-Jean Luc-
Mantuve mi frente apegado al metal frio del cancel. Estaba respirando, en un intento de poder calmar mi agobio, era tan frustrante la situación, que cada paso que doy por los pasillos de mi secundaria provoca que me invada la nostalgia, entro en un círculo en el que no parece tener fin, una especie de bucle que solo repite los buenos recuerdos que forme en ese lugar.
Hay una palabra exacta que me estremece y que se atasca con facilidad en mi garganta, no creo poder decirla. En un momento de mi vida esa palabra era necesaria. Era una forma de tranquilizar a alguien, pero mi cobardía me lo impidió. Me había generado ese nudo que ahora no me permite decirlo.
— Jean Luc Ça va? (Jean Luc ¿Estas bien?) —escuche a mi mejor amigo, quien se detuvo al notar mi semblante
—Yo... —negué con mi cabeza, no podía mentirle a uno de mis mejores amigos— no lo estoy
Nos quedamos unos segundos en completo silencio, creo que él estaba esperando a que continuara hablando, pero yo no tenía las fuerzas suficientes como para escupir de una vez la noticia
—¿Envie d'en parler? (¿Quieres hablar de ello?) —, nuevamente negué con la cabeza. Lyam, mi mejor amigo, era una de las personas más comprensible que pude haber conocido, era alguien que lograba entender y reconocer cuando alguien tenía un problema— Venez, une partie de hockey vous aidera (Ven, una partida de hockey te ayudara)— Me tomo del hombro y me guio hacia la cancha de hockey, en donde podría alejarme un rato del problema y enfocar mi mente en mis amigos, en pasar tiempo con ellos... Creo que también el simple hecho de pensar en pasarla con ellos, me deprime, me da un sabor melancólico
El juego me ayudó mucho. Dentro de la cancha solo podía escuchar el chirrido del metal de los zapatos deslizarse por el hielo, junto con los golpes que dábamos al disco e intentábamos llevar a la portería del oponente. Los gritos de adrenalina por el juego estaban más que presentes.
— Tir au but (Penalty Kill) —exclamaron los del otro equipo al ver que uno de mis amigos había hecho una falta.
— Démons. Je suis désolé (demonios. Lo siento)—Se disculpó mi amigo con nosotros y con el que fue arrojado, estábamos en un partido sano contra otro curso
—Ami tranquille (tranquilo amigo) —le dije con unas palmadas al hombro. Ahora en mi equipo estábamos solo 3 personas contra 4, eso significaba ser el penalty kill, el equipo que debe evitar cualquier otra falta si queremos que los jugadores regresen en un lapso de 2 minutos; Para cuando regrese, solo tendrá segundos para ayudarnos
— Nous avons besoin d'un objectif à égaler, qui nous donnera plus de temps (Necesitamos un gol para empatar, eso nos dará más tiempo)—nos agrupamos los tres que aun estábamos en el juego
—Nous sommes contre 3 attaquants, le mieux que nous puissions faire est de rester défensifs jusqu'à ce que Matteo revienne. (Estamos contra 3 delanteros, lo mejor que podemos hacer es mantenernos a la defensiva hasta que vuelva Matteo) —Opino Lyam
— Nous sommes contre 3 attaquants, le mieux que nous puissions faire est de rester défensifs jusqu'à ce que Matteo revienne. (Si lo hacemos, solo nos sobrara segundos, y dudo mucho que podamos anotar. Tenemos que arriesgarnos) —opine— Au final, on n'a que 2 minutes pour conclure le jeu, est-ce qu'on en profite ou on les laisse simplement passer? (al final, solo tenemos 2 minutos para concluir el juego, ¿los aprovechamos o los dejamos pasar?) —, mis amigos asintieron con una sonrisa y volvimos a nuestras posiciones, siendo Lyam y yo los 2 únicos delanteros y Nathan, nuestro otro amigo, cubriendo la portería; Nosotros contra los 3 delanteros rivales y su portero
Lyam se puso frente a uno de los rivales y después del conteo, Lyam dio un pase rápido directo a mí, nuestro portero paso desapercibido y gracias a eso, él se sumaba a los delanteros; Obtuve el disco con éxito y ahora estaba en mis manos mantenerlo conmigo, debíamos impedir que se acercaran a nuestra portería.
Nos deslizábamos por el hielo y la presión era tanta que, prácticamente, estábamos haciendo pedazos el suelo.
—¡Jean Luc, devant! (¡Jean Luc, al frente!)—Al posar mi mirada en la dirección mencionada, encontré a uno de los rivales y lo primero que se me vino a la cabeza fue dar un giro con el disco para después regresarla con Lyam, quien se encontraba detrás de mí; Lyam tomo el puck y se lo llevo consigo, pero ninguno de los 2 vio venir al tercero de los rivales, quien empujo el puck con su palo
Para nuestra suerte, nuestro amigo, Nathan, interrumpió el pase y fue quien logro acercarse lo mejor posible a la portería por los filos de la cancha. En su camino se interpuso uno de los rivales la cual no fue un obstáculo para Nathan. Él golpeo el disco con bastante fuerza contra los filos, lo que género que el puck rebotara; Lyam no se quedó quieto y junto con uno de los oponentes, fueron tras el puck. El choque de sus palos resonó por toda la cancha y el disco solo salió volando. Momento que aproveche para tomar el puck, mientras era pisado por los talones por mi oponente; Pasamos por la curva de la cancha, cerca de la portería y mis amigos (Nathan y Lyam), se habían colocado en los extremos, dándome 2 opciones a escoger. Los iba a felicitar por el posicionamiento, porque eso nos permitía amagar al oponente y así fue. Mientras ellos creían que iba a continuar de largo con el disco, en un momento previo, mande el disco cerca de la portería, pero como un pase que lograría rebotar y ser lanzado por Lyam, anotando finalmente el gol necesario para empatar y darnos más tiempo para jugar.
—¡OUI! (¡SI!) —exclamamos junto con nuestro amigo de la banca que se acercaba a nosotros, los 2 minutos ya se habían cumplido.
No fue la única imagen que se iba a quedar conmigo, pues para nuestra sorpresa, logramos ganar y eso llevo a que desahoguemos nuestra emoción con gritos. Esto es muy similar al aullido que di junto con Bluey a los 6 años; Si que nos encanta el hockey, nos despedimos de los oponentes, la cual no falta decir que tendremos nuestra revancha, y nos fuimos cada quien, para su casa, bueno a excepción de Lyam y yo. La verdad, me sentía mejor, estaba alegre y calmado. Y me encanta porque en esos juegos, a veces bruscos, hallo algo de consuelo, algo de distracción y me muestra una vez más la razón por la que debo disfrutar el tiempo con mis conocidos.
—Jean Luc, si quelque chose te dérange ou si tu te sens mal, je suis là pour te soutenir (Jean Luc, si algo te molesta o te sientes mal, aquí estoy para apoyarte) —le brinde una sonrisa mientras asentía ligeramente con la cabeza.
—Oui, merci Lyam —Dicho eso, chocamos nuestras palmas y luego dio palmadas en uno de mis hombros, dio media vuelta y continuo con su camino... Su propio camino
Camino a casa, no pude evitar desviarme de la ruta diaria. Quise despejar mi mente, pero no podía bloquear los intentos mentales de cómo iba a despedirme, ¿cómo se los diré? ¿Cómo se lo tomaran?; Llegue hasta un parque que tenía consigo un pasto medianamente amarillento y unos pocos juegos para entretener a los niños, entre todos ellos, me senté en un columpio, el frio del asiento no era muy notoria gracias a que este estaba compuesto por tela y no metal, creo que sería una mala idea usar metal como asientos en la intemperie.
El aire gélido del clima choco contra mi rostro, como si me diera el aire necesario para encontrar la paz y analizar bien la situación, o bueno, a reflexionarlo; Llegan a mí los recuerdos de la infancia y van cambiando a medida que pasaba el tiempo, desde que era un niño energético con mil y una cosa que contar hasta llegar a lo que soy. Los amigos que eh conocido, algunos se fueron, otros simplemente continuaron, algunos permanecimos y me temo que ahora yo soy el que deba decirle adiós...
Me veo obligado a decirles "adiós", porque si a Bluey se le partió el corazón por mi partida, no me imagino como se destrozarán los amigos que me han conocido desde muy pequeño o a inicios de la secundaria.
—¿Chocolat? —pregunto una voz femenina mientras posaba el chocolate frente mi hocico, sonreí al saber de quien se trataba.
—Bonjour Ana —ella tomo el otro columpio mientras yo recibía el chocolate. Me quede mirando por unos segundos aquella barra.
—Bonjour Jean —dijo— Engagez tout, je n'ai pas faim (cómetelo todo, no tengo hambre) —, le di un mordisco a la barra, su sabor aliviaba mi agobio y me deleitaba con su sabor.
Ana es una chica increíble. Ha sido mi mejor amiga desde la escuela, al igual que con Lyam, ella y yo hacemos muchas cosas juntos, solemos pasear, jugar, hablar, patinar, incluso cantar... En cierto momento, pensé que lo nuestro iba a ascender a algo más, pensé que ella sentía lo mismo que yo, hice varias cosas para poder estar con ella y poder subir aquel escalón. Para mi sorpresa, solo incomode las cosas cuando me la declare, creo que fue una clase de shock para ella, pues nunca creyó esos sentimientos de parte mía y nos vimos en una situación incómoda por un tiempo
Actualmente estamos bien, supuestamente dejando atrás eso y manteniendo esa amistad, a pesar que yo no pude olvidar lo vergonzoso que fue. Ana tiene la costumbre de brindar algún caramelo o postre para contar una mala noticia, o aliviar al que tenga una
—¿Le savez-vous ou pas encore? (¿Lo sabes o todavía no?) —Pregunte mientras volteaba mi rostro a ella
— Non, seulement toi, mais je te connais si bien, que même ton regard sérieux et perdu à l'horizon ne me trompe pas. (No, solo tú, pero te conozco tan bien, que ni tu mirada seria y perdida en el horizonte me engañan) —Es verdad, siempre que tengo algún problema y deseo llorar, lo reprimo y mantengo la mirada firme, no la agacho para nada porque, bajo mi perspectiva, es dejarse aplastar por el peso emocional.
Me relamo los labios antes de poder hablar, pero siento no tener la valentía para decirlo — Vous me connaissez bien... Malheureusement, vous devrez attendre jusqu'à demain. (Me conoces bien... Lamentablemente, te va a tocar esperar)
—Uu... que misterio —bromeo un poco—Vamos Jean, no lo reprimas
— Pas d'Ana... Cela devrait être connu par l'ensemble du groupe (No Ana... Esto lo debe saber todo el grupo)
Su semblante cambio a uno más preocupada.
—¿Les nouvelles sont-elles mauvaises? (¿Están malo la noticia?)
— Pour moi oui, pour les autres... Je ne sais pas (Para mí sí, para los demás... No lo sé)
El silencio domino el ambiente por segundos, éramos solo 2 jóvenes sentados en medio de un clima gélido, acompañados por los pocos cálidos rayos del sol que poco a poco iban desapareciendo a medida que el sol se ocultaba.
—Sabes Jean, a veces recuerdo que intentas tener esa imagen de "Misterio".
—¿A sí?
—Sipi. Nunca te salió en la escuela —solté una pequeña carcajada—, pero era muy tierno verte intentar, a la final soltabas toda la información —a mi cabeza llego el recuerdo de aquella obra escolar, en la que intente mantener en secreto que yo iba a ser su pareja para el dueto, pero no pude contener la información por culpa de la emoción y como todo un galán, termine gritándolo a los 4 vientos.
Nos reímos siempre que lo recordamos
—Hasta llegar a la secundaria, creo que todos pasamos por ese proceso de pensar, en que dirán los demás de nosotros.
—Éramos tontos esos años.
—Lo seguimos siendo Jean. A pesar que íbamos cambiando, regresaba a nosotros esa pisca que nos volvía a la normalidad... Pero tú, Jean —Nuestros ojos se posaron en el rostro de cada uno— Creo que te estancaste. Un día dijiste, "puedo con esto... solo". —La voz de mi yo de 14 años retumbo en mi cabeza junto con los horribles pitidos del hospital— No está mal pedir ayuda Jean, eso no te vuelve un cobarde.
Me tome una pausa para analizar sus palabras, pero no basto, pues yo continuaba ignorando eso y persistía con lo mismo, "puedo manejarlo".
—Claro... mañana se los diré, creo.
—Por supuesto —su voz se escuchó algo deprimente.
—Cada día nos acostumbramos más al inglés —dije en un intento de subir los ánimos, cosa que no le agrado mucho a Ana.
—Jean —dijo—, yo ya lo sé... —Eso me dejo congelado. El pelo se me erizo mientras se me encogía el pecho
—¿Como?
—No importa el cómo lo se Jean Luc, lo que importa ahora es que te prepares para ese día —Quería llorar, de hecho, mis ojos se humedecieron y lo mejor que pude hacer fue apartar la mirada y mantener la vista al frente. Sentí su mano ejerciendo presión sobre mi hombro—, no importa lo lejos que estés, siempre estaremos ahí.
Esas palabras me dolían aún más. Él que te digan que siempre estarán ahí es una cruel mentira, sigo sin saber si maman lo decía por decirlo o también ella creía eso.
La casa todavía estaba vacía, papá trabajaba hasta tarde en la carpintería, el siempre suele tener muchos pedidos. Sin muchos ánimos, me dirigí a mi habitación y me eché en la cama, como si mi cuerpo fuera un peso muerto.
Respire, lo solté, respire aún más, y lo solté. Era el único método que conocía para tratar de aliviarme.
El sonido mi celular resonó por la habitación. Lo tomé sin mucha energía pues ya tenía pensado rechazar la llamada, no obstante, me detuve gracias al ver su rostro, azul y encantador. Era Bluey quien me llamaba y siendo, más o menos obligado, respondí
Era una video llamada.
—Bonjour M. Labrador, je viens juste vous dire que vous avez des cours particuliers de français —dijo con un ligero acento francés
En mi rostro se formó una sonrisa mientras alzaba una ceja —Certes, pour les cours d'aujourd'hui, vous devez répéter les mots de base, me dire en français et enfin une thèse orale sur l'histoire romaine —, mis palabras solo la dejaron en shock, procesando y analizando mi oración hasta que se dejó caer en el escritorio, rendida al no poder responder.
—No es justo, lo haces difícil apropósito —fingió tristeza, cosa que me hiso reír.
—jaja, iré más lento. ¿Me repites el por qué quieres aprender francés?
—Bueno, es que me parece curioso el idioma —se escuchó nerviosa.
Ya ha pasado 2 semanas desde que volvimos a Canadá y tan pronto como supe de la noticia fue cuando llego el tormento de tener que tolerar el tiempo. Los minutos no paran por nada del mundo, lo peor es que no puedo decir que no me guste la idea, porque al saber a dónde voy, la chica de pelaje azul vuelve a mi cabeza y eso me hace cuestionar si realmente no quiero ir.
—Muy bien, hora de empezar maestro —jugo un poco a través de la pantalla.
—Bluey, ¿te parece si continuamos mañana? —su cola se detuvo y su semblante cambio.
—No... si-si quieres podemos dejar las clases y, no sé, ponernos a conversar.
Le brinde una cálida sonrisa.
—Me gustaría, pero no me siento bien estos momentos. —me gire en la cama para apoyar la mano, con la que sujetaba el celular. Bluey se mostró preocupada por mi situación
—¿Qué sucede?
—Nada que tengas que preocuparte. —respondí.
—Jean Luc, tu eres quien me preocupa, solo dímelo —Ella sabe usar bien esa mirada de perro, me enternecía el corazón, pero, por otro lado, creo que debía escuchar a alguien, debía expulsar esto de mi sistema y creo que es más fácil decirle a alguien que, de por sí, ya está a grandes distancias.
—Bueno... Vamos a mudarnos a Australia.
—¿Van a mudarse? —su voz se escuchaba sorprendida y no libero su emoción hasta que yo se lo confirmara con un ligero movimiento de cabeza. En ese momento ella estallo de alegría, lo que me hiso sonreír ligeramente.
—¡Eso es increíble! ¡Pueden venir a vivir a Brisbane, podrías ir a la misma secundaria, yo sería tu guía! —hablaba con emoción, muestra de aquello era el movimiento acelerado de su cola y en cuestión de minutos, comenzó a describirme lo bello que es la ciudad, sus lugares favoritos y que deseaba con ansias mostrármelas. No parecía tener un botón de apagado, pero esa misma emoción lo vi muy tierna, parecía una niña emocionada por algún juego— ¿Cuándo piensan venir? ¿Sera mañana o la próxima semana?
No podía creer lo emocionada que estaba Bluey por la noticia. Y no quise borrarle esa bella sonrisa. Así que forcé una.
—En unos días.
—¡Que emoción! —al posar sus ojos en la pantalla, su mirada cambio, se vio extrañada por mi rostro —¿No te emociona?
Quise responderle, pero en esos momentos no servía ni para mentir.
—Yo... no tanto Bluey —sus ánimos se desplomaron rápidamente, como si mis palabras fueron aquel peso que la aplasto— No digo que no quiera, solo que... me voy a alejar de mis amigos, familiares, prácticamente de toda mi vida— Me tomo una pausa para intentar relajarme mientras Bluey solo me miraba a través de la pantalla
—Jean, si no estás seguro de venir, ¿Por qué no te quedas haya?
—No puedo. Quiero. Pero no puedo, eso ya está fuera de mis manos —sentí que había arruinado el ambiente. Bluey estaba contentan por la noticia, pero yo no lo estaba del todo y eso fue lo que nos llevó a ese silencio algo incómodo. Pasaron unos segundos hasta que uno de los dos retomara la conversación, el momento fue algo gracioso, pues ambos queríamos decir algo en ese momento y lo dijimos al mismo tiempo —Continua tú.
—Solo iba a decir que, si te sirve de consuelo, yo estaré ahí para cuando llegues... tratare. No. —Se corrigió— Hare que te sientas en casa cuando estés aquí, prometo que te la pasaras genial en Brisbane.
Esa chica intento animarme, lista para acogerme en Australia, pero el peso de la situación pudo conmigo, no podía cubrir por mucho tiempo este sentimiento, esta sensación originada por el hecho de tener que dejar atrás todo lo que conocía, todo lo que me mantenía acostumbrado, a todos quienes me acompañaron en el camino, todo lo que me conectaba con mi madre.
Mis ojos no retuvieron más las lágrimas y lo único que pudo escapar del nudo en mi garganta fue un
—Merci Bluey.
