—Y eso fue lo que sucedió —Contaba Mackenzie mientras estaba acostado en un colchón ajeno. Se encontraba en la habitación de Honey mientras la mencionada trabajaba con algunas hojas y su piano en el escritorio.
—Como lamento eso Mackenzie —Hablo Honey mientras giro en su silla a la dirección del border collie.
—No lo lamentes. Al fin y al cabo, es mi culpa por continuar haciéndome ilusiones —dijo incorporándose en la cama y posando su vista en la Beagle—, pero sabes, ella se veía muy emocionada por la llegada de ese labrador, es como si lo conociera de toda la vida.
—¿Eso te molesta?
—Sí, pero también me deprime. Yo la eh conocido desde los 5 y él solo unos días. Que es lo que él tiene que yo no o tal vez... Tengas razón —dijo con decepción
—¿En qué?
—En que Bluey ya es otra, alguien distinta y sabes, acepte eso porque todos cambiamos ¿no?
Honey se levantó de su puesto y se reubico al costado de su amigo.
—No lo sé, la verdad es que nunca me puse a pensar en cómo era antes, de hecho, no lo recuerdo muy bien.
—Yo sí, eras igual que Bluey —La Beagle se sintió ofendida por el comentario que regreso a ver con fastidio a Mackenzie.
—No me compares con ella —Dijo con seriedad.
—No quise decir eso. Me refería en los lazos porque, de pequeño, me la pasaba peleando con ella al igual que contigo.
—Cierto, había olvidado varias de ellas —Honey intento recordar.
—Si... me acuerdo que nos peleamos por la maquina controla adultos.
—Esa cosa era solo una charola de pelo y pasto, lo que me sorprende son las coincidencias que hubo ese día.
—Si... cierto también cuando jugamos a la tienda —poso sus ojos en las de Honey— ustedes eran muy, pero muy, estresantes.
Una pequeña carcajada se escapó por los labios de Honey.
—Y tu alguien muy impaciente.
— ¿Aun lo sigo siendo?
Honey movió la mano.
—Un poco, creo. Al fin y al cabo, le tuviste paciencia a Bluey todos estos años— Bromeo.
Mackenzie solo pudo suspirar de pena mientras intentaba recordar los días totales por intentar enamorar a Bluey y hacerla su novia
—Ash, no me lo recuerdes —Se quejo tomando una de las almohadas de Honey para cubrir su rostro, a la par, su amiga le dio una pequeña palmada en el brazo y prosiguió a continuar con su trabajo.
El border collie simplemente estaba inquieto, pues ver la foto de su enamorada con otra persona había encendido las alarmas dentro de él, se sintió algo intimidado por el labrador y no por miedo a los golpes o algo por el estilo, se sentía intimidado por el simple hecho de saber que es alguien importante para la Heeler y eso significaba que un nuevo competidor entraba en el juego.
Por otro lado, Honey se mantenía concentrada en sus hojas que contenían sus propias partituras, cada una siendo especial ya que estas demostraban el avance que tuvo a lo largo de su aprendizaje en el mundo musical, uno de los hobbys que empezó a interesarle al entrar a la secundaria. Sus dedos ejercían presión en las teclas a medida que leía y agregaba nuevas notas en sus partituras, tonos que fueron escuchados por Mackenzie y que llamaron su atención.
Él la vio con una sonrisa. Le parecía genial ver como su amiga les dedicaba tiempo a sus gustos a pesar de ser inundada constantemente por la presión escolar. Con lentitud, se fue acercando hasta estar a su costado y observaba con detalle cómo se desenvolvía con las manos.
—Cada día mejoras —Comento.
—Me esfuerzo por mejorar.
—Lo sé, realmente me impresionas —A Honey se les calentó las mejillas. Eran pocas las veces que la halagaban por su talento o la reconocieran por ello— ¿Déjame intentarlo?
—De acuerdo Beethoven.
Mackenzie era de las personas que preferían escuchar la música más que componerla, aun así, Honey lograba generar esa curiosidad en él, lo incentivaba un poco a probar algún instrumento.
La beagle inclino su teclado al border collie, quien observo por un momento las partituras y lo primero que pudo pensar fue "¿Qué es esto?" por milésima vez.
Honey noto la confusión de Mackenzie y no dudo en guiarlo, posicionando las manos y dedos de Mackenzie en las primeras teclas y lo fue ayudando poco a poco hasta que el border collie lograra tocar una pequeña parte de la melodía.
Mackenzie quedó impresionado.
—La melodía es bella Honey. ¿De dónde sacaste la creatividad?
—Ni idea, solo me sentí inspirada.
—Honey, tu siempre estas inspirada, desde que entraste al club, junto con Bluey, siempre te viste así, bueno, hasta un tiempo en el que dejaste de tocar —Honey resoplo mientras apartaba su mirada de Mackenzie— ¿Por qué? ¿Qué fue lo que paso para que dejaras de tocar por un tiempo?
La Beagle roso sus dedos por las hojas antes de volver a tomarlas y acomodarlas.
—Simplemente ya no me daba ganas de tocar —respondió.
—Yo no creo que haya sido eso —La beagle busco entre los cajones, de su escritorio, una carpeta que contenía otras partituras que ella había creado— fue por Bluey. ¿Cierto? —Honey intento ignorarlo, pero Mackenzie persistía por saber la respuesta— ¿Por eso la odias?
Honey estampo con algo de fuerza la carpeta y con ojos rabiosos le contesto.
—¡Si Mackenzie, la odio! —Puso en su lugar la carpeta y cerro el cajón con fuerza, logrando que Mackenzie se estremeciera de temor.
El border collie observo a su amiga por unos segundos, antes de seguirla y sentarse junto a ella en la cama.
—¿Qué fue lo que paso entre ustedes?
Honey se apoyó en la cabecera y con un suspiro, hablo.
—Mira Mackenzie, yo sé que quieres que ella y yo volvamos a ser amigas, y gracias por eso, pero quiero que te quede claro que eso ya no va a pasar... —Mackenzie se vio sorprendido mientras sentía como se le estrujaba un poco el pecho. ¿Por qué?
—Pero... ¿por qué? —volvía a preguntar.
—Yo tengo mis razones Mackenzie.
—¿Y por qué no me lo dices?
—Por qué te conozco. Sé que intentaras hablar con ella para resolver esto, pero yo ya no quiero nada que tenga que ver con ella —dijo haciendo gestos con las manos.
—Si fuera así, entonces ¿por qué no me callas cada que la menciono?
—¡Y qué crees! ¡¿Qué no estoy cansada?! —exclamó con enojo, lo que tomo desprevenido a Mackenzie. Ella lo vio y tratando de relajarse, continuo— Claro que estoy harta de tus lloriqueos. Y de que la mayoría de veces que hablamos, Bluey siempre este dentro de la conversación y solo para decirme lo mal que va su relación.
Mackenzie empezó a sentir culpa al recordar sus anteriores conversas con la Beagle, sabiendo desde un tiempo que a ella le dejo de caer bien la Heeler.
— No te digo nada al respecto, porque a la final yo no manejo tu vida y tampoco quiero hacerlo. Yo nunca te voy hacer escoger entre ella y yo, o alguien más. Si te tolero eso, es porque eres mi amigo y al igual que tú me escuchas, yo estaré dispuesta a escuchar todas tus penas, éxitos y anécdotas.
El border collie sintió esa pequeña flama que le brindo una acogedora calidez en el corazón una que lo hiso sonreír tiernamente. Veía a la beagle con simpatia.
—Honey. Lo siento, no sabía de eso.
—No necesitas disculparte, no haces nada malo.
—Gracias por escuchar.
—No es nada... Gracias por acompañarme —Sus ojos se quedaron perdidos en el rostro del otro y fue cuando empezaron a encontrar una pequeña conexión, una pequeña corriente que los unía y los hacia sonrojar, generaba los nervios en ellos y, apenas se percataron de eso, decidieron apartar sus miradas a cualquier esquina de la habitación.
—Bueno... ¿Qué piensas hacer ahora? —pregunto algo nervioso
—Ya no tengo nada planeado.
—¿Entonces, podrías ayudarme con las rutas para el canadiense?, sé que está relacionado con Bluey, pero...
—Es un extranjero, muy aparte de heeler —Respondió mientras tomaba su celular y abría el mapa.
—Gracias Honey.
—No hay de qué. Ahora ayudemos al canadiense a que conozca la ciudad —Dicho esto, Honey y Mackenzie empezaron a ver los mejores lugares y marcar una ruta en el que Jean luc pudiera conocer y disfrutar de Brisbane
