REY DE LOS DEMONIOS
Y como lo prometí, aquí está una nueva actualización.
Y ya, sin nada más que decir ¡Disfrútenla!
Atte. XideVill
Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.
CAPÍTULO 3.
INUYASHA
El corazón me palpitaba tan fuerte que podría jurar que todos pudieran escucharlo. Pasé la mirada de Sesshomaru a la de mi padre en un lento y tortuoso silencio.
-Dime que está hablando de ti - Fue un susurro pero sabía que mi hermano no lo había pasado por alto.
-Yo tengo otros aviones - respondido severo.
Negué y en cuanto me propuse abandonar el lugar, Sesshomaru me lo impidió.
-Déjame ir - demandé por lo bajo.
-No hagas un escándalo.
-¡Sesshomaru!
-¡Inuyasha! - llamó a mi padre del otro lado de la pista.
Y ante la atenta mirada de todos no pude hacer más que retroceder un par de pasos.
-Ven hijo, acércate -consideras.
Me mantuve quieto y desde donde estaba no podía dejar de mirarlo con reprobación.
-No seas tímido Inuyasha, acércate y conoce a tu futura esposa.
-¡NO!
Aquella negativa también me tomó por sorpresa. Pero no di marcha atrás.
-Inuy…
-Dije que no padre - Giré en dirección a la salida pero antes de abandonar el lugar volví a mirarlo - No me voy a casar con ella.
Evité a toda costa la mirada llena de decepción de Kagome, pero de alguna forma era lo mejor.
Las puertas se abrieron de golpe y la tranquilidad de mi habitación se vio interrumpida cuando la presencia furiosa de mi padre hizo su aparición.
-¡Por qué lo hiciste!
-¿Por qué? - dije con burla - debería ser yo quien haga esa pregunta.
-¡Basta Inuyasha! ¡Esta es la última vez que me desobedeces!
-Si tanto lo detestas entonces deberías haber empezado preguntando mi opinión antes de tomar esa decisión.
Lo vi tomar aire pesadamente antes de soltarlo todo de golpe.
-Si tendría que hacer eso cada vez que tengo que tomar una decisión importante ¿Entonces de qué me sirve tener el título de Rey?
-Sí, tal vez tienes razón - Avancé un par de pasos hacia él - Pero merecía estar informado, no como Rey sino como mi padre.
-Lo hice por ti.
-No quiero de tu lástima.
-No es lástima.
-¿Entonces qué es? Todo este lío de buscarme una esposa ¿Qué es si no es lástima?
Puso sus manos sobre mis hombros y entonces negó lentamente.
-Yo no seré eterno hijo y lo sabes. Kagome es una buena chica, conócela y…
-No, ya dije que no, no insistas - Me separé bruscamente de su lado - Y justamente porque lo sé, no pienso condenarla a vivir un infierno a mi lado.
-¡Te volviste loco!
-Por favor no empieces - dije mirando a mi amigo que claramente estaba furioso.
-Inuyasha, lo que hiciste ayer fue una total y grave falta de respeto.
Apunté y acomodé mi arcó, agudicé la mirada y maldije cuando la flecha no dió en el blanco.
-Era lo que tenía que hacer - solté serio.
-Humillarla - riñó - No entiendo tu punto.
-Mi punto es que no quiero que Kagome tenga que cargar con… - Tomé aire - No quiero que ella tenga que lidiar con quien soy en realidad.
-Ni siquiera sabes cómo lo tomará.
-Lo sé, nadie quisiera estar con un demonio.
-Inuyasha.
-¡No la quiero como esposa!
De pronto una flecha fue a dar directo en el blanco, dejándonos sorprendidos. Levanté la mirada y entonces la vi. Tan linda y deslumbrante como aquella noche.
Sus ojos café me miraron y en cuanto lo hizo de pronto sentí que me faltaba el aire.
-¡Ya terminó de gritar a los mil y un infiernos que no soy digna de su magestad! - soltó a la distancia.
No respondí y entonces la mirada furiosa de Miroku me consumió.
-Ya me voy.
-Inuyasha… - llamó por lo bajo, pero decidí ignorarlo.
Caminé en dirección al palacio pero Kagome se interpuso.
-Yo tampoco estoy muy contenta con esta decisión - dijo mientras me miraba molesta - Pero al menos no voy por ahí ignorando a las personas.
-¿Ya terminó? Princesa.
-¡NO! ¿Qué pasó? - cuestionó con un brillo singular en su mirada - El inuyasha que conocí anoche no es el mismo que estoy viendo ahora.
-Usted no me conoce.
-Ya veo que no, pero por lo menos merezco una explicación.
Sonreí.
-¿Explicación? ¿Explicación de qué?
-De su rechazo.
Decir la verdad no era una opción, ni mucho menos fingir que no me interesaba, pero de alguna forma tenía que terminar con todo esto.
-Es sencillo - dije mirándola fijamente - Usted simplemente no es lo que estoy buscando.
Y con aquel último comentario me fui de su lado. Me adentré en el palacio y desaparecí por los pasillos. El silencio era inminente, pero me repetía una y otra vez que era lo mejor. Lo mejor para ella.
KAGOME
-Odioso… Detestable… ¡Agh! ¿Cómo pude ser tan tonta?
-¿Qué tanto murmuras?
Dejé mi cepillo de lado y miré a mi fiel amiga.
-¿Hasta cuando estaremos aquí?
-¿No te gusta? - cuestionó sorprendida - Creí que te gustaba.
-Eso era antes - Fui honesta.
-¿Antes de qué? ¿De conocer a su majestad el Príncipe?
-Agh - dije hastiada - Ni lo menciones.
-Pero majestad.
-Llámame Kagome, Sango. No hay necesidad de ser tan formales.
-Kagome - repitió con una sonrisa en el rostro - Te tienes que vestir, la cena está lista y tú madre me pidió que te apure.
-¿Y el abuelo? - dije mientras planchaba con la mano mi vestido.
-El no asistirá.
-¿Qué?¿Por qué?¿Se siente mal?¿Le pasó algo?
-Tranquila, todo está bien, solo no tiene ánimos de comer.
Miré con furia la puerta de aquella habitación.
-Claro, es entendible. Su bella y linda nieta fue rechazada ante los ojos de la sociedad.
-Kagome…
-No, no. No hace falta que digas más. Y toda la culpa la tiene ese tipo, que de caballero no tiene nada - Acomodé mi cabello y asentí - Pero me las va a pagar.
-Kagome… ¡Kagomé!
Salí hecha una furia de aquella habitación y fui directo al gran comedor en donde ya todos ocupaban sus respectivos asientos. Lo primero que hice fue buscarlo con la mirada y en cuanto lo vi mi enojo no hizo más que crecer dentro de mí.
-Oh, hija, ven cariño - llamó mi madre.
-Majestad - saludé al Rey con una inclinación, miré a Inuyasha y a su hermano e hice lo mismo - Majestades.
Vi que el mayor inclinó la cabeza al igual que su padre, pero el menor de los Taisho simplemente decidió ignorarme.
Ocupé mi lugar junto a mi madre dispuesta a no armar un escándalo frente a todos, por el bien de mi madre y por el de mi abuelo.
-Por favor disculpa al menor de mis hijos. Es un poco… - Carraspeó - Difícil, pero en el fondo siente mucho lo que hizo.
-No se preocupe Majestad - fingí una sonrisa - Entiendo perfectamente. Es igual que Kirara…
-Kagome - intervino mi madre.
-Si, si - continué - Aunque no hablen, uno sabe cuando están arrepentidos.
El Rey sonrió curioso.
-¿Y quién es esa tal Kirara de la que hablas? Tal vez mi hijo pueda aprender de ella.
Sonreí inmensamente y dirigí mi mirada a la de Inuyasha, quien ya me veía intrigado.
-Kirara es mi mascota - dije tajante - De hecho es un perro.
El silencio no tardó en llegar pero la risa del Rey fue el detonante que rompió el momento.
-Qué graciosa eres hija - dijo el Rey entre risas.
Vi la furia instalarse en los ojos de Inuyasha y aquello fue mi venganza.
-Ay hija, pero qué cosas dices.
-No dije nada malo madre. Solo no pude evitar hacer una comparación.
-Y estás en lo correcto - agregó el Rey.
-Con su permiso, me retiro.
-Inuyasha…
-¿Tan pronto? - intervine - Pero si su comida aún está intacta Majestad.
-Eso es algo que a usted no le incumbe.
-¡Inuyasha!
-Déjelo - le dije a su Alteza - Es evidente que no soy de su agrado. Y después de conocerlo puedo decir que el sentimiento es mutuo.
Yo también me levanté de mi asiento y miré a mi madre.
-Lo siento madre, pero no puedes decir que no lo intenté.
Di media vuelta y salí de aquel lugar. Caminé hacia la salida y ni el viento helado me detuvo hasta que de pronto ché con algo, o más bien alguien.
-Ah… Perdóname -dijo el hombre frente a mí.
Era alto y fornido. Y por alguna razón aquellos ojos azules me dejaron muda.
-¿Hola? - insistir, esta vez con una sonrisa.
-Hola - respondí de la misma forma - No te había visto.
-Es evidente que no - intensificó su sonrisa - Soy Koga… Koga Okami.
Continuara...
