N/A: Buenooo pues después de tres semanas, me siento muy contenta de poder publicar por fin un nuevo capítulo. He estado un tiempo un poco liada con el trabajo y las circunstancias no hacen que esté muy animada (por aquí estamos confinados otra vez), pero planeo seguir con esta historia hasta el final y ya he empezado el capítulo XIII.
Como siempre, muchísimas gracias a todas las que dedicáis un poquito de vuestro tiempo a leer mi historia, la añadís a favoritas y gracias especialmente a las que habéis dejado un review. ¡Me encanta leeros, saber que opináis y ser consciente de que hay personas reales al otro lado de la pantalla!
Mención especial a nessd, Ari, Belen, Carina y Guest que han dejado reviews sin cuenta.
Y nada más, que espero que vosotras y vuestros seres queridos estéis bien en estos momentos tan complicados. ¡A leer!
Lo que esconde tu interior
XII
«¿Qué acaba de pasar?»
Hermione caminaba detrás de Malfoy en dirección al comedor, tratando de asimilar lo sucedido momentos antes. Él había estado a punto de besarla. Draco Malfoy había estado a punto de besarla y ella había deseado con todas sus fuerzas que lo hiciera. Aún sentía el pulso concentrado en su dedo, un cosquilleo allí donde sus labios habían tocado. De cierto modo, aquel gesto, el restañar de su sangre impura con su boca había resultado más íntimo, más personal, que cualquier arrebato pasional que pudiera haber surgido entre ellos. Algo que, en cualquier caso, tampoco iba a ocurrir. No, absolutamente no.
Malfoy permaneció extrañamente silencioso durante toda la comida; sus modales excesivamente formales, rígidos, pero Hermione era capaz de detectar la tensión en su cuerpo que, como la flecha en la cuerda de un arco, parecía estar reprimiendo algo muy difícil de controlar. De vez en cuando, sus miradas se encontraban y él apartaba la suya rápidamente; a Hermione le irritaba notar que su piel se acaloraba y su rostro se ruborizaba bajo su escrutinio. Lo cierto era que aquella mañana se había despertado irracionalmente contenta; aunque por supuesto el libro que encontró la noche anterior sobre su cama como envuelto regalo de cumpleaños no tenía nada que ver. No: su repentino optimismo debía de tener otra explicación, simplemente ella no era capaz de encontrarla.
Cuando Hermione pidió un poco de pan, en lugar de permitir que los elfos se lo acercaran, Malfoy le alargó la cesta por encima de la mesa; sus dedos se rozaron por un breve instante y ella volvió a sentir aquella corriente eléctrica emanando del punto de la piel donde él la había tocado. Tal vez él sintiera algo similar porque carraspeó un poco, en un vago intento de romper la incomodidad del momento.
«Por Merlín Hermione, ¡cálmate!» Se sentía muy estúpida comportándose como una quinceañera con las hormonas revolucionadas. Al fin y al cabo, no había pasado nada y aunque hubiera pasado, bueno, tampoco es como si fuera su primer beso con Malfoy, ¿verdad? «No pienses en ello» le advirtió la parte de su mente que aún mantenía intacta la cordura; no tenía sentido alguno el recordar un episodio acaecido hace años y que probablemente él ni siquiera recordara.
El resto de la jornada en el laboratorio transcurrió de forma similar: en mitad de una calma tensa que ninguno de los dos deseaba o encontraba forma de quebrar. Cuando Malfoy por fin dio el día por concluido, Hermione no sintió ganas de pasar el resto de la tarde en la biblioteca y se fue directamente a su dormitorio.
Al llegar a su cuarto, comprobó que sobre su mesilla descansaban sus tarjetas de felicitación, aún sin abrir. Después de la vorágine de sentimientos del día anterior, había pospuesto su lectura para un momento en el que su mente se hallara más sosegada. Rasgó el sobre de la primera: era de Ron. Su amigo pelirrojo le deseaba un muy feliz cumpleaños a pesar de las circunstancias –no se le ocurría peor castigo que pasar el día únicamente en compañía del hurón oxigenado–; tenía muchas ganas de que terminara su misión y volviera a Londres. Por último, anunciaba una noticia que era incapaz de mantener en secreto por más tiempo: Lavender estaba embarazada. Ron afirmaba que se sentía emocionado y, al mismo tiempo, aterrorizado ante la idea de ser padre, pero que tras las tragedias que últimamente sucedían a su alrededor, la llegada de un bebé era como un soplo de aire fresco, una nueva esperanza en medio del caos en el que se sumía el país.
Hermione examinó sus propios sentimientos hacia la buena nueva: estaba verdaderamente contenta por Ron y Lavender, no había ni rastro de despecho o disgusto hacia ellos, si algo le había dejado claro su infructuoso intento de relación con el pelirrojo, años atrás, era su absoluta falta de compatibilidad como pareja. Por el contrario, con el paso del tiempo, Ron y Lavender habían demostrado estar hechos el uno para el otro y la idea de que ambos formaran una familia le hacía alegrarse sinceramente por la felicidad de sus amigos.
La carta de Ginny y Harry contenía similares deseos de salud y felicidad y añadía la advertencia por parte de su amiga de que más le valía darse prisa y "mover el culo" con la dichosa poción, puesto que debía estar lista para primavera y permitirle asistir a su boda en los jardines de la Madriguera. Las misivas del resto de los Weasley eran parecidas: todos la echaban mucho de menos y esperaban tenerla de vuelta en Londres dentro de poco.
Pronto la bandeja del correo quedó vacía. Hermione se quedó mirándola con nostalgia, pensando en la carta que nunca llegaría: la de los padres que habían olvidado que alguna vez tuvieron una hija. Sus funestos pensamientos se vieron interrumpidos por el búho de Malfoy picoteando furiosamente el cristal de la ventana. Hermione le permitió el paso y, tras un vuelo rasante por toda la estancia, el ave dejó caer un sobre en el suelo enmoquetado para luego salir planeando por el mismo sitio por el que había entrado.
Al acercarse para recoger la carta, Hermione comprobó que llevaba el sello oficial del Ministerio, por lo que se apresuró a leerla.
Estimada Hermione,
Me alegra saber que la investigación evolucione favorablemente y que los pronósticos sean positivos. Lamentablemente, desde Gran Bretaña las noticias no son nada buenas: la maldición sensorem avanza con rapidez, sus efectos se extienden a una parte significativa de la población mágica y el pánico comienza a cundir en el país. En el Cuartel de Aurores se trabaja de manera incansable en la búsqueda de una contramaldición, sin embargo, por el momento toda pista ha sido infructuosa.
Por todo ello, no me queda más remedio que instar a que se aceleren lo máximo posible los trabajos para la creación de una poción que mitigue o incluso anule los efectos de dicha maldición. Espero recibir pronto informes acerca de nuevos progresos en los ensayos.
Como siempre, con todo mi afecto y mis mejores deseos,
Kingsley Shacklebolt,
Ministro de Magia
Hermione suspiró desalentada. Más allá de la mansión, el mundo entero parecía estar desmoronándose pedazo a pedazo: el miedo, la desesperación y el desánimo comenzaba a hacer mella en la población mágica y el ministro había puesto en ella todas sus esperanzas para atajar la situación. De repente, se sentía muy cansada: cansada de responsabilidades, de sostener cargas que se le antojaban demasiado pesadas para una chica de veintiún años, cansada de que, cuando todo comenzaba a fallar, se recurriera a ella como punto de apoyo, como único medio de salvación para miles de personas.
Sin querer pensar más, Hermione se desplomó en la cama haciéndose un ovillo y cerró los ojos. De forma irracional, acudió a su mente exhausta el recuerdo de aquel primer beso con Draco Malfoy.
Hermione se sentía furiosa. Furiosa, decepcionada y profundamente triste. Aquélla debía haber sido su noche especial. Su noche de cuento de hadas en la que, después de bailar con el chico más apuesto del baile vestida como una princesa, recibía por fin su primer beso.
Pese a que Hermione era una joven profundamente lógica y sensata, a los catorce años, toda chica sueña con vivir una noche así al menos una vez en la vida. Además, Viktor era dulce, tierno, cariñoso y comprensivo y el pequeño lado vanidoso de Hermione se regodeaba al aparecer en el Baile de Navidad del brazo del jugador de quidditch más famoso del mundo ante las chicas que tanto la despreciaban.
No obstante, Ronald, como siempre se las había ingeniado para estropearlo todo. Cuando entró en el salón del brazo de su acompañante, Hermione percibió por el rabillo del ojo cómo el rostro de su amigo se ponía tan rojo como su cabello. Pasó toda la velada enfurruñado en un rincón del salón y finalmente, cuando se disponía a salir a dar una vuelta por los jardines acompañada de Viktor, le reclamó unos minutos para hablar a solas con ella. Entonces, Ron soltó de golpe todo lo que se le pasaba por la cabeza: que Hermione era una traidora por acudir al baile con el máximo rival de Harry, que cómo se le había ocurrido hacer algo así, que con lo lista que se creía, era muy tonta por no ver que Krum se había acercado a ella únicamente para sonsacarle el modo de vencer a Harry en el torneo, que era demasiado ingenua y concluyó afirmando que se había comportado como todas las demás chicas: deslumbrada por la fama y el éxito.
Hermione permaneció callada durante toda reprimenda. La chica que normalmente tenía una respuesta para todo, quedó sepultada bajo el peso de las dañinas palabras de su amigo. Ella sabía que aquél no era el verdadero Ron, que por la boca del pelirrojo hablaban los celos que ocasionalmente lo asediaban: siendo el sexto hijo, a veces le asaltaban ataques de envidia cuando alguien le arrebataba el foco de atención, pero sabía que, en el fondo, el chico tenía un corazón noble y honesto capaz de hacer los mayores sacrificios por los demás. Cuando terminó de vociferar, con las orejas rojas y los ojos brillantes, Ron espetó un «Tú sabrás lo que haces, Mione» y se alejó indignado por donde había venido.
Incapaz de reprimir las lágrimas ni un minuto más, Hermione se dejó caer sobre un escalón de piedra, con el tul del vestido formando un charco de tela a su alrededor.
Así fue como Draco Malfoy la encontró.
–Bueno Granger, sé que es bastante triste ir con ese gorila al baile, pero tampoco es como para ponerse a llorar.
–Piérdete Malfoy, no estoy de humor para tus estupideces.
Lejos de hacer caso, Malfoy se relamió como un gato ante un plato de leche y se acercó más a Hermione. Ella se frotó las lágrimas, furiosa, y aún sentada en las escaleras, alzó la vista para mirarlo a los ojos. A regañadientes, tuvo que admitir que estaba muy guapo enfundado en su túnica de gala, de negro impecable.
Hermione se levantó para marcharse pero él se interpuso, bloqueándole la única vía de escape hacia el pasillo.
–¡Déjame pasar! –lo fulminó con la mirada, al tiempo que le ponía una mano en el pecho, empujándolo levemente.
Hermione pensó que él retrocedería al instante, asqueado por el contacto con una impura; no obstante, Malfoy no se movió ni un ápice y su sonrisa burlona se hizo aún más amplia.
–Dime, Granger ¿por qué lloras? –inquirió–: hace un rato parecías muy contenta bailando con el gorila así que no creo que él sea el culpable de que estés así. Ha sido Weasley ¿verdad?
Molesta porque él hubiera dado en el clavo con sus suposiciones, lo empujó con un poco más de fuerza. «¡Maldito Malfoy! El quidditch lo mantenía verdaderamente fuerte».
–No es de tu incumbencia, Malfoy. En serio, apártate y deja que me vaya.
La situación se estaba volviendo verdaderamente incómoda, Hermione sentía los regueros de lágrimas mezclados con máscara de pestañas secándose en sus mejillas.
–Granger, Granger –canturreó Malfoy–, me pregunto qué es lo que habrá hecho la Comadreja para que la bruja más brillante de nuestra generación se ponga así. El pobre chaval tiene las neuronas justas para no cagarse encima.
Hermione no sabía si estaba más indignada por el insulto hacia su amigo o confundida porque Malfoy pronunciara algo semejante a un cumplido hacia ella. Se sentía cansada y disgustada tras la reciente discusión, le dolían los pies con aquellos zapatos y quería subir a su habitación para meterse en la cama cuanto antes. Además, percibía el olor a alcohol en el aliento de Malfoy, por lo que lo más seguro era que en aquellos momentos él no estuviera en sus cabales.
–Vete a dormir ya, Malfoy. Estás muy borracho.
–¿Y si no quiero, Granger? ¿Qué vas a hacer para obligarme? –preguntó el aludido, arrastrando las palabras. Su voz sonó de pronto más ronca, más profunda.
Hermione percibió un cambio sutil en el ambiente, una aproximación a territorios inexplorados. La mirada de Malfoy se dirigió a su boca. Estaba aterrorizada, pero al mismo tiempo, no pudo evitar sacar la lengua para humedecerse los labios.
Luego, todo fue demasiado rápido: en un segundo lo tenía frente a ella y al siguiente, los labios de Malfoy estaban sobre los suyos. Hemione había imaginado cientos de veces cómo sería su primer beso: romántico, dulce, cariñoso. Aquél resulto ser todo lo contrario: brusco, violento, devastador. Un choque de bocas y dientes que se asemejaba a su eterna lucha de caracteres. De repente, sintió la lengua de él introduciéndose en su boca, buscando la de ella. Malfoy sabía a whisky y desprendía un ligero regusto a menta. Inconscientemente, Hermione entrecruzó las manos en su nuca, descubriendo que su cabello rubio era tan suave como siempre había imaginado. A él pareció gustarle, porque gimió en mitad del beso y la rodeó la cintura con los brazos, pegándola más contra su cuerpo.
«Merlín, besar a Malfoy se sentía como estar en el paraíso».
Progresivamente, el ritmo fue disminuyendo: el beso se volvió lento, relajado, como el retroceso de las olas del mar en la playa. Suspirando, Malfoy se apartó un poco, apoyando su frente contra la de ella. Sus alientos se entremezclaron, ambos respirando pesadamente, agitados.
–Yo esto… –después de lo que acababa de pasar entre ellos, era muy difícil encontrar las palabras. Por primera vez en su vida, Hermione se halló sin saber muy bien qué decir–. Será mejor que me vaya.
Malfoy se alejó de ella, apoyándose contra la pared con todo su peso. Hermione sintió una repentina sensación de pérdida que no quiso analizar: le dirigió una última mirada, pero él ya tenía los ojos cerrados, dejándose caer en el suelo. Emprendió el camino hacia la Torre de Gryffindor, sin mirar atrás ni una sola vez: no tenía sentido, había sido una locura pasajera, un impulso. Malfoy estaba borracho: al día siguiente, probablemente no se acordaría de nada. Harían como si nada hubiera ocurrido. No volverían a hablar de ello.
No volvieron a hablar de ello.
Hermione se revolvió en sueños y abrió los ojos, desorientada. En algún momento mientras dormía, Millie debía de haberle llevado la cena, que se había quedado fría sobre la mesa. Con un gruñido de fastidio, escondió la cara entre las almohadas: después de muchos años sin pensar en ello había vuelto a revivir aquella noche, la noche de su primer beso. Con Draco Malfoy.
N/A: Y bien, ¿qué os ha parecido? Tenemos nuevas revelaciones sobre los personajes y su pasado: me encantaría saber qué opináis, así que los reviews son más que bienvenidos.
Pasad muy buen fin de semana, Halloween y Día de Muertos (en España celebramos el día de Todos los Santos).
PD: Tengo el siguiente capítulo a media, así que espero poder actualizar en dos semanas…
