-Jean Luc—
Fue como sentir un golpe de satisfacción que cubrió todo mi ser, después de encontrarla en aquel pasillo, pues, temía haber arruinado todo con Bluey. El pecho se contraía cada que recuerdo sus ojos resquebrajándose, como el vidrio, mientras se esforzaba por retener sus lágrimas.
"No lo dije enserio" le hablaba a su foto, de manera inconsciente. Era tanto el remordimiento, que busque maneras para poder arreglar las cosas, intente llamarla, intente pensar en las palabras adecuadas para escribirle, pero nada me convencía.
"En mis tiempos, si teníamos que decir algo, lo hacíamos de frente, si queríamos pedir algo, de frente. Y si tienes que disculparte, lo harás de frente" fue lo que me dijo mi padre al verme tan desanimado. Él es parte de ese grupo de personas que conservan sus viejas costumbres, aunque, en su caso, con mamá hacia algunas excepciones.
Y siguiendo el consejo de mi père, lo hice.
Ahora podía respirar con alivio, sin esa pesadez que me atormentaba, mientras, acariciaba con suavidad su nuca, jugueteaba un poco con el pelo liso y suave de la Heeler. Saboreaba el olor de su aroma, un dulce para mi nariz.
Pero la satisfacción y el alivio no duraron mucho. Las voces de aquellas chicas, a quienes había visto esa misma mañana, se presentaron detrás de Bluey.
Apenas reconocí el rostro de esa Husky, recordé instantáneamente nuestro primer encuentro, en donde la observé ahorcando y amenazando a aquella Beagle, Honey. Mis ojos permanecieron centrados en la Husky, amenazándola con la mirada en un intento de decirle "Aléjate".
—¿Jean Luc? —Se pregunto Bluey mientras alzaba su mirada. La Husky arqueo una ceja mientras nos observaba a detalle, como si estudiara nuestra situación. Lo mejor que se me ocurrió hacer, era mantenerla alejada de Bluey.
—Hola Jean Luc —Saludo con malicia mientras se acercaba hacia nosotros.
—Mantén tú distancia—Advertí, mientras rompía el abrazo y me posaba frente a Bluey.
—¿Y tú quién eres para obligarla? —Su pregunta estuvo tan fuera de lugar, que me desconcertó.
—¿Quoi?
—Uuu, ese acento te sienta bien.
—¡Jean! —Bluey se puso al frente mío mientras apoyaba sus manos en mi pecho, centro los ojos en los míos, y dijo— Ella es Ruby… Mi amiga.
Mentiría si digo que no estoy preocupado por eso, y no es por que quiera manipularla o algo por el estilo, me preocupa que aquella chica con la que jugué de pequeño, con la que compartí momentos que siguen acalorándome de los nervios, haya sido solo una máscara. Una mentira.
No.
Eso era imposible. Bluey seguía siendo Bluey, una chica amable, extrovertida y creativa. Aquella chica que, de alguna manera, logra ponerme ruborizado y nervioso cada que estoy a su lado.
La campana volvió a resonar en todo el salón, recordándonos a todos los alumnos la hora de salida.
Honey, quien también estaba en el mismo salón y fue quien me dio a conocer, junto con el Border Collie, todo el edificio, se iba preparando para partir del salón. Mi boca se movió por si sola, y la llamo.
—Honey —Llamé. La Beagle, algo ensimismada, volteo confundida.
—Dime, Jean Luc.
—Oye… —Los nervios controlaron mi mano y la llevaron a mi cuello— Sobre las chicas de esta mañana.
—Ya te dije que no es algo que debas preocuparte. —Respondió mientras terminaba de guardar sus cosas dentro de la mochila— Tu tranquilo, y gracias también por la ayuda. Aunque no era necesario. —Sonreí— Podía sola.
—Se nota —Mi comentario le genero recelo, y me lo hiso saber a través de su mirada fulminante—, no lo malinterpretes, lo digo en el buen sentido.
—Oh, gracias, creo.
—Solo una última cosa… De por casualidad ¿Bluey no es parte de esas chicas?
—Son sus amigas.
—Lo sé, solo, me refiero si ella es, o, bueno… —¿No supe cómo abordar el tema o no quería saber la respuesta? — Ella no te lastima ¿Cierto?
Su mente divago, como si formulara y escogiera bien las palabras, de las tantas, para responder. Eso me daba a entender otra cosa, y no quiero creerlo. Yo no quiero creer que Bluey sea ese tipo de persona. No…
—No —Respondió con tranquilidad— solo la conozco por aspecto, nada más. Hasta mañana Jean luc.
—À demain.
No tarde en incorporarme e ir directo a la salida. Era en esos momentos en el que deseaba que no nos hubieran robado la camioneta de père, hace ya algunos años, ya que, la distancia de la secundaria hacia mi casa, era, algo larga.
No me quedo de otra que caminar, a conocer, y, al igual que Bluey, disfrutar de la caminata junto con los desafíos y obstáculos que atravesarían mi camino.
El clima era templado y había cierta tranquilidad por las calles, como si fueran pocas las almas que vivían alrededor, un sitio algo solitario sin duda… No era la primera vez que se sentía así, en Vancouver me pasaba lo mismo, tenía ese sentimiento, esa especie de vacío, que me molestaba e intentaba rellenarlo.
Los recuerdos llegan a mí como gente pasajera que abordan una estación, mi mente. Recuerdos en el que me desviaba del camino y me sentaba a apreciar los lugares en donde jugué, compartí y viví con mis padres.
No sé porque lo hacía, no entiendo porque yo mismo me torturaba con eso, si, incluso, llegaba a sentir esa ansiedad al ver lo desolado que estaba a mi alrededor.
"Demons" maldije al darme cuenta que vuelvo a repetir ese ciclo, cuando debería seguir adelante. Por eso estoy aquí, para darle una oportunidad a esta ciudad y esperar, que me ayude. Si vuelvo a seguir con lo mismo entonces, la mudanza habrá sido en vano.
De pronto, el chirrido de un columpio resonó por el sitio, era de esos sonidos estrepitosos que incomodan tu oído y te los tapas para evitar seguir escuchándolos. Desvíe la mirada en dirección al sonido, lo que me llevo a apreciar un pequeño parque, uno viejo, pero algo cuidado. Eso no fue lo que me llamó la atención, sino, quien se encontraba ahí.
Bingo.
Quien tenía su cabeza gacha y desprendía un semblante triste que percibí a la distancia. Ella jugueteaba en el columpio con su pie, y la usaba para impulsar suavemente su cuerpo.
"¿Se pelearon de nuevo?" pensé.
—El suelo se ve muy interesante ¿Cierto? —Dije a medida que avanzaba. La oreja de la Heeler detecto mi voz y levantó su mirada, opaca y vacía.
—¿Jean Luc? —Pregunto sin muchos ánimos— ¿Qué haces aquí?
—Iba para mi casa.
—¿Caminando? —Yo asentí.
—Si, no tengo más opción. —El columpio rechino cuando tome asiento— ¿Y tú? ¿No deberías ir a casa?
Volvió a posar su mirada al suelo.
—No tengo muchas ganas.
—¿Es por Bluey? ¿Discutieron de nuevo?
Ella asintió.
—No es por ella, pero si discutimos.
La última vez que le pregunte sobre un caso similar, me dijo que no deseaba hablar de ello. Pensé que iba a volver a darme esa respuesta y por ende no pregunté. Me limite a acompañarla junto con el silencio y la soledad que dominaban a toda la cuadra.
—¿Ella te llamo? O ¿Hiso algo? —Pregunto.
—Nos encontramos en el pasillo. —Se me estrujo el corazón al recordar su cara, empapada en lágrimas— Pero, logramos resolver todo. —La sensación del recuerdo iba cambiando, de algo doloroso a algo agradable, al punto que me dibujo una sonrisa y también, como si esa Husky jamás haya existido, se meneaba mi cola con lentitud.
Bingo me vio con seriedad.
—Espero que ella fuera la que se disculpara y no tú.
—Ambos nos disculpamos. —Respondí. Ella me vio desconcertada ante mi respuesta.
—Pero, ¿Por qué tú? —Se pregunto mientras negaba con la cabeza— Jean tu no hiciste nada malo.
—Claro que sí. Estaba menospreciando lo que habían hecho tú y tu familia por nosotros.
—¿Lo estabas menospreciando?
—Bueno no. —Me tomo unos segundos para buscar claridad en mis palabras— Solo que, con mi melancolía, lo hacía ver así y eso, no es agradable.
Bingo encogió los hombros.
—¿Qué más podías hacer? Nada, es normal, esos sentimientos no son fáciles de dominar. —Algo la estaba molestando, lo podía percibir— ¿Mi hermana te hace un berrinche y tú lo permites?
Me quede en silencio por un par de segundos.
—Ella… no paró de disculparse. —Aclare. La Heeler suspiro pesadamente, antes de posar su mirada al suelo y decir.
—Tú la amas. —El pelaje se me erizo, a la par, que mis mejillas se calentaban. Mi cabeza tuvo un cambio de temperatura tan abrupto, que se me hiso difícil el tratar de ocultar mi vergüenza— Y no intentes negarlo, no te enredes —Dijo sin darme oportunidad de tomar la palabra—, los vi en el campamento, y… Ustedes tienen algo especial. —¿Eran celos o envidia lo que percibía?
—¿D-de que hablas?
—Mi hermana parecía una persona libre de pesadez con tu presencia.
—¿Pesadez?
—Bluey no siempre ha sido esa chica tierna que conoces, ella tiene otra postura aquí. Ya lo vistes en la fiesta.
"¡¿Por qué no puedes olvidar Canadá?!"
De pronto las dudas llegaron a mi cabeza, y la única respuesta que se me ocurría, era esa tal Ruby. Acaso ¿Fue ella quien le enseño eso?
—Y, aun así, tú la perdonas… —Volteo a verme— La única razón que se me ocurre, y casi puedo confirmarlas, es que la amas. —Me quede sumido en un silencio, uno bastante vergonzoso ya que podía sentir el rubor en el rostro.
—Te equivocas —Dije con nervios—, y aunque la amara, creo que igual la hubiera perdonado. Es lo que haría un amigo ¿No?
—Quizás sí, quizás no, todo es cuestión de percepción. —Ella se encontraba recordando, algo que le dolía mucho o eso, es lo que puedo leer en sus ojos opacos, que reprimían el dolor que sentía en todo su ser.
—Bingo —Llame— ¿Qué fue lo que paso?
Nos sumimos en aquel silencio que tensaba nuestros cuerpos. Estaba dudoso, y nervioso, pues, su mirada, tan gris, me dejaban en claro que este caso era un poco más sensible, más que una simple discusión.
—Hoy… —Comenzó, pero con mucha dificultad— Se acercaron 2 personas a quienes aprecio mucho. Una es mi amiga y el otro, es el amor de mi vida. Y… —Encarne las cejas ante su propio silencio, ya estaba suponiendo por donde iba esto— Me dijeron que, oficialmente, son novios. —Sus ojos se tornaron, ligeramente, rojos mientras se humedecían.
—Oh, Bingo. —Estaba dudoso, no sabía exactamente que decir— ¿Él ya sabía de tus sentimientos?
Negó con la cabeza.
—No, no lo sabían, y, aun así, no puedo dejar de sentirme traicionada. Fue como si ambos se hubieran coordinado para darme una gran bofetada.
—No Bingo —Incline un poco el rostro—, ellos no lo hicieron con esa intención. Lamentablemente, las cosas no resultan como esperas… Lo sé.
—También lo sé. —Sus ojos dejaron escapar aquellas lagrimas que tanto se forzó por retener—Pero no puedo, no puedo evitar querer odiarlos y no quiero hacerlo. —No me gusta ver llorar a las mujeres, me daban pena y ella no era la excepción. Su voz se estaba partiendo— Se supone que soy su mejor amiga, debería apoyarlos… ¡Pero no puedo!
Sus manos se aferraron a las cadenas del columpio; Sus lágrimas cayeron como gotas de lluvia, que se estampaban contra el suelo y era succionados por la tierra.
Ana llego a mi mente. Aquella amiga con la que entable una gran amistad desde la escuela, y que, lamentablemente, no escalo a algo más.
—No quiero odiarlos… Pero es muy difícil. —Ya fue tarde cuando noto sus ardientes lagrimas resbalando por sus mejillas. Empezó a limpiarlas mientras reía con nervios— Rayos, debo verme como una tonta ahora.
—No, no. —Dije mientras me inclinaba un poco hacia ella.
—Claro que sí… Como envidio a Lila, como envidio a Bluey. —Desvió la mirada mientras intentaba limpiar la tremenda ola de lágrimas que rebosaban sus ojos— Mi hermana te tiene a ti, mi amiga tiene al amor de mi vida, y yo…
Ya no aguanto más, sus sollozos fueron aún más claros, al igual que la cantidad de lágrimas que brotaron por sus ojos. Ese mismo dolor, ese sentimiento que tanto te llega a estrujar el corazón, lo recordaba a la perfección.
—Está mal tener envidia, está mal tener esos deseos de odiarlos porque, al fin y al cabo, son sus sentimientos, pero, simplemente… No puedo evitarlo.
—Y es normal —Comencé a decir. Sus enrojecidos ojos se posaron en mí, expectantes ante mis palabras— esos sentimientos siempre son difíciles de dominar.
Me quedo mirando por unos cuantos segundos antes de ahogar una carcajada y secarse nuevamente las lágrimas.
—Tss, mis palabras contra las mías. —Negó con una sonrisa. Se nota que intentaba ser fuerte.
—Se cómo te sientes, Bingo. –Dije con algo de decepción, pues, los recuerdos con Ana son buenos, pero, a la vez, triste. Dirigió su vista a mi— Yo… si logre declarar mi amor a una chica, pero… Ella no sentía lo mismo.
Me puse de pie después de haber desviado la mirada.
—Yo también se cómo se siente tener que lidiar con ese dolor, sobre todo el no querer odiarla porque, como tú dices, son sus sentimientos, y nosotros no podemos obligarlos. —Ella se levantó del asiento, y con la mirada gacha, dijo.
—Banjo es al único a quien amo. —Su voz estaba partida, ella estaba destrozada por dentro.
—Tal vez por ahora. Pero, quien sabe, puede que conozcas a alguien más que te de esas mismas emociones y que puedan llegar a corresponder.
—No lo sé… No creo poder olvidarlo. —Una vez más, me mostro aquellos ojos cristalinos, que reflejaban la poca luz que atravesaban las nubes.
—Creo… Que el tiempo es el que sanara un corazón roto. —Le brinde una cálida sonrisa— Ya verás que encontraras al amor de tu vida.
Note sus esfuerzos por retener sus lágrimas y el cómo intentaba no sollozar. Ella asintió, con las manos en su pecho. Apoyo su frente contra mi pecho.
No podía hacer más. Aquellos sentimientos siempre son difíciles de comprender, no es algo que sea tan obvio ya que uno puede llegar a negarlos, y creo que ella se arrepintió de haberlo hecho. Ahora tenía que lidiar con las consecuencias.
Me quede ahí parado, siendo aquel soporte que la cubriría de aquella lluvia, metafórica, que generaban sus penas. Mientras le daba pequeñas palmadas en el hombro, como forma de darle mi apoyo, mi forma de darle consuelo.
