Frozen es de Disney y Rise of the Guardians de Dreamworks. Solo hago esto para mi diversión y su entretenimiento.


Su sistema inmunológico estaba apagado, para que aceptara la nueva medula ósea. Esta situación la colocaba en un proceso largo de aislamiento y monitoreo. Si los resfriados daban peleas antes de todo el acondicionamiento, si la atrapaban en su situación actual, no tendrían resistencia. No podía abandonar el hospital hasta que existiera evidencia de que su nuevo huésped fabricaba todo lo que fallaba por la enfermedad. No podía hacer mucho más que seguir las directrices y cooperar para que todo salga en orden. Sus grandes preocupaciones eran su trabajo y la universidad. En el primero, tenía licencia, y le cubría el tiempo critico necesario, solo tendría que usar mascarilla y ser ultra cuidadosa cuando vuelva a las andadas. El segundo era un poco más complicado. Tuvo que tomar todas sus clases del periodo guiada con la modalidad que ofrecían: en este caso, virtual. No sabe cómo estarán sus niveles de energía ante lo que se viene, pero no podía seguir atrasándose. Además, le ayudaría a despejar la mente.

Los primeros cien días comenzaron a correr, iba por el día cinco y hasta ahora, lo que experimentaba eran efectos secundarios de la etapa de acondicionamiento -previa al trasplante- donde la irradiaron para prepararla para su nuevo huésped. Las llagas en la boca -efecto secundario de la radioterapia- eran dolorosas y a duras penas podía comer. Había sido desmotivador ver como sus mechones se salían ante el tacto, pero Elsa no quería ceder, no cuando estaba en vías de recuperación y las cosas apuntaban a mejor. North no se alejaba de su lado, incluso cuando tenía que ir a trabajar, entre las actividades y cambios de períodos, le escribía para saber qué tal todo, aunque no existiese gran diferencia entre un intervalo de media hora. Anna es la segunda al mando, pero por obvias razones, quería que se concentrara en sus actividades diarias. La ha notado extraña, asume que es por toda la dinámica de su recuperación. De todas maneras, espera tener la oportunidad de hablar con ella cuando la mucositis le permitese hablar coherentemente.

Luego está el joven Overland. Hacía acto de presencia todos los días con una ocurrencia para iluminarlo. Mucho no puede ver de su rostro porque debe usar la mascarilla reglamentaria del área oncológica, pero con ver sus ojos, Elsa tenía todas las respuestas que necesitaba. Se supone que no eran nada y que la conversación aquella quedó renegada ante la incapacidad de la rubia de comunicarse apropiadamente. La situación se ha tornó en una especie de cortejo donde las acciones se cargan de intenciones que, a todas luces, gritaban los momentos de personas que se aman y comparten el idilio de saberse felices con la presencia del otro.

–¡Muy buenos días! – ante el llamado de Tooth, Elsa dirigió su mirada hacia la entrada. El ánimo de la chica era envidiable para tratarse de una visita en el hospital. – Pensé que estarías sola y quería hacerte compañía. – tomó asiento al lado de la cama, la mascarilla cubría la mitad de su rostro. Sonríe ante su presencia. – ¿Cómo va el tema de las llagas?

–Un poco mejor…– logró comentar a través del dolor. Que pudiese abrir la boca un poco, ya era ganancia.

–Tu expresión te traiciona. – Tooth se mantuvo en contacto por chat, sabiendo lo complicado que resultaba manejar la disponibilidad entre sus familiares y el área controlada. Apareció en uno de los huecos donde intuía que no encontraría a nadie. – ¿Cómo te vas sintiendo?

–No lo sé; es extraño. –su cabeza terminó apoyada del espaldar detrás de ella.

–Bueno, me enteré que Jack viene a diario. ¿Eso no es bueno? – Elsa se mantuvo en silencio, pero no pudo ocultar la sonrisa. – No sé qué esperan para volver. ¿Qué se levanten las restricciones para hacerlo de todas las maneras?

–Oye…–su voz no le ayudó lo suficiente al no poder gesticular como debería por la inflamación, pero sentía el rostro arder; era suficiente indicativo.

–Saben que esto no tiene sentido: ambos se extrañan y trabajaron en lo que provocó la ruptura, ¿qué esperan?

Elsa sabía que su freno era lo que estaba viviendo. Quería que la situación avanzara para no depender de su cuadro clínico, por lo menos, no en ese principio que estaba iniciando. Aun así, el Jack que veía día tras día, con todo y los moretones que aun plagaban su piel luego del accidente, la versión que reinaba le infundía paz. Se trataba del mismo Jack, pero algo en él se percibía más conciliador, más seguro, más tranquilo y le tentaba a cada minuto en sucumbir, se contenía porque por lo que estaban experimentando, sus caminos estaban por reencontrarse, tarde o temprano.

–No es tiempo. – esas tres palabras dolieron como si le desgarraran parte de la mejilla. Tooth lo notó de inmediato.

–Tranquila, hablaremos después. Mejor escúchame que es menos doloroso para ti. – no rebatió, la razón reinaba en las palabras de su amiga. Además, se ahorraba el tener que dar explicaciones en cuanto a un tema que no necesitaba argumentos.


La situación estaba fuera de control en cuanto al individuo aquel. Jackson estaba genuinamente preocupado por el bienestar de Anna luego de su accidente. No tenía dudas de que había sido obra del individuo en común. Era obvio que la policía no estaba haciendo nada y que dependía de ellos mantenerse a salvo y hasta atraparlo para una solución sostenible en el tiempo. Por eso había convocado tanto a North como a Kristoff para ponerlos al tanto. Tal vez, debió ser un poco más sutil al contar la historia y todo lo que aconteció desde el asalto y su accidente, para evitarles el shock que estaban experimentando frente a él, pero la situación era grave y no pensó en otra manera de decirlo, más allá de lo que era.

–¿Cómo se supone que vamos a rastrearlo? – preguntó Kristoff con claro enfado en su voz.

–Estando atentos; nos está vigilando. Creo que, si lo localizamos en el acto o descubrimos cómo lo está haciendo, podemos detenerlo.

–No lo sé, jóvenes. Aun pienso que es necesario involucrar a las autoridades.

–No han hecho nada en todo este tiempo, incluso con el caso de Anna, donde tenemos certezas de los hechos. No quiero pensar mal, pero creo que alguien lo está protegiendo.

–¿Insinúas que alguien en la policía está trabajando con él? – Jack confirmó la duda de North.

–Y si no es en la institución, debe ser alguien que nos conoce. Es lo único que se me ocurre para que tenga mi teléfono y pueda manipular mi auto. – el silencio se instauró en el lugar mientras digerían lo dicho.

–Entonces, ¿cuál sería el plan de acción?

–Por ahora, no le quites los ojos de encima a Anna. Sé que irá por ella; ahí podremos rastrearlo de alguna forma.

–Eso es muy peligroso para mi nieta.

–No me gusta la idea, pero no sé qué más hacer…– el joven Overland dirigió su vista hacia el mayor de los tres. – Señor North, vigile a Brian. No sabemos cómo pretenda llegar a Anna.

–¿Elsa?

–Estará segura mientras siga en el hospital. No considero que sea prudente contarle lo que pasa. Esta acción me ha metido en problemas en el pasado, pero su salud está primero. No necesitamos un retroceso. – Nadie objetó el último punto. El trasplante ha sido un punto de inflexión hacia cosas mejores y no podían arriesgar a cualquier complicación por algo que es un problema, pero que aún no se ha materializado. Se despidieron para accionar de inmediato. El hombre era peligroso y no podían brindarle ningún tipo de brecha.


Cuando abrió los ojos, no podía ni siquiera abrir la boca del dolor generalizado en el área. Se había dormido luego de uno de los chequeos de rutina. La enfermera le había dejado una especie de enjuague bucal para ayudarla con el malestar, pero el dolor era tal que no se atrevió a intentarlo. En ese momento, no parecía posible que lo hiciera sola, a duras penas podía separar los labios. Se incorporó en la cama, notando como la iluminación de la habitación había cambiado. Debían ser primeras horas de la noche. Se acercó a la lámpara al lado de la cama, encendiéndola en el acto. Solo allí, vio la figura en el sillón cercano. No se inmutó, posiblemente producto del sueño que aún le embargaba. El joven Overland dormía a pierna suelta, como si estuviera en la mejor de las camas. Sonrió para sus adentros cuando la luz, por fin, impacientaba a sus ojos.

–Me alegro de que despertaras. Estaba aburrido. – respondió en medio de un bostezo. Elsa le contestó con un saludo de mano. – Veo que está peor… – la rubia asintió. – De acuerdo, no te esfuerces; escríbeme por whatsapp. – gira los ojos ante el sin sentido, al saber que es una solución al predicamento. Tomó su teléfono, obedeciendo a la sugerencia. – ¿Cómo te sientes? – Elsa comenzó a escribir de inmediato; la notificación no tardó en llegar.

Normal, aunque mi boca está insoportable.

–¿No hay un medicamento para eso? – Elsa señaló un pequeño envase al lado del joven. Jackson tomó lo señalado y leyó las instrucciones. Una notificación llegó al poco tiempo.

No tuve el valor de aplicármelo sola. – ante la contestación, Jack le observó con pena. Para que ella dijera eso, debía estar doliéndome como los mil demonios.

–¿Quieres que te ayude? – Elsa no respondió, pareciendo dudar en su respuesta, pero finalmente, asintió con la cabeza. No suponía mucha tentación, eso quería pensar la rubia, por la mascarilla que portaba el joven. Aun así, la posición de vulnerabilidad no la terminaba de convencer ante la cercanía de tenerlo a centímetros de su rostro. Jack parecía no estar afectado, disimulándolo como un profesional. Actuaba como si leyera las instrucciones para controlar el nerviosismo. La situación era más que ridícula, teniendo en cuenta que eran dos personas que se conocían a la perfección hasta el punto de que habían intimado en más de una vez. De todos modos, sentían que las cosas fluían y no querían arruinarlo. Jack se sentó en la cama, frente a ella, acercando el recipiente que las enfermeras habían dejado. Tomó un poco de alcohol y desinfectó sus manos para poder maniobrar a la joven rubia, apoyado de las gazas que dejaron junto al producto. – Abre despacio; trataré de ser gentil. – obedeció, Jack presenció el esfuerzo que supuso para ella hacerlo. El medicamento era en spray, por lo que, trató de ser lo más efectivo, disparando a los lugares más alterados al rojo vivo y en las llagas. Elsa mantuvo los ojos cerrados en lo que duraba la tortura. – Ya casi termino. – tomó la gaza con un poco del medicamento y trató las áreas afectadas en sus labios. En ese momento, la joven abrió los ojos. – ¿Está mejor? – se atrevió a levantar la vista, encontrándose de frente con los de ella. No tenía claro cuánto tiempo había pasado hasta que ella asintió levemente. Imitó el gesto mientras recogía las cosas que había utilizado. Al poco tiempo, su teléfono sonó con una notificación.

Gracias. – leyó, levantó la vista, encontrándose con la sonrisa de la joven rubia. No pudo evitar devolvérsela con el corazón a mil por hora, como siempre ha sido la norma cada vez que Elsa lo deleitaba con su afecto.


Asdgar no sabía qué hacer en cuanto a su situación. Habían pasado dos semanas desde el trasplante y todo marchaba como se esperaba con Elsa. Su trabajo estaba hecho, pero no quería irse. Al principio, lo acunó al hecho de que nunca conoció a Brian y tenía curiosidad. Era un bebé cuando se fue, mucha data no tenía sobre él. En ese momento, no quería separarse de sus hijos, de todos de ellos. En el transcurso de esas semanas, había visitado a Elsa desde la puerta, asegurándose que estuviera bien. En otras ocasiones, como en la que se encontraba, observaba a su hijo en su espacio educativo y cuando tenía suerte, Anna aparecía en la ocasión.

Hacía unos minutos desde que su hija menor había aparecido en escena, junto al chico rubio que siempre le acompañaba. Mucho no ocurría entre ellos, por lo que intuyó, venían a buscar al pequeño, quien corrió al interior del recinto por sus cosas; el chico rubio lo siguió. Anna quedó en la entrada, con sus manos en los bolsillos. Desde pequeña, su hija del medio poseyó una bola de energía dentro de sí, pero con los años, parecía que se había estado asentando de a poco como para seguir existiendo, pero con cierto nivel de maduración. Lo notó en las pocas veces que interactuó con ella, pero era notorio que se abrió paso en la vida como una jovencita de cuidado, sin su intervención. No creía que pudiese superar sus errores en lo que le quedaba de vida.

Sus pensamientos se interrumpieron al notar una figura a la distancia. Al igual que él, se escondía para no ser visto y observaba hacia la dirección de su hija. De repente, comenzó a trotar hacia ella; reconoció el andar del individuo como el de su 'hijastro', lo que hizo la situación aún más surrealista. Sus ojos se abrieron en sorpresa cuando lo vio llegar hasta Anna y tomarla por la espalda, con cuchillo en mano. Cubrió su boca con las manos mientras la chica se removía tratando de liberarse mientras él parecía decirle algo al oído. Cuando vio cómo la arrastraba fuera de la entrada, su cuerpo reaccionó en inmediato, saliendo del shock de la situación.

Usando la misma estrategia que su hijo adoptivo, se escabullo rápidamente a sus espaldas, justo cuando estaba por ocultarse de la vista pública. Lo empujó desde un costado para que soltara el agarre y, por ende, el cuchillo. Pitch gimió al tocar el suelo; Anna dio unos pasos hacia adelante antes de girar y constatar quien la había liberado. Asdgar se acercó hacia Anna, colocándose frente a ella, en modo protector.

–¿Qué demonios crees que haces con mi hija? – Pitch levantó la vista hacia la figura que no esperaba ver. Sonrió con ironía.

–¿No fuiste tú el que la abandonaste? ¿Vuelve a ser tu hija? – Ante la mención de ese detalle, Anna observó a Asdgar con sorpresa.

–¿Lo conoces?

–Es el hijo de mi…expareja.

–Que feo, pensé que yo era el actual, papá. – se puso de pie, con el cuchillo en mano. Dirigió su vista hacia la pelirroja. – Tu papi no estará siempre. – la sonrisa que le dedicó el joven recorrió cada fibra de su ser. – Tengo tu número, sé quienes son tus personas queridas, tus lugares cotidianos…esto es solo es cuestión de tiempo. – Antes de que el padre pudiese alcanzarlo para evitar su escape, sacó un pequeño recipiente de su bolsillo y lo accionó hacia el padre e hijo. Ambos comenzaron a toser, sus ojos ardían ante la sustancia que cubrió el ambiente.

–¡Anna! – las voces de Kristoff y Brian llamaron al unísono, cada vez, se escuchaban más cerca.

–¡Deténganse! Es gas pimienta. – advirtió Anna. Escuchó como los pasos cesaron de inmediato. Poco tiempo después, escuchó los imponentes pasos de Kristoff reanudarse hacia ella.

–Es agua. Bebe un poco para luego lavarte la cara. – obedeció las instrucciones de su novio. Poco tiempo después, se encontraba viéndolo directamente. – ¿El tipo? – ella asintió, aun no creyéndolo.

–Te cuento luego; ayúdalo. – dijo, refiriéndose a Asdgar. Dudó un momento, pero terminó por aceptar. Brian la observaba a la distancia, su rostro infantil denotaba el miedo y la preocupación ante lo que no entendía. ¿Cómo se suponía que le explicara lo que acababa de pasar? Ella no lo entendía del todo y no sabía qué mas hacer para librarse de ese hombre. La amenazó aún más directamente que antes. Si no hubiese sido por su padre, no tenía idea de que estaría experimentando en esos momentos. Suspiró, en el momento que su mirada y la de Asdgar se encontraron. La había salvado y el hecho de que conocía al delincuente, prometía ser su salvación definitiva. Giró hacia su lugar de inicio, donde comenzó el ataque, viendo la cámara de seguridad que apuntaba su posición. Esto puede ser el verdadero final de la angustia o…el inicio de un infierno mucho mayor.


El injerto era un hecho en el día 18 post-trasplante: la medula nueva estaba comenzando a trabajar con normalidad. Era un suceso importante, pero no el definitivo, aun le quedaba una temporada en el hospital hasta que sus valores pudieran considerarse decente. La última semana había pasado volando por el hecho de que estaba súper ocupada con las clases y las asignaciones. Era su manera de sentir que volvía a la normalidad. Otro reto impuesto por el equipo médico fue que comenzara a salir de la habitación, con todas las restricciones, pero que comenzara a perder la costumbre de encierro. En algún punto, tendría que experimentar con su nuevo sistema y que mejor lugar que el hospital, donde aún le queda una temporada.

Se encontraba en uno de los pasillos menos transitados del lugar, detrás del ala de emergencia. Salió con un simple vestido de tela jean para tomar un poco de los rayos del sol. No había hecho mucho, más que disfrutar la sensación cálida de la estrella mayor mientras reflexionaba en lo agradecida que se encontraba de estar viva y tener personas que la querían más allá de lo que alguna vez pensó o mereció, por su toxica actitud del pasado. Se detuvo en seco, removiéndose la mascarilla un momento para arreglar uno de los tiros.

–Hola, Elsa, tan hermosa como siempre. Cuando quieras, puedo ayudarte a superar al tal Jack. –la frase en sí la extrañó, lo que hizo que levantara la vista hacia el origen de la voz. Un joven, usando gorra y lentes de sol, le sonreía a varios pasos, dirigiéndose hacia la sala de emergencias; pareciese que su mano sangraba. Se detuvo justo antes de abrir la puerta del lugar. – No te preocupes; sé donde encontrarte. – la impresión del momento, no le permitió reaccionar antes de que desapareciera. No tenía idea de quien era, ni mucho menos cómo la conocía, pero le dio muy mala espina; el ambiente se tensó de inmediato. Al sentirse sola y nada segura, volvió en sus pasos. Sentía que estaba en peligro, sin entender la situación que del desconocido que parecía conocerla más de lo que debería. Estaba en desventaja.


¡Hi, todo mundo!

Estuve investigando más a fondo el tema de la enfermedad de Elsa por un proyecto personal que publiqué hace unos meses y me di cuenta que algunas cosas que relaté no están de todo acorde. Como ya está publicado, lo que haré es que trataré de seguir la línea lo más fidedigna a partir de ahora, para que la experiencia termine genial. Me disculpo, pues me faltó investigar más profundamente. De las cosas se aprende y a futuro, será más exhaustivo.

Gracias por los reviews y follows en el capítulo anterior.

Ash: Gracias por decir presente. Creo que lo enredé aún más, pero seguimos con lo mejor (según considero) y espero que este capítulo también te guste.

¡Feliz Navidad y 2023!