Dragon Ball Z y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
─Si tienes alguna duda o vuelves a sentirte mal, no dudes en contactarme. ¿entendido? ─ Videl asintió.
Finalmente, Bulma consideró que Videl estaba lo suficientemente recuperada como para volver a su hogar. La científica les advirtió a los dos jóvenes que, si el embarazo seguía con el mismo ritmo, el bebé nacería, a más tardar en dos meses y medio y ellos debían estar preparados. Eran tempranas horas de la mañana y ya ellos estaban listos para partir
─Gracias por todo, Bulma; te debo una. ─ agradeció Gohan.
─Sabes que es un placer. ─ la esposa de Vegeta se acercó a la pequeña niña que sostenía la mano del joven Son. ─ Fue un placer conocerte, pequeña Pan. ─la niña le dedicó una sonrisa.
─Lo mismo digo. ─ Bulma solo pudo devolverle la sonrisa. Esa niña era la ternura personificada.
─Bien; ya no les quito más tiempo. ─ observó a Videl nuevamente. ─ Si quieres ir a trabajar el lunes, tendrás que guardar reposo absoluto por lo que queda en el fin de semana; recuerda que ahora te estás cuidando por dos. ─ Casi de manera automática, le hija de Mr. Satan acarició su vientre. Que bien se sentía saber que dentro suyo crecía una vida a la que ya amaba con locura.
─Yo me encargaré de que así sea. ─ aseguró el pelinegro.
Luego de intercambiar algunas palabras más, la pequeña familia emprendió su camino.
─Pan, ¿quieres ver caricaturas? Hay mucho tráfico y no quiero que te aburras. ─ vio a la pequeña asentir a través del espejo retrovisor. Videl tomó su teléfono, busco unos videos y le extendió el aparato junto a unos audífonos. En cuestión de segundos, la pequeña estaba ensimismada en la pantalla.
Realmente necesitaban hablar de algo que Pan no debía saber.
─Ya sé lo que me vas a decir.
─ ¿En serio? Prueba a ver si es cierto. ─dijo sin apartar la vista del camino.
─Me dirás que, a pesar de que necesitamos averiguar el asunto de nuestra hija, necesito apartarme un poco por mi embarazo. ─él sonrió.
─Que bien me conoces.
─ Y sé que tú también me conoces y sabes qué te voy a responder. ─ Gohan dio una rápida mirada por el retrovisor, y al ver que Pan seguía ensimismada en su mundo, prosiguió.
─Videl, estas embarazada; tienes que tomártelo con calma.
─No puedo, Gohan; sabes que no soy de las que se mantienen al margen.
─Pero Videl…
─ ¿Es que acaso no te importa? ─preguntó con notoria angustia en su voz. La sensación que se instauró en su pecho después de aquel sueño, no se iría hasta que ella desenmascarara la situación.
─Claro que me importa, Videl; estamos hablando de nuestra hija, pero es que…también tenemos que pensar en este bebé que viene en camino. ─ella se mordió el labio. Ella sabía que la preocupación de su novio tenía fundamento, pero ella no se podía quedar de brazos cruzados; ella jamás pondría la integridad de su bebé en peligro por una investigación. ─ Te propondré algo: vamos a dividirnos.
─ ¿A qué te refieres?
─Como quiero que estés lo más tranquila posible, tú serás la mente maestra y, cada vez que investigues algo, yo iré a dónde me digas para comprobar esa pista. ─Videl lo observó por un par de segundos, antes de desviar la mirada hacia la ventanilla.
─ Puede funcionar…─Gohan apartó una de sus manos del volante para tomar la de ella.
─Funcionará; te prometo que averiguaremos que pasó.
Y ella sabía que funcionaría porque cuando Gohan prometía algo, lo cumplía.
─Es increíble cómo te encuentro en todas partes. ─Erasa dio un pequeño respingo en su lugar.
─Creo que estás acosándome…
─Ya quisieras. ─respondió el rubio de manera altanera mientras se sentaba frente a ella.
─ ¿Qué haces aquí? ─preguntó.
─Supongo que por la misma razón que tú: desayuno. ─ Lo último que esperaba era encontrarse con Sharpner. ─ Creo que te haré compañía.
─Oh, que emoción…─el rubio sonrió.
─Hace semanas que no te veía. ─ comentó casualmente como si tratase de restarle importancia al asunto. La verdad era que desde aquella vez donde ella le suplicó que hablara con Videl, no habían tenido contacto en persona, lo que él agradeció en su momento; no quería tocar la conversación que tuvieron.
─He estado algo ocupada. ─respondió. ─ Aunque no lo creas, el diseño de modas es agotador. ─Se moría de ganas de preguntarle sobre Videl y Gohan, pero sentía que esa pregunta estaría fuera de lugar viniendo de ella.
El silencio se instauró de inmediato y resultaba irónico, al saber que ambos callaban porque sabían el tema en común que quería surgir.
─Yo platiqué con Videl. ─soltó de repente.
─ ¿Ah sí? ─ él asintió. ─Supongo que no son buenas noticias para mí.
─Pero tampoco las considero malas. ─comenzó a decir. ─Erasa…sabes que Videl no te odia.
─ ¿Cómo puedes estar tan seguro de eso, Sharpner? Con todo lo que ha pasado, no creo que sea su persona favorita.
─Según lo que pude interpretar de sus palabras, estas en una posición neutral. ─la rubia lo escuchó con atención. ─ Fuiste su mejor amiga; no hay forma posible en este mundo que ella sea indiferente hacia ti. ─continuó explicando. ─Ella solo esta…asimilándolo todo; estos últimos 4 años fueron infernales para ella. ─ella asintió. ─Solo dale tiempo.
Se sentía más aliviada de escuchar esa última frase. Para ella, era una luz de esperanza de que, solo tal vez, pudiese arreglar las cosas con Videl.
La mesera llegó con sus respectivas órdenes y ambos comenzaron a degustar sus platillos en silencio.
Tumbada sobre su cama, Videl rememoraba todo lo acontecido en cuestión de días. Tenía una mezcla de sensaciones en su interior. Por un lado, estaba feliz por su embarazo; realmente fue inesperado, pero mientras más pensaba en aquello, más se emocionaba. Pero por otro lado…estaba el asunto de su hija. Estaba inquieta desde aquel sueño; nunca se había cuestionado lo que había pasado cuatro años atrás. Tal vez no vio más allá del dolor y la desesperación que sintió en el momento, pero al pensarlo de manera más tranquila, y alejada de la influencia que su padre ejerció durante esos cuatro años…había algo que no le terminaba de encajar.
Tenía que comenzar a investigar.
Tomó su teléfono, buscó uno de sus contactos de la policía y le marcó sin pensarlo dos veces.
─Hola…sí lo mismo digo. ─Videl rodó los ojos en cierto punto de la conversación. No quería ser descortés, pero ella no había llamado para que la persona le pusiera al tanto de su vida. ─Sí, es genial; te felicito. Escucha…necesito que me mandes los registros de todos los niños nacidos hace cuatro años, en especial de aquellos que murieron poco después de nacer. ─escuchó atentamente─ Sí, hablo de ese año. ─volvió a guardar silencio. ─Estoy investigando un asunto realmente delicado y te agradecería que nadie se enterara. ─Videl escuchó atentamente─ ¿Para cuándo conseguirías los archivos? ─el individuo volvió a intervenir. ─ ¿Hoy mismo? Perfecto. Dame tu dirección y enviaré a mi compañero por el pendrive. ─ la joven anotó la dirección rápidamente. ─Te lo agradezco mucho; un placer. Adiós. ─colgó el teléfono.
Al menos, el primer paso había salido bien.
Un par de risas, una infantil y otra ya más madura, la sacaron de sus pensamientos. Se reincorporó de la cama y se acercó a la ventana.
No pudo evitar sonreír.
Ahí estaban las dos personas más importantes para ellas, en el jardín, jugando como si realmente fuesen padre e hija. Observó como Gohan perseguía a una muy divertida Pan que corría soltando grandes risotadas que solo hacían que la sonrisa en el rostro de la joven justiciera se ensanchara más. ¿Qué hacía ella en solitario en su habitación? Ella podría descansar junto a ellos, por lo que, decidió que podría unirse a su diversión de manera indirecta. Se alejó de la ventana y se dirigió al primer nivel de su hogar.
─ ¡Wajaja! ¡Nadie me podrá detener! ─exclamó Gohan, con una voz ronca aparentando ser un monstruo.
─ ¡No tan rápido, monstruo! ¡No te lo permitiré!
─ ¡Oh no, es la gran Saija-Kid!
─ ¡Así es y no dejaré que te salgas con la tuya! ─ la pequeña se lanzó hacia Gohan quien se dejó caer al suelo con la niña sobre él.
─ ¡Oh no, me atrapó! ─ exclamó. ─Solo me queda una opción… ¡ataque de cosquillas! ─casi de inmediato, el ambiente se llenó de risas.
Gohan no pudo evitar sonreír ante la contagiosa risa de Pan. Esa niña, junto a Videl y su bebé, eran su mundo completo. No le importaban las circunstancias, él sentía a esa niña como suya, como si fuese su bebé, su niña adorada…la princesita de papá y él sería el padre que ella tanto había anhelado en sus cortos cuatro años de existencia.
─ ¡Me rindo, me rindo! ─declaró entre risas. Gohan se detuvo y se sentó en el suelo con Pan sentada sobre su regazo. ─ Eso fue divertido, papá.
─Ni que lo digas; hace tiempo que no me divertía tanto; de seguro es por ti. ─ ella sonrió. ─ Y dime, Pan, ¿qué tal todo?
─Muy bien; el lunes tengo entrenamiento.
─Oh cierto, tu madre me había comentado sobre eso. ─ respondió. ─ Mi hermano es uno de los ayudantes de la clase, ¿verdad? ─ella asintió.
─Goten es muy bueno y me dijo que, si quería seguir practicando en casa, tenía a los mejores maestros a mi alrededor.
─Bueno, hace tiempo que no entreno, pero creo que aun así puedo ayudarte; me puede servir para volver en forma.
─ ¿Qué hay de mamá?
─Por ahora, no podrá entrenar con nosotros, pero de seguro cuando el bebé nazca, ella no tendrá ningún problema en hacerlo. ─respondió. ─Pero por ahora, voy a entrenar en otra cosa. ─ y sin aviso, comenzó a llenar de cosquillas a la pequeña niña.
─ ¡Tregua! ─ escuchó como alguien decía desde la puerta. Los dos observaron como Videl aparecía con una bandeja de refrigerios.
─ ¿No se supone que deberías estar descansando? ─respondió mientras se levantaba y seguía a Pan, que hace tiempo había salido corriendo en dirección hacia Videl.
─ Puedo descansar aquí. ─respondió posicionando la bandeja sobre una mesita. ─ Además, necesitaba aire fresco. ─él se acercó y le plantó un pequeño beso en la frente. Videl siempre había sido hermosa, pero desde que se enteró de su embarazo, parecía que brillaba con luz propia.
─ ¿Te has sentido mejor? ─ ella asintió.
─Las medicinas que Bulma me suministró han controlado los síntomas.
─Eso es bueno. ─respondió mientras observaba a la pequeña niña, quien tomó uno de los vasos llenos de jugo y un pequeño buñuelo, para volver al césped y quedarse observando una linda mariposa que se había posado sobre una flor. ─Pan es una niña asombrosa. ─ comenzó a decir mientras acariciaba el vientre que ya empezaba a abultarse de Videl. ─ Y creo que este bebé también lo será. ─ella sonrió mientras acariciaba la mano que él había posado sobre su vientre.
─Gohan, yo he estado pensando en algo.
─ ¿Sobre qué?
─Es que creo que no es justo que te pierdas gran parte de esta etapa; deberías estar aquí siempre y creo que lo mejor sería que…te mudarás con nosotras.
─ ¿Lo dices en serio? ─ ella asintió.
─ Además, necesitaré ayuda con Pan a medida que el embarazo avance. ─ Le encantaba la idea. Compartir a diario con ella, Pan y su bebé, sonaba al paraíso.
─Sabes que mi respuesta es sí.
─Lo sé, pero, aun así, tenía que preguntar. ─ respondió. ─ Ahora, necesito qué me hagas un favor. ─comenzó a decir. ─ Necesito que pases a recoger algo.
─ ¿Qué cosa?
─Un pendrive. ─ Gohan la observó con extrañeza.
─ ¿Ya comenzaste a investigar?
─Puede ser…─admitió en voz baja, aunque sabía que Gohan lo escucharía de todos modos. ─Lo siento, pero sabes que no soy una persona muy paciente.
Lo sabía de sobra.
─Está bien; iré por él; de todos modos, debo de pasar por mi apartamento. ─respondió ─ También traeré el almuerzo.
─Son Gohan, soy totalmente capaz de preparar un almuerzo. ─ se quejó ella.
─Lo sé; pero por lo menos por hoy, yo me encargaré. ─respondió. ─La cena la prepararé yo, antes de que se te ocurra solo pensarlo. ─ella frunció el ceño.
Cuando Gohan se ponía en modo protector, no había poder humano que lo sacara de él; tendría que resignarse, por lo menos, por ese día.
Observó su desordenado apartamento con algo de nostalgia. Ese lugar, aunque no muy ostentoso ni pulcro, representaba uno de los refugios que adquirió al independizarse. Y aunque fuese increíble, podría llegar a extrañar ese lugar que fue su improvisado hogar, pero ahora, estaba construyendo uno nuevo que prometía ser mil veces mejor.
Tratando de no pensar mucho en el asunto, se dirigió a su habitación. Tomó una maleta y empacó algo de ropa y demás que podría necesitar de manera inmediata; ya después volvería por lo demás. Miró su reloj y apresuró el paso. Se supone que él era el encargado del almuerzo y ya se le hacía tarde.
Tomó lo que pudo y salió del lugar lo más rápido posible; aun debía pasar por el pendrive.
Se sentó en la cama, apoyada en el respaldo. Esperó pacientemente a que su laptop terminara todo el proceso de encendido, para luego ingresar el pendrive que Gohan momentos atrás le había entregado. Debería estar almorzando, pero su curiosidad pudo más que ella y no estaría tranquila hasta que no indagara en el tema.
─Creo firmemente que deberías estar almorzando con nosotros. ─ comentó alguien desde el umbral de la puerta.
─Necesito empezar con esto. ─Gohan suspiró. La mujer era terca y sabía que debía de negociar un punto medio donde ambos quedaran satisfechos.
─ ¿Qué tal si te lo traigo a la habitación? Así podrás ir comiendo mientras investigas. ─ella lo observó por unos instantes para luego asentir suavemente. Gohan sonrió complacido. ─Enseguida vuelvo. ─ Videl no se inmutó. Seguía absorta revisando las actas de nacimientos de los millones de bebés que habían nacido en el año donde su niña había nacido. Descartó todos aquellos que pertenecían a niños y se enfocó en los de las niñas, especialmente, en aquellas que, además contaban con un acta de defunción, que indicaba que habían muerto poco tiempo después de nacer. ─ Aquí tienes. ─ anunció el hijo mayor de Goku mientras dejaba una bandeja a su lado.
─Gracias. ─respondió regalándole una pequeña sonrisa.
─ ¿Ya has encontrado algo? ─preguntó el joven sentándose a su lado. ─ella negó.
─A penas empiezo. ─declaró. ─ ¿Dónde está, Pan?
─Está terminando de almorzar; veremos una película cuando termine─ Videl sonrió.
─Ustedes dos no tuvieron ningún tipo de problema en crear un vínculo.
─ ¿Qué te puedo decir? La siento como si fuera mi hija.
─Eso es bueno. ─él le sonrió.
─Bien, no te distraigo más. ─ le plantó un fugaz beso en los labios y salió de la habitación.
Sin dejar su tarea de lado, Videl degustó sus alimentos de a poco. Buscaba y buscaba entre los millones de registros y no podía encontrar el de su hija. Pasó horas revisando y no pudo encontrar ni el acta de nacimiento ni el de defunción de su hija; algo no estaba bien. Revisó una segunda vez en su totalidad, solo para verificar que no se le hubiese escapado alguno, pero nada; no estaba allí.
─Esto no tiene sentido. ─susurró para sí misma. Su hija nació, ella lo sabía con certeza y desde el momento que un bebé daba su primer respiro, aunque fuese breve, tenía derecho a ser declarado, y su hija simplemente no estaba allí; algo simplemente no cuadraba y ella tenía que llegar al fondo de esto.
Cuando Videl finalmente salió de su habitación, Pan dibujaba con sus crayones distraídamente mientras Gohan leía el periódico. Tenía que hablar con su novio sobre lo que acababa de descubrir, pero primero, necesitaba cocinar la cena. Se remangó las mangas y comenzó a buscar todos los ingredientes.
─A ver… ¿qué tenemos aquí?
─ ¡Alto ahí! ─tanto Videl como Pan dieron un pequeño respingo. ─No, señorita; ya te advertí que no harás la cena el día de hoy. ─dijo mientras se acercaba a ella y, delicadamente, la llevaba hacia el sofá.
─Pensé que bromeabas…─ respondió─ Gohan, puedo preparar la cena…
─Ni hablar. ─ sentó a Videl en el sofá, ante la atenta mirada de Pan. Colocó su mano en el vientre de su novia y se acercó para hablarle. ─ Es increíble que no pueda apartarle la vista a tu madre. Desde que lo hago, ya está intentando hacer locuras. ─la chica lo miró con verdadera gracia. ¿Preparar la cena era una locura para él? ─ Te la encargo mucho en lo que hago la cena, ¿bien? También va para ti, Pan; vigílala ─ la niña asintió enérgicamente.
─ ¿Tú también, Pan?
─Lo siento, mamá, pero papá tiene razón.
Ella negó divertida. Estos dos tenían la increíble capacidad de confabularse contra ella en cuestión de segundos. Su sonrisa se fue desvaneciendo a medida que recordaba lo que estaba haciendo hace solo minutos atrás. Observó a Gohan cortar y pelar vegetales a metros de ella; necesitaba hablar con él.
─Pan se ha dormido. ─ anunció Gohan entrando a la habitación. Ya vestido con su ropa habitual para dormir, franela y pantalón de pijama, se adentró en las cobijas donde Videl ya lo esperaba. ─ Te envió un beso de buenas noches. ─susurró para luego besar su mejilla. Ella sonrió.
─Esa niña es un ángel.
─Totalmente de acuerdo.
Ambos guardaron silencio durante un momento.
─No pude encontrarlo.
─ ¿Qué cosa?
─El acta de nuestra hija; no existe. ─Gohan frunció el ceño.
─ ¿Cómo es eso posible?
─No lo sé, pero esto sólo confirma qué algo anda mal y me duele decirlo, pero…creo que mi padre tiene algo que ver. ─ No podía creer lo ciega que había estado en aquel entonces. Su padre nunca aceptó a su bebé y era lógico que quisiera hacer algo al respecto.
─ ¿Cuál es el siguiente paso?
─Comprobar este asunto del acta. Mi padre, supuestamente, guardó la original en la caja fuerte de la mansión, y quiero comprobar que esté ahí. ─respondió. ─Él está de gira y volverá en una semana; nosotros iremos a primera hora de la mañana.
─ ¿Tienes el código de la caja? ─ella asintió. ─Pues decidido está.
─ ¡Oh, señorita Videl, que sorpresa! ─exclamó Martha mientras abría la puerta de lo que antes fue el hogar de la joven justiciera.
─También es un gusto verte, Martha. ─respondió mientras le daba un abrazo.
─ Veo que viene acompañada.
─ Cierto; me olvidaba de presentarlos. ─respondió. ─ Él es mi novio: Gohan, ¿te acuerdas de él?
─ ¡Oh, joven Son! Cuanto tiempo sin verte.
─Lo mismo digo. ─ respondió sonriéndole; sería un problema tratar de abrazarla con Pan firmemente aferrada a su mano.
─ ¿Y esta ternurita?
─ Mucho gusto, señora; mi nombre es Pan.
─ ¿Te han dicho que te pareces mucho a la señorita Videl? ─la niña asintió. ─ ¿Está relacionada a usted, señorita Videl?
─Es mi hija; la he adoptado. ─Martha se sorprendió.
─ ¡Sí y pronto voy a tener un hermanito! ─la mujer se sorprendió enormemente ante esa declaración. Observó a Videl y notó el pequeño abultamiento que tenía en su vientre.
─ ¡Muchas felicidades a ambos! ─exclamó ─ ¿De cuánto estás?
─ Unos tres meses casi cuatro.
─Que extraño que su padre no ha comentado nada. ─Videl se tensó de inmediato.
─Es que aún no se lo he dicho; quiero darle la noticia personalmente. ─ella sintió.
─Comprendo. ─dijo─ Si a eso vino, su padre no se encuentra.
─Lo sé; solo vine por uno de mis documentos guardado en la caja fuerte.
─Muy bien; pasen. ─y así lo hicieron los tres. Videl prefirió dejar a Pan con Martha para evitar que, ante cualquier eventualidad, la niña no estuviese presente.
Caminaron por los largos pasillos de la mansión hasta llegar al despacho del campeón del mundo. Videl le indicó a su novio que descolgará uno de los cuadros de la pared, el más llamativo por su tamaño y por la gran imagen del campeón del mundo que mostraba, y lo colocará en el suelo. De inmediato, una especie de caja fuerte se mostró ante ellos. La joven detective ingresó una serie de números en el tablero electrónico y en cuestión de segundos escucharon un click. Abrió la puerta y comenzó a buscar entre todos los papeles que contenía hasta que, por fin, vislumbró lo que buscaba.
─Aquí está. ─ Gohan se acercó de inmediato. Ambos la leyeron con detenimiento. ─ Esta acta es falsa…─susurró la chica. Los datos no eran verdaderos, carentes de sentido por completo. ─Ni siquiera tiene el sello oficial.
─Eso quiere decir que nunca llegó a ser legalizada.
─Y si no hay acta de nacimiento legalizada…
─No hay certificado de defunción. ─ambos se miraron entre sí.
─Gohan… ¿dónde está nuestra hija? ─ preguntó con un nudo en la garganta. Él no supo que responder. ─ ¿Puede ser… que esté… viva? ─ se llevó la mano a la boca en shock.
─ ¿Hay alguien a parte de tu padre que pueda tener participación en esto?
─El Dr. Stevens…él tiene que saber algo.
─ ¿Dónde vive? ─preguntó seriamente.
─No muy lejos de aquí. ─ él asintió.
─ Vamos a hacerle una pequeña visita de cortesía. ─respondió. Videl cerró la caja fuerte y se apresuró junto a Gohan en abandonar el lugar, dejando el cuadro reposando en el suelo.
Era la cuarta vez que tocaba el timbre de la residencia del médico que trajo al mundo a su hija y que formaba una pieza importante de todo el embrollo que representaba ese día. El joven guerrero, se comenzaba a impacientar. Después de todo lo que habían descubierto en tan solo cuestión de días, estaba al borde de un colapso. ¿Qué hicieron estas personas con su hija? ¿Estaba muerta o viva? Él ni siquiera sabía que pensar. Solo estaba seguro de una cosa: si su hija no estaba muerta, como le hicieron creer a Videl, y la habían abandonado, juraba por lo más sagrado que no respondería de sus actos y todas las personas involucradas en el hecho conocerían su furia.
Tocó nuevamente el timbre.
─Al parecer, no hay nadie…─intervino Videl quien tenía a Pan tomada de la mano.
─Y nunca lo habrá…─respondió alguien a sus espaldas.
─ ¿Quién es usted? ─preguntó Gohan. La señora de unos cincuenta y tantos años les sonrió amablemente.
─Vivo al frente. ─respondió. ─ Y les vengo a informar que la familia Stevens se mudó.
─ ¡¿Qué?! ─exclamaron al mismo tiempo.
─Así como lo oyen.
─ ¿Y usted tiene alguna dirección que nos pueda dar?
─Lamentablemente, no; fue una mudanza repentina. Solo sé que partieron hacia el exterior del país. ─ La pareja se miró entre sí. Mientras más investigaban, más sospechoso se volvía el asunto.
─Está bien; muchas gracias. ─respondió Gohan. La pequeña familia se dirigió nuevamente al auto, donde Videl aseguró a la pequeña en el asiento trasero y cerró la puerta para intercambiar palabras con Gohan sin que ella escuchara.
─ ¿Qué vamos a hacer ahora?
─Tengo una idea, pero…es algo drástica. ─ razonó él. ─No sé si…
─Haremos lo que sea, ¿bien? No hay ideas malas cuando se trata de un hijo y yo necesito saber qué pasó.
La desesperación que escuchó en su voz solo se podía comparar con la que él sentía en esos momentos. La posibilidad de que su hija estuviese viva quien sabe dónde o con quien, lo aterraba.
─Entonces…tendrás que hacer un par de llamadas.
Agotado, como era usual después de sus giras, Mr Satan llegó a su gran mansión luego de una semana y lo primero que hizo, fue dirigirse a su adorado despacho. Su santuario, su lugar de paz…esa habitación que contenía todos sus trofeos y logros a lo largo de su carrera. Nadie, exceptuando a Videl, tenía el derecho de estar en dicho cuarto, es más, la servidumbre solo podía realizar sus deberes cuando él estuviese presente. Tanto así valoraba su espacio.
Al llegar, de inmediato notó la caja fuerte al descubierto.
─ ¡Martha! ─gritó de tal manera que, de seguro, todo el personal de la mansión lo escuchó. La mujer llegó de inmediato.
─ ¿Sí, señor?
─ He especificado miles de veces que nadie puede ingresar a mi despacho sin mi autorización, a excepción de una persona.
─Lo sé, y justamente esa persona fue la que estuvo aquí. ─Mr Satan frunció el ceño.
─ ¿Videl, estuvo aquí? ─ la mujer asintió. Hercule mantuvo silencio por unos instantes ─Está bien, te puedes retirar. ─En el instante en que Martha cerró la puerta. Hercule se dirigió a la caja fuerte y la abrió de inmediato. Rebuscó entre los papeles y palideció al notar que faltaba uno muy importante. ─ ¡Maldita sea! ─exclamó. Debió ser más precavido, ella nunca debió ver ese documento de nueva cuenta. Furioso y preocupado de que su hija estuviera a punto de descubrir lo que hizo, realizó una llamada que podría cambiar el curso de todo. ─Déjate de formalidades y escúchame. ─dijo sin rodeos al escuchar cómo le respondían del otro lado de la línea. ─Necesito que desaparezcas a alguien, ¿Cuánto me costaría? ─esperó la respuesta. ─Se trata de una niña de 4 años…No me importa qué hagan con ella… ¡solo desaparézcanla! ─ escuchó atento. ─ Pagaré cualquier monto, pero quiero que salga de mi vida lo antes posible.
No le importaba si se la quedaban o la vendían, él solo quería que se fuera de su vida y le devolviera la paz que le arrebató con su llegada.
La joven justiciera miraba con expectación como se excavaba sobre la tumba de su hija. No quería exhumar su cadáver, pero sabía que era la única forma de saber si, realmente su hija estaba descansando en paz. Cualquiera fuese el resultado, ella terminaría hecha un manojo de nervios y Gohan lo sabía; por eso no se había despegado de su lado.
─Tranquila, mi vida; todo saldrá bien. ─recitó él como si de un mantra se tratase, mientras la envolvía en sus brazos. ─ Que bueno que pudimos organizar esto en una semana.
─Los apellidos pueden mover montañas, ¿sabes?. ─ explicó ella y no mentía. Conseguir la orden judicial fue sencillo, ya que, se demostró la irregularidad en el acta de nacimiento y las dudas que surgieron ameritaban una prueba de ADN, para comprobar que la criatura enterrada era su hija; el resto del proceso, fue por parte de Gohan. ─ ¿Crees que esté allí?
─No lo sé; ya no sé qué pensar… ─respondió. Y es que esta última semana había sido una montaña rusa para ambos mientras trataban de luchar contra la idea de que, tal vez…su hija estuviese viva.
─ ¡Ya la tenemos! ─anunció uno de los operarios mientras subían, con ayuda de la maquinaria, un pequeño ataúd.
Al momento en que el ataúd se posicionó en tierra firme, Videl y Gohan se acercaron para presenciar su abertura. Con el corazón a mil por hora, ambos padres contuvieron el aliento mientras con instrumentos manuales, los operarios abrían lo que acababan de desenterrar. Y cuando la tapa estuvo fuera, ambos quedaron de piedra.
─Oh por Dios…─exclamó Videl, llevándose la mano a la boca y escondiéndose en el pecho de Gohan como si no quisiese ver lo que estaba frente a ella. Él la abrazó de manera protectora, atónito ante lo que veía. Y él sabía que lo que él estaba sintiendo, Videl lo sentía también.
Angustia, desesperación, tristeza, rabia y furia…todas aquellas emociones embargaban su ser; porque ese ataúd…
Estaba vacío.
Hola, chicos. Lamento haber tardado tanto para actualizar, pero las obligaciones consumen mi tiempo, pero decidí hacer un mayor esfuerzo, para como cada año, poder actualizar en el día de mi cumpleaños (7 de julio), pero gracias a un examen que tengo justo hoy, no pude actualizarlas todas; solo me alcanzó el tiempo para dos. Pero aun así, a lo largo de julio, trataré de seguir actualizando las demás.
Como siempre, les agradezco inmensamente el apoyo. Gracias, por los reviews, favs y follows; significan mucho en verdad.
Espero que les haya gustado y, ya saben, siéntanse libres de comentar,
Cuídense,
Bye!
