"Discusión de amor"
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Izuku tenía fe de que Katsuki renunciaría a los días de estar subiendo aquella pendiente antes de que saliera el primer rayo de sol de la mañana, pero no lo hizo. Transcurrieron las semanas y Katsuki seguía al pie del cañón.
Shouto comentaba cuán incómodo era que Katsuki estuviese con ellos, tanto en el gimnasio como en las corridas matutinas. Y no sólo eso, sino que excedía con creces la resistencia, destreza y agilidad que la de ellos. Katsuki era un ente máximo en el boxeo; se le daba natural.
Si Enji articulaba una instrucción, Katsuki la hacía. Si Enji le enseñaba una combinación nueva, Katsuki la hacía. Si Keigo le aconsejaba un ejercicio de movimiento de piernas, Katsuki lo hacía.
Era un ciclo sinfín.
Izuku lo miraba todo, sintiendo una atormentante frustración, y la aplastante envidia, que le suscitaba saber que incluso en el boxeo, Katsuki era mejor que él, podía más con el poco orgullo que le quedaba.
—Ya lleva un mes con nosotros y sigue aquí —Murmuró Shouto, al finalizar el entrenamiento matutino en la montaña.
Izuku asentía, distraído.
—¿Tienes alguna id-
—No —Respondió Izuku, de tajo.
—Creo que es por ti.
—¡Chicos! ¡Dejen de hablar, hay que subir un poco más!
Izuku se tragó un «lo sé», mientras sentía la penetrante mirada de Katsuki detrás de él. Una sensación de molestia se colaba por su vientre, subiendo por su pecho, hasta dar con su cabeza. Le incomodaba ver que a Katsuki boxeaba mejor que en todos los años que él llevaba entrenando; le parecía irónico lo prodigioso que era su cerebro, del que lo superaba en cuestión de semanas lo que con más de diez años había practicado hasta la extenuación.
No lo soportaba, de verás que no.
—Van muy lentos, idiotas —Les dijo Katsuki, rebasándolos como de costumbre. Shouto resoplaba frustrado e Izuku, aguantaba las ganas de llorar. —No que eres un profesional, Deku.
Izuku apretó los dientes.
Era el colmo que le ganara con tanta facilidad que resultaba hilarante.
—Estás muy distraído, Izuku —Le refería Enji, a medida que cortaban la distancia de la mitad de la pendiente.
—No dejes que sus comentarios te distraigan del objetivo —Aseguraba Shouto—. Bakugo sólo quiere molestarte.
Izuku hizo un sonido de afirmación.
—Eso ya lo sé.
Veía a Katsuki subir con una elegancia que no podía contener lo deslumbrante que se movía; su gran espalda era lo único que contemplaba con la garganta seca y el sudor bañándolo por completo.
—Ya pensé en una fecha para irnos a la playa.
—¿Eh? —Izuku tuvo que voltearse a verlo para creer lo que escuchó; de tener la cabeza llena de Katsuki, no recordaba aquel acuerdo.
—Seríamos nosotros dos, Izuku. Nadie más.
Izuku tragó saliva, con los nervios hasta la cabeza. Shouto quería algo con él, estaba seguro. No tenía pruebas, pero tampoco dudas.
Y para hacerle la situación más difícil, Katsuki se giró a verlo desde la distancia y sonrió con suficiencia.
En uno de esos días, Enji lo retuvo de realizar estiramientos al final de la corrida para decirle algo que llamó grandemente su atención.
—¿Sabes nadar?
Lo repentino de su acercamiento y la extrañeza de su proceder lo dejó con gesto interrogatorio; sin embargo, asintió.
Keigo, Shouto y Katsuki se les quedaron mirando.
—¿P-por qué pregunta eso, señor?
—Quiero ajustar unas cosas en tu entrenamiento —Mencionó con seriedad.
—Padre, no me digas que… —Fue Shouto—. Lo pondrás a hacer eso.
—Ah —Keigo se escuchaba entusiasmado.— Ya sé cuál es tu intención, Endeavor-san.
Enji respingó.
—Todo boxeador, en algún momento de sus vidas, debe hacer ese entrenamiento.
—Correcto —Afirmó Enji, aumentando la curiosidad de Izuku; lo miró a los ojos, denotando un fuerte aire de firmeza.—Es por eso que empezarás a intercambiar correr por la alberca.
—¿Qué?
Enji hizo un sonido de subsecuente irritación.
—Que nades —Obvió Keigo. —Es un entrenamiento que fortalece los músculos más que cualquier otra cosa. Y te ayuda a mejorar la velocidad.
—¿En serio? —Izuku abrió los ojos, impresionado.
Katsuki lo miró denotando indiferencia, y Shouto decidió intervenir.
—¿Para qué lo vas a mandar a nadar? Es muy pronto.
—Tonterías, Shouto —Rió Keigo.—Tu padre lo hace para que Izuku tenga más condición.
—No —Negó Enji, en tono autoritario—, Lo hago porque Izuku está distraído contigo y porque no crean que no me enteré de sus planes.
Izuku se puso rojo y Shouto se sorprendió; su cara decía «¿Cómo te enteraste?», a lo que Enji respondió:
—¿Crees que no sé que usas mi tarjeta de crédito para hacer tus compras? Te equivocas, Shouto.
—Padre de mierda.
—¿Qué me dijiste? Repítelo, Shouto.
—¡Te dije que eres un padre de mierda! Estás tratando de separarnos.
Katsuki emitió un sonoro gruñido que rompió con la tensión del ambiente; sus miradas se dirigieron hacia éste.
—Deja de entrometerte en donde no te llaman, bastardo —Dijo Katsuki—, Lo único que haces es entrometerte en la vida de los demás.
—¿Qué mierda has dicho? —Se le acercó Shouto.
—Chicos, no se peleen.
—Tú eres el causante de todo esto.
—¿Yo? Si eres tú el que lo quiere. Le metes ideas en la cabeza con esa actitud de mierda que tienes.
Shouto tomó de las solapas de Katsuki.
—¡Shouto! —Exclamó Izuku, alarmado.
—¡Shouto…! —Le siguió Enji; una vena brotando en su sien. —¡Suéltalo!
Katsuki lo miraba por encima del hombro con gesto retorcido.
—Odio que molestes a Izuku. ¡Sólo déjalo en paz!
Izuku corrió a separarlos, sin embargo, tanto Katsuki como Shouto no querían dejar la conversación para después, porque Shouto lo agarró más y Katsuki endureció sus facciones con gesto glacial, agarrándolo de regreso por las solapas.
Izuku colocó sus manos en uno de los brazos de ambos.
—No se peleen —Murmuró angustiado.
—Este imbécil es el culpable del por qué estás así, Izuku —Acusó Shouto.—Sé que es por él.
—¿Qué dices, Shouto?
—¡Hah! De no ser por ti, Izuku y yo nos íbamos a cas-
Enji los levantó con ambos brazos, alejándolos al instante; su entera expresión denotaba enojo.
Keigo puso cara de burla por lo hilarante de la situación.
Izuku estaba lívido.
¿Qué acababa de decir Katsuki? ¿De no ser por Shouto, se iban a casar? ¿Esa es la percepción que Katsuki tenía acerca de su rechazo?
Izuku empuñó las manos, ignorando que Shouto y Katsuki se dispusieron a discutir sobre quién tenía razón, fundamentándolo todo con sus actitudes, haciendo caso omiso a las regañadas de Enji y al festejo en la voz de Keigo diciendo que no hicieran enojar a Enji.
Izuku decidió regresarse corriendo.
Si no fuera porque Uraraka estuviera ahí, Iida le hubiera dado una sacudida en los hombros. Y fue porque Izuku les contó el asunto de Katsuki. Ambos se molestaron, más Iida que Uraraka, juzgando por el uso excesivo de cortar el aire con el antebrazo y la pose recta, y su traje impoluto resaltando su semblante autoritario.
—Es increíble que no te deja en paz —Se quejó.— Es una invasión a tu privacidad si se atreve a meterse en tus actividades. Bakugo no conoce de límites. ¿Se los pusiste? No, es claro que no. Deberías de ponerle un límite para que se detenga y te deje superarlo. Como tu amigo te puedo decir eso.
Izuku meneó la cabeza, pensativo. Vio la humedad del vaso de agua, cristalizar el vaso.
Estaban en la cafetería y habían notado a Izuku sumamente abstraído de la conversación que no tenía idea de qué trataba. Y, preocupados por su estado de ánimo, preguntaron.
Izuku, resignado a lidiar con la situación, no tuvo motivos para huir.
—Creo que Bakugo-kun quiere estar contigo —Comentó Uraraka, luego de Iida guardara silencio, molesto y con el puente de la nariz aleteando—. Pero no lo sabe expresar.
Izuku la observó, interrogante.
—Me refiero a que, siendo él una persona que no muestra sus emociones a otros, busca una forma de llamar tu atención. En su caso, de que lo vuelvas a aceptar.
—Pero, yo no pienso hacer eso.
—Bien dicho, Midoriya —Apremió Iida. —No le entregues tu corazón a traidores e insensibles.
Uraraka le dirigió una mirada de reproche, luego miró a Izuku, reconfortante.
—No tienes que decidir tan rápido, si sientes que es mucha presión. Lo más importante es que le des prioridad a tus objetivos y no desperdicies el dinero del título. Úsalo para un viaje o comprar un departamento.
—Sólo piensas en dinero —Bufó Iida.
—¿Qué tiene de malo? El dinero no cae de los árboles. Deku-kun debe valorarlo y usarlo a su conveniencia.
—Está en su derecho si lo hace o no. Midoriya puede hacer lo que quiera con él.
—Comprarse un gimnasio es una manera adecuada de usarlo.
Izuku sonrió.
—No voy a comprar un gimnasio. Estaba pensando en usarlo para irme a la playa con Shouto.
Les tomó un segundo a sus amigos para que su resolución hiciera efecto en ellos, porque en cuanto lo hizo, estallaron al unísono «¡Qué!», que Izuku amplió un poco su sonrisa y la inseguridad pobló sus facciones.
—¿Te vas a ir de vacaciones con tu ex? Midoriya, ¿Estás loco? —Exclamó Iida, perplejo.
—Estoy bastante bien… al menos en eso. Shouto dijo que estaría genial despejarnos y yo estuve de acuerdo en ir.
—¿Acaso piensas volver con él? —Interrogó Uraraka.
Izuku negó.
—¿Acaso piensas volver con él? —Interrogó Uraraka.
Izuku negó. —No lo sé… es muy amable conmigo, me trata bien y me apoya siempre.
—Le podrías dar otra oportunidad —Sugirió Uraraka—, Porque las cosas que Bakugo te hizo… es difícil perdonarlo. Pero si está intentando, no significa que no tenga sentimientos. ¿Qué piensas, Deku-kun?
—Kacchan me ha tratado mal y se ha burlado de mi incontables veces. Pero… me es difícil dejarlo ir. Aún me gusta.
—Es normal —Aseguró su amiga.—Se te va a pasar. Tú ve y gasta ese dinero con el rico hijo de Endeavor.
—Todoroki —Enfatizó Iida. —Se llama Shouto Todoroki.
Izuku estaba sonrojado hasta las orejas.
Que mencionaran a Shouto de esa forma, le erizaba la piel. Y no sabía si era por incomodidad o simplemente porque la entera situación lo ponía de los nervios.
—Volviendo al tema —Habló Iida con diligencia—, Creo que te sigue gustando porque es reciente. Esto se pasa con las semanas o meses, siempre y cuando comiences a separarte de Bakugo.
—Y si decides darle una oportunidad —Coincidió Uraraka—, Sabes que cuentas con nosotros para lo que sea. Te vamos a apoyar en lo que sea tu decisión. No lo dudes.
Iida se vio contrariado, pero acordó.
Izuku, con ojos cristalinos, asintió.
—Les agradezco chicos. Mucho.
Lo siguiente fue que comenzó a acudir a la alberca pública con el fin de mejorar su condición, e irlo alternando con las corridas matutinas, el gimnasio, los sparrings, la dieta. Era una rutina dinámica, de la cual regresaba exhausto a dormir y los estudios pasaban a segundo plano durante el día.
Izuku se mantenía tan ocupado que era extraño pensar en Katsuki, aunque esas rachas de pensarlo se le pasaban rápido. Y le venían a colación, cuando lo miraba en la corrida matutina y en el gimnasio.
Lo asombroso era que aunque estaba seguro de que no lo pensaba constantemente, si lo sus miradas se cruzaban, le invadía una poderosa sensación alrededor del cuerpo.
Una extrañeza que le hormigueaba del vientre hasta las piernas, y el sentimiento de que en uno u otro momento, lo abrazaría y besaría, incluso abandonaría la resolución de ignorarlo.
Entretanto, la rutina de nado matutino lo consumía demasiado. Si bien, no era ajeno a nadar, pero estaba lejos de su condición realizarlo con constancia y dedicación. Le costaba inmensamente adaptarse, sin embargo, le ponía el mejor empeño que podía, pues no había lapsos en los que su atención se desviara.
Todo lo contrario, sentía que descargaba sus turbulentas emociones de mejor manera que corriendo.
Shouto le comentaba que parecía que entrenaba más de lo que debía, y Enji le exigía que necesitaba rendir de forma más óptima su resistencia y condición y, lo más importante, que no había lugar para distracciones. Izuku supuso que se refería a que no hubieran distracciones en el ámbito emocional.
Sin embargo, la constante presencia de Katsuki de manera repentina en el gimnasio, el que Enji le pidiera que lo guiara con las manoplas, o que le contara las abdominales si éste se ocupaba guiando a Shouto en una combinación, una posición errónea de pie, o que le faltaba mayor precisión en el golpe de un costal, lo ponían en un grave aprieto.
Honestamente, Izuku prefería que Enji le dedicara la atención a él, con tal de no ponerle a Katsuki cerca. Pero no fue así.
Era una sutil tortura con la que tenía que lidiar, de la cual, dolorosamente se iba acostumbrando, y quizás comenzaba a desalentarse de su decisión.
—¿Me vas a ver con esa cara de idiota todo el rato, Deku? —Lo encaró Katsuki, mientras Izuku "contaba" las abdominales a un lado del cuadrilátero.
Izuku se sobresaltó, lo miró unos segundos con seriedad. La reserva con que Katsuki lo contemplaba era extenuante, y lo suficientemente penetrante para resollarse con cautela.
—Continúa —Indicó él—, Estaré contando.
Katsuki enarcó una ceja, burlonamente.
—¿Crees que no sé que me miras todo el tiempo?
—No sé de qué estás hablando.
La sonrisa de Katsuki se ensanchó.
—Lo sabes, Deku. No finjas.
Entonces, moviendo su mano, intentó acercarse a acariciar un espacio oscuro de su peca en el lado derecho, de no ser porque Izuku ladeó la cabeza, desviando su cercanía.
—Haz el ejercicio, Kacchan.
Katsuki bufó.
—No seas terco, Deku. Ambos sabemos lo que sentimos. No pienses que voy a detenerme con eso. Tú no lo hiciste, ¿Por qué lo haría yo?
—Esas —Apuntó Izuku, girando la cabeza para verlo a los ojos—, Son dos cosas diferentes. No lo confundas, Kacchan.
—El confundido eres tú. Sólo estás prolongando lo inevitable. Los sentimientos no mueren tan rápido. Los míos siguen intactos, Deku. Izuku. Me gust…
—Eres tan persistente —Irrumpió Shouto, en tono pesimista.
Katsuki gruñó, e Izuku se puso del color del betabel.
—Tú eres el persistente —Acusó Katsuki—. Nadie te habló, bastardo. No sabes cuándo rendirte.
Shouto suspiró pesadamente, rodando los ojos hacia arriba con un sutil gesto de indiferencia que a Izuku no le pasó desapercibido, y tampoco a Katsuki, porque respondió:
—¿Por qué no te largas si no me soportas?
—Soportarte, lo hago. Eres mi amigo.
—¡No somos amigos!
Izuku se levantó, colocando una mano en la cintura, y mirando a Shouto, dijo:
—¿Quieres contar tú? Voy atrasado con mis abdominales.
—¡Qué mierda dices, Deku!
—Si gustas… no tengo problema con contar —E hincándose, agarró las suelas de los tenis de Katsuki y lo ancló en el suelo.—Vamos, Bakugo.
Katsuki lo observó con la boca entreabierta, como si lo hubieran ofendido de la peor manera posible. Katsuki se levantó con gesto de molestia y le dedicó una expresión glacial a Shouto, quien hizo una mueca inexpresiva.
—¿Qué haces, Bakugo?
—No quiero que me ayudes tú.
—Estás retrasando a Izuku.
—¡Una mierda! Las podemos hacer juntos.
—Las harás con Shouto —Interrumpió Enji, en tono autoritario y expresión fastidiada; los tres se detuvieron en sus sitios.— E Izuku las hará por su cuenta. Eres nuevo y necesitas ayuda. No estás en posición de quejarte.
Katsuki lo ojeó con reticencia y cedió.
Volver a comer comida echa por su madre le había devuelto el entusiasmo por reforzar su dieta alta en carbohidratos y proteína, de la cual le solicitó no ponerle el polvo de proteína en el arroz porque era una atrocidad para las papilas gustativas.
Se había mudado con ella, luego de que el cansancio tanto físico como emocionalmente comenzaba a consumirlo y necesitaba su apoyo y compañía.
El viaje con Shouto se estaba acercando, así como las insistencias de Katsuki para con él: desde quererlo invitar a comer constantemente a irse con Enji, Shouto y él en el mismo vehículo de regreso del gimnasio.
Verlo ya era una costumbre demasiado arraigada que era inadmisible buscarle una alternativa. Sin embargo, a veces notaba que una señora le tomaba fotos (o eso era la impresión que tenía al ver a una mujer de mediana edad sosteniendo una cámara en sus manos y uno que otro momento subirla a su cara) a distancia cuando se encontraba en el mismo sitio que Katsuki. Era raro, pensaba, que alguien lo siguiera a él o al rubio, pero que ninguno de los dos dijera algo al respecto.
La intriga lo llevaba a quererle preguntar a Katsuki sobre lo de la señora, de la cual se había acordado que se trataba de la misma persona que lo aproximó en el restaurante North, pero no quería adelantarse a asumir algo que no le concernía; o al menos eso era lo que suponía, puesto que no quería tratar con Katsuki.
Incluso cuando Enji se ofrecía a llevarlo a su casa, el rubio se entrometía para acompañarlos. Una de esas ocasiones, se quedó dormido (debido al cansancio) en la esquina del coche, con la frente pegada en el vidrio y despertó viendo que tanto Katsuki como Shouto se miraban con desdén y ninguno dijo nada hasta el día siguiente en que se vieron; aunque sólo fuera para que Katsuki le reafirmara a Shouto cuánto lo odiaba y éste de que eran amigos y no le importaba su opinión.
Esas discusiones las tenían a diario, e Izuku lejos de cansarse de ellas, ya estaba acostumbrado a los desacuerdos entre ellos.
Además, Toshinori lo visitaba en el gimnasio para ver sus avances, maravillándose del logro en su velocidad y resistencia, al punto de comentarle a Enji que haberlo mandado a la piscina a realizar nado de mariposa y el de crol estaba surtiendo un efecto positivo en su rendimiento y en persistir los doce rounds de sparring con Shouto y Ojiro, quien frecuentaba el gimnasio con Toshinori con el fin de variar los sparrings.
Por otro lado, sus horarios de estudio con Iida en la biblioteca lo dejaban exhausto. Estaba haciendo malabares con su tiempo, que ya no le alcanzaba para él mismo, ni para descansar. Sólo el boxeo, estudios y sus notas de boxeadores.
De pronto, Enji lo llamó para un sparring entre semana a eso de las siete. Le extrañó la hora, pero no dudó de ir. Cuál fue su sorpresa al encontrarse a Katsuki colocándose el bucal y poniéndose la careta de color negro. Le temblaron las piernas y los nervios se acumularon en el vientre.
Qué era lo que ganaba Katsuki haciendo sparring si no era boxeador amateur, y mucho menos profesional. A menos que en su insistencia de estar pegado a él, lo habían llevado a ese punto inhóspito de su agujereada relación.
Izuku sólo podía pensar que era demasiado. Katsuki se estaba pasando y nadie le ponía un alto.
Sin decirle nada, ni verle, se puso su equipo, ante la mirada incrédula de Shouto, puesto que él acaba de llegar por mensaje de su padre de hacer acto de presencia y, juzgando por su reacción, tampoco estaba enterado de los menesteres de su padre.
—Es un idiota si quiere ponerte a chocar guantes con Bakugo —Bramó Shouto, amarrándole las cintas de los guantes.
—No puedo rehusarme a un sparring con quien sea —Dijo Izuku, desganado. —Estoy preparándome para pelear con cualquiera que me quiera en el cuadrilátero. Este sigue siendo el camino que escogí y si Kacchan busca oponerse a él, no tengo más remedio que hacerlo a un lado.
—Puedo hacerlo en tu lugar —Sugirió —, Bakugo y yo pesamos lo mismo. Sería más equitativo que me suba yo.
Izuku puso cara de duda.
—No lo sé, Shouto. Oponerme a la palabra de tu padre… es mucho. P-puedo contra Kacchan.
—No, déjamelo a mi.
Izuku lo miró, inseguro.
—Shouto…
Shouto sonrió, tranquilamente.
—Lo haré bien. Confía en mi.
Le amarró las cintas y pasó a colocarle la careta por detrás.
—¿Confías en mí?
—Sí…
Izuku sentía los nervios a flor de piel, la sensación escurridiza y cálida del interior de los guantes amoldaba la forma de sus puños, el sudor colmado e insípido que transpiraba rápidamente la tela de la playera deportiva.
—Puedo hacerlo entender con mis puños.
Izuku le dedicó una mirada de «no digas eso», a lo que éste respondió—: Es mejor que oír sus gritos.
Izuku sonrió un poco.
—Quieres hacerle pagar por algo que no te ha hecho —Obvió Izuku, con voz escurridiza a través del bucal.
—Te involucra a ti —Dijo Shouto, empleando el mismo tono que Izuku—, Eso es suficiente. Ya estás listo. No dudes en decirme si necesitas que suba en tu lugar.
Izuku sacudió la cabeza. Tenía el equipo puesto, Enji le amarraba la careta en la nuca a Katsuki, mientras éste lo observaba con suma quietud. Izuku apretó los dientes, asiéndose de lo insostenible que se volvía todo eso.
Ambos subieron al cuadrilátero, en lo que Enji mencionaba las instrucciones para que el combate fuera limpio y parejo desde abajo, con Shouto, Keigo y Burning ,la asistente de Enji, quien recién acababa de llegar de una pelea en Estados Unidos, donde tuvo su campamento de entrenamiento. Ella era una boxeadora, con entusiasmo contagiante, cabello de color verde con matices de dorado, ojos chispeantes y una actitud ruidosa que sacaba más gritos de Katsuki que cualquier otro miembro del gimnasio.
—No vayas a perder, Bakugo —Le decía ella, sacando gruñidos del rubio.
—¡Lo harás bien, Bakugo! —Le gritaba Keigo.—Es sólo un sparring. Midoriya no seas tan duro con él.
Izuku movió los ojos hacia un lado.
Enji se volvió a él, y con gesto autoritario, dijo—: No te contengas.
Izuku lo miró interrogante.
—Es un principiante, pero tiene buena técnica, velocidad, inteligencia, y sobre todo —Se detuvo, complacido—, Voluntad. Te servirá para tu siguiente combate —Luego, dirigiéndose a Katsuki—, Serán cuatro rounds. Si sientes que es demasiado para ti o que te están castigando mucho, me haces saber.
—Sí, viejo.
—No te olvides de poner en práctica lo que has aprendido.
Enji se bajó el cuadrilátero, le indicó a Shouto que programara el aparato que contaba la duración de un round y el minuto de descanso.
El foco se encendió en verde, indicando que era el momento de dar inicio al sparring. Chocaron guantes y Katsuki fue el primero en darle un jab derecho directo a la nariz. Izuku puso cara de confusión, que inmediatamente se evaporó por que Katsuki le realizó una combinación de cuatro, luego guardó distancia unos instantes, hizo una finta de izquierda y atacó con derecha.
Izuku estaba anonadado por la destreza de Katsuki. En tan poco tiempo había aprendido lo básico y, se atrevería a decir, lo avanzado. Su contraataque era efectivo, aunque para el segundo round, notó que su defensa no era del todo infalible; porque Izuku le hizo una finta de jab, y tiró una combinación de ocho golpes, de los cuales, percibió la evidente falta de esquivar de Katsuki.
Entonces, pensó que Enji no le había enseñado a protegerse de los golpes lo suficientemente bien de un boxeador profesional. Era prueba comprobable que Katsuki no era el hombre perfecto que se manejaba en el gimnasio, ni el hombre que bufa que tiene todos los conocimientos a su disposición y sabrá cómo usarlos a su favor.
Izuku le asestó un buen golpe en la cara, donde notó que retrocedió y luego un gancho al costado, un gruñido y un derechazo a la quijada de parte del rubio, que Izuku supo que Katsuki le exclamó:
—¡Esto no es nada, Deku! ¡Puedo aguantar tus golpes!
—Es un sparring, Kacchan.
Katsuki respingó.
La campana sonó, indicando que faltaban diez segundos para la conclusión del round.
—Vamos, estúpido. Demuéstrame que no eres un Deku de mierda.
—Es un sparring, Kacchan —Repitió Izuku, aguzando sus sentidos para no perder la concentración.—No puedo hacer eso.
—¡Vete a la mierda! —Katsuki le asestó un duro golpe en la quijada, que lo hizo trastabillar con sus pies.
Sonó la campana.
—No te distraigas, Izuku —Regañó Enji. —Es experiencia. Experiencia, experiencia. Úsala.
—Está distraído pensando en lo guapo que se ve Bakugo con esa playera pegada.
—¡Qué dijiste! —Resopló Enji.
—No es mentira.
—Bakugo, baja del cuadrilátero. Eres tú el que está viendo su cuerpo.
Katsuki puso cara de fastidio e Izuku se ruborizó entero, agitado por el comentario de Keigo.
—¿Yo? —Keigo hizo expresión de inocente.
—Estás viendo cuerpos ajenos —Acusó.
—Ahh, pero el tuyo es mejor.
Enji respingó.
—No me subestimes —Protestó Katsuki; luego mirando a Izuku—, Que no me voy a contener.
Izuku tragó saliva.
El sudor le escurría por el cuerpo, abrazándolo por completo. El corazón le bombeaba como si la cabeza le fuera a explotar, los músculos de sus brazos ardían, sus puños endurecidos por la presión.
Shouto se subió al cuadrilátero, situado tras las cuerdas.
—Lo estás haciendo bien, Izuku.
—¿Eso crees? Parece que me está dando una paliza.
—Su defensa…
—Sí, no es la mejor, pero con su inteligencia, se aprenderá todas mis técnicas.
—No le hagas creer eso.
Izuku pasó una toalla por su frente, removiendo el sudor y después le dio un sorbo de agua, que tanto necesitaba.
La campana sonó y siguieron con los rounds restantes. Katsuki no se retenía de asestarle golpes a cada instante en que Izuku esquivaba y mantenía distancia en las esquinas; tras el segundo round no quiso lastimar a Katsuki. Odió su debilidad al permitirse no pegarle demasiado duro, dado que no quería que su relación se tornara de ese modo.
Se preguntaba si cambiaría algo en su relación si se llegaran a lastimar así, si los golpes los llevarían a algún lado, o si evitarse constantemente sería un acto de beneficencia para que sus emociones salieran a la luz.
Pero Katsuki insistía, insistía ir de frente con él y no había escapatoria. No podía ignorarlo. Esos ojos rojos lo veían fieros, ensangrentados por el contorno oscuro de sus pupilas, y eso hacían cosas en él. Provocaban que el fuego que sentía por él aún perdurara y que el desasosiego lo empujara a soltar los golpes que no tenían dirección en el mapa de sus sentimientos.
Así de simple, así de complicado.
—¡Vamos, Deku!¡Tira más!¡Demuestra que eres un hombre!
«¿De qué está hablando?» Izuku fruncía el entrecejo, recibiendo la oleada de combinaciones. «Si no lo quiero golpear. Kacchan se está metiendo en donde no sé si pueda lidiarlo. Lo está haciendo porque quiere que lo perdone, me lo ha dicho. Sus golpes duelen tanto como sus palabras, y no puedo esconderme siempre, porque me termina encontrando. Aun así, duele que me trate de esta manera».
Katsuki le asestó un golpe en la quijada por debajo, en los últimos segundos del cuarto round que en su distracción, no vio. Se tambaleó y éste aprovechó para darle otro derechazo que lo tumbó en la esquina del cuadrilátero. Cayó de rodillas, con el sudor escociendo sus ojos y la impotencia consumiendo cada célula de su cuerpo.
Jamás había perdido los estribos en un sparring.
Sentía la mirada distante de Enji dirigida hacia él, luego cambió a una tranquila cuando vio a Katsuki.
—Lo hiciste bien —Lo escuchó decirle—. Para ser tu primer sparring, te luciste. Aplicaste todo lo que te he enseñado. Y tú, Izuku, se supone que deberías de dar el ejemplo. Eres un profesional. Parecías un amateur. Fue un sparring decepcionante de tu parte.
Izuku bajó del cuadrilátero, percibiendo la seriedad aflorando en Shouto. El festejo de Burning ante el triunfo de Katsuki, Keigo acercándose a felicitar a Katsuki, pero siendo detenido por Enji, quien lo sostuvo con un brazo y lo alejó de él.
Se sentía indignado por su incapacidad de gestionar sus emociones. Lo sabía. Sabía que permitir que Katsuki entrara forzadamente a su mundo y jalar todos los hilos que lo formaban y el irrefrenable deseo de acabar sus sentimientos le perforaban el alma y el corazón.
Izuku se fue a toda velocidad de ahí, con Shouto siguiéndolo. El ruido amortiguaba sus tímpanos ensordecidos, la sangre calentándole el cuerpo como si estuviera en estado pegado. Los golpes lo dejaron lamiendo el hastío de sí mismo.
Entró a los casilleros del gimnasio echo un manojo sudado e inquieto.
—Lo hiciste bien, Izuku —Aseguró Shouto.
—No, no mientas —Espetó Izuku, buscando desesperadamente quitarse la careta y los guantes, escupir el bucal. Nada en él denotaba calma.—Hice todo mal. Me dejé golpear, me cegué. Fui un tonto… ¡Soy un tonto! ¡Un idiota! Lo que Kacchan siempre ha creído de mí.
—No, Izuku.
—Debí hacerte caso. No debí ir. Necesito quitarme la careta, ayúdame a quitármela, Shouto, por favor.
—No te preocupes. Hiciste lo que creíste mejor.
—Boxeé horrible. Mi técnica no estaba pulida, se notó mi desconcentración. Soy un tonto…
Izuku se limpió las lágrimas, con la punta de los guantes. El nudo en la garganta le aplastaba la voz.
—Sé que es bueno, es perfecto. Que todo le sale. Me echó en cara que es mejor que yo en todo, incluso en mi profesión.
—No te desgastes, Izuku. Eres excelente como boxeador.
Habiéndose removido la careta y los guantes, dejó que sus lágrimas lo consumieran en vista de que estaban solos. Y por tanto, podía permitirse ser vulnerable.
Pronto, su semblante cambió a uno de sorpresa cuando vio que Shouto se ponía el bucal y se colocaba la careta con torpe rapidez, mientras forzaba que los guantes le entraran por las manos. Su respiración se había tornado errática.
—Shouto, ¿Qué haces?
—No te preocupes, Izuku —Shouto sacudió la cabeza.—Mi terapeuta diría que no dejas de torturarte con lo mismo.
—Shouto, yo, no puedo con esta situación. No sé qué más hacer. ¡Espera!¡No te pongas la careta!
—Me pondré la careta. Sé amarrarla por mi cuenta, Izuku.
—¡No! ¡Quítatela!
Shouto le dirigió una mirada que decía que no aceptaba un «no» por respuesta.
—No lo haré. Te apoyaré. No me gusta verte sufrir.
Izuku lo observó con reserva, entre sus ojos llorosos y el rostro acalorado por el ejercicio.
—Esta no es la manera, Shouto.
Shouto lo contempló por fracción de segundo antes de marcharse, diciendo «Con esto, podremos irnos, como quedamos. Sólo di cuando».
Izuku suspiró pesadamente, hundiendo las manos en su rostro. Shouto le estaba resolviendo los problemas que él no pudo ponerles un alto, por su cuenta. Su infranqueable torpeza de dudar de sí mismo, de tropezarse con su incapacidad de darles solución a sus necesidades.
Se quedó con la cabeza descansando en el casillero. Sí, era cierto. Dejaba que otros le dijeran que hacer, que velaran por su bienestar y él… él dejaba su bienestar en otro plano. Tenía miedo y seguía teniéndolo. Miedo de sus sentimientos, miedo de sus pensamientos, miedo de soltarse, de gritar, miedo de cuál era el siguiente paso que necesitaba dar, miedo de sí mismo.
Nada de lo que salía de sus sollozos era prolijo, ni tranquilo.
Lo que sea que ocurría en el sparring era una serie de eventos que lo involucraban, pero no tenía cara para plantarse y hacerles ver a Katsuki y Shouto que la situación no le afectaba.
Salió tras vestirse rápidamente, con la agitación visible en su rostro, la sangre irascible y desenfrenada correrle por el cuerpo como si de un aguijonazo se tratara.
Y la imagen que vio lo dejó impactado: Shouto tirando con múltiples golpes a Katsuki, con una fuerza aplastante para ser un sparring.
Seguido de un «no te sigas metiendo con él» de Shouto que se escuchó por todo el piso y un «¡Vete a la mierda!» De Katsuki, que bien pudo hacer caer el edificio.
Ver a Katsuki con el cuerpo enroscado en la esquina del cuadrilátero, con el sudor evaporándole la piel, su voz visiblemente alterada, hizo algo en él. Luego vislumbrar cómo se arrancaba—literalmente— el equipo, ignorando las recomendaciones de Enji, las palabras de consolación de Keigo, eclipsadas por los gruñidos de su pareja, la burla de Burning de que Katsuki debería de haberlo hecho mejor, entremezclado por sus ojos rojos entrecruzándose con los suyos a la distancia.
Érase una imagen dolorosa que encarnaba lo que se habían hecho hasta ahora.
Lo único que Izuku sabía era que le tenía que poner un término a esto. Verbalizar su respuesta definitiva, que le daría un ante y un después al rompecabezas en el que ambos se vieron parte.
Izuku cruzó las puertas del gimnasio hacia la calle. El aire fresco del otoño le pasó por la cara como una larga y ancha pincelada.
La cabeza hervida comenzaba a disipar su temperatura.
Caminó unos cuantos pasos hacia la parada del autobús.
—¡Deku!
Izuku suspiró, apesadumbrado; giró la cabeza a éste. Su aspecto desprolijo, denotaba que ni siquiera hizo los estiramientos, ni enfrió como Enji lo indicaba luego de entrenar.
—Te contuviste. Me subestimaste, nerd de mierda. ¿Acaso crees que no soy tan bueno como tú?
—No te subestimé —Dijo lento, pausado; por nada se debía ver su desesperación.
—¡Pendejadas, Deku! Te conozco, no peleas así.
—¡No me conoces, Kacchan! —Izuku empuñaba las manos, el cuerpo vibrando.—Conoces lo que yo te mostré de mi, porque nunca quisiste conocerme. Y ahora estás aquí. Entrenando en el mismo lugar que yo, apareciendo frente a mi cuando te dije que te olvidaría. Eso debería de haberte hecho feliz, Kacchan.
Katsuki tenía fruncido el ceño, la chamarra le caía de los hombros, al igual que el tirante de la mochila de mano deportiva. Los mechones mojados de su cabello hacían lucir su puntiaguda cabellera, una belleza diferente.
—No te hagas el desentendido, sabes por qué estoy…
—Para que te dé una oportunidad, ¿No es así? —Interrumpió Izuku—. Kacchan… La semana pasada me invitaste al cine a ver la segunda parte de la película que yo te invité a ver. Te metiste a entrenar donde yo entreno, habiendo otros gimnasios. Entras a la biblioteca cuando estoy estudiando. Conoces mis horarios. Me buscas, me invitas a cosas que nunca acepaste ir conmigo. ¡Estás haciendo lo mismo que yo!
—¡Lo hago y qué, Deku! ¡Qué carajos vas a hacer!
—¡Ya sé que eres mejor que yo! ¡Siempre lo he sabido!
—No cambies de tema, Deku —Apuntó Katsuki.
—¿Querías venir para mostrarme que incluso en el boxeo eres mejor que yo? —Siguió Izuku, ignorando su comentario—, ¿Que estaba bien desconcentrarme, jugar conmigo, hacerme sentir igual de patético desde que decidí que quería ser tu novio, provocar que no deje de pensar en ti? No es justo, Kacchan.
—Eso es lo que quiero, Deku.
—No lo vas a obtener de mí, Kacchan —Izuku puso una mano abierta en su pecho—, No te quiero cerca. Quiero que te alejes de mi.
—Una mierda haré eso.
Katsuki dio un paso e Izuku retrocedió otro.
—¡No quiero que estés cerca!
Izuku se dio la vuelta dispuesto a finalizar esa conversación, pero Katsuki lo jaló del brazo y tiró de él, forzándolo a regresar su mirada a éste.
—¡Qué carajos quieres que haga! ¡Dime, Deku! ¡Lo haré!
La cara de Katsuki gritaba «haré lo que sea necesario» a lo que Izuku sintió una sensación amarga que le hundía los pies al fango. Esa mirada… él también la había tenido y lo sabía sin siquiera haberse visto en el espejo. Esa hambre y ansias.
—Ya no sé qué más hacer, dime lo que quieras que haga. Quieres más maldito tiempo, quieres que sea…
—No quiero que hagas nada, Kacchan.
Katsuki lo vio, confundido.
—No necesito que imites todo lo que yo hice para conquistarte. Eso lo hice porque así pensé que me funcionaría, porque así soy yo y eso fue lo que creí correcto. Vi que no me funcionó, desistí y cambié. No me rendí.
Katsuki estiró sus manos y agarró las solapas de su chamarra, mirando hacia la suelas de sus zapatos; sacudió la cabeza.
—Si realmente quieres estar conmigo, tienes que ser tú mismo. Hacerlo a tu modo. Como tú lo harías.
—No sé hacer esa mierda cursi.
—Entonces —Izuku removió sus manos, como si buscara quitarse un peso de encima—, No lo hagas.
Katsuki gruñó, encogido de hombros.
Izuku suspiró, sabiendo lo que haría, no había vuelta atrás. Se dio la vuelta, metiendo las manos al bolsillo de la chamarra, con el aliento pesado y las mejillas enrojecidas. El autobús había llegado.
—Sígueme —Pidió con la voz firme.
—¿Hah? ¿Deku?
—Sígueme, Kacchan —Habló más fuerte.
—Te escuché, idiota. ¿A dónde?
Izuku se subió con Katsuki detrás de él; y así estuvieron el resto del camino, con Izuku en silencio, sintiendo los latidos creciendo a medida que llegaban a su parada.
Katsuki insistía en tener una respuesta, que claramente Izuku no quería dársela. No todavía.
Se bajaron. Izuku lo condujo por una serie de callecitas aledañas, en un vecindario callado con casas de buen ver.
Izuku caminó y caminó, optimizando su ausencia verbal a toda costa. No fue hasta que se detuvo en un edificio de cinco pisos, entraron, subieron al cuarto piso, que habló, luego de colocar las llaves en la cerradura.
—Estamos en mi casa, Kacchan.
—No soy idiota, Deku, pude notarlo cuando no bajamos.
—Entra —Indicó Izuku, sumamente serio.
Katsuki se vio contrariado por un segundo, pero ingresó.
Izuku tomó su mano, sin dejar que se quitaran los zapatos, lo empujó hacia la pared y siendo visto por esos ojos rojos, lo abrazó, rindiéndose ante todo y sí mismo.
Hundió su cara en la abertura de su hombro.
—Izu. Izuku…
—Ya no tienes que hacer nada, Kacchan.
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NOTAS: Opté por tomar esta ruta en la historia.
Espero que les guste el capítulo.
