REY DE LOS DEMONIOS

¡Hola!

Gracias por darle una oportunidad a mi primer Fanfic. Me gusta mucho leer historias InuKag, pero lo que más me gusta son las actualizaciones! así que me anime a escribir una y prometer actualizar pronto.

- Nena Taisho: Sí, el primer cap empezó muy intenso, con la desaparición de Inu, la pérdida de Kag y el papel que juega Kikyo en todo esto, pero poco a poco se irán revelando ciertos eventos que desencadenaron esos sucesos. ¡Gracias por darle una oportunidad a la historia!

Y sin más que decir, espero que disfruten de esta nueva actualización.

Atte. XideVill


Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.


CAPÍTULO 2.

Hace 3 años.

INUYASHA

- Majestad... ¡Majestad!

Abrí los ojos, alarmado por el arrepentimiento despertar.

- ¡Agh! ¡Qué es lo que quieres Miroku!

- Es posible que a su majestad se le haya olvidado, pero para eso estoy aquí.

- Dilo rápido y déjame dormir...

De pronto sentí un dolor horrible en la espalda.

- ¡Ah! ¡Maldición! - exclamo adorado.

- Inuyasha, traté de ser paciente contigo, pero esto simplemente me superó – dijo mientras quitaba su pie de mi espalda – Levántate que hoy vienen los Higurashi.

- ¿Es hoy? - respondí desganado.

- Sí, y más te vale estar presentable o si no...

- Ya sé, mi padre no me lo perdonará.

Mi amigo sonrió en cuanto giré la cabeza para verlo. Pero había algo más, algo en su mirada me decía que ocultaba algo.

- Ya dime - exclamé mientras me sentaba sobre la cama – Miroku - insistí cuando este decidió ignorarme.

- Alguna vez ha pensado en... ¿Casarte?

Lo miré con los ojos bien abiertos antes de soltar una carcajada llena de burla.

- ¿Te sientes bien? - Cuestioné entre risas.

-Inuyasha...

- Pero qué tonterías dices. ¿Yo? ¿Casado? - volví a reír - Para eso primero tengo que conocer a una mujer que sea digna.

- ¿Qué quieres decir con ser digna? - Dijo curioso.

Me puse de pie y lo miré fijamente.

- Que me acepte como soy – lo vi sonreír - Y no hablo de mi estatus, ser príncipe no es la gran cosa.

- ¿Ah no? - dijo con sorna - Díselo a los sirvientes.

- Hablo de mi verdadero ser. Nadie aceptará a un medio demonio como esposo.

- Nadie tiene por qué saberlo. Si sigues tomando las pociones de la anciana Kaede seguirás siendo como todos.

Sonreí diseñado.

- Olvidas las noches de luna nueva. Por alguna razón las pociones de la anciana no funcionan esas noches.

- Algún día dar con la cura – dijo convencido.

- Las maldiciones no tienen cura - sentencié con la voz oscurecida.


Caminando por los pasillos del palacio una figura conocida llamó mi atención.

- Llegas tarde – dijo con aquel típico humor apático de siempre.

- Tú no eres la excepción - respondí acercándome al lugar donde estaba.

Desde aquel balcón se podía ver gran parte del Reyno.

- Compórtate.

- Lo mismo digo.

- Inuyasha - murmuró hastiado.

- Sesshomaru - responde de igual forma.

- Por favor ahorrense las disputas por hoy – La voz de nuestro padre resonó por todo el lugar.

- Su majestad.

- Mi Rey.

- Confio en que ambos se comportaran a la altura.

- Así será - afirmó Sesshomaru y yo lo miré con mofa.

Las trompetas sonaron y con ello las puertas del gran salón se abrieron, dejando a la vista las excentricidades de aquel lugar.

- ¡Damas y caballeros, con gran honor les anuncio la llegada de Su Majestad, el Rey Toga Taisho, Rey de Lothar! Y con él también tenemos el honor de dar la bienvenida a Sus Altezas Reales, el Príncipe Sesshomaru Taisho y el Príncipe Inuyasha Taisho.

Para entonces las miradas curiosas de las grandes familias se posaban sobre nosotros, ya medida que nuestro padre avanzaba, nosotros lo hacíamos con él.

Para Sesshomaru esto era algo normal, algo del día a día. Para mí, esta era la primera vez que asistía a una fiesta como esta.

Probablemente nadie en este lugar me conocía ni conocía mi nombre, claro que no iban a conocerme, si tan solo hace algunos meses la anciana Kaede había dado con el antídoto temporal que probablemente a raya mi maldición.

Para esta gente, yo, no era más que el bastardo del rey. Pero si supieran toda la verdad, probablemente dejarían de mirarme con desprecio.

- ¡Damas y caballeros, con gran honor les anuncio la llegada de Su Majestad Higurashi!

Todo el salón se puso de pie, la música paró, las trompetas sonaron y las puertas se abrieron. Vi entrar a una mujer mayor acompañada de un hombre de edad avanzada. Pero cuando sentí un extraño aroma, toda mi atención se centró en solo una persona.

¿Quién era ella?

La vi sonreir mientras se acercaban aun mas hacia nosotros. Cuando sus ojos dieron con los míos, aquella hermosa sonrisa se intensificó aún más.

¿Quién era ella?

- Majestad – saludaron al mismo tiempo haciendo una reverencia a mi padre.

- Basta, basta - insistió éste – Es un honor para mí tenerlos en mi palacio.

- Es un gran honor para nosotros ser bienvenidos por su Majestad – dijo la mujer.

- Déjenme presentarles a mis hijos. Sesshomaru e Inuyasha.

- ¿Inuyasha? - llamó el anciano – Por fin este viejo anticuado se digna en sacarte a la luz.

- Abuelo... - riñó la joven.

Mi padre soltó una gran carcajada que resonó por todo el salón. Pasó un brazo por el hombro del anciano y lo atrajo hacia él con gran familiaridad.

- Nunca cambies a Higurashi.

- Tú tampoco Taisho.

Ambos rieron ajenos a las miradas curiosas.

- Pero que descortés de mi parte. No te presentó a mi querida nieta.

El anciano se movió con lentitud hasta tomar la mano de la joven mujer frente a nosotros.

-Ella es Kagome. Es mi mayor tesoro y la perla del palacio.

La vi sonreír y sonrojarse llena de vergüenza. Vergüenza que disfruté internamente.

- Es un honor para mí conocer a su Majestad el Rey.

- El honor es mío - respondió de inmediato.

La mirada discreta que me dio mi padre me puso tenso. ¿Qué planeaba?


La noche era demasiado larga como para pasarlo encerrado en el gran salón y aún peor con toda esa gente ostentosa. Prefería la calma de los balcones del palacio o la paz que transmitían los jardines secretos.

Ambas opciones me tentaban, pero opté por la más accesible. Los balcones.

Respiré profundamente sintiendo la brisa helada de la noche golpeando mi cara, todo era paz y tranquilidad hasta que sentí un aroma particular.

- No sabía que a su magestad le disgustaban las fiestas.

Contuve una sonrisa.

- No me disgustan - respondí sincero girándome para verla - Solo no me siento cómodo cuando todas las miradas están sobre mí.

La vi sonreir y entonces toda la oscuridad de la noche se ilumino ante mis ojos.

- Cuánta vanidad - soltó jocosa.

- No se trata de vanidad.

- ¿Entonces? - insistió curiosa.

No quería responder a esa pregunta. Probablemente porque sabía que dijera lo que dijera, llegaría al único tema que me desagradaba. Mi maldición y el por qué es que mi padre me ocultó todo este tiempo y el cómo es que nació la historia de que yo soy solo el bastardo del Rey.

- Digamos que tienes razón y sí me disgustan las fiestas - concluí.

- Quisiera decir que lo sabía pero esa pausa solo me dejó con más preguntas.

Fue entonces que solté una risa.

- Es usted muy divertido Princesa…

- Kagome - dijo ella.

- Kagome - repetí viendo la calidez que transmitían aquellos ojos marrones - Me disculpo, creo que no me presenté como es debido.

- No hace falta - dijo aún con una sonrisa en su rostro - Inuyasha, su nombre es lo último que olvidaría en este mundo.

Por alguna razón, oírla decir mi nombre me estremeció todo el cuerpo. ¿Quién era ella? y ¿Por qué no podía dejar de mirarla?

Aquel tono pálido de su piel que combinaba a la perfección con el color azabache de su cabello me hipnotizaba por completo.

-¡Inuyasha!

Ambos miramos de golpe a mi hermano que se encontraron de pie a solo unos metros de nosotros.

- ¡Tienes que volver, nuestro padre quiere hablar contigo!

Asentí y justo cuando estaba a punto de seguir sus pasos, este se detuvo.

- Princesa, usted también tiene que volver.

Ambos nos miramos y la curiosidad en su mirada la hacía ver aún más hermosa.

Al llenar al Gran Salón la mirada de mi padre no pasó por desapercibida para mí. Algo tramaba y temía que mis sospechas se hicieran realidad cuando tomaron de la mano a bella princesa y la llevaron al centro del lugar.

- Es un gran honor para mí presentar a la futura "Princesa Consorte".

Todo el salón quedó en absoluto silencio y luego aproveché y miré a mi hermano.

- ¿De qué habla? - cuestioné en un susurro.

-Silencio Inuyasha.

- ¿Qué es todo esto? - insistí aireado.

Entonces la voz de mi padre volvio a inundar todo el lugar.

- Sin duda es un gran honor presentar ante todos ustedes a mi futura nuera.

Continuara...