"Cambio de corazón"
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Hacía un clima favorable.
El viento de septiembre lo refrescaba.
Eran las nueve de la mañana. Estaba en el aeropuerto. Llevaba desde las seis de la mañana en la sala de espera con Shouto dormido en su hombro, Enji viendo con molestia el anuncio de su vuelo atrasado, Keigo agarrándole el brazo con la intención de mitigarle el enojo, Mirio, Tamaki Amajiki y Nejire Hado acompañándolos; los dos últimos eran amigos de Mirio: Tamaki Amajiki, boxeador en los pesos ligeros, y Nejire, peleadora de artes marciales mixtas en peso pluma.
Izuku se sorprendió al ver a los amigos de Mirio, porque formaban parte del equipo del entrenamiento de la mañana, mas no conversaba con ellos. Y no es que no le interesaban, es sólo que tener a Katsuki en sus pensamientos conformaba su centro.
Shouto se removió en el asiento, y acomodó su cabeza en la zona donde su hombro conectaba con su cuello, de modo que sus cabellos sedosos rozaban su piel. Izuku se cruzó de brazos, apoyando su espalda en el respaldo, suspirando.
—¿Todo bien, Midoriya?—Le interrogó Mirio.
Izuku asintió.
—¿Estás nervioso por la pelea?— Fue Nejire.
—Un poco—Admitió Izuku.
—Las peleas siempre me ponen nervioso—Soltó Tamaki sin ocultar su miedo. —Lo único que quiero cuando escucho los vítores es quedarme en casa. El sonido de la campana, los aplausos, la presentación.
Tamaki se movió de un estremecimiento.
—¿Qué dices? Eres excelente en el cuadrilátero— Resopló Mirio, dándole una palmada en la espalda. —Has vencido gran parte de tu aversión de subirte a pelear—Luego, mirando a Izuku. —Él es así desde que lo conozco. No te dejes engañar por su figura o actitud, tiene bastante talento.
—Sí, lo he visto pelear una vez—Respondió Izuku, emocionado. —Tiene una técnica bastante pulida, una rapidez asombrosa y una velocidad impresionante para su complexión delgada. Los boxeadores de su peso suelen ser altos, pero posee una estrategia de atacar al cuerpo, asimismo agotando a su contrincante. Su mejor golpe es el gancho de derecha. No deberías de tener vergüenza de subirte al cuadrilátero. Es cierto que da miedo saber que todos te estén mirando, pero es parte del espectáculo y la experiencia que obtienes de intercambiar golpes con un boxeador experimentado.
Tamaki se encogió de hombros ante su efusivo monólogo. Entonces, Mirio, con ambas manos apoyadas en sus rodillas, dijo—: Agradezco que tengas en cuenta a Tamaki. Estoy tan orgulloso de su trabajo y dedicación, pese a sus inseguridades.
—Concuerdo en que está hecho para estar en las carteleras de Estados Unidos.
Tamaki emitió un gañido, hundiendo la cabeza entre sus hombros.
—Claro, claro—Acordó Mirio, viendo de reojo a su amigo. —Mi chico, definitivamente se merece lo mejor.
Izuku frunció las cejas, confundido. Nejire soltó una carcajada que fue tapada por el dorso de su mano, ante la mirada avergonzada de Amajiki y el orgullo apoderándose de las facciones de Mirio.
Shouto seguía dormido en su hombro.
—No es de sorprenderse nuestra relación—Dijo Mirio, orgulloso.—Llevamos juntos gran parte de nuestra vida. Era obvio que tarde o temprano, terminaríamos unidos. Además, no te hagas el ajeno con nosotros, sabemos que saliste con Shouto.
Enji de un gruñido se dio la vuelta a ellos, Keigo sonriéndoles con burla.
Izuku se ruborizó.
—B-bueno sí—Replicó Izuku.
—Y, ¿Cómo fue eso?—Preguntó Nejire. —Hacen un buen par cuando entrenan.
Sentía que Enji lo miraba con cara de «más te vale no hablar mal de mi hijo o termino con tu carrera aquí mismo».
—Estar con Shouto fue una experiencia inolvidable.
Enji respingó.
Izuku tembló por dentro.
Mirio y Nejire parecieron haber captado la tensión entre ellos, por lo que sonrieron cómplices del descubrimiento. Tamaki sólo se limitaba a presenciar su conversación desde las gradas.
—¿Quién se le declaró a quién?—Insistió Nejire con una sonrisa en el rostro.
A Izuku la cara se le hizo del color del betabel y su labio inferior tembló.
—S-Shouto…
—¡Lo sabía…!—Exclamó Enji, sorprendiéndolos. —Y aun así despreciaste la honestidad de mi Shouto.
—No es nuestro asunto meternos, Endeavor-san—Dijo Keigo.
—Claro que lo es—Refunfuñó Enji. —Están involucrando a Shouto.
Izuku estaba rojo cual tomate. Los otros miraban la molestia formarse en Enji, como si no fuera suficiente con ver sus puños sacudirse a los costados.
Izuku podía asumir que de no ser por que peleaba al día siguiente lo agarraría como costal.
—Pero se trata de su vida privada, Endeavor-san—Repuso Keigo. —No te puedes meter en ella.
—¡Tú!¡Dime!—Lo señaló Enji con la mirada calcinada de ira, las fosas nasales aleteando. Izuku se volvió del color del papel. —¿Hasta dónde llegaste con Shouto?
A Izuku le temblaron los labios del puro nervio. Sentía las miradas de Mirio, Tamaki y Nejire fijas en él.
—Hasta el final.
Todos se sobresaltaron cuando Shouto fue quien respondió. Izuku no notó el instante en que Shouto se despertó, o cuánto llevaba consciente oyendo la discusión. Izuku no hizo más que poner ambas manos a cubrir su apenado rostro.
Pasaron uno, dos, tres, cuatro segundos para que la revelación de Shouto se colara por sus cabezas, y el motivo de ello fue lo siguiente:
—¡Shouto…!
El audible grito de Enji.
Las miradas sobre ellos de los individuos que aguardaban en la sala de abordar.
La cara de Keigo que decía que era mejor que se desvinculara de la escena y se dirigió a ver los aviones despegar por la ventana.
Mirio, Tamaki y Nejire moverse a un asiento de distancia.
La respiración calmada de Shouto.
Y el enorme rubor de Izuku.
De pronto, Enji agarró de las solapas a Izuku.
—¿Qué le hiciste a Shouto?
—¡Yo no…! ¡No le hice nada! ¡Se lo juro!—Izuku agitó las manos negando.
—¡Habla, Midoriya!
Izuku temblaba cual chihuahua, sus desorbitados ojos no paraban de voltear a los lados sin querer enfrentar los furiosos de Enji.
—Más vale que hables y me des una buena razón para no acabar con tu entrenamiento aquí mismo.
—Le juro que no hice nada—Izuku suplicó con un chillido.
—¡Responde! ¿Qué le hiciste a Shouto?
—Midoriya no tiene que ver en esto— Intervino Shouto.
—S-Shouto no es necesario que me ayudes—Dijo Izuku.
Enji lo sacudió de adelante hacia atrás.
—¡No te atrevas a hablarle a Shouto!—Advirtió Enji.
—No hables como si te importara—Desdeñó Shouto, poniendo ambas manos sobre el brazo de su padre con la intención de hacerlo soltar a Izuku. —Lo que hice con Izuku no es de tu incumbencia.
—¡Qué!
—Lo que oíste.
—¡Shouto…!
—Así que deja de hostigar a Izuku, o no me sentaré contigo en el vuelo.
Esto pareció surtir efecto en Enji, dado que la fuerza de su agarre disminuyó al grado de que no lo estaba apretando. Con un suspiro de resignación, Enji depositó a Izuku en el suelo.
—¿No te querías sentar conmigo?—Reclamó su padre a Shouto.
—¿Por qué debería sentarme contigo?
—Es lo normal entre padres e hijos.
—Normal para ti—Bufó Shouto, poniéndose frente a Izuku. —Yo quería sentarme con Izuku.
—¡Ese malagradecido…!—Exclamó Enji, empuñando las manos.
Izuku se encogió de hombros. Creyó que en los meses que llevaban siendo mentor y alumno, le hubiera agradado, pero a partir de aceptar la confesión de Shouto, el trato se volvió hostil.
—Pediré que nos cambien los asientos.
—No lo puedes hacer. Ya los compré.
—Tendré que aguantarte todo el maldito viaje—Se quejó Shouto.
De pronto, apareció Keigo en medio de los tres con una expresión de aburrimiento.
—Para que sepan, cambié los números de los asientos esta mañana. Así que Shouto se sentará con Izuku y tú, conmigo.
Enji y Shouto pusieron gesto de perplejidad. Shouto se repuso rápido, agarró a Izuku del brazo y lo guió a las bancas que daban vista con los aviones de las terminales 3 y 4; la misma donde ellos tomarían su vuelo.
—Shouto, no hemos terminado de hablar—Reclamó Enji.
—Pues, yo sí.
Izuku puso gesto incómodo. Había tenido suficiente la tarde anterior en que Katsuki fue a "recogerlo" y él decididamente se rehusó, llorando esa misma noche a causa de ello.
—Perdóname, Izuku— La voz de Shouto irrumpió sus pensamientos. —Por involucrarte en las discusiones con el viejo de mierda. No le ha bastado con que lo haya perdonado. Insiste en que quiere ser un mejor padre. Un psicólogo es lo que necesita.
Izuku sonrió para calmarlo.
—No te preocupes.
—Me preocupo porque eres tú, Izuku. Y también porque tienes los ojos rojos desde que te vi en la mañana.
—Oh…
—Es por Bakugo, ¿No?
Izuku forzó sus labios a curvarse hacia arriba con tristeza.
—Nunca te puedo esconder nada, ¿Eh?
—He aprendido a leer tus expresiones. Todas las que te sacan esa cara de que estás a punto de llorar son de Bakugo.
A Izuku le temblaron los labios.
—Es cierto—La voz de Izuku se quebró. —Estoy cansado de que juegue conmigo a su conveniencia. Que sea una pieza de ajedrez con la cual puede arrastrarme o tirarme. Es la primera vez que no quiero verlo, ni pensarlo, ni oírlo, ni sentir nada por él.
—Quisiera decir que me alegra escuchar eso de ti, pero detesto verte sufrir.
—No hace falta que me consueles, Shouto—Resarció Izuku. —Tu compañía y palabras han hecho más por mi de lo que crees.
—¡Shouto!—El grito de Enji los sobresaltó de su pequeña burbuja, haciendo que Shouto lo mirara con desdén e Izuku con cuidado. —Nos acaban de llamar. Es hora de abordar el avión.
El vuelo fue corto.
Izuku la pasó con la cara blanca, los ojos cerrados y apretando la mano de Shouto los primeros minutos del despegue. Luego le agradó la sensación de estar en el aire, para volver a apretar la mano de Shouto nuevamente en el aterrizaje. La pobre mano de Shouto acabó roja.
Al bajarse, Izuku pensaba que no estuvo tan mal para ser su primera vez en un avión, a pesar del miedo sentido.
Keigo hablaba sin parar. Enji llevaba las maletas de ambos con expresión seria, Mirio, Tamaki y Nejire conversaban entre ellos, Shouto cargaba con su maleta de mano, y él, bueno, traía su enorme mochila amarilla.
Izuku estaba maravillado de estar en un país distinto.
—A Fuyumi le hubiera gustado venir aquí— Habló Shouto.
—¿Por qué no vino?
—Tenía trabajo y no quería desconcentrarte—Hizo una pausa—. Sabes que le agradas bastante. Te considera como de la familia.
—Fuyumi-san no me desconcentraría—Aseguró Izuku, con una sonrisa.
—Quien seguramente te desconcentraría es el viejo haciendo el papel del padre sobreprotector—Remarcó Shouto. —No le perdonaría si te volviera a tratar como lo hizo en el aeropuerto.
Izuku hizo un puño con los hombros hacia atrás.
—¡E-eso no fue nada!¡En serio! Lo que pasó esa noche, aunque no lo recuerde, se queda entre nosotros. Tu papá o quien sea, no tienen por qué saber cómo se dieron las cosas.
Ante la mirada afilada de Shouto, añadió—: Tampoco debe saberlo Kacchan. Supongo…
—No pensaba hacerle saber mi vida privada a Bakugo.
Se hizo un silencio que puso a Izuku bastante nervioso, puesto que si Shouto no decía nada significaba que dejaba el tema por cerrado, o en su defecto, estuviera cosechando su indiferencia hacia Katsuki mentalmente. Izuku atinaba en asumir que era la segunda.
—Hay que evitar nombrar a Kacchan.
—A Natsuo también le hubiera gustado venir aquí.
Sus voces hablaron en unísono, impidiendo entender con claridad lo que dijo el otro. Se vieron con cara de interrogación.
—¿Qué?
—Y-yo. ¿Qué dijiste? Me perdí pensando que estábamos en el mismo tema. Cometí el error de mencionar a Kacchan. ¡Rayos! Lo volví a mencionar. ¡Lo siento, Shouto!
—Descuida.
—¡Hey, ustedes d-
—Exes—Corrigió Keigo.
—No vuelvas a decir eso—Advirtió Enji con desdén.
—Ay, pero si es verdad. No podemos ocultar que fueron novios, por un corto tiempo, sí, pero novios al fin y al cabo. Nosotros llevamos casi el año, ¿No te enorgullece?
—No llevo la cuenta—Masculló el mayor de los Todoroki.
Izuku no sabía si taparse la cara con las manos o salir corriendo del Aeropuerto. Aunque si hacía lo segundo se perdería, porque no sabía hablar chino o si en Macao se hablaba inglés (el lenguaje universal), que se le daba pésimo. Ni las asesorías de Katsuki dieron solución.
—Tan cruel, Endeavor-san— Fingió lamentarse Keigo.
Shouto respingó con cierto grado de molestia. Izuku recordó que Shouto comentó que no le desagradaba ver a su padre rehacer su vida con alguien que no fuese su madre, pero que no le gustaba que se lo echaran en cara cada tanto; Shouto no le le interesaba la vida amorosa de su padre.
A Izuku le pasaba desapercibido el romance entre Enji y Keigo, dado que lo mantenían bajo discreción. Sin embargo, delante de personas de confianza, mostraban los colores de su relación: la extrovertida personalidad de Keigo y la reserva de Enji se mezclaban como dos piezas de rompecabezas.
Izuku suspiró, melancólico; aún no ha unido las piezas de su rompecabezas. Izuku tenía la impresión de que él debía de armar su propio rompecabezas, en lugar de depender del amor de otros para armarlo. Su capacidad del autosacrificio y dar todo de sí sin verse primero han dado malos resultados: desde su pelea con Shouto, dejarse golpear aquella vez en que se entrometió a una cita, hasta su persistencia de cinco años por conquistar a Katsuki.
El auto los esperaba fuera de la terminal. Enji se sentó en el frente, Keigo en los asientos de atrás, junto con Nejire y Mirio, en los últimos asientos estaban Tamaki, Shouto y él.
El camino venía lleno de ruido, tanto de la emoción de Mirio, como de los tartamudeos inseguros de Tamaki, elevaban el humor de Izuku. Las calles eran angostas y largas, las vistas del mar, espectaculares. Izuku veía maravillado todo a su alrededor. Los enormes edificios que se extendían por la Avenida. Las multitudes de personas, los anuncios de los hoteles promocionando sus casinos, las calles intransitables donde la gente podía caminar en los puestos. Macao era una ciudad de ensueño.
Izuku no las podía comparar con las ciudades rurales en las que residió. Acaso se asemejaban los hoteles de la Avenida de los casinos a la casa de los Todoroki, pero ni a eso le llegaba la majestuosidad que la buena vida presumía adquirir.
Entonces, el auto se metió en la curva que separaba a la Avenida. Izuku pegó la cara en la ventana.
—¿Qué haces, Izuku?—Interrogó Shouto.
—¿Ese… ese es el hotel?—Lo señaló con el dedo; la emoción cubriendo su voz.
—Sí.
—¡No puede ser!¡Pero, si es enorme!
—Así son los casinos en Macao—Añadió Keigo. —Lujos por dondequiera que mires—Luego suspiró.—Aún recuerdo cuando tuve mi primera defensa del título aquí, en el Venetian.
—La tuviste el año pasado—Recalcó Enji. —No fue hace mucho.
—¡Qué! Fue una noche inolvidable. Fuiste a ver mi pelea aquella vez. La recuerdo como si fuera ayer.
—La vi porque tenía que apoyar a otro peleador.
—De no ser porque hubieras venido, jamás nos habríamos presentado tras la pelea estelar. Recuerdo que estabas muy cerrado a conversar conmigo. Te negabas a contestar mis preguntas. Sólo era un fan ilusionado por ver a su ídolo en persona.
—Ya van a empezar con esa historia, de nuevo—Se quejó Shouto, con los brazos cruzados y la cabeza encorvada.
El auto se detuvo bajo el techo de metros y metros de longitud. Bajaron.
—Te invité a un trago luego de que te rehusaste a hablarme de tus logros.
—Me dijiste que me ibas a revelar el secreto de tu temprano éxito y no revelaste nada—Reclamó Enji.
—Ah, pero lo hice después—Hizo una pausa para incrementar el suspenso que quería obtener. Izuku lo notó y Shouto también, porque volvió a respingar. Esta ocasión con pesadez. Nejire, Mirio y Tamaki se habían adelantado. —Y te encantó.
—Son jodidamente ruidosos—Masculló Shouto, bajo su aliento.
Izuku colocó una mano en su hombro, en señal de calmarlo. Shouto se volteó a verlo, luego exhaló con una nota de frustración.
—Sé lo que quieres decir, Izuku. Que no me debe de afectar la relación que tienen el viejo y Keigo.
Izuku sonrió.
—No iba a decir eso.
—¿Qué ibas a decir?
—Que te relajaras.
—Lo mismo va para ti.
Entonces, Shouto puso una mano sobre la suya recostada en su hombro. El calor que solía venir de su lado izquierdo servía de curativo para las heridas.
Ambos sonrieron.
Izuku no podía negarse que lo que tenía con Shouto no era amistad, o que eran exes (como lo refirió Keigo), sino que eran algo que no se consideraban amigos, ni rivales, o amantes. Podrían ser confidentes, confidentes en el desamor. Confidentes que se acompañan, que se comunican con la mirada, que sus sentimientos se acompasan.
Izuku no sabía describirlo, encasillarlo, clasificarlo. Solo sabía que quien mejor lo entendía en el mundo no eran sus amigos de años, o los tíos, o Kota, o Kirishima o Katsuki, o su madre, sino Shouto.
Shouto retiró su mano e Izuku lo imitó. Enji y Keigo seguían con el tema de cómo se fueron conociendo, ignorando que tanto Izuku como Shouto tenían su atención centrada en ellos mismos.
El hotel no era nada a lo que Izuku había visto en su vida. A dondequiera que mirara había lujo alrededor.
Izuku se giraba a contemplar el mármol de los pisos, de las pinturas homenajeando a los renacentistas del techo, las macetas de más de tres metros, el sonido de las máquinas del casino, las multitudes, la cúpula en la entrada del lobby, las escaleras eléctricas que iban ascenso y descenso las tiendas de marca (que Izuku reconocía por haberlas caminado en los distritos lujosos de Tokio en algunas ocasiones).
Estando en el lobby, Enji hizo el check-in, en lo que Keigo les dijo que fueran a ver los alrededores, pero que no se alejaran mucho, pues los llamarían para que escogieran la habitación.
Mirio y Tamaki fueron a ver a unos señores meterle monedas a una máquina con las esperanzas de ganar. Nejire parecía más interesada en el centro comercial conectado al hotel. Shouto iba tras Izuku, que suspiraba a cualquier punto en que sus ojos dirigían.
—¡No puedo creer que nos vamos a quedar aquí!— Exclamó Izuku, pletórico. —No sé a dónde mirar. Todo es tan…tan fantástico.
—Me agrada que te haya gustado, Izuku—Dijo Shouto.
—Déjense de cursilerías y vengan por sus maletas.
Keigo apareció sin avisar. Shouto e Izuku se sobresaltaron un poco, más el segundo que el primero, pero acataron. Nejire se había ido a las tiendas, por lo que Keigo tardaría en ir tras ella. Mirio y Tamaki alcanzaron a escuchar el anuncio de Keigo e inmediatamente se encaminaron hacia Enji.
Les comentó que habían tres habitaciones de una cama y dos de dos camas. Algo dispar, mencionó Shouto. Dado que solo eran dos parejas y tanto Nejire como Shouto e Izuku no tenían pareja. Enji les comentó que él reservó pensando que Shouto e Izuku se reconciliarían—que fue más idea de Keigo que suya— durante las tres semanas de anticipación en que reservó las habitaciones. Shouto respingó seguido de un gruñido. Izuku estaba rojo.
—Cambia la habitación de una cama por una de dos camas—Exigió Shouto.
—Shouto, no puedo hacer eso—Explicó su padre. —Puedo escoger una con un sofá cama para que duermas con nosotros.
El «nosotros» incluía a Keigo y a su padre. Shouto no aceptaría tal cosa.
—Puedo dormir con Shouto, sin problema— Interfirió Izuku, con una sonrisa que buscaba ser positiva pero lucía temerosa.
Enji le mostró una mirada glacial. Izuku se encogió de hombros. Keigo sonrió de lado.
Mirio y Amajiki ya se habían ido a su habitación.
—Tú dormirás solo—Sentenció Enji. —No necesitas distractores. En cuanto a ti, Shouto, dormirás con Mirio y Tamaki.
—¡Eh…!— Exclamó Tamaki a la distancia.
Los había oído.
Mirio se volvió a ellos. Se encontraba presionando el botón del elevador.
—No me molesta tener otro acompañante con nosotros—Fue lo que dijo con una sonrisa de buenazo.
—Me rehuso—Alegó Shouto. —Dormiré con Izuku. Necesita que lo acompañen.
—Entonces, puedes dormir con Nejire— Sugirió Enji, casi ignorándolo. —Con ella tengo la seguridad de que no pasará nada entre ustedes.
Keigo sonreía con picardía ante la discusión de los Todoroki; Izuku sabía qué tan rápido crecían el fuego de las peleas verbales en esa familia y eso todavía le incomodaba. No lograba imaginar cómo es que Shouto había tolerado estar bajo el techo de la casa de su padre.
—Cambia las habitaciones—Insistió Shouto.
Los cuatro habían llegado al pasillo de los elevadores; éstos estaban divididos por determinado número de pisos.
—No las cambiaré—Sentenció Enji, impacientándose. —Escoge cualquiera habitación de tu gusto en la que te quieras hospedar, menos en la que esté Izuku.
Shouto frunció el ceño.
—Vamos, Todoroki-kun—Chistó Mirio. —Amajiki y yo estaremos encantados en que pases la noche con nosotros.
Tamaki asintió repetidas veces, estando detrás de la ancha espalda de Mirio.
De pronto, el elevador se abrió y entraron Tamaki, Mirio, Keigo, Enji, Shouto e Izuku. Keigo mencionó que le mandaría mensaje a Nejire, para que ella se apresurara en ir con ellos para darle la tarjeta del cuarto, pero parecía que no lo escucharon, más que Izuku, quien asintió.
—Escoge rápido, Shouto— Presionó el mayor de los Todoroki.
—Escojo con Izuku.
—¡Que no, Shouto!
—Vamos, Endeavor-san— Intervino Keigo, pesaroso. —Deja que Shouto-san se quede con Midoriya. No es como si fueran a llegar "hasta el final". Sería una irresponsabilidad presentarse a la pelea con las piernas débiles.
Enji le dedicó una mirada glacial. Keigo solo sonrió. Mirio y Tamaki se alejaron un paso. Mirio sonreía para no entrever la incomodidad que se percibía en su rostro. Tamaki parecía haber comido algo que le hizo mal.
Shouto enrojeció un poco, e Izuku estaba rojo por todos lados de la cara.
—No vuelvas a decir eso—Gruñó Enji. —Shouto se quedará con nosotros esta noche y se acabó.
Keigo soltó un sonido de lamentación. —Y yo que quería hacerl-
—¡Hawks!
Izuku notó el ligero enrojecimiento en la cara de Enji y bajó la mirada, abochornado.
—No me voy a quedar contigo.
—Te quedarás y dejarás a Izuku en paz.
—Padre de mierda—Murmuró Shouto a lo bajo, de modo que sólo Izuku logró escucharlo.
—¿Dijiste algo, Shouto?—Interrogó Enji.
—No, padre.
Shouto miró a Izuku discretamente. Izuku sonrió avergonzado. Shouto, en cambio, se mostró insatisfecho.
Aun con los desacuerdos de las habitaciones, Izuku estaba contento de estar ahí y ansioso por mostrarle a el mundo los resultados de su arduo entrenamiento.
No había momento para pensar en Katsuki.
La ceremonia del pesaje fue breve. Y breve porque Izuku tenía la mente ajetreada de pensamientos de si daría con el peso, si varias personas lo verían de la televisión, si le harían una entrevista, si… eran muchas cosas las que eclipsaban que prestara más atención a las presentaciones.
Llegó su turno y Enji casi lo tuvo que empujar para que se subiera a la balanza. El evaluador asomó la cabeza. Dio el visto bueno y una serie de aplausos, sobretodo viniendo de su equipo se escucharon. Izuku estaba tan nervioso de no dar con el peso, pero sonrió en cuanto supo que cumplía con una de las normas más importantes para la contienda.
Pasó el turno de su contrincante. Por fin lo conocería. Izuku se apresuró en bajarse de la balanza para verlo: pelo blanco, rostro inmaculado, cara de pocos amigos.
El chico se colocó sobre la pesa. El inspector se fijó en los números reflejados en el marcador. Entonces, aprobó el peso. El chico hizo pose de fuerza, mostrando sus abdominales, sus bíceps, y sobre todo, su expresión de autosuficiencia.
El inspector retrocedió para que ambos peleadores se vieran cara a cara. Y es cuando Izuku supo el nombre de su contrincante: Shihai Kuroiro. Con movimientos ceremoniosos, dando a entender su nerviosismo, subió al diminuto podio, enseñando ante las cámaras y el mundo su entrenado físico.
Izuku captó al entrenador de Kuroiro (Sekijiro Kan. Izuku lo conocía de ver sus peleas hacía cinco años. Después de retirarse, se convirtió en entrenador), que sonreía de atrás de éste. Les indicaron que se miraran a los ojos con la mayor seriedad posible y que mostraran los puños. Hicieron especial énfasis en los puños. Izuku hizo lo mejor por forzarse a que su cara se viera intimidante: frunciendo el entrecejo, curveando los labios un poco en una mueca, apretando los músculos del torso y los abdominales. Izuku se sentía raro ante tal espectáculo, pero percibiendo la seriedad y determinación de su rival, observándolo, se dijo que debía corresponder. Kuroiro, de seguro, daría todo de sí, igual que él.
Enji se situó justo detrás de él, de modo que los nervios no lograron hacerlo flaquear. Las cámaras les tomaban fotografías de a montón, el brillo del cinturón del peso pluma de la CMB se encontraba postrado entre ambos boxeadores.
—Supe que derrotaste a mi rival.
A Izuku le sorprendió que Kuroiro le hablase; Izuku puso gesto interrogante.
—Tokoyami—Expuso; y luego gruñó. —Podrás haberle ganado. Pero yo… te haré ver el verdadero abismo.
Izuku tenía los ojos muy abiertos.
—Te aplastaré—Amenazó Kuroiro.
Izuku sintió sus piernas volverse gelatina; no solía decirles nada a sus contrincantes, por el respeto que tenía por cada uno. Lo hacía porque quería recibir el mismo trato, que supieran que él valoraba demasiado la oportunidad que le dieron de demostrar su boxeo.
El anunciador les indicó que dejaran de mirarse. Izuku se volvió a su equipo con movimientos mecánicos. Enji lo recibió con gesto seguro; depositó su gigantesca mano sobre su hombro.
—Lo hiciste bien.
Izuku abrió las orbes, asombrado.
—Toshinori estará orgulloso de tu actuación.
—Mínimo dijiste algo decente—Le restregó Keigo apareciendo por atrás de Enji, que hizo un sonido gutural de enfado. —¿Qué? Sabes que pudiste haber dicho algo como "Debiste haberle contestado, Midoriya"
—Le digo Izuku—Corrigió Enji.
—"Debiste haberle contestado, Izuku. Te veías aterrado en lugar de intimidar a tu rival. No te entrené tres meses para hacer el ridículo"
—No empiecen—Lamentó Shouto; que le dio una botella de electrolitos a Izuku, dado a la deshidratación que presenta el boxeador previo al pesaje. Shouto parecía haber pasado la peor noche de su existencia, o peor aún, haber perdido las ganas de boxear en su vida. Eso y que sus ojeras jugaban el papel crucial de adornar su aspecto malhumorado.
—No le contesté porque me tomó por sorpresa—Confesó Izuku, luego de beber la mitad de la botella de un sorbo.
—A un boxeador jamás lo deben tomar por sorpresa—Sentenció Enji.
Shouto puso los ojos en blanco. Izuku sabía que se avecinaba un insulto de para con su padre, pero en las circunstancias en las que estaban, se lo guardó para sí mismo.
Izuku se vistió con los pantalones deportivos y playera que decía «playera» luego de que la ceremonia del pesaje se diera por terminada.
Enji le dijo que debían comer para que él repusiera fuerzas después del pesaje. Ahí se encontraron con Toshinori y Ojiro, un poco golpeado de la cara, pero con un buen semblante, dentro de lo que cabía, puesto a que había ganado la pelea la semana previa.
Comieron en el Food Court del Venetian que se encontraba conectado con el centro comercial.
De pronto, Enji sacó su teléfono y les anunció que quería sacarse una foto. Keigo se emocionó y fue el primero en sonreír a la cámara.
—¿Por qué demonios quieres sacar una foto?—Reprochó Shouto.
—Izuku no tiene Iphone y las fotos en su celular de teclas salen borrosas—Respondió Enji. —Quedé de mandarle fotos a su mamá de que su hijo estaba bien.
—¿Qué?—Izuku escupió la hamburguesa. —¿A mi mamá?
—Bueno, viéndolo de ese modo—Dijo Toshinori —,No hay por qué negarse.
—Sí— Acordó Keigo. —Vamos, Shouto, no seas aguafiestas.
Shouto hizo un mohín, pero accedió a salir en la fotografía. Así que todos en la mesa salieron.
Aquello, de alguna manera, hizo muy feliz a Izuku, porque sentía el apoyo de sus allegados y personas que admiraba en demasía. El desazón y la tristeza que conllevaba el mal trato que recibió en casa poco a poco se iba desvaneciendo.
Esto no quería decir que Izuku se había olvidado de Katsuki en cuestión de días, pero de algo estaba seguro: y era que de estar regodeándose en la miseria de querer a Katsuki y estar comiendo hamburguesas en el Venetian sin él. Prefería la última opción.
Izuku habló con su madre en la noche.
Ella se escuchaba más tranquila de lo que creyó; supuso se debió a la fotografía mandada por Enji.
Izuku sonrió, aliviado de no preocupar a su madre. Ésta le deseó suerte y le comentó que les dijo a los Bakugo de su pelea, porque la tía no dejaba de preguntar por él. De alguna forma, era lógico que la tía estuviera inquieta por la manera en la que se marchó. Izuku no se sentía culpable por haberse ido, pues fue Katsuki quien lo corrió.
Por algún motivo, encontró molesto que los Bakugo supieran de su pelea, porque a toda costa no quería que Katsuki lo viera en la televisión. Izuku no quería que Katsuki lo mirara (en este caso, en el cuadrilátero), aunque de todas formas Katsuki nunca lo miró.
—¿Izuku?— Su madre dejó de contarle de que Kirishima había aprendido a preparar Okonomiyaki luego de varios intentos. —Izuku, ¿Qué ocurre?
Izuku, al percatarse que había echo mortificar a su madre, suspiró.
—Lo siento—Dijo. —Es sólo que estoy nervioso por mañana. Y no quiero pensar en los Bakugo.
—Izuku, lo siento—Excusó su madre, en tono angustiado. —Mitsuki estaba insistiendo mucho en que quería saber dónde estabas y como Katsuki no te trajo a casa, pensó lo peor.
—No…—Izuku hizo una pausa. Nuevamente, suspiró.—No quiero escuchar su nombre.
—Izu-
—No lo menciones, por favor—Suplicó.
Su madre exhaló el aire, constreñida.
—Está bien, Izuku. En cuanto regreses nos mudaremos. Lo prometo. Ya arreglé la mudanza, todo.
—Gracias.
Después su madre lo dejó con la finalidad que descansara lo suficiente.
Entretanto, sus amigos le mandaron mensajes en su celular de teclas. Kirishima, también. Izuku sonrió viendo las palabras de apoyo. De no ser por que su madre mencionó el nombre de Katsuki, estaría en las nubes.
«No tengo que pensar más en él» Se decía. Pero resultaba imposible. Katsuki tenía el poder de aparecer en sus pensamientos en cualquier momento. «Basta, Izuku. ¡Basta! ¿Por qué debes de pensar en quien insultó tu carrera?. No debo sentir amor por él, no debo… y no dejo de querer ver su cara, oír sus gritos, observar sus manos, sus ojos. Tienes que recordar cómo te hizo sentir ese día en que no te dio palabras de aliento por tus calificaciones, por atreverse en decir que no obtendrás nada de boxear, por hacerte experimentar la más cruda humillación. No olvides ese sentimiento, Izuku. Nunca jamás lo olvides…»
Y con eso, Izuku apretó un puño con las lágrimas vigentes como el testigo de aquel debate interno que le sacó las fuerzas del alma.
La presentación en el cuadrilátero le pasaron en segundo plano a Izuku, quien no pegó ojo en toda la noche, llorando. Las enormes paredes de su habitación de lujo lo aplastaban. La televisión plana, los ventanales, la salita, la cama matrimonial, todo lo aplastaba. La habitación lo apachurraba cual insecto. Los mensajes de sus seres queridos, su madre, Toshinori, Enji, Shouto. No quería decepcionarlos, ni decepcionarse a sí mismo.
Conforme se instalaba en los camerinos el tiempo le pasó absurdamente lento. La preparación de hacer sombra, después un poco de manopleo por parte de Enji y las correcciones emuladas por Toshinori respecto a la postura de sus pies. La mirada penetrante de Shouto perforarle la nuca a medida que transcurrían las sesiones de calentamiento teniendo la bata encima. Hatsume se la había diseñado junto con los guantes.
Ella hizo una breve aparición en el camerino, trayéndole por fin los guantes que le costó elaborar por la forma de sus nudillos, o algo así. Izuku sólo agradecía el gesto de hacerle sus próximos acompañantes por los siguientes doce rounds. Hatsume parecía emocionada por serle de ayuda y por ser un buen cliente; asimismo se despidió, no sin antes, decirle que esperaba trabajar con él en los combates que acontecerán, a lo que Izuku resueltamente aceptó.
Previo a salir, Shouto lo abordó.
—¿Estás seguro que vas a pelear así?.
Izuku había fruncido el entrecejo, confundido.
—¿Qué quieres decir con eso?.
—Tienes ojeras, Izuku. Necesitas descansar antes de una pelea. Si no estás en buenas condiciones, mejor le diré a mi padre que cancele todo.
Izuku le contestó alarmado.
—No canceles nada. ¡P-puedo pelear así! ¡En serio!
Shouto lo miró con extrema preocupación.
—Izuku…
—Shouto, por favor. Te prometo que ganaré. Lo juro.
Shouto adoptó una expresión de resignación.
—Está bien. Pero si veo que estás perdiendo, tiraré la toalla, Izuku. Cuídate.
Izuku le sonrió.
—Lo haré.
Y ahí estaban. Izuku en el frente, Enji atrás de su sombra, Shouto a su lado, y Toshinori abajo del cuadrilátero.
Kuroiro lucía una bata de color negro de seda, saltando de un pie a otro. Su inmutable semblante permanecía intacto en su rostro. Sekijiro le daba palmadas en la espalda a su pupilo. Izuku veía la escena con pánico. Sekijiro era un hombre alto y robusto, por lo que a sus ojos pasaba imponente. Pero, Enji también era imponente, así que no podía permitirse asustarse ante semejante mastodonte.
El presentador introdujo al referí, Manga Fukidashi, que dio la casualidad de ser compañero de Kuroiro, puesto que luego de dar las instrucciones, se guiñaron el ojo. Chocaron los guantes y cada uno se fue a su esquina.
—Te aplastaré—Le volvió a decir Kuroiro.
Izuku le enseñó mejor cara: sus ojos verdes lo observaron crudos, fríos.
—Lo harás bien—Le dijo Enji, mientras bajaba del cuadrilátero. —Sólo respira, vacía tu mente, y pon en práctica lo que has aprendido estos meses.
Izuku asintió.
—Suerte, Izuku— Agregó Shouto, dedicándole una sonrisa diminuta y bajó del cuadrilátero.
—Lo harás bien, joven Midoriya— Ese fue Toshinori, asomado de las cuerdas. —Imagina el huevo dentro del microondas.
Izuku sonrió; Toshinori aún se acordaba de sus primeras metáforas echas bajo su tutela. Esa había sido una de las que inventó Izuku cuando aprendió a mejorar la velocidad con Sorahiko.
—Gracias— Les respondió él.
Izuku estaba solo.
Eran esas sensaciones extrañas y tremendamente desoladoras cuando el trabajo de un equipo dependía del rendimiento de uno solo a la hora de la contienda. Izuku presumía internamente estar acostumbrado a dicha sensación, pero esta vez lo encontraba mucho muy distinto a sus anteriores pleitos. Sabía que no era un sujeto indestructible y seguramente, tampoco lo era Kuroiro. Ningún boxeador es indestructible. Lo que se tiene es una técnica pulida y un corazón enorme para ganar una pelea. Si fallaba una, fallaban las dos.
Vio a Kuroiro enseñar los dientes con el bucal puesto en señal de intimidarlo. Izuku frunció aún más el entrecejo y asintió, dando a entender que aceptaba su ataque de intimidación.
El referí extendió los brazos en cada esquina. La campana sonó. Izuku inhaló hondo, con fuerza temblorosa, los músculos se le sacudieron de pies a cabeza, su mente centrada en adivinar la estrategia y movimientos de su contrincante. Manga Fukidashi atrajo ambos brazos al centro e Izuku se dirigió hacia donde lo aguardaba Kuroiro con la guardia alta y el semblante oscurecido por el amago de su sonrisa.
Un derechazo se estrelló en su quijada y las ideas de atacar con una combinación de cuatro se le volaron. El contraataque era su solución a la lluvia de golpes que se avecinaron sobre él; unos con otros no le daban tregua a su cerebro de crearse una estrategia lo suficientemente buena para contrarrestar los violentos ataques de Kuroiro.
Izuku tenía en cuenta que no lo había subestimado. Más bien, lo subestimaron a él, porque aún seguía de pie.
Eso no restaba que los golpes de Kuroiro lo tomaran por sorpresa (más que los de Tokoyami), porque parecían venir de la oscuridad. No los veía venir. Por más que subía la guardia, que asomaba la vista en caso de verlo bajar sus puños, aterrizaba uno en un sitio no predicho. Es más, no lo podía adivinar.
Izuku estaba en terrible desventaja. Una cortada en la ceja derecha le impedía ver con claridad. Shouto se la tapó con vaselina, pero no lograba a cerrarse la herida. Enji comentó en el round anterior que era demasiado profunda para cerrarla con vaselina y cauterizarla con el hisopo.
La pelea estaba resultando ser más complicada de lo previsto; ni el mismo Enji lo creía.
Estaban en el round ocho. Quedaban cuatro. Perdía la pelea. Por mucho la perdía.
Izuku tenía la mente nublada; no podía hacerse una estrategia, porque luego de ese derechazo y las combinaciones de cuatro golpes con variaciones, su mente había invocado a Katsuki.
Por alguna desgraciada razón, pensaba en Katsuki. Y el cansancio comenzaba a cobrarle factura.
Pero Izuku no se quería rendir. No quería ceder a la desesperación. Necesitaba pelear. Pelearla grande, pelearla fuerte, pelearla fatigado, pelearla llorando, pelearla con el corazón.
Izuku no viajó centenares de kilómetros para hacerle de costal de box de su contrincante.
Sonó la campana. Se fue a su esquina. Descansó los brazos a los costados, respirando a cuestas por la boca, debido al cansancio.
Enji le tiró agua a la cara y Shouto en la espalda.
—Si te arrincona debes salir de ahí, Izuku—Indicó Enji; a Izuku le pesaban flotando las palabras de su entrenador. —No quedarte a recibir todo el castigo. Contraataca. Haz fintas. Lo que sea. Sólo no te quedes parado.
Izuku asentía. El dolor de la herida en la ceja lo doblegaba. Shouto pasó otro hisopo y lo untó de vaselina, por la frente y cara también.
Enji exhaló acompañado de un severo gruñido.
—Si sigues así, tendré que detener la pelea.
—¡¿Qué?!—Reaccionó Izuku, alarmado. —¡No! ¡No la cancele! ¡Por favor!
—Estás perdiendo la pelea—Evidenció Enji a punto gritar. —No estás rindiendo y no haces caso a lo que te estoy diciendo.
—Izuku, no te presiones—Ese fue Shouto en tono conciliador; pero Izuku sabía que Shouto se reprimía de no mostrarle preocupación para no distraerlo. Lo que desconocía era que la mente de Izuku reproducía pensamientos referentes a Katsuki de a montón; pensamientos en hileras consecutivas. Katsuki regañándolo, Katsuki diciéndole lo inútil que era, Katsuki burlándose de su ingenuidad, Katsuki tentándolo con sus pectorales.
Todo en su cerebro era Katsuki.
Era patético.
Izuku era patético.
Sonó nuevamente la campana e Izuku se levantó.
—No detenga la pelea—Suplicó a Enji.
—Entonces, ve a hacer lo que te enseñé.
Izuku asintió. Suspiró. Inhaló y exhaló. Kuroiro lo tanteó con una finta de izquierda que esquivó con un movimiento de cabeza. Izuku contrarrestó la afiebrada insistencia de darle golpes al cuerpo, caminando la lona entera. La recorrió lo que parecía ser una eternidad; pero recorrer el cuadrilátero con los pies y dando saltos era una tarea extenuante. Las rodillas se le doblaban, las piernas se debilitaban, la respiración se agitaba, los brazos se tornaban pesados.
Kuroiro lo agarró con un cruzado de izquierda y entonces Izuku tuvo que contraatacar con una combinación de cuatro, seguida con una de ocho. Hizo finta y aterrizó el gancho al hígado.
Kuroiro gruñó. Un cruzado de derecha entró perfectamente sincronizado en su cara, justo cuando bajó un centímetro la guardia e Izuku vio negro por un segundo. Cerró los ojos y los abrió con la vista del público en diagonal y la lona en paralelo.
Los aplausos y gritos tomaban curso en sus tímpanos cegados por la voz de Katsuki. Este estado de incipiente neblina resultaron con Izuku concientizándose de dónde estaba y qué pasaba a su alrededor.
«No la quiero»
«Así que te dicen "Deku", ¿eh? Te queda el sobrenombre. Te voy a decir así de ahora en adelante, ya que no te queda tu nombre»
«Deku significa alguien que no puede hacer nada. Eso es lo que eres»
—Uno, dos, tres.
La voz del referí hacían bullicio en su cabeza.
—¡Izuku, levántate! ¡Levántate, carajo!
Enji le gritaba.
«Estoy harto de ti. De tu familia. De tu maldita presencia. Lo único que has hecho desde que apareciste es arruinar mi vida. No me vuelvas a hablar nunca más»
«No solo desgracias, sino desde que rechacé su tonta carta de amor, no ha dejado de molestar»
«Es lo peor que ha acontecido mi vida. Es tan patético que no puede ni hablar»
«Te lo mereces»
Su cuerpo quemaba, se incineraba. Ese beso. Su primer beso. La burla de Katsuki al besarlo sin haberle dado un motivo. Habían sido dos años de aquello y todavía le dolía.
—Cuatro, cinco, seis.
«Hasta crees que te besaría. No seas ridículo, Deku»
«No me interesa ver una película contigo»
«No sé por qué carajos quieres ser de ayuda si no necesito nada de ti»
«¡No, no me gustas! ¡Eres horrible! ¡Odio todo de ti!»
Si odiaba todo de él, entonces, ¿Por qué lo buscó en la lluvia? ¿Por qué lo besó? ¿Por qué le propuso matrimonio sin preguntarle primero directamente y luego a su madre? ¿Por qué le dijo que lo amaba?
Para Izuku, todos esas frases que lo lastimaban, comenzaban a parecerle mentira. Mentiras nacidas de la boca de Katsuki.
«Te demostraré, Kacchan. Te demostraré cuán equivocado estás de mi»
—¡Izuku, levántate!—Era Enji.
—Midoriya, mi muchacho— Ese era Toshinori. —¡Apresúrate y párate!
—Siete, ocho, nueve.
«Te pasa porque decidiste una estúpida carrera deportiva para ganar dinero. Golpear costales no te lo dará»
—¡Izukuuuu!—Shouto gritó su nombre, desgarradoramente.
Izuku se levantó de golpe. El público, el referí, las caras de la esquina de Kuroiro eran color sal o carbón. Éranse una mezcla.
Manga le agarró los guantes, jalándolos. El referí le preguntó si estaba bien, si podía continuar. Izuku asintió repetidas veces.
La pelea continuó. Kuroiro le hizo una cortada en el párpado izquierdo y le reventó el labio inferior. Pero no importaba, Izuku había elaborado una estrategia y comenzó a llevarla a cabo: golpes en el cuerpo, salirse en cuanto lo arrinconara en las cuerdas, pasos laterales, fintas, muchas muchas fintas.
Regresarle la técnica de sorprender a su oponente es lo que optó por hacer. Podría tener los nueve rounds perdidos, mas no la contienda completa. Izuku tenía el corazón para aguantar los siguientes tres rounds sin necesidad de que Enji se lo recordara.
Él terminaría esta pelea sí o sí.
El round doce llegó. Ambos se dieron golpes, dejando las combinaciones de lado, eran golpes de poder, de velocidad, de todo.
El anuncio de que faltaban diez segundos sonó. Entonces, Izuku le asestó un cruzado de derecha en la barbilla, que lo tumbó hacia atrás a unos centímetros de su esquina.
Enji gritó eufórico. Golpeaba la esquina del cuadrilátero con la toalla en uno de los puños.
—¡Bien, Izuku! ¡Bien!
—Uno, dos, tres, cuatro—El referí contaba con precisión a un lado de Kuroiro.
—¡Kuroiro, párate!—Oía de la esquina de Kuroiro.—Demuéstrales que no eres un boxeador cualquiera.
Izuku respiraba con el bucal cortándole el aire. Estaba exhausto, desplomado. Los brazos le pesaban toneladas, podía decir lo mismo de las piernas. No veía de un ojo, la boca le sabía a sangre por el labio reventado, el otro ojo también se nublaba. El pecho le ardía como si inhalara lumbre.
—Cinco, seis, siete, ocho.
El cuerpo de Kuroiro se levantaba, mas en cuanto se tambaleó hacia adelante, el referí hizo señas de que el combate acabó.
Izuku llevó ambos puños hacia atrás cubriendo su rostro, su expresión concentrada se relajó.
De pronto, Enji lo alzó en el aire. El sonido del público y la celebración de su equipo era todo lo que podía escuchar.
Las sonrisas de sus allegados lo iluminaron. Izuku miraba a su alrededor entendiendo lo que acababa de acontecer. Aquello que hicieron sus puños.
Shouto le sonreía; era lo más brillante que veía. Keigo lo felicitaba, Mirio, Tamaki y Nejire se acercaron al cuadrilátero aplaudiendo su triunfo con lágrimas en los ojos. Y Toshinori, él lo observaba orgulloso. No hacía falta que dijera más.
A decir verdad, no hacía falta que el universo entero le dijera más.
El referí lo llamó para dar el veredicto. Enji lo bajó sin borrar su enorme sonrisa. Izuku fue a dar sus respetos a la esquina de Kuroiro; el aludido aún no se recuperaba del golpe, por lo que sólo pudo ofrecerlos a Sekijiro y al otro muchacho de cabello negro puntiagudo, que lo miró receloso.
Izuku fue al central del cuadrilátero, tomado del brazo por el referí, quien alzó su brazo, seguido del anuncio del presentador refiriéndolo a él como el nuevo campeón del mundo del peso pluma. El cinturón le fue colocado alrededor de la cintura.
Izuku estaba envuelto en una felicidad que no le cabía en el cuerpo; lloraba pletórico, lloraba desgastado, lloraba agradecido, lloraba riendo. Sus emociones estaban desbordadas, sus latidos, sus brazos, sus piernas, sus pensamientos, sus desastres mentales.
Todo en él estaba desbordado.
Las gasas hacían presión en su ojo izquierdo, otra en la ceja derecha y la sutura en el labio inferior. Quejarse estaba fuera de la ecuación, pues esos fueron los resultados de torturarse en las remembranzas de Katsuki.
Acabando la pelea (de la cual no tuvo oportunidad de contestar a las entrevistas de parte de las televisoras) lo llevaron de urgencias al hospital a causa de la caída y el daño recibido. La conclusión fue que tenía una contusión cerebral, la cual era requerido descanso y una serie de antiinflamatorios y analgésicos fueron prescritos en la receta, acompañado de un ungüento para las heridas de la cara; en especial el labio.
Enji hablaba al teléfono. Keigo se encontraba en la sala de espera. Shouto permaneció a su lado.
—Lo hiciste bien, Izuku.
El comentario de Shouto lo hizo abandonar el tren de pensamiento en las instrucciones de la receta médica.
Izuku sonrió.
—Gracias. No tengo forma de creerme esto, que pasó. El título…—Dejó la frase flotar. —No puedo creer que lo tengo en mis manos, que yo soy…
—Lo eres—Agregó Shouto. —Lo eres, Izuku. Y lo hiciste maravilloso—Shouto lo besó en la frente, sobresaltándolo. Izuku alzó la cabeza, los ojos abiertos. Los sentimientos de Shouto se condensaron en su piel o en su voz.
Izuku lo abrazó por la cintura, agachando la cabeza en su abdomen.
—Gracias, Shouto. Esto no lo hubiera logrado sin ti.
Shouto rodeó sus brazos en la circunferencia de su cabeza.
—¿Qué le haces a Shouto?— Exclamó Enji, cabreado.
Izuku lo soltó de un santiamén.
—Nada, padre—Se quejó Shouto.
Enji no les creyó. Keigo se asomó del pasillo de espera. Un amago de picardía se asomó en su rostro indiferente.
—No lo hagan aquí, chicos. Que a Endeavor se le sube el colesterol si tocan a su Shouto.
Enji se puso del color del betabel, el cuerpo pasmoso. Izuku estaba rojo, tieso. Shouto impasible.
—Mi colesterol está perfecto—Expuso Enji; las palabras le salieron apretujadas. —Shouto, no distraigas a Izuku. Tiene que descansar—Luego, dirigiéndose a Izuku.—Después hablamos sobre lo que sigue a partir de aquí.
Izuku frunció las cejas, interrogante.
—Las peleas de defensa por el título—Evidenció el mayor de los Todoroki. —Pero eso lo hablamos luego de que te recuperes.
Izuku hizo gesto de entender.
Entretanto, el médico que lo atendió le dio el alta para regresar al hotel.
Llegando al hotel la recepcionista lo llamó. Ésta lo reconoció debido a la inolvidable presencia de Enji el día del check-in. Le entregó una notita que un huésped del hotel le había dejado.
Decía:
«Izuku, quiero verte. Estoy en el piso 10 número de cuarto 104. Te estaré esperando».
Izuku no tenía la menor idea de quién venía la notita, dado que no ubicaba la letra. Miró de soslayo a Shouto, quien estaba más perdido que él. Miró a Enji, que no le dio respuestas. Miró a Keigo que respondió que no conocía de quién era la letra. Les pudo preguntar a Mirio, Tamaki y Nejire, pero no estaban con ellos, pues se habían ido a dormir.
—No le des tantas vueltas, Izuku— Le comentó Shouto. —Necesitas descansar.
—Shouto tiene razón—Increpó Enji. —Descansa y disfruta que ya tienes el título. Recuerda que esto es sólo el inicio.
Izuku asintió con los ojos desorbitados.
—Las peleas de defensa son más complicadas—Agregó Keigo, como que no quería la cosa. —Necesitas fortalecer tus debilidades, que en este caso es tu mente, o quizás tus emociones; pero sin descuidar tus fortalezas.
Izuku agachó la cabeza, haciendo un mohín. Se habían percatado que su mente estaba en otra parte impregnada por la insistencia de sus emociones.
—No ayudas, Hawks— Bramó Enji.
Enji le decía a Keigo por su apodo de boxeador cuando quería dejar el tema, o cuando se fastidiaba. En esa situación, Izuku no atinaba en adivinar cuál de las dos podrían ser; mas el asunto de la notita le causaba intriga.
¿Quién se la habrá mandado?
¿Un fan?
No, no era imposible.
¿Su madre?
Tampoco. No le alcanzaba para pagar el pasaje de avión. Además, trabajaba en el restaurante el fin de semana.
¿Uraraka?
Izuku negó la cabeza. Ella no pagaría el pasaje, ni el hotel; con trabajos pagaba la mensualidad de la universidad y eso que tenía beca económica.
¿Iida?
Izuku meneó la cabeza. Iida tenía para pagar el pasaje y la estancia. Pero Iida no iría, ya que le había asegurado que vería la pelea en la comodidad de su televisión. Además, consideraba su concentración como elemento óptimo para el éxito.
¿Los tíos?
Izuku puso cara de realización. Sí, podría tratarse de los tíos. La tía velaba por su bienestar sobremanera y sacaba fotografías de lugares que no recordaba haberla visto.
Sin embargo, Shouto tenía razón en decirle que descansara, por lo que dejó esos pensamientos y la notita en la mesa de noche del cuarto y se aventó en la cama, durmiéndose al instante.
Ya pensaría en quién le mandó el mensaje y armaría sus conjeturas cuando despertara.
Aún no lograba procesar la sensación de tener el cinturón del título abrazando su cintura como la pieza restante de su rompecabezas.
Ahora faltaba llenar las que faltaban y desechar las que lo lastimaron.
Izuku miraba la notita con curiosidad. Preguntándose si será la tía, pidiéndole una explicación del no haber vuelto. O quizás su madre que hizo lo humanamente posible para irlo a ver, aunque sea en su estado de recuperación. Tal vez Iida venía a darle una reprimenda por la caída. O bien, los tíos y Kota. Esperaba que Kota lo reconocería por su triunfo. Y se aventuraba en pensar que lo subiría de posición, pasando de ser un «perdedor» a un «peleador decente». Aunque…
Izuku frunció las cejas, frente al número 104. La placa dorada con el número lo veía con broma.
Aunque, su madre, Uraraka, Iida, los tíos o incluso Kota no le escribirían un «Quiero verte», ¿O sí?.
A Izuku no le cuadraba asumir que eran cualquiera de las personas pensadas. La cabeza le punzaba, debido a la contusión. Se había ido sin desayunar y sin haberse tomado los medicamentos.
Izuku tocó la puerta (había dormido nueve horas. Eran las diez de la mañana. Esperaba que quien sea que estuviera del otro lado de la puerta, no se hubiera rendido en esperarlo).
Dirigió su mirada hacia el trocito de papel. El sonido de la puerta abrirse, lo puso en extremo, nervioso.
—H-hola —Saludó Izuku, educado—.Recibí esto —Enseñó el papel, sin quitarle la vista al mensaje. —Lo siento si llegué tarde o si te hice esperar mucho, pero necesitaba dormir… Ehm. Bueno, a lo que quiero llegar es que me dio curiosidad y me apresuré en venir lo más rápido que pude. Lo siento si estoy dando muchas vueltas —Se rió por reflejo. Alzó la vista, bajando la notita—.Me preguntaba quién podrías…ser.
El aliento se le escapó de la garganta. Se puso pálido de pronto, los ojos abiertos. El cuerpo se le nubló y por un instante creyó que el corazón se le saldría del pecho.
—¿Kacchan? — Izuku apenas pronunciaba su apodo. —¿Qué haces aquí?
El aludido lo ojeó con reserva; abrió unos centímetros más la puerta, haciéndose a un lado, indicándole con la mirada que entrara. Izuku puso cara de duda y sí, Izuku tenía un sinfín de dudas respecto a quién era el rubio de ojos rojos que tenía en frente porque parecía haber sido sacado de un figmento muy oculto de su imaginación.
Impulsado por la intriga, Izuku entró.
—¿Qué haces aquí? —Repitió la pregunta, luego de oír la puerta cerrarse—.Kacchan —Presionó.
La habitación en la que estaba Katsuki era una Deluxe con cama matrimonial. Una maleta de ruedas de 10 x 18 pulgadas, descansaba en la pared. Fuera de eso, no había más objetos en la habitación, salvo las decoraciones, la sala, las hermosas cortinas de color púrpura y verde. La puerta del baño estaba cerrada.
Katsuki usaba unos vaqueros ajustados, una chamarra de senderismo color negra y unas botas negras para escalar. Recordó en ese breve instante en que lo escaneó (más que para creerse que Katsuki se encontraba allí), que a Katsuki le encantaba ir a escalar en sus tiempos libres.
Izuku empuñó la notita.
—¿A qué más? A verte —Obvió Katsuki, esbozando una mueca de lado.
—¿Cómo te enteraste que estaba…? —La pregunta la arrastró, así como su voz—.Fue la tía—Reconoció—. ¿Los tíos también vinieron?
—No, solo yo—Contestó el rubio, metiendo ambas manos a los bolsillos y pasándole de frente rumbo a la cama, donde tomó asiento en la orilla.
—¿Por qué…?
Izuku se mantenía en el pestillo de la puerta del baño que se comunicaba con el resto de la habitación; no atreviéndose a moverse de ahí.
—Ya te lo dije: a verte.
—No me digas que viste…—a Izuku se le bañó el rostro de terror. —Que viste la pelea. ¿L-la viste?
Katsuki puso cara de «¿Tú qué crees?». Izuku se encogió de hombros.
—Te trataron como un maldito costal de boxeo toda la pelea —Apuntó Katsuki, cruzándose de brazos—. Incluso te caíste, idiota. Te tiraron de un golpe.
Izuku frunció el entrecejo, disgustado.
—¿Para qué viniste? Si los tíos tenían algo que decirme, o Kota, pudieron haberme llamado.
—La vieja bruja está preocupada por ti, el viejo, Kota. Todos —Katsuki agachó la cabeza, dándole apariencia de buscar hacia qué punto fijar su mirada—. Así que vine para traerte de regreso a casa, ya que no puedes manejarte por ti mismo. Te dejaron echo mierda.
—¡Gané la pelea! ¡Tengo el título! — Contestó Izuku, remarcando su logro; a esto, Katsuki emitió un respingo—.¿Acaso creíste que no podía lograrlo?
—No digas pendejadas, Deku —Siseó—.Hiciste una pelea lamentable. Por eso eres un Deku, porque no puedes cuidarte. Necesitas de algu-
—Sigues sin creer en mi —Lo interrumpió Izuku. —Claro que puedo hacerlo. No necesito que me cuiden.
—¡Si no lo necesitaras no hubieras terminado así!
—Fue mi decisión, Kacchan. Mi pelea —Se señaló con la mano abierta, golpeándose el pecho. —No te metas.
—Me meto, porque eres un maldito Deku.
—¡No soy un Deku! —Exclamó Izuku, llevado por emoción de saberse subestimado, aplastado, burlado, timado.
—Eres Deku —Remarcó Katsuki—.Lo dijiste anoche después de la pelea: "Esta es la era de Deku". ¡Es tu maldito nombre de boxeador!
Ah, cierto. Izuku dijo eso en la cúspide de la ebriedad eufórica. Ya ni se acordaba de que le ofrecieron las riendas del micrófono luego de haberle colocado el cinturón y cometió la imprudencia de venir con eso.
—Nunca desaprovechas una oportunidad para burlarte de mi —Comentó Izuku, a lo bajo—.Me diste la espalda con mis calificaciones.
—¿De nuevo con eso?
Katsuki parecía cabreado.
—Rechazaste mi carta. ¡Dos veces! Me humillaste en la graduación, dijiste que desde que aparecí he arruinado tu vida. Luego me besaste y te reíste. ¡Me dejaste en ridículo frente a mis amigos! Me tentaste en tu departamento; no sabes lo que tuve que aguantar para no tocarte —Izuku llevó su mano a su pecho, inundándose de la tristeza que lo invadía. Sus cuerdas vocales se estrujaban, su voz sonaba aguda—. Te comprometiste con una increíble mujer que tenía todo lo que yo no tengo. Para que aparezcas frente a mi, a ilusionarme e insultarme. Pero esta vez, Kacchan, cruzaste la línea. ¡Insultaste lo que más quiero!
Izuku se detuvo, agitado. Las emociones lo andaban jalando.
Katsuki lo mirara con ojos frugales; su ademán eran suficientes para encender un fuego en él y que no quisiera mostrarse patético.
—No sé con qué propósito viniste aquí —Prosiguió con tono agrio—. Ni qué querías lograr. Pero quiero que sepas que no me rendiré en lo que me apasiona.
—Entonces, ¿Planeas acabar echo mierda, Deku? —Vociferó Katsuki—. Porque eso fue lo que vieron todos, lo que vi yo —Izuku retrocedió un paso, sintiéndose atacado—.No me equivoqué en decirte que estas cosas te pasan porque eres tan malditamente entrometido en donde no te llaman. Descuidas lo más básico, porque eres un maldito nerd.
—Haré lo que tenga que hacer para cumplir mi sueño —Repuso Izuku.
—¿Saliendo así cada pelea? —Lo señaló con el dedo, soltando un bufido.
—Eso no te concierne, Kacchan —Izuku usó un tono frío—.Nada de lo que yo haga a partir de ahora te concierne. Confié en ti y me rompiste el corazón; te burlaste de mi, me rechazaste, despreciaste mis sentimientos. Me viste la cara de tonto estos dos años y no lo quise ver —Se detuvo y dio pie a que su respiración se calmara. Katsuki lo veía con las orbes lívidas—.Me rehusaba a aceptar que no me querías. Me decía que tenía una oportunidad si era persistente. Pero no fue así. Sólo fui un "Deku", lo que siempre has creído de mi…
—De-
Izuku se dio la vuelta, indispuesto a prolongar esa conversación por más tiempo. Le dio a Katsuki la posibilidad de explicar el motivo del por qué estaba ahí y no obtuvo respuesta. Su intriga fue otra manera de ponerle sal a las heridas.
—¡Oi!
—¡Ya no tengo fuerzas para quererte! —Exclamó Izuku, más alto que Katsuki; Izuku formaba puños con las manos para coger fuerzas, pues sus músculos estaban pesados por el combate—.He decidido rehacer mis sentimientos, olvidaré mi amor por ti y seré el campeón libra por libra. Lo decidí anoche luego de tener el cinturón en mis manos. Me propuse olvidarte y enterrar esto que siento para nunca jamás volver a sentir amor por ti.
—Deku—Katsuki se cortó como si su garganta se secara.
—No te preocupes, Kacchan —Entonces, Izuku se volvió hacia él, con vívidas lágrimas en los cúmulos de sus ojos y una sonrisa dolorosa. Katsuki tenía la piel del color del papel, los ojos indescifrables.—Puedes casarte con quien quieras; Camie, por ejemplo, es una buena mujer. Te cuidará mucho. En cuanto a mi, encontraré a alguien que me quiera y yo te dejaré en paz.
Izuku se dispuso a marcharse rápidamente a la salida. Deshizo la notita ya arrugada bajo su agarre.
—¡Deku, espera!
Bajó el escalón de la entrada con expresión convencida de que lo que hizo estuvo bien, correcto, perfecto, hasta que… hasta que una fuerza ajena a la de su caminata lo frenó de golpe, tambaleándose. Eran manos, manos formando puños envueltos de su sudadera, aferrándose a él.
¿Eran las manos de Katsuki?
—¿K-Kacchan…?
A Izuku le tomaron unos instantes digerir lo que estaba aconteciendo. El aliento agitado en su nuca eran prueba de ello: Katsuki se hallaba justo detrás de él.
—Kacchan, suéltame.
Izuku se sacudió, pero el agarre del contrario se volvía más fuerte.
—Kacchan—Demandó Izuku.
—Dek- No, sólo escúchame —Pidió Katsuki; su voz sonaba agrietada.
—No te quiero escuchar —Repuso.
—¡Sólo escúchame, carajo! —Agarró más tela de la sudadera, halándolo hacia atrás, notando que los brazos de Katsuki temblaban en brío. Izuku soltó una exhalación profunda; dejó de sacudirse. El silencio se instaló en ellos, y sólo la respiración desnivelada del contrario reinaba en la habitación—.Desde que apareciste las cosas se volvieron un caos. Un jodido caos. Te odié en el momento en que me ofreciste esa estúpida carta y creí que la mala suerte me perseguía con un nerd tan inútil como tú.
Izuku hizo una mueca dolida.
—Pero el maldito tiempo pasó y el odio… no sé qué carajos pasó después. Me sentí confundido, contagiado de tu idiotez de nerd. Mi interior se hizo un desastre, mis pensamientos, mi cabeza, todo era una mierda. Oírte decirme tanta basura, hicieron que comenzara a pensar que no sonaba tan mal que estuvieras ahí —Katsuki acercó su aliento en su nuca, erizándole los vellos de la piel. A Izuku la respiración se le enganchó en la garganta—.Nunca he entendido qué es lo que tu inútil trasero vio en mi pero no toleraba que me dejaras a un lado. ¡Se supone que el que me debe de perseguir eres tú! ¡Por qué debo ser yo el que vaya detrás de ti! ¡Eso…! ¡Yo, Deku!
Katsuki se cortó, uniendo su frente en la prominencia de su cervical.
—No quiero perderte —Confesó Katsuki—.Sé que he sido una mierda contigo todo este tiempo, pero te amo, Izuku. Te amo — Su nombre le dio una cachetada en la cara que arrasó con su agujereado corazón—.Dame otra oportunidad. No te quiero perder —Su voz sonó débil, apachurrada.
Izuku tenía los ojos abiertos, el corazón bombeándole por todo el cuerpo, el ardor del desgaste de la noche anterior, la cabeza doliéndole.
—¿Qué?
EXTRA de Katsuki:
Su vida siempre había estado invadida de logros fáciles, de hacer todo sin esfuerzo. Katsuki Bakugo era una masa de talento. Cosa que le ponían a hacer, cosa en la que perfeccionaba. No había nada que le saliera mal. Eso hasta que vino Izuku Midoriya con su sonrisa y esa maldita carta y todo se fue al demonio.
Al principio lo encontraba molesto. Lo aborrecía. Odiaba su estúpido optimismo y que siempre se esforzara para alcanzar lo que quería saliendo lastimado en el proceso. Sin embargo, con los meses comenzó a verlo en otros ojos. Su persistencia era la semilla que lo intrigó, que le plantó en su interior y que cada gesto, cada sonrisa, cada mirada, regara la semilla que crecía progresivamente y gradualmente en él.
Intentó huir, pero fue inútil. El idiota de Deku tenía una forma de aparecer en su cabeza. Sin embargo, no era suficiente. Necesitaba del bastardo para sentirse bien, para eliminar la molestia que nació con los meses de vivir en el mismo techo. Es por eso que el momento en que Deku estuvo en su departamento no dudó en tocar su cuerpo con la intención de tentarlo. Pero el muy cabrón no aceptó hacerlo; le dio un sinfín de excusas respecto a que no haría nada si no sentían lo mismo. ¿Acaso no vio que él lo deseaba también? ¿Que deseaba sus manos, precisamente sus manos, para explorarlo? ¿Tan denso era el idiota para no notarlo?
Negó que cuando se enteró que Deku comenzó a salir con el bastardo mitad y mitad se vio preso de una inmensa confusión. Deku le decía que lo quería, entonces, ¿Por qué salía con ese bastardo? Verlos tomados de la mano en la cafetería que trabajaba le molestó, pero el beso en la biblioteca lo cabreó; se llenó de impotencia y en cuanto menos lo pensó, estaba interviniendo, demostrándole a los demás que pese a que Deku eligiera a otro, lo seguirá queriendo. Y dicho y hecho, en pocos días, Deku estaba detrás suyo. Katsuki quiso irse con cuidado, pero Deku le contó que había terminado con el bastardo mitad y mitad, sintió algo removerse en su pecho.
La semilla punzaba, extendía sus raíces en su vientre.
¿Qué ocurría?
Deku lo tocó aquella vez y quería retorcerse bajo su toque; la sensación de sus manos huecas, callosas, gruesas, lo ponían raro. Le hicieron pensar que quizás se había contagiado de la idiotez de Deku, de su maldita persistencia. Algo le hizo el idiota para pensarlo en sus ratos de intimidad y Katsuki quería matarlo.
Su padre en el hospital fue el pretexto perfecto para dejar de lado a Deku, olvidar las actitudes adolescentes y el deseo de la carne, por encerrarse en la oficina y trabajar y trabajar hasta que lo único que su mente pensara fuera el recuperar la empresa de su padre. A la oportunidad en que el señor Utsushima le propuso conocer a su nieta con motivo de casarla, aceptó; sin siquiera conocerla.
En la reunión con los Utsushima acompañado por su madre, la identificó como la mujer que tropezó en el elevador en la empresa. Katsuki la vio como la chica ideal para lograr sus fines.
No negaría que mientras la iba conociendo, el aburrimiento le asaltó como una ingestión masiva de somníferos. La miraba y en efecto, era hermosa; no le encontraba defectos. Mas no le llenaba saber más de ella, o mantener el papel de hombre interesado, porque para empezar, no le quedaba.
Se decía que ese el plan que debía seguir, que debía acatar en impecable orden. Sin embargo, enterarse de la propuesta de matrimonio de Deku, fue preso de una profunda desesperación, pues la idea de que Deku lo hiciera a un lado era prácticamente insoportable.
Tuvo que alejarla a Camie, a un lado su intención de olvidarlo. Se percató que no lo podía lograr, ya que la semilla había crecido en un gran árbol de secoya. Así que con Camie en una cita con él platicándole de lo feliz que estaba por planear su boda, se disculpó lo más cortés que pudo y salió corriendo rumbo a la estación, usando su sombrilla, la mente en blanco. Lo único que su cabeza traía a colación era Deku.
Deku, Deku, Deku.
Katsuki no tenía la más mínima idea de qué carajos le diría a Deku. Sin más, lo esperó en la estación. Deku apareció y hablaron.
No obstante, Deku le dijo muchas cosas en relación a olvidarlo y casarse con quien alguna vez fue su mejor amigo (bueno, todavía lo consideraba uno, aunque no se vieran a menudo). Esto le cabreó a Katsuki, quien sin pensárselo dos veces, se deshizo de la sombrilla, lo encaró firmemente a la cara y al verlo dudar, diciendo que aún lo quería, le calló las palabras de un beso. No iba a desaprovechar que Deku sentía amor por él o como se llamara eso. No le importaba el término. Si hacía lo que le quitaba el vacío en su pecho lo haría.
Sin embargo, ese momento de felicidad se vio arruinado por el arrebato de su boca de abrirse demasiado y no cerrarse en los instantes en que debía hacerlo. Corrió a Deku de la casa con el propósito de que se motivara en cambiar su carrera deportiva por otra que no le dejara secuelas en el cuerpo.
Empero, Katsuki no aguantó la intriga de saber si estaba bien y fue con la cara redonda y el cuatro ojos, para obtener la información sobre los paraderos del nerd, la cual obtuvo muy fácilmente (gracias a la imprudencia del cuatro ojos de hablar de más). Katsuki se puso una gorra y gafas—conducta aprendida por su madre—y fue a traerle de regreso.
No esperó que Deku fuera a negarse. Katsuki no se había percatado de la diferencia en la forma de mirarlo de Deku hasta que se comportó así. Su mente se cegó. Era la primera vez que no sabía qué hacer con la resolución de Deku. Predijo que Deku se entregaría al llanto, después lo abrazaría y terminaría con un beso en sus labios. No predijo el llegar solo a casa, o el que su mente se eclipsara.
La vieja bruja lo regañó viendo que Deku no vino con él. Pero ni la retahíla de la vieja bruja, la cara de confusión de Kota y la seriedad del viejo lo hicieron reaccionar. Katsuki sentía el cuerpo adormecido. El ambiente se puso peor cuando la tía les comentó esa noche que Deku tenía una pelea para el título mundial precisamente ese fin de semana, por lo que ella añadió que no le extrañó que su hijo no hubiera venido. La vieja bruja vino con la idea de que fuera por Deku hasta Macao y disculparse. Katsuki no le vio el sentido a disculparse, porque a sus ojos, no le pareció que había cometido una estupidez, salvo que se excedió en sus comentarios respecto a lo que le atrajo de Deku (refiriéndose a su persistencia).
Sin embargo, Katsuki pensaba que la ausencia de Deku en la casa, de su voz, su sonrisa, sus ojos mirándolo en adoración, sus manos, su emoción aflorando conforme se expresaba, no era fácil lidiar con ella; sobre todo con la mirada distante de la tía y la (evidente) rencorosa actitud que adoptó frente a él. No le extrañó, pues se trataba de su hijo, y él lo despreció incontables veces. Era lógico que se la agarrara contra él tarde o temprano.
Empero, Katsuki no sabía la forma de manejar lo ocurrido con Deku. O sea, ¿Así se sentía el rechazo? ¿La indiferencia? ¿Cómo se hacía para digerirla sin tener indigestión emocional en el proceso? ¿Por qué cuando Deku le dijo que no iba a regresar advirtió su interior desmoronarse? Katsuki llevó una mano a su pecho, encerrado en la habitación. Las paredes parecían aplastarlo. ¿Así es cómo se sentía Deku cada vez que le decía que no quería nada con él? ¡Cómo carajos le hacía Deku para reponerse!
Es entonces que le cayó la realización de que Deku era mucho más fuerte de lo que aparentaba ser; y, que a toda costa necesitaba recuperarlo, tenerlo en su vida. No porque Deku le elevaba el ego o porque quería que le aliviara la tensión del cuerpo con su toque, sino porque Deku le había probado que lo quería a pesar de su horrible carácter y difícil personalidad. Que aunque recibía los golpes verbales, se recuperaba y volvía a su lado. Volvía a él. Katsuki aprendió a lidiar con su presencia en su vida. Y Katsuki no buscaba perder lo que en el tiempo de vivir en su casa logró en él sin darse cuenta.
Katsuki reservó el hotel, el Venetian (su madre le pasó esa información) en la computadora portátil en la casa, compró el boleto de avión directo a Macao, hizo su maleta, y partió la mañana siguiente. Su madre le advirtió que más le valía disculparse con Deku o si no se las vería con ella. Katsuki le aseguró que traería a Deku de vuelta.
El hotel era un complejo sumamente lujoso. De seguro, Deku se deslumbró ante tal majestuosidad; a Katsuki no le cabía dudarlo. Imaginaba a Deku murmurando los detalles del lobby, de los techos, las pinturas renacentistas, los mármoles en el piso (en especial el mármol negro, le fascinó el detalle de sus líneas), las escaleras eléctricas, las tiendas de marcas exclusivas y no evitaba sentirse estúpido por pensarlo tanto, añorarlo tanto.
Katsuki consiguió boleto para la pelea, sin contemplar la golpiza que le darían a Deku. Se ubicó en las primeras filas, habiendo pagado extra para ocupar ese lugar, esperando tener una oportunidad de poder ver a Deku mejor. Su pecho se apretujó cuando vio el pésimo estado de su semblante; la mirada distraída, las ojeras colgando como bolsas negras, el intento de verse intimidante ante su rival y fallando terriblemente en ello, los nervios entreviendo los vestigios de su expresión. Katsuki escuchaba los gritos, los aplausos, las porras. Se cabreó, porque no le iban a Deku. Y Deku llevaba una pelea que parecía más a su contrincante pegarle a un costal que se movía.
Recordó las palabras de Kirishima diciéndole que entendería a Deku cuando lo viera boxear. Y sí, recibía puro castigo, aludiendo a que se merecía el trato, mas no parecía quererse rendir. Eso era tan Deku. Entretanto, el contrincante le asestó un golpe que lo hizo caer hacia adelante: el sonido de su cuerpo impactar contra la lona, el sudor borbotando de él, sus ojos blancos, el bucal saliéndosele de la boca, sus brazos rendidos a ambos de la cabeza. Katsuki no soportaba el espectáculo. No lo soportó. El interior se le hizo un maldito abismo, un jodido hoyo que le perforaba las entrañas. Era difícil observarlo sin mover un dedo.
El nombre de Deku le hormigueaba en la lengua; nunca le llamó por su nombre. Aborrecía la idea de pronunciarlo, porque era rebajarse a su nivel.
Sin embargo, con todo lo que ha acontecido entre ellos, no podía prescindir de lo que se gestó en él respecto a Deku. El bastardo se las había arreglado para volverlo un idiota incapaz de poner en el lienzo sus sentimientos.
Vislumbrar a Deku tirado en la lona con las extremidades laxas, el rostro absorto, adormilado, suspendido; provocó algo en él que lo enloquecía. De su garganta nació una piedra, su mente centrada en auxiliar a quien más le quiso dar amor y negó la posibilidad de tenerlo. El nombre de Deku cosquilleaba en los nervios de su lengua. Pasaban los segundos y Deku seguía tirado, sin parecer responder, sin signos que evidenciaban que aún poseía fuerzas para levantarse.
Unos tres chicos bajaron corriendo por las escaleras rumbo a las cuerdas del cuadrilátero, exclamando el apellido de Deku (Supuso que eran sus compañeros), se encontraban igual de angustiados que los sujetos que apoyaban a Deku en la esquina.
Invadido por la impotencia, se animó a gritar su nombre, pero alguien más se adelantó en hacerlo y fue nada menos que Shouto Todoroki; el bastardo quien alguna vez fue su amigo en la preparatoria. Deku se paró de resorte. Katsuki se detuvo en la primera sílaba que salió de su boca, mirando ojiabierto a el principal sujeto que ameritaba una amenaza en la cuestión de acercarse a Deku, dado que en cuanto sus ojos bicromáticos lo vieron bajar esas escaleras, corriendo con semblante agitado y una toalla blanca limpia en su puño, lo ubicó. Shouto se quedó parado en el final de la escalera, lo miró frío, Katsuki le regresó el gesto con mayor ímpetu. Le advirtió que no se acercara a Deku sea cual fuese su propósito de haber venido ahí.
Katsuki se negó a responderle.
La pelea siguió cambiando el curso a favor de Deku, quien hizo una pelea formidable, luego de tener el ojo cerrado, el labio reventado y la ceja cortada. Deku ganó la pelea. La sensación de ver el rostro de Deku relajarse con los puños cubriendo gran parte de su cara, causó algo en Katsuki que era similar a una quemazón. El equipo de Deku lo ovacionó presos de la más alta excitación. Lo cargaron y podía ve su cara llena de alegría; la sonrisa que a Katsuki le revoloteara el vientre.
Quiso ir al hospital al saber que se lo llevaban, mas el bastardo de Shouto lo retuvo en el pasillo de los camerinos con la cara ácida. Le hizo la misma advertencia y Katsuki lo amenazó que lo golpearía. Shouto le respondió que tuviera cuidado porque él era un boxeador y no podría hacerle daño aunque lo intentara. Katsuki se rehusaba a irse hasta que Shouto mencionó que Deku se pasó toda la noche llorando y por eso su rendimiento se vio afectado para la pelea. Todo por su culpa. Sus palabras esta vez le hicieron un daño que pudo haber sido irreversible.
Le invadió un escalofrío. Si a Deku le hubiera ido peor, no sabría qué habría hecho.
Sin más, Katsuki se marchó; no sin tener una idea entrando por el lobby del hotel de dejarle una notita a Deku. Una notita en el que le haría saber que quería hablar con él. Pero Katsuki no la escribiría, porque Deku conocía a la perfección su letra (no sabía si era por sus dotes de acosador o por que Deku le prestaba tanta atención a todo lo que él hiciera, aunque era prácticamente lo mismo), así que le pidió a la recepcionista que la escribiera y se la entregara en cuanto regresara. Ella le aseguró que se la entregaría.
Las horas en las que aguardó para conversar con Deku le resultaron una jodida eternidad. Se le venía a la mente que quizás Deku adivinaría que la notita provenía de él, o que pensaría en algún tipo de broma, o incluso en los tíos.
Katsuki no pudo dormir. Se giraba de un lado a otro en la cama, con la ropa puesta. No paraba de pensar en la posibilidad de que Deku no viniera, que no quisiera verlo o hablar con él. Pero Deku terminó viniendo. Sintió que el aire se le parchaba en la garganta viéndole las gasas y la sutura en su labio inferior, empero, adoptando esa expresión de hacer a un lado sus problemas por ir con el otro.
Katsuki tenía la intención de disculparse y hacerle saber que lo quería traer de vuelta, mas Deku tenía otros planes, puesto que no le daba tiempo para ordenar sus pensamientos con sus argumentos. Destacó que Deku se presentó muy resoluto en su propósito de olvidarlo, que su mente entró en un bloqueo nervioso. Katsuki dijo pura maldita estupidez, de la cual se arrepintió al instante en que Deku le planteó que conocería a otra persona que lo quisiera y que lo dejaría en paz.
Sin saber qué hacer ante el alejamiento de Deku, corrió con todas sus fuerzas para detenerlo. Su corazón palpitaba con tal ímpetu que apenas escuchaba los sonidos del exterior, inundándose con el ruido de sus pensamientos colisionar unos con otros en torno a Deku. Katsuki realizó que debía de hacer su orgullo a un lado si quería esclarecer el pozo de dudas que su indiferencia ocasionó. Entonces, con el pánico abordándolo, habló. Deku guardaba demasiado silencio, incluso cuando terminó, y eso también le aterraba. Pues Katsuki desconocía lo que podría estar pasando en esa tendencia suya de sobreanalizar todo.
Katsuki temblaba. Sus emociones enterradas desde el fondo de su ser lo hacían vibrar por fuera. ¿Qué tanto se reprimió por Deku? ¿Qué tanto fue lo que se restringió de alcanzar a Deku con las manos?
En medio del intrigante silencio de Deku, Katsuki esperaba, no, suplicaba por que no fuera demasiado tarde para enmendar sus errores.
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NOTA: Es un capítulo donde pasó de todo un poco. Quise añadir a otros personajes, mientras me debatía el curso de la pelea. Me costó mucho hacer este capítulo.
¿Qué le responderá Izuku a la confesión de Katsuki?
Dejen sus comentarios si quieren Dekutodo o Dekukatsu, aunque la historia sea Dekukatsu.
Espero que les haya gustado el capítulo.
NOTA #2: Le hice unas correcciones al capítulo.
NOTA #3: Le agregué lo que le faltaba.
