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Mal menor por un bien mayor
8 de junio del 2016
Tokio, Japón.
Centro comercial.
Mañana.
—¡Muchas gracias por pagar mi desayuno! —decía la joven castaña abrazando a la pelirrosa.
Por más que Sakura le dijo que no era necesario tanto agradecimiento, entendió rápidamente que la chica era tan efusiva y confianzuda con cualquiera. En cuando se lanzó a abrazarla, Kiba casi le da un paro cardiaco ahí mismo y protestó que la soltara. Después de unos segundos al ser ignorado también lo entendió y se dedicó a observarlas fijamente.
—No es problema —aseguró Sakura cuando por fin la chica se separó de ella sonriéndole amigablemente. No le quedó más que corresponder a su gesto.
—Te prometo que te devolveré el dinero. Es un lío… —farfullaba mientras se cruzaba de brazos, sostenía la bolsa con su pedido—. ¡Y todavía tengo que seguir un odioso mapa! La ciudad es tan grande que me pierdo fácilmente.
—¿Eres turista? —preguntó Kiba curioso mientras le pasaba a Sakura su bebida, se la había sostenido justo a tiempo.
—Soy de Corea del Sur, pero me transfirieron de mi trabajo hasta aquí hace unos días… ¿les parece si nos sentamos allá para comer? —La joven apuntó el área de mesas. Se percató de que ambos se miraban entre sí, indecisos—. Oh, perdonen mi falta de cortesía. No me he presentado y ya les estoy pidiendo su compañía. Me llamo Nakahara Ali, soy Mestiza o creo que ya lo notaron por mi aura.
Y les tendió la mano sin borrar su sonrisa.
Sakura quedó sorprendida por el dato, ciertamente no podía ver su aura debido a que traía consigo el collar. Así que confió en Kiba cuando asintió corroborando la información y se presentó con Ali cortésmente. Comprendió entonces porque Kiba no se mantenía tanto a la defensiva.
Fue su turno de estrecharle la mano maniobrando con la bolsa que traía.
—Mi nombre es Sakura. —Esperaba que obviar su apellido no fuera muy obvio, pero no quería mentirle. Ali le parecía una chica extrovertida y alegre con sus ojos verdes potentes y su sonrisa cuyo lugar resaltaba en la mejilla derecha.
—Es un lindo nombre, significa cerezos, ¿no? —La castaña se enderezó sin esperar respuesta y después apuntó de nuevo al área de mesas—. ¿Sería muy osado de mi parte pedirles compañía para desayunar? No me gusta comer sola y no conozco a muchas personas por aquí, no hace mucho me acabo de mudar a la ciudad.
La pelirrosa sonrió un poco apenada.
—Lo que sucede es que…
—…Podemos comer contigo —intervino Kiba guiñándole el ojo a Sakura sin que Ali se diera cuenta—. Nos encantaría hacerte compañía.
—¡Genial! Gracias, chicos. Andando entonces —Ali comenzó a caminar a paso danzarín dejándolos atrás.
Sakura frunció el ceño y se apegó más a Kiba mientras la seguían por detrás, hablando entre susurros.
—¿Qué dices? ¿No se suponía que regresaríamos a casa?
—Lo pensé mucho y creo que te vendría bien socializar con otro Mestizo.
El dato asombró a Sakura, ¿cómo podía saberlo sin preguntárselo? Obtuvo su respuesta obvia, Kiba no tenía un collar como ella que ocultaba su aura, así que podía ver el de otros.
—Además, como dijiste, estamos rodeados de muchas personas —agregó el chico alegre. Al ver la duda en los gestos de Sakura, le dio unas palmaditas en la cabeza—. No te preocupes, le enviaré un mensaje a Sasuke para que nos alcance.
—Está bien, procuraré que no tardemos mucho. Tampoco quiero que tengas problemas con Sasuke por esto.
—Nah, no mínimo que me puede hacer como castigo es hacerme soportar a los cachorros, y eso no es ninguna tarea difícil.
La risa divertida de Sakura afloró entre sus labios, ciertamente no le suponía ningún reto a su amigo lidiar con los más pequeños de la manada, todos le adoraban. Ciertamente Sasuke dejaba el mando a Suigetsu en su ausencia —lo que era la mayor parte del tiempo— y Kiba le ayudaba a controlar a los cachorros que eran los más volubles.
Se concentró en llegar a la mesa que Ali señalaba. No sabía que pensar al respecto, pero sin duda, se sentía bien conocer a alguien que no fuera del entorno a su escuela. La mayoría le miraban con desprecio y un deje de renuencia, ahora que Sasuke le acompañaba no paraban de crear chismes de ellos.
Así que se concentró en disfrutar de la agradable compañía.
Hospital General.
Sasuke recibió en sus manos una carpeta cual abrió para echarle un vistazo a la fotografía anclada. Era un expediente de uno de los mejores agentes de la policía que fue transferido al grupo de Konohamaru. Por lo que tenía entendido también era un ser sobrenatural o esa fue la información que aparecía entre los datos, otro Mestizo lo cual en la actualidad era una especie de espécimen en la sociedad.
Aunque ciertamente le sonaba el nombre de alguna parte.
Después de leer la información, alzó la mirada a Kakashi que estaba frente suyo, la mascara le cubría la mitad del rostro, pero no fue impedimento para intuir que pensaba lo mismo al respecto.
—Con que Mugennohi —comentó cerrando la carpeta. A su alrededor escuchaba el viseo de las voces de los que pasaban a sus lados.
—¿Se te hace conocido? —preguntó Kakashi sin reparos.
—Había escuchado algunos rumores durante mi estadía en Corea, pero nada en concreto.
Kakashi se quedó en silencio, observándolo y sospesando las posibilidades de acción.
—¿Estás intentando formar una alianza? —preguntó por fin Sasuke después de analizarlo. Hasta ahora a las criaturas que ha contactado en su mayoría han participado en guerra, guerrillas y marchas contra los Akatsuki o Cazadores. Un denominador en común.
Aunque no precisamente batallaran contra uno sólo, y tampoco espera que surja una guerra de tal magnitud. La última en la que estuvo involucrado fue catastrófica como para ellos como para los humanos. En el siglo actual sería un gran golpe para la humanidad, las bajas serían números incontables y los campos de batallas quedarían los retrasos de aquellos que pensaron hacer una diferencia.
Muriendo por su propia causa.
—Son los más indicados para nuestro propósito —rebatió ladeando la cabeza.
Había cosas que aún Kakashi no le decía. Él mismo descubrió tiempo atrás la razón tan desesperada de encontrar a Sakura con vida (fuera de que era su sobrina) todo estaba ligado por el título que ella obtendría en unos meses oficialmente.
Abrió los ojos de par en par después de pensarlo.
—¿Todo esto está ligado en que Sakura se convierta en la Cabecilla de los Haruno? —preguntó en un fino susurró y ojos entrecerrados en advertencia.
El peligris no respondió, le sostuvo la mirada sin negarlo. Sasuke apretó los dientes y murmuró alguna cosa en otro idioma.
—Si fuera así, ¿ya no estarías dispuesto a proteger a mi sobrina? —Kakashi abrió más los ojos—. Hiciste un juramento.
—Pero aún no he pactado con sangre —sentenció Sasuke apretando la carpeta entre sus manos.
Desde el inicio supo que era algo profundo en lo que se estaba involucrando. Desde el mismo instante en que le preguntó a Kakashi sobre la verdadera identidad de la pelirrosa supo porque se aferró tanto a él y le pidió que la protegiera en cuanto la encontrara. Aceptó sólo para complacerlo y acelerar el proceso para que descubriera que Sakura estaba muerta.
Matando sus esperanzas poco a poco. Tanto como las de Kakashi, como las de él.
Porque lo único que quería arrancarse del pecho eran los recuerdos. Pero se equivocó, entre más tiempo pasa con Sakura los recuerdos comienzan a surgir, como si fueran desanclados desde lo profundo de su inconciencia y flotaran en la superficie de su mente.
Y, en ocasiones era muy molesto tener esos recuerdos y comenzar a forjar de nuevo un sentimiento que se había encargado de enterrar.
De los cuales intentaba con todas sus fuerzas presidir, él no necesitaba esas emociones en su vida. No. Ya estaba cansado de tanto sufrir pérdidas, desilusiones, traiciones que lo único cercano que tenía era Kakashi; y nunca le había dicho a él lo que significaba para él.
—Me estás queriendo decir que planeas irte pronto. —No era una pregunta, Kakashi lo estaba afirmando. Lo veía en su rostro contraído al pensarlo.
Sasuke no dijo nada mientras le devolvía la mirada.
La pregunta que rondaba por su mente era un que jamás imagino en dudar.
¿Alejarse o acercarse más?
Si se lo hubiera preguntado desde un principio él…
Todo pensamiento se esfumó en un instante justo cuando entornó los ojos directamente a Kakashi, pero su campo de visión captó una persona más que tenía la vista fija en ellos. Sin dudarlo recorrió la cabeza y se topo con la mirada de aquel sujeto.
Su aura blanca relució en su silueta por unos instantes y supo su procedencia. Al analizarlo un poco más reconoció de quién se trataba.
Hyūga Neji. Uno de los líderes de la Tropas Élite del Clan Hyūga. Un prodigo reconocido por sus habilidades de batalla en las cruzadas.
Y uno de sus enemigos.
No transcurrió ningún segundo cuando lo vio acercarse a ellos, Sasuke no se movió e incluso permitió que Neji activara su Byakugan en forma de amenaza. Tampoco expresó nada en cuando Kakashi se giró a él para advertirle con la mirada que no intentara nada más.
—¿Se te ofrece algo? —preguntó Kakashi con voz trémula en cuanto Neji estuvo cara a cara con ellos.
Neji entrecerró los ojos en dirección a Sasuke que no apartó la mirada ningún segundo. Las venas de sus cienes se marcaron cada vez más.
—Sólo me preguntaba si sabe quién es su compañía —espetó serio sin dejar de sonar amenazador—. Por lo que parece, conoce a este sujeto.
—Hyūga, dejémonos de rodeos —dijo Sasuke moviendo la cabeza, no tenía ánimos de lidiar con él y se maldijo internamente, debió pedirle a Tsunade algún hechizo para que su presencia pasara desapercibida. Ahora tenía que lidiar con las consecuencias—. Si lo que quieres es capturarme no te será nada sencillo.
—No le veo el problema, simplemente te derroto y…
—Esta ciudad tiene una ley muy singular por si no estabas enterado.
Intervino Haruno antes de que Neji completara la frase. Sasuke se estaba cabreando, podía notarlo con sólo mirar su ceñó ligeramente fruncido, faltaba poco para que dejara de lado el razonamiento e insinuara que debería eliminarse cabos sueltos. Pero en su situación no les convenía ganarse más razones de odio por parte del Clan.
—No se permite dar pie a peleas intencionadas hacia los Mestizos —apuntó con advertencia—, a menos que quieras ser sometido por el alcalde y la policía.
El castaño apretó notoriamente la mandíbula. Comprendía enteramente lo que quería decir: aunque Sasuke estuviese en la lista negra como un criminal, la ley le abogaba por ser Mestizo. Aunque tomando en cuenta sus fechorías podía alegar ante el Consejo Real los argumentos válidos en infligir una ley que ellos mismo impusieron, y en cuanto supieran de que se trataba de Sasuke seguramente lo vieran como un mal menor por un bien mayor.
Tensó los hombros y los encorvó en posición de ataque, Sasuke llevó rápidamente una mano a su cintura, de reojo vio el cinturón que portaba con varias cuchillas. Siempre estaba preparado para los enfrentamientos y pronto sus ojos se volvieron rojos.
El temible Sharingan coloreaba sus pupilas, las tres aspas giraban sin control, y el carmín relucía sin piedad en su dirección. Neji evitó verlo directamente a los ojos. Aquello fue totalmente inesperado. Jamás imagino ver en presencia el temible poder ocular en Sasuke, había escuchado que lo había desarrollado pase a sólo ser un Mestizo.
Pero saber de ello y verlo de frente eran dos cosas muy distintas.
—Hazlo, Hyūga. No tengo ningún inconveniente luchar en medio de un hospital y revelar lo que realmente somos —incitó el azabache con voz grave y cargada de burla, entrecerró los ojos y ladeo la cabeza—. Veamos como explicas al Consejo Real una justificación para dejar expuesto su existencia a los humanos, a mí no me supone un sacrificio.
De inmediato Neji reaccionó. Al mirar a su alrededor se percató de que varias personas miraban a su dirección y murmuraban entre sí. Algunos tenían una expresión arraigada y temblorosa, llegó a escuchar que llamaran a seguridad ya que seguramente tendrían un conflicto.
Se obligó a reparar en los pros y contras de la situación.
Después de unos eternos segundos, el castaño suspiró sonoramente enderezándose. Desactivo su línea sucesora y les lanzó una mirada desdeñosa a ambos.
—Sabía que serías más listo —habló Kakashi, su voz salía amortiguada por la máscara.
—La próxima vez no lo dudaré —espetó el Cazador Hyūga con ojos entrecerrados a su dirección, desde el principio le tuvo recelo. ¿Un Cazador en compañía de ese impío? Seguramente era uno que fue desterrado de su fuerte. No le sorprendía en absoluto.
Sin decir nada más, giró sobre su posición y salió por las puertas automáticas, no sin antes dirigirles una mirada cargada de advertencia.
Todo pareció volver a la normalidad a su alrededor, las personas siguieron con lo suyo al percatarse que no habría problema alguno.
Pero Kakashi y Sasuke se quedaron plantados ahí.
—Será mejor que tengas más cuidado, Sasuke —le pidió. El aludido cerró los ojos, y en cuanto los abrió el negro apoderaba sus pupilas—. Si vuelven a encontrarse se prudente y defiéndete si la situación lo amerita.
—No necesito una excusa para matar a alguien, y lo sabes —le recordó Sasuke en tono sombrío.
Sakura tenía las mejillas entumecidas de tanto reír. Juraba que no recordaba la última vez que había sonreído tanto en tan corto tiempo. Ali era ocurrente y parlanchina, al igual que animada y extrovertida. Aunque no les preguntó muy poco de su procedencia y tampoco indagó al respecto de la razón de porque su aura no aparece alrededor de su cuerpo.
En vez de ello, desvió temas a conversaciones amenas y triviales mencionando sobre los lugares que deseaba conocer de Tokio. Compraron un par de bocadillos más y Sakura le dio un pequeño recorrido, al parecer Ali tenía muy poco tiempo para conocer los alrededores.
A medida que charlaban el tiempo pareció relativamente corto, en cuanto consultaron la hora en sus celulares, se percataron de que era más de medio día. Había pasado tanto tiempo charlando y caminando por el centro comercial que lo sintieron corto.
A Kiba no le parecía importarle mucho la tardanza de las chicas e incluso le aseguró a Sakura que Sasuke estaba de acuerdo de su salida siempre y cuando se mantuvieran dentro del centro comercial y a su alcance. Él ya no tardaría en llegar para escoltarla al departamento a medida de seguridad, Sasori todavía no había sido atrapado y era mejor no confiarse.
—Me suena muy familiar ese nombre, Sasuke. —Había comentado Ali al llevarse una mano a su barbilla.
Ambos se tensaron visiblemente por hablar tan descuidadamente y el hecho de que Sakura tuviera un guardián, pero, para su alivio, la chica se encogió de hombros y cambió radicalmente de tema.
—Tengo que irme, hay asuntos pendientes que tengo que atender antes de la próxima semana que no pueden esperar.
—Oh, bien —Sakura apretó la bolsa de su mano. Había pasado una mañana agradable en su compañía.
—¡No pongas esa cara! Desde ahora te has conseguido una nueva amiga —aseguró Ali apuntándose directamente. Después sacó su celular y se lo entregó a la pelirrosa que la miró interrogante—. Anota tu número, te mandaré un mensaje con tiempo para vernos de nuevo, ¿Qué te parece? Incluso te dejaré que me muestres otro lugar para divertirnos.
Se debatió internamente. ¿Sería correcto darle su contacto? Aunque Ali no parecía un peligro para ella no estaba segura de que pensará Kakashi o Sasuke al respecto de acercarse a una criatura ajena a su circulo familiar. Ellos la protegían con tanto recelo que a veces se sentía una prisionera cuando no lo era…
Pero ¿por qué lo pensaba? Esta era su decisión y nadie podría interferir.
Fue tan rápido su debate que pareció que vaciló unos segundos y agarró el celular para taclear su número. Después se envió un mensaje para tener también registrado su contacto y le devolvió el aparato en sus manos.
Ali sonrió en contra de la pantalla y después guardó su celular en el bolso de su falda larga.
—Perfecto. Gracias por confiar en mí, Sakura-chan —dijo tomando sus manos para apretarlas ligeramente, la pelirrosa esbozó una pequeña sonrisa de aceptación—. Nos veremos pronto, hasta entonces cuídense ambos.
Sakura y Kiba se quedaron observando como su silueta alta se perdía entre la multitud de personas en el lugar, su cabellera alborotada en risos castaños fue visible hasta que se adentró a un pasillo que iba directamente al estacionamiento subterráneo.
Permanecieron ahí un momento más y luego el chico sonrió de oreja a oreja.
—A Naruto le va a alegrar saber que hiciste una nueva amiga —comentó Kiba llevándose las manos detrás de su cabeza. La joven le lanzó una mirada de reojo.
—¿Naruto?
—Bueno, escuché cuando le comentaba a Sasuke sobre los rumores que dicen sobre ti en la escuela y el como afectaba tu convivencia con los demás alumnos. Estaba triste porque parecía que no tenías ningún amigo.
Vio como ella entornaba sus ojos verdes con exageración.
—No como es para tanto, aprendí que para ellos siempre he sido anormal y han dejado de molestarme desde que Sasuke los ahuyenta, ahora nos respetamos mutuamente. Además, aquí tengo a uno de mis amigos —dijo dándole golecitos juguetones en el brazo que le obligó a bajarlos y reír jovialmente.
—Es un buen punto.
—Ya dejando de lado el tema, iré al tocador un momento…
Kiba calculó la nueva dirección a dicho lugar.
—Vamos entonces, te acompaño… ¿o no? —agregó lo último nervioso tras ver como la chica afilaba su mirada.
—No puedes entrar al tocador de mujeres. Ni lo pienses.
—Pero…
—Por favor, ¡no hay peligro en el baño! —refunfuñó dando la media vuelta dándose por victoriosa y cruzó entre las personas para ingresar al pasillo que dirigía al tocador.
Suspiró una vez que las voces se convirtieron en murmullos lejanos, sólo sus pasos se escuchaban en el pasillo. Sospeso las posibilidades de peligro y las descartó de inmediato. Kiba estaba loco, ni que hubiera alguna criatura en el baño esperando a que entrara para devorarla. Se le estaba pegando la paranoia recién adquirida de Sasuke.
Su nombre de nuevo la hizo suspirar con cansancio. Lo que sucedió ayer todavía lo tenía gravado en su mente. Aceptaba que en cuanto escuchó de los rumores en boca de otros tuvo la intención de encararlo de frente y saber completamente la verdad, pero el mismo miedo la detuvo de hacerlo.
No fue miedo que le hiciera daño, para nada. Él había demostrado con creces tras salvarla de varias situaciones y protegiéndola en la noche de los Demonios que intentaban llegar a ella. Incluso ahora, seguramente estuviera en un asunto relacionado con salvaguardarla. O eso pensaba.
Su miedo fue por enterarse que cosas eran verdaderas. Y ahora que lo sabía… ¿podía verlo directamente a la cara?
Por su puesto. No tenía porque cuestionarlo. Ella no era nadie para juzgarlo, y los errores que cometió en el pasado no tenían porque interferir en el ahora, en el reciente lazo que estaban formando. Cada día se sentía más en confianza, llegando a un punto dónde podía sentarse junto y admirar la ciudad tras finalizar los entrenamientos y hablar de cualquier cosa insignificante.
Incluso comenzaba a tratarla más… ¿amable?
—No, es otra cosa —murmuró mientras se detenía. Alzó la vista para mirar las insignias y se fue por la derecha al tocador de mujeres.
Una vez que entró y se acercó al lavamanos, se quedó estática por dos cosas.
El olor a sangre y verla escurrir desde bajo de un cubículo.
Se llevó la mano a su nariz, cubriéndola por temor a que el olor la tentara. Tembló un poco cuando escuchó un extraño ruido de succión que reconocía tan bien, ella misma lo hacía cuando tenía que adquirir la sangre de un venado…
Oh, maldición.
Estuvo a nada de dar la media vuelta e irse, pero el cubículo se abrió de sopetón, la puerta se azotó con la otra y un cuerpo inerte de una mujer cayó como plomó al azulejo, su vestido blanco absorbió la sangre que yacía en el suelo asimilando perfectamente manchas irregulares. Su piel estaba extremadamente pálida y sus ojos azules muy abiertos con una mueca de sufrimiento.
Sakura dio un paso en retroceso cuando del cubículo emergió otra silueta completamente enderezada. Era extremadamente bella, con una cabellera negra como la noche y los ojos rojos que brillaban en excitación por el reciente botín, pasando la lengua por sus labios manchados de sangre y sus colmillos de fuera.
La mujer le dirigió una mirada penetrante.
Y tragó grueso como pudo.
Ciertamente… hasta el baño era inseguro ya.
—Vaya, mi postre llegó justo a tiempo —Incluso su voz era melodiosa.
Salió completamente del cubículo pasando por el cuerpo inerte en el suelo quedando justo a su altura, todo sin quitarle los ojos de encima y pasar una y otra vez la lengua por sus labios rosados, le lanzaba una mirad analítica, seguramente intrigada por la ausencia de su aura.
Pero a Haruno no le cabía duda de que era una Vampiresa. Tuvo miedo de moverse y provocarla, por eso sólo retiró las manos y tensó los hombros, sosteniéndole la mirada, no debía mostrar miedo, aunque por dentro esté desesperada por la situación.
¿Moriría a manos de aquella criatura? Debió hacerle caso a Kiba y dejar que la acompañara hasta aquí.
—Por tu reacción y que no has gritado de susto, imagino que sabes lo que soy —acertó la Vampiresa moviendo su mano, sus dedos parecían unas pequeñas cuchillas—. Y no es justo. No sé qué eres…
—No es algo que esté divulgando a la ligera —contestó fríamente la pelirrosa, sorprendiéndose por el tono de su propia voz.
Si quería salir de ahí, sólo bastaría para correr a medio pasillo. Estaba segura de que tomaría una pequeña ventaja si salía primero… había visto a Naruto correr y, a palabras de Kakashi, era más rápido que Minato, su padre que era un Vampiro. Y como ella le igualaba en velocidad…
—¿Sabes? No me gusta que la comida sea contestona. —Frunció el ceño en desagrado y dio paso al frente dispuesta en atacar.
Justo cuando Sakura iba a abalanzarse a la salida para comenzar a correr, la puerta se abrió de sopetón revelando otra silueta. Para su sorpresa no se trataba de Kiba o alguien que ella conociera, para su desgracia.
Más bien, se trataba de un hombre joven de cabellera anaranjada y alborotada, no se fijó mucho en su vestimenta, pues sus ojos se clavaron en ella sin emitir alguna emoción, eran igual de rojos que el de la Vampiresa. Le entró el pánico a otro nivel, ¿y si era un compañero de la que tenía enfrente? Volvió a tragar grueso y comenzó a sudar frío, la situación se le estaba saliendo de las manos.
Sus posibilidades disminuían…
De pronto, sintió como el joven pasaban una mano por sus hombros y la apegaba a él, no tuvo tiempo de gritar cuando lo escuchó hablar dirigiéndose a ella.
—Con que aquí estabas pequeña, ¿por qué demoras demasiado? —preguntó de forma casual.
Sakura lo miró con ojos muy abiertos fijándose en su rostro. Los rasgos eran duros y agraciados, parecía joven, y hasta ahora detalló mejor los ojos, las pupilas estaban dilatas de una forma extraña casi parecidos a los de un… zorro.
—¿Tú quién diablos eres? —Habló la Vampiresa encorvando su postura.
El joven retiró la mirada de la pelirrosa para posarla en la criatura frente a ellos.
—Vengo con ella. Y sus asuntos son míos —espetó de forma jovial. Agarró la otra mano de Sakura para intercambiarla de lugar a su lado derecho, más cerca de la puerta—. Por lo que veo estás perturbándola. ¿Qué no te enseñaron modales? —preguntó apuntando al desastre que tenía detrás.
La Vampiresa afiló su mirada, Sakura s tembló un poco. Parecía un depredador reclamando a su presa. Se sintió tan pequeña, su respiración comenzaba a fallarle y a ponerse más nerviosa. En cambio, su salvador parecía tan relajado y calmó que incluso sonreía indulgente.
—Aléjate de mi presa, ¡esto no es asunto tuyo!
—Imposible. No dejaré que le hagas daño —dijo de nuevo el hombre amenazante, todo rastro de burla se había disipado.
Después la soltó y se inclinó un poco a ella para hablarle más bajo.
—Sal de aquí pequeña. Corre y no mires atrás. —La dirigió una mirada más indulgente.
—P-Pero ¿tú que harás…? —Sakura no podía con los nervios.
En cambio, el hombre no contestó. No le apartó la mirada por unos segundos y luego se enderezó comenzando a caminar en dirección a la Vampiresa alzando una de sus manos.
Haruno no se quedó ahí para ver el desenlace, apenas observó la espalda ancha del hombre y no dudó en dar media vuelta para salir del baño. Recorrió en cuestión de segundos el pasillo hasta que salió de ahí, pasó tan rápido que las personas apenas notaron su presencia y tan rápido se encontró frente a Kiba.
—¿Qué sucede? —Kiba abrió los ojos al verla temblar ligeramente y un olor desconocido la envolvía. Sus pupilas se dilataron en cuanto Sakura lo tomó de la mano y comenzó a jalarlo en dirección a la salida.
—Debemos irnos ya, te contaré en el camino.
Dejó caer los restos del cuerpo a sus pies, parecían enormes rocas que pegaron en el azulejo dejando grietas enormes; a su alrededor las luces parpadeaban dando la oscuridad entre lapsos pequeños hasta que se convirtieron en tenues líneas de visibilidad. El gran despejo agrietado mostraba su reflejó como un millón de pedazos sin forma y los pedazos de su oponente.
Alzó la mano derecha a la altura de su rostro, la mancha negra de la sangre muerta dentro del cuerpo de la Vampiresa olía horrible, y para su olfato no le era nada agradable. Se acercó a uno de los grifos y lavó furiosamente sus manos quitando los restos de sangre, lamentablemente el olor seguiría impregnado por días.
Pero era mal menor por un bien mayor.
Cerró el grifó y secó sus manos con un retraso de tela que arrancó de la Vampiresa. Se movió a recolectar las extremidades del cuerpo en el mismo lugar, estiró el brazo en dirección a los restos mutilados de la criatura que lo veía con ojos muy abiertos y boqueando. Dejó que el fuego azul impregnara los restos, era cuestión de tiempo para que sus restos se redujeran a cenizas. Después la miró sin expresar nada.
No podía ni quería hacer nada con el cuerpo del humano, no era asunto suyo. En lo que él concierne, sólo eliminó lo que estaba detrás de su propia presa. Que los otros humanos se encarguen de sus problemas, él ya intervino demasiado.
—Mmm… me pregunto qué dirá mi hermano —divagó al aire mirando el techo. Esbozó una sonrisa siniestra antes de desaparecer envuelto en llamas azules.
Ese día se encontraron a Sasuke en medio de la acera. Corrió a él para abrazarlo por el pavor que experimento y sus brazos alrededor de ella le inundaron en tranquilidad; escuchó a medias preguntarle a histérico Kiba lo que le contó antes que entrara en shock. No se apartó del azabache en todo el rato hasta que se sintió más tranquila.
Ya nada a su alrededor volvió a ser lo mismo después de ese día. Si antes se quejaba que tenía un guardián a las veinticuatro horas del día, ahora podía decir con certeza que hasta para ir al baño público tenía a Karin para acompañarla.
Lejos de hastiarse, no podía evitar el escalofrío interno al recordar los sucesos. Por más Sakura que le decía a Kakashi que no sucedió nada más, su tío prefería pasarse de estricto y obligar a Sasuke a pasar alado de ella todo el día, incluso en la escuela. Ya era normal verlos juntos a todas horas. A pesar de que se sentía culpable por robarle el tiempo a todos quienes se turban en cuidarla, dejaron ciertas obligaciones por estar a su lado.
A este punto ella se sentía sumamente frustrada. Sabía que no tenía la experiencia y apenas consiguió con esfuerzo el saber defenderse correctamente; pero sentía que la consideraban una persona débil, ¡ya había demostrado que no era así! Se sentía hostigada.
Además, se sentía como si la estuvieran excluyendo de algún dato importante. No podía tratarse de Sasori, si ya hubiese sido atrapado ella sería una de las primeras en saberlo, secretamente lo esperaba con ansias para que la dejaran de vigilar todo el tiempo.
Pero, en lo único que quería saber era la identidad de su salvador. ¿Quién habrá sido el sujeto que la salvó de esa Vampiresa? Dejó de preguntárselo en cuanto se dio cuenta que no tenía caso hacerlo, nunca lo volvería a ver.
—Perfecto, Sakura, me sorprendiste. Huiste de la tentación en probar sangre —le felicitó Naruto en cuanto llegó a él de un salto con el cabello alborotador que no tardó en peinar con sus dedos.
La pelirrosa se estremeció. Desde el momento que aprendió a cazar estaba renuente a beber sangre, pero lo hacia para aprender a controlarse. Le parecía sumamente asqueroso, nunca se acostumbraría a ello y tendría que lidiar con ello. En el momento que las pastillas se le acabaran dentro de una semana comenzaría la verdadera prueba.
—Gracias, espero con esto no matar a nadie —dijo seria.
—Si pones tu máximo esfuerzo y concentración lo lograras.
—Eso espero.
Abandonaron esa parte del bosque para ir a la otra sección, observaron entonces que Sasuke hablaba con Suigetsu que parecía serio y asentía con la cabeza a cada pregunta que le hacia su jefe.
Se percataron de su presencia, el albino esbozó una sonrisa alegre en cuanto Sakura se acercó para saludarlo alegremente.
—¿Qué te trae por aquí? ¿Te tocó guardia? —preguntó curiosa. Normalmente los miembros más adultos de la manada y algunos jóvenes hacían rondas por el bosque para asegurar el perímetro mientras practicaban.
Fue evidente como el semblante de Suigetsu se endureció y le dirigió una mirada rápida a Sasuke, hasta ese momento reparó de la expresión del azabache. Sus rasgos parecían tensos con la mandíbula apretada y el ceño fruncido.
A su lado, Naruto la miró de reojo, también intrigado.
—¿Sucedió algo?
El albino de dirigió otra mirada de soslayo al azabache antes de hablar.
—Me topé con el tenue aroma de Sasori mientras abarcaba el perímetro —reveló serio.
Al instante, Sakura se tensó visiblemente y abrió los ojos. Fue inesperada la información. fue tanta la impresión que tembló ligeramente y Naruto posó las manos sobre sus hombros tratando de serenarla, pero ella no estaba alterada. Simplemente Sasori había pasado a ser un punto y aparte después del secuestro, pensó que él se había olvidado de ella…
—No tienes que preocuparte, ese imbécil no podrá ponerte una mano encima —aseguró Sasuke enderezándose de nuevo, luego se dirigió a Suigetsu—. ¿El rastro es reciente?
—No lo es. Tal vez un par de días y su aroma no se siente penetrante en otro punto —continúo hablando—. Envíe a Kiba junto a Hachiro e Isas a seguir el rastro, llegaron hasta la carretera y siguieron hasta la ciudad, pero desde ahí fue imposible después de ese punto.
—¿En qué dirección fue?
—Al noroeste.
La chica los escuchaba atentan, tratando de no perderse de nada. Sasuke dio órdenes de mantenerse atentos a cualquier anomalía y Suigetsu se retiró para seguir con su encomienda. Se acercó a él, su humor había cambiado a uno arisco un tenso, conocía esa mirada en su rostro, parecía frustrado.
—¿Estás preocupado?
Los ojos negros del chico se clavaron en ella. No dijo nada y suspiró relajándose completamente, de nada servía ponerse de malhumor por no haber atrapado a Sasori. Él se esfumaba en cuanto tenían un rastro y aún presentaba un peligro extremo para la chica.
Pero mientras estuviera junto a Sakura, Sasori no podía hacerle daño.
—Volvamos a casa —reiteró comenzando a caminar dejándolos atrás.
Sakura suspiró resignada y lo siguió de cerca junto a Naruto que propuso ir por un par de hamburguesas y compartirlas en casa con la intención de disipar la tensión adquirida con la noticia referente a Sasori. Ella no estaba dispuesta a que ese mal bicho le amargara más sus días, a causa de él los de su alrededor tenían que estar atentos a su seguridad.
Así que la perspectiva de la cena le levantó rápidamente el ánimo. Le había agarrado cierto apego a la comida más ahora que tenía que controlar su sed de sangre.
—¿Podemos comprar hamburguesas? —le preguntó a Sasuke entusiasmada.
—Definitivamente no —espetó el azabache con cara de pocos amigos.
Las comisuras de Sakura decayeron, pero no sus esperanzas.
—Oh, vamos, no seas aguafiestas —dijo Naruto en un puchero, al igual que Sakura adoraba esas hamburguesas embutidas de grada y papas fritas. No le parecía un mal sabor, incluso se atrevía a decir que lo prefería por encima de la comida del Ichiraku—. Puedes comprar otra cosa si no te gusta.
Los ojos negros del muchacho se afilaron peligrosamente, pero no duró mucho su reacción pues se ablandaron en cuanto Sakura se interpuso en su camino componiendo una expresión dulce y una sonrisa inocente.
—Di que sí.
Suspiró encarecidamente, no podía decirle que no a esa mirada.
—Bien, vayamos por esa comida asquerosa —dijo resignado.
—¡Sí! —gritaron emocionados ambos. Naruto comenzó a trotar en dirección a la carretera y Sakura, por inercia, tomó su mano para apresurarlo en alcanzar al rubio.
Sasuke miró la mano de la chica, no se apartó y tampoco hizo otro amago por el gesto.
¿En cuántas cosas insignificantes ha accedido para hacerla feliz? Debía admitir que muchas. Y no podía simplemente decirle que no, debía recompensar de alguna u otra forma todos sus esfuerzos. Además, era una necesidad que tenía: verla feliz. No importaba como, simplemente no soportaba que volviera a un semblante decaído similar a cuando la conoció.
Pero, sobre ello no podía interponer la falta de seguridad que tenía sobre ella. Él mismo le exigió a Kakashi esas medidas sobre la pelirrosa, sabía que la chica no estaría nada contenta sobre la excesiva; aunque al principio al Cazador lo miró un poco interesante por su muestra abierta de preocupación, en cuanto le dijo la verdadera razón detrás de su petición no tuvo más remedio que aceptarlo
Lo único que no podía negociar con Sakura era su seguridad. Sobre todo, si merodeaba —además de Sasori— ese sujeto que lo traicionó.
Distrajo sus pensamientos en cuanto llegaron al ras de la ciudad y caminaron por las calles en busca del puesto ambulante dónde vendían aquellas hamburguesas. En cuanto llegaron a su destino, Sakura soltó una exclamación de desilusión pues la gente estaba acumulada alrededor y era difícil pasar.
—No es justo. Hay muchas personas —refunfuñó cruzándose de brazos.
Naruto se frotó la barbilla, pensativo.
—Esperen aquí, yo iré por las nuestras —alegó alzando el puño al aire. Sakura aplaudió apoyándolo y Sasuke no hizo más que entornar los ojos resoplando con suavidad.
Intrigados, observaron como Naruto caminaba en dirección al grupo de personas, y como iba esquivando y pasando por los pequeños espacios con una agilidad impresionante, en menos de unos segundos ya no lo vieron entre las personas.
—¡Oh! Eso es utilizar todo lo que sabes a tu favor. —Se impresionó la chica.
Sasuke bufó.
—Que estupidez.
—Claro, lo dices porque es comida que no te gusta, pero si fuera tu preciado café no lo pensarías ni dos veces —alegó la chica cruzando de brazos. Desvió la vista al verlo sonreír de lado.
Tuvo que controlar su sonrojo. Últimamente se ponía nerviosa por esos gestos, sobre todo cuando él la miraba de esa manera intensa y se inclinaba para hablarse de cerca, casi rozando sus narices. A veces creía que él jugaba a ponerla en ese estado, y había estado tentada a preguntarle, pero la vergüenza podía más y cerraba la boca a tiempo.
Primero loca antes de hacerlo. Ya no quería sufrir por algo así de nuevo.
—Me atrapaste, Sakura. Aunque si fuera un pedazo de filete no dudaría en hacer lo mismo.
—Pero la hamburguesa tiene carne, que cínico eres —dijo ladeando la cabeza, lejos de ofender al aludido, le pareció sumamente gracioso y adorable ese puchero en sus labios.
Le dio la espalda en el momento que una corriente de aire pasó y le dio escalofríos. Era una noche demasiado fría para ser a mediados de verano. Se frotó las manos entre sí para entrar en calor, tan concentrada estaba que no se dio cuenta que Sasuke estiraba su mano para tomar las suyas, dio un respingo al contacto.
—¿Tienes frío?
Ella lo miró un poco avergonzada al verse descubierta. Tampoco era un secreto de que era sensible a los cambios climáticos, era lo único que no heredo de la genética de un Vampiro que no tenían mucha sensibilidad física. Si no, al contrario, le afectaba.
—La verdad… sí. Un poquito, pero puedo frotar mis manos para entrar en calor —dijo alzándolas para mostrárselas.
Para su sorpresa, o, mejor dicho, para su reverenda alucinación, Sasuke estiró su brazo al costado agarrando el pliegue de su gabardina y le hizo señas para que se acercara.
Ella se quedó estática sin caber de la impresión. Él… estaba…
—Ven aquí, mi temperatura es mayor a la tuya y entraras rápido en calor.
—¿Q-Qué? —Parecía un sueño. Miró el rostro serio del muchacho y luego el hueco un par de veces—. No creo que sea necesario… —Otra corriente de aire pasó que la hizo temblar, no sólo por el frío sino por sus nervios.
Sasuke alzó una ceja a su dirección.
—Naruto tardará en llegar, y a menos que quieras pasar frío… —se encogió de hombros.
Claro que ella prefería pasar frío en lugar de ponerse más nerviosa al estar tan cerca de él. Lo sospeso unos momentos recordando en cuanto lo conoció, después de saltar al río él encendió una fogata en el contenedor y le preguntó algo similar.
Y, como aquella vez, no pudo resistirse.
Tragando grueso, se acercó titubeante a él, colocándose entre el cueco de su costado y el brazo alzado, su cabeza llegaba a la altura de su hombro. En cuanto sintió que él bajaba el brazo, se arrepintió y estuvo a punto de saltar en dirección contraria.
Su corazón latió desbocado contra su pecho al sentir pasar el brazo en torno de su cintura y la otra mano acomodar la gabardina para que la cubriera desde la cabeza, pronto comenzó a sentirse calienta por la temperatura corporal que él desprendía, era cierto que los Lobos tenía una temperatura más alta que cualquiera.
Pronto comenzó a sentir a gusto e incluso cerró los ojos, tratando de ignorar el cosquilleo de su estomago al tener ceñida la mano de Sasuke alrededor de ella. Trataba de no suspirar o sus piernas flaquearía, traicionándola vilmente. Su aroma era agradable e inconscientemente se aferró al pliegue de su gabardina.
Extrañamente todas dudas se disiparon, el temor que sintió antes también se esfumó. Estando entre sus brazos se sentía… segura, sin miedo a de que nada ni nadie podía atacarla. Sabía que estando a su lado él la protegería.
—Eres cálido, Sasuke —comentó aferrándose más a la tela.
La mirada distraída del chico se enfocó en ella con clara duda. Sus dedos apretaron ligeramente su cintura, se sentía tan embriagado por su aroma que había estado divagando en sus pensamientos tratando de no regañarse así mismo por permitirse tal cercanía. Por ello le pareció confuso su declaración hasta que creyó comprender.
—Ya te dije que mi temperatura es más alta que la de los demás —dijo a respuesta dirigiendo su vista al frente, todavía no había rastros de Naruto.
—No me fiero a eso, más bien… —apretó los labios al caer en cuenta que lo diría en voz alta, y se preguntó si era lo correcto. Por la mirada le lanzó Sasuke para que continuara, se armó de valor y sonrió dulcemente—… tu esencia me hace sentir segura.
Por su mirada atónita Sakura supo que fue un poco desconcertante lo que dijo, pero no se arrepintió de haberlo dicho, le sonrió de la misma forma y dirigió la vista al frente.
Y Sasuke… simplemente no concebía sus palabras. ¿Qué diantres creía esta chica?
Segura, decía.
¿Con él? Quiso reír tan fuerte por la ironía.
Muchas palabras podían describir su presencia a los demás: atemorizante, sombría, escalofriante y un sinfín de adjetivos que le quedaban como anillo al dedo e incluso él mismo la utilizaba en cuanto se trataba de intimidar a sus enemigos.
Pero cálido no era una de ellas. En ningún concepto entraba en su carácter… porque simplemente no se había comportado así con nadie más que con ella. Incluso recordaba vagamente el pasado, en cuanto ella era una niña. No la veía con los mismos ojos que ahora, estando a su lado de esta manera y sintiendo cierta paz en su pecho al verla resguardada.
No hasta ahora.
La única persona que le había dicho eso fue…
«Eres cálido, hijo».
Mikoto.
Su mano se tensó alrededor de la cintura de la chica y la apegó más a él, Sakura lo miró sorprendida y todo ocurrió tan rápido que, cuando reaccionó, la otra mano de Sasuke paso por sus hombros y su cabeza se hundió en su cuello. No sabía donde poner sus propias manos y estaba más nerviosa que antes…
Sasuke… la estaba abrazando.
Lo escuchó respirar bruscamente y acariciar su cabello con delicadeza, no pudo hacer nada más que mirar el cielo con la cabeza ligeramente alzada. ¿Qué sucedía? Un poco tímida, se atrevió a llevar sus manos al torso del joven, tratando de comprender.
—¿Sasuke?
La apretó más a él.
—No es nada, sólo… ¿podías quedarte así unos segundos más?
«Todo el tiempo que quieras», quiso decirle, pero las palabras estaban demás en ese momento.
Asintió lentamente permitiéndose experimentar la dulce falta de aire de su estomago y los nervios a flor de piel. Acarició sus cabellos negros, con delicadeza y comenzó a tarantear una canción al azar con melodías nostálgicas y dulces. Tenía la sensación de que él recordaba algo triste y por eso no quería que lo viera vulnerable.
Encerrados en su propio universo, ambos se unieron hasta formarse un solo sentir. En ese mismo instante, sintieron como si hubieran roto su burbuja persona y sin atreverse a mirarse entre sí por el miedo al nuevo descubrimiento que floreció en ese momento en ambos.
Para Sasuke, le sentaba bien tenerla entre sus brazos y respirar su aroma, lo mantenía tranquilo saber que estaba a salvo.
Y para Sakura, el cobijo de sus brazos era su mejor refugió que no encontraría en otro lugar.
Se detuvo en medio de la acera lentamente. Había estado caminando en dirección al restaurante dónde se reuniría con Shisui para reunir información respecto al alcalde de la ciudad, cumplir su misión era de suma importancia.
En cuanto colgaba la llamada que atendía y metía el celular dentro de su caco, ladeó la cabeza a la calle casi desierta y entonces le pareció ver a alguien familiar del otro lado de la calle. Un porque que en cualquier lugar reconocería.
Al principio pensó que se trataba de alguna pasada turbia de su mente debido al estrés que había estado sometido, y lo consideró durante unos segundos más.
Del otro lado de la calle había un puesto ambulante con varias personas alrededor acaparadas. Justo a un costado, apartado de toda la muchedumbre, la silueta de un chico de cabellos azabache apareció entre todos, casi de espaldas y con su brazo extendido, por el par de piernas a su lado intuyó que estaba con alguien.
Fue hasta que ladeo un poco la cabeza que pudo ver su rostro distante.
Sasuke. El hijo bastardo que despreció por ser Mestizo, nacido del vientre de una Loba, su enemiga mortal.
Lo miró fijamente un momento más con la intención de dar un paso a esa dirección, y comenzó a sentir una ligera incomodidad en el pecho. Apretó la mandíbula y frunció ligeramente el ceño con los ojos turbios.
—¿Sucede algo, Fugaku-sama? —preguntó uno de sus escoltas desde atrás.
—No. Démonos prisa —respondió relajando su ceño y retomando su marcha.
No retrocedería por algo como esto. Aunque en ningún momento pensó que lo encontraría en esta ciudad, las dudas comenzaron a surgir una tras otra, tenía entendido que había estado involucrado en varias batallas. ¿Estaría viviendo en la ciudad o era una visita?
Le dirigió una mirada de reojo y siguió su rumbo, cerrando sus pensamientos referentes en lo más profundo de su podrido corazón para que no lo atormentaran más.
* Mugennohi: es coreano y significa "luz interminable".
¡Sorpresa! Hay actualizaciones más rápidas que el viejo oeste.
¿Qué está sucediendo? ¿Sospechas de quién es Ali en realidad? ¿Quién fue el individuo que salvó a Sakura? ¿Por qué Sasori no ha procedido a raptarla ya sabiendo su ubicación? Preguntas, preguntas.
Sasuke aún sigue un poco renuente en si permanecer enteramente con Sakura, al final se ha rendido a su esencia y permitido su cercanía, poco a poco pero seguro está accediendo y dándose cuenta de sus propios sentimientos. Que, aunque ahora los niega, ya llegara el momento.
Fugaku apareció en la última estancia, ¿qué sucederá ahora?
Disfruten mientras tanto las actualizaciones que les he traído, me entro una emoción por avanzar y avanzar que cuando tengo oportunidad comienzo a editar.
¿Qué diferencias han encontrado con esta nueva versión y la pasada? Los estaré leyendo.
¡Gracias por leer! Hasta pronto.
¡Alela-chan fuera!
