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NO PODER Y NO QUERER
Cuando se trataba de su lista de «Las diez cosas por las que, con tal de no tener que pasar por ellas, preferiría hacerle el dulce, dulce amor a la Madre Oscura», Murphy había decididoque «Volar a lomos de un tigre del trueno» estaba cómodamenteinstalada en el número dos.
«Caerse de un tigre del trueno» ocupaba el número uno.
Oh, al principio fue bonito, por supuesto. La tormenta rugiendo a su espalda mientras cortaban por el aire, el viento azotando a través de su ropa como un látigo. Pero una vez que se le pasó la emoción inicial, a Murphy no le quedó más que una vaga sensación de incorrección en todo ello. La atracción de la gravedad. El vértigo cuando se asomaba para mirar al vacío. Si el Dios Izanagi tenía la intención de que él estuviese allí arriba, no debería sentirse como una novia virgen en su noche de bodas. Y, para dejar a un lado lo metafísico y meterse en lo práctico por un instante, la montura que llevaba Buruu había sido fabricada para una persona con una configuración… diferente a la suya.
Hijo de una ramera ronin, mis pelotas me están matando.
¿ME DICES ESO POR QUÉ?
¿Mostrar algo de simpatía te mataría?
¿QUIERES MEJOR QUE LAS BESE PARA TI?
No tienes labios, pájaro burlón. Tienes un pico que puede cortar acero.
PUEDE QUE ACABARA MAL PARA TI, SÍ.
Murphy tenía las manos enredadas entre las plumas de Buruu, un viento gélido amenazaba con arrancarle los anteojos de la cara y dejarlos caer los casi dos mil metros que los separaban del suelo. Mantuvo los ojos fijos en el horizonte al sur, guiñando los ojos entre la neblina.
Este humo es tóxico. Me da ganas de vomitar el desayuno.
NO, SOBRE MI LOMO NO, CHICO.
Murphy se arriesgó a echar una ojeada a la tierra que se perdía a toda velocidad bajo ellos.
Tiene muchísima peor pinta desde aquí arriba. No sabía que hubiera empeorado tanto. No hablan de ello en la radio. No se ve el alcance desde la ciudad. Ese jodido Gremio nos ha tenido tan ciegos…
VUESTRA TIERRA SE ESTÁ MURIENDO.
Y aquí estás tú, luchando por salvarla. Ahora no estoy muy seguro de por qué lo haces. Incluso si el Gremio fuera destruido mañana, ¿cómo demonios conseguiremos arreglar esto algún día?
¿QUIÉN DIJO QUE LO HAREMOS?
Debes creer que hay una posibilidad. Si no, no estarías aquí.
NO VINE AQUÍ A SALVAR TU HOGAR, CHICO. VINE PORQUE PERDÍ EL MÍO.
¿Problemas familiares?
PODRÍAN LLAMARSE ASÍ.
Conozco ese sentimiento.
Una cortina de apestosa lluvia negra cortaba furiosa su camino, así que Buruu remontó el vuelo para situarse por encima de la cubierta de nubes, muy alto en el aire gélido. Murphy se hizo un ovillo de escalofríos miserables sobre su lomo, aunque al mirar de reojo por el borde de una de las alas, se dio cuenta de que ya no podía ver la tierra, solo un turbulento suelo gris hierro que parecía lo suficientemente sólido como para cogerle si se caía. Y aunque sabía que era absurdo, de algún modo ese sentimiento le calmó lo suficiente como para que se le bajara el estómago de las costillas. Murphy acarició el marco de metal que cubría las plumas de Buruu, observó cómo trabajaba la máquina cuando las alas de la bestia cortaban el cielo. El artilugio estaba hecho polvo, torcido, se mantenía unido mediante un apañito de tercera y una oración. Mientras miraba, una pluma cortada se desprendió y bajó planeando hacia el abismo. Murphy sintió cómo su estómago volvía a iniciar la escalada.
¿Estás seguro de que estas alas mecánicas son a prueba de vuelo?
HAN VISTO DÍAS MEJORES.
¿De dónde las sacaste?
UNA CHICA LAS HIZO PARA MÍ.
¿Esa Clarke de la que he oído hablar? ¿La traidora?
Sí.
Me pareció una pequeña bastarda.
NO DEL TODO CIERTO. NO DEL TODO JUSTO.
Esa puñalada por la espalda, ¿no te da rabia?
ME ENTRISTECE. SI NO FUERA POR CLARKE, LEXA ESTARÍA MUERTA Y YO SERÍA UN ESCLAVO. NO LE CREÍA CAPAZ DE TRAICIONARNOS. PARTE DE MÍ TODAVÍA NO PUEDE HACERLO.
Todos estamos hechos de cicatrices, pájaro burlón.
ES PEOR PARA LEXA. PRONTO SERÁN TODO SU SER.
Realmente te importa, ¿eh?
ESO PODRÍA DECIRSE.
No quiero ofenderte ni nada, dada nuestra situación actual, la altitud y todo el tema de la gravedad, pero me dio la impresión de que era un poco bruja.
El gruñido de Buruu recorrió toda la columna de Murphy mientras este añadía una adenda a toda prisa.
Preciosos pómulos, eso sí…
TÚ NO LA CONOCES. NO SABES POR LO QUE HA PASADO. EL PESO DEL PAÍS ENTERO A SUS ESPALDAS. TIENE SOLO DIECISIETE PRIMAVERAS. ¿CÓMO CREES QUE ENCAJARÍA SEMEJANTE CARGA SOBRE TUS HOMBROS, CHICO?
Mal. ¿Por qué demonios crees que no estoy en Yama ahora mismo?
Buruu se quedó callado, con los ojos entornados contra el aullante viento.
La cosa es, pájaro burlón, que me estaba preguntando lo mismo sobre ti.
¿QUÉ?
Bueno, la quieres tanto, ¿no es así? Ella es tu amanecer y tu atardecer, lo capto. Entonces, si no te importa que te lo pregunte, ¿por qué demonios estás cargando con mi triste culo en lugar de estar ahí atrás con ella?
Un largo silencio, interrumpido solo por un breve trueno.
… ELLA PIDE LO QUE NO PUEDO DARLE.
Oh, de verdad.
DE VERDAD.
Puede que solo tenga dieciocho primaveras a bordo de este viaje en ferry, pero no puedo decir que haya visto muchos casos en los que la gente realmente no pueda dar lo que otros le piden. La mayoría de las veces se trata de no querer.
¿NO QUERER?
No querer pagar el precio. No querer bailar el baile. No querer besar a la chica.
Murphy sintió un calor reticente en el pecho del tigre del trueno, algo cercano a una sonrisa. Buruu se lanzó en picado al mar de nubes, volvió a remontar el vuelo con esa misma sensación de abandono; un chiquillo dando brincos por un campo de cielo.
ERES UN TIPO EXTRAÑO, CHICO.
Murphy se echó a reír.
Demonios, pájaro burlón. Viniendo de ti, me lo tomaré como un cumplido.
El día se desgastó hasta convertirse en noche y Murphy hizo todo lo que pudo por dormir a pesar del cortante frío helador. Volaron por encima de la cubierta de nubes, el ruido constante de la lluvia era como una nana. La ansiedad le roía las entrañas y podía sentir esa misma emoción acumulándose en el interior de la cabeza del tigre del trueno. Cuanto más lejos de Yama volaban, peor se hacía. Cerca del amanecer, Murphy decidió que había consumido suficientes minutos del arashitora.
Escucha, deberías emprender el camino de regreso. Lexa debe estar preocupada por ti.
AÚN NO HEMOS LLEGADO AL CRUCE.
Puedo seguir a pie desde aquí. Quizás tomar una vagoneta tirada por un porteador. Simplemente déjame en las vías del tren.
COMO TÚ DIGAS.
Buruu bajó en picado a través de las nubes. Los truenos aumentaron, aporreando los oídos de Murphy en un himno de hierro y motores. La nube era tan espesa como el barro mojado, gélida.
Estaban virtualmente sobre la nave voladora antes de oírla.
Cuando emergieron de aquella masa gris, una corbeta de reconocimiento tripulada por tres hombres y que volaba bajo los colores del Fénix cortaba el aire a su lado; su globo hinchable con forma de flecha estaba decorado con un pájaro sol en pleno vuelo. Murphy y el piloto se vieron el uno al otro al mismo tiempo, ambos se miraron boquiabiertos por el asombro.
—¡Mierda! —grito Murphy.
El piloto bramó alarmado, su tirador hizo girar el lanzador de shurikens justo cuando Buruu se hizo cargo de la situación, se escoró violentamente a un lado y bajó en picado a toda velocidad. El piloto dio un fuerte tirón a los mandos y los siguió, sus motores aullaban, vomitando humo negro azulado a su espalda. Murphy y Buruu cayeron como una piedra, pero al mirar por encima del hombro, el chico se alarmó al constatar que la diminuta nave los seguía de cerca. Una tartamuda ráfaga de shurikens llenó el aire, discos de acero afilados como cuchillas pasaron silbando por al lado de sus hombros, rozando las alas metálicas de Buruu y, con un golpe seco y un brillante estallido de chispas en los ojos, le alcanzaron en el lado derecho de la cabeza.
—¡Aaayy, maldita sea!
Murphy se llevó una mano hacia aquel dolor imposible; se le pusieron los dedos rojos y relucientes.
¡Me han cortado la mitad de la oreja!
OH. ESO ES TERRIBLE.
¡Jódete, la necesitaba!
Buruu descendía en espiral, intentando aumentar la distancia que los separaba de sus perseguidores. Otra ráfaga de shurikens cortó a través de la lluvia, Murphy se pegó bien al cuello de Buruu.
SON MÁS RÁPIDOS QUE OTROS CONTRA LOS QUE HE LUCHADO ANTES.
¡Arriba! ¡Sube hacia arriba! ¡Es imposible que puedan ascender más deprisa que tú!
El tigre del trueno frenó su bajada en seco y remontó el vuelo hacia el sol escondido. Hubo un momento espantoso cuando Murphy volvió a mirar por encima del hombro… directamente hacia el cañón del lanzador de shurikens, hacia el fondo de aquella negrura insondable, solo esperando a que abriera fuego y de paso a él.
Vuela, maldita sea, ¡vuela!
AGÁRRATE FUERTE.
La bestia subió como una exhalación, desgarraba el gris hierro con las alas, Murphy se agarró con los dedos y los muslos y los dientes. Hicieron un tirabuzón hasta colocarse por encima de la nave voladora, el chico le dedicó a Buruu la ráfaga más imaginativa de profanidades que pudo conjurar. El tirador de la corbeta los perdió de vista, pidió a gritos que le dieran sus coordenadas cuando Buruu completó el rizo y descendió como un relámpago. Su rumbo los llevó a través del dardo. No por encima, ni por un lado, simplemente a través. La lona inflable se hizo trizas como si fuera de papel, el esqueleto ultraligero se desintegró rodeado por el agudo chillido del metal al romperse y el hidrógeno en escape libre. La tripulación aulló mientras caían al vacío, dejando tras de sí una estela de largos jirones del naranja chillón de los Fénix, como las cintas de las colas de unas cometas moribundas. Murphy estaba seguro de que el sonido que harían al estrellarse contra el suelo volvería a visitarlos cuando se apagaran las luces.
Por las barbas de Izanagi…
¿ESTÁS BIEN?
Murphy se llevó una mano a la cabeza, hizo una mueca cuando tocó lo que quedaba de su oreja.
Duele más que mis partes varoniles, pero viviré…
Sintió que el tigre del trueno se ponía tenso, algo cercano al miedo rieló por la mente de la bestia. Los ojos de Buruu estaban fijos en el horizonte sur, un sordo gruñido retumbó en su pecho.
PUEDE QUE NO POR MUCHO TIEMPO.
¿Qué?
MIRA.
Murphy guiñó los ojos e intentó distinguir algo entre la neblina y la lluvia.
No consigo ver nada.
USA MIS OJOS.
El chico obedeció y se introdujo en la cálida oscuridad de detrás de los párpados del arashitora, sintió cómo sus propios párpados aleteaban cuando el mundo se convirtió en un santiamén en algo de un brillo centelleante. Se vio inundado por sensaciones: la vibrante ansia predadora, la emoción del viento bajo las alas. Todo ello teñido de miedo. Y cuando enfocó la vista en el horizonte, sintió que ese miedo invadía su propio estómago, frío y resbaladizo; eclipsaba la excitación de su breve victoria.
Una flota de naves voladoras. Tan lejana que no eran más que meros puntos, pero por las barbas de Izanagi, tantísimas… Una pared de polvo negro, levantada por la horda que marchaba por tierra bajo ellos. Y allí se alzaba imponente, hasta una altura impensable, con los refulgentes ojos como linternas fantasmales, un gigante. Un gigante de humo negro y hierro aún más negro.
ARRASADOR.
Por las barbas de Izanagi…
La fuerza aérea combinada del clan Fénix y un enjambre de acorazados del Gremio… todos ellos parecían los juguetes de un niño a su lado.
… TENGO QUE VOLVER A YAMA. DECÍRSELO A LEXA.
Sí, creo que deberías.
¿AÚN ESTÁS DISPUESTO A VENGARTE? ¿NO TE UNIRÁS A NOSOTROS PARA LUCHAR CONTRA ESA MASA?
¿Qué demonios iba a hacer una sola rata de alcantarilla contra eso?
¿SI NO LO INTENTAS? NADA EN ABSOLUTO.
Tengo una deuda pendiente. Y el viejo Murphy paga lo que debe.
PODRÍAS SER MÁS, CHICO.
Murphy sacudió la cabeza.
No estoy hecho para ser un héroe. Creo que esta historia ya tiene demasiados.
Aterrizaron al lado de las vías del tren, a unos centenares de metros de la pequeña estación destartalada de hierro corrugado. Un anciano con sombrero de ala ancha dormitaba sobre el manubrio de su vagoneta, se despertó sobresaltado ante el ruido de un trueno demasiado cercano. Observó con los ojos muy abiertos mientras el arashitora aterrizaba sobre la grisácea arenisca y el chico bajaba ágilmente de un salto, con un lado de la cara pintado de sangre.
Cuídate. Échale un vistazo a mi hermana.
LO HARÉ. SI NO PUEDES DEJARLO ESTAR, TE DESEO SUERTE EN TU BÚSQUEDA, CHICO.
Como dije, existe no poder y existe no querer. Espero que ahora entiendas la diferencia. O al menos seas honrado sobre qué es qué.
La bestia y el chico se miraron, la sucia lluvia llenaba el espacio que los separaba.
QUIZÁS VOLVAMOS A ENCONTRARNOS OTRA VEZ.
Es imposible saberlo.
ADIÓS, NIÑOMONO.
Vuela con cuidado, pájaro burlón.
Y con un chirrido de metal iridiscente y una ráfaga de viento hambriento, se había ido.
