Esa Noche Dalila se preparó para dormir, al ser el último día de clase ella se había ido a dormir más tarde que su padre, por lo que este no se acordó de comprobar si su hija se había tomado realmente el Hypnocil.

Eran las doce de la noche y Dalila había estado jugando a videojuegos en su Nintendo con el cartucho de 42 juegos de siempre, desde que había conseguido esa tarjeta había desarrollado una leve obsesión con el póquer virtual, pero nada más, solo la gustaba aplicar la estadística y probabilidad que enseñaban en el instituto, y no es por presumir, pero era bastante buena, con victorias en 8 de cada 10 ó a sentir sus párpados pesados y sus ojos cansados y decidió que ya era suficiente por esa noche, guardó la consola en un cajón y se recostó para dormir con la almohada y un cojín bastante grande, se arropó con las sábanas cálidas que la refugiaban del frío del invierno y se recostó con una sensación cálida producida por las mantas.

Cuando Dalila escuchó un leve silbido proveniente de una tubería de agua se incorporó de golpe en la cama para descubrir que estaba en medio de un pasillo con las paredes llenas de tuberías, una sala de calderas. El ambiente era terrible, un aura roja recubría toda la sala, con un olor a humedad y calor en el espacio además de los ocasionales silbidos del vapor al escapar por alguna de las innumerables grietas que tenían las oxidadas tuberías. Dalila empezó a caminar, notando unos enormes charcos de agua estancada fría, sucia y mohosa, que daban una textura viscosa y repugnante al suelo. Escuchó un chirrido de metal tras ella y giró rápidamente la cabeza hacia la fuente del sonido, pero no vio nada... Empezó a pensar en lo que María la había dicho ese día mientras seguía observando el espacio tras ella, esperando que algo o alguien apareciese para atacarla, las tuberías empezaros a expulsar vapor nuevamente hasta que fue demasiado espeso hasta poder ver a través de él, giró la cabeza, sobresaltándose cuando vio a un hombre a milímetros de ella, con su torso frente a su cabeza, dio un grito de la impresión y retrocedió, cayendo hacia atrás y caerse de culo contra el suelo, alzo la vista para verlo mejor; era una persona bastante alta, de un metro ochenta aproximadamente, un jersey de rayas rojas y verdes, una fedora de fieltro marrón que le tapaba el rostro con su sombra y lo peor de todo, un guante metálico de cuchillas afiladas en sus dedos.

-Vaya, vaya... parece que en el pueblo empieza a Haber carne nueva,o te has olvidado de tomar las pastillas, o no te fiabas y no te las has tomado…- el siniestro hombre rió.- aunque claro, no sería la primera vez que un forastero no hace caso a las advertencias de los doctores.-

La muchacha se levantó de un brinco mientras se alejaba de aquel hombre desconocido.

-Aléjate de mí.- dijo intentando sonar amenazante.

Aquel hombre solo rió ante su patético intento de infundirle miedo.

-Vamos niña, deja de hacer el idiota.- dijo el hombre avanzando hacia ella y saliendo de las sombras, entonces Dalila lo vio, estaba horriblemente quemado, con un rostro amenazante y furioso, con la leve sombra en su rostro que provocaba el ala de la fedora en la parte superior de su cabeza, resaltando sus ojos verdes.

-No te acerques más puedo defenderme contra ti-Freddy la miró confuso antes de estallar en carcajadas.

-Me gustaría verte intentarlo niñata, ¿acaso no sabes quién soy? Soy el asesino de Springwood el terror de Elm street y la pesadilla de todos los niños.-

-¿¡Tú eres Freddy Krueger, el asesino de niños de Springwood!?- Dijo Dalila asustada.

-Exacto cariño, veo que los vecinos ya te han hablado de mí, espero que la llegada al vecindario haya sido acogedora.-

-¿qué vas a hacerme? ¿Vas a matarme?-Dijo asustada.-

-Eres la hija del cura de Sprinwood, dime... ¿Por qué crees que tu padre no te ha dicho por qué de repente ha conseguido este trabajo?-

-Mataste al antiguo cura de Springwood.- dedujo Dalila.

Freddy sonrió de forma macabra.

-Si tu padre se mete conmigo lo pagará muy caro.- dijo en tono de amenaza. -¡POR FAVOR, NO! Te lo suplico, perdona a mi padre, él no te ha hecho nada ni yo tampoco, por favor no le hagas daño haré cualquier cosa.- Frederick la miró maliciosamente, eso era nuevo para él.- ¿cualquier cosa?-

Justo entonces Dalila se despertó con un sobresalto y se incorporó en el colchón.