N/A: Holaaaa! Por fin puedo publicar un nuevo capítulo! Estoy bastante liada últimamente así que creo que pasaré a actualizar cada dos semanas.

Mil gracias a todas las que habéis dejado review en el capítulo anterior. Me encanta leer qué os ha parecido el punto de vista de Draco. No os cuento mucho más, espero que estés bien. Sin más, ¡a leer!


Lo que esconde tu interior


VII

Cuando descorrió las cortinas de su habitación el domingo por la mañana, Hermione se sintió molesta por tener que darle la razón a Malfoy: llovía a cántaros, los terrenos alrededor de la mansión lucían embarrados y las amenazadoras nubes que se aproximaban anunciaban que no era probable que el día mejorara; tendría que aplazar su visita al pueblo para un fin de semana en que el tiempo fuera más favorable.

Así las cosas, decidió pasar la mañana en la biblioteca. Lo que para la gran mayoría de personas podría representar un tormento, suponía un inmenso placer para ella: dedicar su tiempo libre al silencio y la calma de la biblioteca, rodeada por el olor a libro y el crujir de las páginas, eran un perfecto plan de domingo para Hermione. Sin saber muy bien cómo, sus pensamientos revolotearon hacia Malfoy; después de la reciente mejoría en su relación, tal vez podrían pasar la mañana juntos, cada uno inmerso en su propia lectura, sumidos en un silencio confortable. A diferencia de Harry y Ron, que eran absolutamente incapaces de permanecer sentados más de veinte minutos leyendo, Malfoy había demostrado ser un fantástico compañero de estudios.

Por tanto, no era de extrañar que Hermione sintiera una dolorosa punzada al escuchar en boca de él las hirientes palabras que, una vez más, hacían patentes el rechazo que ella le inspiraba. Resuelta a no sentirse afectada por sus bruscos cambios de humor, improvisó un nuevo pasatiempo al que dedicar el día libre: sentía curiosidad por Abraxas Malfoy y lo que su retrato tuviera que contar acerca de la magia primigenia, al fin y al cabo, si era perfectamente capaz de soportar a Malfoy y su irritante carácter, bien podría arreglárselas del mismo modo con el retrato de su abuelo.

Tras haber perdido de vista a Malfoy, Hermione llamó a Toppy que, en un abrir y cerrar de ojos se materializó frente a ella, acompañado de su característico plop. Encantado con poder ser de utilidad, el elfo la condujo hasta un amplio corredor a la vuelta de la biblioteca.

Lo cierto era que, mirándolo de cerca, el retrato del abuelo de Malfoy parecía mucho más agradable que Lucius: algo más rechoncho, lucía una expresión bastante bonachona mientras dormitaba apoyado en su marco. Sin embargo, cuando Hermione carraspeó para llamar su atención, fue recompensada con una mirada desdeñosa.

–¡Vaya! Así que usted es la hija de muggles que mi nieto ha traído a casa –espetó malhumorado, «al menos éste no me ha llamado sangre sucia»– ¿Puedo resultarle de alguna utilidad, señorita, o simplemente me ha despertado con el propósito de molestarme? –sin duda, el tono de suficiencia y los modales arrogantes le recordaban a alguien que conocía muy bien–. Todavía hay gente en esta casa que aprecia la tranquilidad y el sosiego.

«¡Cómo si tuvieras algo más que hacer que estar tranquilo y sosegado durante los próximos siglos!»

–Soy Hermione, Hermione Granger. –Sabía que, si había un modo de aplacar a un Malfoy de forma efectiva, éste consistía en el halago y la adulación, por lo que esbozó una sonrisa de disculpa y adoptó una pose respetuosa–. Perdóneme señor Malfoy, no pretendía incomodarle, simplemente, me preguntaba si podría concederme un momento para charlar con usted –Abraxas arqueó una ceja con escepticismo, «seguro que está tan ocupado que no puede dedicar dos minutos de su tiempo a hablar con una sangre sucia», con todo, Hermione no dejó traslucir sus verdaderos pensamientos y se contentó con añadir–: he estado revisando algunos de los viejos volúmenes sobre runas antiguas y magia primigenia y me gustaría consultar un par de cosas con usted.

Aquellas palabras causaron un efecto instantáneo en el humor del patriarca Malfoy, que se irguió un poco en su postura indolente, al tiempo que sus ojos brillaban con renovado interés. Hermione se sintió secretamente complacida por haber logrado que picara el anzuelo tan rápidamente.

–Verá, el caso es que no he podido evitar encontrar cierta similitud entre los sucesos que han tenido lugar recientemente en Gran Bretaña y ciertas situaciones que se describen en esos libros.

Como Abraxas la miró con expresión interrogante, Hermione procedió a explicarle todos los acontecimientos ocurridos hasta la fecha: la repentina aparición de la maldición, sus terribles efectos y cómo había conducido a tantas personas al suicidio o la locura. Desde su retrato, el hombre la escuchó con profunda atención hasta que terminó su relato.

–Mmmm, ya veo –asintió pensativo– por lo que me cuenta, se asemeja bastante a una maldición de castigo.

–¿Maldición de castigo? –Hermione estaba bastante segura de no haber encontrado ese término en ninguno de los volúmenes que había consultado.

–Sí, era algo bastante común en la antigüedad. Estoy bastante seguro de que puede encontrar bastantes muestras de ello en los libros de historia: plagas, epidemias, terremotos, inundaciones… Cuando el mago en cuestión era ofendido o sufría algún tipo de ultraje por parte de alguna población, se aseguraba de que sufría el escarmiento que merecía; no eran maldiciones dirigidas a un único objetivo, sino a la colectividad. –Los rasgos del difunto mago se suavizaron, adquiriendo una expresión extrañamente evocadora–. Eran otros tiempos, señorita Granger. Tiempos en los que los magos no temíamos a exponernos ante los muggles: ellos nos veneraban y nos trataban con el respeto que correspondía.

Hermione permaneció callada un momento, tratando de asimilar la nueva información; Abraxas Malfoy parecía ser una de esas personas para las que cualquier tiempo pasado fue mejor.

–¿Cree que eso es lo que está ocurriendo ahora mismo en Gran Bretaña, señor Malfoy? ¿que alguien ha lanzado una maldición de castigo?

–Podría ser. Como usted misma ha dicho, se trata de magia primigenia, prácticamente en desuso, no creo que haya muchas personas lo suficientemente versadas en ella. Muchas de esas maldiciones están basadas en runas antiguas que, o no han sido traducidas, o han llegado hasta nosotros incompletas.

La mente de Hermione bullía de actividad mientras valoraba alternativas sobre el germen de la maldición, posibles soluciones y medios para alcanzarlas. Frente a ella, el hombre del retrato parecía comenzar a aburrirse.

–Señor Malfoy, si usted quisiera descubrir el origen de una maldición de castigo, ¿dónde comenzaría a buscar?

Abraxas pareció salir de su ensimismamiento porque le dirigió a la chica una sonrisa torcida –perturbadoramente similar a la de su nieto–, antes de responder: «La sección de magia oscura». Después, cerró los ojos y apoyándose en su recargado margo plateado, comenzó a roncar ruidosamente.

Las campanadas del reloj sorprendieron a Hermione parada en mitad del retrato; al escucharlas, se dio cuenta de que llevaba más de una hora hablando con el retrato de un hombre fallecido hacía más de una década, un hombre que, para colmo, era el abuelo del chico que la había atormentado durante gran parte de su adolescencia. Se frotó los ojos, tratando de reprimir el dolor de cabeza que se avecinaba. Se sentía algo apabullada: aquella conversación con Abraxas había resultado ser verdaderamente esclarecedora; hasta aquel momento, había ido a tientas, dando palos de ciego sin saber muy bien qué dirección debía tomar su investigación, pero ahora, al fin lo había encontrado: una pista, un hilo de dónde tirar. Sin querer demorarlo por más tiempo, corrió hacia su habitación: Harry debía estar al tanto de la nueva información para poder planificar los próximos pasos que debían de tomarse desde el cuartel de aurores.

Nada más cruzar la puerta de su cuarto, Hermione fue directa a la chimenea y, tomando un puñado de polvos verdes, los arrojó mientras pronunciaba el nombre de Harry Potter. De inmediato, la cabeza de su amigo apareció flotando en el hueco. Incluso a través de la red flu, Hermione pudo distinguir lo desmejorado que estaba Harry: parecía considerablemente más delgado y oscuras ojeras se dibujaban tras sus gafas.

–¡Hermione! ¡Qué alegría verte! ¿Cómo estás? ¿Qué tal te tratan en casa de Malfoy? –Hermione sonrió; pese a que era evidente lo cansado y abatido que se encontraba, Harry se esforzaba por parecer alegre y animado con tal de no disgustarla.

–¡Estoy muy bien, Harry, de verdad! ¿Qué tal lo llevas tú? Seguro que no estás durmiendo lo suficiente.

El chico se encogió de hombros.

–Bueno, ya sabes, el mal nunca descansa, pero no te preocupes, Ginny y Molly se encargan de que esté bien alimentado y logre dormir más de seis horas al día.

Hermione se alegraba infinitamente de que Harry tuviera a los Weasley: aunque ella se hallara lejos de su mejor amigo, sabía que, pasara lo que pasara, el clan de pelirrojos jamás le abandonaría.

–Escucha, Harry tengo que contarte algo importante: he estado investigando por aquí y creo que he averiguado algo que podría ayudar contra la maldición sensorem. –Le contó todo lo que le había explicado Abraxas Malfoy sobre las maldiciones de castigo y sus efectos en grupos de personas. Cuando terminó, Hermione se dio cuenta de que Harry la miraba con expresión escéptica–. ¿Qué?

–¿Estás segura de que podemos fiaros de lo que diga Abraxas Malfoy?

–Harry, es un retrato, no tiene ningún motivo para mentirnos. En cualquier caso, haré caso a su consejo y echaré un vistazo a la sección de magia oscura. Tal vez pueda encontrar algo que nos sea útil.

Harry se ajustó las gafas sobre el puente de la nariz, un gesto que le hacía parecer más joven, y frunció el ceño preocupado.

–De acuerdo, probaremos con esa nueva línea de investigación; buscaremos a personas que tengan conocimientos sobre magia primigenia, aunque será difícil establecer un nexo común: miembros de ambos bandos de la guerra han sufrido la maldición, por lo que el sospechoso no necesariamente tiene que ser un partidario de Voldemort. Me pregunto a quién y por qué deseará castigar a todas esas personas.

–¿Cómo están las cosas en Inglaterra, Harry?

–No muy bien, me temo. Cada vez hay más afectados y la gente se está poniendo nerviosa: protestas, revueltas, piden alguna acción concreta y la quieren ya. Por otra parte, las víctimas cada vez están más desesperadas, sólo la semana pasadas se quitaron la vida quince personas. –Hermione reprimió una exclamación horrorizada: quince personas en la sociedad mágica inglesa, de por sí mermada por la guerra, era un número muy elevado–. Ayer supe que Blaise Zabini está comenzando a perder visión.

Blaise Zabini. El antiguo amigo de Malfoy. Ella recordaba haberlo visto hacía unos cuantos días en la portada del El Profeta, donde posaba sonriente junto a Harry en su primer día de trabajo en el Ministerio.

–Harry, ten muchísimo cuidado, por favor y cuida también de Ron. –Conocía a su amigo pelirrojo, aunque había dejado aparcada su carrera como auror, Hermione sabía que, con tal de ayudar a Harry a salvar el mundo, ambos eran capaces de realizar acciones estúpidamente temerarias.

–Tranquila, lo tendré. Tú preocúpate de arreglártelas con Malfoy. Por cierto, ¿qué tal lo llevas con él?

–Bien, tenemos una selección preliminar de ingredientes, creo que la semana que viene comenzaremos a trabajar en el laboratorio. Ojalá podamos dar pronto con una poción que logre mitigar los efectos y pueda calmar los ánimos.

–Eso espero. Y ojalá nosotros podamos dar pronto con el culpable. –Harry se revolvió el pelo, sin saber qué más decir–. Bueno amiga, tengo que despedirme.

–Adiós, Harry. Cuídate mucho.

–Cuídate, Hermione.

Cuando la cabeza de su amigo desapareció de la chimenea, Hermione se percató de que tenía los ojos húmedos. Dedicó un momento a calmarse; se sentía agobiada, como si de repente las paredes de la casa estuvieran a punto de engullirla. Las hirientes palabras de Malfoy, las revelaciones de Abraxas y los temores de Harry monopolizaban todos sus pensamientos.

Al abrir la ventana para tomar un poco de aire, se dio cuenta de que el día había mejorado bastante. El único rastro de la tormenta que quedaba eran unos jirones de nubes en el horizonte, por lo que Hermione pensó que, después de todo, tal vez ir al pueblo no era tan mala idea; podía dar un paseo, despejar su mente y aclarar las ideas.

Diez minutos más tarde, la chica salía por la puerta principal de la mansión; sólo le había comunicado que iba a salir a Millie: la elfina se había mostrado entusiasmada, pero había insistido en que si quería ir caminando, llevara un impermeable. Pese a que la prenda era de un amarillo chillón especialmente escandaloso, Hermione había accedido a ponérselo. Lo último que deseaba era pillar un resfriado y estar enferma al día siguiente, cuando se suponía que empezaría a trabajar con Malfoy en el laboratorio.

El paseo resultó muy agradable y revitalizante: el olor a tormenta y a tierra mojada lograron templar sus inquietudes y mejorar su ánimo. Para cuando divisó las primeras casitas –diminutas edificaciones de dos plantas que parecían sacadas de una postal–, se alegraba de haberse decidido a visitar la pequeña aldea: tenía un aire medieval que recordaba vagamente a Hogsmeade y evocaba en Hermione la sensación de haberse sumergido en un cuento de hadas.

No tardó demasiado en recorrer el pueblo en su totalidad: éste consistía en unas cuantas construcciones pulcramente dispuestas en torno a una plaza central, que estaba presidida por una fuente. En la plaza se amontonaban varias tiendas que vendían tanto productos muggles como mágicos. A Hermione le llamó especialmente la atención un letrero que rezaba «Mademoiselle de la Nuite: artículos de escritura y caligráficos»; no tuvo que pensárselo demasiado antes de empujar la puerta pintada de verde y entrar en la tienda.

El establecimiento era bastante peculiar: sus estanterías llegaban hasta el techo y estaban atestadas de plumas estilográficas, plumas de ave, bolígrafos, tinteros, lapiceros y gomas de borrar. En el centro del local, había dispuestas varias mesas que se hallaban atiborradas de cuadernos rayados, pergaminos enrollados y libros encuadernados en tela. Daba la sensación de que Mademoiselle había reunido en su negocio todo artículo que sirviera para escribir, ya fuera muggle o mágico. El ambiente estaba cargado con una extraña mezcla de olores: papel nuevo, tinta y cuero; varias personas curioseaban alrededor de los expositores.

Al fondo de la estancia, tras un mostrador de madera oscura, se encontraba una mujer que Hermione supuso sería Mademoiselle de la Nuite: de mediana edad, lucía un aspecto sobrio y formal con una blusa blanca y el pelo recogido en un elaborado moño. A primera vista, era imposible determinar si se trataba de una bruja o una muggle. En cuanto vio a Hermione, Mademoiselle esbozó una sonrisa radiante y salió del mostrador para acercarse a ella.

–¡Ah! ¡Una forastera! Bienvenida a mi humilde negocio. Soy Mademoiselle de la Nuite –la mujer hablaba a una velocidad endiablada y con un fuerte acento francés; Hermione logró entenderla gracias a que estaba acostumbrada a hablar con las hermanas Delacoeur–. No veo demasiadas caras nuevas por aquí, ¿sabe? Siéntase libre de echar un vistazo y preguntar lo que desee.

Hermione estaba dispuesta a examinar una vitrina que exponía tintas de color cambiante pero, una vez más, su curiosidad fue más fuerte y no pudo evitar hacer uso del ofrecimiento de la mujer.

–Esto… disculpe mi indiscreción, mademoiselle, pero no puedo evitar preguntarme, ¿es usted una bruja?

La sonrisa no abandonó sus labios, pero Hermione observó que había desaparecido de los ojos de Mademoiselle.

–No, querida, mi madre sí lo era; desgraciadamente yo resulté ser tan squib como mi padre. Cuando tuvieron claro que yo jamás recibiría una carta de Beauxbatons, mis padres decidieron que nos mudáramos aquí. Es un buen sitio para vivir, la mayoría tenemos historias similares y nadie se mete con nosotros.

–¿Quiere decir que los demás habitantes del pueblo son también squibs? –Hermione comenzaba a comprender: no era tan extraño que allí hubiera tal mezcla de elementos mágicos y muggles.

–Bueno, muchos lo son; también hay magos o brujas y muggles que han terminado casados con squibs. En ocasiones, ocurre el milagro y de un squib nace un hijo mágico… –añadió–. En general, todos son bienvenidos mientras mantengan la paz del lugar. Por tus preguntas, deduzco que la sangre mágica también corre por tus venas.

–Bueno, yo eeh.., sí –admitió Hermione, insegura de cuánta información podía revelar–. Yo soy bruja, pero mis padres son muggles ¿los dos .

–Ah, ¡excelente, querida! La sangre nueva siempre es bienvenida, ayuda a renovar la esencia mágica. –Mademoiselle de la Nuite se puso a pasar un trapo por una polvorienta estantería en la que se apretujaban decenas de tinteros, al tiempo que continuaba hablando– ¿cuándo has llegado? Pasé ayer por el hostal de Madame Rosé y no me comentó que tuviera ningún nuevo huésped.

–Es que yo no me estoy alojando en el hostal –Hermione desvió la mirada a una vitrina junto a ella–. Vivo en la Mansión de los Malfoy.

Al escuchar sus palabras, el tintero de cristal que Mademoiselle limpiaba se estrelló contra el suelo, rompiéndose en cientos de pedazos. Su contenido se derramó en el suelo de madera, formándose un pequeño charco de tinta esmeralda. Los ojos de la mujer se abrieron alarmados, el trapo resbaló de sus manos.

–¿Cómo dices, niña?

–Yo, eehh, estoy trabajando en un proyecto de investigación con el señor Malfoy. –Hermione estaba desconcertada por la reacción de Mademoiselle de la Nuite. Sabía por Millie que Malfoy no era excesivamente querido en el pueblo, pero no esperaba que suscitara tal animadversión–, probablemente me quede allí varias semanas.

–¡Oh, mi niña! ¡Tienes que salir de ahí tan pronto como puedas! –La mujer tomó una de las manos de Hermione y la estrechó entre las suyas–. ¡Ese hombre está maldito, no te traerá más que desgracias!

–¿Qué…? ¿a qué se refiere?

–El señor Malfoy está metido en asuntos de magia negra, temas peligrosos. No me extrañaría nada que tuviera tratos con el mismísimo diablo. No tiene más que mirarle para saberlo: su espantoso rostro no es más que un reflejo de su alma.

– Mademoiselle, de veras, conozco a Malfoy desde hace tiempo y no creo que esté envuelto en algo así. Sé que, tradicionalmente, los miembros de la familia Malfoy se han visto atraídos por las artes oscuras, pero de ahí a creer que Draco Malfoy esté enredado en algo turbio…

«Tampoco creías que fuese un mortífago en sexto año» Hermione se increpó a sí misma.

–Lo que se comenta de él, las cosas que ocurren en esa casa van más allá de una simple atracción por las artes oscuras, créame señorita. Nigromancia, sacrificios…¡Quién sabe las atrocidades que se cometen allí! –Ante la mueca escéptica de la chica, Mademoiselle de la Nuite añadió–: ¿Cómo cree que se hizo esas cicatrices? Hubo una gran explosión en la mansión, ¡por poco vuela en pedazos el pueblo entero! –Hermione recordó la habitación prohibida, los contornos de la puerta requemados–. Desde entonces, nadie se atreve a acercarse demasiado por allí y Dios quiera que él no ponga un pie en este pueblo. ¡Las artes oscuras lo han convertido en un monstruo! ¡Por nada del mundo querríamos a alguien así entre nosotros!

De pronto, la conversación se volvió excesivamente incómoda para Hermione; deseaba salir de aquel lugar cuanto antes, pero no quería parecer demasiado maleducada, así que, disimuladamente, liberó su mano de las de la mujer y señaló el primer estante que halló a la vista.

–¿Cuánto vale la tinta que cambia de color, Mademoiselle de la Nuite? Tengo algo de prisa, he dejado trabajo pendiente.

La interpelada frunció el ceño, sin duda contrariada por el brusco final de su cháchara. Sin embargo, no dijo nada al respecto y se contentó con la posibilidad de hacer una venta.

–El frasco son tres galeones, señorita. Si se lleva dos, se quedan en cinco galeones.

Hermione terminó decidiéndose por comprar los dos, pagó y despidiéndose de Mademoiselle de la Nuite con un par de frases de compromiso, salió por la puerta sin mirar atrás ni una sola vez.

De repente, el pueblo había perdido todo rastro de interés para ella; su mente era incapaz de pensar en nada más allá de la extraña conversación que acababa de tener. Una vez más, Draco Malfoy volvía a ser el dueño absoluto de sus pensamientos.

Lo que le había replicado a Mademoiselle de la Nuite era cierto: no creía que Malfoy fuera un mago oscuro. Puede que él tuviera gustos algo extravagantes, que su personalidad tuviera ciertos matices perversos y que disfrutara leyendo libros sobre artes oscuras, pero de ahí a creer que él practicaba la magia oscura o que realizaba rituales nigrománticos, había un buen trecho. Sin embargo, Hermione ya había cometido ese error una vez: había creído en Malfoy, había confiado en él, en que era lo suficientemente sensato para escoger el camino correcto y había resultado estar totalmente equivocada. Y luego estaba todo el asunto de sus cicatrices, el misterio sobre cómo se las habría hecho y la enigmática habitación que mantenía escrupulosamente cerrada.

Hermione no sabía qué pensar.

Cuando al fin estuvo de vuelta en casa, Millie apareció para recibirla, ansiosa por escuchar las novedades que pudiera contarle. No obstante, en cuanto la miró, se dio cuenta de que Hermione no estaba de humor para hablar y la dejó sola.

Tan pronto como llegó a su habitación, Hermione fue directa al baño, se desnudó y metió la cabeza bajo el chorro de agua caliente de la ducha. Mientras sus músculos se relajaban, reflexionó sobre los últimos acontecimientos; el día de descanso había resultado un completo fiasco: en lugar de ofrecerle el entretenimiento y distracción que tanto esperaba, había estado plagado de nuevos misterios, enigmas, malas noticias y conversaciones desagradables. Y luego estaban las incógnitas que rodeaban a Malfoy; por una noche, Hermione deseaba encerrar todo lo relacionado con él en el lugar más recóndito de su cerebro.

Nunca en toda su vida había tenido tantas ganas de que llegara el lunes.


N/A: Y hasta aquí con el capítulo, no ha habido Deamione, pero ha cambio, tenéis nuevas revelaciones. Me encantaría leer vuestras reviews, quería actualizar hoy y me ha faltado una revisión, así que si detectáis algún error, no dudéis en decírmelo. En el siguiente capítulo, prometo compensaros con Dramione.

¡Pasad muy buen fin de semana!

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