La ciudad de Brisbane se presentó muy activa gracias al feriado, que le daba más libertad a los jóvenes y niños en disfrutar y tomarse un pequeño descanso del estudio, ya sea jugando por los parques o con sus amigos mientras que los adolescentes se tomaban el tiempo para pasear, ejercitarse, practicar algún deporte o simplemente pasar tiempo con sus parejas, o para los que tenían una.
Una Beagle ya crecida, más alta, pero manteniendo su pelaje corto a excepción de sus orejas, se encontraba observando con mucha atención los paisajes que le brindaba el parque "Barrambin victoria park"; Las hectáreas que tenía ese parque era excepcional, sobre todo por el proceso que están manejando para una transformación completa de la misma, brindando expectativas a todos los civiles por esa zona verde ampliada. Brindando nuevos caminos, puentes y senderos por donde pasar, era simplemente hermoso como iba progresando.
Las brisas que apuntaban a su rostro, la llevaron a saborear al aire, puro y sereno en el que estaba, a pesar de escuchar fuertemente los griteríos o murmuros de las personas que paseaban por el parque.
—Hola Honey —escucho una voz familiar acercarse a ella. Por costumbre, la beagle volteo y sacudió su mano para saludar al border collie.
—Hola Mackenzie —dijo antes de levantarse y terminar por confirmar que Mackenzie era más alto que ella. Después del preescolar, todos sus amigos tuvieron una difícil despedida, pues cada quien iba a seguir su rumbo, bueno dependiendo de las decisiones de sus padres; Muchos de sus amigos ya habían continuado con sus vidas, conociendo a personas nuevas que la ayudarían en cada una de las fases y los acompañarían; Eran pocas las amistades que realmente duraban toda la vida, entre esos está la de Bingo y Lila, pero para Honey fue Mackenzie, aquel muchacho que volvió a ver al entrar a la secundaria, fue un reencuentro inesperado para los 2, pero que sin dudas los volvió a unir para mantener sólido aquella amistad.
Honey preparo su mano para estrellarla contra la de Mackenzie, pero este término amagándola al desviar su mano y evitar el impacto.
—Muy lenta —bromeo.
—Tonto —respondió Honey mientras le golpeaba, con poca fuerza, el hombro del Border Collie. Al final se terminó riendo y ambos empezaron a caminar por el parque, deleitándose con el paisaje y las personas que se divertían alrededor. Como buenos amigos, no pudieron evitar la conversa, intercambiado uno que otro chisme: sobre la secundaria, las tareas, los nuevos locales y demás.
—Y termine lanzando el balón por la ventana del vecino —contaba Mackenzie.
Ella resopló un poco mientras lo miraba con una ligera sonrisa. Ya estaba analizando el problema.
—Corrí tanto que en ningún momento voltee atrás. Puedo decir que me he ejercitado toda la semana después de eso.
Con una sonrisa, honey hablo
—no tiene sentido que corras. Vives ahí —finalizo con una carcajada
Su risa lo había contagiado, y ambos se morían a carcajadas por la historia
—Ya te dije, cayó a la ventana del vecino, y ese sujeto es el anciano de "La casa de los sustos".
—Hablando de películas, crees que le vaya bien a Disney este año, por lo que veo, la empresa no ah tenido la mejor suerte que digamos.
—No estoy seguro, quizás empiecen con lo seguro.
—Es lo más probable
Mantuvieron la velocidad de sus pasos, pero no la conversación, el silencio que se presentó entre los dos la llevo a pensar en lo que mencionaría Mackenzie. Antes que el Borde Collie hablara, Honey se adelanta y pregunto.
— ¿Ahora que sucede? ¿Bluey no acepto?
Ella ya deducía lo que pensaba su amigo. De vez en cuando, Mackenzie llegaba a mencionarla, ya sea por cómo le fue en alguna cita, algún que otro encuentro o a veces para desahogar lo frustrante que era Bluey con sus "amigos", Honey siempre tolero eso, a pesar que Bluey y ella ya no fueran amigas, es más, ya no la quería ver en cuadros, sin embargo, la Beagle entendía que no podía prohibir a nadie estar con alguien, por eso siempre lo escuchaba a pesar que Bluey le cayera mal.
Mackenzie dio un suspiro mientras mantenía su mirada en el camino.
—¿Soy muy predecible?
—Sí y mucho —respondió con una sonrisa, Mackenzie se rio del comentario — ¿Ahora que hiso?
—Nada —dijo —solo, somos amigos.
—Te rechazo —dijo Honey, intentando suavizar su voz, Mackenzie asintió con la cabeza
—Dijo que no estaba lista para una relación.
Honey empezó a negar con su cabeza, mientras se mostraba incrédula ante las palabras de Mackenzie.
—Es una ridícula —comento, pues en un inicio era solo un rumor más de "Bluey Heeler", pero el cómo se comportaba en las citas con Mackenzie, o bueno, como él las contaba, daba a entender que Bluey estaba enamorada de él.
—Oye, no es para tanto —El bordier collie intento calmar a su amiga— solo debo darle tiempo.
—Siempre dices lo mismo —recalco Honey —Mackenzie, tienes que abrir los ojos y entender que Bluey ya no es la misma que conociste a los 5 años
—Lo sé... —la beagle ya venía venir un "pero"— pero me cuesta mucho dejarla ir, además, si la miras bien, ella se muestra incómoda con esas chicas, creo que puedo ayudarla.
—Tal vez no necesite ayuda, si tanto se siente incómoda con ellas, fácilmente puede cortar esos lazos y listo.
—¿Si la están obligando?
—Si fuera así, no crees que te lo hubiera dicho antes, eres su mejor amigo —el dio un pesado suspiro— Mackenzie no te lo digo por ser cruel —continuo la beagle, frenando y tocando el hombro de su amigo. Mackenzie volteó a verla con una ligera tristeza— es que estoy cansada de verte sufrir por ella, de nada nos sirve aconsejarla si ella no los va a tomar, prácticamente es hablarle a un muro.
Mackenzie no habló; Por lo general su silencio se debe a que no tiene argumento. Honey vio en su amigo la tristeza, el peso y la vergüenza que llevaba algunos años, pues no negaba que desde que se reencontró con Bluey en la secundaria, se enamoró de la heeler, tal vez fue a primera vista o quizás por lo cercano que eran desde muy pequeño; Honey solo intentaba a abrirle los ojos.
—Ya es hora de avanzar Mackenzie, ya es hora —repitió, y después de unos segundos el asintió levemente, él estaba dolido por qué la beagle tenía razón en todo, Bluey ya dejó de ser aquella niña que había conocido, ahora era una adolescente con un mundo distinto —Oye, cuéntame mas sobre la corrida— Honey dio una cálida sonrisa, en un intento de animarlo y que deje de pensar en la chica que solo le generaba dolor— ¿hasta donde llegaste?
—Ni te imaginas, llegue hasta el centro comercial, prácticamente sudado y con las piernas adolorida —Honey logro que el bolder sonriera, que se olvidaron de esa chica por un rato para dar paso a sí mismo, y por como contaba la historia, se veía mejor, se veía libre. Eso le generó una sonrisa a Honey pues para ella, era su mejor amigo, alguien especial al que no le desea ningún mal.
—Hay no que asco, espero que te hayas bañado después de eso — dijo intentando no reír mucho.
Mackenzie se detuvo y se inspeccionó a sí mismo
—Espera. ¿Si me bañé? —fingió duda.
—Que puerco.
—No lo sé, no lo recuerdo. Honey olfatea por favor
—Ah no, eso sí no —respondió apartándose un poco, previniendo lo que sea que iba a ser Mackenzie —mejor pídelo a ellos —apunto a las personas que caminaban alrededor.
—Por eso. Si apesto será más incómodo para ellos que para mí. Olfatéame Honey —respondió Mackenzie extendiendo los brazos y acercándose a la Beagle, quien empezó a reír y se preparaba a escapar. Honey escapo de él para evitar el posible aroma y Mackenzie la persiguió por el parque hasta que sus piernas volvieran a cansarse y caigan agotados en el pasto con una sonrisa extendida de oreja a oreja, mientras sus carcajadas eran fuertes al punto de llamar la atención de quienes pasaban por ahí.
Pero eso no les importo, solo les importaba estar uno con el otro y disfrutar del día.
