Honey Beagle ha sido una chica simpática desde la escuela, tal vez algo analizadora al tratar de encontrar la lógica en todo, dejando de lado su imaginación. Eso solo si estaba sola, pues, al juntarse con sus amigos, ella tomaba una postura más creativa y divertida.
Sus amigos eran aquella influencia que la hacían disfrutar e incentivaban a usar su imaginación. Bluey y Chloe eran las niñas con quien mejor se desenvolvía en ese ámbito y cuando volvió a la secundaria, el ver a Bluey y a Mackenzie, la llenó de nostalgia y la inundo de alegría. Iba a estar rodeada por rostros conocidos.
Eso paso a segundo plano después de un tiempo. Pues, la Bluey que conocía ya no estaba ahí, ahora a quien estaba conociendo, fue a una Bluey que se convirtió en alguien más complacientes para sus amigas, dejando de lado su opinión solo para poder permanecer en el grupo. Y una de esas acciones, fue lo que rompió el lazo de su amistad y prendió un odio dentro de la Beagle.
Honey iba saliendo del salón, había terminado su práctica matutina con el piano y había reservado unos 10 minutos para tomarse un respiro antes que iniciara sus clases en la secundaria. Como de costumbre, ella se dirigía al patio a tomar un poco de aire, reorganizar sus ideas y darles un pequeño vistazo a sus partituras. Aquellas notas significaban mucho para ella, eran las cosas que la hacían sentir más grande, una en la que podía pensar "Estoy orgullosa". Varias fueron las canciones que escuchaba e intentos de tocar el piano en medio de esa casa vacía. Era su manera de sobrellevar su vida sin la presencia de sus padres.
Mientras guardaba sus hojas en la mochila, el crujido de una funda de papel la detuvo en seco. Reviso la mochila y se encontró con un pequeño paquete envuelto. En su frente tenía escrito "Que tengas un buen día tesoro", su madre le había guardado uno de sus postres favoritos antes de irse a trabajar. Honey sonrió y acaricio las letras escritas en el papel con sus dedos.
—¿Extrañando a mami? —Tan pronto escucho la voz, el semblante de Honey cambio— ¿Qué pasa? ¿Por qué tan muda?
Honey intento ignorarla. Ruby, junto con sus amigas, era aquella piedra en su pie que todavía no lograba sacar. Aunque quiso alejarse, las otras 2 chicas habían intervenido en su camino, sin embargo, eso no intimidaba a Honey, ya estaba más que acostumbrada a pasar por esa situación.
—Oye solo intentamos hablar. —hablo una Pomerania. Los ojos de Ruby se desviaron a la funda, y tal como una depredadora, lo quiso tomar a la fuerza.
En ese momento, los recuerdos de Honey se avivaron como nunca.
Ya iban por la mitad del tercel nivel. Muchos estudiantes caminaban por los pasillos, buscando salones, conversando, mascando chicle, escuchando música. A excepción de Honey, quien estaba recogiendo una funda del basurero.
—Bluey, ¿Cómo puedes decir que eso es vergonzoso? —Dijo señalando aquella funda con unas palabras escritas "Que tengas un gran día, de: papá y mamá"
—Honey deja eso —Pidió Bluey mientras le arrebataba el papel y lo volvía a poner en la basura—, ya estoy grande para esa cosa, igual tú.
—La verdad Bluey, a mí no me molesta eso. Es una gran muestra de cariño de parte de ellos. —dijo con una sonrisa. La Heeler puso los ojos en blanco antes de volver a posar su vista en Honey.
—En fin. ¿Vas a ir a las presentaciones para el musical? Charlotte me dijo que ella iba a entrar. —Honey hiso una mueca de nervios.
—No… Con tu amiga participando, se me hará muy difícil ganar el puesto.
—Vamos Honey, anímate, al menos tienes que intentarlo. —La incentivo— Además, eres muy buena con el piano.
—Pero tengo varias canciones y quizás sean horribles.
—No es cierto. Yo he escuchado tus melodías y créeme cuando digo que son buenas.
—Pero no sorprendente como los de Charlotte.
—Vamos Honey, debes tener al menos una canción que sobresalga de las demás. —Honey lo pensó por unos segundos hasta hallar aquella partitura necesaria— Creo que si la tengo. Sígueme.
De pronto, en el salón de música, se empezó a escuchar una melodía que enternecía el corazón y deleitaba con su tonada, era un dulce para las orejas. La canción en sí, era de un tono calmante que llegaba a cambiar ligeramente a tonos energético que conectaba y lograban generar un ritmo no tan abrumante ni uno tan aburrido, obtuvo equilibrio.
Lo que ambas no sabían, es que aquellas melodías que se desprendían del piano, como si se tratase de un aroma, llegaron a oídos ajenos que instintivamente la intimido.
Bluey estaba más que sorprendida y Honey tenía una sonrisa de oreja a oreja mientras podía sentir la pasión, era una especie de adrenalina que recorría todo su cuerpo, que la emocionaba y la hacía perderse en las melodías de su propia música.
—¡Suena increíble! —Expreso Bluey con la cola agitada.
—Lo dices solo para animarme. —Respondió con algo de timidez.
—No, te lo digo enserio. ¿Por qué no lo has tocado antes?
—La iba a guardar para algo especial. Pero viéndolo ahora. Creo que mañana es el momento especial… podre destacar. —A Bluey le sorprendió la forma en la que hablo Honey, pues, una vez más, la Beagle había demostrado su anhelo y cariño a su hobby.
—¿Esto es muy importante para ti?
—Si —Respondió con una sonrisa orgullos y acariciando esas hojas— Qué te parece si tú y Mackenzie participan conmigo. Ustedes son el dueto de cantantes y yo la pianista que les dará la música.
—No es mala idea. —Respondió con un ligero rubor.
Honey y Bluey nunca fueron las amigas perfectas, pero sí que se brindaban el apoyo necesario, sin importar sus diferencias, incluso con esas amigas que tenía la Heeler, no fue suficiente como para distanciar al par. Aun así.
La confianza es igual a una vasija, se construye con cuidado y lo moldeas a tu gusto, has un movimiento despistado y arruinaras la vasija, si ya está hecho entonces encárgate de sujetarla con algo de fuerza, ya que, si la exprimes, se partirá en tus manos, suéltala por un segundo y se romperá con el impacto; Así de frágil es la confianza y Bluey no supo cuidarla.
Honey estaba preparándose para la presentación. Esperaba que Mackenzie y Bluey aparecieran para el dueto o simplemente para apoyarla, pero eso paso a un segundo plano cuando se percató de la ausencia de su canción. Se había esfumado, al igual que un padre.
"¿Dónde rayos esta?" Pensó, presa del pánico.
—¡Siguiente! —Quien camino fue Charlotte, una de las tantas amigas de Bluey.
"Demonios". Maldijo Honey, ya que ella iba después de Charlotte. Sintió una pequeña chispa de satisfacción al ver a la Heeler azul acercarse.
—¡Bluey! —La Heeler se estremeció ante la voz de Honey— ¡Ayúdame! No encuentro mis partituras. La había guardado en la mochila ayer y ya no están.
—C-claro…—Tartamudeo. Bluey se encontraba nerviosa y al parecer, traía consigo una carga, la culpa— Honey, en realidad…
Su voz se cortó, en cambio, el pelaje de la Heeler se erizo por completo e incluso su mirada expresaba el miedo y el pánico que empezaba a domar su cuerpo de manera abrupta, todo eso mientras los escalofríos recorrieron su columna vertebral. Con Honey era diferente, ella se mostró sorprendida, pues, su canción estaba siendo tocada por otras manos… Por las de Charlotte.
Honey se quedó atónita al ver como su canción era reproducida por la amiga de Bluey, y lo peor, es que a los profesores les encantaba.
—Bluey… —alcanzo a decir antes de posar su mirada en la Heeler— ¿Por qué Charlotte toca mi canción?
La Heeler coloco su mano sobre su brazo mientras bajaba su mirada y permanecía en silencio. Honey lo dedujo, pero no quiso creerlo y se limitó a tomar sus otras partituras y hacerle frente a aquella chica.
—¡Esa es mi canción! —Interrumpió con enojo, mientras se dirigía a los maestros, quienes se veían extrañados por la situación— ¡Maestros tienen que creerme!
—¡¿De qué hablas?! —Hablo Charlotte— ¡Eh estado trabajando en esa canción por semanas!
—¡Y yo por meses! —Respondió la Beagle, con enojo. Tomo las partituras que estaban sobre el piano y las junto con las suyas— Yo lo cree. Miren tiene mí misma letr… —Se interrumpió a sí misma al ver con detalle las hojas, las comparo y se quedó sin palabras al ver que eran distintas hojas y distinta caligrafía.
—A mí me parece que son distintas. —Dijo uno de los maestros.
—Pero… —Honey volteo su mirada rogadora a Bluey— Bluey diles. —Pidió mientras apretaba los puños y arrugaba un poco las hojas— Diles que yo hice la canción.
La Beagle esperaba que su amiga la ayudase, que la defendiera y confirmara las cosas… pero no fue así. La Heeler solo se limitó a desviar su mirada avergonzada. Aquella respuesta fue el puñal que atravesó el corazón de la Beagle, sintió que su mundo y futuro se estaba desmoronando.
Tal vez haya tenido las dudas, pero en el fondo lo deseaba, ella quería ser reconocida; Que la dejen de ver como una persona más del montón y que dejaran de recalcarle lo pequeña que es ante personas gigantesca.
Honey no podía creerlo, no podía digerirlo, pues, la traición de su amiga, fue similar a atragantarse con un gran pedazo de pan: te asfixias hasta poder tragarlo totalmente. Bluey era aquel pedazo.
La amiga que le dio muestras de simpatía, cariño, quien la incentivo a demostrar su lado divertido. Aquella chica que le inspiraba confianza cada vez que sonreía y la animaba... No era más que una farsa.
Honey se sentía patética y avergonzada en medio del salón. No soporto escuchar los murmullos y las miradas juzgadoras de sus maestros y compañeros. Salió del salón, reteniendo las lágrimas antes de llegar al patio en donde dejaría caer todo y llorar en silencio. Su sueño se desmorono en tan solo segundos.
—Honey —Bluey la siguió y le estiro las partituras que Honey boto al suelo. Intento acercarse, pero la Beagle solo la fulmino con sus ojos hecho cristal.
—¿Tú me robaste la canción? —Pregunto con la voz casi partida. En el fondo, Honey, tenía las esperanzas de que Bluey no lo hiso y quizás también haya estado igual de sorprendida que ella, pero no.
Con mucha vergüenza y pena, Bluey lo admitió con la cabeza, lo que termino destruyendo por completo la confianza que existía entre las 2.
—¡Confié en ti desgraciada! —Tomo los papeles con frustración. Su ira fue mayor que la paciencia y no pudo evitar las ganas de darle un golpe a la Heeler. Bluey se salvó gracias a que sus amigas llegaron: Charlotte, Ruby y Emily.
—¡No te acerques a ella 4 ojos! —Exclamo Ruby— ¡No es su culpa que no tengas talento!
En ese momento algo se prendió en Honey. Era obvio que la relación entre las amigas de Bluey y ella, no existía, de hecho, Honey empezaba a ser un estorbo para esas 3 chicas, ya que, desde su llegada, Bluey no era la misma, que en sus mentes significaba, que ya no era tanto la persona que las complacía y eso las molestaba.
—¡¿Talento?! ¡A mí me vas hablar de talento! —Reclamo Honey— ¡Si Charlotte la tuviera, no me hubiera robado la canción! ¡Ese era mi canción! —Honey no pudo evitar desviar su mirada en sus propias partituras y humedecerlas un poco con sus lágrimas.
"Deja de llorar, maldita sea" se decía a sí misma dentro de su cabeza.
—¡Escúchame enana! —Hablo Charlotte— La verdad, eh escuchado tus canciones, y no están nada mal. Pero tampoco creas que son impresionantes, son tonadas que lo escuchas por un día y se olvidaran al siguiente. Así que, sigue participando.
—Y por qué no lo intentas también. Me partí el lomo haciendo esa canción, le di cariño, le dediqué día y noche a esa canción solo para que unas desgraciadas con problemas de atención me la quiten. —Del grupo, Ruby y Charlotte fueron a quienes les pegaron más esas palabras. La husky la iba atacar, pero fue detenida por Charlotte, quien con tranquilidad se acercó y le dijo.
—Esta es la vida del espectáculo niña, una vida llena de frustración, bloqueos y traición. Acostúmbrate. Porque esas otras canciones que tienes… ¡No son más que basura!
De pronto, la mano de esa chica atacaba sus hojas. Honey nunca antes se había sentido tan pequeña, más de lo normal. Sentía el miedo y la tristeza trabajar a la par, mientras era intimidad ante esas colegiadas. Su cuerpo se congelo en ese instante, su ira la domino, al igual que el miedo y la tristeza que simplemente le estrujaron el corazón y la obligaban a derramar sus lágrimas.
Eso le sirvió a Honey.
Ella volvía al presente, observando como el tiempo se ralentizaba y le daba la oportunidad de unos cuantos segundos, en desviar su funda y protegerla de esas chicas.
"No muestre vulnerabilidad" Pensó.
—Lamento que tus padres no te den la atención suficiente. —Respondió Honey. Lo que enfureció a Ruby, quien la tomo del cuello de manera abrupta, en un intento de intimidar a la Beagle.
Pero no, ya no más. Honey ya no quería volver a sentirse patética, pequeña. Ya no quería derramar lágrimas por cosas como esas, ella debía ser fuerte. Honey tomo muy enserio las palabras de Charlotte y desde ese momento decidió que no iba a darle su confianza a cualquiera, que ya no iba a ser esa pequeña y, sobre todo, que, si se llegaba a meter con ella o con cualquier otro inocente, se las verían con ella.
—¡Suéltame estúpida! —Exclamó Honey con seriedad mientras forcejeaba con fuerza. Ella no se iba a dejar intimidar por esas 3.
—¡Llámame así de…!
—¡Hey!
—¡Déjenla!
De las 2 voces, solo reconoció una, la de Mackenzie, pero la otra, era totalmente nuevo para ella. De pronto, las muñecas de la Husky fueron sujetadas por 2 manos distintas, la de Mackenzie y la de un labrador.
Ambos sujetos se voltearon a ver con una mueca, pero lo dejaron pasar y se enfocaron en lo primordial, ayudar a Honey.
—Cálmense las 2 —Dijo Jean, a lo que Mackenzie solo puso los ojos en blanco y se puso frente a Honey.
—Retírate Ruby. —Amenazo el Border Collie.
Charlotte y Emily iban a decir algo, a apoyar a su amiga, pero se vieron interrumpidos por la misma. Ruby estaba estudiando a ambos chicos y no tardo ni un segundo en saber quién era el labrador y percatarse de aquella tensión sutil que había entre Jean y Mackenzie.
—Vámonos chicas. Alejémonos de estos muñecos. —Sus palabras parecían ser dirigidas a Mackenzie, y no era de extrañarse, pues ella siempre lo tomaban como el sim, o el juguete, de Bluey.
—¿Muñeco? —Se preguntó Mackenzie.
—Podía sola —Declaro Honey después de ver que aquel grupo se fuera.
—Me desagrada que te lastimen. —Respondió Mackenzie, con el ceño fruncido y el rostro, ruborizado, apartado.
Obviamente no era la primera vez que Mackenzie la defendía, había ocasiones, pero cuando él no estaba cerca, Honey se las arreglaba para defenderse sola. Aun así, la Beagle no pudo evitar sentir esa calidez en su pecho, fue una clase de sensación que calentó sus mejillas y le quiso dibujar una sonrisa, tal y como si saboreara algo dulce.
—Gracias Mackenzie y... —Poso su mirada en el labrador.
—Honey, te presento a Jean Luc. —Explico Mackenzie sin muchos ánimos— Él "amigo de aventuras" de Bluey.
Jean Luc notó, sutilmente, la molestia del Border. Lo ignoro.
—Un placer Honey —Dijo, estirando la mano.
—El placer es mío, Jean Luc —Correspondió al saludo.
A pesar de que el labrador se viera como una persona amable y buena, las experiencias de Honey con las "amigas" de Bluey la hacían desconfiar de cualquiera y estar siempre alerta ante cualquier cosa.
—¿Quiénes eran ellas? ¿Por qué te molestaban? —Pregunto el labrador.
"No se lo ha contado" pensó. A pesar que Jean era nuevo y técnicamente no sabía nada de lo que sucedía en la secundaria, Honey no bajo la guardia.
Antes que Mackenzie respondiera, Honey tomo la palabra.
—No debes preocuparte por ellas. —Dijo mientras estudiaba al labrador. Estaba dudando, pero al conocer que es amigo de Bluey, no bajo la guardia.
"Las apariencias engañan" Se recordó a sí misma.
