Frozen es de Disney y Rise of the Guardians es de DreamWorks. Solo hago esto para su entretenimiento y para mi diversión.


Neumonía…Una muy peligrosa neumonía que aprovechó sus debilitadas defensas para atacar y él…se sentía tan frustrado de no poder hacer nada. No era medico ni nada parecido, pero verla ahí, inconsciente, con una mascarilla con un tipo de solución para despejar sus vías aéreas, conectada a un monitor cardiaco, con una intravenosa, con una especie de venda en su frente… era devastador. Elsa era tan buena, vivaz…que verla de esa manera era un golpe duro para su espíritu.

Observó como una enfermera entraba en la habitación. Revisaba los aparatos, ignorando completamente su presencia, lo cual agradecía; no tenía ganas de conversar con nadie. Después de la llamada que hizo para informarles a su madre y Anna la situación, se sentía exhausto emocionalmente. No era fácil aparentar tranquilidad teniendo la escena frente a él, pero hizo su mejor esfuerzo y esperaba que haya sido suficiente para mantenerlas tranquilas.

Miró el reloj en la pared. Eran las 3:30 a.m. y él sabía muy bien que no había manera posible de que pegara el ojo. Se acomodó un poco la frazada que aún lo cubría y tomó la mano de su novia entre las suyas. Cada recaída lo aterraba más…no quería pensar en la posibilidad de que hubiese una fulminante.

Un pequeño quejido lo sacó de sus pensamientos e hizo que su atención viajara hacia su novia que comenzaba a revolverse en la cama, desorientada completamente.

─Elsa ─llamó reincorporándose un poco para tratar de impedir que se quitara la mascarilla. ─Tranquila, soy yo; no te la quites, la necesitas. ─al parecer, la rubia lo había reconocido y comenzó a tranquilizarse de a poco, pero eso no impidió que se quitara la mascarilla.

─ ¿Qué…pasó? ─preguntó entre suspiros, claramente sin aire. De manera automática, Jack tomó delicadamente la mascarilla y se la volvió a poner.

─Te encontré en tu habitación inconsciente; los médicos dicen que tienes neumonía y que dada tu…situación, te atacó más agresivamente. ─vio las intenciones de quitarse el artefacto de su cara, pero la detuvo. ─No hables y no te la quites; la necesitas. ─explicó. Elsa lo observó por unos instantes mientras se tocaba el vendaje que tenía en la cabeza, de seguro, tratando de recordar todo lo que había pasado antes de colapsar. ─ Me diste un gran susto, mi Reina; mira como me hiciste salir. ─trató de bromear para aligerar el ambiente, pero ella no le respondió. Miraba distraídamente hacia el lado opuesto de la habitación, evadiendo su mirada y él sabía por qué. La conocía a la perfección y sabía que se sentía culpable por haberse enfermado y arruinar las celebraciones de todos y sobre todo, se sentía culpable porque no fue capaz de controlarlo. Tomó su mano una vez más y le dio un pequeño apretón para llamar su atención. Cuando sus bellos ojos se encontraron con los suyos, sintió un escalofrío recorrerlo al ver los apagados que estaban, pero no dijo nada ni mostró su terror, en vez de eso, besó tiernamente su mano. ─ Te amo…─ella apretó su mano con fuerza como respuesta y él sabía que ese era un "también te amo".


Llevaba casi una semana en su viaje y hasta ese entonces, no había señales de su hijo. Había visitado diferentes pueblos donde figuraba el nombre de su vástago, pero al parecer, no eran lugares fijos para él, solo eran destinos de visita. Se estaba comenzando a frustrar…Tenía ganas de llamar a Anna y desearle un feliz año nuevo, pero calculando la diferencia de horario, supo que aún era de madrugada y ella debía estar durmiendo.

Desganado, se acercó a una pequeña vivienda donde supuestamente, su hijo se había quedado por unos meses. Tocó la puerta y en unos segundos alguien ya lo estaba recibiendo.

─Hola, ¿qué desea? ─ recibió una señora castaña de mediana edad.

─Hola, mi nombre es Nicholas St. North y estoy buscando al hombre en esta fotografía, ¿lo ha visto? ─la mujer observó la fotografía por unos instantes.

─Sí, él estuvo aquí hace un año; yo le alquilé una habitación.

─ ¿En serio? ¿Sabe dónde está ahora? ─

─Solo sé que iban con destino a la zona costera.

─ ¿Iban?

─Sí, él y su novia. ─ a lo largo de la investigación, jamás había salido a la luz que viajase con alguien. ─ Creo que iban a uno de esos hoteles de varias estrellas, pero no sabría decirle a cual. ─ Estaba furioso con su hijo. Abandonó a su familia para viajar de manera despreocupada con quien sabe que mujercita. Si algo le llegaba a pasar a Elsa, él se iba a encargar de quitarle la vida que él y su esposa desinteresadamente le dieron. ─ ¿Usted es su familiar?

─Soy su padre y hace tiempo que no sé nada de él ─explicó ─Gracias por su tiempo, señora; se lo agradezco de verdad. Si vuelve por aquí o sabe algo, le ruego que me llame. ─ la señora asintió. Después de la despedida de lugar, North siguió su camino. Tenía un viaje bastante largo por delante.


Eran las 4:37 exactamente y Jack se encontraba sosteniendo el pelo de su novia mientras vomitaba por tercera vez esa noche en un recipiente que una enfermera sostenía. Le daba pena verla tan descompuesta, pero el personal médico le dijo que era totalmente normal. La neumonía que había contraído la joven era tan fuerte y agresiva, que se vieron en la necesidad de responder de la misma forma. Los antibióticos y la solución que le administraron a través del vapor despedido por la mascarilla, habían tenido un efecto fuerte. Habían derribado aquella muralla que obstruían sus vías respiratorias y gran cantidad de ese contenido viscoso estaba siendo expulsado por el cuerpo de su novia, pero no se podía cantar victoria aún; ella seguía estando muy enferma y debía pasar varios días en el hospital.

─ ¿Sientes algún tipo de alivio? ─preguntó la enfermera al ver que al parecer ya había terminado. La rubia asintió, por lo que la mujer se dirigió al baño con el envase. Elsa se dejó caer en la cama.

─ ¿Te sientes mejor? ─preguntó acariciando su pelo. Ella asintió débilmente. ─No necesitas mentirme.

─Volveré en media hora para nebulizarte nuevamente. Todo este proceso se repetirá hasta que tus vías se despejen. ─dio algunas indicaciones más y luego abandonó la habitación.

Jack concentró su atención en su novia. No había pronunciado palabra alguna en un largo rato y eso no le gustaba. Entendía que estaba enferma y que se sintiera agotada, pero sabía que esas no eran las causas de su silencio.

─ ¿Necesitas algo, mi Reina?

─ ¿Puedes ayudarme…a levantarme? Quiero ir al lavabo.

─Por supuesto. ─respondió poniéndose de pie, tomando su mano para ayudarla a ponerse de pie mientras arrastraba el atril donde estaba colgado el suero al que estaba conectada.

Caminaron despacio hasta el baño, ya que, bajo ninguna circunstancia, Elsa debía realizar algún tipo de esfuerzo; eso le robaría el aliento de inmediato. Al llegar al baño, la mayor de los Arendelle, tomó un enjuague bucal que había en uno de los gabinetes y se agachó para comenzar su labor de higienizar su boca después de su desagradable episodio. Al terminar, se mojó el rostro con el agua fría, suspirando ante el contraste que se creó entre el agua helada y su piel que ardía en fiebre. Se incorporó y observó su reflejo en el espejo.

Odiaba verse tan…enferma. Lo odiaba con todo su ser y sabía que no podía hacer nada al respecto. Dio un pequeño respingo al sentir un par de brazos rodeándola por detrás. Se sumió tanto en sus reflexiones que no había notado la nueva imagen que reflejaba el espejo: él rodeándola con sus brazos cuidadosamente para no enredarse con la intravenosa.

─Me veo horrible…─declaró. Parecía un verdadero fantasma.

─ ¿En serio? Para mí, estas guapísima. ─respondió besando su cuello cariñosamente.

─Sólo lo dices para no hacerme sentir mal…─respondió sonriendo débilmente mientras se recargaba completamente sobre su pecho.

─Claro que no. ─respondió. ─Estas hermosa, mi vida, es más, estas que arde, literalmente hablando. ─dijo refiriéndose a su temperatura. La fiebre no parecía estar disminuyendo.

─Lo siento…

─ ¿Por qué?

─Por…todo… ─terminó de decir. ─No deberíamos estar aquí…no hoy…

─Estaremos donde sea necesario para que estés bien, a cualquier hora, a cualquier día, mi Reina…─besó su sien suavemente y le sonrió a través del espejo. ─Te amo…─murmuró en su oído. Ella sonrió.

─Y yo a ti. ─respondió. ─ Volvamos a la cama; estoy exhausta.

─Sí; aún estás ardiendo en fiebre. ─respondió él. Con la misma delicadeza y paciencia con la que la había llevado al baño, él la llevó a la cama nuevamente. La acostó en ella y la cubrió con las cobijas.

─Duerme conmigo… ─él dudó.

─No creo que sea buena idea; tengo miedo de desconectar algo…─pero ella no aceptaría una negativa de su parte. Palmó el lado opuesto a la intravenosa en la cama.

─Por favor…─ No había forma de negarse.

─Está bien…─respondió. Habían dos razones por la que no tenía fuerza de voluntad para negarse: primero, estaba enferma y segundo, y más importante de todas, se trataba de Elsa. Se acomodó en el lado de la cama donde no había nada que pudiese desconectar o romper ─trata de descansar; lo necesitas. ─ella asintió. ─Te amo…

─Yo también te amo. ─respondió. No pasó mucho tiempo para que los fuertes medicamentos y la sutil caricia que Jack le estaba proporcionando en su pelo, la llevaran al mundo de Morfeo.

El joven Overland la observó dormir. Mentiría si dijese que no estaba preocupado. Aunque fuese una herida menor, la sangre que había generado fue suficiente para provocarle un ataque de pánico. Y en esos momentos, su miedo seguía latente ante cada respiro que daba; su respiración era por demás forzada y un pequeño silbido podía escucharse. No podía conciliar el sueño, temía que si lo hacía, Elsa dejase de respirar…

Besó suavemente su sien.

─ Estarás bien, mi Reina…estarás bien…─susurró. Al parecer, era un intento por convencerse a sí mismo.


Se dejó caer en la cama, fatigado totalmente. North no entendía dónde se había metido su hijo. Llamó a cada hotel de la zona en que le habían dicho en las que podía haber estado, pero no consiguió nada, por lo que en esos momentos se encontraba hablando con el señor Bunny.

─ ¡No está en ninguna parte!

Y honestamente no entiendo por qué. El último registro aéreo que encontramos de él fue hacia ese destino.

─ ¿No hay otro registro de que haya abandonado el país? Lo he buscado por todas partes; no está aquí…

No desde la última vez que revisamos… ─exclamó.

─ ¿Y por qué no revisa diariamente?

Esos registros se actualizan semanalmente, señor North. Hace una semana que revisamos y no había nada ─respondió.

─ ¿Podría revisar nuevamente?

─Por supuesto; lo llamaremos en cuanto revisemos todos los registros actualizados, ¿de acuerdo?

─De acuerdo.

Rezaba por qué apareciese nueva información; necesitaba encontrarlo. Terminó la llamada y cerró sus ojos quedándose dormido al instante. Necesitaba descansar con urgencia.


Se supone que debía ir a casa a descansar, pero no podía hacerlo. ¿Cómo esperaban que a sabiendas que Elsa estaba en el hospital, él se fuera a casa a dormir? Dormir no era importante para el en esos momentos. Llegó a la residencia Arendelle donde estaba su madre cuidando a los dos pequeños, tomó una ducha, almorzó y se vistió para retornar lo más pronto posible.

Anna había aparecido en el hospital apenas salió el sol y, alrededor del mediodía, ella lo había, literalmente, sacado de la habitación, para que pudiese ir a casa a descansar, cosa que no había hecho. Cuando habló con ella desde el hospital, la escuchó tan ansiosa que pensó que cuando pasase de visita, tendría que tranquilizarla, pero eso no pasó. Se comportó de manera tranquila como si estuviese visitando a alguien por cortesía, aunque él, y de seguro Elsa, sabían que era una máscara para ocultar su preocupación.

─ ¿Jack? ─escuchó como una infantil lo llamaba desde el umbral de la habitación.

─Hola, Brian. ─saludó. ─ ¿Cómo va todo, campeón?

─ ¿Puedo preguntarte algo? ─respondió directamente, extrañando a Jack por su actitud. No se veía como el niño feliz que normalmente era.

─Claro. ─el pequeño rubio se acercó a él y se sentó a su lado en la cama. ─ ¿Qué te pasa? ¿Por qué tan decaído?

─Jack… ¿Elsa se va a morir? ─Jack se paralizó al instante. No esperaba esa pregunta.

─ ¿Por qué…por qué preguntas eso?

─Porque se está enfermando muy a menudo y siempre me dicen que es la última vez, pero…─la voz se le comenzó a quebrar─ sé que me ocultan algo…

─Oye, tranquilo…todo está bien…

─Pero Elsa…

─Está mejorando en el hospital, campeón, y esperemos que pronto esté aquí contigo, ¿bien?

─ ¿De verdad va a estar bien? ─él asintió.

─Claro que sí; ya verás. ─ respondió tratando de sonar lo más convencido posible. La pregunta del pequeño lo había dejado inquieto. No quería mentirle, pero a la corta edad del pequeño, había cosas que, por su propio bien, él no debería saber.


La joven rubia sentía una leve mejoría en su estado. Ya el pecho no le dolía con la misma intensidad que antes, pero aun así, le costaba respirar y la fiebre parecía no tener intenciones de ceder. Observó a su hermana menor por unos breves instantes. La pelirroja se encontraba a su lado, muy atenta a su teléfono.

─ ¿Qué tanto haces? ─Anna dio un pequeño respingo.

─Pensé que aun dormías. ─se defendió mientras guardaba el aparato en uno de sus bolsillos ─Hablaba con Kristoff. ─la rubia solo asintió. ─ ¿Cómo te sientes?

─Mejor, supongo…─contestó. La expresión de su hermana era indescifrable para ella en esos momentos; no sabía si estaba enojada, preocupada, decepcionada o una mezcla de las anteriores y Elsa sabía que su hermana tenía el derecho de sentirse así…

─Me diste un gran susto, Elsa…

─Lo sé…

─Es muy frustrante no saber lo que pasa, ¿sabes? Es tan agotador…─la seriedad en la voz de Anna, generó una nueva oleada de culpa en la joven rubia. ─, pero sé que no tiene caso darte un sermón al respecto.

─ ¿No? ─la pelirroja sonrió sutilmente.

─ ¿Para qué te voy a sermonear? ¿Por ser tú? ─respondió. ─ Sé cómo eres, te conozco y sé que no dijiste nada para no arruinarnos la ilusión del año nuevo.

─Anna…

─Desde que mamá murió, has tratado de convertir todas las celebraciones y cumpleaños en algo mágico para nosotros y te lo agradecemos, pero…no queremos que por vernos feliz sufras sola.

─ ¿Qué quieres que haga, Anna? Dime, porque yo no sé qué hacer. ─respondió. ─No puedo decirles lo terrible que son estos dolores que experimento casi a diario, esa sensación de impotencia al ver que tu cuerpo se deteriora sin remedio: yo no tengo el coraje de decirles algo así. Prefiero sonreír y aparentar que todo está bien porque el simple hecho de verlos preocupados…simplemente…es…─y es que no encontraba las palabras para expresar ese suplicio que la embargaba. Desde que su madre murió, ella vivía para sus hermanos y pensar en que ella podía ser la causante de algún sufrimiento en ellos, la destruía. Por eso no quería que nadie se involucrara, no quería pedir ayuda cuando lo necesitase porque, aunque sabía que era infantil y egoísta de su parte, ella necesitaba mantenerlos en na burbuja de ignorancia por su bien. ─ ¿Qué harías tú en mi lugar? ─la pelirroja suspiró.

─Lamentablemente…lo mismo que tú. ─respondió. ─Pero todos tenemos nuestro límite y en ese punto, necesitamos pedir ayuda. Al menos prométeme que cuando tus fuerzas no den a más, vendrás a buscarme.

─Trataré…─ La pelirroja sabía que esa era la respuesta más honesta que podría conseguir de ella.

─ Me conformo con eso…por ahora. ─respondió sonriente mientras se acercaba a abrazar a su hermana mayor. No podía enojarse con ella a sabiendas que esa era su forma de ser. ─ Te quiero, Elsa. ─la joven rubia sonrió.

─Y yo a ti, revoltosa.

Un pequeño golpe en la puerta separó a las hermanas.

─ ¿Se puede?

─Pasa. ─en segundos, la puerta se abrió y dejó ver a un sonriente Jack.

Y ahí, Anna supo que había llegado su relevo.


─ ¿Qué haces aquí? ─ preguntó al ver a una persona muy familiar para ella en la entrada del hospital.

─No veía a mi linda novia desde el año pasado. ─ respondió. La pelirroja no pudo evitar sonreír. El rubio se acercó más a ella hasta abrazarla por completo. ─ ¿Cómo esta Elsa?

─Mejor…─respondió simplemente.

─ ¿Y tú cómo estás?

─Con hambre, con sueño…─sonrió.

─Me alegro de escuchar eso.─ Anna se alejó un poco de él para mirarlo con fingida indignación.

─Pero que buen novio…

─El mejor. ─respondió. ─ ¿Qué te parece si damos una vuelta y comemos algo en el trayecto?

─No lo sé, ya son las 4 pm; debería ir a casa para ayudar con los niños.

─No te preocupes, la madre de Jack me dijo que no había ningún problema. ─ella lo miró no muy convencida. ─Vamos, será divertido, lo prometo. ─al ver que aún no la convencía del todo la atrajo de la cintura y la besó, sorprendiéndola por completo. Él sabía muy bien que los besos apasionados por sorpresa la desubicaban sobremanera y representaban una estrategia fácil para un sí. ─ ¿Qué dices ahora? ─respondió al finalizar el beso.

─ ¿Eh? Claro ─él sonrió. La tomó de la mano y comenzó a caminar a través de las nevadas calles hasta que ella reaccionó.─ ¡Eres un tramposo! ─ Pero siguió caminando porque, después de todo, le encantaba que la aturdiera de ese modo.


Un ambiente de tranquilidad irradiaba aquella fría habitación de hospital. La pareja se encontraban sumidos en un silencio cómodo, acostados en la cama mientras Jack acariciaba dulcemente el pelo de su novia. Hace unos momentos, la rubia había cenado, o mejor dicho, tragado algo de comida a la fuerza gracias a Jack mientras este último le daba vueltas a un asunto que no lo dejaba de inquietar y que, aun en esos momentos, lo seguía perturbando.

─ ¿Elsa?

─ ¿Qué?

─ ¿Por qué no me has comentado nada acerca del juicio de Hans? ─casi de inmediato, la sintió tensarse entre sus brazos.

─ ¿Cómo…?

─ ¿Crees que eso importa? Elsa, ¿por qué no me has dicho nada? ¿Pensabas ir tu sola sin decirle a nadie? ─ Se removió un poco para verla de frente.

─Trato de no pensar en ello…Sé que suena estúpido, pero trato de no mencionarlo, para no tenerlo presente…no quiero…simplemente no quiero revivir todo aquello. ─explicó. ─ Soy una cobarde.

─Claro que no…

─Claro que sí, Jack. Solo quiero huir y no enfrentar todo esto de nuevo, pero sé que si lo hago, es muy probable que Hans salga con la suya, no solo saliendo libre, también porque dejaría que me intimidara, que tuviese miedo de él y eso es justamente lo que quiere… ─El joven Overland nunca podría ni siquiera imaginar el infierno que ella pasó en manos de ese psicópata, por lo que, no dudaba que la experiencia de revivirlo por completo la abrumara. Elsa no era cobarde y no le importaba si ella misma se veía de esa forma, porque simple y llanamente, no lo era. Se acomodó nuevamente, esta vez, para quedar rozando su nariz con la suya y la miró con ternura.

─Sabes que soy terco, así que diré esto solo una vez y espero que no me contradigas: Elsa, tú no eres cobarde. ─ella sonrió ante su ocurrencia. ─Sé que no es fácil para ti, pero estoy seguro de que lo enfrentarás y lo dejarás en su lugar. ─depositó un pequeño beso sobre su nariz. ─De lo que debes preocuparte es de que yo no salté toda aquella seguridad para golpearle la cara como llevo deseando por un buen rato. ─ella sonrió contagiándolo a él en el proceso. Se acercaron como imanes y sellaron sus labios en un muy apasionado y anhelado beso que poco a poco estaba escalando a otro nivel.

─Por mucho que me gustaría…seguir…─dijo Elsa al separarse de él, totalmente sin aliento. ─No creo que mi actual capacidad pulmonar…soporte ese tipo de acción.

─Tienes razón. ─respondió. ─ Solo te digo que te prepares; no estarás enferma por siempre.

No pudo evitar sonreír de manera triunfante al ver él sonrojo que invadió a la joven rubia.

Como amaba hacerla sonrojar…


Miraba las noticias distraídamente mientras esperaba la llamada del Detective Bunny. No podía dejar de pensar en todo lo que estaba pasando. Le aterraba la idea de no encontrar a su hijo y no poder salvar a su nieta. Había gastado gran parte de sus ahorros inmediatos en ese viaje y esperaba que no hubiese sido en vano. Su fallecida esposa venía de una familia muy bien acomodada y había dejado una gran cantidad de dinero después de morir, pero no a él…a sus nietas y él no podía estar más feliz por su decisión. Ese dinero era sagrado y él nunca lo tocaría.

Su móvil sonó

Saliendo completamente de sus pensamientos, contestó la llamada.

─Hola, supongo que ya me tiene noticias.

Sí, y no lo va a poder creer…


Le encantaba ver la ciudad cubierta de nieve, totalmente encendidas y más aun si era en compañía de su adorado novio. Solamente Kristoff podía hacer que sus problemas desaparecieran con tanta facilidad.

En esos momentos, se encontraban caminando por las calles de una de las plazas principales, tomados de la mano mientras la nieve fresca caía a su alrededor.

─Esto ha sido maravilloso, Kristoff, pero debiste dejar que, por lo menos, pagara la mitad de la cuenta. ─se quejó.

─Ni hablar. Tú eres mi novia y me encanta consentirte. ─argumentó mientras se posicionaba frente a ella. Le encantaba consentir a la hermosa pelirroja frente a él, totalmente abrigada y con ese gorrito, que a su entender, la hacía lucir más adorable.

─Insisto en que deberíamos compartir las cuentas. ─respondió. ─ ¿Qué te parece si vamos por un chocolate caliente? Ahí hay un puesto…

─Claro, ahora los compro…─dijo mientras salía corriendo hacia allá.

─ ¿Qué…? ¡No! ─exclamó al entender lo que estaba haciendo. ¿No acababan de discutir lo de dividir cuentas? Él muy tramposo corrió al puesto para comprarlos él…─ ¡Kristoff! ─ llamó mientras empezaba a correr hacia él, chocando segundo después con alguien en su camino. ─ ¡Lo siento tanto, señor! Fue totalmente mi culpa. ─se disculpó. Levantó la vista y el aire se le escapó de los pulmones.

─Anna…

Y ella se quedó estática ante aquella persona que tanto había buscado.

─Papá…


¡Hola! Lamento tanto el tiempo que me está tomando actualizar mis historias, pero esa parte escapa de mi control. Incluso en estas fiestas tengo un trabajo y un examen para los primeros días del 2016. Trataré de actualizar varias de mis historias y espero que realmente el tiempo me alcance.

Les agradezco por los favs, follows y reviews; son un impulso infinito a la hora de escribir cada capítulo.

Espero que les haya gustado el capítulo y como siempre, siéntanse libres de comentar,

¡Feliz Navidad y Próspero Año 2016!

Cuídense,

Bye!