|9| Nacidos para la batalla
Año 2016
20 de abril.
Madrugada.
Lugar desconocido.
—¿Qué dijiste, Sasori?
La mujer se levantó de sopetón de la butaca dónde segundos antes brindaba una victoria más. Sus ojos se tornaron rojizos y furiosos enfocaron al individuo frente a ella. Con las manos apretadas, bajó el único escalón dispuesta a escucharlo de cerca, casi encima de él.
Sasori mantuvo su expresión serena a sabiendas que la alteraría más. La mayoría sabía cuá enojada se ponía ante las malas noticias y esta vez le tocó lidiar con ello.
—La misión falló, cuando la iba a matarla se entrometió la manada de Iván, pero... al parecer ya no es el Alfa —desvió su atención a esa cuestión.
¿Qué caso tendría pedirles ayuda a matarla si al final "Iván" la salvaba?
Vio claramente señales de enojo recorrer sus fracciones tras comprenderlo.
—Maldición, justo está era la oportunidad. Estoy completamente segura de que ella es la hija de Haruno Hana, el parecido es increíble —susurró ella, llevándose la mano a su rostro—. Si dices que la manada la protegió, debe ser alguien cercano a Sakura, ¿sabes de quién se trata?
Le lanzó una mirada entre sus dedos, esperando una respuesta satisfactoria.
Sasori le sostuvo el gesto. Incluso la respuesta la escondería. Por ahora, mientras él mismo se encargaba de recrear sus planes. Así que no dudó en negar manteniendo su expresión indiferente.
Engañar a sus aliados para beneficio propio, diría él.
—No, Izumi. Todos estaban en sus formas lobunas.
Ella crispó los labios y regresó a su butaca agarrando la botella de licor que reposaba en la mesita a su costado. La apretó tan fuerte que pronto la rompió, los fragmentos bailaron en el aire y se incrustaron en la palma de su mano.
—Sea quien sea, hay que derribarlo para llegar a Sakura. Ahora, ¡la quiero muerta ya! —gritó enfurecida lanzando lo que restaba de la botella, impactando en el estante de libros a su lado.
Sasori no se inmutó a su ataque de ansiedad, un espectáculo dado en sus berrinches cuando sus planes no iban según lo acordado, y en ese estado cometía locuras dignas de ser catalogadas "atroces". Se apresuró a intentar disuadirla de su propósito cual era erróneo.
—Izumi, contrólate. Acepté en matarla por qué no sabía que era Haruno Sakura. ¿Acaso olvidas el verdadero propósito de mantenerla con vida? —preguntó haciéndola recordar.
Los hombros de la mujer respingaron por sus palabras, se quedó quieta unos segundos, parecía una perfecta estatua, limitada a respirar profundamente. Pareció serenarse tras dar uno que otro suspiro estremecedor, acompañado de gruñidos.
—Sí, lo recuerdo —aceptó dándose la vuelta para sentarse en la butaca, apoyando el codo en el descansadero y su barbilla en la palma—. Pero me enferma esperar, por fin la encontramos por causalidad, no podemos arriesgarnos que huya de aquí.
—Ellos no relacionarían que el ataque es de Akatsuki —dijo a sabiendas que no era cierto. Seguramente Sasuke ya haya soltado toda información que sabía de él y lo pensarían dos veces para seguir en la ciudad.
Debía actuar por su cuenta, sin que nadie interviniera, por eso debía despistar la atención de Izumi.
—Además, piénsalo. Si permanecen aquí por un tiempo, démosle falsas esperanzas de paz y ataquemos en el momento preciso.
Izumi se enderezó de sopetón, sus ojos volvieron a su tonalidad normal, un color castaño oscuro al igual que su cabellera. Su vista se dirigió a la otra botella de licor, destapándola de un jalón.
—Tienes razón Sasori, no sé en que estoy pensando —murmuró sombría—. Esperaremos, mientras tanto, encárguense de reclutar por otro lado a los Mestizos que perdimos con este trato. Necesitamos alimento para él antes de que decida que seamos su próxima cena —dijo volviendo a encogerse de hombros y empinar la botella de licor a su boca.
Sasori asintió, conteniendo apenas sus palabras. Logró que Izumi desistiera de su irracional deseo de matar a Sakura. Siempre fue así, penas tenían una pista falsa de ella, mandaba a matar a las muchachas sospechosas. A pesar de que nunca fueron las verdaderas, recibió varias advertencias por su conducta índole.
Pero, aun así, no le quitaban el poder que le fue depositado. La seguían alimentando con ese odio que trascendió a través del tiempo. Izumi podría perder la cabeza en este asunto, pero fuera de ello su nata habilidad de mando ha servido de mucho en varias guerrillas. Al igual que él, no eran más que piezas en un enorme tablero de ajedrez, con un papel especifico por empeñar.
Y cómo él, hacer de doble cara a esa organización, ha sido su rol desde que supo quién era realmente Sakura.
21 de abril.
Tokio, Japón.
Departamento de Kakashi.
Tarde.
Sakura supo que no estaba en su departamento cuando abrió los ojos y se topó con un color diferente de techo, al igual que el tamaño del colchón, ¡era el doble de grande! Con sabanas suaves y cálidas, se permitió disfrutar de la sensación un poco más, preocuparse por dónde estaría quedó en segundo plano por unos segundos.
Pase a estar en un lugar desconocido, no tuvo miedo como la vez que despertó en aquel lugar dónde Sasori la tuvo cautiva. Su mente se despejó después de unos minutos de mirar fijamente el gran ventanal cuyas puertas estaban semiabiertas dejando correr una agradable ventisca. Recordó lo que sucedió antes de caer a la inconciencia, los cálidos brazos que la estrecharon gentilmente, susurrándole que todo estaría bien.
Tenía la certeza que fue Sasuke. Aun persistía su aliento cálido, el aroma varonil que lo caracteriza y el tacto de sus manos sobre ella. Se abrazó a sí misma, intentando quedarse un poco más con esa sensación. Cerró los ojos, intentando no entrar en pánico, estaba a salvo.
Pase a que sentía todo su cuerpo agotado y entumecido, retiró la sábana que la cubría y se bajó de la cama, tensando las piernas al sentirlas pesadas. Se dio cuenta que llevaba puesto una sencilla bata, vagamente se preguntó quién la habría cambiado de...
Se sonrojó abruptamente al pensar que pudo haber sido Sasuke.
"Sí lo hizo, juro que deseará no haberme tocado" pensó avergonzada. Si él fue capaz de hacer semejante acto, la conocería realmente enojada.
Con ese pensamiento se encaminó a la puerta, abriéndola despacio para no hacer mucho ruido. Miró a los lados del pasillo, detectando sonidos en el lado derecho cual vislumbró a unos metros el indicio de la sala. Cerró detrás de sí y caminó lentamente hasta llegar a la entrada el pasillo.
Detalló un poco la sala, pero a decir verdad estaba más concentrada en saber quién hablaba en lo que parecía ser a la cocina, eran dos voces, una masculina y una femenina. Algo relacionado con el clima que se avecinaría por el atardecer y encender la calefacción de su habitación.
Se asomó un poco por el umbral, viendo dos personas que le daban la espalda. La mujer parecía muy pequeña alado del hombre alto, cuyo cabello negro largo lo traía amarrado en una coleta de lado. Vestían ropas coloridas y estaban descalzos.
—Yo cocinaré —objetó el hombre con cierto reproche en la voz—. No querrás envenenar a Sakura con tus experimentos culinarios.
—¡Sería incapaz! —exclamó ella agitando el cucharón—. Mis comidas no son tan malas, eres un exagerado.
—¿Qué soy exagerado? —Él negó con la cabeza a la vez que intentaba quitarle el cucharon, Sakura pudo ver un poco su rostro, sorprendiéndose por el gran parecido con Sasuke—. ¿Acaso te has preguntado por qué Sasuke prefiere comer piedras antes de probar algo tuyo?
—Por qué no tiene buen gusto por la comida, seguramente.
—Era una pregunta retórica —dijo resignado el joven—. ¿Sabes qué? Pediré pizza a domicilio, será mejor que comer... lo que sea que estés cocinando.
—¡Nada de comida grasosa mientras yo esté aquí!
Justo cuando el joven se volteó dispuesto a tomar el teléfono fijo de la pared, se percató de su presencia. Sakura salió de su improvisado escondite, curiosa por saber las identidades de ambos.
—Oye, ¡oye! —habló el azabache jalando a su hermana que refunfuña enfadada—. Ya se ha levantado —avisó señalándola.
Inmediatamente la mujer se giró de sopetón a la puerta para observarla. Esbozó una sonrisa radiante mientras dejaba el cucharon en la encimera y literalmente dio brinquitos hasta ella para tomarla de las manos. Sakura se quedó sin saber qué hacer con tal cercanía.
—Sakuchi, ¿te siente mejor? ¿no te duele algo? —preguntó preocupada.
Haruno se preguntó por el curioso apodo que se le ingenió.
—Sí, este...
—Hikoro, Uchiha Hikoro. —Se presentó alegre apretándole la mano, después se las soltó e hizo un ademán al azabache que sonreía afable—. Y él es Uchiha Itachi, somos hermanos de Sasuke. Así que no te preocupes por nada, si necesitas algo tan sólo nos lo pides.
Sakura seguía analizándolos. Ciertamente ambos tenían rasgos parecidos con los de Sasuke, como el color de sus cabelleras, en cambio sus ojos los diferenciaba, los de Hikoro eran cafés con matices oscuros y racionalmente pequeña de estatura.
Les sonrió, un poco nerviosa.
—Gracias, Hikoro-san.
La aludida sonrió más.
—Estábamos decidiendo que comer —intervino Itachi recordando ese detalle, se acercó a ellas observando intrigado a Sakura, le sorprendieron sus ojos verdes y vivaces—. Te aseguro que no querrás intoxicarte con la comida de Hikoro.
—¡Ya te dije que no es así! —exclamó la joven molesta. Después regreso a Sakura sonriéndole—. No le hagas caso a mi hermano, en serio te fascinará comer curry. Seguramente has escuchado a Sasuke alabar mi comida.
"En realidad no" se dijo cohibida Sakura recordando el primer desayuno que le preparó Sasuke cuando se conocieron, alegando que debió aprender para no morir de intoxicación. Pero seguía sin creer que alguien como Hikoro fuera incapaz de... cocinar algo comestible.
No dijo nada, se limitó sonreír con los labios pegados.
Después de que ambos hermanos discutieran por lo que comerían, decidieron dejarle a ella la decisión, a decir verdad, tenía mucha hambre y muy apenada escogió comida de Ichiraku, se le antojaba los onigiris y los rollitos de ciruela que cocinaba el viejo Teuchi.
Regresó a la habitación junto a Hikoro mientras esperaban la comida, cuanto más la escuchaba, Sakura determinó que era una persona muy agradable y social, hablando de todo un poco y preguntándole cosas como su comida favorita, color o vestimenta favorita. Algo relacionado con su vida.
Hacía mucho que no hablaba tanto.
Le prestó ropa cómoda alegando que seguramente no querría estar todo el tiempo con bata. Agradeció infinitamente ese gesto y recordó un detalle en particular.
—Hikoro-san... uh, ¿quién cambió mi ropa? —Le costó mucho pronunciar eso, pero no podía más con la duda.
—Todo lo hice yo, curé tus heridas y cambié la polvorosa ropa. Sasuke me pidió ese favor —dijo con un tono de voz que reflejaba su diversión al descubrir el rumbo de sus pensamientos.
Sakura se sonrojó un poco, avergonzada y agradeció de nuevo por sus atenciones. Luego huyó al baño para tomar su merecida ducha. Aún tenía dudas, pero estaba segura de que ellos la responderían mientras estuvieran comiendo.
Hospital General de Tokio.
Tarde.
Desde el otro lado del cristal Kiba se veía tan frágil mientras dormía, su piel aún no recuperaba su color moreno, incluso su rostro todavía estaba demacrado. Pero, cuando abría los ojos, aquellos esperanzados y llenos de vida, se volvía repentinamente fuerte, glorioso y ansioso de lo que está por venir.
Lo llamaba cada vez que lo veía, y Sasuke se adentraba a la habitación, solamente para saber que requería. Pero en ninguna le exigió nada, le agradecía una y otra vez que le haya salvado, incluso su adoración creció.
En otro momento le hubiese fastidiado y habría soltado el típico apodo que tenía para él: «cállate puppy» y Kiba respondería con un «que falta de humor tienes Sasuchi». Pero no fue así, el tener un fresco recuerdo de lo que vio allí dentro... le entraban nauseas y lamentación por haber matado sin mucho sufrimiento a Iván.
Aún así no le contesto, se limitó a virar su rostro a un lado mientras escuchaba la risa de Suigetsu a sus espaldas, estaba acostado en la camilla. Lo miró de reojo, él acaba de hacer un chiste personal cual Kiba también se carcajeó y se movió mucho. Tuvo ganas de decirle que le daría un zape si seguía haciendo movimientos bruscos, cerró a tiempo su boca.
—Oye, jefe.
Casi le salta una vena palpitante en su frente, maldición. Desde que despertaron, ambos le molestaban con ese apodo, alegando que es el Alfa de la manada.
—Ya les dije que no lo soy —gruñó Sasuke de vuelta—. Ayer disolví la manda en cuanto tuve la oportunidad.
—¿Eh? ¿Por qué lo hiciste? —Kiba se enderezó con dificultad, se veía sorprendido por el dato.
—Era de esperarse, no todos están de acuerdo con que él sea el nuevo Alfa —explicó Suigetsu, teniendo la razón a perspectiva de Sasuke, quién asintió en cuanto Kiba le dirigió una mirada consternada—. Surgirían conflictos dentro de la manda y se volvería un caos. Lo hizo para evitar problemas, pero, sospecho que esa no es la única razón.
Las últimas palabras del lobo puro tuvieron peso en él, no supo el motivo. Pero tenía claro una cosa: ser Alfa de una manada acarreaba consigo demasiada responsabilidad de la cual no está dispuesto a aceptar cuando los miembros de esta no lo aceptaran como jefe.
No niega que en algún momento le atrajo terriblemente la idea de hacerse de una manada, incluso lo efectuó cuando apenas salía de una edad acordada. Recuerda la sensación de poderío y dominio inundando todo su ser, sintiéndose invencible y el más fuerte de los lares al vencer al antiguo Alfa, ganándose el odio completo de la manda.
Dejó que su ego y orgullo lo dominaran por completo, que no prestó atención a las necesidades o peligros dentro de la misma, tampoco contribuyó que los tratara como simples marionetas al servicio de una causa mayor.
El resultado: la muerte los acechó y no pudo hacer nada al respecto. Ganándose una herida tanto fuera y dentro del pecho, aún ardía esa cicatriz al recordarlo. Fue un cobarde impulsado por su vanagloria. Mentiría si pensara que no le dolió, fue un suceso tan marcado en su vida, que persistía en su mente.
Por más habilidoso que fuera, el más fuerte de su gremio de Fujun'na Hanta o ser considerado uno de los peores criminales del mundo sobrenatural, no se creía capaz de tener era responsabilidad con una manada. No cuando ninguno estuviera de acuerdo.
No era miedo, era precaución a la propia traición.
Por ello Sasuke se negó rotundamente cuando su abuelo le exigió que tomara el puesto voluntariamente, aunque le purga tratar con él, le hizo una promesa a su madre de tratar de congeniar. Nunca lo logró. Y cuando vio los rostros de desagrado y repulsión de los lobos, no tuvo más razones para huir de esa responsabilidad.
—Eh... que lástima, pensé que por fin sería miembro de una manada. —La queja de Kiba lo sacó de su ensoñación.
—Ya te dije que eres libre de hacerlo en cualquier otro lado —espetó él entrecerrando los ojos. Aún no comprendía porque Kiba seguía aferrándose a él como una autoridad mayor.
Le ponía de mal humor.
—Ya yo te dije que nunca lo haré —contradijo Kiba bufando con molestia—. Me salvaste la vida muchas veces, y sé agradecer.
—No me interesa que lo hagas. Es una carga para mí.
—¿Ves? Me dijo que no le interesa. —Kiba lo apuntó con un dedo, girándose a Suigetsu con una mueca de irritación. Seguidamente volvió a fijarse en Sasuke—. Y te creería si no supiera que has dado la orden de salvar a los que estaban en el Calabozo.
—No pude dejarlos ahí.
El azabache se quedó mudo después de decirlo, diablos.
Vio la sonrisa de ambos jóvenes, en especial la de Kiba.
—Te conozco, Sasuke, si en verdad hubieras querido evitar esa carga, bastaba con dejarnos ahí. Tú no reparas en las emociones de los demás. Bien pudiste librarte de mí.
Lo dejó sin habla justo cuando Sasuke iba a replicar, se quedó mudo. Analizando sus palabras, pero negándose cada vez que llegaba al punto de inflexión cual lo llevó tal revelación: no reparar en las emociones de los demás.
Se suponía que era así, ¿no?
Entonces, ¿por qué le molestaba esta emoción que le carcome la mente?
Si fuera indiferente, no hubiera llegado a medidas extremas para rescatar a Sakura.
Tampoco desviarse de su plan e ir al Calabozo.
Y mucho menos rescatar a los Mestizos.
Casi gimió al percatarse de ello.
—Sé que hay algo más dentro de nuestro jefe —dijo Suigetsu, atrayendo su atención—. No se escucha mal ser parte de su manada. —Sus ojos chocharon y de pronto sintió aquella conexión con él, un nuevo canal telepático se estableció y sintió de nuevo ese lazo, más ligero que con lo que sintió con los demás en su momento.
Porqué Suigetsu lo aceptó como Alfa, y él, inconscientemente, lo dejó.
Maldición, se descuidó.
Entonces, el albino se rio tan fuerte que asustó a Kiba, quién no paraba de preguntar que sucedía.
—Que ahora soy el segundo al mando —alegó fingiendo ver sus uñas.
Sasuke suspiró al sospechar los gritos que se avecinaban.
—¿Qué? ¡Yo también quiero ser parte de la manada! —se quejó Kiba. Volteándose al azabache comenzó a persuadirlo—. ¡Sasuke, acéptame! ¡Siempre he estado a tu lado, que mal agradecido! —Estuvo a punto de levantarse.
—¡Quédate quieto! —gruñó Sasuke colmado de los nervios al verlo moverse bruscamente, el pelicafé obedeció inmediatamente y se dejó caer de nuevo en la cama.
Segundos después, el azabache suspiró y permitió aquel sentimiento de lealtad que Kiba siempre le mostró, haciéndolo ser parte de aquel canal telepático. Lo sintió, al instante, porque alzó la cabeza de sopetón y sonrió de oreja a oreja, entusiasmado.
Sasuke tuvo que girar la cabeza, irritado por los gritos de alegría y entusiasmo que pegó el chico, que incluso las enfermeras tuvieron que aparecer para callarlo, estuvo aliviado que no haya aparecido Tsunade porqué ella les rompería los tímpanos con sus propios regaños.
Suspiro, completamente estresado. ¿Qué pensó al abrirles esa brecha a ellos? Mientras más los observa, felices por algo tan complejo y a la vez tan simple, no puede evitar pensar que no estaría mal tener a esos dos bajo su mando, siendo un equipo.
Y tampoco ese sentimiento de que algo podría salir mal.
Mientras más convivía con Itachi y Hikoro, Sakura se preguntaba como Sasuke es hermano de ellos. ¡Eran completamente diferentes a su personalidad!
Itachi destilaba una serenidad envidiable, haciendo bromas con su único humor, tan apegado a él, sonriendo sin reparo alguno y sus ojos sinceros no expresaban indiferencia. Su voz, incluso, era más suave y moderada.
Por otro lado, Hikoro era tan alegre y espontanea. A veces parecía una niña pequeña revoloteando por toda la casa, pero también mostraba ese lado maduro al tratarla a ella como una hermana menor, incluso se lo dijo mientras le acariciaba el cabello: que la viera de esa manera. No supo que responder, le parecía tan incómodo.
Y Sasuke...
Parpadeó, consternada.
—¿Sucede algo Sakura? —le preguntó Hikoro sentada a su lado.
La pelirrosa lo pensó al mirar por el ventanal de la sala. Por fin podía ver las nubes grises cubriendo el cielo de Tokio, las noticias anunciaban una lluvia con vientos muy bajos, las recomendaciones de siempre de llevar consigo un paraguas.
Había pasado horas desde que vio el suelo azul, en las cuales, indagó de todo lo que sucedió. Hikoro fue la que respondió sus dudas puesto que Itachi al principio alegó que no debían preocuparla. Pero su hermana le espetó que no se lo podrían ocultar para siempre.
Se enteró que había estado durmiendo un día entero, y en ese tiempo, tuvieron noticias de que los lobos no lograron atrapar a Sasori pues se escabulló por la ciudad y ellos no podrían arriesgarse en que los humanos los descubrieran. Así que siguieron su búsqueda en su forma humana y sin resultados algunos.
Sencillamente: aún no estaba a salvo, no mientras Sasori siguiera por ahí, haciendo sus planes maquiavélicos.
Se permitió pensar al borde de la ansiedad en todo lo que él dijo mientras la tuvo cautiva.
Que la estaba protegiendo de Akatsuki.
Que Sasuke era peor asesino.
En realidad, ¿quién era?
Tantas preguntas, y no sabía si Hikoro e Itachi se las responderían.
—¿Quiénes son Akatsuki?
Vio la inevitable reacción de ambos, cuerpos tensos y una mirada seria que traslució en sus ojos.
Esto es grave, fue lo que pensó. Pero no retrocedió.
—¿Dónde escuchaste eso? —preguntó Itachi.
—Sasori me dijo... —titubeó— que me alejaría de Akatsuki porque quieren asesinarme.
—Sakura, nosotros no...
Ella frunció el entrecejo al completar la oración en su mente. ¿Acaso le niegan la información? Hasta cierto punto lo comprendía, el hecho de que no quisieran hacerlo para no alterarla, pero ya es tarde: el miedo inundaba cada parte de su ser al pensar en las palabras de Sasori. Uniéndolas con las de Sasuke cada vez que le pregunta porque siempre está apegado a ella.
«Te protejo del peligro».
Hasta ahora había pensado que no se trataba más que lobo o cualquier incidente cotidiano. Como un accidente inesperado o un ataque de cualquier malhechor.
No, esto se trata de algo más grande.
Incluso, lo que su tío le dijo, que ambos pertenecen a un linaje de Cazadores casi extinto. A este punto comprendía quienes eran ellos, seres asociados con celestiales que protegen a la humanidad de los Seres Sobrenaturales. Lo que aún no le quedaba claro, era su procedencia en sí.
¿Será el motivo de su origen por el cual la protegen?
Estaba cansada de las preguntas sin respuestas.
—Quiero saberlo. Necesito saberlo —entonó con su voz firme, mirándolos decisivamente—. Desde que apareció Sasuke alegando que debía protegerme, la espina estuvo ahí, picándome para saber exactamente de qué, pero él nunca quiso darme una respuesta.
—No es que no quiera dártela —alegó Itachi con cierta precaución—. Es sólo que no serías capaz de soportarlo.
—Se trata de mi vida. —Sakura le lanzó una mirada enfadada—, y tengo el derecho de saber quién es Akatsuki y porqué me busca. Si no fuera importante, entonces Sasori no me hubiera secuestrado e intentando alejarme y tampoco ustedes tendrían que estar cuidándome.
Hikoro apretó los labios, así que se dio cuenta, pensó. Era cierto que Sasuke les dio ese encargo cuando se fue el día anterior a seguir con la búsqueda cual no tuvo ningún éxito. Les advirtió que no le dijeran nada a medida que Sakura no quisiera, pero ellos consideraron que la verdad le podría perturbar.
Aunque, por alguna razón Sasuke les permitió decirle, ¿verdad?
Quizás porque él ha visto demasiadas veces esos orbes verdes tan determinados, con una chispa de miedo y la valentía en afrontarlo.
—Akatsuki... —comenzó a decir Hikoro, sintió la mirada caladora de su hermano, pero la ignoró—. Ellos son un grupo de demonios que se ha fortalecido con los siglos. Al principio se dedicaban a crear controversias entre las comunidades, pero los Cazadores intervinieron e intentaron exterminarlos, pero no lograron acabar con todos. Por eso, sospechamos que su principal razón de seguir movilizándose es ganar más poderío. Aún no se sabe a que magnitud han aumentado sus fuerzas, por eso los Cazadores siempre están expectantes.
—Entonces, si solamente se dedican a matar a los Cazadores, ¿qué relación tiene conmigo? —dijo mirándose las manos—. ¿Es por qué tengo descendencia de un Cazador?
Hikoro asintió con la cabeza.
—El Clan Haruno fue uno de los más fuertes en su tiempo, eran los encargados de eliminar a los Akatsuki, la batalla fue tan lejos que perecieron tras ser traicionados por alguien del mismo Clan.
—¿Un traidor? —Sakura en verdad estaba intrigada.
—Fue un golpe duro, pues reveló la debilidad del Clan, y Akatsuki se aprovechó de ello para acabarlos —intervino Itachi—. Es la conclusión que hemos llegado los demás clanes, porque murieron repentinamente.
—Pero no todos —dijo Hikoro alzando su dedo, atrayendo la vista de Sakura—. Kakashi y Hana, tu madre, fueron parte de ese grupo. Sospechamos que aún podría haber más con vida, por lo menos los que desterraron años antes.
—Y Akatsuki no estará satisfecho hasta acabar con todos los Haruno —murmuró la pelirrosa, sintiendo un terrible escalofrío cual supo disimular un poco, pero eso no evitó que se frotara los brazos. Esa terrible sensación la atacó de nuevo, enterarse de que alguien la quería muerta sólo por una rivalidad de la cual no tenía partida.
Era como cargar con el peso de sus antepasados.
Y no fue agradable la sensación.
—¿Ellos fueron los que le hirieron gravemente cuando estuvo a punto de encontrarme? —cuestionó al recordarlo.
—Eh, sí. ¿Cómo sabes que...?
—Mi tío me lo contó —dijo, y persistieron los recuerdos. A pesar de que lo ha visto una vez, ya lo extraña. Pronto también le intrigo en dónde estaría al igual que Sasuke—. ¿Ellos dónde están?
—Sasuke tuvo que ir a atender unos asuntos en el hospital —respondió Itachi, provocando un respingo en la pelirrosa y exaltación.
—¿Está herido? ¿Es muy grave? ¡Tengo que ir a verlo si es así! —Sakura estuvo a punto de levantarse, si no fuera porque Hikoro la tomó del brazo y la hizo sentarse nuevamente en el sillón, hubiera salido corriendo por la puerta del apartamento.
Uchiha le lanzó una mirada de advertencia a su hermano, que levantó las manos en son de inocencia. Él que iba a saber que Sakura lo tomaría de esa forma.
—No hagas escándalo. Él fue a ver a Suigetsu y los Mestizos que sobrevivieron del calabozo.
Su respuesta le trajo cierto alivio, menos mal que Sasuke se encuentra bien. Se sentiría culpable si en verdad estuviese lastimado por su culpa, después de todo, la situación la involucra a ella.
—Y con respecto a Kakashi —le habló Hikoro, se obligó a prestarle atención—. Está ahí.
Apuntó la televisión encendida frente a ellos. Viró la cabeza, observando la pantalla, el canal el cual transmitía las noticias locales. Al principio no entendió, pues vio el encabezado: "Namikaze Minato, el nuevo presidente de Tokio". Una gran aglomeración frente a la alcaldía, grabando aquel momento sin importarles la lluvia que les amenazaba.
Se sorprendió al ver a Naruto ahí, pero tras analizarlo fijamente, se trataba de alguien más, ridículamente parecido al chico; rubio de ojos azules y rasgos definidos. Saludaba a la gente desde la alcaldía, detrás, pudo ver varias entidades, entre ellas a su tío, le resultó difícil puesto que traía puesto un cubrebocas y unos lentes oscuros. Lo que le hizo reconocerlo fue su porte y color de cabello, aunque podría tratarse de cualquiera.
—¿Qué hace ahí con el nuevo presidente? —preguntó Sakura consternada. Anteriormente había escuchado a Tenten decir que ese hombre parecía ser un buen candidato a presidencia—. Se parece tanto a Naruto...
—Porque Minato-san es su padre —Itachi sonrió divertido al ver la sorpresa en el rostro de la chica—. Ya te darás una idea de que entonces es una criatura Sobrenatural. Haciéndose él de esa posición, la ciudad entra en un código de leyes cuales nos benefician.
—¿Código de leyes? —murmuró, cada vez que despejaba una duda, una nueva emergía.
—Sí. Por eso Kakashi-san recurrió a Minato desde hace años, ha sido su plan para protegerte dentro de la ciudad —explicó Hikoro sin irse a profundidad—. Ahora ya no habrá que huir a otro lado mientras Minato sea el presidente.
Los ojos verdes de la chica enfocaron una vez más el televisor. No comprendía del todo, Sasori mencionó aquello mientras escapaba. Y si ahora ese requisito a sido cubierto, tenía la fina esperanza de que la dejaría en paz por un tiempo, por lo menos hasta que otra nueva complicación se presentara.
En el fondo, se recrimina por ser ingenua.
Porque sabía que no sería así.
Hospital General de Tokio.
Tarde.
El pitido del monitor de signos vitales marcó el descenso del cuerpo sobre la camilla. No había nada más que hacer, y eso a Tsunade lo cargó en su conciencia, aunque sabía que no era culpa suya.
En esta profesión salvas vidas al igual de las que pierdes.
Pero ver a un niño Mestizo morir, siempre sería doloroso.
Pronunció su muerte, la hora en que vio el reloj de la pared y bajo la tabla. Dio órdenes a los enfermeros y salió al pasillo para ver a su otro paciente. Afortunadamente su mejoría comenzaba a notarse después de un día con el tratamiento adecuado. Seguía pareciendo completamente frágil, pero el tener sangre de alguna criatura Sobrenatural aceleraba su regeneración.
De regreso a su consultorio, vio al final del pasillo la espalda de Sasuke yendo directamente a la salida trasera del hospital por dónde podían ingresar los pacientes cuya procedencia era Sobrenatural. Al ser ella la dueña del hospital que atendía tanto a humanos como aquellos Seres, tuvo que dividir los pabellones con personal de cada especie. Los humanos tenían prohibido entrar ahí.
Escuchó el rechinido de la puerta, apenas vio su rostro cuando se viró a ella, bastó una mirada para que ella le confirmara lo que él vino a averiguar en primera estancia. Regresó sobre sus pasos, desde ahí, analizó la expresión de su rostro, la emoción de sus ojos. Comparándolo con el día anterior, era menos intensa.
Tras salir del Calabozo frunciendo el ceño y consternada, Tsunade se bajó el cubrebocas mientras buscaba a Sasuke en medio del ajetreo. Estaba de pie frente a una camina, dejando a Kiba a cargo de los paramédicos que lo auxiliarían. Después, se alejó un poco, no paraba de observar a las criaturas que salían de la cueva agarrando las camillas con cuerpos deplorables sobre ellos.
Se acercó a él y se aclaró la garganta. Tampoco es que le agradara mucho estar cerca, su relación se basaba en insultarse de vez en cuanto, pues Sasuke no la respetaba como tal. En ocasiones le molesta llamándole "anciana borracha" y ella explotaba en gritos incoherentes, lanzándole las botellas de licor que tenía cerca.
Y dejan sus diferencias de laso en situación de vida o muerte.
—¿Ya sacaron a todos? —preguntó Sasuke.
—Sin contar a Suigetsu y Kiba, son diez que presentan signos vitales. Entre ellos, tres niños. En cuanto a los cadáveres, todavía estamos acertando al número.
Los hombros de Sasuke se tensaron.
—Te seré sincera, no sobrevivirán todos. —Su deber era dar las noticias, no importaba el impacto—. Presentan un cuadro severo de desnutrición y neumonía. Sus signos vitales son débiles, está demás decirlo. No sólo depende de los cuidados, si ellos desean seguir aquí...
Guardo silencio. Sasuke seguía sin verla. Se preguntó la razón del porqué hasta que notó que él apenas se movía, con los ojos cerrados y soltando un suspiro.
—¿Sabes? Siento su tormento en mi pecho, su miedo y desesperación, ¿cómo Iván pudo vivir así?
Sí, Tsunade tenía unas inmensas ganas de revivir a ese engendro y matarlo con sus propias manos. El tema muy delicado para ella siempre radica en los niños, el perder a su hermano Mestizo la seguía entristeciendo, por eso, al ver a los pequeños en ese estado le enfureció.
Y comprendió porqué Sasuke se enfureció, lo que veían parecía una película de terror de esos tiempos que asemejan la realidad en algunos aspectos. Se niega por el momento, porque sabía que lo tendría que hacer tarde o temprano.
Pero se permitía ser egoísta.
—En cuanto fallezcan, me encargaré de darles sepultura —dijo Tsunade quitándole esa responsabilidad.
Y Sasuke se negó inmediatamente.
Ellos estuvieron encerrados en esa cueva por quién saber cuánto tiempo, ¿y pondrán sus cuerpos en un ataúd, rodeado de tierra? Se trataría solamente de cambiar de una jaula de bronce a oro. Y él no contribuiría a ello.
Desearon salir de ahí, de esa oscura cueva.
Y les daría su libertad.
—Entonces... —Tsunade no comprendía.
—Calcina sus restos y ponlos en urnas separadas. Yo me encargaré de lo demás.
Suspiró al tenerlo de frente.
—¿Cuántos murieron? —preguntó él.
Tsunade miró la tabla de registros que lleva debajo de su brazo.
—Cinco —reveló, apenas viendo las cejas del muchacho fruncirse para luego regresar a la normalidad—. Con respecto a los demás, sus cuerpos se adaptan al tratamiento común. A cómo evolucionan, estarán bien con reposo de dos semanas y una alimentación apta.
Sasuke asintió tomando las medidas. Sin embargo, lo hizo al azar porque su mente distraída en otras cuestiones no lo dejaban en paz. Ciertamente aquello no sería ideal para él, el hospital cuidaría de ellos y cuando estuviesen recuperados...
Alzó ligeramente la cabeza, estresado. Vaya día.
—Haz lo que acordamos. Regresaré dentro de unos días.
Y de nuevamente se dio la vuelta para marcharse.
—Por cierto, necesito que traigas a Sakura para un chequeo.
Sabía que su petición no sería bien recibida, pero no al grado que él lanzara una mirada amenazadora.
—¿Por qué debería...?
—Estuvo un día completo cerca de Sasori —le interrumpió abruptamente—. Y por la información que nos proporcionaste con los venenos me preocupa que ella tenga secuelas.
Tras decirlo, vio sus fracciones relajarse considerablemente. Interesante reacción.
—Cuando sea seguro la traeré.
Y se marchó a mitad del atardecer en medio de la lluvia vespertina.
Departamento de Kakashi.
Noche.
Cuando llegó a casa, estaba un poco más relajado. Pero después de unos segundos la tranquilidad se fue al demonio tras escuchar su celular sonar una y otra vez, siendo Tenten quién hablaba para saber de Sakura. Aún se cuestionaba la decisión de Kakashi de revelarle a esa mujer su existencia cual involucra a Sakura.
Se quiso golpear mentalmente por obtener la respuesta tan obvia.
No contestó, no estaba de ánimos. Le envió un simple mensaje para que hablara directamente con Kakashi y apagó su celular. El estrés aumentaría si no se daba una ducha pronto con agua helada, la lluvia no sirvió de mucho en apaciguar su malhumor y emociones encontradas.
—Parece que cada vez que te veo, tienes que estar empapado —comentó divertido su hermano.
Alzó la cabeza, observando a Itachi sentando en la sala viendo la televisión, a su lado, Hikoro lo saludo con una gran sonrisa. No tardó en levantarse y acudir a él para recibirlo. Le dio un retorcijón aquel gesto, pues insistió en prepararle una ducha y servirle comida.
Mentiría que no estaba acostumbrado a ello, pero aún se sentía extraño. Por esa razón decidió vivir ahí, con Kakashi, este no replicaba ante sus repentinos cambios. Lo recibía con los brazos abiertos —literalmente—, no sin antes reprenderlo de haber dejado a sus hermanos.
—¿Cómo está Sakura? —Fue lo primero que quiso saber.
—Excelente, comió sus tres raciones y estuvo todo el rato viendo la televisión sin prestarle atención realmente —informó Hikoro, un poco preocupada.
—Le dices como si Sasuke fuera su padre —dijo Itachi sonriendo de lado, estirándose sobre el respaldo del sillón, escuchó el gruñido de su hermano menor—. Cuando sabemos que él no la ve como una hija precisamente.
Los labios del menor se crisparon, le lanzó una mirada fulminante.
—Déjalo en paz Itachi. Sasuchi no tiene ánimos para tus bromas... ¿cenarás con nosotros? —le preguntó eso último.
—Cacé antes de venir —espetó alejándose de Hikoro, yendo directo a su habitación.
Desapareció de su vista, Hikoro quiso agregar algo más, pero escuchó la puerta cerrarse. Torció el gesto al virarse a su hermano que no despejaba esa sonrisa socarrona de su rostro. Seguramente por la reacción que tendría Sasuke al ver que Sakura estaba durmiendo allí ya que prefirió esa habitación por la vista a la ciudad.
—¿Apostamos a que duerme en el sillón? —inquirió Itachi.
La joven entornó los ojos y se dispuso a regresar a dónde estaba él.
Ciertamente, nunca esperó que, al salir del baño, encontrarse con la menuda figura de la chica durmiendo en su cama, casi le da un ataque al repararlo. Se quedó estático, sin saber como procesarlo. Hasta que una corriente de aire traspasó el ventanal abierto, se acercó a la cama asegurándose que ella estuviera bien acobijada, los restos de la lluvia dejaron una fuerte oleada de viento frío.
Tan sólo basto esa cercanía para detallarla de nuevo, plácidamente dormida, con sus largas pestañas, parpados que ocultaban sus hermosos ojos verdes que lo veían mayormente con molestia o irritación cuando bromeaba a costa suya, sus pucheros innecesarios pero lindos...
Agitó la cabeza, ¿qué carajos estoy pensando?
Se alejó saliendo al balcón en silencio, tampoco le convenía despertarla.
Y ahí, mientras extraía de la cajetilla de cigarrillos que recogió del cajón, se permitió pensar en la chica que yacía durmiendo en la cama, ignorante a lo que comenzaba a provocar en él. Se resistía a todos los recuerdos, no necesita desenterrarlos.
Para él mejor si permanecen en el olvido. Sólo le estorban de su verdadero propósito, aunque tras analizarlo, no es tan diferente a lo que conlleva. El mismo fin sería cuidarla, sea que recupere o no las memorias, tendría que hacerlo.
A este punto, se preguntó si sólo arriesgaba su vida por deber, ¿un acto de lealtad o estupidez? Muchas veces le ha dado vueltas, escarbando en su mente. Y ahora, mientras está cerca de la pelirrosa, sus impulsos no eran guiados por un mandato de alguien más, es... sus impulsos quienes se lo exigen.
No es porqué era su obligación protegerla.
No es porqué Kakashi lo necesite.
Es porqué quería hacerlo.
Quería sentir esa tranquilidad extraña que permanecía cuando su madre o Sakura de niña yacían cerca de él.
Se llevó una mano a su cabello, alborotándolos. Ciertamente lo sentía en su pecho.
Su definición de tranquilidad se limitaba a cualquier cosa superficial o incluso una emoción pasajera que permanecía en él por un pequeño tiempo y se desprendía cuando llegaba una perturbación que le obligaba a dejar a un lado, llevándose consigo todo lo bueno que recaudo.
Y algo se unió a ello justo en ese momento que cargó a Sakura, estrechándola entre sus brazos, sintiendo su menudo cuerpo y aroma inundar sus fosas nasales, volviéndolo a su estado normal de serenidad al tenerla ahí, viva. Toda preocupación se dispersó y dio paso a la paz que lo abandonó un día atrás.
Justo ahora, los rastros de lluvia se llevan esas emociones y justamente se rehúsa a aceptarlo finalmente. Lo que sintió fue real, que la vida se le iba en un suspiro cuando no sabía de su paradero e imaginarla muerta; el alivió que experimento al verla en medio del bosque, asustada de ellos, pero con vida. Sus ojos impregnados de miedo reforzaron su sentido de protección.
Por eso quería protegerla, para brindarle seguridad.
—Ah, Koizumi, ¿en qué diantres piensas? —se dijo en murmullo.
La oscuridad seguía ahí después de la incesante lluvia que cayó sobre la ciudad hacia la tarde y baño todos los malos recuerdos que hubo en el bosque. El aire que se colaba por sus ropas eran frescas. Se giró a sus espaldas para asegurarse de que Sakura siguiera cubierta por la fina sábana.
Lo que le sorprendió fue verla de pie en el umbral, tan silenciosa que no la escuchó levantarse. Devolviéndole una mirada intrigante y un tanto emocionada.
La siguió con la mirada, ella avanzó con sus pies envueltos en vendas y cruzada de brazos por el fresco de la madrugada. Se limitó a regresar su atención al cigarrillo que bailaba entre sus dedos y que fumaba con parsimonia, calmando sus pensamientos. Sasuke miró de nuevo al frente, enfocándose en el paisaje de la gran ciudad extendiéndose frente a ellos, una que no dormía.
—Me alegra verte —dijo de pronto Sakura, su dulce voz caló sus oídos—. Pensé que no vendrías hasta dentro de unos días. —Se apoyó en el barandal de metal, sintiendo el aire colarse por el fino vestido que traía puesto.
—Iba hacerlo —murmuró por debajo—. Pero ya no es necesario que mis hermanos cuiden te ti.
Fue inevitable para Sakura no percatarse cómo Sasuke fruncía el ceño y apretaba su mano libre mientras daba una última calada a su cigarrillo y lo apagaba en el metal para después lanzarlo a la calle, ocultando muy bien su sentir.
Quiso decir algo más, pero tensó sus labios en una fina línea. Aún no olvidaba que antes de su secuestro, ellos discutieron e insinúo respecto a su muerte. Ahora se arrepiente, pues en ese momento no pensó que los demás, pero dejando de lado aquello...
Se armó de valor y...
—En realidad me importa lo que suceda contigo. —La voz susurrante del muchacho le impactó.
Haruno parpadeó y separó ligeramente los labios, sorprendida.
Sasuke giró su rostro, evitando que ella lo viese avergonzado, palabras que salieron sin permiso de su boca pero que las pensó en su momento, en vez de una disculpa formal. Se regañó asimismo y se encogió de hombros un poco, tratando de que su propia definición fuera engañada.
—Sasuke...
—Tal vez al principio si fue una obligación —aceptó a medida que regresaba su vista al frente, después la enfocó a ella y sus orbes verduzcos que brillaban emocionados. Alentado por querer ver más, siguió hablando—, pero ahora... me siento tranquilo al saber que estás a salvo, Sakura.
La vio ensanchar sus ojos y apuntarlo con el dedo de forma inesperada, no comprendió al principio hasta que ella se acercó más, a tal punto de que estuvo casi encima de él, irritándolo un poco. Le estaba confesando que en realidad quería protegerla y ella...
—¡Dijiste mi nombre!
Ah, era eso.
Se llevó una mano a su boca, sintiendo el pesor. Maldición, es que decir su nombre fue tan natural que no lo pensó. Siempre intentaba mostrar ese respeto para no abrir más puertas, por otro lado, también le hacia recordar su posición ahí. Porque, pase a que ambos fueran Mestizos, ella tenía un cargo más importante que él —por lo menos extraoficial—.
—E-Eso...
—¡Y tartamudeaste! ¡Lo hiciste! —Parecía una cría, en serio.
—¡Arg, suficiente! Me largo —exclamó avergonzado, refunfuñando quiso adentrarse, pero Sakura se lo impidió al colgarse de su brazo y jalarlo de nuevo al balcón, alegando que no debía escapar.
El chico iba a seguir replicando, pero un inusual acontecimiento que pasaba frente a sus ojos le obligó a quedarse callado y quieto, dándole una falsa interpretación a Sakura de cómo tomó su acción, la sintió soltarse de su brazo y pedir disculpas torpemente. A él no le importó aquello.
Quería mostrarle lo que él veía.
—¿Logras ver algo? —preguntó haciéndole un ademán al frente.
La aludida enarcó una ceja e inspeccionó el panorama, no había mucho que detallar. Siendo casi media noche, las calles desiertas se volvían más lúgubres e inesperadas, los edificios se alzan imponentes reflejando los faroles de las calles. Aquel distrito era muy diferente a dónde ella vivía con Tenten, seguramente muy lejos de allí.
—Uh... muchos edificios... —dijo, dudosa, al final sonó como una pregunta.
Entonces Sasuke se percató entonces que ella no lo podía ver debido a que traía puesto su collar, similar a una venda sobre sus ojos, a menos que no se lo quitara, no vería de las maravillas que se perdía. El collar reposaba alrededor de su cuello, brillante y parecido al suyo. Tomando en cuenta que él se lo dio a Hana, no recordaba el día en que mando a fabricar ese par.
No titubeó. Se acercó un poco más a ella causándole nerviosismo, lo notó en sus ojos verdes inquietos cuando llevó una de sus manos detrás de su cuello sin explicaciones, rozándolo. Inclinó un poco el rostro tratando de serenar sus fracciones para no ponerla más nerviosa.
—Te quitaré el collar para que puedas verlo, ¿de acuerdo? Cierra los ojos.
Sakura asintió mientras trataba de relajar su cuerpo, su cercanía provocaba ciertas reacciones en ella que temía a concretar. No era ignorante a su atractivo y menos a sus dedos rozando su nuca, inconsciente soltó un pequeño suspiro, relajándose. No tenía que temer, él no era peligroso.
«Es un asesino peor que yo»
Apretó más los ojos al recordar las palabras de Sasori. ¿Cuántas vidas Sasuke habrá arrebatado con esas manos que la tocan con gentileza? No quiso escarbar a fondo, por una vez reprimió su instinto de curiosidad en lo más profundo de su mente, desplazándola.
¿Por qué debía dudar? Con ella, Sasuke parecía otra persona a la que le pintaban los rumores.
Con ella...
—Gira al frente, así... Ahora, abre los ojos —dijo él retirando las manos de sus hombros.
...Incluso mostraba esa amabilidad.
Fue separando los parpados sin saber realmente que esperar. Al momento que recupero su visión, pensó que nunca había visto cuan espectáculo tan maravilloso en su insípida vida.
Flotaban... pequeñas flores de cuatro pétalos azules transparentes y brillantes cuales se retorcían hacia su tallo, en medio de tres filamentos blancos con antenas que igual brillaban tenuemente, asimilaban las capas de un vestido. Bailaban en el aire, revoloteando de aquí y allá mientras ascendían. Pronto comenzaron a inundar las calles, miles de ellas, parecían luces flotantes.
No veía por dónde salían, solamente aparecían sobre la nada y continuaban su rumbo al son del viento, el rocío de la reciente lluvia bañaba sus hermosos pétalos, sobresaltando su color. Iluminaban la oscuridad por donde pasaban y traían diminutas partículas de luz.
Sakura, fascinada por su belleza, no apartó la vista de ellos.
—Son Natus —dijo Sasuke a su lado—. También conocidos como Nacidos.
—Que chistoso suena —comentó ella soltando una risa.
Le dirigió la vista, él parecía tan absortó como ella en el panorama. Estiró su mano al frente para tocar una flor, al contacto, emitió una repentina luz intensa y después volvió a su estado normal, siguiendo su rumbo.
—Natus... —murmuró Sakura después de pensarlo mejor—. ¿Hay una historia detrás de ese nombre?
—Tal vez sea otro cuento de hadas —alegó con un tono burlón.
—Tal vez me intrigue —rebatió sonriéndole.
Sasuke entrecerró los ojos a su dirección, brillaban curiosamente al reflejar los Natus.
—Si te digo, ¿no preguntarás nada hasta que termine? —inquirió mostrándole una sonrisa divertida a sabiendas de su ilimitada curiosidad.
Sakura se llevó un dedo a la barbilla, pensativa por la condición, decidió que valía contenerse y pasó el pulgar e índice sobre sus labios en un gesto de silencio y alzó ambas manos en son de afirmación. Sasuke intensificó su sonrisa burlona y negó con la cabeza, resignado. Esta chica, si no lo mataba de la preocupación, lo haría de autocontrol.
Comenzó a relatar, moviendo un poco las manos en ademanes.
—Bien, escucha... Hace miles de años, las guerrillas sacudían la tierra entre dos bandos: los Cazadores Puros que, como sabemos, son seres divinos encargado de eliminar amenazas mortales para los Humanos; y los Seres sobrenaturales, criaturas infames que ambicionaban el dominio de la tierra. Un encuentro por dos seres de cada bando marco una diferencia, el odio no pudo consumir el descarado amor que sintieron al mirar sus corazones y engendraron un pequeño ser inmoral para los aliados de ambos bandos.
Sasuke hizo una pausa, sin dejar de admirar al frente, pero Sakura no podía dejar de verlo y tratar de interpretar sus reacciones, sin dejar de atender a lo que él decía.
—Fue el primero de un linaje maldito —continúo relatando—, mitad Cazador y mitad ser Sobrenatural, cuales lo llamaron Mestizo o Híbrido, una aberración para el mundo. Pronto otros engendros de la misma calaña comenzaron a nacer en varias partes del mundo, inevitablemente se convirtieron en objetivos de cazas y matanza, los que los llevó a crear su pequeño pueblo, escondido en lo profundo de las montañas, cual bautizaron por Jiyu. Vivieron en armonía por varios años hasta que la aldea fue atacada.
La pelirrosa abrió la boca para hablar, pero Sasuke le lanzó una mirada indiscutible. Ella volvió a imitar el gesto de silencio y sonrió, invitándolo a continuar. El chico la miró unos segundos más antes de proseguir.
—Sólo la tercera parte de los Mestizos sobrevivieron a la masacre y huyeron al mundo, maldiciendo con toda su existencia el haber nacido, mientras juraban venganza en esos seres que destruyeron su familia, y algún día arrebatarían lo que por derecho les corresponde.
Después de unos segundos de silencio, Sakura se atrevió a hablar.
—¿Qué tiene que ver los Mestizos con los Nacidos? ¿Son alguna clase de... recordatorio?
Sasuke admiró las deducciones acertadas de Sakura, terminó por asentir y explicarle.
—Son dos historias entrelazadas. Y aquí está la otra: antes de la llegada de los Cazadores al mundo, emergieron los magos, son humanos que hicieron pactos con un demonio por poderes Sobrenaturales a cambio de su alma. Algunos vivían en Jiyu, sus enemigos eran los Cazadores, pues apoyaban la existencia de los Mestizos. La mayoría no rebatió pues se creía que ellos podían ver el futuro.
—¿Ver el futuro? —preguntó asombrada.
—Nunca se confirmó, pero muchos le tenían cierta preferencia. Por eso, cuando Jiyu fue atacada, ellos lo lamentaron tanto que hicieron un pacto con la naturaleza: llamaron a las almas de sus hermanos para que guiaran a las de los Mestizos, como te dije, los magos no tienen alma, por lo que jamás podrán ir al paraíso o el infierno. Lo mismo pasa con los Mestizos: tal parece que las almas quedan en el limbo.
Entonces, dirigió la mirada, una vez más a las flores que seguían flotando. Sakura siguió su mirada, interpretando el significado, incluso ahora le parecía verlos llenos de vida al compás del viento. Estiró la mano, tratando de alcanzar una.
—Permitieron que las almas de los Mestizos vagaran junto a ellos en la tierra hasta que se dictaminara a donde irían sus almas —Sasuke rememoró con cierto desosiego en sus palabras—, con lema en específico: nacidos para la batalla. Así que cada vez que muere un Mestizo en el mundo, sin importar su procedencia, los Nacidos aparecen en la tierra para darle la bienvenida esa alma.
—Una especie de sepultura —murmuró Sakura al aire.
Un Natus pasó frente a ella, moviéndose grácilmente en el espacio, tan natural que pareció coincidencia que reposara en su mano extendida. Brilló tenuemente, Sakura escuchó susurros dulces que no comprendió y experimento paz en su corazón. Abrió ligeramente la boca, absorta.
Aquella tranquilidad que le transmitió, disipando monótonamente su urgencia por saber más y más, la lleno de paciencia y paz que jamás creyó experimentar. Se cuestionó un poco más sobre el portador de esa alma que reside en la flor, ¿en qué año vivió y cómo fue su vida? ¿por lo menos hubo felicidad o sólo conoció el dolor? ¿Fue un niño cuyos sueños destrozaron o un anciano que anhelaba desistir del mundo? No lo sabía.
Con delicadeza, elevó su mano impulsando al Natus para que se uniera con los suyos, apenas se despegó de su piel, la preocupación la embargó de nuevo. Pero no debía afanarse, por lo pronto, presenciaría tal espectáculo.
—Entonces, alguien acaba de morir —dijo Sakura con un hilo de voz.
Sasuke no respondió. Pero asintió solemne mientras dejaba escapar el aire por la boca, recordar a los Mestizos de la manada le tría una sensación fúnebre, la ira seguía carcomiento su pecho, y aunque intentara por todos los medios no sentirse responsable, fue inevitable no hacerlo.
Quería pensar, sólo por un momento, que esta bienvenida era para aquellos que murieron apenas llegando al hospital y los que seguramente se fueron durante su tratamiento. Era mejor que consideras que alguien más murió.
—¿Habrán tenido una vida digna antes de irse? —Las cuestiones de ella lo dejaban sin nada que decir.
No, no lo fueron, pensó el joven. Y tampoco es que tuviera muchas opciones de vida. Así como él, inverso en la fatalidad, ¿cuándo fueron los días que fue feliz? Apenas los recordaba, un sentimiento lejano que envidiaba de los humanos, ellos con cualquier cosa eran "felices".
¿Cómo podría él sentirse de nuevo de esa manera?
Al mirar de reojo a la chica a su lado, una extraña imagen la sustituyo: una tierna niña de cuatro años, sonriente que estiraba sus brazos. Cerró los ojos intentando no pensar más, compararla con esa niña estaba mal, lo sabía. Pero no podía detener sus pensamientos de sí en ese tiempo fue... feliz.
¿Será posible que lo vuelva a sentir estando con ella ahora? Quiso reír en ese momento. No. Aquello ya no eran más que mentiras y sucesos que jamás ocurrirán en él.
Porque no lo merece.
Y tampoco es que lo desee experimentar.
¿O sí?
—Quién sabe —respondió el chico después de unos segundos al percatarse de que Sakura parecía esperar. Respondiéndose también a si mismo—. Y si no fue así, no es un acontecimiento triste el que hayan transformado en un Natus.
El sufrir te consumía el alma.
Sakura agachó un poco la cabeza, ladeándola a dónde estaba Sasuke. Extrañamente él la miraba de una forma inexplicable, como si quisiera examinar todo su interior, era la primera vez que sentía esa sensación, intrigante y con estirar su mano para rozar su rostro.
Le sonrió un poco y no dijo nada, tampoco Sasuke apartó su vista. En cambio, apoyó su brazo en el barandal, inclinándose un poco a ella. Lo vio dudar un poco y abrió sus labios dispuesto a hablar.
—¿Estás aquí, Sakura? —La voz de su tío se escuchó en la habitación.
Cualquier cosa que iba a decir el azabache, quedó en el aire puesto que se alejó de sopetón y volvió a su pose anterior.
Confundida, Sakura parpadeó intentando procesar su extraño comportamiento. Lo miró una vez más, pero él pareció no querer devolverle el gesto, por lo menos en los próximos segundos. Suspiró un poco desilusionada.
—Estoy aquí —respondió al final.
La figura de Kakashi atravesó el ventanal, lanzándole una fugaz mirada a la espalda de Sasuke y a la sonrisa de oreja a oreja que esbozo su sobrina al verlo. Le devolvió el gesto con más alegría y no se contuvo en acercarse para estrecharla en sus brazos, alegre de tenerla a salvo con él. La angustia fue una sensación pasajera.
—Sakura, hija. Me reconforta saber que estás bien —le dijo al separarse de ella y tomarla por los hombros—. ¿Te encuentras bien? ¿No tienes algún dolor? Puedo llevarte al hospital si es necesario.
La chica negó con la cabeza, sin asimilar realmente que Kakashi le prestara esa preocupación genuina.
—Cómo le dije a Sasuke, tío, estoy bien —aseguró sin preocupación.
Kakashi suspiró aliviado.
—Bien, pero deberías descansar más —alegó Kakashi señalando la cama.
Sakura negó con la cabeza. Entonces vio de nuevo a los Nacidos y se preguntó si su tío había presenciado ese acto, pues no parecía sorprendido. Dedujo una afirmación, él sabía más que ella. Lo tomó de la mano y lo acercó más al balcón, quedó a un lado de Sasuke que no se movió, se limitó a seguir observando el panorama.
—No, no. Los Natus han salido esta noche, y sería una falta de respeto no acompañarlos en su transición —replicó muy segura.
—¿Natus? —Kakashi, confundido, miró al frente con el ceño fruncido.
—Sí, ¿Qué no los ve? Parece luces flotantes. —Sakura seguía maravillada de la vista que apenas se percató que el rostro de su tío cambiaba a fracciones abatidas, como si lo lamentara—. Sasuke me contó su historia... es muy triste que no tengan a dónde ir después de su vida aquí en la tierra.
Su emoción apaciguada carcomió los pensamientos de Sasuke se enderezó un poco, sin saber cómo tomaría la siguiente noticia Sakura. No quería estropear su sonrisa, pero si no era ese momento no habría oportunidad alguna.
Así que, cargando en su conciencia esas palabras, la llamó.
Ella se viró a él, con una expresión curiosa y genuina, casi se muerde la lengua para no soltar sus palabras.
—Kakashi no puede verlos —reveló provocando que Sakura frunciera el ceño sin comprender la razón.
Ella volteó a su tío que seguía con esa expresión en su rostro. Al ver que él negaba con la cabeza, un tanto desilusionado, giró de nuevo a Sasuke con la duda marcada en su rostro.
—¿Por qué? ¿Tiene un collar igual al mío que se lo impide?
Los ojos de Sasuke, por primera vez, mostraron algo de lástima y duda. ¿Cómo tomaría ella la noticia de que era una Mestiza-Vampiro? Seguramente a escuchado muchos mitos e historia de esos seres, conociendo su lado gentil, no soportaría su realidad. Cuando se acabaran las pastillas que reprimen sus instintos... tendría que matar para vivir
¿Lo soportaría?
—Porqué sólo los Mestizos pueden verlos —soltó de sopetón.
Sus ojos se ensanchan de sorpresa, tras unos segundos cuales costó en digerir la información, tragó grueso mientras sus labios temblaban.
—¿Q-Qué soy que...? —murmuró ella.
El chico trato de mantener una expresión serena, no quería alterarla.
—Hana era una Cazadora del Clan Haruno —dijo él, alzando un poco los ojos vio a Kakashi que se mantenía serio, analizando a Sakura— y Kizashi era un Vampiro en su totalidad.
Tras decirlo, permaneció en silencio, mirándola fijamente e intentando descifrar su reacción. ¿Lloraría sin asimilar la noticia o reiría creyendo que era una broma de su parte? Que más quisiera que así fuera.
Pero ella seguía sorprendiéndola, era inesperada.
Se arrepintió segundos después, al admirar su rostro femenino confuso, abriendo ligeramente su boca, en señal de consternación. Sus ojos verduzcos fueron perdiendo fuerza y vitalidad, inevitablemente se apagó.
Algo en él se removió cuando Sakura agitó un poco la cabeza y sus ojos perdieron aquel brillo que la caracterizaba, una sensación de ahogo que compartió con ella que estiró su mano al frente, intentando alcanzar a los Natus con una expresión melancólica.
Cómo si quisiera ser parte de ellos.
Hola, hola.
Ufff he traído una nueva actualización, la cuarenta -c tira al suelo-
Y, ¿qué les pareció el capítulo? Sasori ya reveló internamente sus verdadero propósito, intentando desviar la atención de Izumi, esta vez intenté introducirla como realmente es. Aunque no todo el tiempo está así de histérica.
Cómo prometió Sasuke, le dijo a Sakura su verdadero origen. Los Natus, explicado en el capítulo, a muchos les puede parecer un acontecimiento triste ya que una persona muere, pero para los Mestizos, es mejor que la vida puesto que sólo llegaron al mundo a sufrir. La paz que los magos les proporcionaron es lo mejor para ellos.
En fin, ¡gracias por leer! Los quierooooo.
Nos leemos pronto,
¡Alela-chan fuera!
