Solté un pequeño suspiro antes de bajar la mirada al piso, mientras caminaba por los pasillos de la secundaria, buscando algunas de mis amigas.
—De vuelta a la rutina —comento Bingo mientras posaba su mano en mi hombro.
—Si…
Ella se tomó unos segundos antes de seguir hablando —lo dices por las clases o, por lo demás.
Me costó unos cuantos segundos entender a lo que se refería —a no, no, solo las clases, ya sabes lo frustrante que son los exámenes y las tareas, sobre todo matemáticas.
—Bluey —nos detuvimos para mirarnos a la cara y con una voz tierna y compresible me dijo—, sé que te avergüenzas de algunas cosas y… pues finges —el recuerdo de aquella charla que tuvimos detrás de la caravana, llego de manera abrupta, como si fuera la piedra estrellándose contra mi cabeza—, pero creo que no es necesario que continúes así.
—Bingo… no digo cosas malas de ustedes, solo digo cosas.
—Fantásticas —interrumpió Bingo —, lo sé… —hiso una pequeña pausa mientras desviaba un poco su mirada por unos segundos— ¿Puedes hacer algo por mí?
—Claro, lo que sea Bingo —Respondí de inmediato.
—Gracias… Quiero que recuerdes como te la pasaste con Jean Luc, y lo compares con tus amigas. No a ellos. Aclaro. Quiero que te compares a ti misma en esas 2 situaciones.
Confundida ante sus palabras, le pregunte —No lo entiendo. ¿Te refieres a como me sentí?
—Y también el como te comportabas —Dicho eso, acaricio mi hombro y se dirigió directamente a su salón. Me mantuve parada, como una estatua, intentando procesar y entender el por qué me pedía eso.
¿Comparar ambas situaciones, una con mis amigas y el otro con Jean Luc? Por momento pienso que debo escoger entre un hombre y mis amigas, pero Bingo aclaro que no era eso, que compare el cómo me sentía. O es lo que entiendo. Pero sobre el comportamiento, no tenía ni idea. ¿Acaso tengo otra postura cada que paso el tiempo con alguien? El sonido de mi celular interrumpió mis pensamientos. Lo saqué del bolsillo de mi mochila y mi cola empezó a menearse al ver la foto que tomé en el campamento.
"Salut Bluey, suerte en el regreso a clases", escribió. En ese momento olvide lo que me había pedido Bingo, pues ya cabeza ya se había ido volando por las nubes.
"Gracias Jean, lo necesitaba. ¿Cómo está el árbol?"
"Plantado, ¿cómo más va a estar?" rodee los ojos mientras la sonrisa solo se agrandaba.
"Jaja, no tonto"
"Tranquila, el árbol y la choza están bien, aun huele a pasta dental"
"Te dije que lo mantendría refrescante. ¿Video llamada esta noche?"
"Clair"
Estaba tan impaciente por irme, que las preguntas de judo y mis otras amigas no se hicieron esperar, mientras caminaba por los pasillos en el receso, llegaba a soltar uno que otro movimiento de baile al recordar mis canciones favoritas "Pinball Lez".
—Mueve esa cola Bluey —escuche la voz de Ruby, la husky que atraía miradas de casi toda la secundaria y era alagado mayormente por su pelaje y sus ojos de princesa.
Me vi a mi misma y me erguí con vergüenza mientras apartaba la mirada —Ignoren eso —dije con mucha vergüenza.
—Que no te de pena —dijo Judo —¿Por qué tan feliz?
—Acaso diste el primer paso con Mackenzie.
—No. Mackenzie y yo, seguimos siendo mejores amigos —la cola de Judo se agitó ligeramente.
—Hay Bluey. Te creemos—Ruby empezó hablar —Mackenzie ya no es ese bombón con el que desearías montarte en un bote y navegar por la corriente— Ruby hablo con acento y dramatizando con el cuerpo.
Me moría de vergüenza, pues era un hecho lo que decía Ruby. A los 13, Mackenzie entro al segundo curso de secundaria, curiosamente, al igual que Honey. Y cuando lo vi caminar por los pasillos, callado y desviándose de la gente; Generando esa aura de misterio y curiosidad que empezó a llamar la atención de las demás chicas. Me emocioné, sentía satisfacción volver a ver un rostro familiar.
—Eso era antes, de acuerdo —aclaré—, y no es por eso, es por él —les mostré la foto—Se llama Jean Luc
—¿Tu amigo de verano? —pregunto Judo algo sorprendida. Yo asentí con una sonrisa.
—No parece de aquí —comento Ruby.
—Es canadiense, nos conocimos a los 6 años y este feriado nos volvimos a encontrar —nuevamente mi cola empezó agitarse mientras recordaba esos días, sobre todo… El baile.
—Se ven muy tiernos. ¿Qué hacían de pequeños?
—A….
Una vez más el rostro se inundó en vergüenza y pena. No por los juegos, más bien era por como los jugábamos. No creo que sea normal decirle a alguien que casaste a tu padre, mucho menos que te hayas enlodado para hacerlo. Sin percatarme, volví a retornar esa mala costumbre de tener que decir todo a medias o simplemente cubrirlo con una mentira
—jugábamos, como cualquier niño.
Cuando preguntaron sobre el feriado, no se complicó mucho decírselos porque realmente Jean Luc se había lucido con todo lo que hiso. A Ruby solo se lo conté de manera resumida, pero apenas se fue, tome a Judo de la mano y la arrastre a un pasillo que no sea muy transcurrido solo para que una vez más, tenga que escuchar toda la historia; Judo es quien sabe esta historia de pies a cabezas y aun así yo no paraba de repetirla.
Ahora ella iba a tener que soportar la historia del reencuentro, pues empecé a narrarla con detalles, tal como si proviniera de un libro, y me extendía hasta que el receso terminara. Ella se notaba desinteresada de lo que hablaba o distraída, pero con el paso del tiempo, Judo me había demostrado que siempre estaba atenta a lo que yo contaba, creo que es la segunda persona que sabe más de mí.
El día transcurrió con normalidad, hasta la hora de salida; Todos los alumnos salían cansados de las clases, otros celebraban y yo deseaba con muchas ganas volver a casa. Esta vez ignoré a mis amigas y solo seguí de largo al encuentro con Bingo. En mi camino se cruzó una vieja conocida, aquella Beagle que hace mucho tiempo solíamos llamarnos "amigas".
Honey pasaba con unas hojas a la mano, unas que parecían llevarse toda su atención y la distraían de su entorno, y por lo apresurada que yo estaba en salir, no frene a tiempo y termine estrellándome con ella.
Lo que vimos después, fue ver esas hojas volar por los aires hasta aterrizar como una pluma. Ambas tardamos en tomar conciencia para incorporarnos poco a poco, fue un error, porque nuestras miradas chocaron y el silencio entre las 2 apareció abruptamente, junto con la atmosfera densa que me incomodaba y a la vez me echaba la culpa en cara; A diferencia mía, Honey se mostró fastidiada, como si la densidad de la atmosfera no le afectara. Sin dirigirme alguna palabra, se agacho y empezó a recoger los papeles.
La ayude a tomar algunas hojas, eran partituras. Ella se vio extrañada, pero su postura se recompuso, mostrándome nuevamente a esa Honey firme, analizadora y nada ingenua.
—Ten —Sonreí nerviosamente, esperando que recibiera las hojas, pero ella transformaba la situación en algo incómodo, sobre todo porque me veía con mala cara.
—¿Cuál es la trampa? —Pregunto.
—Ni-ninguna —No me atreví a preguntar el por qué pensaba eso, porque yo misma sabia la respuesta—solo quiero ayudar. Ella dudo
—claro… —Me dio la espalda antes de poder dirigirle una palabra.
Una vez más los recuerdos volvieron a mí, tan chocante y robustos como una piedra. Estoy empezando a creer que cada recuerdo solo sirve para herirme, hacerme mucho daño con el objetivo de verme totalmente desplomada en el suelo.
—¡Honey! —exclame con nervios. Ella se detuvo, pero no volteo—¿Cuánto tiempo continuaremos así?
—Enserio esperas que olvidemos lo que sucedió —sus palabras fueron como cuchillas recién afiladas que traspasaron mi pecho. Mis memorias solo presionaban más esas cuchillas.
—Sé que no estuvo bien lo que hice… Eso era muy importante y yo…
De manera consciente me detuve, porque las palabras que quería soltar, eran ardientes, eran una flama que quemaban mi garganta y eso iba a terminar conmigo en llantos. En lo más profundo de mí ser, pedía a gritos volver: a ser una pequeña, a esos tiempos en el que estaba cómoda conmigo mismo; Mentalmente me doy una bofetada y me recuerdo a mí misma que ya no se puede, que ya no puedo y sobre todo que ya no debía volver.
Tal vez suene extraño, pero hay veces que maldigo a la escuela. Porque en ningún momento alguien se atrevió a decirme lo "especial" que era. En ningún momento me prepararon para salir de aquella burbuja que era, en ese entonces, mi mundo.
—Lo siento Honey, de verdad… Podemos volver a ser amigas.
Honey respiro hondo, como si estuviera tratando de hallar calma en sí misma y dijo.
—Bluey, las cosas cambian ¿no? —esas palabras eran similares a una bofetada que no espere. En mi cabeza escuchaba la misma frase, pero siendo pronunciada por mi propia boca— Si te dieras cuenta de las tonterías que haces ¿lo reconocerías?
—Si —respondí desesperada. Quería volver a recuperar su amistad y quizás crear nuevos recuerdos. Pero su voz, totalmente seca, me daba a entender que eso ya no era posible.
—¿Y lo harías? —Su pregunta solo me dejo muda, no tuve respuesta alguna, porque si lo intentaba, mi cabeza me volvía mostrar todo lo que hice. Fue un nuevo conflicto que se generó en mi cabeza, en el que simplemente no encontraba una respuesta
Encogí mis hombros mientras negaba con mi cabeza.
—entonces de que te sirvió el "Si".
Dicho eso, continuo con su camino, dejando en claro de una vez por toda el quiebre de nuestra amistad definitivamente, y dejando en su lugar una gran barrera que me alejaría de ella.
Me quede plantada en el pasillo, con un dolor en el pecho y con la mirada hacia el suelo. Mi cabeza solo empeoraba todo, porque aquellos conflictos chocaban contra el cráneo y me generaba un dolor de cabeza, uno acompañado con el peso de la culpa en mis hombros y que intentaba aplastarme con todas sus fuerzas.
"¿Cuál es la solución a esto?" pensé.
