5
DESPERTANDO
Echo apretó la mano de su hermano, envuelta en el aroma a lluvia nueva.
Los hermanos estaban sentados en el rellano a la puerta de la casa de invitados, con los pies colgando sobre el vacío. Echo echó un vistazo hacia abajo, hacia la mareante caída que había entre sus pies. El viento aullaba como un oni herido, la lluvia era un tamborileo constante, ahogaban los sonidos del pueblo que los rodeaba. Estaba teniendo lugar algún tipo de jaleo cerca del corazón de la aldea, pero Echo no conseguía que le importara. Columpió los pies adelante y atrás, dejó que las lágrimas cayeran y la miseria la cubriera en frías ondas solitarias.
Pobre Daken…
No era más que un gatito cuando lo encontraron, mordisqueado por las ratas comedoras de cadáveres, dentro de un desagüe de la ciudad de Kigen. Él los había querido y ellos le habían devuelto ese cariño. Para Echo, era el mejor amigo del mundo. Y ahora ya no estaba. Echo se secó el ojo bueno y agachó la cabeza, observando sus lágrimas caer en espiral hacia el vacío. Intentó no pensar en cómo había acabado, cómo ella hubiera podido impedirlo, cómo el yakuza que le había matado de un pisotón había muerto demasiado rápido a manos de Gustus. La venda que cubría el lado izquierdo de su cara tenía una costra de sangre seca, la agonía de la cuenca de la que le habían arrancado el ojo aún punzante y real. Intentó no pensar en eso tampoco.
Fracasó en ambos intentos.
Murphy lo estaba pasando peor. Todavía tenía la cabeza envuelta en gasas a consecuencia de la paliza, y las jaquecas eran constantes y persistentes. Conmoción cerebral, decían. Se curará con el tiempo, decían. Pero cuando Echo miraba a los ojos de su hermano, ya no veía al mismo Murphy. Veía el recuerdo de un chico guapísimo, frío y muerto en un charco de sangre semicoagulada.
Una sonrisa sin labios. Una cara sin ojos.
Pobre Lincoln…
Se preguntó qué harían ahora. A dónde pertenecían. Los pocos días desde que habían aterrizado en el pueblo Kagé habían sido todo borrosas visitas a la curandera, tragos de té medicinal y dolor.
Echo no había tenido la oportunidad de hablar con Lexa todavía.
Ni siquiera había hablado de verdad con Murphy sobre la muerte de Lincoln. Todo estaba ocurriendo tan deprisa. Simplemente necesitaba un minuto para respirar…
Una ráfaga de viento empujó su desgreñada melena sobre sus mejillas empapadas, los truenos en lo alto sonaban mucho más cerca que las nubes. Oyó unas garras revolver sobre un tejado de paja, el gemido de un madero torturado. Echó un vistazo por encima del hombro, vio un par de rasgados ojos ambarinos que la observaba. La tigresa del trueno estaba encaramada en lo alto del tejado de la casa de invitados, sus alas medio desplegadas danzaban con una débil electricidad. Su presencia podría haberle quitado la respiración a Echo, si no fuese porque la había gastado toda en lágrimas.
—Murphy —susurró.
Su hermano se giró y vio a la bestia, se le quedó el aire atascado en los pulmones. Echo tenía los pelos de punta, el ozono le hacía cosquillas en la nariz. Como había hecho con las ratas y los gatos desde niña, estiró su mente hacia el calor, temiendo que estuviera demasiado caliente para tocarlo.
Hola.
…HOLA, NIÑAMONO…
Echo parpadeó en dirección a la bestia, se frotó el ojo con los nudillos cubiertos de costras. Su voz sonaba como un trueno en la cabeza. Apretó los dedos de su hermano, susurró asombrada:
—Murphy, me está hablando…
Murphy les dio la espalda, volvió a perder la vista en el bosque.
—Has estado hablando con bestias desde que eras una mocosa. No es nada nuevo.
—Su voz, Dios, es como una tormenta dentro de mi mente. Prueba tú.
Murphy frunció el ceño, señaló las gasas que le envolvían la frente.
—Dolor de cabeza.
Echo se volvió hacia la arashitora, estirándose con cautela hacia su calor de nuevo. La sensación era distinta a cualquier cosa que hubiera conocido antes, nubes de tormenta en su mente, la electricidad bailaba sobre su piel.
Tu nombre es Kaiah, ¿no?
… SÍ…
Yo soy Echo.
…¿POR QUÉ TÚ LLORAS?…
Echo pestañeó, desconcertada. Sorbió con la nariz, se remetió la maraña de pelo detrás de las orejas.
Sin prolegómenos, ¿eh? Sin poesías ni flores. Simplemente directa al tema.
… ¿QUÉ?…
… No importa.
La arashitora empezó a atusarse las plumas, enderezando las coberteras de su ala izquierda con un pico negro y cruel, del mismo color que rodeaba esos maravillosos ojos ámbar. Echo la observó, fascinada, como si un personaje de un cuento infantil hubiese pasado del papel a una maravillosa vida en tecnicolor. Sus pensamientos resonaban dentro del cráneo de Echo; estroboscópicos, violentos, ensordecedores.
La bestia parpadeó, agitó la cabeza.
…¿POR QUÉ TÚ LLORAS?…
Porque mi amigo está muerto.
…LEXA USA ESTA PALABRA. NO SÉ SIGNIFICADO…
¿Amigo? ¿No sabes lo que es un amigo?
La tigresa del trueno ladeó la cabeza, agitó la cola de un lado al otro.
…¿PADRE DE TUS CACHORROS? …
Era un gato.
…¿CÓMO PUEDE NIÑAMONO APAREAR CON GATO?…
¿…Qué?
…¿ERA GATO ALTO?…
Dios, no… mira. Era mi amigo. Hablábamos, cazábamos juntos…
…AH. CAZAR, QUIERES DECIR COMPAÑERO DE MANADA…
… Supongo.
La tigresa del trueno hinchó el buche, desplegó las alas.
…MANADA ENTIENDO. ESO ES BUENO…
Me alegro de haber sido de ayuda.
Echo oyó voces exaltadas por encima de la lluvia torrencial, el ruido atronador de unas alas. Murphy levantó una ceja inquisitiva, miró hacia el lugar del que provenía el creciente alboroto, gente corriendo y gritos. El motor de una nave voladora chisporroteó al arrancar en algún sitio a lo lejos, el zumbido de la hélice hacía picadillo los truenos. Se llevó la mano a la frente y masculló entre dientes:
—¿Qué demonios está pasando ahí? No tienen ningún respeto por los dolores de un cuerpo, estos palurdos.
Los hermanos alzaron la vista al cielo cuando otro tigre del trueno se lanzó en picado desde lo alto, yendo a aterrizar sobre la plataforma con un crujido. Echo sabía por las leyendas que el nombre de la bestia era Buruu. Era espléndido: pecho ancho y músculos abultados y fuego centelleando en los ojos; pequeños relámpagos brotaban de sus alas de relojería. Pero Echo estaba aún más fascinada por la chica que iba montada sobre él. Lexa. La chica que había visto por primera vez en la Plaza del Mercado de Kigen. Entonces le salía sangre por la nariz. El lanzador de hierro en el puño del Shōgun apuntaba a su cabeza. Echo podía oír otra vez las palabras en su mente, tan claras como si Lexa las hubiese pronunciado en voz alta.
—Déjame enseñarte lo que una sola niñita puede hacer…
El pelo ondeaba alrededor de su cara en olas negras, sujeto solo por las gafas como de buceo que llevaba sobre la frente. Caminaba entre el revoltijo de hojas que marcaba su llegada, pálida como las cenizas. Echo podía ver por qué la gente hablaba de ella de la manera que lo hacía. Había algo más allá de la belleza superficial, una fiereza en su forma de moverse. Una electricidad que zumbaba en el aire que la rodeaba.
Murphy inclinó la cabeza, una pequeña sonrisa torcida sobre los labios.
—Señora de las Tormentas.
La chica le devolvió la sonrisa.
-—Solo Lexa, Murphysan.
Kaiah cruzó la mirada con Buruu y Echo sintió el desdén en la mente de la hembra, un gruñido ronco en el pecho. Echo miró de uno a otro, luego a su salvadora. La chica que los había rescatado después del ataque a Kigen. La chica a la que Echo le debía la vida. Vio que Lexa tenía la cara arrebolada, los ojos muy abiertos. En alguna parte del Kenning, sintió ira. Angustia. Pesar.
—¿Estás bien, Lexasan?
La chica suspiró, se puso en cuclillas al lado de los hermanos. Retiró un mechón de pelo perdido de su boca, las gotas de lluvia perlaban su piel como joyas. Su voz sonó pesada como el plomo.
—Siento haceros esto. Siento que no hayáis tenido tiempo para descansar. Pero ha pasado algo. La rebelión se está escindiendo. Me voy de aquí hoy. Quiero que vengáis con nosotros.
—¿Escindiendo? —Echo parpadeó—. ¿Por qué?
—Hay una insurgencia dentro del Gremio del Loto. Creo que podemos utilizarlos como aliados, pero otros Kagés se niegan a luchar a su lado. Es todo odios y rencores y política. El caso es, que Buruu, Kaiah y yo vamos a tomar una nave junto con los menos combativos de los Kagés. Vamos a Yama. El Daimyo del clan del Zorro desairó al Shōgunato negándose a asistir a la boda real. No es ningún amigo del gobierno ni del Gremio. Y espero convertirlo en amigo nuestro.
—Vas a dejar tirados a tus amiguitos rebeldes —dijo Murphy—. Así sin más.
—Voy a seguir luchando. Pero no puedo ser parte de una rebelión que asesina a personas inocentes. Espero que podáis entenderlo. Espero que vengáis conmigo.
Echo hizo un esfuerzo por no fruncir el ceño.
—¿Dónde íbamos a ir si no?
—A donde queráis. No quiero que penséis que me debéis nada. Esto es una guerra y yo estoy metida en ella hasta el cuello. Lucho para derrocar al Gremio y liberar a este país del loto de sangre. De la neblina tóxica. De las tierras muertas. Del veneno que es el chi.
—Lo sé —sonrió Echo—. Te he oído hablar en la radio.
—Me llaman terrorista. Dicen que estoy intentando destruir el país entero, no solo el Gremio. Y por cada persona que escucha la radio pirata, hay una docena que anhelan volver a los días de la abundancia. —Lexa encogió los hombros—. Parte de mí no puede culparlos. No existe respuesta fácil. Nos esperan tiempos duros una vez que haya desaparecido el Gremio.
—Nos esperan tiempos aún más duros si se queda.
—Intenta decirle eso a una muchedumbre enfervorizada.
—Tres señores de las tormentas pueden gritar más alto que uno solo.
Murphy resopló, pero por una vez, se guardó su opinión para sí mismo. Lexa miró a uno y a otro, la pregunta bien clara en sus ojos.
—Eres una chica lista, Lexa. —La risa de Echo alegró el atardecer cada vez más oscuro—. Pero estás jodidamente loca si crees que vamos a volver a dormir en las alcantarillas después de ver todo esto.
—Entonces, ¿vendréis conmigo? ¿Lucharéis?
—Haremos más que luchar. —Echo cogió a su hermano de la mano—. Ganaremos, maldita sea.
Lexa sonrió de oreja a oreja y la envolvió en un abrazo de oso, apretándola fuerte. Echo se sorprendió por esa repentina muestra de afecto, pero sintió la reconfortante fuerza de los brazos de Lexa, el abrasador calor de Buruu y Kaiah tras ella, y por primera vez en lo que parecía su vida entera, se sintió completamente segura. Completamente a salvo. Así que besó a Lexa en la mejilla y le devolvió el abrazo, bañándose en una calidez desconocida. Las dos chicas se separaron, el viento aulló entre sus cuerpos. Y Kaiah se interpuso entre ellas y desplegó un ala, inclinando un hombro hacia el suelo.
…VUELA CONMIGO…
El viento era todo chillidos y dedos que arañaban, azotaba su pelo y aullaba en sus oídos. Subieron vertiginosamente a través del turbulento y empapado gris, el aire se volvió cortante y Echo se apretó contra Kaiah, abrazó su cuello fuerte con ambos brazos. Tenía la ropa empapada, el pelo se le pegó a la cara mientras su estómago caía a plomo hacia sus rodillas, el ojo que le faltaba ardía como el fuego.
Subían.
Podía ver a Lexa y a Buruu a su derecha, la nave voladora Kurea a su espalda. El buque era un mercante, cuatro grandes hélices cortaban el aire gélido, su lona inflable tenía un enorme dragón pintado que escupía fuego de un extremo al otro de la tela. Murphy estaba a bordo en alguna parte, se había negado en redondo a subirse a lomos de la tigresa del trueno. La mente de Echo deambuló de vuelta a los días de su infancia, al breve viaje en nave voladora que su familia y ella había realizado después de que su padre ganara la granja. Ella se había quedado pasmada, su estómago convertido en una tormenta de mariposas, la única vez en la vida que había volado. Murphy se había pasado el viaje entero en el camarote, intentando no vomitar. El aire se volvió cortante como cuchillas, volutas blancas brotaban de sus labios. Echo se agarraba al cuello de Kaiah con manos doloridas, le castañeteaban los dientes dentro del cráneo. Y justo cuando pensaba que debían dar la vuelta, que nunca conseguirían atravesar aquella nube, el cielo se volvió rojo y el gris desapareció en un mar de turbulento acero bajo sus pies, extendiéndose tanto como la eternidad. Los riscos de las Iishi atravesaban la cubierta de nubes, rielaban revestidos de nieve. Vientos avarientos arrancaban las blasfemias de su boca y todo el mundo por debajo de las nubes quedó en el olvido, sumergido bajo el océano del cielo de Shima.
Por un deslumbrante momento, todo lo que podía ver era perfecto.
Por todos los dioses. Es precioso.
…ES MI HOGAR…
Casi puedes olvidarlo todo aquí arriba. Todo el daño y el dolor y la mierda de allí abajo.
…¿POR QUÉ TÚ QUIERES OLVIDAR?…
… A veces es más fácil que lidiar con ello, supongo.
Kaiah gruñó.
…NO ENTIENDO. LEXA ME PIDE QUE APRENDA CÓMO SON NIÑOSMONO Y NO PUEDO VER. TONTERÍAS. PEQUEÑECES HECHAS TAN GRANDES. ABSURDO…
Somos muy simples, Kaiah.
…¿AH SÍ?…
Somos feos. Somos egoístas y avariciosos y tenemos poca visión de futuro, jodiéndonos el uno al otro por una gota de combustible o una diferencia de opinión. Eso es más o menos todo lo que hay.
Kaiah miró de reojo a Buruu a través del cielo rojo y Echo sintió pura hostilidad, un gruñido sordo y grave en el pecho de su nueva amiga.
…HUMANOS NO ÚNICOS QUE PUEDEN TRAICIONAR, NIÑAMONO…
¿Te refieres a Buruu? ¿Qué hizo?
…TRAIDOR. ASESINO. ME DA ASCO…
¿Traidor? ¿Asesino?
…NO FÍES DE ÉL, NIÑA. NI POR UN MOMENTO…
¿Por qué no?
…TE PAGARÁ EN SANGRE…
Entonces, ¿por qué estás aquí? ¿Por qué estás ayudando?
…RAZONES NO MÍAS PARA DECIR…
La pareja bajó en picado a través de la nube, dedos de flequillo trasquilado besaban las mejillas de Echo. Pensó en Gustus, en cómo entró a la carga y la salvó de la muerte en aquel almacén de los yakuzas. Aquellos grandes brazos alrededor de sus hombros, fuerza bruta envuelta en una amabilidad imposible, manteniendo todo el dolor a raya. El aire se volvió un poquitín más cálido al recordarlo.
No todas las personas son malas, supongo. Algunas simplemente son estúpidas.
…ALGUNAS SON MÁS GRANDES. TU LEXA VE LA VERDAD. SERÁ RECORDADA…
Mi gente siempre olvida, Kaiah. Todas las cosas más importantes.
…NO QUIERO DECIR NIÑOSMONO. QUIERO DECIR CIELO AZUL Y LLUVIA LIMPIA. CANCIÓN DEL TRUENO. ELLOS CANTARÁN SU NOMBRE MUCHO MÁS ALLÁ DE QUE TODO LO DEMÁS SEA POLVO…
La bestia miró de reojo por encima del hombro, los ojos tan profundos como la caída a sus pies.
…¿QUIÉN CANTARÁ POR TI?…
¿Quién dice que alguien lo hará? Yo no soy nadie.
…¿DEJAR HUELLA EN ESTE LUGAR DESEAS NO? ¿Qué CANTEN SOBRE TI COMO CANTAN SOBRE KITSUNE NO AKIRA DESEAS NO? ¿TORA TAKEHIKO?…
Esos son los nombres de Señores de las Tormentas. Yo no soy ninguna heroína. Yo no cierro puertas de infiernos ni mato dragones marinos. Yo robo a borrachos y duermo en cuchitriles y hablo con ratas. A veces tengo pulgas.
…¿SUEÑAS NO CON SER ALGO MÁS GRANDE? …
El viento zumbaba con la canción de las hélices, susurraba la pura y simple verdad.
Todo el mundo lo hace…
Sintió cómo la envolvía el calor del interior de la arashitora, cómo la llenaba de un orgullo ardiente. De algún modo supo que la bestia le estaba sonriendo. Se encontró devolviéndole la sonrisa.
… ESE ES EL PRINCIPIO…
Un halo de diversión envolvió a la bestia, brillante y socarrón, como un niño nacido para las travesuras. Y antes de que Echo pudiera parpadear, Kaiah apretó las alas contra los flancos y cayeron de los cielos. El estómago de Echo subió hasta su garganta, gritó a pleno pulmón mientras caían en picado directos hacia el bosque allá abajo.
¡Remonta el vuelo!
…SOLÍA JUGAR A ESTE JUEGO CON MIS CACHORROS…
¡Vamos a morir!
…RESPIRA…
¡Estamos cayendo demasiado deprisa!
… NO CAYENDO. VOLANDO…
La arashitora desplegó las alas, las entrañas de Echo se estrellaron hacia abajo cuando se estabilizaron y alzaron el vuelo otra vez. El dolor del ojo que le faltaba olvidado, le palpitaban con fuerza las sienes, le temblaba todo el cuerpo; temblores nacidos no del terror sino de la emoción. El mundo pasaba volando por debajo de ellos, cientos de diminutas chispas de vida en el bosque allá abajo, los latidos de su corazón, entrelazados con los de la bestia.
Viva.
Tan maravillosa, perfecta e imposiblemente viva.
Enredó los dedos entre las plumas de la tigresa del trueno, riéndose como si el mundo se estuviera acabando, y la bestia abrió el pico y rugió como el trueno. Como una tormenta que borraría todo lo que ella era y todo lo que había sido, toda la suciedad y la porquería y la sangre acumulada en las alcantarillas, dejándola limpia y entera y preciosa.
Llévame de vuelta.
Kaiah echó un vistazo a la nave voladora Kurea, la diversión titiló en su mente.
…¿HARTA YA DE VOLAR? …
No, de vuelta a la nave no. De vuelta allá arriba, a las nubes.
Echo se agarró fuerte, parpadeó para quitarse la lluvia y las lágrimas del ojo.
Hagámoslo otra vez.
