|1.8| Horizonte profundo


Año 2016
19 de abril.
Tokio, Japón. Bosque del Sur.

Noche.

El último suspiro de vida abandonó el cuerpo tendido en el suelo, frío e inerte, dónde antes una temperatura de cuarenta y ocho grados lo mantenía estable, ahora no es más que un bulto insípido que pronto pasaría a ser abono en la tierra para los árboles.

Unos ojos lo observaron desde arriba, grandes y profundos. Sus orejas peludas se movieron a los sonidos a su alrededor. Deslizó su cabeza, observando a los Lobos y hombres que permanecían mudos y estáticos en sus lugares, sin creer realmente que lo que sus ojos veían era la realidad, dura y despiadada.

Tan pronto pasaron los segundos, el Lobo negro que estaba frente al cadáver, se giró en contorno, alzando su cabeza y sacando su pecho. Aspiró por la nariz y elevó su cabeza, soltando un estremecedor aullido que se escuchó hasta lo más profundo del bosque, reclamando por lo que le corresponde.

La transición de los miembros de la manada era más difícil de lo que se veía. Sus mentes eran arrancadas de una línea sistemática y familiarizada, y se formaba una nueva dónde el Alfa se integraba. Al se criaturas Sobrenaturales, compartían un hilo de pensamientos cuando estaban en esa forma lobuna podía escucharlos al estar convertidos en bestias. Y él, al ser Mestizo, su genética cambio ligeramente y podía escucharlos cuando estaba en su forma humana, una capacidad imposible para los Lobos Puros.

Pronto comenzó a escuchar sus voces dentro de su cabeza, en realidad, dentro de la línea que fue incluido. Expresiones de asombro, reclamos y negaciones de todos, sobre todo al servir a un ser inferior, un Mestizo. Tan vívidamente que al principio le causo jaqueca.

Trató de no pensar mucho en lo desagradable que era tal situación.

Ahora que he vencido a Iván, tendrán que obedecer mis órdenes, dijo Sasuke.

Empezó a caminar alrededor, lanzándoles miradas de soslayo e imponiendo su aura.

Me rehúso a obedecerte, espetó uno de los Lobos.

¡Esto es una aberración! ¿Tener un jefe Mestizo? Quien sabe que nos harás a hacer, dijo otro colérico.

Maldita sea, justo viene uno peor que el anterior, expresó una voz femenina.

Silencio, fue su primera orden.

Al estar sometido a su mandato, tuvieron que obedecerle.

Estimo sus quejas, claramente ellos no querían estar bajo su mandato, y él no quería liderarlos, pero la causa era mayor. No tenía tiempo para lidiar con sus protestas y negaciones.

Aún atento a sus reclamos, decidió volver a su forma humana. La transición era más dolorosa de lo que se aparentaba, pero menos incomoda que pasar de hombre a Lobo, ahí los huesos se expanden y te sale orejas peludas y una cola, nada grato y acogedor. Aquí, todo se invierte, pero no quiere decir que sea menos doloroso. Sobre todo, mencionado antes, ser Mestizo le traía muchas desventajas, una de estas: al transformarse el dolor era más inmenso de lo que se experimenta normalmente.

Al ser lupinos no tenían pudor. Aprendías a perderla en las cruzadas; aun así, al incorporarse en sus dos piernas, Naruto se acercó a él tendiéndole su pantalón, se lo puso rápidamente y se volteó a los miembros de su —ahora— manada, que se iban reuniendo a un costado de él, tensos y hostiles.

Varias exclamaciones ahogadas se escucharon y los cuchicheos no tardaron en hacer mella, sabía del porqué de su reacción: vieron la parte de su espalda y torso. Aquellos tatuajes que salpicaban su piel, en la parte de su brazo, revelaban parte de su ruin pasado. Vio algo de miedo y terror en la mayoría.

Les hizo caso omiso y continuó como si no hubiera sucedido nada, porque así era.

—Esta situación tampoco es de mi agrado —dijo Sasuke dirigiéndose a ellos.

Las criaturas salieron de su asombro y gruñeron.

—¿Por qué desafiaste a Iván entonces? —preguntó uno de los hombres sumamente afectado. Lo reconoció por uno de los hombres que intentó matar a Sakura en el tren.

El azabache le lanzó una mirada al cadáver del animal.

—Necesito más narices para un trabajo en especial, y seguramente Iván no iba a 'prestármelos' por unas horas. Así que los tomé a la fuerza.

Antes de que pudieran replicar, se giró a Naruto que le extendió una blusa de mujer color morada. Se la lanzó al hombre que la atrapó sin rechistar. Lo olfateó cuando un aroma reconocido le pegó directo, abrió los ojos verificándolo.

—Este olor... es de esa chiquilla —dijo consternado.

—Grávense bien el aroma de esa mujer, porqué está noche participarán en una misión de rescate —ordenó Sasuke con su voz gruesa, matizando una palabra irrefutable.

El hombre que sostenía la blusa, la apretó entre sus dedos, tratando de no ceder a la voz de mando que los unía. Pero era una fuerza invisible que lo obligaba a obedecer, fue pasando la prenda entre los demás, que olfateaban lo necesario hasta memorizarse el aroma.

—¿La niña se perdió? —preguntó otra voz irónica.

Sasuke lo identificó por sus ojos rojos, era el otro agresor de Sakura.

Una vez que terminaron, volvieron su atención al nuevo Alfa vociferando que no participarían, otros se negaban a obedecerle, pero cada vez que daba una orden de silencio, la tenían que obedecer por la presión de sus palabras.

Así que, quisieran o no, colaborarían. La expresión de Sasuke fue indiferente a sus reclamos y miradas hostiles, pronto aceptaron su pronto trabajo y a regañadientes prestaron atención, aunque se resistieran.

—No necesitan saber su nombre. Ella fue secuestrada por un Exoctis en el lado sur de la ciudad —Sacó un mapa del interior de su gabardina y lo extendió en el suelo, frente a los Lobos, estos seguían sin comprender realmente porque se comportaba de esa amanera—. Aquí fue la última vez que las cámaras lo captaron, huyó al bosque. Iremos a ese lugar y extenderemos un perímetro desde ahí hasta lo profundo del bosque. No debieron ir demasiado lejos.

—¿Qué haremos cuándo la encontremos? —preguntó uno de los jóvenes.

—Avisar por la telepatía su ubicación. Tienen prohibido matarla o tocarla, ¿entendido? —espetó entrecerrando los ojos, el pesor de sus palabras volvió a ejercer un efecto en ellos.

—¿También al Exoctis? —inquirió el mismo chico.

Sasuke lo sospeso un momento. No conocía las habilidades y fuerza de cada uno, por lo que no estaba seguro si podrían hacerles frente a Sasori. Tampoco es un psicópata suicida que manda a los demás a morir en vano. Los miró por unos largos segundos.

—No se enfrenten directamente con él, eviten ser tocados por sus cuerdas azules o su sangre, es venenoso. En todo caso, avisen y armaremos un plan conforme a la situación... ¿Alguna duda más?

Una mujer alzó firmemente la mano y Sasuke le concedió la palabra.

—¿Cómo te llamas?

—Por el momento dejémoslo en Sayi —dijo sin más—. Ahora, andando.

Rápidamente los Lobos comenzaron a dispersarse entre los árboles, corriendo en dirección a dónde su Alfa les indicó. Los que seguían en su forma humana, les lanzaron una mirada desagradable a Sasuke antes de hundirse en lo oscuro del bosque, pasando a su forma animal para cumplir su encomienda.

Naruto se acercó a Sasuke por detrás, mirando por dónde se fueron los Lobos.

—Contigo son doce, suficientes para cubrir cierto perímetro.

—Sólo espero que no sea tarde —murmuró Sasuke.

—Confiemos que no lo sea —dijo el rubio tratando de tranquilizarlo. Luego miró las cosas que cargaba—. Por cierto, no soy tu burro de carga. Toma tus cosas.

Sasuke alzó una ceja, burlándose.

—¿Quién es el que siempre tiene dos manos y dedos? No pesan nada.

—Que cínico —refunfuñó Naruto acomodando la gabardina y espada del susodicho—. Cómprate una de esas mochilas portátiles, holgazán.

Su amigo sonrió de lado comenzando a caminar por el sendero.

Al pasar por este, captó cierto movimiento a su costado. Vio a un chico escabullirse entre los matorrales del bosque y en plena oscuridad, mirando por los costados. Era el mismo chico que le preguntó su nombre, no parecía ser uno de los más fuertes de la manada, su cuerpo apenas comenzaba a tornarse en músculos. Seguramente su forma animal todavía era pequeña.

Se adelantó unos pasos hasta quedar detrás de él.

—¿No se supone que deberías ir al lado sur? —preguntó.

—¡Yo no hice nada!

El chico dio un grito de sorpresa y cayó de boca cerca de un hueco de un árbol.

Sasuke enarcó una ceja, incrédulo por su reacción. A su lado, Naruto contuvo su risa, se repitió que no debía mostrar nada de empatía, debía parecer un vil enemigo dispuesto a atacar a cualquiera que los desafiara, pero diablos, ¡era tan difícil contener la risa!

Mientras Naruto intentaba no reír, el chico cuyo cabello gris revoloteó dispersando los rastros de tierra, se levantó de sopetón y giró a sus espaldas. Se intimidó de inmediato al ver a Sasuke frente a él, era más alto por dos cabezas, y su aura... aterradora para él.

—Responde mi pregunta —exigió Sasuke.

—¡Ah, sí! —Dio otro respingo.

—Muchacho, no te vamos a comer —dijo Naruto sonriendo de lado, mostrando sus dientes de aguja.

El chico tragó grueso. Pues no lo parece.

—Y-yo... pensaba en ir a los calabozos... —Apretó los dientes, indeciso en decirlo.

—¿Calabozo? —Sasuke enarcó una ceja, intrigado.

—Sí, ahí están... los seres que son como usted.

Sasuke rememoró esa palabra uniéndolas con los recientes acontecimientos. Calabozo. Mestizos. Muerte. Isas.

Cierto, Iván aborrecía a los Mestizos y por eso los encerraba en ese lugar para dejarlos morir. Isas es uno de ellos que logró escapar para pedir ayuda y él rebatió sin pudor. Recordó lo flacucho y débil que se veía, si él apenas podía caminar y así logró escapar, ¿cómo estarán los demás?

Sintió una repentina necesidad por saber, y se odio por eso. ¿A esto se referían algunos Alfas qué sentían la repentina necesidad de proteger a los miembros de la manada?

"Así que prefieres ignorar el hecho que sólo tú puedes salvarlos" las palabras de Sakura seguían rezumbando, calando en lo profundo de su mente.

Gruñó, irritado. Ahora que estaba ligado a ellos, no podía simplemente desentenderse del asunto, tampoco podía desentenderse del asunto siendo el Alfa. Aunque ganas no le faltaron en un principio.

Suspiró.

—Naruto, ve a coordinar a los Lobos, tengo un asunto pendiente que atender. Te alcanzó pronto.

Su amigo lo miró confundido al principio, pero al ver la mirada oscura de Sasuke posada en el bosque, supo el rumbo de sus pensamientos.

Le sonrió cómplice y le dio un par de codazos a su costado, el azabache le lanzó una mirada fulminante. No dijo nada, sus gestos de camarería hablaban por él. Cuando normalmente Sasuke les habría dado la espalda a esos seres, dejando que muriesen en ese hueco apestoso y mediocre, en el presente algo influyó en él para sentir la necesidad de sacarlos de ahí.

El Sasuke que creyó muerto hace mucho avanzaba por el sendero, guiado por el chico que prácticamente lo apuraba esperanzado, lo podía ver en sus ojos brillantes.

Sospechaba que la razón de ese avivamiento en la esencia de Sasuke no sólo era por voluntad propia.

Sakura era parte responsable de ello.

—Haré todo lo posible para que regreses, Sakura-chan. Le haces bien a Sasuke —se dijo mirando el cielo oscuro. Respiró hondo y se aproximó a las profundidades del bosque.


Estación de policía.

—Naruto acaba de llamar —Itachi se reincorporó a la mesa de trabajo, dónde conversaban Kakashi, Hikoro y un personal de alta confianza de la policía frente a una computadora—, Sasuke logró hacerse Alfa de la manada y ya están dirigiéndose al bosque Sur.

Kakashi suspiró aliviado de tener una carga menos. La búsqueda de su sobrina sería más eficaz teniendo a los Lobos de su lado, tenía la fina esperanza que aún no era tarde para hallarla, no sabía si era hipocresía de su parte o desesperación, pero rezaba para que ella apareciera con vida. No podían arrebatársela así después de buscarla por más de una década, no cuando la abrazo por primera vez y vio a su hermana en ella, no.

Sería injusto.

—Kakashi-san —llamó la joven policía—. ¿Podría darme más detalles de los Diez Escalones de Akatsuki?

El aludido se irguió sobre la silla, cruzándose de brazos. Miró seriamente al joven de nombre Fuu, era parte de un equipo especializado dentro del cuerpo policía que se encargaban de los casos cuya mente detrás del crimen se sospechaban que eran los miembros de esa organización. Por años le han seguido las pistas y han descubiertos varios crímenes dentro del país.

Toda información que les podría proporcionar sobre ellos les acercaría a saber con certeza de quienes se trataban.

—Cómo sabemos, Los Diez Escalones de Akatsuki son la guardia y los líderes más cercanos al que manipula todo —comenzó a decir Fuu—. Basado a sus datos, son Exoctis a lo que explica su lugar dentro de la organización. Hasta ahora, se ha descubierto que Akasuna Sasori es parte de ese talón. Y si Sayi-san dio esa información que es imposible de conseguir, ¿cómo es qué sabe de ello?

Hikoro se tensó en su lugar, lo bastante rápido para que Fuu se diera cuenta, después de todo era una humana, así que recuperó rápido y fingió observar los papeles esparcidos en la mesa. Nadie debía saber ese secreto, menos la policía, no estaban muy seguros a que bando Shisui decidió jugar. Es un enorme riesgo que hayan visitado la comisaría con el problema de Sakura, pero no tenían otra opción.

Se alivió de que Kakashi diera otra respuesta.

—No sabemos mucho más que ustedes. Sasuke seguramente se ha enfrentado con él en una de las guerrillas en Europa. Antes de que Sasuke viajara conmigo, estaba con sus hermanos y se involucraban en cruzadas —explicó breve, e Itachi asintió reafirmándolo—. Akatsuki ha liderado muchas de esos grupos de rebeliones.

Fuu asintió, más que satisfecha lo hizo inconforme. No se afianzaba a esa basta explicación, pero era la que tenía por el momento. Sabía de las relaciones tensas en ese grupo en particular y Shuisui. Su equipo de trabajo no estaba a favor de ninguno, solamente hacia su parte para que ellos hicieran la suya: eliminar a las amenazas. Muy a pesar ha aceptado que los Humanos son débiles en cuanto a fuerza física, pero sus conocimientos le han servido mucho a esos seres.

Dio por terminado el interrogatorio y partió a continuar con su trabajo.

—Eso estuvo cerca —murmuro la Cazadora levantándose de su asiento.

Hasta que Sasuke lo dijera abiertamente, ellos no eran quienes para revelar parte de su pasado.

Y en eso estaban de acuerdo Kakashi e Itachi.

—Vayamos al bosque y ayudemos con la búsqueda —dijo Kakashi agarrando la cazadora del respaldo de la silla y caminó junto a los hermanos Uchiha a la puerta.


Bosque Sur.

Sasuke seguía al chico que iba frente a él con los hombros encogidos y paso apresurado. Sentía su miedo a flor de piel, por la forma en que se movía ante su presencia, supuso que estaría saliendo apenas de la etapa de cachorro, uno de los más jóvenes de la manada. Su aura roja brillaba entre ratos.

Pase a que no debía incumbirle, muchas dudas surgieron con respecto a los comentarios de algunos miembros. La mayoría lo aborrecía por ser Mestizo, de eso ya está acostumbrado. Pero este joven parecía más contraído, no mostraba desagrado como los demás miembros. Además, que parecía preocupado por los Mestizos en el calabozo.

Él no odiaba a los de su especie.

—¿Cómo te llamas? —preguntó solemne sin utilizar su voz de mando.

El chico lo notó de inmediato, y lo miró un poco sobre su hombro. Sus ojos verdes lo enfocaron, dudoso.

—Soy Hachiro, Sayi-sama—agregó a lo último temeroso de haberse equivocado.

Sasuke enarcó una ceja por el honorifico, pero lo dejo estar. Aunque no se sentía cómodo siendo llamado de esa forma.

—¿Cuántos años tienes? Puedo ver que eres unos de los más jóvenes.

Refiriéndose a que apenas salía de la etapa de cachorro. Cuando una criatura nace, pasa alrededor de una década en su forma humana, hasta que por voluntad de la misma naturaleza lo transforma en Lobo dejando de ser un mero cachorro, su apariencia se desarrolla unos años más hasta quedarse estancada, en todos es distinta la edad.

—Quince años —expresó Hachiro torciendo un poco el gesto—. Y sí, cómo dice soy el más joven, pero de los puros. Hay mestizos menores que yo... —Su rostro se entristeció— y fueron lanzados al Calabozo a morir.

Aquello alertó un poco al azabache.

—¿Estás diciendo que hay niños ahí dentro? —expresó controlando su voz a indiferencia.

Hachiro agachó un poco la mirada.

—Si los hay, ¿qué pretende? ¿Por qué me pidió que lo guíe hasta ahí?

Respuestas que Sasuke no está dispuesto a admitir abiertamente. Se quedó en silencio hasta que dio a entender que no tenía intención de hablar.

Siguieron caminando hasta que el sendero perdió su forma, avanzando entre los árboles que se alzaban imponentes, cuyas hojas cubrían parte del cielo nocturno y la luz reflejaban contra el suelo, embelleciendo la vista. Lugares inimaginables que sus ojos captaban al adaptarse a la oscuridad.

La naturaleza fue un bálsamo para Sasuke de niño. Las raíces sobresalientes de los árboles, los huecos de estos fueron sus refugios ante las persecuciones, su escape obligatorio. Sobrecogido en el fondo, sosteniendo un cuchillo con sus temblorosas manos, con la mirada fija al hueco, esperando que sus persecutores lo encontrasen.

Pocas veces sucedió y en otras durmió relajado.

Sabía el dolor y despecho en carne propia. Y pensar que había cachorros Mestizos ahí dentro...

—Es aquí.

Enfocó su atención al frente, por dónde señalaba Hachiro. Un levantamiento de rocas sobrepuestas señalaba una entrada de tres metros de altura. El moho adherido a estás y las tiras de hiedras cayendo por la entrada asimilaban una cortina que apartaba a los curiosos.

Cruzaron la hiedra apartándolas del camino. Sasuke observó a Hachiro avanzar familiarizado, descendiendo por la cuerva que el suelo formo al fondo, yendo poco a poco en picada. Caminó evitando las piedras y analizando a su alrededor, se perdía la visibilidad poco a poco, pero por los dotes de ambos, podían adaptarse a la oscuridad a la cual se sumergían.

Cinco metros los separaban de la entrada cuando llegaron a una estructura de fierros. Los barrotes clavados en donde el suelo comenzaba a nivelarse. Sasuke se percató de la cerradura al centro dónde se podía abrir con llaves, pero él no contaba con ellas.

—Después de estos barrotes están ellos. —Hachiro se aferró a estos—. Iván mandaba a que los lanzaran aquí, deben estar al fondo.

El chico zarandeó bruscamente los barrotes de hierros, el eco resonó en toda la cueva al igual que su inútil esfuerzo. Sus dedos se engarrotaron de la fuerza ejercida y sus quejidos muy notorios revelaron su frustración por su propia debilidad.

—No tenemos la llave, será mejor regresar a buscarla.

Hachiro dio la media vuelta y creyó que Sasuke lo seguiría, pero en cambio, avanzó hasta los barrotes. Intrigado, volvió sobre sus pasos y se posicionó alado de él.

—Hum... Será imposible abrirla sin una llave.

—Por su aspecto y el óxido que se asoma por la superficie, deben de tener mucho tiempo aquí abajo. No tomará mucho trabajo derribarla —dijo Sasuke alejándose unos pasos.

Hachiro abrió mucho los ojos.

—¿D-Derribarla?

Vio a Sasuke elevar una de sus piernas y comenzar a golpear la cerradura a patadas con una fuerza bestial que jamás imaginó ver en él. Quedó completamente estático, sin poder reaccionar a lo que presenciaba.

—¿Vas a quedarte ahí sin hacer nada? —preguntó Sasuke sin detener su acción.

Hachiro inmediatamente reaccionó y fue a su lado, dudando al principio, imitó las patadas, el metal lo rechazaba a cada golpe. Pero al ver la seguridad con la que Sasuke lanzaba los golpes, se tragó sus quejas y continúo ayudándolo, incrementando cada vez más su fuerza.

Al cabo de unos minutos interminables, al lanzar una patada conjunta, la cerradura cedió con un sonoro "crac" al ser rota. La puerta de barrotes se abrió, y por la fuerza ejercida Hachiro perdió el equilibró y casi impacta en el suelo si no fuera porque Sasuke lo agarró de la camisa y lo enderezó tan rápido que apenas se percató.

Respiró hondo al verlo, el azabache mantenía su vista fija en él. Se avergonzó de lo débil que se mostró.

En silencio avanzaron sigilosamente por el túnel, apenas dieron unos pasos y un olor desagradable infestó sus fosas nasales. Ambos arrugaron la nariz, la oscuridad pronto iba haciendo estrago, en lo profundo de la tierra no había luz alguna. Les complicaba un poco la visión.

—No pensé que esto fuera muy profundo —susurró Hachiro, desconcertado. Detectó un poco más al frente un hueco en la pared, pronto identificó la antorcha que descansaba ahí. Lo tomó rápidamente—. Diablos, no hay cómo encenderla.

Iba a dejarla en el mismo lugar, cuando vio a Sasuke estirar su mano al centro de la antorcha. Maravillado, vio la palma de su mano expulsar una llama de fuego que se adhirió a la antorcha, encendiéndola al instante. El nuevo Alfa era Mestizo, por ende, su otra parte debía ser algún otro ser, ¿de qué sería cómo para qué pueda expulsar fuego?

Alzó la antorcha y el camino se iluminó. Siguieron avanzando unos metros más hasta que vislumbraron vestigios de formas al fondo y el olor se hacía más penetrante. Apresuraron un poco más su marcha hasta traspasar un umbral que conectaba al final del camino, topándose con un lugar espacioso y ambiente lúgubre. Una sensación frívola y húmeda se adquirió a sus pieles.

La muerte se olía en el aire. Y el silencio parecía tan aterrador.

Sasuke avanzó más, el fuego había iluminado parte del lugar y se percató de que alguien estaba recostado contra la pared, cerca de ellos. Estaba herido, la sangre recorría parte de su brazo y su rostro decaído.

Se inclinó un poco y le habló repetidas veces, tocándole su hombro bueno. El hombre dio un pequeño respingo y entreabrió apenas sus ojos, destellos rojos se asomaron, débiles y desesperanzados.

—Vaya... así que ustedes son los responsables de ese ruido de hace rato —murmuró el hombre, tosiendo un poco, se llevó la mano a su boca conteniendo la sangre que escurrió entre sus dedos—. ¿Y a qué vienen a llevarse esta vez?

Hachiro apretó su boca y se acercó un poco para verlo mejor, reconocía a ese hombre que llegó unos días atrás pidiendo ayuda, pero cuando Iván vio su aura negra, lo hirió gravemente y lo lanzó a este lugar sentenciándolo a muerte.

Abrió la boca para hablar, pero sorpresivamente Sasuke fue quién lo hizo.

—¿Dónde están los demás?

El hombre apenas hizo un gesto con la mano, señalando a su costado.

—Ahí, ¿qué no ves? Son todos ellos.

Sasuke se enderezó y tomó la antorcha de manos de Hachiro que se inclinó al hombre para ayudarlo con su herida.

A medida que iba avanzando más al fondo, las plantas de sus pies desnudos pisaban diversos huesos, no tuvo que agacharse e inspeccionarlos para saber de qué eran específicamente, el olor delataba su procedencia. Su pecho comenzaba a oprimirse de manera incomoda al ver poco a poco la inhumanidad que presenciaba. Cuerpos desnutridos en ovillos, apenas respirando; otros tendidos a sus costados con los ojos abiertos y en silencio, le dirigieron apenas una mirada y volvieron a lo suyo: mirar a la nada con desesperanza.

Un escenario tan desalentador y desgarrador para él.

Reparó de niño en el fondo. Se acercó a él sólo para descubrir sus ojos abiertos y carentes de vida enfocaban la entrada de la cueva, con la mano extendida, su expresión tranquila reveló sus últimos pensamientos. Hasta el último momento añorando libertada.

Apenas pudo apretar los dientes, contraído de rabia y odio, ¿quién sería capaz de dañar a un niño? Incluso él... tenía un corazón.

Estiró su mano para cubrir los ojos del niño.

Él... murió ayer —dijo una voz rasposa muy cerca—. Se llamaba Aoi (amor) que irónico, ¿no lo crees?

Sasuke volteó bruscamente a su costado, el fuego iluminó otro cuerpo sentado contra la pared, una maraña de cabellos blancos se le hicieron conocidos, y ese aroma, aunque estuviera entrelazada con la putrefacción de algunos cadáveres, eran el mismo.

Rápidamente se aproximó a él, viendo su estado deplorable, con la ropa rasgada y salpicada de sangre, al igual que sus manos que se oprimieron contra su pantalón. Con la cabeza gacha y sin fuerzas para alzarla. Apenas movía sus labios para hablar con su ronca voz.

—Suigetsu, soy Sasuke —habló el azabache agarrándolo del hombro.

El peliblanco movió un poco la cabeza, sin creer lo que había escuchado, pensó que estaba alucinando.

—... ¿Sasuke...?

Elevó un poco la cabeza y abrió los ojos, tratando de enfocarlo mejor. Tardó unos momentos, después de acostumbrar su vista a la luz que emitía el fuego, tantos días sin ver una fuente así, que creyó estar muerto.

—Ah... No puede ser, si estás conmigo eso quiere decir que Iván te mató. Y yo que tenía esperanzas en ti para que protegieras Sakura... Ahora Karin será la encargada de hacerlo —decía incoherencias, rio un poco entre dientes—. Es mi deber decirte que estamos muertos, así que...

—Nadie está muerto. Vencí a Iván y ahora son líder de la manada —objetó Sasuke sin permitirle a Suigetsu que alucinara de esa manera.

Suigetsu se quedó en silencio, mirándolo fijamente y luego sus manos, apretándolas en puño.

—... Ya no siento su lazo —murmuró, enfocándolo de nuevo.

—Vamos, tenemos que salir de aquí —dijo Sasuke, luego miró a sus espaldas llamando al chico—. ¡Hachiro!

Su exclamación resonó en eco por la cueva. Los pasos apresurados también. El aludido llegó rápidamente a él.

—Transfórmate y avísale a alguien que esté junto al rubio que venía conmigo. Necesito que envíen ayuda del hospital para atenderlos a todos.

—¡Sí, Sayi-sama! —Hachiro asintió fieramente y corrió rápidamente a un espacio vació para no dañar a alguien más.

Sasuke se giró de nuevo a Suigetsu, dejando la antorcha apoyada a su lado. Lo tomó del brazo e iba ayudarlo a levantarse, pero su compañero se negó a ceder moviendo varias veces la cabeza.

Frunció el ceño sin comprender.

—No... Yo no llevó mucho tiempo aquí, pero él... —Suigetsu balbuceaba. Con esfuerzo estiró un poco el brazo, señalando su costado. Un bulto como de su tamaño yacía tendido en el suelo, a espaldas de ellos—. Por favor... Ayúdalo.

A renuencia, supuso que no querría salir primero que ese sujeto. Sasuke soltó a Suigetsu y fue junto a la persona que señalaba. Apoyó una rodilla a su lado, la luz alcazaba ese perímetro, no quiso mirar más allá para no alimentar más su furia, se concentró a quién estaba frente.

Estaba en un estado más deplorable que Suigetsu, pero no al grado como los que vio detrás, a primeras si se veía flacucho y débil. Temblaba ligeramente y sus dientes castañeaban, se abrazaba tratando de buscar más calor en medio de esa fría cueva. Sintió lástima por todos.

Con cuidado de no lastimarlo más, movió un poco su cabeza y las piernas para acomodarlo mejor y así cargarlo. Su cabeza se movió y sus marañas de cabellos cafés también, no pudo verle bien el rostro, pero sus labios se entreabrieron.

—¿Quién...? —Y su voz era más ronca, cómo si tuviera mucho tiempo sin tomar agua.

—Tranquilo, voy a sacarte de aquí —dijo Sasuke continuando con su acción.

El muchacho pareció reaccionar, olfateando un poco, su cuerpo se relajó considerablemente.

Y lo siguiente que dijo dejó perplejo al azabache.

—¿Eres tú, Sasu-chi?

El aludido abrió los ojos y bruscamente lo miró, ¿cómo conocía ese estúpido apodo por el cual conocen sus más allegados? Le apartó rápidamente el cabello que cubría su rostro para verlo mejor, unos ojos negros cansado le devolvieron la mirada, un tanto alegre en medio de su cara huesuda, manchada de tierra y ojeras que hundían sus ojos.

Un nudo se formó en su garganta. No podía ser cierto.

—¿Kiba? —dijo conteniendo muchas emociones.

—Así es... amigo mío. —Tosió, después sonrió levemente—. ¿Cómo te trata la vida?

Sasuke jadeó, inverso en emociones encontrada. Apretó los dientes tratando de contener aquello que era inevitable. Maldición, era tan difícil. ¿Cómo no alegrarse al enterarse que uno de sus amigos está con vida tras meses de creerlo muerto? Simplemente no evitó que llevara una mano a su frente y lo mirara con pesadumbre.

Kiba está vivo. No podía creerlo. Era alguien forma de su nucleó cercano de amigo y familia. Cuando lo conoció era un cachorro, desprotegido, que después de salvarlo se apegó a él como lapa, al principio fue costroso como cualquier criatura, pero luego le tomó ese cariño especial de hermandad. Formó un lazó con él, tan intenso como el que tenía con Naruto, Shikamaru o Kakashi.

Meses atrás se separó de ellos por una misión personal, justamente en Japón. Después de unas semanas llegó la triste noticia de su muerte, lo lamento demasiado, fueron días duros para él y Naruto que fueron los más unidos.

Y ahora él estaba ahí, en un estado nada amigable, pero vivo.

—Por lo menos... pude ver a alguien familiar... antes de... —Kiba cerró los ojos lentamente.

—Debes mantenerte despierto un poco más —pidió Sasuke moviéndolo un poco—. No morirás así, ¿me escuchaste? —Pero Kiba no daba señales—. No hagas eso amigo, ¡abre los ojos!


20 de abril.
En alguna parte del bosque.
Madrugada.

Sakura luchaba con su propia respiración, disminuyendo el sonido a cada paso que daba. Sus pies descalzos se hundían en la tierra y hojas secas esparcidas en montoncitos, sus manos sostenían la cadena que, aprensada a su pierna, con el fin de no provocar mucho ruido por la agitación de su cuerpo.

Hundía los hombros cada vez que escuchaba su nombre a grito en medio de la oscuridad del bosque. Se sentía desorientada, todos los árboles se alzaban sin contemplación sobre ella, con la sensación de que en cualquier momento sus ramas tocarían el cielo. El paisaje cambiaba, pero tenía la sensación de que, desde un punto, volvía a ser el mismo. ¿Estaría corriendo en círculos?

Maldijo en silencio cuando su pie se enredó con una rama sobresaliente de un árbol y tropezó inevitablemente, su cuerpo rodó sobre las hojas y fue a parar debajo de un árbol, cerca de un hueco. Alzó la vista de sopetón, consciente de que las cadenas tintinearon revelando su ubicación, miró a sus lados y se arrastró al hueco del tronco.

Respirando agitadamente, se llevó las manos a su boca, intentando controlar su respiración. Los nervios la destrozarían más que cualquier otra cosa. Escuchó pasos, el aire rompiéndose por un cuerpo rodeando a sus alrededores, cual depredador caza a una presa. Se apegó más al tronco, en la oscuridad, desde ahí vio a Sasori caminar lentamente frente a los árboles, observando detenidamente a su alrededor.

Se quedó quieto un segundo, mientras seguía avanzando. Sakura no se relajó, al contrario, se tensó cuando lo escuchó hablar.

—Sakura, sé que estás asustada de mí y lo entiendo. Pero si vuelves si regresas conmigo estrás a salvo. —Su voz se acercaba y alejaba entre lapsos—. Sasuke y Kakashi no podrán protegerte debidamente mientras la ciudad no sea gobernada por un ser sobrenatural, ¿lo entiendes? Yo te llevaré muy lejos de aquí, dónde Akatsuki no podrá alcanzarte y vivirás tranquilamente el resto de tu vida.

Su voz se detuvo, contuvo su aliento al ver sus piernas frente al agujero, casi da un gritó cuando la mano de Sasori se adentró al hueco. Sakura se apegó más al fondo y su instinto reaccionó ante una muestra de amenaza. Dio un manotazo a su mano, sin percatarse que sus uñas habían crecido en algún momento, así rasguño la piel de Sasori y un hilillo de sangre escurrió de su mano hasta caer a una hoja.

—¡Arg! —gritó el pelirrojo separándose del árbol para mirar la herida.

Mientras Sasori veía su mano, Sakura se percató de la sangre que traspasó la hoja seca, pulverizándola, las gotas cayeron en el suelo. Rápidamente estiró la pierna dónde estaba el grillete y la pegó al suelo, vio como el metal fue fundido por el veneno de la sangre, y pronto estuvo libre del grillete.

Inmediatamente agarró la cadena suelta y la enrolló en la raíz más gruesa que encontró a su costado. Pronto Sasori se abalanzó a ella, estiró la cadena enrollándola en ambos brazos que intentaban tomarla, de último le propino una certera patada en el rostro, Sasori exclamó otra maldición, pero no se alejó.

Aprovechó esos escasos segundos para seguir arrastrándose a un costado y destruir con sus afiladas garras la parte de las ramitas del árbol para salir del otro lado, gateó hasta poder incorporarse y sumergirse de nuevo entre los árboles. Escuchó claramente las ramas romperse, así que buscó rápidamente una vía de escape, se sintió un poco estúpida al tener la solución todo este tiempo y sin considerarlo realmente.

Los árboles.

Miró sus manos y sus finas garras, verlas ahí, a la espera de ser utilizadas, le trajo vestigios de malos recuerdos.

—Ahora sirvan de ayuda —susurró.

Rodeó el enorme troncó a tal modo que la cubriera de la vista de dónde estaba Sasori liberándose de la cadena. Impulsada por la adrenalina, hundió sus garras en el tronco, sorprendiéndose de lo bien que encajaron y que seguramente dolerían. Rememoró una y otra vez la imagen de Sasuke, escalando aquel edificio y después explicándole como lo hacía, lo que conlleva a dolor, pero si lo aprendía a sobrellevar, eso sería de menos.

Así, comenzó a escalar. Moviendo una mano y luego la otra, a la vez que apoyaba sus pies desnudos en el tronco rasposo, soportando el escozor. Impulsada por la desesperación de no ser encontrada, aumento el ritmo, apretando lo labios y así no soltar sus quejidos ante el dolor que presento en sus dedos y pies.

Sentía sus uñas desprenderse, no le sorprendería que así fuera, pero cuando les echaba un vistazo seguían ahí, intactas y rojizas por el esfuerzo. Cerró los ojos un instante, pasado los segundos, comenzó a sentir el aire más fuerte sobre su piel, pronto llegó a las primeras ramas, pero no se detuvo ni siquiera a mirar por debajo, le ganaría el pánico y se soltaría.

Con la respiración acelerada, se permitió apoyarse en una de las ramas, ocultándose en las hojas dispersas. Sus oídos más atentos que nunca captaron pisadas, Sasori apareció en su campo de visión, mirando a todos lados, buscándola. Maldecía a voz alta y se preguntaba dónde estaría.

Apenas lo vio alejarse más, fue consiente de la altura que la separaba del suelo. Tuvo miedo por el repentino mareo y ansiedad, tragando grueso y apretando las manos alrededor del tronco, se obligó a apartar esos pensamientos.

—Respira profundo —se dijo aspirando con fuerza y cerrando los ojos, permitiéndose serenarse.

Después de unos minutos, siguió escalando a la cima entre los troncos, esperando que soportaran su peso. Lo hacía rápido y cuidadosamente, iría más arriba; desde ahí podría ver sobre el bosque y dictaminar qué camino tomar hacia la civilización. No sabía con certeza en que parte se encontraba.

Alejó unas cuentas ramas y se apoyó en la más gruesa, así, agarrándose del tronco, estiró las piernas y salió de entre las hojas, su cabello se hondeó por el incesante viento que acarició sus brazos desnudos, entrecerró los ojos, protegiéndose con las manos. Apenas cesó, giró sobre sus pies cuidadosamente observando los demás árboles, unos cuantos más altos que otros, pero no impedían su visión.

Las hojas se esparcían y la arrullaban con su cantico mágico, los grillos se unían a su clamor. Podría quedarse ahí para siempre, atrapada entre los árboles, pero no sería así. En cualquier momento Sasori la encontraría y la apartaría para siempre de su hogar.

En una de sus vueltas, vio al horizonte luces centellantes. Contuvo un clamor de alegría, ¡una ciudad! Si continuaba corriendo a ritmo, llegaría al amanecer. Tenía que ir con cuidado a esa dirección.

—Será al... Noreste, me parece —dijo frunciendo el ceño.

Bajó con cuidado del árbol, tomando la distancia con el suelo, le llevó varios minutos llegar. Se dejó caer al estar muy cerca y se estabilizó rápido. Cómo pudo, miró precavidamente a sus lados y comenzó a correr en dirección al Noreste, la ciudad aguardaba por ella.


Bosque del Sur.
Madrugada.

¡Encontré un rastro! La voz emitida por uno de los Lobos se conectó con todos, los más cercanos se volvieron a él para olfatear el aroma de Sakura, reafirmando el descubrimiento que daba al Suroeste. Comenzaron a aullar ligeramente, atrayendo la atención del rubio que los veía desde lo alto de los árboles.

Naruto bajó de un salto y miró a uno en específico que apuntó con el hocico la dirección en la que seguía el rastro. Sus ojos azules brillaron ante el descubrimiento.

—Divídanse en tres grupos, dos a los costados y uno al centro. —Señaló dichas direcciones.

Los Lobos se agazaparon nuevamente a la dirección con más seguridad, aullando entre ratos y barriendo la zona con sus enormes cuerpos peludos.

El rubio los acompañó en su carrera, aunque al principio fueron negaciones y más miradas hostiles del mandato de su Alfa, lo hicieron. Por naturaleza, los Lobos y Vampiros eran enemigos mortales, pero tuvieron que obedecer.

Tras pasar unas horas de detenerse a verificar los rastros y continuar a un punto en específico, detectó una presencia a sus espaldas y estiró sus dedos a la espera de que se revelara el individuo. Sin dejar de correr, presencio una sombra cruzar por el prado y alcanzarlo, se relajó de sopetón al ver el rostro de Sasuke irrumpir la oscuridad.

—Tardaste en llegar —dijo Naruto cuando su amigo aniveló su paso a él—. ¿Sacaron a todos los Mestizos del Calabozo?

Sasuke no contesto, se veía más serio y Naruto se preguntó si se debía a lo que encontró en el Calabozo, decidió dejar esa cuestión para más tarde, concentrarse en la búsqueda y rescate de Sakura es lo primordial ahora.

—¿Qué...? —Naruto casi se ríe a carcajadas al ver que su amigo trataba de quitarse el pantalón durante la carrera, lo que es imposible—. ¡Ya deja eso y transfórmate!

—Cállate, no quiero que Sakura pase una vergüenza al verme desnudo —chistó el azabache muy seguro.

—Siendo así... —Reprimió una risa y sintió los pantalones caer sobre su cabeza.

—Ten por seguro que, si los rompes, tendrás que darme el tuyo. —Escuchó que decía Sasuke y su presencia se alejó.

—¿¡Por qué el mío!? ¡Tú eres el exhibicionista! —gritó Naruto jalando los pantalones de su rostro.

Al enfocar abajo, se percató de que el gran Lobo negro se abría paso entre los demás con tal rapidez que tuvieron que aumentar la velocidad para mantener su ritmo bestial. Aullando al aire, los demás se unieron en coro.


Haruno se quedó paralizada a medio camino al escuchar aullidos, un tremendo escalofrío recorrió su columna vertebral. Lo que le faltaba, no contando que Sasori prácticamente le está pisando los talones, tenía que lidiar con lobos salvajes. Miró de nuevo los árboles, sería su última opción tratar de saltar entre ellos. Se arriesgaría enormemente en no alcanzar las distancias y caer en lleno al suelo, con suerte solamente se rompería una pierna y no todo su cuerpo.

Retomó su andar al dar un respingó. Siguió corriendo apresuradamente entre los árboles. Hasta ahora había visto a Sasori de lejos y se escabullía entre los árboles. Pero ahora estos iban disminuyendo de tamaño y número, lo que le hacía un blanco fácil, pronto no habría dónde esconderse.

Con la respiración acelerada, apenas se había detenido a descansar. No podía permitirse ese lujo, menos cuando sus ojos verdes captaron la figura de Sasori en lo alto de un árbol, barriendo con la mirada el perímetro.

Buscó rápidamente un tronco dónde esconderse y maldijo en su mente.

El más cercano estaba a tres metros, y justo cuando iba a él, la mirada de Sasori se enfocó en ella.

Ambos pares de ojos se dilataron.

Sakura jadeó y comenzó a alejarse. Sasori apretó los dientes y fue a su dirección.

—Detente ya. Te atraparé de todos modos, tu cuerpo no resistirá más —dijo Sasori al ver sus movimientos un poco más lentos pero firmes, era cuestión de minutos para alcanzarla completamente.

—¡No dejaré que me lleves! —gritó Sakura con todas sus fuerzas, esquivando los matorrales del camino.

Siguió de largo, chilló desesperada al sentir a Sasori a metros de ella, ¿esté sería el final?

Justo cuando la mano de Sasori iba a tomarla del cuello, la chica piso el inicio de un barranco, terminó por resbalar y cayó sobre la tierra firmemente. Rodó un poco por el suelo y con las misma se levantó jadeando de dolor. Vislumbrando un pequeño lago en medio de la vegetación, más adelante la subida de otro barranco y más árboles.

No miró atrás, siguió corriendo. Sus pies descalzos y cubiertos de lodo y sangre pasaron entre el agua, aliviándola un momento. Hasta ahí sus piernas desfallecieron y esta vez no tropezó con nada, desfalleció de rodillas, lastimándose con las piedras ocultas entre el agua, también apoyó las manos.

Sasori dejó de correr a prisas y caminó lentamente a ella, que apenas pudiéndose apoyar con sus brazos, estaba muy cansada de horas y horas de huir de él. Pero su cuerpo no resistió el esfuerzo al que no estaba acostumbrada.

—Deja de huir y ven conmigo —alentó Sasori al pie del río, viendo su cuerpo mojado temblar por su cercanía.

—N-Nunca —refutó ella apenas pudiendo incorporarse—. Te lo dije Sasori, preferiría morir antes de ir contigo, ¿quién me asegura que me mientes? —replicó.

—A estas alturas debes identificar cuando digo verdades o mentiras.

Se levantó como pudo y se dirigió al otro lado del río. Apenas pudo ponerse de pie, de reojo observó a Sasori, a unos metros de ella. Algo en su mirada la turbo por completo, emociones que jamás creyó volver a ver se reflejan en sus ojos cafés, él... expresaba algo más que frialdad e indiferencia.

Negó con la cabeza y alzó la vista al frente.

Justo en ese momento ambos escucharon feroces aullidos, los nervios afloraron sobre su piel, paralizada por esos brutales gruñidos que emergían de la oscuridad, entre los árboles. Recordó aquel enorme Lobo en medio del vagón del tren, un trauma desagradable que la detenía ahí. Muévete, muévete, muévete susurró su mente una y otra vez. Venía más peligro y no creía capaz de evadirlo como antes.

Retrocedió rápidamente cuando vio las enormes cabezas asomarse al claro. La luz de la luna iluminaba lo suficiente para que pudiera verlos, peludos y con sus ojos de diferentes colores, enfocándola a ella. Tuvo miedo de esos colmillos que se asomaron entre sus hocicos, y los sonidos que salían de sus gargantas.

Su cuerpo temblaba horriblemente. No bastando que Sasori la persiguiera, ¿Iván mando por ella? Querría echarse ahí y llorar interminablemente, ¿por qué el destino era tan cruel? Moriría en cualquiera de los francos, ¿así terminaría su vida?

—Maldición —dijo Sasori al ver los Lobos de la manada. Justo lo que quería evitar: un encuentro con Iván.

Sakura respingó ante su exclamación, lo miró retroceder, alejándose de ella. Seguramente huiría sólo al saber su destino. Quiso reír, no es que ahora quisiera irse con él, pero le amargaba saber que, aun así, terminaría sola.

Volteó al frente, preparándose mentalmente para lo que venía. Sus ojos temerosos barrieron a los Lobos que se quedaron quietos, esperando algo. Seguramente la estaban intimidando. Captó un movimiento más, entre ellos.

Unos ojos negros enormes que la enfocaban. Al analizarlo un poco más, se dio cuenta que era otro Lobo, pero más grande que los demás. Fue adelantándose hasta que la luz de la luna iluminó su silueta, su pelaje negro azulado se confundía fácilmente con la oscuridad de la misma noche.

Su porte era imponente y hasta ella se intimido. Pase a estar temblando y muerta de miedo, sus ojos le transmitieron cierta seguridad, no supo porque, pero le sostuvo la mirada un poco más, llenándose de cierta tranquilidad.

¿Acaso era este un veneno canalizador para la presa? ¿Relajarla antes de matarla? Eso era cruel.

Dio un respingo cuando el Lobo negro dio un paso y gruño ferozmente, inmediatamente los demás Lobos se inclinaron y agazaparon a su dirección. Cerró los ojos con fuerza y se abrazó a sí misma con el corazón latiéndole a mil, esperando dolorosamente alguna mordida.

Pero lo único que sintió fueron ráfagas de aire, el movimiento de los pesados cuerpos pasar a sus lados. Incrédula, abrió los ojos de golpe y alcanzó a ver los Lobos rodearla cual río a una piedra en su camino, al mirar atrás, se dio cuenta que Sasori corría en dirección contraria, alejándose de ella con las bestias yendo tras él.

—¿Por qué no me atacaron? —susurró Sakura bajando las manos a sus costados.

—Ese no es su trabajo, sino eliminar a Sasori.

Volteó de sopetón a dónde provino la voz. Vio a Naruto aterrizar a un lado del Lobo grande que seguía mirándola fijamente. Sakura no comprendió al principio que hacía el rubio ahí hasta que él se despojó del arma y gabardina que tenía, rápidamente lo reconoció: eran prendas de Sasuke.

Bruscamente se giró al Lobo, que hizo un ligero sonido con su hocico y fue acercándose poco a poco. ¿Acaso él era Sasuke? Le faltó la respiración.

—Estarás a salvo —le dijo Naruto.

Los labios de la pelirrosa soltaron un lamento justo cuando su cuerpo llegó al colapso de los nervios y cansancio, se dejó caer sin importarle si se lastimaba o no, pero nunca sintió el suelo. Dos manos la sostuvieron a tiempo, todo comenzaba a tornarse confuso y distante. Veía borroso, unos ojos azules la enfocaban sonriendo aliviado, decía algo, pero no lo escuchó.

Se relajó al sentir otras manos sustituir las de Naruto, firmes y seguras que la apegaron a un torso denudo y tibio, fue inevitable para ella acurrucarse en él, reconociendo su aroma... inconfundible que gravo en su memoria cuando lo conoció. Se sintió segura entre sus brazos que se permitió bajar la guardia y descansar envuelta en esa sensación. Su varonil voz le acarició su oído, invitándola a ceder.

—Duerme, Sakura...


Continuará...