El corazón se contrae al sentirme... Vacío. No podía dejar de pensar en todos estos años de casado, en el que empezamos a crear nuestra familia y del cómo mis pequeñas iban creciendo en el transcurso del tiempo.
La sensación de insatisfacción era el causante de mis movimientos constantes en el colchón. No podía conciliar el sueño.
Rendido, di un leve suspiro, uno pequeño para no despertar a mi esposa.
—¿Estás bien? —Escuche su voz, algo ronca por la madrugada.
—Si... No —Respondí con la mirada al techo.
La habitación estaba ligeramente iluminada por la luz de la luna, que se asomaba por la ventana y posaba para enternecer un gran panorama.
Chili se acomodó en el colchón para verme mejor. Me sonroje al verla de reojo, pues, la luz chocando con su rostro y cuerpo, cubierto por las cobijas, me deleitaba. Se veía más hermosa de lo normal.
—Cuéntame.
Se escuchaba cansada y no la culpo. Ella estaba dormida plácidamente y yo la vengo a despertar en plena madrugada, aun así, se preocupaba por mí.
—Sera mañana. Tienes que dormir. —Ella negó con la cabeza.
—No dormiré bien si tengo la preocupación encima. —Respondió.
—Pero
—Cuéntame cariño. —Su mano acaricio el pelaje de mi brazo— Tiene que ver algo con tu empleo. —suspire pesadamente.
—No te mentiré, extraño mi anterior trabajo, pero no es eso.
—¿Entonces?
—Yo... No lo sé. Me siento frustrado, vacío...
—¿Infeliz?
—No, no. —respondí de inmediato—Si fuera eso, hace rato me hubiera separado de ti. —Le dije mientras acariciaba su brazo hasta juntar su mano con la mía.
—¿Si no?
—Estoy dejando de ser útil Chilli. —Dije con decepción— Mira la edad que tenemos. Míralas a ellas, Bluey ya ha crecido y Bingo ya no necesita mi ayuda y eso... Me hace sentir inútil. —Termine eso último con un susurro.
—Bandit, en algún momento van a tener que manejarse solas. Llegará el día en el que tengamos que soltarle las manos para que puedan avanzar.
—Pero ¿qué será de nosotros? ¿Nos olvidaran? —Ella dio un pequeño resoplido.
—Sinceramente, no lo sé. —Mis preguntas la dejaron pensando, creo que le quitaron el sueño. "¿Qué pasara?" leí en sus ojos. Nos mantuvimos un rato en silencio, con nuestros rostros apreciando el tejado de nuestra habitación y permitiendo que nuestras cabezas sean inundadas por nuestras preguntas— Tal vez pase eso, quizás si se olviden de nosotros. —Di un pequeño resoplido. Ella tampoco negaba esa posibilidad y creo que eso nos angustiaba a los 2.
No creí que el tiempo iba a pasar rápido. No pensé que los juegos, que me dejaban agotado, fueran disminuyendo hasta desvanecerse, ahora los extraño un montón. No creí que la relación con mis hijas iba a cambiar...
—Aun así, las seguiré amando.
Su voz llamo mi atención.
—Es raro pensar, que no importa si ese ser querido te olvida o llega hacerte un mal, uno no dejara de querer de la noche a la mañana. —Continuó hablando.
—Si... Es verdad. A pesar de la edad, ellas continuaran siendo nuestras pequeñas. Aun así, me frustra pensar que seremos una carga. —Dije.
—Claro que no. Una vez terminen la universidad, ellas se concentrarán en ellas y nosotros en nosotros.
—¿Y qué tal si están en problemas? ¿Cómo podremos ayudarlas?
—Ellas acudirán a nosotros y haremos lo posible para ayudarlas. —Nuestros rostros parecían imanes y poco a poco íbamos acercando nuestros rostros— En las buenas y en las malas. —Dijo antes de juntar nuestros labios y dejarnos llevar por la pasión—¿Por qué lo piensas tanto?
Su pregunta no hiso nada más que hacerme recordar los primeros días de la secundaria de Bluey. Ya no era sorpresa para mí la transición y de las fases, ya sabía que en algún momento Bluey iba a empezar a avergonzarse de mí o de su madre. Lo tenía claro. ¿Entonces por qué duele tanto?
La ida a la secundaria era muy distinta que en la escuela. A diferencia de ahora, antes, disfrutaba de sus canticos, de sus pequeños juegos que hacían en el auto hasta llegar a su destino, de esa hermandad que llevan desde muy pequeñas.
Actualmente, el viaje es un poco más silencioso, ya no juegan, ahora tienen sus rostros plasmados en esos celulares que las distraen de un mundo maravilloso o de una simple hoja. Ya no cantan, en vez, chismean de todo, hay veces que no puedo evitar escuchar esas conversaciones. Lo que todavía conservan es ese lazo de hermanas que se mantiene fuerte ante cualquier cosa.
¿Por qué lo pienso tanto?
El día el que volvió Jean Luc, Bluey se vio animada. A su madre y a mí nos bastó con ver la manera que Bluey observaba a ese Labrador; No lo veía como Mackenzie, no lo veía como su hermana, ella veía al labrador con otros ojos.
Amor.
De vería estar contento por ella, pero no puedo ocultar mi preocupación, ya que, el amor a primera vista suele tener sus complicaciones y me preocupa que ese chico le haga algún daño. O tal vez estoy exagerando, tomando en cuenta que Bluey ya conocía a Jean Luc desde pequeña.
Pero eso no fue lo que me dejo en duda. Realmente fue la actitud de mi pequeña en el campamento. Sentí que otra vez era padre, que nuestra relación aún permanecía o es lo que quiero pensar, ya que, al volver a nuestro hogar, la cosas volvieron a ser iguales o tal vez normales.
En este punto no sé qué podría ser normal o vergonzoso.
"¿El amor la cambio? O ¿La volvió a la normalidad?"
El agua empezó a fluir por mi boca, saciando aquella sed mañanera que me ataca todos los días. Al dejar el vaso en su lugar, sentí un ligero dolor en la espalda, "Ouch" pensé mientras solté un gemido de dolor. Mi espalda no es como antes, pero me sorprende de no estar hecho añicos después de tantos años.
Desvié mi rostro al reloj. Aún era temprano.
—Papá—Escuche. Bingo se asomaba por la puerta de la cocina. Se veía nerviosa— Tienes un minuto. Quisiera hablar contigo.
"Ellas acudirán a nosotros" parecía un susurro que resonó en mi cabeza.
—Por supuesto Bingo. En que soy útil.
Nos sentamos en el patio, en donde las frías brisas de la mañana acariciaban nuestros rostros y aleteaba el pelaje. Los rayos del sol apenas chocaban con nosotros.
—¿Que sucede? ¿Hay algún problema? —Ella negó con la cabeza.
—No hay problemas, solo... Preocupaciones.
—¿Qué es lo que te preocupa?
A pesar de haber crecido, no podía evitar verla como esa niña curiosa de 4 años.
—Bueno... He tenido un sentimiento desde hace tiempo, uno que no he podido quitarme de la cabeza y no importa lo mucho que lo ignore. De alguna manera vuelve. —Apretó el pelaje de sus rodillas.
—Estás enamorada. —Dije. El rostro de mi pequeña se tornó en un rojo vivo mientras asentía con ligereza.
—Si.
"Otro sujeto con que preocuparme" pensé.
—¿Cómo se llama? ¿Lo conozco? —Dije con seriedad.
—Si. Es Banjo. —Me tomo un poco más de calma al ser personas que conozco— Y pensaba decírselo, pero... Es muy difícil.
—Sí que lo es hija. —Recordé la fiesta en Londres. Fue el día en el que logré que Chilli supiera de mi existencia y donde empezó una amistad hasta convertirse en lo que es ahora, una relación— También se me hizo difícil confesarle mi amor a tu madre.
—Entonces... ¿También dudaste?
—Sí, muchas veces. —Lleve mis ojos al amanecer— Recuerdo que estaba sudando por los nervios. No sabía si iba a aceptarme o rechazarme; Incluso imaginaba que ya tenía novio o algo por el estilo.
—Te aceptó con todo y sudor.
—Por supuesto, aunque, claro, había disimulado los nervios para verme confiado. Que puedo decir, soy todo un galán. —Ella dejó escapar una carcajada, una que me dibujo una sonrisa.
"Aún tengo el don, creo" pensé mientras recordaba todos los papeles que interpretaba en los juegos.
—Pero ¿cómo se lo dijiste?
—Primero la invité a salir, la fui coqueteando y cuando finalizaba la salida, traduje lo que mi corazón decía, pero de manera lenta y calmada.
—Lo dices como si fuera fácil, pero no lo es. ¿Y qué tal si le gusta otra persona? —Más que preguntas, parecían afirmaciones.
—Mira hija, cuando se trata del amor, las posibilidades son infinitas, no hay forma de predecir qué sucederá, pero... Si tu amor no es correspondido, no tendrás más opción que aceptarlo.
—Si tiene a otro amor. ¿Que lo diferencia de mí? Qué tal si yo lo amo mucho más que esa otra persona.
—Bueno... Siempre está la opción de seguir luchando, pero si, a pesar de tus esfuerzos, sigue sin corresponder, entonces no vas a tener otra opción más que aceptar los hechos. —Bingo soltó un suspiro de decepción. Me estrujaba el corazón verla así, tan joven, y sufriendo por un amor.
La vi con ojos simpáticos y acaricié suavemente su cabeza.
—Es duro, lo sé...
—Supongo que cada persona es dueño de sus propios sentimientos...
—Así es. —Parece que ella estaba segura que aquel chico no iba a corresponder, me daba lástima ver cómo tiraba sus esperanzas por la borda— Bingo, quiero que sepas, que, cualquier cosa que vaya a pasar, yo siempre estaré para ti... En las buenas y las malas —Eso último lo decía para mí mismo.
Chilli tenía razón, no importa lo mucho que crezcan, no importa cuánto daño nos pueden causar, nunca dejaremos de pensar y preocuparnos por ella. Nunca dejaremos de amarlas.
Una vez más, mi esposa tenía razón. Gracias amor.
Bingo dio una tierna sonrisa antes de atraparme con sus brazos, y enternecer mi corazón con sus siguientes palabras.
—Gracias papá.
