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SANGRE Y TRUENOS
NO.
…NO…
¿No?
Lexa pasó la vista de uno a otro, de Buruu a Kaiah, los relámpagos hacían trizas las nubes por encima de su cabeza. Un frío helador en el jardín del Daimyo, el viento azotaba los cedros, los truenos retumbaban entre ambos arashitoras y los hacía ronronear. Pero tenían los ojos duros como el pedernal, las garras clavadas en el suelo, las patas separadas como si se estuvieran preparando para una matanza.
¿Qué quieres decir con no, Buruu?
¿LO CONTRARIO DE SÍ?
Dios, nunca debí enseñarte a hablar con sarcasmo…
…PLAN ABSURDO. NO FUNCIONARÁ…
Lexa se volvió bruscamente hacia Kaiah.
¿Y por qué demonios no lo hará? Necesitamos un ejército para luchar contra los gaijins y contra el Gremio. Y hay un ejército de arashitoras en Tormenta Perpetua.
…UN EJÉRCITO NO. UNOS POCOS DESPERDIGADOS…
Unos pocos tigres del trueno valen lo mismo que mil naves voladoras. Diez mil hombres.
NO, LEXA.
Eso ya lo has dicho, Buruu. Lo que no has dicho es por qué.
¿NO TE BASTA CON QUE HAYA DICHO QUE NO? ¿ES QUE NO CONFÍAS EN MÍ?
…POR FIN VA APRENDIENDO, TRAIDOR…
AH, ¿AHORA ME HABLAS?
…SOLO PARA ESCUPIR…
Kaiah, no estás ayudando.
…¿EN ESTA LOCURA DE LA QUE ESTÁS HABLANDO? NO, NO LO HAGO. EL TRAIDOR NO PUEDE VOLVER A TORMENTA PERPETUA. SE EXILIÓ. ESTÁ MARCADO HASTA SU MUERTE…
¿Y tú? ¿Por qué no puedes volver tú?
…NO ES PODER. ES QUERER…
Vale, entonces, ¿por qué no quieres volver?
…TORR…
¿Quién es ese?
ÉL ES KHAN.
…FALSO KHAN. NUNCA ME ARRODILLARÉ ANTE ÉL. NUNCA…
¿Qué demonios quiere decir eso? Por las barbas de Izanagi, Buruu, ¡quieres explicármelo de una vez!
…NO PUEDE EXPLICAR. EXILIADO ANTES DE QUE LLEGARA TORR. INJURIADO. MALDITO…
¡Oh Dios, está bien, me da igual quién me lo explique, siempre que alguien lo haga!
Kaiah gruñó, sacudió la cabeza.
…KHAN MANDA EN TORMENTA PERPETUA. MACHO MÁS PODEROSO. GUERRERO MÁS FIERO. TORR RECLAMÓ EL TÍTULO DE KHAN, AUNQUE NO TENÍA NINGÚN DERECHO…
¿Ningún derecho? ¿Por qué?
…NO NACIDO EN TORMENTA PERPETUA. TORR Y SU MANADA VINIERON DEL ESTE. PLUMAS NEGRAS Y CORAZONES NEGROS. SE APODERARON DE TORMENTA PERPETUA. MATARON MACHOS QUE SE RESISTIERON. TAMBIÉN A SUS CACHORROS. POR SU CULPA …
Kaiah dio un paso hacia Buruu gruñendo, con los pelos erizados, desplegando las alas.
…POR TU CULPA …
LO SIENTO.
…MI PAREJA Y SU HERMANO ESTABAN SOLOS, LOS DEMÁS DEMASIADO VIEJOS, O DEMASIADO ASUSTADOS. ¿Y DÓNDE ESTABA NUESTRO KHAN CUANDO LLEGÓ EL USURPADOR? …
LA LEY ES LA LEY. EL KHAN NO ES NINGUNA EXCEPCIÓN.
…LEY YA SE HABÍA ROTO. KHAN HACE LEY…
ALGUNAS LEYES ESTÁN TALLADAS EN PIEDRA. EN LA SANGRE Y LOS HUESOS DE NUESTROS ANTEPASADOS. LOS ARASHITORAS NO MATAN A OTROS ARASHITORAS.
…ES UNA PENA QUE TORR NO PENSARA LO MISMO…
YO NO LO SABÍA, KAIAH.
La hembra rugió, cerró violentamente el pico a tan solo unos centímetros de la cara de Buruu. Lexa se interpuso entre ambos, pero Buruu simplemente retrocedió, con las alas pegadas a los costados. Ni una pizca de agresividad en su actitud ni en sus pensamientos; solo un dolor y una pena que amenazaban con romperle el corazón a Lexa. Ella la había vislumbrado antes en la mente del arashitora, una sombra que nadaba justo bajo su superficie. Pero nunca la había tocado, nunca había intentado saber más por respeto a su amigo. Si hubiera querido que ella lo supiera, se lo habría contado. Pero estaba cerca ya. Tan cerca que casi podía ver su forma.
Un trueno sacudió los cielos, empezaron a caer pequeñas gotas de lluvia negra. La cola de Kaiah era un látigo, azotaba de lado a lado, tenía los pelos erizados en picos irregulares por toda la columna.
…¿QUÉ CREÍAS QUE OCURRIRÍA?…
NO LO PENSÉ. ESE FUE MI GRAN ERROR.
…NO EL PRIMERO. RAIJIN TE MALDIGA, TRAIDOR. NO FUE EL PRIMERO NI DE LEJOS …
¿CREES QUE NO LO SÉ?
…ENTONCES DEBES SABER ESTO. DEBES SABER QUE SI EL MUNDO ESTUVIERA CAYENDO EN PICADO, SI TODO LO QUE HA EXISTIDO Y VA A EXISTIR JAMÁS ME ESTUVIERA ARRASTRANDO AL FONDO, PREFERIRÍA VERLO ACABAR ANTES QUE PERDONARTE. ERES COBARDE…
SOY MUCHAS COSAS, PERO NO ESA.
…ENTONCES PELEA CONTRA MÍ…
No, Kaiah. Detente.
La hembra dio otro paso hacia delante, unos rayos recorrieron sus alas como una cascada. Lexa podía sentir el peso de la tormenta en el aire, el ozono en la lengua, los acelerados latidos de los corazones.
…TÚ LOS MATASTE. Y SI HUBIERAS TENIDO EL VALOR DE TOMAR LO QUE ERA TUYO, TODA LAS MUERTES QUE VINIERON DESPUÉS NO SERÍAN MÁS QUE UN MAL SUEÑO…
LOS ARASHITORAS NO MATAN A OTROS ARASHITORAS.
…¡UNA LEY ABSURDA! …
LA LEY DE UN KHAN.
…AQUÍ NO HAY NINGÚN KHAN, TRAIDOR …
NO PELEARÉ CONTIGO.
…¡ENTONCES MUERE! …
Kaiah se abalanzó hacia él, arrancando grandes terrones de tierra húmeda del suelo, los ojos entornados y tan relucientes como brasas. Lexa se apartó, aterrorizada ante la furia asesina que había dentro de la cabeza de la hembra. El rugido de Buruu hizo temblar los pilares de Kitsunejō, chocaron el uno contra el otro, se estrellaron contra un cedro retorcido y casi lo arrancan del suelo. Un sonoro crujido, el torturado gemido de las alas falsas de Buruu. Una brillante pluma arrancada, blanca como la nieve, cayó al suelo dando vueltas en espiral entre una lluvia de hojas muertas; su extremo, feo y aplanado por el beso de la espada de un Shōgun. Kaiah lanzó golpes a diestro y siniestro con las garras desplegadas, un chorro rojo brillante salió volando hacia la oscuridad. Buruu volvió a rugir, furioso, se levantó sobre las patas traseras, chocó pecho contra pecho con la hembra más pequeña, sus garras delanteras se engancharon las unas con las otras. La arashitora cayó dando volteretas, se empotraron contra un antiguo altar y lo hicieron añicos mientras rodaban enredados rugiendo y chillando.
Lexa recuperó la compostura, con las manos cerradas a los lados del cuerpo.
—¡Parad!
Kaiah se soltó del agarre de Buruu solo para arremeter contra él de nuevo, con el pico abierto y reluciente como el filo de una katana.
—¡PARAD!
El eco de su grito resonó por todo el Kenning, rebotó contra ancianas paredes de granito, hizo que ambos arashitoras se tambalearan sobre las patas traseras. Los relámpagos perseguían a los truenos a través del cielo, iluminando los restos destrozados del jardín del Daimyo. Las dos bestias se miraron con los ojos cargados de odio, empapadas y sangrando, sus flancos subían y bajaban con la furia del fuelle de un herrero.
¡Por amor de Dios, estamos del mismo lado!
PARECE QUE NO.
…¡COBARDE! …
¡Parad! ¡Los dos!
—¿Qué demonios pasa?
Echo estaba en la veranda, con el pijama descolocado y el pelo enmarañado, rodeada de guardias y sirvientes perplejos. Tenía aspecto de haber estado llorando.
—No es nada, Echo.
—¿Nada? —La chica bajó al jardín, pasó un brazo protector alrededor del cuello de Kaiah—. No parece que no sea nada.
…ÉL NO ES NADA. POR Y PARA SIEMPRE. ¿ME OYES, TRAIDOR? …
Buruu no contestó, mantuvo los ojos fijos en el suelo. Kaiah resopló asqueada, batiendo las alas.
…SINO OYES, ENTONCES VES…
Lexa se llevó la mano a la frente cuando la mente de Kaiah se inundó de imágenes, recuerdos tenues bañados de rojo sangriento. Vio a dos arashitoras, uno negro como el azabache, el otro blanco, se estrellaban el uno contra el otro en medio de unos cielos tormentosos. Vio al arashitora blanco convertido en pulpa al pie de una gran montaña negra, los mares que la rodeaban bullían furiosos. Vio a un arashitora macho más joven, apenas un cachorro, golpeado como un rayo por una sombra negra; le vio hundirse en el hirviente océano sin dejar rastro. Y al final, vio esa misma sombra, oscura y enorme, acechar como una pesadilla un nido de zarzas y ramas retorcidas. Con el pico abierto de par en par, las garras desplegadas, descendiendo. Descendiendo hacia…
—Dios, no —susurró Lexa.
Dos cachorrillos de arashitora con suave plumón y pelaje, los ojos muy abiertos mientras miraban aterrorizados a la faz de la oscuridad. Demasiado jóvenes para comprender. Demasiado pequeños para huir. Capaces solo de retorcerse, de esconderse bajo una manta de plumas viejas, empujándose y arañándose el uno al otro en su terror.
Chillidos lastimeros cuando la sombra los aferró con garras tan afiladas como la muerte.
Pequeñas alitas arrancadas de cuerpos temblorosos.
Cuerpos temblorosos arrojados de su nido.
Bajaron y bajaron y bajaron, por los cielos pintados de rojo, cayendo hacia su final.
—Oh, Dios mío —musitó Echo. Lanzó los brazos alrededor del cuello de Kaiah y apretó la cara contra la mejilla de la tigresa del trueno—. Oh, Dios mío…
TORR…
…ESTO ES LO QUE PROVOCASTE, TRAIDOR. TÚ Y TU COBARDÍA. TU PRECIADA LEY. NO CONSEGUISTE JUSTICIA. NI PAZ. SIMPLEMENTE ESTO …
Buruu agachó la cabeza. Los truenos llenaban los cielos. La lluvia caía con más fuerza. Lexa lo miró, doblado sobre sí mismo, la tristeza claramente reflejada en cada línea de su cuerpo, en cada curva. Estiró todo su ser hacia él, lo inundó de su propia calidez. Sin juzgarle, sin ira, solo amor, el mismo amor incondicional que él le había ofrecido siempre. Nada de aquello importaba. Ella era de él y él era de ella, desde entonces hasta el fin del mundo, y nada cambiaría eso.
Te quiero, Buruu.
Lexa se acercó, la lluvia negra caía ahora a mares. Sabía que debía ponerse a resguardo, que la escaldaría. Pero Buruu estaba ahí, bajo el diluvio, doblado en dos y totalmente hundido en la miseria.
¿Me oyes? Te quiero.
LO SIENTO.
Está bien.
NO.
Buruu se puso en pie, desplegó las alas con una canción de metal y malla de lona, el esqueleto iridiscente crujió como unos huesos viejos. Se sacudió como lo haría un perro, el agua negra salió salpicada de sus flancos, volvió la vista al cielo.
NO, NO LO ESTÁ.
De un solo salto, echó a volar, aporreando la lluvia con sus alas revestidas de metal. Subió hacia la negrura, por encima de los muros de la fortaleza, mientras Lexa gritaba su nombre y el calor de su amigo se iba apagando a medida que aumentaba la distancia entre ellos. La tristeza de Buruu permaneció anclada en la mente de Lexa, un sabor amargo en la lengua, y entonces se giró para mirar a Kaiah con cara de odio. La bestia le sostuvo la mirada, mientras caminaba despacio para refugiarse de la lluvia junto a Echo y los alucinados sirvientes en la veranda. Lexa cogió la pluma cortada de Buruu y corrió a ponerse a cubierto; la piel manchada de negro ya empezaba a hormiguearle. Miró fijamente a ambas figuras durante un instante. Echo mantuvo el brazo en torno al cuello de Kaiah, tres ojos le sostenían la mirada en silencioso desafío. Y sin decir ni una palabra, Lexa se fue a su cuarto en busca de agua limpia para lavarse la lluvia negra, la mancha de la tristeza, el recuerdo de esas pequeñas figuras lanzadas al vacío sin alas y chillando. Su mano se deslizó involuntariamente hacia su estómago. El miedo que encontró allí enroscado. La lluvia aporreaba como un mazo las desteñidas tejas sobre su cabeza, como el latido del corazón, como el pulso bajo su piel. Y se quedó ahí sentada, horas y horas en la oscuridad, dándole vueltas y más vueltas a la pluma entre las manos, esperando a que Buruu regresara.
Se preguntaba si regresaría alguna vez.
