"Cambio de objetivo"
.
.
.
.
Izuku se mantenía quieto, mudo, viendo la puerta con sorpresa apremiando su rostro.
Debía ser una broma. Sí, eso era. Katsuki no podía ir y decirle que lo amaba con sus actos anteriores contrarrestando su confesión.
Izuku quería creerle, voltearse y corresponder a la debilidad que palpitaba en su voz, mas ya no le creía, no le creía nada de lo que dijera.
Si había algo que Izuku había aprendido era que Katsuki jugaba con él, incluso poniendo sus sentimientos como un arma en su contra. Si Katsuki venía con el cuento de que lo amaba y que no quería perderlo, debía ser parte del complot, ¿Verdad?
Esto era Katsuki burlándose de él.
Sin embargo, necesitaba verlo; saber que no cayó en el engaño. Verificarlo, más bien, quitarse la espinita de intriga que le suscitó la nota de desesperación escondida en su voz.
Las manos de Katsuki temblaban, aferrándose a él.
De seguro se estaba burlando de su ineptitud, de lo inútil que era. Sólo estaba esperando a que Izuku se girara hacia él para reírse de que cayó en su juego. Izuku lo sabía.
Así que con la garganta inflamada del dolor pasmoso, dijo:
—Kacchan, ¿Me harías un favor?
Sintió a Katsuki removerse, soltando un sonido que denotaba su confusión.
—Mi carta ¿Me la podrías recitar? Quiero escucharla.
—Deku, yo-
—Por favor —Pidió.
—Gusto en conocerte, Kacchan —La voz de Katsuki carraspeaba—.Soy Izuku Midoriya de la clase F. No sabes quién soy, ¿cierto?, pero yo sí sé quién eres tú. Desde hace dos años te he admirado por tu inteligencia y por ser tan genial después de haber dado tu discurso en la ceremonia de inauguración. No tengo esperanzas de estar en la misma clase que tú, así que te escribo mis sentimientos en esta carta con todo mi corazón.
Katsuki inhaló tembloroso, sus manos avanzando a agarrarse de sus antebrazos con suma desesperación; tanto que Izuku estaba conmovido.
—Kacchan, te quiero.
Entonces, Izuku se giró hacia él, tomando sus muñecas, las cuales se agitaron ariscas. El volver a oír su carta viniendo de su voz,(a diferencia de aquella ocasión en que lo delató frente a la familia y a su propia madre) era como cerrar una puerta para abrir otra.
Los ojos de Katsuki se abrieron sorprendidos, sus labios se apretaron ocultando su distinguido color rosado, sus mejillas pintadas de un leve rubor, sus hombros siempre anchos, lucían empequeñecidos, no eran la imagen que llevaba incrustada de él; la imagen de un Katsuki orgulloso, arrogante, indiferente, mezquino. Este era un Katsuki que podía ver inclinado ante un árbol.
Segundos después, su cabeza estaba agachada donde los mechones pudieran ocultar sus ojos.
—Sabes lo que significó esa carta para mi, ¿No?
Katsuki alzó la cabeza, su sorpresa interpelando su rostro; asintió despacio.
—¿Tú sientes lo mismo? ¿Realmente lo sientes?
El aludido volvió a asentir.
—¿Qué parte? ¿Mi inteligencia? ¿Lo genial? ¿Las clases? ¿Que escribí mis sentimientos con todo mi corazón? ¿Que… que te quiero?
Al ver que Katsuki no respondía, fue aligerando la presión de sus manos en sus muñecas, bajándolas gradualmente a los costados del contrario.
—¿Kacchan?
—Todo —Escupió Katsuki, en voz constreñida. —Todo, De-Izuku. Todo.
—Quisiera creerte, Kacchan —Replicó Izuku, dolido—.Pero no lo hago. Ya no lo hago…
Izuku soltó sus manos y las regresó a su costado. Su mirada firme.
—En estos momentos, todavía siento que estás jugando conmigo.
Katsuki puso gesto de alarma.
—¡No! ¡Carajo, no miento! De-Izuku, a eso vine. No es mentira todo lo que te dije.
—No te forces en decir mi nombre, sé que no te gusta.
—No, no es eso.
—Entonces, ¿Qué es?
El contrario no respondió.
Izuku suspiró. El dolor de cabeza lo estaba atormentando, mas no cedería a verse dubitativo.
—Si no me dirás nada —Dijo Izuku.—Entonces, me retiro.
—Deku, espera.
Katsuki lo agarró del brazo, del cual Izuku evadió su contacto, se dirigió a la puerta con la sensación punzante de la cabeza. Extendió la mano hacia la manija. Una oleada de dolor lo asaltó y tuvo que refrenarse por ello. La mano que se suponía abriría la puerta, terminó en su frente a la altura de su ojo vendado. Emitió un quejido.
—¡Deku! ¿Nerd, qué te pasa?
—Mi cabeza… me duele.
Izuku apretó los ojos con ímpetu, descansó su frente se posó en la puerta, su respiración se volvió errática.
—¿Dónde te duele?
Katsuki navegó sus manos, palpando en diferentes puntos de su cabeza.
—Deku, contéstame. ¡Carajo! Cómo voy a saber qué te pasa si no dices nada, ¡Imbécil!
Izuku se arredró bajo la sensación de sus manos tocarlo. Era sublime y al mismo tiempo, cruel.
No se borraba el sentimiento de mostrarse patético ante Katsuki.
—Es una contusión… —Explicó Izuku.
—¡Qué! ¿Cómo saliste con esa basura en tu cabeza? ¿Qué medicamentos te dieron?
—Algo… para el dolor… y la inflamación….
—¿Y no te las tomaste, imbécil? No, se nota que no lo hiciste. Eres un nerd de mierda.
Izuku quitó la mano de su frente y la aterrizó en la manija.
—Sí, lo soy. Con tu permiso.
Dispuesto a marcharse, fue regresado de un jalón hacia atrás de parte de Katsuki que lo descolocó. Izuku cayó sentado en el piso de la entrada de la habitación, su dolor aumentando y sus músculos oxidados por la pelea cedían a la gravedad.
—Te quedarás aquí. No puedes salir en esa condición, nerd.
—Voy a salir.
—¡Mírate! ¡Estás echo mierda! Necesitas que te estén cuidando.
El cuello de Izuku se desplomó hacia la derecha, estampándose contra la pared, los mechones de su pelo cubrían sus ojos, parte de sus pecas; la impotencia de ser devuelto a esa habitación tan encerrada a lado de quien más le recordaba que ser persistente había sido su peor error hasta ahora le provocaba una molestia gigantesca.
Respiraba entre pausas, con los párpados cerrados. Por nada quería ver el rostro de Katsuki.
Su mente estaba echa un desastre.
Katsuki se acercó a él; se tensó cuando percibió sus manos calientes sobre ambas mejillas.
—Deku, mírame. Dime qué sientes. ¡Mierda! Si es por que la jodí con mis palabras, o porque no pude esperar, házmelo saber, Deku. Soy un maldito desastre, no soy bueno con las palabras ¡Carajo! ¡Mírame!
Izuku no quería acatar su pedido; es más, no quería respirar su aliento, no quería que su corazón se derritiera inflamado por su calor, no quería decir que si podía lo abrazaría.
Se hizo un silencio, debido a que Izuku se mantenía concentrado en calmar el ardor, más que en la voz de Katsuki, que sonaba como un zumbido en sus oídos.
Las manos de Katsuki se dedicaron a dar círculos alrededor de sus pómulos con los pulgares.
Hubo una pausa, en la que Izuku reguló la respiración, el dolor se rebajaba un poco. Cerrado en sí mismo, apenas si comprendía el lenguaje de las caricias de Katsuki en sus pómulos.
—Izuku.
Entonces, abrió los ojos, de a poco; encontrándose con los rojos de Katsuki, viéndolo. Izuku podría perderse en su mirada, en el color, en el brillo.
—Me tengo que ir —Musitó Izuku.
—No te vas a ir. No lo permitiré.
—¿Qué vas a lograr con esto, Kacchan?
—Que me aceptes y me des otra oportunidad.
Izuku suspiró. ¿Qué era esa sensación tan incómoda que sentía? El estómago se le apretujó, una opresión en el cuerpo parecida a la irritación. No sabía cómo tomarse aquello; es decir, ya lo había escuchado anteriormente de él, pero volver a presenciarlo, causó que le dieran escalofríos.
¿Así era cómo Katsuki se sintió con su confesión, su persistencia y de sus palabras, que si bien, eran sinceras, pero de reproducción frecuentes?
Resaltaba que no lo odió, sin embargo, tampoco lo disfrutó, como aquella vez en la lluvia en que le alegró saberse correspondido.
Haciendo uso de su fuerza, Izuku se removió, empujó a Katsuki, quien ojiabierto, puso gesto de molestia.
—Deja que me pare.
—Te dije que te quedes, nerd.
—No me voy a quedar —Comunicó Izuku, firme.
—¡Deku!
Izuku suspiró. Pasó una mano por sus cabellos, increpándose lo que su corazón fácilmente ilusionado podía hacer.
—Me siento tan idiota por lo que te voy a decir, pero ya no sé qué más hacer. Mi cabeza y mis sentimientos son un desastre.
El ceño fruncido de Katsuki se aflojó, atento.
Izuku suspiró, apesadumbrado.
—A las 3, en el lobby, te veo ahí.
Entonces, se levantó, sintiendo la asombrada mirada de Katsuki recaer sobre él.
«¿Qué estoy haciendo?» Se decía. Se dirigió a la puerta, logró abrirla. A duras penas, emergió al pasillo.
Se volvió hacia Katsuki, quien lo seguía con pasos presurosos con toda la intención de seguirlo; a lo que Izuku entrecerró la puerta, frunciendo las cejas.
—No me malentiendas, Kacchan. Lo hago porque siento que no hemos terminado de hablar y necesitamos aclarar las cosas antes de que tome una decisión. Otra cosa —Se detuvo en el ras de la puerta con un pie en el pasillo —. Descansa, tienes ojeras.
Izuku, como pudo, sonrió. Era un tonto o un incapaz de renunciar a Katsuki cuando tuvo la oportunidad de hacerlo momentos antes. Suspiró de regreso a su habitación. Realmente era un caso perdido de mala suerte y pésimas decisiones en el amor.
Shouto lo visitó junto a Enji a eso de las dos, luego de haberse bañado, pedido servicio al cuarto, tomado sus medicamentos, y sobretodo, dormir.
Enji le informó que el motivo de su visita, además de verificar si estaba descansando, para entregarle la suma de dinero de la pelea.
Izuku, muy sorprendido por aquello, animó a Enji a que le revelara el monto obtenido. El dinero no era algo que estaba acostumbrado a tener en su vida, sus desavenencias y pocas apariciones en sus bolsillos servían para pagar migajas de su colegiatura, comida, uniforme escolar y lo requerido para boxear. Sin embargo, le emocionaba la paga que recibiría por su esfuerzo, y por motivos que quería destacar, vivir en mejores condiciones, lejos, muy lejos de los Bakugo.
Ya vislumbraba pedir un intercambio en la universidad e irse a otra ciudad, junto a su madre y brindarle un mejor establecimiento para montar su restaurante y vivir en una casa con patio trasero suficiente para que su madre dedicara a plantar lo que quisiera.
Sí, reharía todo.
Enji sacó un fajo de billetes, luego otro y luego otro. Los depositó en sus manos, ante la atónita mirada de Izuku, la cual se amplió, notando que eran dólares. Esos billetes verdes que había visto alguna vez en la televisión de los Bakugo cuando Kota veía una película americana con subtítulos en inglés.
—Todo eso es tuyo —Manifestó Enji, con seriedad—. Revisa que sean diez mil.
—¿Diez mil?
—Los vamos a depositar en el banco antes de regresarnos, aunque puedes gastar unos cuantos billetes en comprarte cosas aquí en el centro comercial. Dile a Shouto que te lleve, de paso vayan a comer, hay restaurantes en los que podrás pagar una comida de calidad.
—No menosprecies a Izuku, padre —Objetó Shouto, irritado.
—No lo hago. Sólo quiero que vea lo que es gastar mucho en una comida. Se lo merece.
—No se preocupe, señor. Usaré el dinero para comprarme una casa y un lugar más grande para el restaurante de mi mamá.
—Lo que te aconsejo es que lo inviertas. En lo que sea, pero lo inviertas. Así cuando te retires o quieras estudiar algo de un nivel más alto que la licenciatura, lo puedas costear sin problemas.
—Gracias, señor. Cuidaré mucho el dinero.
Enji le sonrió, serio; se retiró después de explicarle que él, como su manager, entrenador y promotor, se quedaría con el cuarenta por ciento de sus ganancias, mientras que el monto que le había dado eran el cincuenta por ciento.
Shouto se retiró junto a su padre, ya que el primero quería quedarse, pero Enji le dijo que Izuku debía descansar.
Pensar que vería a Katsuki después de tan fructífera conversación provocaba que la irritación volviera a él como una bruma coagulada en la mañana.
Izuku bajó en el elevador. Tenía un fajo de billetes en el bolsillo. No sabía qué haría con ellos luego de recibirlos, pero eran el motor que lo hizo armarse de valor y vestirse de una playera que decía «playera de comer» y otros shorts de color azul marino.
Estaba extático.
¡Diez mil dólares!
El asunto de Katsuki podía pasar a segundo plano. Izuku disfrutaría un poco el privilegio de tener con qué comprarse algo elevado de precio.
Lo vio en el lobby, recargado en la estatua circular bajo la cúpula, usando una chamarra de color negro con una "X" de color naranja, sus vaqueros ajustados y unos tenis sin cintas de color negro. Ambas manos en los bolsillos.
Izuku se aproximó a él, con el amago de sonrisa brotando de sus labios.
—Kacchan —Lo saludó con la emoción entreviéndose.
Katsuki alzó la cabeza y enarcó una ceja.
—Vámonos —Indicó Izuku al instante en que el otro estuvo a punto de abrir la boca.
No lo escucharía. No todavía. El fajo de billetes le daba la seguridad que no tenía y evitaría desperdiciarla.
—¿Adónde? ¡Oi, Deku! Creí que íbamos a hablar. ¿Y tu cabeza?
—Y eso haremos —Izuku volteó la cabeza hacia él; le sonrió.—Pero antes, quiero comer algo. Me acaban de dar mi pago por la pelea y lo voy a desquitar. Hice una reservación en un restaurante.
—¿Hah?
Izuku se detuvo, viéndolo.
—¿No quieres comer?
Katsuki frunció las cejas, dubitativo.
—No es que no quiera comer contigo, pero si tanto insistes en que lo haga, iré.
«No estaba insistiendo» Pensó Izuku, extrañado, en lo que condujo a Katsuki al restaurante North. Según lo que leyó en los panfletos de la mesa de estudio de la habitación, era que ese era el ganó premio al mejor restaurante del año. Se dijo que seguiría el consejo de Enji con un propósito: que esta fuera la comida de despedida, o quizás la comida que definiría su decisión.
Aún no estaba del todo seguro si permitir que Katsuki tuviera otra oportunidad. Sólo estaba convencido de que no quería estar en el mismo techo que él. Izuku quería privacidad.
Ahora entendía por qué Katsuki quiso alejarse de la familia, y de él.
Izuku leyó los señalamientos del casino con cierta dificultad, dado que no hablaba inglés ni cantonés; quedándose medio perdido en el pasillo donde había un McDonalds con un letrero de próximamente. Se vio en la necesidad de pedirle a Katsuki que lo ayudara en esa tarea, del cual sorpresivamente hizo.
Llegaron al sitio, notando inmediatamente el lujo y la opulencia de la decoración rojiza. Izuku mencionó su reservación con un inglés rústico a la muchacha de recepción, que con amables recibimientos lo condujo hacia su mesa. Les entregó sus menús e Izuku parpadeó sumido en la confusión de los nombres de los platillos.
¿Por qué no estudió más inglés para entender lo que decía?
Katsuki notó su aprieto y le tradujo el menú. Izuku asintió, agradecido.
El mesero apareció para atenderlos. Izuku se atarantó, sin saber qué pedir. Katsuki habló con el mesero en un inglés fino y pulcro.
—No pude pedirme nada —Musitó él, encogido de hombros.
—Ya te pedí, idiota.
A Izuku se le abrieron los ojos, entreabierto.
—¿Qué me pediste?
—Las costillas de puerco con comino y los fideos de Beijing.
—¿Y tú? ¿Qué te pediste?
—El mapo tofu con puerco picado y los bollos Xia long bao.
—Oh, gracias.
Katsuki bufó.
—¿Y me compartirías, Deku? —Sonrió malicioso.
Izuku se coloró de las mejillas, pestañeando.
—Ehm, pues, supongo que sí —Tras eso, hizo una pausa. —Espera, ¿Qué? ¿Compartir? Creí que te había invitado a comer. Puedes pedir lo que quieras. ¡En serio! ¡S-sí me alcanza!
Katsuki soltó una risita.
—Estoy bromeando, imbécil.
—Oh.
Entonces,¿Se volvía a reír de él?
Izuku era tan ingenuo, aun cuando todavía se propuso no caer, pues ya sabía las tácticas de Katsuki para tantearlo a su antojo. Izuku suspiró.
—Aunque… —Su atención se vio detenida delante de un Katsuki de semblante más serio. —No me molestaría si compartimos, Deku.
—¿Qué?
¿Escuchó bien?
Izuku se le quedó viendo como si fuera su imaginación haciéndole malas jugadas. Sacudió la cabeza, negando que Katsuki pudiera ser amable a ese nivel; es decir, Katsuki nunca lo trató con esa clase de amabilidad, más que en algunos momentos llegó a tratarlo mejor que un costal de box.
—Qué —Katsuki lo encaró; su ceño fruncido.
—¿C-compartir, Kacchan?
Katsuki resopló, poniendo los ojos en blanco.
—No repito las cosas, Deku.
Izuku agachó los hombros.
¿Qué esperaba de él? O sea, Izuku ya podía anticipar muchas de las respuestas que Katsuki daba; bueno, las recientes no tanto. Lo confundían.
—¿Por qué estás siendo así conmigo?
Katsuki enfurruñó las cejas, desviando la mirada hacia la mesa. Percibió sus mejillas sonrojarse un poco.
—¿No es obvio?
Izuku alzó las cejas, confundido.
—Me invitaste a comer, es obvio que me diste una oportunidad y no pienso desperdiciarla, joder.
Antes de que Izuku pudiera rebatir aquello, el mesero llegó con sus platillos.
Comieron sin hablarse. Izuku sentía la mirada de Katsuki perforarle; la cabeza volvía con su aviso de molestarle, en lo que le daba cabida a funcionar de más.
Así que por eso Katsuki era condescendiente con él. La comida le empezó a saber amarga, desazonada, predecible. Y no porque supiera mal, sino porque el desasosiego de ponerle palabras a sus acciones sin esclarecer sus intenciones lo sobreponía a la incomodidad e irritación.
Katsuki carraspeó habiendo terminado la comida.
—¿Qué pasa, Kacchan?¿Quieres pedir otra cosa?
El rubio negó.
—¿Pedimos un postre?
—Idiota —Bufó. —¿Qué haremos después de esto? Hablaremos, ¿No? ¿Sabes? Ya no necesitamos decirnos nada. Si no quisieras darme una oportunidad no me hubieras invitado a comer a un restaurante caro. ¿Estoy en lo correcto, Deku? ¡Ja! No necesitas responder lo que ya sé.
Katsuki alzaba los hombros en un dejo de arrogancia y sonreía de lado, mostrando parte de sus dientes en un aire triunfal.
Izuku tomó un sorbo de su agua y sonrió nervioso.
El mesero apareció, preguntó algo que no entendió, Katsuki le contestó, el mesero asintió y se marchó de nuevo.
—¿Qué le dijiste?
—Pedí un postre. Tenías cara de que querías uno.
—Oh. Gracias.
Katsuki soltó un gruñido, denotando su satisfacción.
El mesero regresó con el postre y con algo más en su mano.
—¿Y esa botella? —Inquirió Katsuki, mirando a Izuku con extrañeza. Izuku lo miró interrogante; entonces, Katsuki habló y el mesero contestó gratamente con una sonrisa. Dejó la botella, yéndose.
—¿T-tú pediste la botella?
—¿Crees que preguntaría por algo que pedí?
—Ehm…
Katsuki puso cara de ofendido.
—¡Lo siento!
—No te disculpes, carajo. Yo no pedí esto, ¿De acuerdo? Ya sé quién-
—¡Bonjour!
Izuku se sobresaltó, pegando un grito asustado; Katsuki soltó un sonoro gruñido, enfadado. Una señora jovial con un set de saco y falda de color crema, un sombrero de playa y unas gafas de sol oscuras se acercó a ellos.
—Hacen tan linda pareja —Habló ella. —No pude evitar quererles mandar un regalito de mi parte. ¡Y qué buena pelea, Izuku-kun! —Dirigiéndose a Izuku, que enrojeció. —¡Felicidades por tu triunfo!
—Gracias… pero no-
"No somos pareja" Fue lo que Izuku quiso aclarar.
—Disfruten del vino, es Chardonnay. Ya pagué la cuenta. No se preocupen por el dinero.
—Chardo, ¿Qué? ¿La cuenta?
—¡Lárgate! ¿Quieres? —Vociferó Katsuki. —Qué jodida manera de aparecer así.
—¡Cálmate, Kacchan!
—Se supone que es una comida agradable, los bollos están arruinados.
La señora soltó una carcajada, sacó una cámara de su bolso y les tomó una foto antes de irse corriendo, seguido de una niña de diez años de aspecto demasiado mal encarado que le resultaba familiar, y un señor con una barriga de dudosa circunferencia, un bigote grueso y esponjoso, usando lentes de ver.
Katsuki suspiró, apesadumbrado.
—¿Acaso eran…? —Izuku trató de adivinar. Se mordió el labio inferior. —Me suenan de algún lado. ¿Acaso eran fans? Creo haberlos visto antes. ¿Fue en la pelea? Pero no vi al público. Entonces, ¿Dónde?
Katsuki pasó una mano por el puente de su nariz, irritado.
—Idiota —Maldijo Katsuki; luego agarró la botella de Chardonnay, la abrió con el destapa corchos. —Ya que nos dieron esto, por qué no lo desquitamos —Sugirió en un tinte de resignación.
Izuku sacudió la cabeza.
—No tomo.
—Es una copa, Deku. No te emborracharás. Estás conmigo.
—El alcohol y yo no nos llevamos —Expuso Izuku con distancia.
Katsuki sonrió malicioso.
—Ah, ¿Con que ya has tomado, nerd? Quién diría que el boxeador disciplinado tomaba un poco de alcohol.
—No es cómo crees, Kacchan.
«De todas maneras no recuerdo nada de esa vez»
Katsuki enarcó una ceja, su sonrisa depredadora aumentando.
—No me digas que eres de los que bebe y no recuerda nada.
La cara de Izuku fue suficiente para que Katsuki se riera bajo.
—Es vino, Deku. No te hace efecto tan rápido. Créeme.
—Gracias, Kacchan, pero prefiero no tomar. Toma tú.
Katsuki frunció el ceño.
—¿Estás subestimando que no te puedo cuidar si te emborrachas?
—¿Eh? ¡No! ¡No es eso!
—Entonces, ¿Qué es, Deku? ¿Hay algo que no me estás diciendo?
"Creo que me acosté con Shouto"
—Tomé con los Todoroki —Explicó Izuku. —Y no terminó bien. Hice el ridículo frente a Endeavor y su familia.
Izuku exhaló, encogiendo los hombros. Era obvio que no le diría lo que no recordaba. Sería hablar por hablar. Al menos podía decirle una parte de la verdad.
—Yo no soy esos bastardos que no te supieron cuidar —Voceó Katsuki, fulminante. —Me subestimas, bastardo.
—No, Kacchan, jamás lo haría.
—Además, si hicieras algo con el bastardo mitad y mitad estando borracho te mataré y a él también.
—Kacchan…
—Comeremos este maldito postre y beberás una copa.
—Pero, Kacch-
—¡Y deja de discutir, idiota!
Saliendo del restaurante, Izuku intentó despedirse. Bueno, intentó, porque Katsuki lo retuvo con el pretexto de que había tomado, diciendo que no dejaría que su inútil trasero se perdiera en el casino.
Izuku aseguró que no le había afectado ese nivel de alcohol, pero al parecer le importaron poco a Katsuki para acompañarlo. Deducía que Katsuki pretendía algo que él no estaba entendiendo.
Además, no dejaba de pensar en las palabras de Katsuki previo al postre.
"Si hicieras algo con el bastardo mitad y mitad estando borracho te mataré y a él también"
¿Acaso Katsuki sabía algo que él no? Por algo se lo dijo, ¿No? Comoquiera, Shouto le hizo saber que no le comentaría a nadie acerca de su vida privada; en especial a Katsuki. Era acaso que Katsuki aludía a otra de sus bromas.
Izuku meneó la cabeza afirmativamente; lo más probable.
Esos pensamientos le sacaron un suspiro, provocando que Katsuki lo observara con la ceja enarcada, inquisitivamente.
—¿Qué ocurre, nerd? ¿De nuevo la cabeza?
—No es nada…
Katsuki exhaló por la nariz con fuerza, entrecerrando los ojos. No lució convencido, mas no insistió; gesto que Izuku agradeció con alivio.
De alguna manera, Katsuki estaba siendo más considerado con él. Era cómoda la presencia de Katsuki; hasta cierto punto. Saberse constantemente observado por él era raro. Incómodo, más bien, porque no sabía qué esperar de él. Cuál sería su siguiente movimiento, palabra, gesto, acto.
Izuku no podía anticiparlo.
Se suponía que el fajo de billetes que llevaba le daría seguridad, sin embargo, la anteriormente mencionada yacía olvidada; o, más bien, prácticamente inexistente.
Sentía que Katsuki lo miraba, casi como si esperara que él hiciera algo. Pero, ¿Qué exactamente?
Entonces, se le ocurrió sugerirle que salieran el día siguiente, dado que necesitaba descansar en su habitación. Katsuki al principio parecía renuente a acceder, pero Izuku se aseguró de sonar lo suficientemente convincente para hacerle ver que las cosas entre ellos se darían solas; con ese argumento, Katsuki terminó por acceder y dieron por zanjado el tema.
Cuando Izuku llegó a su habitación, no supo de dónde salió su indecisión de dejarle en claro a Katsuki que lo que pudo darse entre ellos estaba lejos de ser una realidad; algo que quería.
Y definitivamente, esto no era algo que quería concretar.
La tarde no pudo haber ido de la forma en que se dio. De por si tenía la cabeza echa una maraña de confusión y el sonar de su puerta lo sacó de sus divagaciones. Enji y Shouto lo visitaron con un semblante dudoso a diferencia del de la mañana.
Con el entrecejo fruncido, los dejó pasar. Enji fue el primero en hablar, pues Shouto tenía los puños cerrados y la respiración pesada.
—Surgió un problema —Anunció Enji, precavido. Izuku lo miró con cara de «continúa». —, el título… —Suspiró; tomó asiento en el sillón de la sala de la habitación, entrelazando las manos.
A Izuku el corazón se le apretó; tragó saliva.
—¿Qué ocurre con el título?
Enji inhaló. Shouto exhaló. Parecía que ambos estaban en una sintonía desarticulada con la suya, porque no entendía qué sabían que él no.
—El título —Retomó su entrenador—. Te lo van a quitar.
—¡Qué…!
El aire se le escapó de los pulmones como un relámpago atravesarlo de cuerpo completo.
—¿Cómo? ¿Por qué?
Izuku sentía que el color abandonaba su cara, que su único propósito de canalizar sus sentimientos se vio interrumpida por el arrebato de su preciado sueño. Lo creyó mentira por un segundo, sólo un segundo, pues viendo el desaliento en el rostro pétreo de su entrenador y el evidente desazón en el aspecto de Shouto corroboraron que era verdad.
Si las lágrimas no acudieron a él fue porque ya no tenía lágrimas que derramar, pues las había agotado en Katsuki.
—Sekijiro pidió que se hiciera una revisión del conteo del doceavo round. —Comentó Enji—, Porque no estaba convencido de que el referí Fukidashi hubiera contado bien y que paró la pelea antes de lo requerido.
—Esas son tonterías —Irrumpió Shouto, con el semblante más acaecido—. Sabemos que ganaste la pelea. Es injusto lo que te quieren hacer.
—No lo veamos desde el lado emocional, Shouto —Objetó su padre—. Sé que te molesta, tanto como a mi. Independientemente de que te quiten el título, para nosotros sigues siendo el campeón y lo mismo dirán quienes te vieron.
Shouto dio un respingo; luego se fue a lado de Izuku y depositó su mano en el hombro.
—Izuku… —Murmuró denotando gran pesar.
Izuku se aclaró la garganta.
—¿Qué va a seguir después de esto?
Se sorprendió asimismo con lo natural que salió su voz: la crudeza que emanaba, lo aterciopelada y fría de su situación.
La mano de Shouto se clavó más en su hombro, preocupado. Enji lo miró un tanto desconcertado al principio, mas enseguida se repuso.
—Tendremos una reunión dentro de una hora. Ahí discutirán qué harán con el asunto del título.
Izuku asintió. La presión en su pecho aumentaba junto con el displacer que le generaba perder lo que más quería tener; más incluso que Katsuki pidiera otra oportunidad. Claro que le conmovió ver su vulnerabilidad, pero percatarse de que su sueño se alejaba demasiado la debilidad de su corazón se apoderaba de él.
La reunión con el consejo mundial del boxeo transcurrió en vilo de su ensimismamiento. Los consejeros, en efecto, le arrebataron el título —literalmente— de las manos. Aún no se acostumbraba a sentirlo, a olerlo, a abrazarlo, a verlo en su buró. Luego le dijeron que le cobrarían una multa por su falta y a el referí por el mal conteo, para clavarle una estaca en el pecho prohibiéndole competir en peleas de título mundial por un período de dos años.
Ni siquiera les importó que hubiera ido vendado, con las secuelas de la pelea y no habían pasado más de un día entero en que ocurrió el evento.
Izuku asentía sólo para hacerles saber a los consejeros que estaba allí, aunque Enji se encargó de hablar en su lugar, como su entrenador. Shouto, en cambio, se encontraba fuera con Keigo, esperándolos.
Kuroiro estaba con su entrenador, Sekijiro, en el otro extremo de la gran mesa rectangular que los separaba. Él, igual, estaba vendado del ojo derecho y su mirada medio perdida, medio enfadada. Sekijiro lucía más cabreado con la vida que cualquier otra cosa.
Kuroiro no dijo una sola palabra.
Cuando se hubo terminado la reunión, fueron a cenar en el Food Court, pese a que Enji quiso animarlo llevándolo a un restaurante caro, mas Izuku rechazó la oferta, desganado.
La comida con Katsuki hacía mella en su cabeza. Hizo el ridículo con quien se suponía ignoraría.
Izuku suspiró. No valía la pena estarse regodeando en la miseria. Era un sitio demasiado habitual en él de recurrir que comenzaba a cansarlo sobremanera. ¿Qué caso tenía decantarse en sus lágrimas secas si el título no iba a volver a sus brazos? De todas maneras, entre él y la vida, las segundas oportunidades, sí se presentaban.
Enji le hizo saber, en ese momento en que terminaron de comer, que él pagaría la multa, porque no tenía intenciones de que Izuku perdiera lo que con tanto esfuerzo obtuvo.
—Señor, por favor —Manifestó Izuku, falto de palabras—. No es necesario que haga eso por mi.
—Enji, haz hecho mucho por nosotros —Repuso Toshinori, quien los acompañó tras enterarse de lo ocurrido por vía mensaje de texto que le mandó Keigo—. El joven Midoriya apenas tiene veinte, puede recuperarse de esto.
Enji carraspeó.
—No sé con qué cara me ves, All Might —Arguyó Enji con un dejo de molestia—. Pero esto es lo mínimo que puedo hacer por Izuku. Es la primera vez que realmente lo entreno, le aseguré que ganaría y pasa esto… —Sacudió la cabeza—.No puedo hacerle eso a Izuku. Que te quiten el título es peor que perder la pelea.
—Entiendo —Fue lo único que Toshinori pudo conjurar.
—¡Eh! No te rehuses, Midoriya —Animó Keigo con una sonrisa bonachona—.Acepta la oferta. Ni siquiera Endeavor me ha pagado mis caprichos en el tiempo que llevamos juntos.
Enji gruñó.—No hables de mi vida privada frente a los demás.
Shouto emitió un quejido.
—Discutan en otra parte —Comentó Shouto—.Es molesto.
—No estamos discutiendo —Replicó Keigo—. No hay por qué molestarse, Shouto-kun. Somos familia.
—Aún no lo somos.
—Pero, lo seremos —Rechistó con sorna—.Ya hasta te considero mi hijastro.
—No digas eso —Advirtió Shouto—.Ten más respeto por el recuerdo de mi madre en nuestra familia.
—Lo tengo, lo tengo —Agitó su mano, en posición de soldado—.No busco quitarle su lugar. Sólo soy la pareja de…
—Ya lo sabemos —Le contestó Enji.
Toshinori vio a Izuku, incómodo. Y éste le devolvió la mirada.
—Si lo sabes, entonces me comprarás lo que te pedí.
—¡Demonios, es una tontería!
—¿Qué dices? Me harás feliz si me lo das.
—Dijiste que te haría feliz si te llevaba de viaje a la pelea.
—Y lo hiciste, pero quiero que me compres el…
Su oración se interrumpió por que Shouto se levantó de la mesa con expresión neutra, sus mechones tapando sus ojos, sus puños cerrados se sacudían.
Todos lo miraron.
—¿Shouto? —Lo cuestionó su padre.
—Tengan más consideración —Reprendió—. Izuku acaba de perder su título y ustedes están coqueteando. Eres una jodida molestia, padre. Los dos son jodidamente ruidosos.
Enji parecía haber visto su carrera deportiva desvanecerse ante sus ojos. Keigo solo sonreía, esta vez, fingido. Toshinori ojeaba a los presentes con creciente incomodidad, sobre todo a Izuku, que estaba con la comida masticada en la boca.
—No es necesario que hagas esto —Replicó Izuku, entrecortado—.Yo estoy bien.
—No estás bien. Finges que lo estás. Nosotros estamos para compartir tu carga, no ser una.
—El joven Todoroki tiene razón —Opinó Toshinori.
—Te lo tomaste un poco personal, Shouto-kun —Siguió Keigo; remarcando el «poco»—. Sólo trataba de que el ambiente fuera menos tenso. Parecían dos muertos cuando salieron de la junta del consejo.
—Eso no es tu problema —Le recriminó Shouto.
A Izuku le resultaba extraño que Shouto estuviese tan molesto con el resto si ya estaba habituado a las conversaciones entre su padre y su novio. No obstante, intuía que se trataba de otra cosa.
—Shouto, cálmate —Pidió su padre.
—Todo esto es tu culpa. Le prometiste a Izuku que ganaría.
—Dije que le pagaría la multa —Recordó Enji—. Lo apoyaré en lo que siga a partir de ahora, como lo hago por ti. Estaré ahí para ustedes.
—Di algo que puedas cumplir —Respondió Shouto; entonces, tomó a Izuku de la mano y se lo llevó. Dejando la comida a medias.
—¡Shouto!
Llegaron al puente que daba con el hotel, haciendo alusión al puente Vecchio de Venecia. Fueron recibidos por las luces de la noche, el viento frío que dejaba en el olvido la humedad del día. Había bastante muchedumbre, los ruidos de sus voces acompañaban el ambiente silencioso que rodeaba la espalda ancha de Shouto.
Izuku lo observaba con la mirada distante, ofuscado con la acción de su amigo.
Shouto se volvió hacia él. Sus cejas adornaron su aspecto neutral a uno, más bien difuso. Lo sintió tan lejos que le causó escalofríos.
Izuku le escupió sin decoro lo ocurrido con Katsuki. Su pecho ardía y no era por el calor del momento, sino porque le provocaba miedo la actitud de Shouto.
De algún modo, pensaba que guardarse los sentimientos lo aplastaría.
Una vez, finalizado su monólogo desaforado de su encuentro con Katsuki, comenzó a pesarle demasiado en su conciencia saberse patético por presenciar que la brecha entre él y Shouto incrementara.
Izuku aguardaba impaciente, buscando algún indicio en el ensombrecido semblante de su amigo que indicara que lo apoyaría.
—Ya veo… —Salió de sus labios con una frialdad que lo heló.
—¿Shouto? —Dijo en un hilo de voz.
Izuku quiso acercarse pero tenía miedo.
—Sé que está aquí —Expuso; Izuku jadeó de la sorpresa—. Lo vi en la pelea. Intentó ir a verte al hospital, pero le dije que no. Hice mal, lo sé. Pero no quería que te hiciera más daño. Luego lo pensé un poco más después de verte esta mañana y reconocí que debía poner mi distancia entre nosotros. Fui desconsiderado en adelantarme y no preguntarte lo que sentías.
—¿Qué estás diciendo?
—Regresaré a decirte por tu apellido a partir de ahora —Sentenció—. Tomando en cuenta lo que hice no soy digno de llamarte por tu nombre.
Izuku lo miraba aterrado.
«No, por favor no. No quiero volver a esto. Le daríamos la espalda a nuestra historia, nuestra amistad»
—Desconozco qué es lo que vas a hacer con Bakugo. Si le darás una oportunidad o no. Mas yo me desligaré de todo esto. Es lo mejor para ti y para mi.
—No me hagas esto —Rogó Izuku, con la voz cortada.
—Te quiero, Midoriya. Eso es algo que no va a cambiar. Así que lo que tu decidas con Bakugo ya no será mi problema —Se detuvo, recapacitando—. Sólo te diré una cosa: desintoxícate de Bakugo —Izuku abrió más los ojos—. Mi terapeuta dice que las personas que nos hunden y nos hacen sufrir frenan nuestro crecimiento y por tanto, debemos desintoxicarnos de ellas. Lo único que quiero es que ya no te hagan daño.
Izuku comenzó a llorar.
Creía que no le quedaban lágrimas que derramar, mas la brecha impuesta por Shouto las desató. Es entonces que el dolor del título entremezclado con el de Katsuki lo quebrantaron, volviéndose un gigantesco vórtice que lo tragaba de adentro hacia afuera.
—¡Lo que estás haciendo me hace daño! —Contestó Izuku. —¡Que vuelvas a decir mi apellido me lastima! ¡Que me hayan quitado lo que más he soñado me ha destrozado! ¡Toda la vida me han dicho que soy un inútil y estoy harto de que me vean la cara de tonto! —Izuku se agarró la playera de un puñado. Su brazo izquierdo se agitaba a los lados conforme fluían sus emociones. Shouto lo veía, inmune a su llanto—. Cuando Kacchan me corrió de la casa, pensé que no había cosa peor que eso. Pero lo que has decidido es todavía peor. ¿Sabes por qué? Porque aunque sacara a Kacchan de mi vida, al menos te tenía a ti.
—Me tienes, Midoriya.
—¡Me estás dando la espalda!
—Midoriya, no.
—No me llames así. Soy Izuku. ¡Izuku!
Shouto agachó la cabeza; los mechones tapando su cara.
—No soy digno de…
—¡Lo eres! Recuerda Shouto. Recuerda que te dije que eras amable, tu corazón, tus intenciones, son amables. Eres capaz de perdonar, de sonreír, de salvar. Eres el héroe de tu familia y... el mío también. No sabes las veces que me has salvado de mi mismo, Shouto.
—¡Maldición…! —Exclamó Shouto. Corrió a abrazar a Izuku, sus brazos rodeando de su espalda—. Lo tenía decidido. Maldición, Izuku.
Izuku chillaba y sollozaba, abrazando a Shouto.
Estaba agotado. Su cuerpo, su mente, su corazón, estaban agotados. Había usado cada onza de energía en mantenerse firme, en sacarse las entrañas hablándole a su amigo, en salvarse a sí mismo de no caer en la desesperación que suponía el parcial abandono de su sueño.
Amar tanto dejaba sus secuelas. Le costaba regresar el sentimiento, confiar que será devuelto y que además, cuidarían su corazón verdaderamente.
—Izuku, Izuku —Murmuraba Shouto—. Izuku soy un tonto.
Izuku negó con la cabeza.
—Cómo podrías serlo. En su defecto, el tonto soy yo.
—No, no lo eres. Eres…
—Los dos son unos tontos.
Se sobresaltaron. Keigo los había interrumpido. Seguido de Enji, Toshinori, Mirio, Tamaki y Nejire.
Shouto se soltó de Izuku, manteniéndose a su lado. Su brazo acaparaba su cintura. Izuku se limpiaba las lágrimas, rojo de la vergüenza.
—¿Qué hacen aquí? —Interceptó Shouto.
Enji tomó asiento en los escalones del puente, invitando al resto a imitarlo.
—Padre, te estoy hablando.
El mayor de los Todoroki gruñó.
—Como veras mi comportamiento no fue el adecuado en la cena —Adujo—. Mi intención era animar a Izuku. Sé que no he sido el mejor padre, ni el que más se ha interesado en el bienestar de los demás, pero en el tiempo en que he convivido con Izuku he aprendido mucho de su ser, su personalidad, su historia.
Enji hablaba despacio, encomiando sus oraciones.
«Reconozco que lo que más me importa eres tú, Shouto. No obstante, también están tus hermanos, tu madre…Hawks, y luego está Izuku. Todos ustedes son importantes. Y esto que pasó… nos volverá más fuertes. Encerrarse en uno mismo y enojarse es una reacción normal, común. Sin embargo, Izuku… —Dirigiéndose a él—. Lo que sigue después de esto no es que te encierres en tus inseguridades, en tus miedos, sino adquirir experiencia. Te conseguiré peleas de poca paga, de mucha paga, peleas de todo tipo de desafíos. Te llenaré de experiencia, haré que el maldito consejo se arrepienta de lo que te quitó.
—Señor… —Las lágrimas acudieron a él nuevamente. Su corazón sangraba conmovido, estremecido por la alegría.
—Bien dicho —Comunicó Toshinori, sonriendo.
—¡Sí! —Exclamó Mirio, motivado. Pegó un salto, seguido de un gañido de Tamaki—. No dejes que tus emociones te dominen, Midoriya. Perder una pelea no es motivo para rendirse, sino para volverse aún más fuertes que ayer.
—Estos muchachos de hoy —Expresó Keigo, meneando la cabeza, sarcástico—.Tan llenos de energía y entusiasmo.
—No eres tan grande —Le replicó Enji.
—Este es un buen comienzo para ti, Midoriya —Añadió Nejire encima de las voces de la parejita—.Hasta crees que los campeones del mundo se dejaron derrotar por perder. ¡No! Se agarraron de valor y entrenaron el doble o el triple que antes.
Shouto apretó su agarre, uniendo su hombro con el suyo. Izuku era todo lágrimas, todo sentimiento tierno, todo un corazón palpitante.
—¡Gracias, chicos… señor, All Might, Shouto! ¡Los aprecio mucho! —Izuku se irguió, llevando un puño al aire. Una sonrisa elevando la comisura de sus labios—¡Me volveré más fuerte y recuperaremos ese título!
Ya tenía una motivación.
Izuku se disponía para salir del hotel para ir al hospital. Necesitaba cambiarse las vendas. Las heridas de la pelea le dolían menos, pero las del corazón dolían todavía más.
Suspiró.
Era la costumbre.
Pasando el lobby se topó con Katsuki, en el mismo lugar que el día anterior. Se sorprendió. Claro, no esperaba verlo, no habían quedado en nada. Tampoco era como si Izuku le suplicara simulando que el pasado no le importaba para aceptarlo fingiendo que sus palabras no fueron balas que perforaron su pecho. No, claro que no. Izuku valoraba lo que Iida le dijo («Ten dignidad, Midoriya») y por tanto, restringió el desnivelado flujo de sus emociones para saludarlo con cordialidad, asimismo, entreviendo su distanciamiento.
Su amor no tenía que ser con él solamente.
—¿Adónde vas? —Katsuki lo interceptó, notando su urgencia por irse.
Izuku desvió la mirada, haciendo una mueca de incomodidad. Le explicó el asunto de cambiarse las vendas y ver si le podían remover la sutura del labio, pues ya no le importunaba.
—Iré contigo —Manifestó Katsuki, firme.
—Puedo ir solo —Aseguró Izuku, con una sonrisa; más fingida que verdadera.
Katsuki frunció el ceño.
—No te he visto desde ayer. Iré contigo.
—Lo siento, pero puedo ir so… —Se cortó, viendo la cara ceñuda de Katsuki y realizando que acababa de reclamarle.
¿Katsuki reclamaba?
—Kacchan, realmente lo siento —Confesó Izuku—.No estoy en mis mejores momentos, tal vez cuando me sienta mejor podamos hablar.
—Hey, nerd. ¿Qué ocurre? Tienes una cara horrible.
Explicarle sería revivirlo. Cada sentimiento, cada pensamiento, cada emoción. Le pesaba verbalizarlo, porque si lo sacaba, volvería a sentirse patético frente a Katsuki. Izuku le ha mostrado sus peores caras, su sufrimiento en carne propia, su humillación, sus lágrimas.
—Prefiero no decirlo —Admitió Izuku.
—Oi, ¡Dime!
Izuku retomó el camino rumbo a la salida para tomar el transporte. Pese a que no sabía inglés ni chino, llevaba escrita la dirección del hospital. Eso le serviría, ¿No?
—¡Deku! No me has contestado, nerd de mierda. ¡No me ignores! ¡Voy contigo!
Izuku se volvió a él. Se encontraban fuera. El cálido aire de la mañana los bañaba con sus rayos.
—¡No me sigas…! —Exclamó Izuku, resignado; sus puños estaban cerrados en consecuencia.
—¡Te voy a seguir, carajo! Me has dado una jodida oportunidad, no la voy a desperdiciar. Iré a donde tú vayas, De-Izuku.
Katsuki lucía muy en serio con su propósito. Su aire se había vuelto errático, volátil, explosivo, emocional incluso. Le daba un toque vulnerable y especial a su semblante, que Izuku no podía ignorar, aun en esa situación.
—Izuku —Pronunció Katsuki, tras unos instantes de silencio. Izuku se sintió estremecer—.Iré. Y me vas a decir qué carajos te pasa.
Izuku se volvió hacia el frente y suspiró, irguiendo los hombros.
—Ponte cómodo, entonces —Indicó Shouto, irrumpiendo en medio de ambos—.Porque no dejaré que un desconsiderado como tú me gane.
—¡Shouto! —Izuku le habló, pletórico—.¿Qué haces aquí?
Katsuki parecía haber tenido una calificación reprobatoria, porque se le veía bastante cabreado; las venas le saltaban de la sien, palpitantes.
—Mi padre me dijo que hoy tocaba tu revisión —Informó—. Pasé por tu habitación y no estabas. Asumí que te habías ido.
—¡Lárgate, mitad y mitad!
—No puedo hacer eso, Bakugo. Te aprovecharás de Izuku.
Izuku estaba rojo. Katsuki exclamó seguido de un gruñido.
—¡Eres un…!
—Más tacto, Bakugo. No seas tan precoz en tus insultos —Luego dirigiéndose a Izuku, sonrió—. ¿Nos vamos?
Izuku soltó una risita.
—Sí.
De algún modo, se sintió aliviado de que Shouto hubiera aparecido. Quién sabe qué hubiera pasado con su boca si la dejara suelta o de su corazón si continuaba viendo esas muestras de vulnerabilidad de Katsuki.
Sin duda, en nada bueno.
.
.
.
.
NOTA: Me tardé en hacer este capítulo.
Hice varias versiones de este capítulo, pero me quedé con esta.
Espero que les haya gustado.
