Dragon Ball Z y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.


No sabía cuánto tiempo llevaban allí, sentados en un pequeño banco a la entrada del cementerio. Quería romper, destruir…liberar la rabia y la impotencia que lo embargaban en ese momento parecían no tener intenciones de aminorar. ¿Cómo se supone que se calmara? ¿Cómo? Todos los posibles escenarios que rondaban en su mente lo tenían aterrado. Cuando descubrió que él y Videl habían tenido una hija, y que ésta había muerto, fue duro; lo destrozó…, pero por cruel que sonara, prefería mil veces ese panorama al que vivía en esos momentos. No sabía dónde estaba su hija…no tenía ni la más remota idea y eso lo aterraba.

Tal vez, realmente estaba muerta, pero si ese era el caso, ¿por qué el ataúd estaba vacío? Su cerebro generaba todo tipo de escenas… ¿Y si estuviese viva? ¿Dónde estaba? ¿Con quién? ¿Estaría bien? ¿Tendría hambre? ¿Tendría frío? ¿Estaría con buenas personas? ¿Y si alguien estuviese lastimándola? ¿Y si…?

Sacudió la cabeza con brusquedad.

Se volvería loco si seguía así.

―No puedo creer que fui tan tonta…― el murmullo a su lado le recordó por qué no podía derrumbarse. ―Fueron cuatro años… ¡cuatro malditos años y yo no me enteré! ―exclamó frustrada. Videl había tomado la noticia peor que él, por lo que, necesitaba guardar la compostura lo más posible. Ella estaba embarazada y este tipo de estrés no era bueno.

―Vi, no es tu culpa…―ella solo atinó a asentir con la cabeza. Fue realmente difícil para Gohan tranquilizarla; la joven se había puesto histérica, totalmente fuera de sí.

La reacción que él esperaría de cualquier madre ante una situación similar

― Debí notarlo…debí sospechar algo …― tomo su cabeza con ambas manos. No lograba concebir todo lo sucedido. Su hija, su preciada princesa, no estaba allí. Cuatro años viviendo a base de una mentira que casi acaba con su espíritu.

―Videl…necesitamos tranquilizarnos― el joven tomó de su mano.

― ¡No, Gohan, no puedo! ―exclamó. ― ¿Cómo me voy a calmar si nuestra hija está allá fuera quién sabe dónde o con quién?

―Puede que realmente esté muerta…

―Si ese fuese el caso, estaría en ese ataúd, Gohan. ―rebatió. ― ¿Acaso no lo entiendes? Ella está allá afuera, quien sabe dónde o con quien.

―Vi…

―Estoy aterrada; el no saber me está matando. ―el joven guerrero se reincorporó del banquillo para arrodillarse frente a ella.

― ¿Crees que esto no me afecta? Al igual que puede estar muerta o con una familia que puede estar queriéndola como su hija, también está la posibilidad de que haya estado con personas malas; me aterra solo de pensarlo, de verdad que sí, pero al mismo tiempo, debo también velar por lo que sí sé y eso es que seremos padres por segunda vez y necesitamos mantener a nuestro bebé a salvo y todas estas emociones no son buenas.

― ¿Y qué quieres que haga? No puedo olvidar lo que acabamos de descubrir; no puedo…

―Y lo entiendo, pero necesito que hagas tu mejor esfuerzo; estás embarazada y no quiero que esta situación genere algún tipo de complicación.

―Lo sé, pero…

―En estos momentos, tu salud y la del bebé, es lo primero que debe importarnos. ―razonó―Sé que no es fácil; yo también estoy furioso y te juro que ganas no me faltan de ir con tu padre y exigirle la verdad, pero si lo hago, sé que solo empeoraré las cosas. ― Videl se mordió el labio como un intento de controlar los sollozos que amenazaban con salir. No solo tenía que vivir con el hecho de que su hija, todo ese tiempo, estuvo viva quien sabe dónde, también tenía que lidiar con el hecho de que su propio padre, fue quien las separó. ―Vi…―el hijo mayor de Goku se acercó a su novia y la abrazó, tratando de consolarla; no importaba lo que él estuviese sintiendo, él tenía que ser el fuerte en esos momentos. ―La encontraremos; volverá a casa con nosotros. ―besó su frente tiernamente y le sonrió.

―La encontraremos…

―Ya verás que sí.

Ya no había necesidad de decir más; cuando ambos se proponían algo, era obvio que no descansarían hasta lograrlo.


―Mr. Satan, hay unas personas que lo buscan; dice que es por un encargo suyo. ― anunció su asistente.

―Diles que pasen. ―respondió simplemente.

Él sabía perfectamente de quiénes se trataban y de qué "encargo" hablaban. Desde que descubrió que Videl estuvo buscando entre sus cosas, entendió que debía tomar cartas en el asunto. Tenía que eliminar todo lo que pudiese delatarlo.

Y eso incluía a aquella niña.

El campeón del mundo no podía concebir la idea de que de todas las niñas huérfanas que existían, justamente su nieta se reencontrara con su Videl. Y lo peor de todo es que no tenía como comprobarlo. Solo se guiaba de ese fuerte presentimiento de intranquilidad que lo embargaba cada vez que veía a Pan. Esa niña era idéntica a su hija y, aunque pudiese tratarse de una coincidencia, entre su apariencia y su edad, le hacía pensar que Pan era su nieta y eso para él, era peligroso. Investigó un poco para saber realmente qué tanto sabía su hija, pero para su sorpresa, terminó descubriendo otras cosas. No solo Videl estaba saliendo con Gohan, el verdadero campeón de los Juegos de Cell, también estaba embarazada de él y eso no le agradaba ni un poco. Eso le hacía pensar que el padre de su nieta podría ser él, pero las palabras de su hija años atrás, anulaban esa posibilidad; no conocía del todo al chico, pero por lo que sabía, él era muy responsable y no hubiese renegado su responsabilidad como padre.

―Aquí están los señores.

―Gracias; ya te puedes retirar. ―la asistente de Hercule abandonó el despacho, dejándolo con dos personas: un hombre y una mujer. La mujer de unos cuarenta y tantos años, de pelo rojo, rasgos finos y ojos negros, que irradiaban perversión, tomó asiento al lado de un hombre de más o menos su misma edad, de pelo negro, ojos verdes y una gran barba. Con tan solo darles un vistazo, se notaba que no eran buenas personas; irradiaba un aire de maldad de ellos. ―Me alegro que hayan sido puntuales.

―Nunca le haríamos esperar, señor. ―intervino la mujer.

―Eso veo. ―respondió. ―Y díganme, ¿ya está todo listo?

―Así es; ya tenemos a un cliente en el exterior interesado en la niña. ―intervino el hombre. ―Pagará muy bien…

―No me interesa el dinero; solo necesito que desaparezca.

―Tranquilo; así será, solo queríamos recalcar ese aspecto. ―explicó el hombre. ― ¿Algo que quiere que consideremos?

―A decir verdad, sí. ―Abrió una de los cajones de su escritorio y sacó una pequeña pulsera. ―El novio de mi hija tiene unas…peculiaridades y necesito que, en todo momento, la niña lo lleve puesto. ―explicó extendiéndole el artefacto a los presentes.

― ¿Qué es esto?

―Digamos que es una pulsera que, a base de un pequeño campo electromagnético, cambiará su energía base; la esconderá.

― ¿Esconderla? No entendemos― Mr Satan bufó. Él tampoco entendía mucho el asunto, pero en una ocasión, pudo escuchar que el tal Gohan y sus amigos eran capaz de rastrear personas a través de su "energía vital", por lo que, desde que comenzó a planear todo, contrató a los mejores científicos para que crearan el pequeño artefacto que, de alguna manera, pudiese disminuir la energía del individuo a tal punto, que esperaba que fuese imperceptible para el fenómeno que su hija llamaba novio.

―No los contraté para que entiendan. ―rebatió. ― Mientras la niña recuerde todo, tendrá la pulsera, cuando borren sus recuerdos, pueden quitársela, ¿entendido? ―ellos asintieron. ―Espero que no fallen; si algo sale mal, más les vale desaparecer del mapa.

―No se preocupe, señor; no es nuestro primer trabajo y le aseguró que trata con profesionales. ―intervino la mujer.

―Esa niña ya no será un problema.


Acostada en su cama con la mirada perdida en cualquier punto de la pared, Videl rememoraba lo acontecido en esos últimos días. Abrir ese ataúd y verlo vacío, superó cualquier sentimiento de desasosiego que sintió con anterioridad. Cuatro años…cuatro largos años donde vivió en una mentira que podría haberle costado caro a su pequeña. ¿Cómo Gohan esperaba que estuviese tranquila? Estaba inquieta y un mal presentimiento no abandonaba su ser…

― Esto debe ser una pesadilla…―susurró para sí misma. Porque realmente, eso es lo que parecía. Desde el preciso momento en que se enteró que estaba esperando a su primogénita, las cosas parecieron venirse abajo.

Limpió su rostro lo mejor que pudo mientras se tranquilizaba. La decepción que se llevó al enterarse del compromiso de Gohan y Erasa fue un duro golpe; no se sentía con el derecho de destruir ese compromiso con la noticia de su embarazo. Él ya había tomado su decisión y no la eligió a ella; solo quedaba aceptarlo.

Respiró hondo.

Lo peor aún no pasaba; aún quedaba su padre.

Estaba aterrada, pero no podía seguir postergando lo inevitable. Tarde o temprano se notaría su estado y lo mejor sería hablar de frente con él, así que, reuniendo el valor suficiente, se dirigió al despacho de su padre y tocó timidamente.

¡Pase! ―escuchó del otro lado. Respiró hondo nuevamente e ingresó. Hola, hija, ¿por qué has tocado la puerta? Sabes que puedes entrar cuando quieras.

Lo sé; es solo que…necesito hablar contigo.

¿Sobre qué? ―preguntó algo distraído. Casi toda su atención dirigida a la pantalla que mostraba algunas escenas de tus tantas victorias.

Es que yo…―no podía acobardarse en esos momentos; debía decirlo. ―Estoy embarazada. Esperó una respuesta inmediata, un gritó, un reclamo…algún tipo de reacción, pero el hombre se quedó estático y lo único que plagaba el ambiente, eran los sonidos provenientes del televisor. ― ¿Papá? ― y ese llamado pareció volverlo a la realidad. Tomó el control remoto, apagó el televisor y se dirigió hacia su única hija.

¿Qué…dijiste? ― jamás había visto aquella mirada en su padre antes y realmente la intimidaba.

Estoy embarazada…―el hombre se alejó rápidamente de ella. ―Papá…

¡No! ―exclamó, asustándola en el proceso. ― ¡Maldita sea, Videl! ¡Te creía más inteligente que esto! ―ella decidió no intervenir; sabía que no había argumento que valiese. ― ¿Quién es el padre?

Eso no es importante.

¿Por qué? ¿Acaso no sabes de quién es? ― decidió ignorar ese comentario, asumiendo que era producto de su enojo.

Sé perfectamente quién es, pero no viene al caso; él no estará presente.

¿Estás escuchando las estupideces que estás diciendo? Viene al caso y tiene que responder.

¡Pues no lo hará! Yo…estoy sola en esto. ―se mantuvieron la mirada por algunos segundos hasta que Hercule se alejó y le dio la espalda.

Entonces…mañana mismo haré la cita. ―ella frunció el ceño

¿Cita de qué?

No hay otra opción, hija; tenemos que deshacernos del problema. ―la joven abrió los ojos en puro terror. ¿Él quería que…?

¡No!

Videl, esto no está a discusión…

¡Sí, lo está! Es mi bebé y no le voy a negar la oportunidad de vivir; él o ella no tiene la culpa.

¡Maldita sea, Videl! ―exclamó. ―No es momento de querer jugar a la familia. Tienes 17 años, aún no acabas la secundaria y encima no tienes el apoyo del padre de ese bebé; ¿entiendes el escándalo que se armará?

No me importa.

¡Ese bebé será bastardo!

¡No lo llames así!

¿Y cómo quieres que le llame? ¿Bendición? Una bendición no trae tantas desgracias…

¡Estás hablando de tu nieto!

¡No me interesa!

No supo cuando había empezado a llorar, pero las palabras de su padre le afectaron más de lo que deberían. ¿Cómo podía ser tan insensible? Ella sabía que su situación no era la ideal y que había saltado un montón de peldaños que deberían ser predecesores de convertirse en madre, pero no podía hacer nada. Estaba embarazada y tenía que hacerse responsable.

Pues a mí, sí me interesa. ―respondió. ―No me importa qué tenga que hacer, pero no pienso deshacerme del bebé, lo voy a tener y lo voy a cuidar. Seré responsable, aunque tenga que pasar todo tipo de dificultades para tener a mi bebé porque, al parecer, estoy completamente sola en esto.

Videl…

Déjame en paz…

Aún no podía entender cómo le creyó tan fácilmente a su padre cuando horas después se apareció en su habitación supuestamente arrepentido por su reacción. Tal vez la soledad y la vulnerabilidad que la embargaron en ese entonces, le permitió creer en su palabra y aceptar de buena gana su plan de alejarse de todo durante esos nueve meses. Nunca sospechó nada y no entendía por qué. Con todo lo que había descubierto, muchas cosas comenzaban a encajar y su padre no quedaba bien parado.

Él se aprovechó de todas esas mezclas de emociones que experimentó durante todo su embarazo para engatusarla en cualquiera que fuese su juego porque, por más que quisiese que no fuese verdad, todo lo apuntaba a él, a su propio padre; el sospechoso más probable en todo este embrollo. Es que no podía concebirlo…él fue testigo del amor que ella sentía por su bebé. ¿Cómo sería capaz de separarla de su lado?

Miró su reflejo en el espejo y no pudo evitar sonreír. Siete meses, a ley de dos para conocer a su hija. Sí, hija; tendría una adorable princesita a la que mimaría con su vida.

¿Cómo estás, mi pequeña princesa? ―le preguntó mientras acariciaba su ya prominente vientre. Se le había hecho costumbre hablar con su bebé no nacida y, por raro que pareciese, estas pequeñas charlas le ayudaban a no sentirse tan sola.

Su padre la había enviado a una de las propiedades que tenía para vacacionar. La casa de dos plantas, llena de lujos y comodidades, se encontraba en las afueras de la ciudad, lejos de todo y de todos porque para su padre, lo más importante era mantener aquel secreto, por lo menos, hasta que la bebé naciera. A pesar de que contaba con un pequeño personal que se encargaba de las tareas hogareñas y con vigilancia constante alrededor de la casa, la soledad era algo constante. No confiaba en ninguna de esas personas y su padre la visitaba cuando podía, por lo que, la única compañía que realmente tenía era la de su bebé.

Hoy está más tranquila, ¿no? ―volvió a preguntarle al aire, sintiendo un pequeño movimiento como respuesta.

Esos últimos siete meses fueron una experiencia extra-corpórea para ella. Ver como su vientre crecía ante sus ojos era irreal y más, cuando empezó a sentir como la bebita daba señales de que realmente crecía vida dentro de ella; no le importaba más nada.

Con algo de dificultad, gracias a su abultado vientre, se metió debajo de las cobijas y siguió su conversación con la bebé aun no nacida.

Mañana nos toca chequeo; te voy a volver a ver, pequeña. ―dijo― Y también, luego de la consulta, iremos de compra para comprarte más ropita y, por supuesto, tu cuna; te voy a comprar la más bonita de todas.Por órdenes de su padre, ella tendría permitido ir a comprar todo lo necesario para la bebé, siempre y cuando nadie la viese. ¿Cómo sería eso posible? Pues, el hombre más poderoso del mundo reservó la tienda toda la tarde exclusivamente para su hija, para que nadie pudiese presenciar a su hija de 17 años con siete meses de embarazo comprando cunas y demás.

Tal vez sea muy joven para ser madre, pero no me importa; quiero ser la mejor de todas para ti, mi vida. ― Ella sabía que la situación no estaba a su favor, pero no tenía intenciones de rendirse; ella iba a sacar a su hija adelante. ―Oh, Panny, no sabes cuánto te amo; no puedo esperar para tenerte entre mis brazos…―expresó presa de la emoción. Desde el principio de su embarazo, no tenía ningún tipo de control sobre sus emociones; sus hormonas trabajando a mil por hora, no solo provocando los muy debilitantes síntomas mañaneros que estuvo experimentando por cuatro largos meses, (los cuales en su opinión fueron más horribles de lo que esperaba), también con sus ataques de felicidad o de llanto inesperados. ― ¿También me quieres, mi vida? ― Ella quería convertirse en la madre que tanta falta le hizo; no quería que por nada del mundo su hija sintiese la falta que ella sintió en carne propia.

Sintió una patadita y no pudo evitar la sonrisa que apareció en su rostro.

Respiró hondo. Nunca tuvo la oportunidad de cumplir la promesa que le hizo a su bebé y eso la carcomía por dentro.

¿Estás cómoda, pequeña? Se supone que ya deberías estar aquí. ― Videl, de ahora nueve meses de embarazo, tenía una de sus tantas charlas con su pequeña bebé, la cual debió haber nacido una semana atrás. ― ¿Qué te parece tu habitación? La decoré lo mejor que pude para ti, mi vida. ― Pasaba su mayor parte del tiempo en la ya amueblada y decorada habitación de su hija. Le encantaba apreciar los pequeños patrones de juguetes y todo tipo de figuras que adornaban las paredes y que ella misma había elegido, la cuna, el buró, las ropitas y juguetes que se encontraban esparcidos…toda esa habitación la emocionaba. ―Sé que te lo pregunto mucho, pero de verdad quiero que te guste; además…―calló abruptamente al sentir una potente contracción y tomó asiento en la mecedora cerca de ella.

Había estado teniendo contracciones desde que entró en su octavo mes de gestación y según el doctor, era algo normal mientras se acercaba la fecha del parto, pero teniendo en cuenta que la fecha ya había pasado, las contracciones eran más frecuentes e incomodas.

Esa fue una fuerte…―susurró para sí misma. Realmente, el retraso en el nacimiento se estaba dejando sentir en su cuerpo.

Otra contracción se hizo presente.

Ok…esto ya no es normal. ―Usualmente, había un largo periodo entre cada una; esta había llegado en menos de un minuto. ― ¡Oh! ―exclamó cuando una tercera se hizo presente; de inmediato supo que ya era hora.

Cubrió su rostro con sus manos. Lo único que recordaba del nacimiento era el dolor que sintió, las indicaciones del doctor y el breve llanto de su hija al llegar al mundo. Luego vino la oscuridad, el desconcierto y la desolación que logró envolverla por completo.

Ella no podía más; estaba harta. ¿No era suficiente lo que ya había vivido? ¿No bastaba que su madre se haya ido? ¿Qué Gohan la hubiese traicionado? ¿Por qué se llevaba a su hija también? No entendía que había hecho o qué castigo estaba pagando, pero ya no podía más…Ver descender ese ataúd a la tierra fue duro; perdió los estribos cuando comenzaron a cubrirlo y es que no podía tranquilizarse.

Su preciosa bebé estaba muerta.

El pequeño angelito que durante nueve maravillosos meses fue su luz y esperanza de que todo sería mejor, la única que pudo salvarla de la soledad que sentía…ya no estaba.

Y es por eso que, sin ni siquiera cambiarse la vestimenta negra que había utilizado en el pequeño funeral horas atrás, ( en el cual solo estuvieron ella y su padre) se encontraba en la habitación que ella misma había decorado para su hija, Allí, sentada en el suelo, apoyando su espalda en la cuna que su hija debió habitar y abrazando uno de los tantos peluches que reinaban en la habitación, lloraba en silencio.

Aun no lo aceptaba; no entendía qué pudo salir más. Ella tomó todas las precauciones, se cuidó y los exámenes nunca presentaron ningún inconveniente; su bebé venía sana.

Videl, mi niña…―escuchó como su padre lo llamaba. Ella ni siquiera se inmutó. ―Ya está lista la cena ―ella siguió sin responder ― Videl…necesitas comer.

No tengo hambre. ―respondió en un tono monótono mientras se limpiaba las nuevas lágrimas que descendían por su rostro. Hercule se arrodilló a su lado.

Videl, vas a enfermarte. ―comenzó a decir. ―Casi no comes, duermes poco…me preocupas. ―ella no respondió. ― Vamos, hija…

¡No quiero! ―exclamó de golpe. ― ¡No quiero comer ni tampoco dormir! ¡Yo solo la quiero a ella! Yo solo…―comenzó a decir entre sollozos. ―quiero a mi bebé… ― el campeón del mundo acunó a su hija entre sus brazos como si de una niña se tratase y dejó que se desahogase.

Videl lloró hasta quedarse dormida.

Era perturbador pensar que siendo él, el responsable de todo su sufrimiento, se atreviese a consolarla como lo hizo. Su padre, el hombre que debería ser su ejemplo a seguir, era el principal sospechoso de la desaparición de su hija…Por Dios, su propia nieta…

― ¿Mamá? ―llamó una voz sacándola abruptamente de sus pensamientos. ― ¿Estás despierta?

―Sí, pequeña; ¿necesitas algo? ―preguntó sentándose en la cama.

―Sólo quería ver si estabas bien…― Videl no pudo evitar sonreír.

―Estoy muy bien. ―respondió. ― ¿Qué tienes ahí?

―Mi tarea; tenía que dibujar algo y describirlo con cinco palabras.

― ¿Y qué dibujaste? A ver. ―Videl le hizo espacio a su lado y la pequeña no perdió el tiempo.

―A nosotros: dibuje mi familia, incluyendo a mi hermanito.

― ¿Por qué?

―Porque ese era mi más grande sueño, tener una familia y se cumplió. ―respondió. Conmovida, la joven justiciera le besó la sien tiernamente, no solamente por haber sido capaz de cumplirle el sueño a la pequeña, también porque representaba una esperanza. Si Pan, quien nunca pensó que tendría una familia, cumplió su sueño, ellos harían hasta lo imposible para que su nena fuera parte de ésta. ― ¿Te gusta?

―Me encanta, mi amor. ― respondió. Se apoyó en el respaldo de la cama e hizo que Pan se recostará en su pecho mientras la niña seguía contándole todo lo respecto a su dibujo.

Y le encantaba la paz que sentía al estar con Pan, aunque ésta fuera efímera.


Lo primero que hizo al llegar fue dirigirse a la cocina y es que, estaba realmente hambriento. Luego de la exhumación, llevó a Videl a casa para que tomara un merecido descanso. Luego de eso, fue por Pan a la escuela, almorzó con ella y le dejó con su novia a eso de las cuatro de la tarde. Volvió a salir, esta vez para resolver los últimos trámites de la exhumación del ataúd de su hija, especialmente el asunto de la confidencialidad y el pago, proceso que se extendió por horas…Y por eso, llegaba a su hogar a medianoche, totalmente exhausto. Comió lo que Videl le había dejado preparado, revisó puertas y ventanas y subió al segundo nivel para ver a sus dos reinas. Lo primero que revisó fue la habitación de Pan y entró en un mini estado de pánico al no encontrarla allí, por lo que, corrió a la habitación principal, suspirando aliviado al ver a la pequeña dormida junto a Videl.

Las admiró por algunos instantes.

La escena frente a él era un poco agridulce porque, aunque lo llenaba de satisfacción ver a las dos personas más importantes para él en una situación tan "madre-hija", también le recordaba que tenía una misión muy importante por delante: averiguar qué había pasado con su primogénita.

Con sumo cuidado, se acercó a ellas.

― ¿Gohan?

―Hola, amor. ― susurró Gohan. ― Disculpa si te desperté.

―Descuida. ―respondió Videl ― ¿Cómo te fue?

―Bien; ya todo está cubierto, no te preocupes. ― respondió. El joven guerrero acariciaba el rostro de la pequeña niña con ternura. ―La llevaré a su cuarto. ― La joven justiciera vio cómo su novio tomaba a la niña en brazos y salía de la habitación. Ni siquiera recordaba en qué momento se había quedado dormida; al parecer, estaba más cansada de lo que pensaba. ―Realmente está exhausta.

―Ya somos dos, al parecer.

―Descansa. ―respondió mientras entraba al baño.

― Gracias, Gohan; no lo había pensado. ― respondió sarcásticamente; su respuesta fue una pequeña carcajada proveniente del joven seguido de inmediato por el sonido del agua caer. Por algunos minutos, reinó el silencio ― ¿Tienes hambre?

―No; comí lo que me dejaste en la cocina. ―respondió desde la ducha.

―Pero eres tú; sé que no tienes fondo. ―escuchó como cerraba la ducha.

―Me guardaste suficiente; de verdad.

―Solo lo dices para que no me levante a hacerte algo más. ― respondió. En ese preciso momento, Gohan salió del baño y Videl sintió que el aire se le escapó de los pulmones. Su novio era guapo, demasiado para su bien, y el hecho de que saliera solo vistiendo unos pantalones de pijamas con agua aun escurriéndose de su pecho y pelo, no ayudaban para nada a que sus hiperactivas hormonas se tranquilizaran.

―En ese caso, yo soy perfectamente capaz de prepararme un sándwich. ― respondió mientras terminaba de secarse el cabello. ― ¿Qué?

―Te ves bien, Gohan. ― le comentó con una sonrisa pícara en el rostro, logrando que un fuerte sonrojo apareciese en su rostro. ― Ya, ven a dormir. ―dijo divertida; era tan fácil avergonzarlo.

El joven guerrero se colocó una franela pegada al cuerpo, apagó la luz y se metió bajo las cobijas, abrazando a su novia en el proceso.

―Para que quede claro, tú también te ves bien, Videl. ―ella sonrió. Pasaron algunos instantes donde Gohan se había dedicado a repartir pequeñas caricias en el rostro de su novia. ―Mañana llevaré a Pan al colegio para que puedas dormir un poco más. ― ella solo se dedicó a asentir. ―Estás pensando en ella, ¿verdad? ― Videl volvió a asentir.

―Nunca dejo de hacerlo…

―La vamos a encontrar, tranquila…―respondió. Besó su sien tiernamente y acarició su abultado vientre. ―Jugará con Pan y con su pequeño hermanito y volverá a nosotros.

Era mucho más fácil sobrellevar la situación con él a su lado. Entrelazó su mano con la de Gohan sobre su vientre. Al menos, la vida le dio una segunda oportunidad con el chico más dulce de todos, el único que la había hecho sentir feliz y amada, el padre de sus hijos; él único que pudo ver a la Videl que se escondía dentro de su exterior frío y hostil…

Decidió que necesitaba más contacto con él.

Lo observó fijamente a los ojos, perdiéndose en la mirada azabache que cada día la enamoraba más y lo besó con todas aquellas emociones que tenía acumulada por días.

Esa noche no tendrían tiempo de dormir.


― ¿Estás lista? ―la pequeña asintió. Pan tomó su mochila y su almuerzo y se acercó rápidamente a Gohan.

― ¿Puedo ir a despedirme de mamá?

―Está dormida, Pan― después de todo, él no le permitió pegar el ojo en toda la noche

―No la voy a molestar. ―rogó.

―Está bien, pero rápido, ¿sí? ―subieron las escaleras y llegaron rápidamente a la habitación principal donde Videl yacía. Con cuidado, se subió a la cama y besó la mejilla de la joven justiciera.

―Lindos sueños…― cuando se disponía a irse, dos brazos la atraparon.

―Gracias, pequeña. ―respondió una muy adormilada Videl. La niña le dedicó una gran sonrisa, la cual ella devolvió de inmediato, pero por una extraña razón, sintió un escalofrío por todo su cuerpo.

―Ya tenemos que irnos. ―anunció Gohan desde la puerta; Pan se escabulló de entre sus brazos.

― ¡Espera!... Ella… puede quedarse hoy en casa.

― ¿Por qué? ― preguntó Gohan mientras él y la pequeña Pan se veían entre sí, totalmente confundidos ante el accionar de la joven. Ella solo se encogió de hombros; ni ella podía entender qué era aquello que presentía. ―Espérame en el auto, Pan. ― la niña obedeció. ―Vi, ¿qué pasa?

―No lo sé, estoy intranquila; siento que algo malo pasará y prefiero que esté aquí.

―Nada malo pasará; todo estará bien.

― Pero Gohan…

―Tranquila; Pan estará bien…―respondió acariciando su larga melena. Ella quería creerle, pero el sentimiento de intranquilidad que tenía en esos momentos era más fuerte que la lógica de la situación; realmente sentía que algo malo pasaría. ― ¿Bien? ―ella asintió no muy convencida.

Nada podría tranquilizarla por completo.


― ¿Qué trajiste de almuerzo?

―Un súper emparedado de pollo; mi papá me lo preparó― respondió Pan mientras sacaba todo lo que Gohan le había entregado.

Como ya era costumbre en las dos, las amigas almorzaban en un lugar un poco alejado de sus demás compañeros para escaparse un poco de las miradas inquisidoras porque, por más jóvenes que fuesen esos niños, los apellidos Briefs y Satan eran muy atrayentes para ellos

― ¡Que suerte tienes! Lo más que logro que mi papá haga, es jugar a la fuerza conmigo, solo si prometo que no lo volveré a molestar durante su "entrenamiento" ―dijo haciendo las comillas con las manos.

― ¿Entrenamiento? ¿Para qué?

―Para vencer a Kakarotto,

― ¿Y quién es ese?

―Un amigo de mi mamá ―respondió. ―Es muy buena persona; no entiendo por qué quiere derrotarlo. ―expresó Bulla con desinterés. ―La conclusión es que mi papá está loco. ―Pan rió. ― ¿Qué es eso? ―preguntó la hija de Bulma al notar como algo se movía entre los arbustos.

―No sé. ―respondió. Se levantó de su lugar y se dirigió hacia el arbusto. ― ¡Es un cachorro! ―exclamó mientras lo tomaba en sus brazos para mostrárselo a Bulla.

― ¡Oh, es tan lindo!

―Es un labrador.

― ¿No se suponen que los labradores son de color negro?

―Hay de diferentes colores; este es de color arena. ―respondió. ― ¿Qué hace por aquí?

―Tal vez se perdió y acabó aquí en la escuela.

― ¿Y cómo es que nadie lo había visto antes? ―respondió mientras lo acariciaba.

―No lo sé. ― de repente, se escuchó una especie de silbato y el cachorro se escabulló de los brazos de Pan. ― ¡Oye!

―No te preocupes, iré por él. ―Sin perder el tiempo, correteó al pequeño animal ― ¡Espera! ― corrió hasta el final del recinto donde, finalmente pudo acorralarlo. ― ¡Te tengo! ―exclamó victoriosa. ― No te haré daño ¿Por qué huyes de mí?

―Porque yo le ordené que volviera. ―escuchó como una voz femenina le respondió. Ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar; una espesa nieva la cubrió y de inmediato comenzó a toser. ―Sé buena chica; no te resistas. ―La pequeña niña de cuatro años comenzó a sentirse extraña y en cuestión de segundos, perdió el conocimiento, siendo atrapada por la mujer que antes le había hablado. ―Esto fue tan sencillo…―susurró para sí misma. Amplió la abertura que había hecho en la reja del patio para poder entrar y salió con la inconsciente niña por allí hacia una camioneta negra a metros de allí. ―No estorbes. ―dijo, para luego patear al cachorro que había utilizado como carnada.

Depositó a la niña en la parte trasera del vehículo, lanzó al cachorro dentro y le colocó a la niña la pulsera que Mr Satan le había entregado.

―Pan, ¿por qué tardas…? ¡Pan! ―la secuestradora giró rápidamente al escuchar la infantil voz. ― ¡¿Quién es usted y qué le hizo a Pan?! ―exigió saber Bulla. Corrió hacia la mujer en un intento de ayudar a su amiga.

― ¡Si no quieres que te haga lo que le hice a ella, es mejor que te alejes! ― pero la niña, tan terca como su madre, trató de entrar al vehículo a ayudar, forcejeando con la mujer en todo el momento. ― ¡Eres demasiado fuerte para tu edad! ―exclamó sorprendida. Tendría que usar la fuerza bruta. Empujó a la niña con tanta fuerza que está perdió el equilibrio y sintió un fuerte mareo por el movimiento tan brusco. La mujer aprovechó el momento; aseguró las puertas, encendió el auto y escapó a toda velocidad.

― ¡Pan! ―gritó cuando volvió totalmente a la realidad, pero ya era tarde. Desesperada totalmente, la hija de Bulma corrió por ayuda.


Oficialmente, no se podía concentrar. La opresión en el pecho no hacía más que incrementar; tenía un muy mal presentimiento y no había forma posible de que se tranquilizara.

― ¡Buenos días! ―canturreó una masculina voz entrando a su oficina. ― ¿No me extrañaste?

―Para nada.

― ¡Oye! ―se quejó el rubio.

― ¿Qué te trae por aquí, Sharpner? ―preguntó no muy amablemente.

―Pensé en visitar a mi amiga para ver cómo estaba, pero al parecer, no es el mejor momento, así que…―respondió mientras daba media vuelta para irse.

―Espera…―llamó. ―Lo siento, no te vayas. Es solo que estos días han sido algo duros y ahora mismo tengo un mal presentimiento.

― ¿Sobre qué? ―preguntó acercándose a ella.

―Creo que sobre Pan; y estoy muy inquieta.

― ¿Sabes lo que creo? Que estas estresada; necesitas tomártelo con calma. ― aconsejó. ― Ahora te cuidas por dos.

―Ya lo sé; todos no paran de recordármelo. ―él sonrió.

― Es que a veces se te olvida. ―comentó. ― ¿Y Gohan?

―Aquí. ―respondió entrando a la oficina. ―Un gusto verte, Sharpner.

―Lo mismo digo.

Aunque no todas las tensiones estaban erradicadas entre ellos, los dos hicieron un tipo de acuerdo tácito donde ambos aceptaban que la prioridad entre ambos era el bienestar de Videl y Pan, así que, los asuntos pendientes que tenían, pasaban a segundo plano.

― ¿Cómo vas, Videl?

―Muy atrasada; no he podido concentrarme.

― ¿Sigues con el mal presentimiento? ―ella asintió.

―Mi ansiedad no ha hecho más que aumentar desde que tú y Pan se fueron esta mañana.

En ese preciso momento, el teléfono de Videl sonó. Tomó el móvil entre sus manos y sintió de nueva cuenta un escalofrío recorrer su cuerpo.

― ¿Qué pasa? ¿Por qué no contestas? ―preguntó el rubio.

―Es de la escuela de Pan.

―Contesta. ―ordenó Gohan, sintiendo como la ansiedad que sentía su novia, comenzaba a aparecer en él. La joven tomó la llamada y puso el teléfono en alta voz.

― ¿Hola?

― ¡Señorita Satan!¡Gracias a Dios que responde!

― ¿Le pasó algo a Pan?

― ¡La secuestraron, señorita! ¡Alguien se la llevó!

Y justo ahí, el mundo pareció detenerse.


¡Hola a todos! Aquí me reporto con un capitulo bastante largo; realmente no esperé que se extendiera tanto, pero mientras vas escribiendo las palabras simplemente surgen. Les ofrezco mis más sinceras disculpas por la tardanza, pero realmente mi tiempo está muy limitado, tanto así que llegué a dormir de dos a tres horas por día para poder entregar asignaciones a tiempo, pero ese es otro cuento.

En cuanto al capítulo, espero que les haya gustado. Para el próximo, trataré de que Gohan sea más activo, ya que, Videl no podrá estar tan presente (pequeño avance). Gracias por sus favs y follows y gracias a M4, aira240302, leidisdbz, tinteii, guest, Yamida Yuki, HnW, Pau5, Manrica, Alexandra Cooper96, Majo24, Guest, Pili, Son videl ruiz, Michi22, karolyne perez, Edith, Sia Fassbydy y Akane Mitsui por sus reviews (espero que no se me haya quedado nadie).

Espero que no se me haya escapado nada, realmente no pude revisarlo a la perfección.

Leer todos sus reviews, ver sus favs y follows representa un mundo para mí, así que, muchísimas gracias.

Ya saben, como siempre, siéntanse libres de comentar,

Cuídense,

Bye!