-Bluey-

La claridad del día, no era suficiente para cambiar mi semblante. Sentía las púas del cepillo recorrer mi pelaje mientras desviaba, varias veces, la mirada al celular.

Ya habían pasado 3 días desde lo ocurrido en la fiesta, y le había perdido el rastro. Aparte el cepillo para tomar el teléfono y enfocar mi vista en la foto de aquel Labrador. No obtuve alguna llamada, mensaje, o algo que me dijera que está bien. Empecé a preocuparme.

"¿Estará enfadado? ¿No tendrá internet o señal? ¡¿Se habrá mudado?!" Fueron cuestiones que agrandaron mis impulsos por llamarlo y escuchar su voz. Pero algo me frenaba.

"Yo nunca quise mudarme" volvió a resonar en mi cabeza. Esas palabras se habían convertido en aquellas flamas que generaban mis lágrimas. No importa cuántas veces lo intente ignorar, siempre termino con los ojos humedecidos.

Al verme al espejo, me encontraba con una joven demacrada, mal peinada y con los ojos medianamente enrojecidos. Me veía terrible.

"Basta, pareces una tonta" Pensé, mientras secaba mis lágrimas y volvía a cepillar mi pelaje, por tercera vez.

—La enfadada aquí soy yo. —Dije, llevando mi enfoque en el pelo. Mentí. Mis ojos no dejaban de desviarse a mi celular, esperando algún mensaje de parte suya, o deseando que me llamara.

Al terminar, esperaba ver a mi hermana, que, de costumbre, estaría juzgándome con la mirada o algo por el estilo, pero no. La encontré en la habitación, oculta bajo esas gruesas cobijas que cubrían todo su cuerpo, se sentía como si quisiera apartarse del resto del mundo, que la dejaran tranquila y en calma.

—Bingo —Susurre. No obtuve respuesta— Bingo —Repetí, pero continuaba sin obtener respuesta. Tomé mi teléfono y reproduje el tono mañanero del que tanto se queja. Ella salió de su escondite y, sin previo aviso, arrojo el celular con fastidio— ¡Oye! —Me queje, mi celular cayo y puede que se haya roto, pero había funcionado.

Ver a mi hermana, fue igual que verse en un espejo. La preocupación aumento. Bingo, la chica que llega a cuidar y estar atenta muy bien de su pelaje, estaba toda desaliñada. Sus ojos puros, como el alma, estaban ligeramente enrojecidos. Estaba, casi, igual que yo.

—Bingo ¡¿Que paso?! —Pregunte mientras tomaba asiento en el filo de la cama.

—No quiero hablar de eso. —Volvió a cubrir su cuerpo con la cobija.

—Vamos Bingo, somos hermanas. Puedes contármelo todo. —Ella lo pensó por unos segundos antes de incorporarse en la cama.

—Gracias, pero… —Se tomo unos segundos para pensarlo, unos largos segundos— Solo necesito sacarlo de mi sistema. —La vi extrañada— Me refiero, a que solo necesito a alguien que me escuche.

—¿Es tan malo la situación? —Bingo desvió su mirada.

—No sabría como decirlo. —Hablo con tristeza— Ahora no quiero consejos ni nada. Solo que me escuchen.

Toque su hombro y le dedique una cálida sonrisa, lo mejor posible, pues, al igual que ella, yo tampoco estaba del todo bien. Fueron 3 días de pura frustración, tristeza y, sobre todo, temor… ¿Por qué?

—Puedes confiar en mí.

Minutos después, se encerró en el baño con un portazo que resonó por todo el primer piso.

—Bingo, no te pongas así —Dije apegándome al otro lado de la puerta.

—¡Solo te pedí una cosa! —Exclamo desde el otro lado.

—¡¿Qué quieres que haga?! ¡Que me quede de brazos cruzados!

—¡Sí! —Su respuesta me dejo extrañada, realmente no quería mi ayuda— Te conozco y vas a pedirle a tus amigas que me ayuden.

—Es porque me preocupas Bingo. Ellos tienen que pagar. —El enojo empezaba a apoderarse de mí, pero no por ella, era por esos 2 que la lastimaron.

No me gusta y me desagrada ver que lastimen a mi hermana.

—¡¿Eso lo dices tú o Ruby?! —Su pregunta me dejo extrañada, muda por unos instantes mientras intentaba procesar bien lo que me decía— Tus "amigas" no son más que gente vengativa.

—¡Son personas normales!

—¡Si, si, es normal pedirle a un chico que olvide toda su vida solo por ti! ¡¿No?! —A pesar de ser palabras, lo sentí como un gran golpe dirigido a todo mi ser, al punto, de llevarme a posar mi mano sobre mi pecho.

—¡Agh! —Golpee fuertemente el piso con el pie mientras dejaba que el enojo incrementara— ¡De acuerdo, pero no digas que no intente ayudar!

—¡ME PARECE BIEN!

—¡BIEN!

—¡BIEN!

No nos vimos las caras durante el desayuno, en el auto, ni en la secundaria. Solo nos vimos una vez las caras y fue por Bingo, quien me vio con seriedad y dijo.

—Deja el orgullo y escríbele. —Dicho eso, prosiguió a adentrarse a la secundaria, manteniendo esa firmeza y secades en su voz, como si yo tuviera la culpa.

Aquellos impulsos se volvían agresivos cada que posaba mis ojos en el celular, era como tratar de domar a animales salvajes a base de comida.

—Estoy harta de esa chica. —Hablo Ruby— Ósea, si uno esta con su pareja, se da a entender que quieren estar a solas ¿No? —Las demás asintieron, a excepción mía. Estaba tan ensimismada, que no paraba de ponerle atención al celular, mientras mi cabeza volvía a reproducir aquellas palabras que tanto me hicieron daño.

"Nunca quise mudarme"

— ¿Bluey?

—Tierra a Bluey —Emily chasqueo sus dedos frente a mí— ¿Estas bien? —Me pregunto.

—Si, sí. —Guarde el teléfono para después tocar mis mejillas y comprobar que no haya ninguna lagrima. Por suerte, parece que esta vez las retuve— Hablamos de Hanna, la mejor amiga de Dennis.

—Ash, no soporto escuchar su nombre —Comento Ruby con una mueca— Esa chica parece una sanguijuela con Dennis.

—¿Por qué no pides que la olvide y listo? —Pregunto Charlotte.

—Lo hice. Ya le dije, que, si no olvida a esa cualquiera, que se vaya olvidando de nuestra relación.

"Quiero que olvides Canadá" Escuche, en forma de eco que fue chocando contra las paredes de mi cráneo.

—Y-y ¿Piensas terminarlo si no lo hace? —Pregunte tartamuda.

—Por supuesto, o que, ¿acaso no soy suficiente para él?

Esa pregunta no parecía haberla hecha ella, más bien, parecía que fueron pronunciadas por mis propios labios, aunque no haya sido así. Fue entonces que la duda se adentró en mi cabeza.

—No, no… Lo eres —Dije con la mirada desviada y tratando de sonar segura de mis palabras. Ruby me abrazo y con una sonrisa, dijo.

—Gracias amiga, sabía que estabas de mi lado.

—Si, cuando quieras…

De pronto, el sonido de la campana nos interrumpió, acortando aquella conversación que me dejaría pensando y reflexionando. Ellas se dirigieron a su salón, pero yo, me quedé un rato más en el pasillo, volviendo a sumergirme en aquel mar de recuerdos que intentaba aplastarme con la densidad de su profundidad.

"¡¿Por qué no puedes olvidar Canadá?!"

"¡Yo nunca quise mudarme!"

"¡Acaso yo no soy suficiente!"

"¡Si, si, es normal pedirle a un chico que olvide toda su vida por ti ¡¿No?!"

"¡Acaso yo no soy suficiente!"

Todo estaba colisionando dentro de mi cabeza, palabras que me dolían, que me avergonzaba, que querían meterse dentro de mi cabeza. Varias cosas de las cuales no tenía escape. Era tanto que llegó el punto que me costaba dar un paso sin perder el equilibrio o concentrarme en clases.

Ya no podía aguantar esto, ya no podía fingir estar enojada, cuando la realidad es, que lo extraño, lo quiero, y temo haber hecho lo que, en un principio, deseaba prevenir.

"Enfócate Bluey" me dije mientras refrescaba mi cara con el agua del lavamanos, aquellas gotas frías y refrescantes que suelen calmar mis pensamientos, pero no era suficiente, eso no pudo contra mi cabeza, que, nuevamente, volvió a atacarme con aquellos recuerdos.

"Quiero que olvides Canadá" me aferre al lavamanos mientras permitía que mis ojos se humedecieran. Recordé esa expresión plasmada en el rostro de Jean, indignación. Aquella mirada fue la que prendió las alarmas dentro de mí, las que me hicieron temblar y llorar aquella noche, porque, no era la primera vez que veía esa expresión; Lo vi en los rostros de mis compañeros y antiguos amigos que terminaron alejándose... Ahora lo había visto en Jean.

"Sin darme cuenta, hay personas sufriendo"

Los recuerdos del campamento volvieron a mí con fuerza, cada conversa, cada discusión, cada lección, me abatían con mucha intensidad.

"¿Que estás haciendo?" Volví a escuchar aquella voz de esa niña de 6 años.

La cabeza me empezó a doler, mis ojos no resistieron y dejaron escapar las lágrimas que tanto quise retener, mientras continuaba recordando. Fue entonces que me di cuenta de algo que había pensado hace mucho y al parecer estaba en lo correcto. Estoy retrocediendo.

No puedo ser una mala agradecida con mis padres.

Yo no debo manipular las decisiones de otros

"Merci Bluey" volví a recordar sus lágrimas, las mismas que fueron el resultado de su dolor, y ahora, yo lloraba, pero no por lo dicho en las fiestas, ahora mis lagrimas eran generadas por el propio desastre que yo había cometido, lágrimas de pura preocupación y tristeza de no verlo feliz… De no ser la persona que lo haga feliz.

La distancia no era lo que verdaderamente lo separaba de su hogar... Era yo.

El nudo que se originó en mi garganta, era la señal de culpa que emergió desde mi corazón, las lágrimas que resbalaban por mis mejillas son la señal del arrepentimiento que empecé a sentir.

"Quiero que olvides Canadá"

Quien soy yo para pedirle eso. Qué clase de persona soy como para haber pedido eso.

Y cuando mi cabeza estaba a punto de estallar de dolor, escuche "Deja el orgullo". Fue como escuchar el susurro de mi hermana, quien fue la que más me ha tenido paciencia, y me había tolerado por tantos años.

Tomé el celular, mientras me tomaba unos segundos para encontrar el valor dentro de mí, de sentir esa adrenalina que recorría en mis venas mientras la vergüenza y el arrepentimiento hacían de las suyas.

Los recuerdos empezaban hacer un dolor de cabeza, incluso, pareciera que eran los únicos sonidos que podía escuchar a mi alrededor, no se detenían; Fue como escuchar a una multitud furiosa, pidiéndome hacer lo que debía, llamarlo.

"Jean Luc" Pensé, recordando su mirada, su sonrisa, y la forma en la que me saludo la primera vez.

Me adentre a los contactos.

"Peter… Pit" Recordé su mirada, ruborizada por la vergüenza mientras me decía que era la tercera persona que conocía su segundo nombre.

Encontre nuestra foto.

"Eres muy creativa Bluey" Palabras que me sonrojaron al construir nuestra nueva casa, y que, me hicieron sentir, como una persona normal.

Y, por último, lo que hiso culminar todo, fue el recuerdo de aquel árbol, sus hojas cayendo a montones como la lluvia mientras apreciaba como se llenaba de vida, y todo gracias, a su silueta. Jean Luc.

Al marcar, las voces frenaron, todo se había relajado, ahora lo único que sentía eran los nervios del "¿Que pasara?"

—Responde Jean —Pedí algo ronca por el llanto.

El tono de un celular se presentó en el pasillo, me sequé las lágrimas antes de salir, y, con lentitud, me asomé por la puerta. Mi pecho se sobresaltó al percibir su aroma y verlo de espalda.

—Jean Luc... —Dije, inconscientemente.

El volteó con rapidez al escuchar mi voz. Nuestras miradas chocaron, las estudiamos, y supimos que ambos nos extrañábamos.

El percibir su aroma, fue un momentito de alivio para mi pecho, más que alivio, era como un pequeño placer en volver a verlo, tal y como voltear al lado más frio de una almohada.

—Bluey... —Me llamó con una voz suave. Se mostraba arrepentido.

Él dio el primer paso, como siempre, y no me quede atrás. Fuimos acortando aquella distancia que, irónicamente, nos separaba.

—Bluey, yo...

—¿Por qué no me llamaste? —Interrumpí. Mis ojos se habían vuelto a cristalinos apenas hable, pero el poder verlo, de alguna manera, había apagado esas flamas que me quemaban en el pecho.

Sentí su mano en mi mejilla, un toque suavizante y tranquilizador que puso a dormir mis nervios. Con su pulgar, limpio aquella lágrima que resbalo por mi rostro, y con su mirada arrepentida, me dijo.

—No te escribí, por qué temía empeorar aún más las cosas. Si quería resolver esto, debía hacerlo en persona... De frente. Bluey, lo siento mucho, lo que te dije, sobre la mudanza, no lo decía enserio. —Escuchar eso, apaciguó mi corazón— Había perdido los estribos en ese momento, que permití que el enojo me domara y solo dije cosas por decir, enserio lo lamento…

—¡Deberías! —Me crucé de brazos mientras desviaba la mirada— No sabes lo preocupada que estuve por ti estos días.

—lo sien

—¡Pensé! —Volví a interrumpir— Pensé... —Pose mis ojos en los suyos e, inconscientemente, me acerqué a él hasta poder sujetar sus hombros y apoyar mi frente en su cuello —Que también me habías abandonado...

Eso era el miedo desde un inicio, ese fue la razón por la que deseaba que olvidara Canadá, porque temía que, en algún momento, tuviera que volver a irse de mi vida.

Jean Luc se sorprendió.

—¿Por qué te abandonaría? —Deseaba que me abrace, que me tuviera en brazos, al menos, por un momento, y como si hubiera leído mi mente, lo hiso.

—Porque soy una persona horrible. —Respondí con la voz partida. Era doloroso admitirlo, pero las verdades suelen doler. Hundí mi rostro en su hombro. — Perdóname Jean, no debí pedirte eso, nunca tuve que pedirte eso. Fui alguien egoísta que solo pensó en si misma —Lo vi una vez más con mis enrojecidos ojos—, y dejé de preguntarme, lo que sentías tú... Perdóname.

Volví a hundir mi rostro en su hombro, y no quise desprenderme de él, no quería que se volviera alejar.

—Nunca lo haría —Me susurro al oído—, Brisbane perdería la gracia sin ti.

Permanecimos en un abrazo acogedor, en el que pude terminar por derramar las últimas lágrimas y dejar escapar un suspiro de alivio al sentir su pelaje, percibir su aroma, y escuchar nuestros latidos, que se iban calmando a medida que avanzaba el tiempo y provocaba que admiremos mucho más la presencia del otro.