-Bluey-

Los libros cayeron al suelo por la gravedad, resonando por el pasillo junto con las risas de mis amigas, quienes empezaban a burlarse de aquella chica frente a nosotras. Una chica cualquiera que le encantaba la ficción, según notaba por sus libros.

En ese momento, debería haberlas acompañado en las risas, como de costumbre. Pero hubo algo que me hiso cambiar de opinión, alguien que pareció aclarar mi mente y no me obligaba a tener que forzar esa sonrisa, a la que he estado sometiéndome por mucho tiempo. Era libre.

—Disculpa. —Dije mientras me arrodillaba y la ayudaba a recoger todos los libros. La chica me vio extrañada, al igual que mis amigas. Eso me estrujo el pecho y altero mi cerebro. No sabía si lo que estaba haciendo fue bueno o malo, lo que si sabía, era el dolor que sentía al ver a aquella chica sospechar de mí… Al igual que Honey.

Termine devolviendo sus libros y aquella chica nos volvió a ver una última vez antes de irse.

—¿Qué fue eso? —Escuche a mis espaldas.

Trague saliva antes de voltear a ver a mis amigas. A ellas no les gustaba que le llevaran la contraria.

—Bueno… —Mi cabeza estaba procesando y ordenando las palabras adecuadas— Eh estado pensado y bueno… No creen que sería mejor si, nos volvemos amigas de ellas.

—¿Con esas raras? —Pregunto Charlotte.

"Raras" que palabra tan peculiar. Siento que esa mera palabra me había acompañado en la escuela y, ahora, me perseguía.

—No gracias. ¿Por qué, tan de repente, quieres volverte amiga de esas raras? —Pregunto Ruby.

—No necesariamente amigas, —Los nervios recorrían mi cuerpo— pero, podríamos llevarnos bien. Ellas también son como nosotras.

Mala elección. Ruby me vio a los ojos, ojos fulminantes que me intimidaron y que aumentaron los nervios en mí.

—Bluey, no te atrevas a igualarnos con esas. —Me tomo de los hombros— Nosotras somos mejores que ellas, mucho mejores.

—Si... —Ya era tarde para retractarme, sabía que había algo malo, pero... Esa palabra, era suficiente para hacerme dudar si quien hacia mal era yo o ella. Ya no me siento segura de mis palabras, de hecho, dejé de sentirme segura de mí desde que puse un pie en esta secundaria.

Ya había pasado un par de semanas desde que Jean Luc se mudó, y ha sido difícil tratar de evitar estar cerca de Ruby y del resto. Yo sé que Jean Luc me volvería a ver con indignación si me viera en una, de los tantas, burlas que cometen Ruby y las demás. Y estuve, así de cerca, de desmayarme cuando me enteré lo que había sucedido en aquella mañana, simplemente estaba imaginando lo peor, pues, Honey era una testigo de todo lo que han hecho mis amigas y... Yo.

Pero, no se lo dijo, Jean solo sabía que mis amigas eran así. ¿Por qué? ¿Por qué no se lo dijo? ¿No quiso vengarse? ¿Acaso me tuvo una pizca de compasión?

Tenía que averiguarlo.

Asomé mi cabeza por la pequeña ventanilla de la puerta. Podía escuchar aquellas melodías, originadas con el piano, filtrándose por los filos de la puerta y aterrizando en mis orejas. Ella volvía a tocar.

Gracias al cielo.

Abrí la puerta con sigilo, no quería interrumpir su melodía. Verla nuevamente tocar, con las mismas energías y pasión, me llenaba de alegría. Recuerdo claramente lo mucho que ella amaba tocar... Hasta que llegué yo.

Ella se tomó unos segundos para escribir en él papel.

—Has mejorado bastante Honey.

Su cuerpo se quedó inmóvil, como una estatua, y eso me daba malas vibras. Rápidamente tomo sus partituras y las empezó a guardar.

—Bluey —Se quejo. Me siento mal al saber que mi nombre, para ella, o quizás, para muchas, es de mala suerte o de desgracia.

—Honey no te vayas. —Pedí mientras me colocaba frente a la puerta y extendía los brazos.

—¿Qué quieres Bluey? —Pregunto con seriedad— Si vienes a robar más partituras, pues mucha suerte, ya no será fácil como la última vez.

Nunca dejará de recordármelo, pero no puedo quejarme, ella está en su derecho.

—No... De hecho... Vine a devolver algo que no es mío, ni de Charlotte. —De mi mochila, saque la carpeta que contenía las hojas, filosas, que cortaron aquel lazo de amistad, que alguna vez, estuvo unido. A medida que sacaba las hojas, los ojos de Honey se agrandaba. Le mostré sus partituras— Toma, esto es tuyo.

Honey se sorprendió. Ella veía aquellas hojas como sus hijos, lo sé por la mirada maternal que les hecho, pero...

Ella se hecho a reír.

—Guau. Estas tan enamorada de ese labrador— Comentó. Yo me quedé desconcertada ante sus palabras.

—¿Y eso a que viene el caso? —Pregunte.

—Si ese sujeto no hubiera puesto un pie en la secundaria, apuesto que, aún las hubieras mantenido ocultas. —Desvié la mirada con pena.

—Honey... Gracias. — Dije para después posar, con dificultad, mis ojos en ella— Gracias por no delatarme —Quise darle un abrazo, a iniciar un nuevo ciclo con ella. Lástima que ella no lo quiera así.

Honey retrocedió y me freno con sus manos

—No malinterpretes las cosas Heeler.

¿Heeler? Ella suele llamarme por mi nombre.

—A mí no me incumbe la relación que tengas con el canadiense. —Dijo— Él descubrirá, tarde o temprano la verdadera naturaleza de Bluey Heeler: su actuar, acciones y lo poca confiable que es.

"¿Tú me robaste la canción?" Escuché como un susurro al oído.

—Quiero intentarlo Honey. Voy a cambiar.

—¿Otra vez? —Pregunto con sarcasmo— Estás diciendo que conocías perfectamente el comportamiento de tus amigas, y, aun así, no hiciste nada. Eso es todavía peor.

Debería estar intimidada por ella, ya que tenía razón, pero nuestras miradas empezaban a decir todo lo contrario y en unos segundos, esto se había convertido en una pequeña confrontación.

—¿Que más querías que haga? Tu bien sabes que provenimos de... esa escuela para raros —Dije eso último en susurros.

—¿Y? ¿Me ves aquí haciendo boberías? ¿Me ves chupándome el dedo? —Eran preguntas retoricas— ¡No! Estoy aquí, aprendiendo del piano y con mis ojos bien puestos en MI meta. —Su mirada demostraban determinación, me mostraban lo resistente que puede llegar a ser— Sigo en pie, y voy a seguirlo sin importar que tú y tus amigas vengan a abatirme. Porque, para mí, esa escuela nunca fue un problema… Fue una bendición, fue… —Reprimió los ojos— el lugar en donde conocí personas que me acogieron.

Nuevamente vuelvo a sentir el peso de culpa sobre mis hombros, un peso que me quiere muerta en el suelo. Sus ojos volvieron a centrarse en mí, y su expresión seria, regresó.

—Pero las cosas cambian ¿No?

Mi cabeza volvía a torturarme con lo sucedido aquel día, en el que traicioné su confianza.

—¿Cuántas veces tengo que decirte que lo siento? —Intente cambiar el tema mientras el pecho se me contrajo.

—Simples palabras no repararan lo que me hiciste. —Ella me hiso aún lado para salir por la puerta. Reaccione de inmediato.

—¡Espera! ¡Tus partituras! —Exclame. Se detuvo justo antes de salir, y al voltear, lo primero que vio, fue sus partituras colgando de mi mano. Luego dirigió su mirada a mis ojos.

—Quédatelas.

—Pero...

—Si las vuelvo a tener, se me hará más fácil recordar aquel día.

Es curioso ver el pasado y el presente a la vez, antes había tenido estás mismas partituras entre mis manos mientras aquella Beagle sonreía, ahora me veía con odio. ¡¿POR QUE LO HICE?!

—Esas partituras serán las encargadas de recordarte y recalcarte la horrible persona que realmente eres. —Es verdad, dolía mucho, pero es verdad— Jean Luc se enterará, y no dudará en abandonarte... Él te dejará, como todos los demás, y, créeme, será lo mejor para él.

Quise llorar en ese instante, y mi cabeza era el empuje de aquella fuerza que estrujó mi pecho y quemo mi garganta. No quiero que Jean Luc vuelva a irse. No de nuevo…

—Por cierto, si labrador ya es tu novio, entonces, díselo a Mackenzie... Él no se merece eso. —Agacho su mirada antes de continuar con su camino. Me quedé sola una vez más, con remordimiento y con mi mente mostrándome las mil y una posibilidades en el que Jean Luc me odiará, me olvidará... Me abandonará...

Sentí una mano acariciando mi hombro, por unos momentos pensé que era Jean, quien me intentaba consolar, pero su pelaje era distinto, su aroma no parecía ser el de un hombre, era otra persona. Judo.

—Bluey ¿Estas bien?

—No lo sé...

Judo siempre me acompaña en estas situaciones, y volvía hacerlo.

El comedor estaba sumido en el ruido de las peticiones, murmullos y conversaciones de los demás alumnos. Nosotras no éramos la excepción.

—Así que Honey sigue sin perdonarte.

—Si... —Estampe mi rostro contra la mesa— Ya no sé qué más puedo hacer Judo. —Volví a incorporarme en el asiento.

—Hay algo que no entiendo Bluey, ¿Por qué decidiste devolverlo ahora?

—Yo... No lo sé. —La imagen de aquel labrador se asomó en mi cabeza— Jean Luc...

Judo me vio con tristeza antes de abrazarme por el hombro.

—Ese sujeto es... Muy importante para ti ¿Cierto?

—Eso creo...

—¿Crees? —Creo que la vi sonreír ligeramente.

—Lo mismo pensé de Mackenzie, y al final, terminé rechazándolo.

—¿Con Jean Luc te sientes igual?

—No, se siente diferente.

Era extraño, pero por primera vez, mi cabeza no me torturaba con malos recuerdos, o quizás era una tortura distinta, ya que, empecé a recordar el campamento: el reencuentro, la convivencia, la casa, nuestra noche juntos. Mis mejillas estaban acaloradas.

Agite mi cabeza en un intento de calmar mi propia emoción.

—Por cierto, Judo, ¿Dónde has estado? No te he visto en el grupo últimamente.

—He estado ocupada.

—¿Ocupada? O, ocupada, ocupada —Dije con algo de picardía. No eh visto a Judo con algún chico y si soy sincera, tenía mis sospechas. Pues, ya no frecuentaba verla, era raro verla en su casa, sobre todo en las semanas en la que convivía con su madre, es como si se ocultara del mundo y ella no es así, nunca es tan persuasiva.

—Simplemente ocupada. —Respondió desviando la mirada— Al igual que tú.

Centre la vista en la mesa, mientras recordaba los días que no la veía con el grupo. Habíamos pasado d tan de repente.

—No te peleaste con Ruby ¿O sí? —Ella negó con suavidad, como si la cabeza le pesase.

—Esta todo bien entre todas. Solo… que me estoy dando un tiempo para mí.

—¿Para ti? —Ante mis ojos, estaba viendo a una Judo un poco más… Sincera.

—Siento… Que también hay algo raro en mí. —Por un momento, me pareció que ella se había perdido en mi rostro— Algo que no es normal, y, no sé —Se rindió negando con la cabeza—, no es algo que me moleste, pero que, si me duele, y es culpa mía…

Ella apoyo su codo contra la mesa, mientras dejaba que su mirada se perdiera en el comedor. Era ver a una persona esforzándose en sumirse en sus pensamientos, en seguir reflexionando sobre sí mismo y los aspectos que la rodean. Son de esos momentos en el que uno trata de quitarse sus dudas, y aclarar de una vez quien era.

—Judo. —La llamé— ¿En qué tanto piensas?

Ella negó con la cabeza.

—No es nada Bluey. Tu tranquila.

—Entiendo, pero… —"Puedes confiar en mí" es lo que iba a decir, hasta, recordar a Honey, y recordar lo que yo era. —Se que lograras superarlo —Termine diciéndolo.

Creo que Judo tampoco me tiene tanta confianza, lo que me parece raro, y doloroso. Desde la ida de Chloe, Judo ha sido quien me ha escuchado, a quien le he dicho mis mayores temores y demás. Deseaba hacer lo mismo por ella. ¿Acaso, ella no desea mi ayuda?