|11| Sinceridad que quema
1 de junio del 2016
Lugar desconocido.
—Fue imposible, Izumi ¡hmp! No encontramos rastros de la niñita —alegó un rubio entrando por las grandes puertas seguido del salón seguido de una mujer de ojos anaranjados y un Demonio de piel azul y sonrisa socarrona.
Se distribuyeron en el entornó del salón, esperando a que la mujer dijera algo. De reojo observaron como ella estaba sentada en la misma silla de siempre, lo más sorprendente es que parecía estar sobria. No había rastro de botella a su alrededor.
Junto a su lado Sasori les dirigió una mirada corta e indiferente.
—¿Les parece tan difícil encontrarla, Deidara, Kisame? ¡Es una chica de cabello rosa! —exclamó Izumi enderezándose de sopetón—. Konan, ¿qué dientes estuvieron haciendo?
Los aludidos se miraron entre sí con cierto reparo. Sin duda su malhumor no se iba aún sin los tragos encima.
—¿Sabes cuantas mujeres de cabello rosa hay en la ciudad? Hoy en día los humanos pueden cambiar su apariencia con esos tintes extraños —comentó Kisame sonriendo de lado al ver la irritación de la mujer—. Es como buscar una aguja en un pajar.
—Debieron seguir al Alfa de esa manada como les dije.
—Tampoco lo hemos encontrado, a diferencia de ellos, nosotros no sabemos cuando un Lobo es un Alfa, ¡puede ser cualquiera! —Deidara estiró los brazos en exageración.
Izumi les dirigió una mirada fulminante.
—Son unos inútiles, todo lo tengo que hacer yo —espetó la mujer moviéndose al lado izquierdo en busca de sus armas, pero Sasori se interpuso en su camino obligándola a detenerse abruptamente—. Quítate si no quieres que te arranque la cabeza. Mira lo que sucedió por decirme que esperáramos un tiempo.
—Lo haré yo, estoy seguro de que puedo encontrarla.
La mayoría sabía que Izumi le tenía preferencia de Izumi que cualquier otro, después de lo que sucedió con su antiguo preferido. Así que no fue sorpresa ver como dejaba caer los hombros y lo observaba por un largo rato.
—¿Estás seguro de que puedes traerla?
Sasori asintió con su cabeza.
—Bien, te lo dejaré en tus manos, pero no tardes mucho —dijo deslindándose de la obligación y volvió a sentarse en su silla soltando un suspiro.
—Dame dos semanas.
Hizo una pequeña reverencia y salió por la puerta a cumplir su misión, no sin antes de dirigirles una mirada de soslayo a sus compañeros; Deidara refunfuñó algún insultó dirigido a él y Kisame sonrió de lado a sabiendas de la repugnarían que le tenía; y la mujer peliazul no le expresó absolutamente nada.
En cuanto desapareció, Izumi los señaló con su dedo a ambos.
—Y ustedes dos, será mejor que sean más eficientes la próxima vez, porque no seré tan flexible. Por lo pronto vayan a Turquía y traigan a los Mestizos que retienen para él o…
—… Nosotros seremos su próxima cena —completó fastidiado Deidara encaminándose a la puerta—. Siempre dices lo mismo, hmp.
—Por lo menos visitaremos los altos suburbios y podrás hacer tu maravilloso arte —dijo Kisame siguiéndole y cerrando la puerta detrás de sí.
Quedaron las dos mujeres mirándose entre sí, Izumi sabía lo que le diría, aún así espero a escuchar su voz.
—¿Hasta cuando estás obsesionada con esa chica?
La mirada de la castaña se afiló.
—Hasta que la tenga entre mis manos, Konan. Ella debe morir por mi propio bien.
7 de junio.
Tokio, Japón.
Hospital General. Tarde.
Tsunade le lanzó una mirada envenenada al joven que tenía frente a ella, cuyo semblante sereno y con aires altivos, seguía relajado y atisbos de diversión asomaban en sus ojos oscuros. Alguien por detrás carraspeó incomodo, como no estarlo en tal situación.
—Me estás diciendo, Shisui —habló lentamente la rubia, como si estuviese hablando con un niño pequeño en lugar de un adulto, específicamente el Jefe de la policía en Tokio—, ¿que todo este maldito tiempo estuviste en un punto neutro para despistar a la Cabecilla del Clan Uchiha, engañándolo que estás de su cuando, en realidad, siempre has sido aliado de Kakashi?
—Efectivamente.
—¿¡Por qué demonios no me dijiste antes!? —volteó bruscamente a Kakashi que estaba del otro lado del consultorio, admirando con interés el estante cos carpetas apiladas. Al ser llamado, se giró a ella disculpándose con la mirada.
Avanzó a paso decidido a la mesa, se veía realmente arrepentido de habérselo ocultado todo este tiempo, pero tenía una razón sumamente poderosa de la cual le traía un vuelco a su estómago.
—Tsunade-Hime, entiende que fue necesario.
Ella azotó su mano sobre el escritorio, ninguno se inmuto. De cierta manera se habían acostumbrado al carácter voluble e irritable de la mujer. Sus ojos mieles parecían apuñalarlos una y otra vez en su mente, y los tres sabía de ello. No se libraban de su retorcido castigo.
—Dame una razón para que no los tire por la ventana ahora mismo —pidió en un rugido moviendo su mano, en la palma emergió un sutil humo azul con pequeñas chispas naranjas—. ¿Sabes lo útil me habría sido la ayuda de Shisui en mes atrás? ¡Orochimaru sigue sin ser ubicado!
—Sobre ello, me puse a trabajar por debajo del agua —intervino Shisui ganándose una mirada caladora de la mujer, le sonrió cortésmente intentando tranquilizarla y no le lanzara su bruma.
Más no funcionó y terminó esquivándolo por poco, olvidaba que su carácter era terrible cuando se enojaba. Volvió a dirigirse a ella al ver que quería lanzarle otra bruma.
—Las pistas han sido tan… bizarras, viajó en avión a Taiwán días después de fugarse y no lo hemos localizado desde entonces, nos han dado pistas falsas de su paradero, pero aún es incierto.
Tsunade bufó bajando la mano, dándose por nada satisfecha.
—¿Sabes qué? De nada me hubieras servido, ¡gracias por la ayuda! —espetó irónica dejándose en la silla con desagrado, se estiró debajo para tomar una botella de licor para desestresarse—. Niñatos estos, son unos ingratos. ¿Saben lo difícil que es mantener un hospital así en funcionamiento? No, claro que no. Y encima, ¡el mocoso ese me estresa!
Puso el vaso de cristal con fuerza sobre el escritorio y vertió del líquido.
—Tsunade-sama, no creo que sea buena idea que… —Empezó a decir Itachi, y la aludida lo mando a callar con una mirada letal. Cerró la boca de inmediato.
—Como les decía, Sasuke no se despega ni un segundo de Sakura cuando la trae a sus revisiones semanales, ¿Qué es? ¿Su perro faldero? No me deja hacer mi trabajo bien, tengo que echarlo a patadas de mi consultorio y mandarle a hacer recados. ¿Qué demonios se cree? Llevando al límite a la pobre chica dejándole un montón de moretones y el cuerpo adolorido de tanto entrenamiento.
Estaba refunfuñando. Nadie se atrevió a hablar. Shisui e Itachi por temor a que la agarrara en su contra, y Kakashi para dejarla desahogarse. Todos estaban estresados hasta cierto punto, la situación se había complicado días atrás ante la visita de alguien inesperado, que, aunque quisieran, no podían prohibirle la entrada a la ciudad o sospecharía.
A las Cabecillas no se les podía negar nada relacionado.
—Tsunade-hime, la razón por la cual no se lo dije antes es porque Shisui no estaba en la ciudad y no sabía si nuestro trato seguía en pie después de su visita en el Fuerte —le explicó—, pero cuando regreso hace dos días nos reunimos en secreto y lo confirmó.
—¿Y por qué en secreto?
Los tres hombres se miraron entre sí gravemente.
—Se lo decimos ahora porque Fugaku-san está en la ciudad —dijo Shisui provocando que Tsunade se quedara estática—. Sabe que nunca lo he apoyado verdaderamente y pienso hacerle creer que estoy de su lado.
—Serías como un agente doble —La mirada de suspicacia de la rubia era una letal—. ¿Y aun así pides que confiemos en ti?
El pelinegro entrecerró su mirada seria.
—Yo mismo hice el arregló con Anko y ayudé a divulgar la supuesta muerte de Kakashi —espetó fríamente—. Si así no pruebo mi lealtad al no revelar que sigue con vida, entonces, ¿cómo puedo probárselo?
Silencio.
Se miraron con renuencia, Tsunade preguntándose a hasta qué punto Kakashi confiaría. A estas alturas ella misma dudaba, pero, como decía el chico. Si hubiera estado dispuestos a traicionarlos pudo ir directamente con Fugaku y decirle que Kakashi estaba vivo, y, por si fuera poco, que había una sucesora con vida. Sospechaba que Shisui también sabía del tema.
No le quedó más de otra más que suspirar. Confiaba en el juicio de Kakashi.
—Bueno, si Fugaku está en la ciudad. —Cambió radicalmente de tema disminuyendo su humor, señal de que lo había aceptado. Por parte de Shisui respiró tranquilo— no será nada fácil para Sasuke, ¿eh?
Itachi se tensó en su lugar e intercambió una mirada rápida con los otros.
—El asunto es que —Kakashi carraspeo por debajo— él no lo sabe y preferiría que no lo supiera.
—Lo entiendo perfectamente. Sería una catástrofe. —Tsunade asintió más calmada y se recargó en el respaldo de su asiento después de beber del vaso, ya más relajada—. Bien, entonces dedujo que el favor que quieren pedirme es relacionado a ello.
Kakashi asintió y procedió a sentarse en la silla para más comodidad. Desde ahí la observando unos instantes y luego habló lo más calmo posible.
—Como sabes, hace un mes Minato consiguió que la ciudad fuera un punto neutro. Debido a esto, nos da la oportunidad de hacernos de aliados para un futuro próximo, el hecho de que una de las Cabecillas haya pisado la ciudad da pie a que viene a tantear terreno.
—Sobre todo ese miserable de Fugaku.
La actitud de Tsunade estuvo lejos de molestar a Itachi, él mismo sabía que su padre era un Cazador con reputación despiadada, conocido por ser un hombre apegado a las reglas y sin reparos a cumplirlas, por eso Sasuke ha sido menospreciado por él después de un tiempo.
Uchiha suspiró y se dedicó a escuchar a Kakashi y Tsunade. Shisui había decidido prestar atención también.
—Lo que necesito es que intercedas por nosotros con los menores Clanes de Cazadores Impuros de la zona. —Fue directo al grado después de dar su mínima introducción. La vio entrecerrar los ojos a su dirección y fruncir los labios, la idea no le agradaba en lo absoluto.
—¿Por qué me lo pides a mí?
—Eres una bruja demasiado influyente en la sociedad —dijo como respuesta Kakashi—. Los Clanes Impuros estuvieron de acuerdo en apoyar a los Mestizos hace décadas, ¿recuerdas quienes los motivaron? Los de tu especie, siempre les han tenido respeto.
—Con el pasar de los siglos ya nada es como antes —espetó Tsunade con amargura. Igual que Kakashi, sus cargas eran pesadas—. Todo por lo que luchamos se está cayendo en pedazos…
—Pero aún hay esperanza —objetó seguro.
—No, no la hay. Cada vez son más los Mestizos muertos en el hospital, ¿Cuántos serán en el mundo? Sus vidas se extinguen por el egoísmo de los Cazadores.
Haruno agitó la cabeza.
—Estás equivocada, aún quedan algunos de pie. ¿Acaso no has visto a Sakura, que se dejó de lamentarse y ahora está esforzándose por aprender a defenderse para algún día luchar por los demás? ¿A Sasuke, que dejó sus caminos turbios y está protegiendo a alguien importante para él?
» ¿O a Naruto, que dejó de lado sus temores del pasado y ahora se enfrenta al presente con gran convicción? Los tres son Mestizos, ¿no los ves esforzándose por ser mejores para alcanzar sus objetivos de sobrevivir al día siguiente de sus persecutores?
Los ojos mieles de la mujer se avivaron unos momentos tras escucharlo, alzó de nuevo la vista hasta toparse con los ojos negros de Kakashi, la seguridad de sus palabras le hicieron creerle también. En el pasado, eso le había llevado a aliarse con él aparte de sus metas comunes: resguardar a los Mestizos de toda clase.
Ese siempre ha sido su propósito. Su maestro le enseñó la importancia de la vida y ella no dejaría que sus propias desilusiones la derrumbaran todo por las creencias arraigadas de los Cazadores Puros. Hasta ahora los Demonios los ignoraban o bien, los trataban como seres inferiores.
Los Mestizos también son criaturas con alma; no unos engendros sin corazón que no sienten.
A veces creía que ellos tenían más corazón y bondad que los mismos Cazadores que son los "supuestos" salvaguardas que devoran todo mal.
Apretó los puños contra la mesa tomando su decisión.
—Y ellos se merecen que nosotros hagamos a su favor y evitar una masacre —siguió Kakashi apoyándose de la mesa.
La sonrisa amarga de Tsunade no se hizo esperar después de mirarlo unos segundos.
—¿Buscas redimirte?
Kakashi les sonrió a medias.
—Hace tiempo que dejé de hacerlo. Entendí que no tengo que cargar con la carga pasada de mis antepasados.
—¿Y que deseas hacer?
—Sé que es egoísta, pero lo único que quiero es que mi sobrina esté bien. Ella es la pieza clave para el renacimiento de los nuevo Haruno y que esta ciudad no caiga a manos de los Cazadores a futuro. Recuerda que ella es la próxima Cabecilla del Clan casi extinto. Es la última esperanza para poner a salvo a los Mestizos que quedan.
Bosque del Sur.
Tarde.
Sakura cayó al suelo por (ya ni llevaba la cuenta) consecutiva vez. La tierra debajo estaba seca y las hojas volaron por el peso de su cuerpo. Soltó un quejido por la presión de sus muñecas y rodilla, en una posición en donde estaba en desventaja y no conseguía zafarse debido a la fuerza. Lanzó una mirada de reproché a Sasuke que estaba sobre ella con una mirada seria cual se convirtió en una sonrisa burlona al verla irritada.
¿Por qué terminaba así? Al principio no le irritaba porque estaba aprendiendo, pero ahora… vencerle a Sasuke en alguna llave era sumamente complicado, y él no se la dejaba fácil después de todo. Alegaba que tenía que ir con todo desde el principio.
—¿Por qué te burlas? —espetó frunciendo el ceño.
—Digamos que… ahora sabes caer con estilo.
—Eres un odioso.
Dejó caer la cabeza mientras sentía que él se quitaba de encima, le tendió la mano para ayudarle a levantarse, le miró desde abajó y aceptó su mano a regañadientes. No se hubiera tragado su orgullo si no fuera porque en verdad estaba dolorida, esta sección era una de las partes que más sufría en el día. La otra tenía que ver con Kiba y su fuerza bruta. Recordó la primera y última vez que le preguntó a Sasuke por la brusquedad en la que la trataba Kiba y él en los entrenamientos.
—Si esto no fuera un entrenamiento, diría que estás disfrutando humillarme —replicó la chica sacudiéndose la parte trasera de su pantalón entallado con residuos de polvo. Al principio había alegado el ponérselo, pero después de descubrir la gran movilidad que tenía con él, dejó de objetar.
Sasuke la miró entornando los ojos y apoyando una mano enfundada en guante en la cintura. Sus ropas eran ligeras, nada de gabardinas, más bien parecía una persona corriente que salió por la mañana a dar una caminata.
Pero era el atardecer y estaban en medio de un bosque.
—De lo advertí cuando empezamos: no sería blando. Especialmente contigo.
Aquello tampoco le tranquilizaba, ¿acaso tanto le fastidiaba para hacerle imposible los entrenamientos? Volvió a fruncir el ceño y se cruzó de brazos sobre su pecho, entrecerrando los ojos para cuestionarle.
—Creía que le estabas agarrando gusto el desvelarte para ser mi niñera. —Su tono de voz salió irónico e insolente.
Lo que vio después fue una sonrisa de lado y como Sasuke se acercaba para inclinarse más a ella borrando toda expresión de burla en su rostro.
—Precisamente porque eres tú estoy siendo estricto. Habrá momentos que no estaré a tu lado para protegerte y necesito que sepas hacerlo más allá de tus propios límites. No quiero que alguien te hiera de ningún modo —explicó muy debajo, con los ojos clavados en ella que contuvo la respiración por el asombro.
Después de caer en cuenta de lo que dijo, se alejó carraspeando por lo incomodo que fue expresar sus pensamientos, pero al parecer a Sakura le sacó una sonrisa de dulzura. Le consternó y desvió la mirada.
—En todo caso —se aclaró de nuevo la garganta y tomó distancia para comenzar de nuevo con el ejercicio—, a mí me entrenaron más brusco y menos explicado, así que no te quejes y aprende los movimientos.
—Cómo digas, maestro —dijo divertida al recibir una mirada nada grata. Con el pasó de los días iba reconociendo cada uno de sus gestos, y esa mirada entraba en la categoría de: fastidio.
Volvió a prestar atención cuando Sasuke le comenzó a decir las fallas que tuvo en la técnica, explicándole como utilizar su habilidad, como ella era pequeña y ágil, podía aprovechar esa alusión para escabullirse y voltear la situación, por otro lado, su fuerza que parecía incrementar cada día que se sorprendió cuando logro derrumbar un enorme árbol del bosque con tan sólo una patada.
Y todo se debía al hecho de que había estado reprimiendo su naturaleza.
Nuevamente se acercaron, poniéndose en posición de defensa. Está vez Sasuke no le daba instrucciones a voz alta como al principio, lo único que hizo fue acercarse rápidamente para atacarla. Sakura esquivo grácilmente su puñetazo dirigido a su rostro, lo hizo a un lado con su palma, dio media vuelta y retrocedió unos pasos contrarrestando los golpes.
Uno en particular le dio en la costilla, pero no se quejó. Apretó los dientes y se agachó a tiempo para esquivar la patada brutal del chico que impactó directo al árbol a su lado dejándole un gran hueco. Aprovechó el mínimo momento para tratar de agarrarlo del cuello, pero Sasuke se dio la vuelta tan rápido y la ataco de frente, sorprendiéndola.
Apenas tuvo tiempo de reaccionar e intentar alejarse, Sasuke se lo impidió tomándola del brazo girándolo hacia atrás sacándole un quejido de dolor. Le un brazo por su cintura para apegarla más a él escuchó su pesada respiración y vi desde ahí como su pecho subía y bajaba por el esfuerzo.
Acercó la boca a su oído y le sopló provocándole un escalofrió interno. La sintió estremecerse.
—Ahora imagina que soy tu enemigo y te tengo inmovilizada —susurró. Sakura tragó grueso y cerró los ojos afectada por su cercanía—, ¿qué harás para zafarte?
Esperó un momento para conocer su respuesta, ella no se movió después de unos segundos. Pensó que se había rendido pues tampoco escuchó su voz, decidió que fue suficiente, la conocía bien como para que aceptara su derrota en voz alta.
Estuvo a punto de soltarla cuando ella se movió mucho más rápido que sus reflejos: giró en lo bajo su pierna derecha en un arco interno golpeándole las piernas derribándolo junto con ella sobre sus espaldas. Soltó un quejido de sorpresa combinado con dolor.
Por la caída sus manos se aflojaron, así que Sakura aprovechó para rodar sobre sí y levantarse de un salto, con la respiración agitada y una sonrisa victoriosa.
—Ahí tienes tu respuesta —alegó ella triunfante.
Desde el suelo Sasuke le dirigió una mirada contenida, viéndola así, con la respiración agitada y unas terribles ganas de gritar por su logro le daba cierta satisfacción personal.
Cada día la pelirrosa mejoraba, y hoy logró tumbarlo. Simplemente le parecía fascinante como aprendía rápido y estaba dispuesta a sacrificar su tiempo e integridad para lograrlo. Claro, siendo él quien le enseñaba no era para menos.
Aunque ella se llevaba todo el crédito.
Se levantó sacudiéndose sus prendas y se acercó a ella conteniendo su sonrisa de lado.
—Lo admito, me has ganado. Veamos si mañana lo logras de nuevo.
La pelirrosa esbozó una mueca de obviedad.
—Por supuesto que lo haré. Te dejaré con la boca abierta. —Se cruzó de brazo y le dio un golpecito juguetón en el torso.
Se alertó de pronto al escuchar muchos pasos en dirección a ellos, pero al ver como Sasuke fruncía el ceño y suspiraba resignado, supo que no eran enemigo, más bien…
—¡Jefe, hemos llegado! ¿No nos has extrañado? —preguntó Suigetsu apareciendo entre los troncos de los árboles, por detrás, le venían siguiendo Lobos enormes que se empujaban entre sí para llegar a la meta.
El azabache cerró lo ojos y se dirigió a ella.
—Recuérdame porque acepte de nuevo a la parda de lobos que vinieron hace unas semanas —pidió cargándose de tolerancia.
Lo miró divertida, llevándose las manos a su espalda mientras contestaba:
—Porqué fue inevitable. Cuando un lobo tiene respeto y devoción por un Alfa, es imposible evitar el lazo, o eso me explicaste cuando te vi llegar con todos ellos.
Sasuke aspiró con fuerza y le indicó que esperara un momento. Se alejó dejándola en el centro del espacio abierto, pudo vislumbrar como la manda completa que consistía en quince Lobos —entre ellos, Kiba y Suigetsu— llegaba a los pies del conjunto de rocas que escondía esa parte del bosque, algunos venían sobre sus dos pies, y apuntaban por detrás mientras se explicaban con toda la prisa que podían.
Se desentendió y decidió mejor aprovechar el momento para tomar un respiro bien merecido. Se dejó caer sentada en el suelo y apoyó las manos a sus lados, alzando la cabeza al cielo entre el hueco de los árboles, la brisa de la tarde y el aire fresco la tranquilizaban. Cerró los ojos y permitió que sus pulmones se inundaran de la frescura de la tarde.
Los músculos de sus hombros se relajaron considerablemente. Cada vez le tomaba gusto sentarse en medio de la tierra y sentir la brisa sobre su rostro, le ayudaba enormemente a serenarse y concentrarse en sus entrenamientos tan agotadores. Terminaba hecha un lío. Pero era satisfactorio avanzar cada vez más, el hecho de que, al mes ya supiera defenderse y haber derribado a Sasuke, era un gran logro.
Le faltaba uno: derribar a Kiba en su forma lobuna.
Una semana después de comenzar su entrenamiento, Sasuke incluyó a Kiba en el programa. No le dio buena espina al principio al verlos sonreír escondiendo un secreto, y cuando le escuchó decir que su naturaleza estaba una gran fuerza, la nueva meta de la semana era lograr retener las embestidas de Kiba en su forma de Lobo.
Ahí comenzó a hacerse la idea de terminar con moretones. La primera vez fue fatal, salió disparada en cuento impactó con el Lobo e incluso Suigetsu miró con mala cara a Sasuke cuando se acercó a verificar si no se había roto un hueso. Después de ello, él habló considerando cambiar de método, pero ella se negó en su totalidad, tenía que lograr retener a Kiba sí o sí.
Como él dijo, no sería blando. Esto no era un juego, era su propia lucha para sobrevivir.
A la par de ello, cada vez que salía de la preparatoria, tres días a la semana Itachi le proporcionaba clases teóricas para conocer más sobre su mundo; más tarde —y todos los días— iba al bosque para entrenar con Sasuke y la manada; y en eso de la noche, se encontraba de nuevo en el mismo lugar junto con Naruto que le enseñaba cómo controlar su lado Vampírico.
Esto era lo más difícil de su día, terminaba destrozada mentalmente y con traumas. La primera vez le hizo cazar un par de conejos y beber de su sangre, fue tan asqueroso y traumático que tardó días en volver a retomar el valor necesario para intentarlo de nuevo. Naruto, lejos de desesperarse, la comprendió prometiéndole que irían a su ritmo.
Lo que le entristeció fue que tuvo que renunciar a su puesto de trabajo en Ichiraku, el viejo y su hija siempre estuvieron apoyándole en todo este tiempo y se sintió muy mal cuando presentó su renuncia. Pero no todo fue fatalidad, Teuchi le aseguró que podía regresar cuando quisiera e incluso venir un par de días a la semana si eso le hacía feliz.
Ahí descubrió que eran seres sobrenaturales, y que de alguna u otra manera estaba relacionado con ellos.
Suspiró, cuán ajetreado se había vuelto su vida en varias semanas. Cada vez que pensaba el antes de adentrarse a ese mundo, le parecía una rutina monótona y desgastante en el sentido emocional. Dejando de lado el controlar su sed de sangre, ahora no podía pensar el vivir sin estar rodeada de este ambiente por más peligroso que fuera.
—¡Sakura! —El saludó de Kiba la sobresaltó, se enderezó para tocar sus rodillas justo en el momento que su amigo aparecía alegremente frente a ella.
Desde ese día los dos han creado un vínculo especial de amistad, Kiba tenía una actitud risueña y amigable, sospechó a que se debía a que iba saliendo de la etapa de cachorro. Y, además, a Sasuke le había escapado decir que tenía misión de vigilarla cuando nadie pudiera hacerlo —últimamente todos parecían ocupados en diferentes trabajos—; Kiba aceptó gustoso y siempre encontraban una conversación por retomar.
Le sonrió abiertamente.
—Hola, Kiba. ¿Qué dice la expedición de hoy?
—Estuvo genial, ¡por fin hemos encontrado un lugar para vivir! —exclamó emocionado. Cuando los demás miembros se unieron, Sasuke se vio a la obligación de buscar un hogar para ellos pues Iván los tenía viviendo en el bosque y no les permitía bajar mucho a la ciudad.
Y, siendo el Alfa, buscó las comodidades de sus miembros y le dijo algo parecido como: si encuentran un conjunto de casas cerca de la zona para vivir, tendrán que hacer de servidumbre toda su vida.
Claro que, tomando en cuenta la cara de fastidio que tenía, los miembros de la manada lo tomaron una especie de broma/orden. Así que no dudaron en cumplirla con regocijo importándole la vida de "servidumbre" a cambio de comodidades.
—Estupendo, ahora podrán estar tranquilos —comentó Sakura y ambos dirigieron la mirada a todos los miembros de la manada que se acercaban a ellos junto a Sasuke con su expresión malhumorada. Aún no se acostumbraba el tener un puñado de personas a su cargo.
Se levantó para saludarlos. Aunque al principio ellos habían tenido reparos en tratarla tomando en cuenta que Sasuke les lanzaba una mirada amenazante cuando lo hacían, con el paso de los días fueron tomando la confianza y dejando de lado el prejuicio de su parte Vampírica, después de todo su Alfa era un Mestizo.
Más de uno se alegró de verla, especialmente un joven llamado Hachiro, que, a palabras de Kiba, él fue quien a les mostró a todos los hechos del rescate del Calabozo que los llevaron a admirarlo como un personaje fuerte y valiente.
—Sakura-san, un gusto verla hoy. —Y siempre era tan respetuoso con ella.
—Hachiro, también me alegra verte, escuché que encontraron un lugar para vivir.
Asintió y sonrió de oreja a oreja.
—Efectivamente, lo mejor de esto es que podré compartir casa con Kiba y un chico más, ¿no es genial? Siempre quise tener una cama para dormir, ¡será fantástico!
La pena nubló el pensamiento de la pelirrosa. Y pensar que ella tuvo esas comodidades, en verdad se sentía fatal por su forma de actuar hace unas semanas. Su tío ya le había dicho que no tenía por qué avergonzarse si fue necesario para que asimilara su condición, pero no dejaba de pensar en ello cuando se presentaba la oportunidad
—Me alegra que así sea —dijo con sinceridad.
Hachiro le devolvió el gesto, pero pronto retrocedió unos pasos cuando vio que Sasuke se acercaba a ellos. Fue por temor, desde el principio él había dejado en claro que quién llegara a tocarle un solo cabello a la pelirrosa tendría un severo castigo.
Y no quería ganarse el odio del Alfa.
—Sakura, es hora de irnos —habló en cuanto llegó a ellos.
—¿Tan pronto? Todavía no oscurece.
—Parece que se te olvido que cenaríamos con Tenten.
Los ojos verdes de la pelirrosa se abrieron y luego soltó un sonido lastimero. ¡Era cierto! Olvidó por completo que le prometió a Tenten cenar juntos, a pesar de que vivían en la misma casa pocas veces se veían, su prima ya había comenzado a realizar sus prácticas en el hospital, algunas veces coincidían en los horarios.
Era lo único que lamentaba: ya no pasar mucho tiempo con Tenten, extrañaba demasiado charlar con ella.
Gimió por su torpeza y se golpeó la frente con la palma.
—Ah, que torpe soy. ¿Qué hora es? No importa, hay que irnos —murmuró contraída dando una vuelta sobre sí, desorientada por dónde ir. Sasuke suspiró y la sujeto por los hombros cambiando a la dirección correcta, la escuchó reír—. Sí, es por ahí. ¡Nos vemos mañana, chicos!
Se despidió apenas escuchando una contestación, comenzó a caminar rápidamente por el sendero para llegar a la carretera. Cuando se alejó un poco, sintió a Sasuke darle alcance, se abrochaba el cinturón con las vainas y armas filosas, recordó que cuando le preguntó por qué tenía muchas él respondió que en una pelea las armas nunca eran suficientes.
Le dirigió una mirada de reojo.
—Me siento un poco mal al terminar el entrenamiento temprano, pero Tenten lo merece.
—No vaya a ser mucho sacrificio —se burló él mientras terminaba su labor, ella giró completamente la cabeza a su dirección—, pero si aún tienes energías, hagamos una apuesta.
Aquello le intereso lo suficiente como para detenerse y alzar la cabeza.
—¿Qué apuesta?
—Si logras llegar más entes que yo a los límites del bosque, te dejaré pedir la comida que quieras.
—Si te refieres a lo que sea, ¿incluye las hamburguesas de doble carne y un extra de papas fritas para nada saludables? —habló tan rápido por la emoción.
El chico frunció la nariz y asintió. A él no le gustaba esa comida asquerosa, si ella olfateara lo que su sensible nariz se daría cuenta que era menos saludable de lo que creía. No le gustaba que ella lo comiera y siempre lo evitaba cuando salían a cenar fuera, pero cuando le miraba de esa forma anhelante y feliz…
Demonios.
—Sí —se rindió cerrando los ojos para no ceder a otra cosa—, pero sólo si ganas…
Se quedó callado cuando abrió los párpados y no encontró a la chica frente a él, volteó a su lado y apenas vio el punto que era su silueta con su cabello rosado moviéndose al compás de su movimiento, tan rápido que por un segundo dudo que fuera Sakura. No pudo evitar contener su risa y comenzar a correr en la misma dirección.
Pero que lista fue al comenzar antes que él, sin duda quería con ganas esa hamburguesa y papas fritas.
Tenten miraba los tres platos puestos en la mesa con cara de alegría, sobre todo porque Sakura estaba ahí sonriente y haciéndole señas para que tomara asiento, la saludó alegremente y después le dirigió una mirada a Sasuke. Aunque todavía no se acostumbraba a vivir con él, podía decirse que por lo menos dejó de mirarlo con mala cara, había comprendido que estaba ahí para protegerlas de todo peligro.
Y vaya que lo ha hecho, una ocasión pudo verlo en medio de la madrugada incendiando alguna sombra, como no podía verlo, retribuyó que era una amenaza por la forma que evadió el tema frente a Sakura cuando se lo preguntó la mañana siguiente.
Por ese lado estaba agradecida. Así que por lo menos podía agradecerle no siendo tan dura y grosera con él.
—¿Y por qué comimos hamburguesa? ¿Es una situación especial? —preguntó después de un rato entre charlas, mayormente por parte de ella y su prima.
Sakura sonrió satisfecha, Sasuke rodó los ojos y murmuró para sí.
—Por supuesto, le gané a Sasuke en una carrera —alegó orgullosa la chica señalándolo con una papa frita.
—Sólo porque comenzaste a correr antes que yo.
—Nunca dijiste que debía salir a la cuenta de tres —contratacó ella con firmeza y se inclinó a él con aires de superioridad—. Y como dicen: en la guerra y la comida todo se vale.
La sonrisa de lado de Sasuke le robó el aliento un momento, supo disimularlo al beber del jugo de su vaso hasta vaciarlo. Juraba que si él seguía de esa manera no había manera de no sentir alguna atracción por él.
—Me gusta más esa frase.
Después de levantar los platos, Tenten les deseo buenas noches y se fue a dormir primero, mañana tendría. Después de casi un mes aún regocijaba de alegría por ser admitida en el hospital y hacer sus prácticas en el área de Cuidados Especiales; todo por influencia de Tsunade que, al saber que era prima de Sakura y tenía conocimiento de su mundo, le ofreció prepararse para que a futuro tuviera un puesto allí.
Pero, más que eso, lo hacía por Sakura. Tenía miedo de lo que pudiera sucederle en medio de constante peligro. De tan sólo imaginarlo le entraban escalofríos.
Antes de perderse en su habitación, escuchó las voces de ambos chicos. Entre pláticas triviales, Sakura le seguía restregando su victoria y Sasuke no hacía más que seguir bebiendo café para quitar el sabor de las papas fritas de su boca. Su prima se veía cada vez más viva y… alegre.
Sobre todo, junto de ese chico.
Y le preocupaba.
Tras suspirar, se adentró a su habitación.
Una vez que Sakura terminó de lavar los platos, ambos salieron por el pequeño ventanal que dirigía a la terraza de hierro, dónde descansaban varias macetas con hermosas flores; a un lado la escalera que permitía subir y bajar a los inquilinos eran ocupados por ambos. Ambos se sentaron a la par de un escalón y se quedaron en silencio observando la ciudad desde ahí.
A ella le encantaba ese paisaje. Antes, cuando se sentía triste, iba a esa parte del edificio y se quedaba la madrugada admirando las luces de los edificios, tratando de encontrarle algún sentido a su propia vida. Ahora que lo sabía, no podía hacer nada más que aceptarlo de buena manera, para esto había vivido tanto tiempo con dolor.
Bajó la mirada a una de las macetas. Las flores habían abierto sus capullos en esa época del año. Al principio le sorprendió su capacidad de que su estado de ánimo influyera a la vegetación a su alrededor; Kakashi le explicó que es por su afiliación de su parte Cazadora con la naturaleza. Los Haruno tienen muchos poderes ocultos, pero hasta ahora no sabía el alcance de la genética en los Mestizos.
Pero no todos eran iguales. Algunos su parte demoniaca podía más que la del Cazador. Vagamente se preguntó cuál sería el ganador en Sasuke, pocas veces lo había visto luchar en la madrugada contra los Demonios que la acechaban para matarla. En ellas utiliza más su sus armas y el fuego que emana de sus manos, fuera de ello…
«Él es un asesino».
¿Por qué pensó eso ahora?
Recordó de nuevo las veces que lo vio pelear. Sin mostrar atisbos de compasión o duda ante sus enemigos, desgarrándoles sus cuerpos en la menor oportunidad posible. En un par de ocasiones quedó estupefacta y preguntándose quién era él, no parecía el mismo mientras luchaba.
—Sasuke, si te preguntara algo… —Sus palabras parecían un susurro fino de dudas—. ¿Me responderías con la verdad?
Él ladeó el rostro a ella intentando descifrar lo que pasaba en esa cabeza suya. Nada bueno podría salir de su boca cuando ponía esa expresión, sus ansías por saber más a veces la rebasaba, ¿está vez sería lo mismo?
—Depende de lo que preguntes.
Sakura no dijo nada, llevó las manos entre las rodillas y se inclinó un poco, tratando de ordenar sus pensamientos.
—En realidad, es relacionado contigo. Cuando Sasori me secuestró mencionó que eras… un vil asesino —dijo sin atreverse a mirarlo a la cara, no se dio cuenta del semblante endurecido del azabache y como desviaba a la mirada, apretando los dientes—. Igual he escuchado rumores entre los chicos de la manada, aunque te siguen diciendo Sayi, cuchichean de que eres uno de los seres con peor reputación en el submundo. Y…
—Me parece que sé mejor que nadie lo que dicen de mi —le cortó bruscamente obligándola a detenerse.
A estas alturas de su vida jamás imaginó que lo que dijeran los demás de él afectaría, sobre todo a la visión que Sakura se está creando de él. Por una vez en su vida se maldijo por ser tan descuidado y no intentar mejorar su reputación o su lista de crímenes.
Aunque, siendo sinceros, ya ni recuerda con certeza porque es catalogado así. Un día simplemente despertó y después comenzaron a tenerle pavor y miedo al enfrentarse a él. Inclusos los trabajos que hacía eran de los más bizarros y todos los tenían en la mira, lo buscaban para venderle y comprar información.
Pero de lo que estaba seguro, es que su nombre comenzó a mancharse décadas atrás, cuando inicio protegiendo a un Demonio poderoso; rebatía a todos sus enemigos con una fuerza influyente a su poder. Se dejó llevar por eso y terminó haciéndose de una reputación oscura y versátil.
Se volvió un engendro.
Se convirtió en alguien despiadado.
—¿Y qué quieres saber? ¿Ah? ¿A cuántas personas he matado? —espetó con rudeza sobresaltando a la chica, que lo miró con los ojos muy abiertos llenos de perplejidad—. Claro, por supuesto, ¿quieres aprender los métodos que utilice? ¿Si arrebate vidas por diversión? ¿¡Eso quieres saber!?
Sin darse cuenta se había alterado un poco, respiración agitada y una mirada endurecida en fracciones, esperando el momento en que ella salga corriendo de él envuelta en un terror infundado.
La simple idea de que Sakura sea consciente de esos rumores le daba un mal sabor de boca y lo ponía en alerta. Quienes sabían de él era lo despiadado que era con sus enemigos a la hora de enfrentar, de las cuantas guerrillas que ha participado y por ser uno de los más buscados en el submundo por ser un Fujun'na Hanta.
¿Sakura lo miraría de la misma forma que los demás que sabían de los rumores? Había intentado por todos los medios que no supiera, que no se diera cuenta, que hiciera de oídos sordos a mínimamente…
Estuviera cómoda a su lado, que lo viera como alguien a quién confiar porque no quería separarse de ella.
Quería protegerla.
Se llevó las manos a su rostro, frotándola en silencio por la revelación de sí mismo. ¿Cuántas veces se había negado a aceptar lo evidente? Más de lo que había pensado en los últimos meses, sin darse cuenta… estar con ella influye mucho en sus emociones y la forma de ver las cosas.
Aborrecía la simple idea de que Sakura lo llegase a mirar con miedo tras saber todas las atrocidades que cometió en el pasado.
—Sasuke… —murmuró ella cuando lo vio encogiéndose de hombros.
—Tú sólo no me tengas miedo —dijo él separando las manos y alzando la vista para mirarla fijamente. Su expresión casi le rompe el corazón a Sakura, vio en sus ojos tanta inquietud e inseguridad. Sasuke estiró su mano para acariciarle la mejilla, no se apartó, lo siguió mirando fijamente—. Te prometo… te juró que jamás te haría daño. Estoy aquí para protegerte de todo peligro, incluso de mí mismo.
Nunca había visto esa expresión en su rostro, tan vulnerable, tan desgastado y dolido. La inseguridad de su rostro flaqueaba y la mano en contorno a su mejilla era cálida. ¿Cuántas vidas había quitado con esas manos gentiles? No quería saberlo y tampoco podía ignorarlo, simplemente lo aceptaba porque es parte de él, y algo en su mirada le dio a entender que se arrepentía de todo ello.
Los rumores son rumores. Siempre hay una verdad entre ellos.
Sin embargo, enfrente lo tenía a él y hasta ahora no le había hecho ningún daño. Al contrario, la resguardo y protegía cada día. Era consciente de lo que él hace por ella. Entonces, ¿por qué tenía que dudar?
—No te tengo miedo —dijo con toda su seguridad, los dedos del muchacho acariciaron su mejilla. Nunca habían tenido un contacto tan íntimo, el corazón de la chica iba deprisa—. Hasta ahora me has protegido. Al principio dudé, pero me di cuenta de que no eres todo lo que dicen los rumores.
«Destruyó una aldea entera, entre ellos niños y mujeres inocentes»
«Mató a un importante señor feudal que intermediaba por la paz en el siglo pasado»
«Eliminó a varios Cazadores Puros en expedición cerca de la frontera de China».
«Sasuke es despiadado con todo el que se cruza enfrente, es un maniático que asesina por diversión».
«Es peligroso»
Él…
—¿Qué tan cierto son los rumores que dicen de ti? ¿Sasuke?
Tanto ella como él lo sabían.
Y les aterraba la verdad.
Sasuke retiró su mano y volvió a su posición inicial, con la vista al frente y preparándose mentalmente para hablarlo. No quería que ella tuviera ideas erróneas, si de todos modos la mayoría era verdad, lo mejor sería que lo escuchara de él antes que otra persona.
Aspiró fuertemente.
—Los Fujun'na Hanta somo algo parecido a asesinos a sueldo, mercenarios, recolectores de información y protectores de una identidad poderosa —comenzó a explicarse, sentía la mirada atenta de Sakura—. Antes pertenecía a un gremio con varios compañeros, y vino a nosotros un poderoso Demonios contratando al mejor del gremio, fui elegido para ser su guardaespaldas. Pero… al estar atado a él por un contrato de sangre siempre me veía obligado a obedecerlo en todo lo que me pedía. Al principio eran peticiones absurdas y luego comenzaron a crecer como… atacar a diversas criaturas.
Escucharlo directamente de él era más duro de lo que imaginó. Sakura no podía apartar la mirada de él, con la mirada cada vez más ensombrecida y los labios apretados.
—¿Entonces tú… fuiste influenciado por él?
La mirada que le dedicó Sasuke fue una sombría.
—Estoy tomando mi propia responsabilidad. Al principio fue así, pero luego… me perdí en mi lado oscuro. Comencé a saborear lo que era ser una persona poderosa que no tiene que tiene que temerle a nadie y puede destrozar a sus enemigos sin sentir lástima. Me engañaba diciéndome que destrozaba a quienes intentaban matarme, en ese tiempo los Cazadores me buscaban. Pero en realidad…
Se detuvo, sospesando sus palabras. Apretando los puños en contorno a sus rodillas y con la vista fija en el suelo.
—Lo llegué disfrutar.
Un escalofrió le recorrió a Sakura, la expresión de Sasuke seguía siendo dura.
—¿Acaso tú…?
—Seguí aceptando el trabajo porque —Le interrumpió antes que dijera cualquier otra cosa— no quería que nadie se interpusiera para realizar la venganza contra mi padre.
Al ser la primera vez que mencionaba a su padre frente a ella le hizo preguntarse qué clase de conflicto habían tenido. Entendía que su padre era un Cazador Uchiha y por el simple hecho de serlo lo ponía en una situación sin retorno. Seguramente hizo algo terrible para ganarse su odio, se frotó las manos intentando disipar el escalofrío.
—Mientras estuve con él hice muchas atrocidades, terminé mi contrato al sentir. Y cuando estaba perdiendo mi cordura y el control de sí, me encontré de nuevo con Kakashi. Tuvimos un enfrentamiento y me hizo recapacitar después de recordarme a mi madre y lo mucho que le hacía sufrir mi desvió. También tuvo que sellar mis poderes demoniacos.
Sakura no dijo nada, se quedó pasmada y procesando toda la información que había recibido. Pensando en alguna imagen de él con un semblante desquiciado, simplemente no podía hacerse la idea como tal.
—¿Ahora lo entiendes? Lo rumores que dicen de mí son ciertos, yo soy así.
Le cortó abruptamente el dedo que ella sobre sus labios para acallarlo completamente. Parpadeó, confundido. La mirada que le dedicaba era una de reproche, como si estuviera a punto de regañarlo.
—Eras así —enfatizó acercándose un poco más, Sasuke reprimió sus propias palabras—. Todo lo que me has contado es parte de tu pasado, ¿no es así? Ahora eres diferente, y no puedes rebatirme lo contrario. ¿Quieres que te menciones algunos ejemplos? —Sin necesidad de escuchar una respuesta continúo hablando—. Rescataste a los Mestizos del Calabozo e incluso estás cuidando de ellos aunque te molesta. Sigues los mandatos de mi tío como ley y… cuidas de mí, que sin duda no tengo una influencia mayor que ese Demonio. Si hubieras querido un poder como antes simplemente hubieras rechazado la oferta.
No la rechacé porque se trataba de ti, pensó él. Sakura retiró el dedo de sus labios y sonrió con una chispa de aceptación.
—Lo que eres ahora es diferente a tu pasado. Claro que no puedes borrarlo, siempre estará ahí, pero puedes lanzar una ojeada para aprender de los errores y no seguir cometiéndolos, señor Uchiha —sentenció tratando de aligerar el ambiente.
Lo consiguió tras sacarle una sonrisa de medio lado.
—Me los estás dejando muy en claro, señorita Haruno —dictó él.
Sin darse cuenta, permitía que Sakura lo conociera cada vez más. Si alguien en el pasado le hubiese dicho que tendría este tipo de conversación, seguramente le hubiera tachado de loco por la posibilidad tan remota y despreciable.
Ella seguía frente a él. Sin tener miedo como las personas que se plantean frente a él y lo miraran con horror.
No había huido de su lado despavorida tras saber la verdad. Lo aceptó tal y como es, porque lo conoce y sabe de sus alcances actuales.
Y que nunca le haría daño.
—¡Oye! Pensé que ya habíamos dejado esa faceta de las formalidades.
—Tienes razón —dijo él acercándose, la vio ponerse nerviosa. Le gustaba provocarla, le dio un pequeño sopló que la aturdió, su alentó era cálido—. Sa-ku-ra.
Contempló con cierta diversión macabra como ella se sonrojaba hasta la coronilla y se apartaba de él con indignación.
—¡Eres imposible! ¡N-No hagas eso!
—Lo hare en cuanto lo quiera.
Simplemente estar junto a Sakura le viene bien.
8 de junio.
Hospital General.
Tenten no imaginó que al dar la vuelta en uno de los pasillos del hospital se topara cara a cara con Neji. Dio un brincó del susto y se llevó una mano a su pecho, aquello era lo que más le asustó durante la mañana. No tardó en mirarlo con mala cara y preguntarle a que se debía su visita.
—¿Ya le sanó su herida? —preguntó más por cortesía que cualquier otra cosa.
Neji entrecerró los ojos.
—Vengo a hacerte un par de preguntas.
—Oh, claro, perdóneme por no saberlo antes —habló con ironía y un gesto de desafió—. Por si no lo ha notado, estoy en horas de prácticas. Ahora, si me permite…
Intentó pasar de largo, pero Neji interpuso su brazo para impedirle el paso. No pudo hacer más que resoplar por el disgusto y regresar un par de pasos.
—¿Qué es lo que quiere?
—¿Cómo sabes exactamente de la existencia de los Cazadores?
Una pregunta que no se respondía fácilmente.
Tenten pensaba en dar otra media vuelta y retirarse. Kakashi se lo advirtió anteriormente: evitar todo contacto con los Cazadores, especialmente Neji. Al parecer era alguien importante y podía sospechar, además, tampoco quería que la vinculara con Sakura, eso sería arriesgarse demasiado.
Así que le dijo la mejor excusa que se le ocurrió en ese momento.
—Tengo un amigo que es un Lobo y me contó todo sobre su mundo —soltó como excusa—. Dentro de todo, sabe muchas cosas…
—Es una respuesta demasiado pobre.
—Pues es la única que tengo —espetó ella dándole un manotazo al brazo, lo miró desafiante por unos segundos—. Le pediré que no vuelva al hospital si no es para sanar una herida y deje de perturbar mi paz. Ya no es mi jefe como para retenerme aquí.
Y, tras lanzarle otra mirada, se marchó dejando atrás a Neji con sus frustraciones.
Esa Humana no podía andar así libremente al saber su identidad. Con Tsunade ya era un problema mucho mayor, pero Tenten era otro caso. El que estuviera relacionado con otros seres le preocupaba que haya dado alerta de su presencia en Tokio.
Sobre todo con la conmoción de la llegada de Fugaku a la ciudad.
No la dejaría en paz hasta saberlo. Intuía que la chica ocultaba algo más.
Regresó sobre sus pasos y se encaminó a la recepción para salir al estacionamiento lateral. En cuando puso un pie en la sala de espera, su sensor natural ante una presencia demoniaca lo alertó de sobremanera. ¿Qué era este escalofrió que recorría su columna?
Pocas veces lo había sentido.
Se detuvo un momento para analizar a su alrededor. Las auras azules relampagueaban entre las siluetas, incluso algunas pocas verdes y rojas, pero en particular…
Una persona que no tenía aura. De pie en medio de la sala hablando con otra persona cuya aura era blanca, un cazador. Lo que en verdad le intrigó y le dio más escalofríos fue el sentir la presión de aquel sujeto envuelto en ropas oscuras, cabello negro y un gesto endurecido.
Al tenerle la mirada fija, el sujeto se sintió observando y movió su cabeza a su dirección.
Lo reconoció casi al instente.
No hubo dudas.
—Uchiha Sasuke…
¿Por qué demonios estaba ese sujeto en la ciudad?
Kiba no estaba muy seguro de lo que sucedía.
Simplemente sabía que era una mala idea, una muy mala estar en ese lugar aglomerado.
—Sakura, ¿no crees que es mejor esperar a Sasuke? —preguntó nervioso.
Estaban en medio del centro comercial frente a una cafetería. Sakura llevó las manos a sus caderas y lo miró con ojos entrecerrados y agitando la cabeza.
Durante la mañana despertó descubriendo que Kiba supliría a Sasuke en su misión de protegerla, al perecer el chico fue llamado por Kakashi y Tsunade al hospital por un asunto urgente. Siendo sincera quería verlo en cuanto despertara y saber si su actitud seguía siendo la misma con ella, pero no lo encontró.
Se permitió pensarlo serenamente, y que mejor teniendo algo de comida en el estómago.
Era sábado, no tenía escuela. Quería darse un merecido descanso de sus arduos entrenamientos, y su amigo le dio la idea de desayunar alguna que otra comida rápida.
Claro que Kiba nunca imaginó que iba a comprarla directamente. Para eso estaba el servicio a domicilio, ¿no?
—Seguramente no regresará hasta la tarde. Además, ¿no te parece una buena oportunidad para explorar? —señaló ella a su alrededor. Había muchas personas y establecimientos por visitar.
Y eso precisamente lo que ponía nervioso a Kiba.
—Pero… estamos en un lugar muy abierto. No puedo cubrir todos los francos, ¿y si sucede algo? —Casi le imploró con la mirada que lo considerara.
Sakura pareció entender la preocupación de Kiba tras pensarlo unos segundos. Tampoco es que quisiera hacerle el trabajo más complicado de lo que era, estaba consciente de que aún no puede andar a sus anchas en la ciudad sin nadie a su lado.
Así que, a resignación, suspiró. Odiaba esta parte de su rutina, ¡ni que fuera una prisionera!
—Bien, bien. ¿Qué te parece si compramos algo y regresamos rápido a casa?
—¡Perfecto! —Kiba por fin pudo respirar tranquilo. No sabía que sería de él si algo malo le llegase a suceder a la chica. ¡Capaz y era hombre muerto!
Ambos se encaminaron por los diversos comercios debatiéndose en que desayunar, tras una breve discusión dónde ambos decidían que comer, optaron por entrar a una cafetería de aspecto sofisticado y elegante. En realidad, fueron impulsados por la curiosidad, nunca habían estado en un ambiente así, Kiba porque se dedicaba más a pasarla en el submundo y Sakura porque nunca se atrevió a entrar temerosa por los precios.
Pero ahora que tenía a su disposición la tarjeta que le dio Kakashi podía sacarle un poco de provecho. A pesar aborrecía traer esa pequeña tarjeta (incluso la miraba como si fuera una especie de demonio), al final su tío la convenció de portarla y cubrir sus necesidades básica, incluso le aconsejó comprar lo que hoy en día las chicas quieren: ropa, zapatos, artículos de moda, etc.
Pero ella tenía otros planes en mente.
—No hay mejor forma de gastar el dinero si no es en comida —comentó Kiba olfateando al aire los diversos olores, se le hacía agua la boca al imaginarse el tener aquellos pastelillos en su boca.
Sakura se rio de su actitud y se formaron en la fila para pedir su orden. En cuanto faltaba dos personas para tomarle su pedido, se escuchó una voz cargada de indignación.
—¿¡Qué mi tarjeta no pasa!?
Provocó una pequeña conmoción en las personas a su alrededor. Ambos se miraron entre sí y se inclinaron un poco para descubrir que sucedía.
Frente a ellos, el empleado tomaba la orden a una joven de estatura alta que fácilmente rebasaba al chico, con su abundante y largo cabello castaño que caía en risos sobre su espalda hasta la cintura. Traía unas botas que, al principio Sakura pensó que tendría tacones debido a su altura pero no fue así. Al ver como la joven se inclinaba a un lado mordiéndose el labio inferior, se percato que sus ojos eran de color verdes y sus rasgos eran claramente de alguien extranjero.
—Disculpe señorita, ¿quiere que lo intente de nuevo? —preguntó tímidamente el empleado, pero la joven lo ignoró al llevarse una mano a su rostro y comenzar a murmurar cosas sin sentido—. ¿S-Señorita?
—¡No puedo creer que me hayan bloqueado la tarjeta! —decrepito ella con indignación—. Esto me pasa por trabajar horas extras soportando a un puñado de altaneros y esperar algo a cambio. Son unos malagradecidos, ¡pero me van a escuchar! ¡Ah, y lo peor es que no tendré nada en el estomago mientras me quejo! ¿Puede creerlo? —preguntó de nueva cuenta al empleado que no sabía como reaccionar ante el ataque de histeria de la joven, ya no sabía qué hacer pues la joven estaba retrasando la fila.
—¿P-Perdón?
—Usted debe de tener tanta suerte, seguramente le pagan bien por estar soportando a una chica histérica que no hace más que gritar como loca, ¿verdad?
A estas alturas el chico veía a todos los clientes con cara de súplica y disculpa.
—Eh, pues yo… ¿sí?
—¡Sí lo duda es porque no es así! Siga mi consejo y renuncie a este trabajo aburrido cuanto antes. No lo sé, vaya de vacaciones, ¡disfrute su vida!
En el momento en que la joven castaña agarró su bolso de la barra para marcharse, se percató de que Sakura y Kiba estaban a su lado, mirándolos de hito a hito con una cara contenida de diversión.
—Disculpe, ¿me permitiría pagar la cuenta por usted? —preguntó cortésmente la pelirrosa mostrándole su tarjeta.
