de un nuevo día. El mayor de los Son llevaba despierto un par de minutos, admirando a la mujer que yacía dormida a su lado. Se encontraban acostados en la improvisada cama que Gohan había creado la noche anterior antes de la llegada de la pelinegra y envueltos en frazadas y sabanas que cubrían sus cuerpos y los protegía de la tenue brisa que recorría el lugar. No pudo evitar sonreír ante la figura femenina que le daba la espalda en esos momentos. Aún no podía creer lo que pasó la noche anterior. Como volvió a revivir aquella noche de hace cuatro años unas dos, tres…ni siquiera estaba seguro de cuantas veces se habían entregado el uno al otro la noche anterior, lo que sí sabía era que, después de esto, no había forma de que amara a alguien más que a ella. Sin poder contenerse, acarició su larga melena, para luego acercarse y depositar una serie de tiernos besos en su níveo cuello.
─Te amo…─susurró en su oreja. En cuestión de segundos, la chica estaba girando en sus brazos y quedando frente a él. Su cara de asombro lo descolocó un poco. ─ ¿Qué pasa?
─Aún estas aquí…─y ahí, Gohan se sintió fatal al entender por qué su sorpresa.
─No pienso cometer los mismos errores del pasado. ─respondió con total convicción. ─Ella sonrió tímidamente. Los recuerdos invadían su mente. Fue sublime la forma en que se entregaron el uno al otro en más de una ocasión la noche anterior. Aun no podía creer que ese Gohan tranquilo e ingenuo que conoció en sus años de secundaria, pudiese convertirse en ese hombre tan intenso y pasional que la envolvía en un torbellino de placer.
─Es bueno saberlo. ─el joven semi-saijajin la besó de manera pasional. Quería congelar ese momento para siempre. Después de tanto tiempo, por fin la tenía entre sus brazos. Se separaron cuando el aire se hizo escaso. ─Y… ¿qué pasará a partir de ahora?
─ ¿A qué te refieres?
─A nosotros. ─ La pregunta podría sonar obvia después de todo lo acontecido durante esa noche, pero necesitaba escucharlo de él; necesitaba estar segura. Él acarició su pelo tiernamente.
─Te amo, Videl y quiero estar contigo.
─Yo también te amo, pero tengo miedo de que el pasado no nos permita estar juntos y yo no creo soportar otra decepción, Gohan, no puedo…
─Oye, no digas eso…─interrumpió él. ─ ¿Qué te parece si iniciamos de nuevo? ─ Se reincorporó un poco en las cobijas. ─Hola, mi nombre es Gohan, ¿Cuál es el tuyo? ─ella sonrió divertida.
─Me llamo Videl. ─él fingió sorpresa.
─ ¿Como la hija del salvador del mundo? No me digas que…Oh, señorita Videl, es un honor conocerla. ─ella no pudo evitar reírse, contagiándolo a él. ─Supongo que lo de anoche fue nuestra primera cita, ¿no?
─Se podría decir que sí. ─él sonrió.
─No te digo que olvidemos lo que ha pasado. Esos acontecimientos formarán parte de nosotros hasta el final de nuestros días, lo que sí te digo es que de ahora en adelante, debemos enfocarnos en ser felices y superarlo. ─dijo él. ─ Y es exactamente lo que quiero hacer, pero contigo a mi lado. Hace cuatro años fui cobarde y no supe cómo defender lo que sentía y sigo sintiendo por ti, pero ya no más. Te amo y quiero estar siempre a tu lado, honrando la memoria de nuestra hija. ─Videl no pudo contener aquella lágrima que descendió por su mejilla y que Gohan rápidamente hizo desaparecer. Escucharlo decir eso, especialmente la parte de su hija, era lo que necesitaba escuchar en ese momento. ─Te amo.
─Y yo a ti.
No sabía que deparaba el futuro, pero se sentía más confiada de averiguarlo con Gohan a su lado.
Introdujo las llaves con suma delicadeza. Después de aquellas hermosas palabras por parte de Gohan, se entregaron una vez más a la pasión. Era como si ninguno pudiese saciarse completamente del otro, después de todo, fueron cuatro años de constante ausencia…Abrió la puerta lentamente y observó todo a su alrededor. La casa seguía en penumbras y eso no le gustaba. Eran las 7 am, ya deberían estar despiertos.
Subió al segundo nivel para despertar a Pan, pero se llevó una sorpresa al encontrarla sentada en su cama, tratando sin éxito de atarse los cordones.
─Buen día. ─La pequeña levantó la vista de inmediato.
─ ¡Mami! ─dijo mientras corría hacia ella, siendo de inmediato cargada por la joven justiciera. ─Pensé que no llegarías.
─Te prometí que estaría aquí y no te defraudaría. ─respondió. ─Veo que ya estas lista.
─Mas o menos: ya me bañé y me vestí, pero no he podido peinarme ni atarme los cordones. ─dijo algo desanimada.
─Pero hiciste todo bien. Estás preciosa. ─dijo. Admirando el sencillo atuendo que vestía: una linda blusa blanca de mangas largas y un sencillo pantalón. ─Ven, te ayudaré a peinarte y a atarte los zapatos. ─la colocó en el borde de la cama y procedió a ayudarla con los zapatos. ─ ¿Ya desayunaste?
─No. ─respondió. ─Estaba esperando a que llegaras porque no quería despertar al señor Sharpner; se ve muy tranquilo mientras duerme.
─Por suerte, llegué yo para acabar con esa tranquilidad. ─respondió "tomando" su nariz cariñosamente y sacándole una sonrisa a la niña. Luego de terminar con sus zapatos, Videl se dispuso a peinar su cabello y, con una pequeña banda, amarró la parte superior del cabello, quedando como una cola de caballo, dejando la parte inferior suelta, y por supuesto, dejando su flequillo caer por su frente. ─Vamos a hacerte algo de comer. ─dijo mientras se dirigía junto a Pan hacia la cocina, solo tenía que despertar a cierto perezoso. Como ya había hecho en una ocasión, volteó el sofá con todo y su amigo en él.
─ ¡Oye! ─ exclamó él segundos antes de estamparse contra el suelo. ─ ¿Qué tienes en contra de despertar a las personas con delicadeza?
─Es lo que te mereces. ¿No se supone que cuidarías de Pan mientras no estaba?
─Y eso hice, pero como dijiste que llegarías a tiempo para llevarla a la escuela, no pensé que fuese solicitado. ─ella enarcó una ceja. ─Oh, vamos, si ya la vestiste…
─Ella se preparó sola. ─el rubio no supo que responder a eso.
─Ok Pan, me haces quedar mal…─la niña sonrió.
Con esa conversación terminada, Videl se dispuso a prepararle el desayuno a su amigo e hija, dejándolos comer mientras ella se alistaba. Subió a su habitación, eligió la ropa que usaría y entró al baño para darse una merecida ducha. Mientras las gotas de agua comenzaban a refrescarla completamente, no pudo evitar pensar en Gohan. No terminaba de creer que la noche de hace cuatro años se repitiera tan intensamente; aun podía sentir sus besos y sus caricias sobre su piel, quemándola ante cada contacto…Sacudió la cabeza. No podía enfrascarse en esos recuerdos. Ella tenía cosas que hacer. Terminó de ducharse y se alistó rápidamente para llevar al pequeño torbellino de cuatro años a la escuela.
─Muy bien, ¿ya estamos listas? ─dijo mientras bajaba por las escaleras.
─Sí, mami. ─respondió la pequeña cerrando su mochila y tomando su almuerzo.
─Muy bien, espérame en el auto. ─ella obedeció. Videl se acercó a Sharpner.
─Gracias por todo; de verdad necesitaba despejarme un poco.
─No fue nada. ─dijo con una sonrisa. ─ ¿Lograste organizar tus ideas?
─No sabes cuánto…
─Me alegro de escuchar eso.
─ ¿Te quedarás más tiempo? ─él negó.
─Tengo cosas que hacer.
─Está bien. ─dijo ella tomando todas sus pertenencias. ─No olvides asegurar puertas y ventanas. ¡Nos vemos!
Y con eso, Videl abandonó su hogar.
─ ¡Pan! ─exclamó una voz en el preciso momento en que la pequeña entró al salón.
─Buenos días, Bulla. ¿Qué traes ahí?
─Es un videojuego que "tome prestado" ─dijo haciendo las comillas con sus dedos. ─No creo que mi hermano lo note.
─ ¿Y no te meterás en problemas por hacerlo?
─No creo; mi papi me defenderá, ─dijo totalmente segura de sus palabras. ─pero eso no importa ahora, ¿quieres que juguemos tú y yo?
─ ¿Y qué hay de las demás chicas?
─A ellas no les gustan estos tipos de cosas; nunca me sentí totalmente cómoda con ella, pero contigo sí, y eso que te conozco desde hace poco. ─Pan sonrió. ─Entonces, ¿qué me dices? ¿Jugamos en el recreo?
─No me lo perdería por nada.
Bulla sonrió abiertamente y tomó la mano de su amiga para dirigirse a sus pupitres mientras conversaban de un sinfín de cosas.
Dejó su bolso en una silla cercana mientras se preparaba mentalmente para comenzar un día laboral. Tenía que revisar varios papeles, visitar algunas escenas del crimen, entrevistar varias personas…tenía un día muy ajetreado por delante. Decidida a comenzar, tomó el primer portafolio y comenzó a leerlo con detenimiento, cuando iba por la mitad del mismo, escuchó que tocaban la puerta.
─Adelante. ─la puerta se abrió, dejando ver un adorable y enorme oso de felpa siendo cargado por alguien.
─Entrega especial para la señorita Videl. ─dijo una voz detrás de él, que ella conocía muy bien. El hombre, sin apartar el gigantesco oso de su rostro, le entregó una pequeña nota.
"Un osito especial, para la más especial de todas.
Te amo.
Gohan"
─Gohan, sé que eres tú. ─dijo sonriente después de haber leído la nota. El joven semi-saijajin bajó el enorme oso y observó a la pelinegra sonriente.
─Buenos días. ─dijo entregándole el peluche y dándole un tierno beso en la mejilla. ─ Como sé que no te gusta mucho cuando las flores se marchitan ni comer dulces en la mañana, fui por un osito de esos que tenias de niña y que te encantaban. ─explicó él. ─Espero que te gusten.
─Te acordaste de todo. ─dijo notablemente sorprendida. Esos datos salieron a la luz en sus tiempos de amistad cuando entrenaban y compartían tardes como simples amigos. No podía creer que lo recordase.
─Nunca lo olvidé. ─respondió.
─Gracias, Gohan, fue muy lindo de tu parte.
─No fue nada; todo por mi adorada novia. ─Videl lo miró sorprendida.
─ ¿Novia? ─ él se puso nervioso.
─Bueno, sí…tu sabes, tu y yo…lo de anoche… ¿o no? Yo solo…
─Sólo bromeo. ─dijo tratando de contener la risa. ─Nunca cambias…
─No hagas eso, de verdad me mortificaste. ─ella sonrió.
Algunas cosas parecían no cambiar y estaba feliz de que así fuese.
Bebía su café con verdadera calma, o por lo menos eso aparentaba en el exterior. En el interior, la culpa la estaba consumiendo. Se sentía como una de esas típicas chicas que salían en aquellas películas que se interponían entre los protagonistas, a pesar de que, no fue con intención. El solo hecho de pensar que su mejor amiga y su ex prometido habían pasado ese infierno solo porque ella tuvo un capricho de diva, la estaba carcomiendo por dentro.
─Lamento la demora.
─Pensé que no vendrías.
─Te di mi palabra, así que…─dijo mientras tomaba asiento. ─ ¿Qué se te ofrece?
Ella dudó en contestar. Sentía que su requerimiento estaba muy fuera de lugar en esa situación, pero aun así, necesitaba hacerlo.
─Necesito que me ayudes a acercarme nuevamente a Videl.
─ ¿Para qué? ─preguntó con algo de desconfianza.
─Quiero enmendar mi error y tratar de salvar aquella amistad que alguna vez existió entre ambas.
─Erasa, no sé si sea buena idea que…
─Por favor, Sharpner: extraño a mi mejor amiga y necesito reparar aquel daño que le hice; te lo suplico. ─él pareció pensarlo. No sabía si sería lo adecuado dado la situación, pero debía admitir que le gustaría resolver este asunto entre ellas de una vez por todas.
─Está bien…veré que puedo hacer.
Ella suspiró aliviada. Lo último que se perdía era la esperanza.
Pan miraba distraída por la ventana del salón. Como su mami debía trabajar hasta altas horas de la tarde, ella debía quedarse en la escuela haciendo deberes y demás cosas hasta que ella terminase.
─ ¿Ya terminó sus deberes, señorita Satan? ─la niña dio un pequeño respingo.
─Si, maestra. ─la docente encargada, la miró extrañada. Esa niña tenía un montón de tareas que no eran tan sencillas para niños de seis años, y contando que ella tenía cuatro, debería tomarle más tiempo.
─Déjame ver. ─la niña le entregó los cuadernos. La educadora inspeccionó cada uno con cuidado, comprobando que, no solo los deberes estaban completamente llenos, también estaban hecho a la perfección. ─Es impresionante, Pan; eres muy aventajada para su edad.
─Gracias, maestra.
─Aun falta una hora para que tu madre venga por ti y ya acabaste.
─ ¿Puedo dar un paseo por la escuela? Estoy algo aburrida.
─No lo sé; no deberías ir sin supervisión…
─Por favor. ─ dijo de manera suplicante.
─ ¿Me prometes que no te meterás en líos? ─la niña asintió. ─Está bien, puedes ir.
─Gracias.
─ ¡No te alejes demasiado! ─pero ya era tarde. La pequeña hace rato que estaba fuera del salón.
Pan pensó en ir al patio y simplemente, relajarse mirando el cielo y disfrutando de la suave brisa, pero por alguna razón, no lo hizo. Una curiosidad innata la guió hacia un salón de donde provenían varias voces. Se asomó un poco y notó que no era un salón; era una especie de mini dojo donde habían varias niños un poco más grandes que ellas, haciendo algunos movimientos característicos de combate. ¿Eso eran artes marciales? Vio como unos niños estaban en combates, otros practicaban algunos movimientos y otros estiraban para ponerse en marcha.
No sabía por qué, pero Pan tenía unas ganas tremendas de participar en esa actividad. No entendía por qué, pero de repente, quería patear un par de traseros.
─ ¿Pan? ─la pequeña niña dio un salto al escuchar una voz que ya había escuchado antes detrás de ella.
─ ¿Señor Goten? ─preguntó extrañada. ─ ¿Qué hace aquí?
─Soy ayudante en las clases junior. ─respondió. ─ ¿Qué haces tú aquí?
─Terminé mis deberes y vine a dar un paseo.
─Ya veo. ─respondió. ─ ¿Quieres entrar?
─ ¿Yo?
─Claro. ─respondió con naturalidad. ─ ¿Nunca lo has intentado?
─He visto algunas peleas, pero nunca lo he intentado.
─Siempre hay una primera vez; ven, yo te voy a enseñar. ─sin darle tiempo a responder, tomó la pequeña mano de la niña y la adentró al lugar, ante la atenta mirada de todos.
─Veo que traes a una nueva, Son. ─dijo el maestro. Un hombre musculoso e imponente que de inmediato, intimidó a la pequeña. ─¿Cuál es tu nombre?
─Pan…
─Vino a ver la clase y a intentar unos movimientos conmigo.
─Muy bien; siéntete como en casa, pequeña. ─ La niña asintió. No entendía como alguien podía verse tan aterrador y ser tan amable. Era lo contrario al papá de su mami; se veía amable, pero era muy aterrador…
─Vamos a comenzar con cosas sencillas, ¿bien? Quítate los zapatos. ─ella obedeció. ─Vamos a comenzar con la postura de pelea. ─dijo tomando posición. ─ ¿Ves? Imítame─ y así lo hizo. ─ Nada mal. ─Ahora, haz estos movimientos. ─Goten lanzó dos puñetazos, uno con cada brazo y luego dio una patada aérea.
─ ¿Y eso es lo básico?
─Sí…creo que me excedí un poco. Sólo haz lo que puedas. ─ella asintió y, sorprendiendo al menor de los Son, hizo los movimientos a la perfección.
─ ¡Eso estuvo genial! ─aplaudió él. ─ ¿Estás segura que nunca habías practicado antes?
─Segura.
─Pues déjame decirte que tienes un talento natural. ¿Quieres intentar otra cosa? ─preguntó. Ella asintió entusiasmada. ─Mira, esta es una posición defensiva…
Y el tiempo voló después de eso.
Observaba aquella nota con verdadera angustia. Hace una semana que la escribió y aun ni reunía el valor para enviarla a su destino. Ese pedazo de papel tan insignificante, contenía unas pocas palabras que podrían destruir la vida de muchas personas, incluyendo la suya, pero ya no podía más. No debió vender su integridad por dinero; debió mantenerse firme y no contribuir a esa monstruosidad en la que había participado.
Miró la nota por enésima vez ese día.
Su deber era enviarla, pero temía el resultado de esta.
Frustrado consigo mismo, volvió a guardar la carta como llevaba días haciendo.
Videl miró por el espejo retrovisor viendo el gigantesco oso que ocupaba la mitad de su asiento trasero. Aún no podía creer que después de todo este tiempo y todo lo acontecido, ella y Gohan estuviesen saliendo. Estaba tomando esto como un nuevo comienzo que le brindaba la vida: un adorado novio, una tierna hija y un amigo incondicional…estaba empezando a sentir aquella paz que hace tanto no sentía.
Bajó del auto en busca del pequeño terremoto de cuatro años. Se supone que estaría en el salón acabando sus deberes, por lo que, escuchar su risa a través del pasillo era extraño. Aún extrañada, abrió la puerta de dónde provino la risa y esperaba cualquier cosa, menos que su pequeña Pan estuviese en un lugar de artes marciales.
─ ¡Mamá! ─ dijo corriendo hacia ella.
─Hola, cariño.
─ ¿Videl? ─la hija de Mr Satan miró al joven que le había llamado.
─ ¿Goten? ─el joven sonrió a más no poder y tomó a Videl entre sus brazos en un efusivo abrazo.
─ ¡Cuánto tiempo sin verte, hermana mayor! ¡Te he extrañado tanto! ─esa declaración la tomó por sorpresa.
─Lo mismo digo. ─dijo separándose un poco de él. ─Mírate, estás enorme; incluso estás más alto que yo.
─Cualquiera es más alto que tú.
─ ¡Oye! ─ambos rieron.
─ ¿Verdad que el señor Goten es genial, mamá?
─Claro que sí. ─respondió. ─A propósito, ¿Qué haces aquí, Pan?
─Estaba probando con las artes marciales y… ¡me encantan!
─Tiene un talento natural; debería seguir practicando. ─exhortó. ─¿Y sabes qué, Pan? Tu mami te puede ayudar. Es la mejor peleadora de todas.
─¿En serio, mami?
─Bueno, tengo tiempo que no practico.
─ ¿Por qué no? Tú amabas entrenar y eras muy buena.
─ Algunas cosas cambiaron. ─respondió. ─Fue un placer verte de nuevo, hermanito, pero ya tenemos que irnos. ─Videl lo abrazó afectuosamente al chico. Había crecido tanto que aún le costaba reconocerlo.
─Entiendo. Espero que nos veamos pronto.
─Tenlo por seguro. ─él sonrió.
─Adiós, Pan.
─Adiós, Señor Goten.
Madre e hija abandonaron el pequeño dojo, pasaron por las pertenencias de Pan al salón y, luego, subieron al auto para ir a casa.
─ ¿Quién es este adorable osito? ─preguntó Pan mientras jugaba con su acompañante.
─Es un regalo.
─ ¿Quién te lo dio? ¿El Señor Gohan? ─Videl la miró por el retrovisor.
─ ¿Y por qué intuyes que fue él?
─ Porque él te quiere mucho; se le nota. ─ella sonrió.
─Pues acertaste; él me lo regaló.
─ ¿Ya son novios?
─ ¿Qué clase de preguntas son esas para una niña de cuatro años?
─¡Eso es un sí! ¡Qué bueno! El señor Gohan es genial. ─exclamó ella. ─Tiene mi total aprobación.
─No sabía que necesitaba tu aprobación para salir con alguien.
─Obvio que la necesitas; no dejaré que cualquier persona salga contigo, tú mereces lo mejor. ─Videl sonrió feliz.
─Pues te lo agradezco, Panny. ─respondió. ─ ¿Qué te parece si hoy damos un paseo y cenamos fuera? ─la niña asintió feliz.
3 semanas después.
No podía dormir, no podía comer…la culpa estaba consumiéndolo vivo. Tenía que hacer que la verdad se supiese, aunque fuese de manera indirecta. Se levantó de su cama, caminó hasta su despacho y tomó el sobre. Definitivamente, hoy lo enviaría.
Ni siquiera sabía que festividad era, pero agradecía el día libre que le obsequiaba y más porque le había extendido el fin de semana. No tenía que ir a trabajar, ni llevar a Pan a la escuela…no debía salir de su casa para nada, lo cual agradecía. Se sentía muy enferma. Los síntomas habían comenzado días atrás y, al no ser tan intensos, había podido ignorarlos con éxito, pero desde la noche anterior, los síntomas habían empeorado. Estaba tan mal que no encontraba una forma segura de salir de la cama.
Ahí, postrada en la cama, rememoró lo acontecido en estas tres semanas.
Su relación con Gohan iba de maravilla. Su ahora novio no perdía la oportunidad de consentirla con la más mínima cosa. Habían hablado de su hija, de cómo sería ahora, de que le gustaría y cosas así por el estilo, como una rara terapia para ambos que consistía en extrañar menos; todo con él iba de maravilla.
Sharpner había estado insistiendo con que se reuniera con Erasa para hacer las paces. Ella no estaba en contra de la idea, pero en esos momentos, no era su prioridad. Erasa debía entender que necesitaba tiempo para organizar sus ideas y ver si realmente había salvación para aquella amistad. El joven rubio no recibió con brazos abiertos la renovada relación entre ella y Gohan, pero terminó aceptando, solo porque la veía más contenta, aunque dejó en claro que no dejaría de vigilar al mayor de los Son.
Después de aquella pequeña practica con Goten, Pan quedó muy interesada en las artes marciales y le rogó que la dejará practicarlas, por lo que, la inscribió en ese grupo extra curricular y hasta ahora, la chica estaba fascinada. Todo el mundo le decía que la niña tenía talento natural.
Giró un poco en la cama. Se sentía fatal. Sintió como un lado de la cama se hundía y como un pequeño cuerpo se aferraba a ella.
─ ¿Te sientes mejor, mami?
─Sí, pequeña; no te preocupes. ─mintió. Podía sentir como su estomago se retorcía ante los fuertes mareos que la aquejaban.
─Pero no te ves muy bien. ─giró para encararla y tratar de tranquilizarla. Al parecer, no sirvió de mucho.
─Estaré bien; ¿qué hora es?
─Las 6:30 am. ─dijo la pequeña. ─Duerme un poco más; yo iré a ver caricaturas. ─la pequeña niña bajó de la cama con cuidado y, sin que ella lo notara, tomo su teléfono celular. Necesitaba hacer una llamada; esperaba que el último número al que su mami llamó fuese el que ella quería marcar.
Eso era todo; oficialmente viviría en su baño. Hace menos de quince minutos que había llegado a él para devolver la cena del día anterior y presentía que si se levantaba, podía devolver algo más. ¿Qué le estaba pasando? Se sentía tan enferma que el simple hecho de levantarse del suelo, le causaba terror.
─ ¿Videl? ─escuchó como la llamaban. Frunció el ceño; ya estaba alucinando. ─ ¿Dónde estás?
─ ¿Gohan? ─ dijo al reconocerlo en el umbral de la puerta.
─ ¿Estás bien? ─preguntó mientras se agachaba para tomarla entre sus brazos.
─Claro…solo quise inspeccionar la confortabilidad del piso de mi baño. ─respondió sarcásticamente.
─No estás tan mal como pensé. ─dijo sonriendo.
─ ¿Qué haces aquí? ─preguntó mientras el mayor de los Son la depositaba en la cama.
─Pan me llamó; se escuchaba muy preocupada. ─respondió simplemente. ─Y con mucha razón, Videl, no te ves nada bien, ¿qué te pasa?
─No lo sé; no me sentía tan mal desde que…─paró de hablar al caer en cuenta lo que iba a decir…No…no podía ser. Al ver la expresión de sorpresa y pánico que invadió el rostro de su novia, Gohan comenzó a preocuparse.
─ ¿Desde cuándo Videl? ─ella lo miró fijamente, aun en shock.
─Desde que…estuve embarazada…
¡Hola, chicos! Tarde, pero seguro. Sé que algunos se preguntan si ya se acerca el final y, honestamente, no les puedo responder con seguridad. Mis historias se desarrollan conforme se van cerrando los ciclos en ella, así que, todo depende de las circunstancias. Les agradezco infinitamente el apoyo a este fic con sus reviews, favs y follows, ustedes hacen esto posible.
Espero que hayan disfrutado el capitulo (el cual se extendió bastante) y, ya saben, siéntanse libres de comentar,
Cuídense,
Bye!
