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Aliados y enemigos


10 de junio del 2016
Tokio, Japón.
Estación de policía.
Medio día.

A medio día Sasuke descendió de su vehículo con la vista puesta en la entrada de la estación de policía, a su lado, Karin lanzó una mirada de reconocimiento al lugar.

Estaban ahí para hablar con la criatura sobrenatural recién llegada: Mugennohi. Debían convencerlo de aceptar los términos dictados por Kakashi si deseaba permanecer en la ciudad.

—Espero que Mugennohi esté aquí —dijo acariciando su melena pelirroja a un lado del hombro.

Sasuke la miró de reojo totalmente sereno, como si en el pasado no hubiera intentado rebanarle la cabeza. Incluso Karin parecía haberlo olvidado, o, mejor dicho, pasado por alto —los Vampiros no olvidan nada— ahora que eran aliados con un propósito en común: proteger a Sakura.

Le hubiera pedido a Naruto que lo acompañara a realizar este trabajo, pero no se encontraba la ciudad por el momento y regresaría dentro de unos días. Así que recurrió a la única Vampira en la que consideraba podía tantear terreno con el posible nuevo recluta.

Apartó suavemente la vista.

—Konohamaru dijo que Mugennohi llegaría a esta hora —comentó él al aire.

—Vayamos entonces —apremió encaminándose a la entrada.

Ambos se encaminaron al interior de la estación sin dejar de observar a sus alrededores, al parecer pisaron la hora pico, todo el mundo estaba yendo de un lado a otro, entrando y saliendo a prisas con expresiones deductivas.

Los miraban de reojo, especialmente a Karin. Los humanos se quedaban deslumbrados por la belleza abrumadora de la pelirroja, un rasgo que incitaba a la presa a acercarse sin restricciones. Ella comúnmente esbozaba una sonrisa de lado fingiendo cortesía, pero por dentro su garganta quemaba por controlar su sed por sangre.

Se distrajo cuando vio a Sasuke acercarse a uno de los policías que pasaba por ahí y la miraba fijamente sin pudor.

El hombre, al ver que se dirigían a él, intentó mantenerse erguido y casi a su estatura para mantener su autoridad.

Sasuke por poco suelta una risa sarcástica, pero se mantuvo serio.

—¿Sabe dónde podemos encontrar a Mugennohi? —preguntó sin rodeos.

El policía enarcó una ceja.

—¿Te refieres al chico nuevo? Debe estar por ahí perdiendo el tiempo. —Hizo un ademán con la mano, sin dar una respuesta concreta. Y después se soltó en un monologo que no le pidieron—. No entiendo para que lo transfirieron a esta ciudad, si quería holgazanear debieron mandarlo al lado norte —refutó envuelto en sus quejas.

Sasuke y Karin se miraron de reojo intuyendo tendrían que soportar las habladurías del hombre. Si hubieran sabido que se extendería hablando, hubieran encontrado otra forma de obtener la información de otra manera.

—¿Y se dice llamar francotirador? —Y seguía quejándose—. Hasta ahora no lo he visto disparar… seguramente sólo es un fraude.

—Si tanto le interesa verme disparar podríamos ir al campo de tiro ahora mismo, ¿qué le parece? —dijo alguien a sus espaldas.

Sasuke se percató de la presencia del chico —había sido silencioso— y justamente se parecía a la de la fotografía.

Unos ojos verdes lo enfocaron de reojo, poseía un revoltoso cabello castaño, sus fracciones eran un tanto angelicales y una voz aguda, pero masculina. Portaba su ropa civil y por encima un suéter con insignia de la policía.

Mugennohi sonreía condescendiente al hombre que lo miraba con ojos muy abiertos, tragando grueso mientras se ajustaba la corbata.

Karin se rio disimuladamente pensando que seguramente el policía hablaba a sus espaldas.

—Mu-Mugennohi —tartamudeó el hombre recuperando su postura—. Estos jóvenes le buscan. Parece que tienen asuntos que tratar, así que me retiro —hizo una reverencia y prácticamente huyó del lugar.

Mugennohi sonrió ladinamente viéndolo marchar mientras metía las manos en la chamarra despreocupado.

—Siempre es así. Habla mal a mis espaldas y cuando lo atrapó huye cobardemente —les dijo casualmente. Después cambió de expresión tras detallarlos mejor, el color de sus auras les delataba. Se sorprendió ver el color negro alrededor de Sasuke—. Por cierto, ¿Quiénes son ustedes y para qué me buscan?

—Un gusto en conocerte, Mugennohi. Soy Karin y él es Sasuke. —La pelirroja apuntó respectivamente—. Y venimos representando al alcalde, Minato-sama para tratar ciertos asuntos, pero será mejor hablarlo en privado —pidió lanzando una mirada a su alrededor dando a entender que había muchas orejas que atraparían su conversación.

Mugennohi imitó el gesto, y tras mirar de reojo al azabache, les indicó con la cabeza que lo siguieran. Sabía a qué venían.

Salieron nuevamente y rodearon el edificio hasta llegar a la entrada y salida de las unidades móviles de la jefatura, cruzaron la caseta con el guardia que custodiaba y se adentraron un poco más al andén. Ahí, tras asegurarse de que no había nadie más que ellos, Mugennohi se cruzó de brazos sin dejar de mirarlos.

—Aquí podemos hablar con más libertad. Primero que nada, sé quién es realmente el alcalde, de echo me extraño que no vinieran desde el primer día que arribe a la ciudad.

—Konohamaru arregló parte de tu estancia por unos días —dijo como explicación, y después entrecerró los ojos cafés—. Nosotros venimos a tratar los otros términos. Podrás permanecer en la ciudad si estás dispuesto a aceptar ciertos términos cuales también te beneficiarán.

El castaño alzó ambas cejas, ligeramente intrigado por las normas que dictaminarían.

—¿Términos?

—Suponiendo que no sabes, la ciudad cuenta con una ley especial para los Mestizos —comenzó a explicar Karin—. El Consejo Real dictamino que hay una cobertura de protección para los Mestizos, ningún Cazador, Demonio o Ser Sobrenatural podrán atacarlos deliberadamente; y si alguien inflige la ley, será severamente castigado.

Mugennohi se frotó la barbilla comprendiendo porque hasta ahora no había tenido ningún problema con otra criatura. Un detalle que a Konohamaru se le olvidó a propósito en comentarle suponiendo que las cosas giraban mayormente a su favor.

Algo había detrás.

—La ley es únicamente vigente mientras esté Minato-san como alcalde, y apenas fue seleccionado, lo cual abarca un rango de cinco años. Y para obtener este beneficio tendrás que aceptar ciertos términos, como te mencionamos.

—Claro, ya lo veía venir —susurró el chico.

—Primero que nada, al ser un Mestizo con genes Vampíricos tendrás que someterte a una prueba social para dictaminar si eres peligroso o no para los humanos y así eliminemos las posibilidades que causes problemas derivado a tu sed de sangre—expresó Sasuke serio, sin dar espacio a que dijera algo—. Segundo, intenta no involucrarte con Demonios o Cazadores, los cuales estos últimos no son muy abundantes.

—¿Qué pasa si uno de ellos me quiere atacar? —preguntó sutilmente.

El azabache torció el gesto. No era la primera vez que le preguntaban y tampoco sería la última vez que respondía lo mismo.

—Defiéndete. La ley te respalda midiendo tus acciones.

Mugennohi sonrió mostrando sus dientes blancos.

—Hasta aquí todo parece de color rosa y flores en el campo. Debe haber algo de trasfondo.

Sasuke y Karin se miraron entre sí unos segundos. Después el azabache se dirigió a él.

—Una de las condiciones es que prestarás tu fuerza en combate en dado caso de una situación que necesite nuestra intervención. Tanto tu rol como policía o con tus poderes Sobrenaturales.

Tal dato no le agradó demasiado al castaño, y lo demostró con su ceño fruncido.

—Con situación, ¿te refieres a…? —movió la mano, incitándolo a que le dijera.

Pero Sasuke no necesitaba de algo así, él mismo se lo diría.

—Una pelea con Akatsuki.

—¿¡Akatsuki!? —exclamó perdiendo la compostura—. ¿Estás demente? Creó que no soy el único aquí que sabe lo que significa esa organización: sangre, dolor, muerte. Destruyen todo lo que tocan sin piedad.

—Lo sabemos perfectamente. Pero antes de que Minato tomara el control de aquí, el antiguo alcalde tenía conexión con un licántropo que estaba ligado con Akatsuki, creemos que desean tomar parte de la ciudad —resumió Karin ocultando la verdad detrás de los motivos de Akatsuki en atacarlos que constaba de deseaban capturar a Sakura.

Pero no podían decirle la información más delicada y secreta que pocos conocían. Esta excusa era las que les habían dado a los que se iban asentando en la ciudad recientemente, la idea de Kakashi era hacerlos sus aliados y no enemigos.

A pesar de que Tokio esté bajo el resguardo de ellos y los Cazadores Impuros del Clan Sarutobi, no la exentaba a que Akatsuki estuviera por debajo de las piedras sumando más fuerzas a su organización.

Lo comprobaron cuando los anteriores miembros cercanos al antiguo Alfa le confirmaron a Sasuke que Iván había pedido a Akatsuki atrapar a Sakura después del ataque en el tren, y a cambio, ellos le pedían a los Mestizos que tenían encerrados en el Calabozo.

Y a su juicio, no los querían precisamente para salvarlos.

—Prácticamente me están diciendo que, para tener el beneficio de protección, tengo que aceptar una muerte inminente —replicó el castaño.

—No. Te estamos pidiendo que luches por ese derecho. —Sasuke entrecerró su mirada fría—. La paz nunca ha existido en realidad en ningún lado para nosotros, y lo sabes. Para nuestros enemigos estamos debajo de la cadena alimenticia que ellos crearon.

—Tienes razón, pero no por ello sacrificaré mi vida por una ciudad repleta de Humanos, es trabajo de los Cazadores —sentenció a la defensiva y dando pasos a la salida—. Será mejor que me largue.

—¿Y cuánto crees que duraras en otra ciudad? —intervino Karin desde su lugar, provocando que el castaño se detuviera abruptamente—. Apuesto que sacrificaste muchas cosas para mantenerte lejos de los problemas, ¿por cuánto más estarás así? ¿Acaso piensas que nadie vendrá a darte casa? Esta ciudad te ofrece cobijo y ayuda en caso de que seas atacado. Entre todos nos cuidamos las espaldas.

—No te estamos ofreciendo una sentencia de muerte, te estamos ofreciendo una posibilidad para seguir sobreviviendo —dijo Sasuke tratando de no sonar demasiado brusco, veía en los ojos perturbados del chico la duda que surgía a cada palabra que decían, pero también podría sentirse intimidado por todo y huir.

Lo mejor sería aplazarlo y darle tiempo para pensar.

Miró a Karin transmitiéndole con el semblante que sería mejor dejarlo por hoy. La pelirroja suspiró, un poco renuente, pero aceptándolo de buena manera. Entendía a Mugennohi desde su punto de vista, ¿sacrificarse por una ciudad? Una razón muy superficial para poner su vida en riesgo.

¿Sacrificarse por una posibilidad de sobrevivir? Había que considerarlo.

—Mugennohi. —Al llamarlo, el chico ladeó la cabeza a su dirección, se veía afectado—, no tienes que responder ahora. Piénsalo un par de días —le sugirió Karin.

—Unos días no serán suficientes…

—No podemos darte más tiempo —dijo Sasuke de forma brusca. De cierta manera debían presionarlo—. Sólo considera los pros y contras.

Sin más que decir, Sasuke regresó sobre sus pasos firmes, Karin hizo una reverencia al joven antes de seguir a su compañero que no se molestó en esperarla. Dejaron a Mugennohi solo con sus pensamientos, mirando un punto invisible a la nada y con los ojos perturbados.


La preparatoria cada vez se hacía más monótona para Sakura. Las clases pasaban sumamente lentas y desesperadas, antes la agonía se relacionaba con las constantes provocaciones de sus compañeros, los susurros a sus espaldas y las agresiones. Ahora no le importaba demasiado.

Desde que Sasuke intervino la primera vez se apaciguaron, sucesivamente cuando ingreso a la preparatoria como un estudiante más, todo se calmó y ahora la mayoría huían de ambos; o se limitaban a tratar de ignorarlos, al parecer la presencia del chico causaba escalofríos.

Claro que, tampoco lo hacían por mucho tiempo, podía escuchar los comentarios de las chicas y lo guapo que era Sasuke. Por Dios, hasta un ciego lo notaría, pensó en su momento… y casi se atraganta con su propia saliva.

Era inevitable no pensar en Sasuke como alguien atractivo, incluso ahora que su amistad iba a pasos agigantados. La confianza que se tenían mutuamente había crecido tanto con el pasar del tiempo.

Pero… cuando estaba lejos se permitía pensar sobre la ansiedad que se presentaba por verlo de nuevo a pesar de pasar la mayor parte del tiempo juntos.

Todavía recordaba cuando la abrazo aquel día, las mariposas en su estómago al tenerlo a un palmo de ella. El repentino despertar de su ser al sentirse segura entre sus brazos, no queriendo soltarlo jamás.

El nerviosismo que la atacaba cuando él la miraba fijamente por mucho tiempo, y después esbozaba una sonrisa de lado que le robaba el aliento.

—No, ¡no! —se detuvo en medio del pasillo y negó con la cabeza. Ignoró por completo que detrás unas chicas se sobresaltaron por su repentina acción.

Se cubrió el rostro con las manos, avergonzada de sus propios pensamientos.

¿Cuándo comenzó a verlo así?

No estaba segura.

¿Será después de soñar con él? Admitirlo en su mente era aún más vergonzoso que preguntarle a él porque disfrutaba ponerla nerviosa. Si mirarlo por las mañanas era un poco difícil después de haber soñado con él en medio de una nevada, hablándole.

Escuchando su ronca voz en medio de un susurro que irrumpía sus tormentos.

«Sakura… prométeme que nunca me olvidarás»

Sus ojos ónix tan profundos mirándola, sumamente tristes… lo único que podía ver, y sentir un sentimiento de culpa y tristeza.

Como si fuera una despedida.

Se ahogo un instante con ese pensamiento.

—¿Sakura?

Respingó al escuchar su nombre en voz alta, la respiración se le fue unos segundos. Retiró las manos y se topó con Kiba que la miraba preocupado, seguramente se preguntaba si acaso había sucedido algo malo.

—¿Qué sucedió? ¿Por qué tiene una cara mortificada?

La pelirrosa parpadeó reponiéndose, trato de aclarar su garganta antes de hablar.

—Estoy bien. Recordé que… hoy quedé con Ali para vernos, pero no estoy segura si puedo ir.

De cierta manera no estaba mintiendo, sólo ocultando la verdad. Se frotó el brazo intentando desviar sus escalofríos.

—Pues…

Kiba torció el gesto, considerándolo unos segundos. No le parecía que Sakura tuviera que pedir permiso para ver una amiga, aunque Sasuke no estaba al tanto de ello… ¿Qué mal le podría hacer verla?

Esbozó una sonrisa.

—Te acompañaré, pero después tengo que dar el reporte a Sasuke. Cuando pregunte viste a alguien hoy, le diré —expresó él y Sakura sonrió cómplice en cuanto captó la idea.

—Sólo si te pregunta —aseguró divertida, y después frunció el ceño al recordar un detalle—. Iré por mi mochila al salón. Espérame en la entrada, no tardaré.

Kiba dudó un momento, Sasuke le había ordenado estrictamente que no le quitara el ojo de encima ni un segundo, pero dado que están en la escuela… ¿Qué podría pasar? Aceptó sus palabras y se dirigió a la salida con precaución.

Sakura agradeció el tiempo a solas y partió del lado opuesto soltando un suspiro.

Había estado muy cerca de ser descubierta, sus pensamientos no eran seguros con los Lobos que podían olfatear la esencia de las emociones de las personas.

Y estaba confundida al tratar de concebir la realidad, una en que veía a Sasuke como la persona que le…

No. Agitó de nuevo la cabeza. No quería pasar de nuevo por tal decepción. Jamás podría ser. Él no se fijaría en ella. Siempre había dejado en claro que era alguien a quién debía proteger. Un deber, aunque sabía que en un principio fue así, no despejaba el hecho de que fue era obligación protegerla.

Volvió a suspirar. De nuevo la pregunta surgía, ¿por qué protegerla?

En cuanto dio la vuelta en la primera intersección, se chocó con un torso. Si no hubiera estado tan sumergida de sus pensamientos sus oídos captarían los sonidos de su alrededor.

Trastabilló un poco y cerró los ojos al mismo tiempo. Una mano la sostuvo de su brazo impidiendo que cayera.

Sin embargo, algo sucedió en las fracciones de segundos que tenía los ojos cerrados: visualizó algo. Un recuerdo que no era suyo, como si se tratase de una película en su mente. Vislumbrando como espectadora de una escena a un hombre que nunca había visto, en medio de una habitación, hablando sobre buscar a su sobrino con un hombre que estaba de espaldas.

Fue tan sólo unos segundos y abrió los ojos alzando la cabeza… topándose con el hombre del recuerdo. Cuyo cabello era casi tan oscuro como la noche y unos ojos iguales, con aires familiares y una expresión apenada, seguramente por haber chocado con ella.

Lo miró por unos largos segundos, todavía la sostenía del brazo. Parpadeó, confundida hasta que recordó la situación. Se sonrojo, apenada y confundida. ¿Cómo pudo verlo en su mente ante que con sus ojos?

Cada vez todo era confuso.

—Disculpe… yo estaba distraía —dijo, abochornada.

Pero el hombre la veía con el ceño fruncido y una mirada de reconocimiento. Sakura se tensó en ese momento, temiendo que fuera alguien peligroso, no podía ver su aura, pero por la intensidad de su presencia en esencia pura era un Cazador Puro.

Y ella una Mestiza.

El miedo se apoderó un momento de ella, hasta que sintió que la soltaba y posteriormente sonreía afable.

—Se preocupe, señorita —dijo él—. Yo iba de prisa…

No dijo nada más, se le quedó mirando por un largo minuto. Sakura pensó que era el momento perfecto para escapar. Se disculpó de nuevo, sin importarle parecer grosero al irse atropelladamente, y lo rodeó, pero antes de dar más de tres pasos, él volvió a tomarla del brazo y la hizo regresar.

Se hubiera zafado si no fuera porque lo hizo con gentileza y negando ligeramente con la cabeza.

—Si va por ahí se topará con problemas —dictaminó. Sakura frunció el ceño—. Escuche, debe irse ahora si no quiere estar en problemas con otros Cazadores —dijo, y a cada palabra la alertaba más—. En verdad si te vieran no dudarían que es hija de Haruno Hana.

La chica se tensó en su lugar y su rostro se deformó en espanto, intentó hacerse la desairada y tonta, pero el hombre movió la cabeza y la jaló hacia los casilleros, fuera de la vista del pasillo a sus espaldas.

—Por hoy vete —le apremió con urgencia.

—¡Obito! ¿Qué haces ahí perdiendo el tiempo? —gritó alguien a sus espaldas.

Sakura seguía con los ojos abiertos, mirando a Obito un tanto alterada. El hombre le hizo un ademán y se dio media vuelta para enfrentarse a quién le hablaba. Se apegó a los casilleros tratando de apaciguar su acelerada respiración, los oídos le zumbaban podía escuchar con claridad las voces en el pasillo.

Obito habló:

—Ten más respeto por tu tío, Sai… —replicó en tono condescendiente, y luego agregó: —. Estaba vigilando ese lado, pero Sasuke no está por ahí —dijo muy convencido.

¿Buscan a Sasuke? Pensó angustiada obligándose a prestar más atención. Escuchó como su acompañante bufaba.

—Hemos peinado toda la escuela y no aparece por ningún lado. Shisui nos aseguró que estaría aquí —objeto en tono acusador—. A menos que…

—Si él dijo que estaría aquí es porque está —interrumpió rudamente Obito—. Posiblemente no vino a clases hoy. Será mejor irnos.

—¿Con las manos vacías? Sabes que odio no atrapar a mi presa al primer intento, ¡debemos saber en dónde está!

—Siempre tienes la opción de ir directamente con Anko y preguntarle.

—Eso es exactamente lo que hará mi padre —aseveró Sai.

Sakura no se quedó a escuchar una contestación, comenzó a alejarse sigilosamente, no había nadie en los pasillos, así que aprovechó para avanzar a su velocidad natural. En menos de unos segundos había ganado distancia a la salida.


Del otro lado de las instalaciones, Fugaku esperaba impaciente a su hermano e hijo, tenía un porte de total indiferencia al ver a los alumnos pasar paulatinamente, apenas lo miraban de reojo preguntándose si acaso era un nuevo maestro por su forma elegante de vestir.

Se topo de vista con los maestros de la escuela, entre ellos, Asuma, un Cazador Impuro del Clan Sarutobi. Apenas le dirigió la mirada y siguió de largo, ignorándolo. Hasta entre los Cazadores se repelían cuando se trataban de los subgéneros.

Debió suponer que se encontraría aquí a uno de ellos, fue Clan de apoyo de los Haruno cuando estos estaban con vida. Seguramente residían en algún distrito en particular, Minato debía saber al respeto.

Se distrajo de nuevo al ver que Obito y Sai se acercaban. Los miró esperando una afirmación factible, pero por la expresión fastidiada de su hijo supuso que no lo había conseguido.

—No apareció por ningún lado —objeto su hermano menor encogiéndose de hombros—. Supongo que no habrá asistido a la escuela.

Fugaku entrecerró los ojos. La información que Shisui les había dado era clara: Sasuke estaba estudiando aquí. Al estar en esta ciudad no podía hacer ningún daño físico, pero seguir sus pasos no le afectaba, seguramente Hikoro e Itachi estaría con él y necesitaba saber de su paradero.

Esa era la única razón por la cual lo buscaba.

—Hablemos con Anko —dictamino. Podía ver la ansiedad en los ojos de Sai; el único de sus hijos que lo obedecía.

Sai estaba deseoso de saber de Sasuke, pero por las razones comunes de cualquier otro Cazador: acabar con él.

Fugaku entró a la habitación encontrándose con los escritorios de las secretarias vacíos. Se concentró un poco y escuchó el tenue sonido de los dedos oprimirse contra las teclas de la computadora.

Avanzaron a la oficina de Anko que se encontraba al fondo. El mayor no dudó en acercarse y tocar un par de veces.

—Adelante —dijo ella al momento.

En cuanto abrió la puerta vio que no miraba, estaba concentrada en la pantalla del computador. Después de unos segundos al ser ignorado, entró finalmente al espacio, no se molestó en mirar a su alrededor o verificar si Obito y Sai lo habían seguido.

En cuando la puerta se cerró, Anko los miró finalmente a través de sus lentes. No expresó sorpresa o desconcierto el verlos ahí. Simplemente enarcó una ceja y giró un poco la silla giratoria a su dirección.

—¡Vaya! Pero mira nada más a quién tenemos aquí. —Cruzó los dedos sobre la mesa, recargando la barbilla—. Uchiha Fugaku… ¿Quién iba a imaginar que respirarías el mismo aire que yo? —saludó sarcástica apoyándose en el respaldo de la silla.

Le envío una mirada expectante antes de volver hablar, ahora dirigiéndose al chico pálido a su lado.

—¡Y mira nada más quién lo acompaña! Sai, querido, ¿Qué dice tu prepotencia? —exclamó obteniendo una mirada contenida del aludido.

—Déjate de chistes. Venimos a exigir información.

Anko casi se ríe en su cara.

—¿Exigirme? Claro, se me olvidaba que eres la próxima cabecilla del Clan —dijo burlona, frotándose la barbilla—. ¿Qué fue lo que me dijiste antes? Ah, lo recuerdo: te debo respeto y devoción… Vaya forma de vanagloriarte.

Sai apretó los dientes, Anko se burlaba de él. Antes de que pudiera decir algo más su padre intervino sin moverse, solamente con hablar bastaba.

—Sabes dónde está Sasuke. —No era una pregunta, más bien una afirmación.

De inmediato Anko se puso a la defensiva.

—¿Sasuke? Oh refieres a… ¿cómo le dices tú? "El bastardo" —En su voz se notaba el resentimiento—. A pesar de que es tu hijo…

El semblante de Fugaku enmudeció.

—Ese imbécil no merece ser portador del apellido Uchiha —intervino Sai dando un paso al frente. Obito intentó decir que era incorrecto, pero se mantuvo callado—. Es un ser inmoral que jamás debió nacer. ¡El único error de mi padre!

Anko no dijo nada más, se limitó a observar de nuevo a Fugaku que se mantuvo inexpresivo.

—Sé que está aquí —habló con firmeza—. En este momento.

Anko sabía que no ganaba nada negando lo evidente, si Fugaku estaba allí era porque tenía la certeza de que sus suposiciones eran ciertas. Con él debía andar con cuidado, un paso en falso y todo se descubriría.

Aunque Sasuke no se encontrara hoy en las instalaciones no iba a permitir que Fugaku lo encontrara fácilmente. Atrasar el momento sería lo mejor.

—¿Y qué? ¿Pretendes matarlo aquí, en una escuela, alterando el orden entre los humanos? —soltó mordaz.

—En gran parte —contesto Sai por su padre.

—Tokio es un territorio libre. ¿Lo recuerdas? —Anko se abalanzó contra el escritorio provocando un escalofrío interno en Sai, a pesar de todo reconocía la fuerza de esa mujer y sus alcances—. Esta zona es libre de toda ley Cazadora. Y están estrictamente prohibido las pelas entre seres Sobrenaturales y Cazadores. Así que déjate de tus idioteces y lárgate.

Y dicho eso, se dejó caer sobre el respaldo, agarró los papeles haciendo mover levemente su silla hasta quedar en perfil derecho. Alzó la mano libre e hizo ademán de que se fueran de su sitio confortante.

Pero Fugaku nunca dejaba una partida sin ganar.

—No tendrás ni un problema si Sasuke se retira, ¿verdad? —preguntó indiferente, sin inmutarse ante la amenaza de la peli morada.

—Ni un alumno puede retirarse sin permiso de su tutor —rezongó Anko, y mostró una sonrisa consenciente—. Y tú francamente no lo eres.

—La fuerza es vital en algunos casos —insinuó el jefe del Clan Uchiha.

—Inténtalo. —Lo desafío con la mirada—. Sasuke ya no es aquel niño indefenso que casi asesinas. Se ha vuelto más fuerte y, para tu miseria, supo sobrellevar la muerte de Mikoto —dijo entrecerrando su mirada sabiendo que Fugaku había matado a su propia amante. Nunca lo negó y mucho menos ahora.

—Es débil, viene de su madre —espetó él ceñudo ante la mirada contenida de Anko.

—Hikoro e Itachi te mataran antes de que llegues a Sasuke, eso deberías saberlo perfectamente.

Fugaku mostró una mirada llena de irritación sin agradarle la idea que sus hijos mayores dieran la vida por Sasuke, un simple Mestizo que no merecía nada.

—Nunca me mataran, soy su padre —objetó muy seguro.

La mujer se rio cínicamente. En verdad no conocía a sus hijos mayores como ella lo hacía.

—Un padre cual trato de matar a su pequeño hermano —dijo de nuevo sin rodeos—. Un padre que sobrepuso sus ideales que a sus hijos obligándolos a desertar.

Sai miró de reojo a su padre intentando descifrar si las palabras de la Cazadora le afectaban, al no ver ningún atisbo de reacción, se mantuvo sereno. Cuando hablaban de Itachi y Hikoro no se mantenía quieto.

—Quedas advertido, Fugaku—pronunció entre siseos irguiéndose de su asiento con una mirada amenazante.

Incrementó el poder de su Aura morada y Fugaku la suya desafiándose en una batalla silenciosa y prosiguió:

—Tócales un solo pelo a esos tres y te juro por Dios que morirás cuando menos te lo esperes —gruñó. Y con un último incremento de su Aura morada, gritó a pleno pulmón—: ¡Ahora, desaparezcan de mi presencia, escorias!

Fugaku permaneció inmóvil por un momento intentando comprender porque Anko defendía a Sasuke, Hikoro e Itachi Híbrido como su fuesen de su familia, aunque no compartiesen ese lazo sanguíneo.

Tampoco esperó que sacará en defensa lo de Tokio, y en cierto modo, como Cazador respetar las reglas que sus superiores dictaminaron era una de sus obligaciones.

No estuvo del todo satisfecho, sin obtener información relevante. Dio la media vuelta sin resistirse a advertirle que se cuidara las espaldas.

—No me intimidas —replicó mordazmente la pelimorada—. No lo eres, no soy cualquier Demonio Inferior cual puedas matar fácilmente.

Ciertamente. Anko pertenecía al Clan de Cazadores Impuros, catalogados así por tener mezcla de dos Cazadores, en este caso los Uzumaki y Uchiha.

Los tres decidieron no tentar la furia contenida de la mujer, y salieron de la dirección sin dirigirle una mirada. Se alejaron paso rápido por el pasillo y hablaron mientras avanzaban.

—No esperaba que Anko se pusiera a la defensiva —reveló Sai, anonado. Como si el hecho de que Anko no les diera la información fuera una gran falta.

Fugaku no reaccionó a su comentario. Estaba más concentrado en otras cosas.

—No desistiré. Aunque aquí hay que acatar las reglas, no impide que haga algo al respecto —insinuó entrecerrando los ojos.

Sai parecía complacido por su respuesta y Obito lo miró de soslayo.

—¿Pretendes matar a Sasuke fuera de Tokio? —preguntó en un susurró audible, no se sorprendió por la idea de su hermano, ya estaba consciente de que Fugaku era alguien quien consideraba todas sus opciones antes de trazar una meta.

El mayor guardo en silencio, y Obito habló de nuevo.

—Piénsalo, Hikoro e Itachi se te echaran encima cuando eso suceda.

—No lo harán. Me agradecerán haberles quitado una responsabilidad innecesaria —replicó solemne.

Obito soltó un suspiro de resignación.

—¿Cómo haremos para que salga de Tokio? —preguntó Sai intrigado por los pensamientos de su progenitor.

—Primero que nada, necesito saber todos sus movimientos —dijo Fugaku—. Cada paso que dio desde que llegó a Tokio bajo el nombre de Uchiha Sayi. —Al decirlo, se viró directamente a Obito—. Encargarte de ello.

Obito se resignó en actuar en contra de su sobrino, pero tenía cierta libertar en manipular la información, Fugaku confiaba en él de cierta medida, y, a decir verdad, era demasiado. Porque su hermano no confiaba en nadie más que él mismo para hacer las cosas. Y no estaba errado en hacerlo.

Tanto él como Shisui le estaban dando una apuñalada por la espalda al hacer de doble espías. Pero creían que hacían lo correcto.


Sasuke llegó primero al departamento de Haruno. Al no encontrarse con Sakura por un momento pensó en las terribles cosas que pudieron pasar, pero se tranquilizó al recibir un mensaje de Kiba que iban de camino.

Relajó todo su cuerpo y se dejó caer en el sillón, intentado serenar su mente. Tenía tantas cosas en la cabeza que no sabía cual ordenar primero. Cerró los ojos, estresado y luego inclinó la cabeza, mirando fijamente al frente tratando de distraer su mente.

Pocas veces tenía la oportunidad de estar solo en medio de la casa de la chica, su curiosidad dio mella al observar de nuevo el marco de fotografía que reposaba cerca de la televisión. Se trataba de la familia Haruno: Hana, Kizashi y Sakura. Justo días antes de que murieran.

Se preguntaba constantemente lo que debió sentir Sakura al estar desamparada, la comprendía en ese aspecto de haber perdido a sus progenitores, porque para él Fugaku yacía enterrado en lo más profundo de sus pensamientos.

El que se movía en ese cuerpo no era el padre que aprendió a querer. Ahora era la criatura que aprendió a odiar.

Por eso la envidiaba un poco en ese aspecto. Ella tenía recuerdos amenos de sus padres, ninguna falla, ningún dolor causado. Simplemente como buenos progenitores que la protegieron todo el tiempo. Hasta ahora no la había escuchado hablar de ellos, pero intuía que los extrañaba más.

A pesar de rehuirse de pensar en los recuerdos, a veces intentaba forzar su mente a que rememorar esos días y platicarle a Sakura cómo eran antes; ella tampoco tenía muy claro sus propios recuerdos antes de la muerte de sus padres. Y quería brindarle un poco de consuelo al respecto.

Aunque él iba recordando los retrasos que habían estado suprimidos en alguna parte recóndita de su memoria sin seguir una secuencia. Constantemente, cuando dormía, los recuerdos fluían como el agua en un río.

En ocasiones eran nítidas, como si estuviese ahí en el mismo instante.

Otras sólo eran voces a cuchicheos, gritos desgarradores y un llanto desesperado.

Si se concentraba podía sentir el frío del invierno en sus brazos, la tensión de sus músculos y la opresión de su pecho. Desesperación. Pero ¿de qué? ¿Qué había ocurrido antes que muriera para que se sintiera ahogarse entre sus penas?

Nunca la había preguntado con certeza a Kakashi que había sucedido antes de que abriera los ojos aquel día que marcó su existencia, mirando el cielo azul sobre él, pensando que era una especie de infierno disfrazado en paraíso.

Porque definitivamente, a pesar de que sus almas no iban a ninguna parte, creía fieramente que él estaba condenado al infierno. Pero no fue así, Kakashi estaba a su lado asegurándole que estaba vivo… no, más bien que había revivido.

Casi le da un ataque de risa por lo irónico de la situación. Su existencia debió terminar en el momento en que liberó el poder que yacía encerrado en su interior para matar al Demonio que amenazaba sus vidas.

Cuando su enemigo se pulverizo, se dejó caer al suelo sin esperanzas de sobrevivir, pensando en una sola persona…

En Sakura.

«¡No te vayas!»

Se tocó la frente, intentando que las punzadas de dolor persistieran.

Todo resultaba confuso de sus antiguos recuerdos, un hueco en su mente, como si le hubieran arrancado de sopetón todo lo que vivió con los Haruno y encerrado en una caja bajo llave, dejando que se filtraran pequeñas imágenes.

Únicamente se quedaba con el sentimiento y la amargura.

«Tienes un propósito en este mundo, Koizumi Sasuke —le había dicho Kakashi esa vez cuando despertó—. Lo sé porque la naturaleza te revivió regalándote de su energía vital. Tienes un gran propósito en este mundo, eso tenlo muy presente».

Le parecía demasiado bizarro las palabras del peligris.

¿Qué la naturaleza lo revivió?

¿Qué Dios se apiado de él?

¿Qué tenía un propósito?

Hasta ahora no había encontrado uno. Durante los catorce años posteriores se dedicaba a sobrevivir con un pasado no del todo claro.

Salió de sus cavilaciones al escuchar la puerta abrirse, giró la cabeza al percibir el aroma de Sakura. Encontrándose con su sonrisa, la que siempre le dedicaba a verlo. Se calmaba cuando estaba cerca, era como si le inyectaba alguna clase de anestesia que impedía torturarse más.

—Hemos llegado, ¿te hicimos espera mucho? —preguntó apenada.

Negó apenas levantándose para rodear el sillón.

—Acabo de llegar —aseguró, fue entonces que captó otro olor en particular. Bajó la mirada y se encontró con la bolsa de plástico que sujetaba la chica, enarcó una ceja.

—Pasamos por el centro comercial y trajimos Sushi —dijo alzando la mano y fue a la cocina.

Sasuke se giró de inmediato a Kiba que se acomodaba en el sillón y buscaba el control para encender la televisión, al sentir que lo miraba, volteó a él y alzó su pulgar en afirmación.

—La traje sana y salva, jefe —dijo el castaño sonriente.

—¿Algún problema?

—No… que yo sepa —dijo, inseguro y bajó un poco la voz—. Sakura a actuado un poco extraña, pero no sé si es para preocuparse.

¿Actuando extraña? Pensó el azabache, asintiendo a la información y se alejó a la cocina con el pensamiento de descubrir lo que le inquietaba. Intentó parecer normal mientras se recargaba en la encimera mirando los rollos de Sushi en la mesa.

Frunció un poco el ceño preguntándose que podría estar inquietando a la pelirrosa.

—¿No te apetece la comida? —inquirió Sakura malentendiendo su gesto.

—Tengo hambre —respondió sin más. Luego se centró en otro tema—. ¿Qué tal la escuela?

Ella se permaneció quieta un momento, dudando.

—Aburrido, las clases ya no son lo mismo —se quejó sin dejar de moverse alrededor de la cocina en busca de los palillos—. Creo que me apetece más estudiar sobre la historia del mundo sobrenatural que la de los humanos.

—Si analizas detalladamente encontraras intervenciones de muchas criaturas en la historia de la humanidad —le aseguró Sasuke tratando de crean un ambiente tranquilo, al estar cerca de ella, se inclinó un poco a su dirección. Sakura giró la cabeza a él—. Con lo experta que eres recabando pistas ocultas no tardarás en hallar una.

La vio sonrojarse ligeramente.

—G-Gracias por el cumplido.

—¿Quién dijo que era un cumplido?

Claro que tampoco desaprovecharía para verla ligeramente irritada y el puchero que hacía con sus labios. Tampoco la forma en que soltaba un "hmp" y daba la media vuelta para alejarse.

No dejó de seguirla con la mirada, cuestionándose sobre su propia urgencia de acariciar el pómulo de su rostro o estrecharla en brazos. La primera vez que lo hizo fue para confortarla, o más bien ella lo abrazó.

La segunda fue cuando sus emociones lo abrumaron respeto a su madre y se dejó llevar.

Pero no quería concretar más sus sentimientos.

O se mentía, porqué sabía perfectamente a dónde llevaría todo esto. Quería negarlo a toda costa sin comprometer su propio sentir.

Una palabra temible para él que ni siquiera pensaría. La repudia a toda costa, le daba… miedo volver a sentirlo. Tener algo y perderlo en un parpadeo sin poder hacer nada al respecto, él ya no tenía un corazón para soportar otra perdida.

Por eso se engañaba y seguía actuando como si no lo supiera. Contradiciéndose constantemente, pensando que se iría en cuanto el entorno de Sakura fuera seguro… y cuando lo pensaba su pecho se contraía dolorosamente.

¿Es que acaso no quería alejarse de ella?

Se distrajo cuando la escuchó suspirar sonoramente y detenerse, con una mirada que dictaba que había problemas, rápidamente le pregunto si ocurría algo. Sakura se tardó unos segundos para contestar.

—Hoy, en la escuela… me tope con un Cazador llamado Obito —dijo, e inmediatamente Sasuke abrió los ojos, consternado— ¿Lo conoces? —preguntó al ver su reacción.

La sola respuesta la dejó helada.

—Es mi tío.

Sasuke pronto comenzó a procesar la información. El hermano menor de Fugaku en la ciudad no significaba precisamente un alivio.

—Escuché que estaban buscándote —agregó ella después un prolongado silencio.

Por fin el azabache reaccionó, se acercó más a ella con cierta angustia. Parte de él se calmaba al saber que no le hizo daño alguno, después de todo estaba frente a él en una sola pieza. Pudo haber sido peor. Comprendió la actitud extraña de la pelirrosa que Kiba mencionó.

Trató de tranquilizar su propia desesperación. ¿Qué hubiera pasado si en vez de toparse con Obito hubiera sido con Fugaku?

Caos.

No podía permitir eso.

—Espera aquí con Kiba, regresaré en un rato —le pidió conteniendo la gravedad de su voz dando media vuelta, se detuvo abruptamente en medio del umbral, dudando.

Pensar que le puso haber sucedido algo mientras no estaba cerca le ponía más nervioso.

Y sin antes de haber tocado su rostro como quería…

Dio pasos firmes hacia ella. Su mirada preocupada caló en él, estando a un palmo de distancia, estiró su mano para acariciar el contorno de su rostro. El sonrojo de Sakura acudió rápidamente a sus mejillas, entreabriendo sus labios.

¿Cuántas veces había pensado en tocarla de esa manera?

Tuvo que hablar para excusar sus acciones.

—No tienes que angustiarte, todo estará bien —le aseguró, a pesar de que ella tenía la piel ligeramente fría, la sentía caliente.

Sakura le sonrió con la boca cerrada, con la cara más roja.

—Sí.

La miró a los ojos unos segundos más y se alejó rápidamente. Bien, fue suficiente para él. Sabía que de ida a la alcaldía estaría regañándose internamente por lo que hizo, por permitirse acercarse más a ella, pero ya estaba hecho.

Le ardía los dedos. Contrajo la mano sobre su pierna.

Vio a Kiba pasar aburrido los canales de la televisión.

—Kiba, quédate con ella otro rato —ordenó mientras se colocaba la chaqueta que dejó sobre el sillón—. Tengo que ver a Kakashi.

—Por supuesto jefe… ¿vendrá alguien?

—Karin, pero hasta la noche.

Mientras caminaba al estacionamiento su mente estaba hecho un caos en otras cuestiones, simplemente le parecía bizarro los recientes acontecimientos.

Primero, el inminente peligro de Sasori, varias veces los Lobos habían reportado captar el olor tardío en alguna zona que Sakura estuvo, a un rango promedio. Demasiado cerca para su gusto. Lo cual surgía una pregunta: ¿qué demonios esperaba para atacar?

Tampoco lo ansiaba, pero no encontraba la lógica en sus acciones sigilosas.

Lo segundo y tan incrédulo era sobre la aparición de la persona que no quería ver en estos momentos. El sujeto que ayudó a Sakura en los baños en el centro comercial no podía ser un aliado, jamás. No era una coincidencia que presintiera a un encuentro con la chica.

Y lo tercero la llegada de Obito, su tío, a la ciudad. Él era como un consejero para una persona en particular: Fugaku. ¿Su supuesto progenitor estaría en la ciudad?

Le daba rabia y los nervios a la vez. Todo era muy peligroso.

Parecía como si todo su pasado se hubiese puesto de acuerdo para reaparecer a este punto de su vida, colmándole la paciencia y poner a prueba su capacidad en pensar e idear planes.

Dándole una patada en su serenidad, de la que había gozado hace unos meses, solo preocupándose de que Akatsuki no la encontrara.

Pero ahora el estrés le daba mella.

Si Akatsuki la atrapa la matarían.

Si la persona que la ayudó sabe que es ella de él, no dudaría en jugar en su contra.

Y Si Fugaku descubría quién era realmente Sakura no tendría piedad en aniquilarla.

Por ahora debía consultarlo con Kakashi apartar a Sakura de todo y buscar un lugar seguro para ella, dónde nadie pudiera alcanzarla.

Dónde estaría a salvo.

Pero, a estas alturas, si Tokio no era ese lugar seguro, ¿a dónde irían?


Sakura seguía afectada por el toque de Sasuke. Frotándose la mano en su mejilla, no paraba de escuchar su corazón acelerado, Kiba de seguro notó su extraño comportamiento, pero no dijo nada al respecto.

Se lo agradeció en silencio, no hubiera encontrado como explicarle lo que sentía.

—Diría que es una lástima que Sasuke no estuviera, pero su ración ahora me pertenece —decía Kiba sin parar de devorar la comida.

La pelirrosa no pudo evitar reírse ligeramente.

—¿Todos los licántropos son iguales de tragones? —preguntó recordando las cenas colectivas a las cuales había asistidos con algunos miembros de la manada en sus nuevas casas. Devoraban todo el banquete servido en la mesa con entusiasmo.

El único que había visto moderarse era, por supuesto, Sasuke. Parecía necio a seguir la regla y prefería comer lo debido según sus parámetros.

—Nuestro metabolismo es más rápido que el de los humanos y necesitamos más comida para satisfacernos —se excusó con una mueca—. Pero no soy el único, tu debiste comer demasiado para crecer así en tan poco tiempo.

—¿Eh? —preguntó, desconcertada. El Sushi se le cayó de sus palillos al plato—. ¿A qué te refieres?

—¿Cómo a que me refiero? ¡A tu apariencia de niña, por supuesto! —exclamó como si no lo entendiera.

—Tú no estabas ahí para ver cómo era de niña —rebatió, confundida.

Kiba se rio un momento.

—Por supuesto que no. Más bien, lo vi en los recuerdos de Sasuke una ocasión que los dos estábamos en nuestra forma lobuna. Ese día estaba pensando en ti, de cómo te veías cuando tenías unos cuatro años, ¡parecías una niña de ocho! —exclamó, sorprendido.

Normalmente para un Mestizo de sangre Vampírica tardaría más en desarrollarse en apariencia debido a que los Vampiros en general se quedan congelados en su apariencia en el momento que son convertidos. Se llegó a la conclusión que en el caso de Sakura se debía a la mezcla con los Haruno.

Sakura frunció el ceño, consternada.

—¿Cómo sabe él eso?

—Ah, ¿no lo sabías? —preguntó, mirándola sorprendido—. Después de la muerte de Mikoto-san, Sasuke seguía afectado y estaba más huraño que de costumbre. Entonces Kakashi-san lo llevó con él a lo que quedó de Jiyu. Ahí vivías con tus padres, y ellos se quedaron un tiempo por allá. Pero después…

Se quedó callado al darse cuenta la metida de pata que hizo. Se suponía que Sakura no debía saber eso, pero estaba tan ameno con ella y la confianza de camaradas que habían generado que no lo pensó realmente.

La miró, indeciso, ella le incitaba con la mirada a seguir hablando.

Suspiró, de todos modos, ya lo dijo.

—… La aldea fue atacada y reducida a cenizas. Se separaron de nuevo por aquella época y no se supo nada de ustedes.

—Eso último si lo sabía —dictó la pelirrosa dejando caer los hombros—. Fue cuando comenzó la búsqueda de mi tío para encontrarnos.

Pero ignoraba por completo que Sasuke haya sido parte de su pasado. Hasta ahora le había dicho que Kakashi lo contactó para ayudar con su búsqueda, pero jamás que la conoció antes del ataque. ¿Por qué se lo ocultaba?

Apretó los puños sobre la mesa. ¿Fue tan desagradable su presencia al principio para renegar de sus recuerdos? Intentó que no le afectara, el pasado estaría ahí. Ahora él no parecía renuente al hecho de estar cerca de ella como al principio ni se quejaba.

Sin embargo, la preocupación residió en ella. ¿Por qué no podía recordar mucho al respecto? Tampoco es que se hubiera forzado para hacerlo…

Suspiró, ansiosa.

—Bueno, podemos decir entonces que comía mucho antes porque creía más rápido —bromeó intentando que Kiba olvidara el tema.

El chico sonrió agradecido. Seguramente no le diría nada a Sasuke que le contó sobre ello.


15 de junio.

Las medidas que se tomaron al respecto a las recientes apariciones fue que Sakura no asistiera un tiempo a la escuela hasta que determinaran si era seguro. A esto no se había quejado en lo absoluto, lo que sí le desánimo un poco es que Sasuke tuvo que pasar menos tiempo con ella por precaución y se le asignó a los otros Uchiha protegerla.

En sí no le molestaba convivir con Hikoro e Itachi, le daba la oportunidad de conocerlos mejor. Sin embargo, cada vez que veía a Sasuke partir le traía cierta angustia, sabía que se alejaba por su bien. Sus ansias se calmaban cuando le enviaba mensajes para saber de su día, y cuando se veían le esbozaba una sonrisa alegre.

Él no tardaba en ablandar su semblante.

A pesar de que hace unos días le molestó la idea de que le ocultaba el hecho de que antes se conocieron, dejó de mortificarse con ideas absurdas. Sasuke parecía a gusto a su lado, no se sentía que se forzaba a hacerlo. Así que dejó sus dudas de lado estimando el momento indicado para preguntarle.

Aprovechó el tiempo que pasaba con los hermanos Uchiha para pedirle a Itachi que le ayudara a manejar el agua, un elemento que parecía haberla aceptado. En cuando se los comentó, Hikoro parecía complacida y un tanto sorprendida.

—El agua es más difícil que la tierra —dijo Hikoro—. Tienes un moderado control de la tierra debido a tu fuerza bruta, pero el agua tienes que mantener una mente tranquila o podría descontrolarse.

De los tres, Itachi manejaba a la perfección el agua y fuego, en el caso de Sasuke, el fuego, y el rayo que todavía se le dificultaba; y Hikoro solamente el fuego lo cual podía entenderlo a voluntad con su abanico de acero.

Así que, teniendo en cuenta que su tío le ayudó a controlar la tierra, Itachi se ofreció a medida mientras estuviera aquí, y cuando pasaran a la siguiente fase tendrían que extender su campo de práctica.

Por el momento estaba en el baño, intentado elevar el agua de la tina. Escuchaba las indicaciones de Itachi detrás de ella.

—Mantente tranquila con respiración compasada y no pienses en nada más —decía cruzado de brazos, observando a la chica mover poco a poco su mano temblorosa, a la par, la capa de agua iba elevándose—. Así… no levantes bruscamente la mano o romperás tu concentración.

A pesar de que no era un enorme esfuerzo físico como la tierra, la frente de Sakura estaba perlada de sudor y trataba de regular su respiración, similar a cuando patean su estómago y la dejan sin aire. Con los dientes apretados, fijó la vista en el agua que temblaba.

Un poco más y…

Estiró los dedos y el agua regresó a la tina salpicando el suelo a su alrededor. Estaba descalza, sintió la frescura y lo agradeció de momento, aunque apretó los puños, frustrada por no haberlo logrado.

Itachi le dio unas palmaditas en la cabeza.

—La perseverancia y disciplina ayuda a perfeccionar técnicas —le dijo a modo de consuelo.

Una sonrisa cansina se sitúo en Sakura, recordando el mismo concepto a palabras de su tío en cuanto se quejó al principio de sus nulos avances: la perseverancia hace al buen guerrero. Y lo comprobó tras ver los resultados de sus entrenamientos.

De cierta forma se sentía más… empoderada sin rayar lo altanera y egocentrismo, más bien… porqué creía que podía defenderse moderadamente si alguna vez la atacan desprevenidamente. Por lo menos evitaría una muerte súbita.

—Lo sé, y la paciencia es su complemento…

—¡Sakura, Itachi! Ya está lista la comida —avisó Hikoro desde afuera a medio grito.

Ambos se miraron con una sonrisa extraña.

—¿Qué habrá preparado hoy? —preguntó Sakura caminando hasta la cocina un poco renuente, los varones de la casa les contagiaron el temor a las comidas de Hikoro.

—Creó que estaba experimentando con la pizza… —comentó no muy seguro el pelinegro.

La chica suspiró resignada yendo detrás de él. Sumergida en sus pensamientos captó un rico aroma que le abrió más el apetito.

Al llegar a la cocina observaron a Hikoro que terminaba con sus retoques de aderezos, les daba la espalda. Dejaron las dudas de lado y se sentaron en sus lugares respectivos, ansiosos y preocupados a la vez, pues todo parecía apetecible e incluso el olor…

—¿Le habrá sucedido algo? —le preguntó a Itachi inclinándose un poco para hablar en susurros.

—De seguro no ha tenido un buen día —le respondió con otro murmullo y parecía muy convencido.

—No estoy teniendo un mal día, a excepción que odio los hospitales y tendré que ir con Tsunade-sama por la tarde —intervino Hikoro provocando que ambos se sobresaltaran y la miraran con una sonrisa inocente. Entornó los ojos dejándose caer en la otra silla dejando dos platos con pastas de extraño color—. Así que sólo decidí cocinar ahora para festejar.

—¿Festejar? —Los dos la miraron extrañados.

—¡Sí! Festejar los progresos de Sakura-chan —alegó la de ojos cafés con una gran sonrisa, sirvió sus bebidas a cada quién y levantó la suya en un intento de brindis—. Hay que brindar por esto.

La aludida se sorprendió en cuanto la escuchó, ¿festejar sus avances? De cierto modo, también sabía de sus logros. Podía contarlos con los dedos de una sola mano porque en realidad no eran demasiados, pero sí los suficientes para sentirse orgullosa de sí misma. Gracias a la ayuda que todos les brindaban lo hacía posible.

Aún le faltaba dominar completamente la puntería con el arco y más en combate, pero lo lograría, sabía que lo haría.

Sintió sus ojos cubrirse de lágrimas, emocionada a que Hikoro hubiera cocino especialmente para ella. Y ahora que observaba mejor los ingredientes de la pizza casera, vio champiñones y del otro lado el pepperoni, los dos complementos que le gustaban en una pizza.

Le sonrió de oreja a oreja, su felicidad rebosaba hasta los poros.

—Hikoro-san… muchas gracias por esto —dijo sinceramente.

—Te mereces esto y más. Hubiera hecho otra cosa más laboriosa, pero tengo que ir al hospital en un rato —se disculpó y después retomó su sonrisa—. ¡La próxima vez haré hamburguesas!

Itachi tomó su vaso y lo extendió a su dirección.

—Brindemos por Sakura.

—¡Por Sakura-chan! —exclamó emocionada Hikoro.

Los tres chocaron vasos y se propusieron a degustar. A la primera mordida temerosa, Sakura masticó con una cara de incredulidad por el sabor de la pizza y miró a la mujer con ojos muy abiertos. Por su lado, Itachi casi lloraba de felicidad por haber vivido hasta este momento en que su hermana aprendió a cocinar impulsada por un deseo.

—¡Está delicioso!

—Hermana, gracias al cielo que por fin cocinas algo decente. —Itachi casi la abraza si no fuera por la mesa que se interponía entre ellos—. Ya era hora que dejaras de utilizarnos como conejillos de indias.

—¡Ja! Soy una Uchiha, nada me puede salir mal —replicó con el ego hasta las nubes por los elogios.

Sakura rio suavemente mientras devoraba cuidadosamente a la rebanada de pizza con extra-queso, curioseando, le puso varios aderezos que picaban, nada la detenía en ese momento.

—Lo que me sigue sorprendiendo es la habilidad de Sakura-chan —comentó Hikoro mientras masticaba cuidadosamente. La aludida la miró extrañada—, has controlado a medida la tierra en poco menos de dos meses.

Parpadeó, consternada deteniéndose en llevar la rebanada de pizza a su boca.

—¿Debería tardar más?

—¿Qué sí deberías? —preguntó Itachi de forma retorica—. A los Cazadores nos toma alrededor de unos meses familiarizarnos con el elemento, el tiempo que aprendes a controlarlo varía de cada persona.

Sakura seguía mirándolos sin comprender demasiado, hasta que lo analizó desde su punto de vista. Si los Cazadores tardaban más… ella, que era Mestiza, ¿no debería ser el doble de tiempo? La duda en su rostro incitó a Hikoro para responder de sus suposiciones.

—En lógica debería ser lo que piensas con los Mestizos, pero es otra incógnita más —explicó limpiándose los dedos con una servilleta—. No todos los Mestizos con sangre de Cazadores heredan su afiliación con la naturaleza, y es mucho menos con dos elementos. Creemos que tiene algo que ver con la línea dominante.

—¿Línea dominante? —Aún había términos que a Sakura la costaba entender.

Itachi asintió.

—Así nos referimos cuando una mitad es más poderosa que la otra. En ti, tras la aparición de los elementos, podemos asegurar que tu lado Cazador predomina sobre la sobrenatural la mayor parte del tiempo. Aunque eso no explica por qué aprendes más rápido, quizás está ligado con tu sangre Vampírica.

Con otro pedazo en mano, Sakura se cuestionó sobre esa incógnita aplicado en ella. Hasta ahora y gracias a las pastillas no había desatado su sed de sangre, ¿se descontrolaría en cuanto se acaben o mantendría una compostura? La naturaleza de los Cazadores era proteger a los Humanos, la del Vampiro era matar a los Humanos para obtener su sangre.

Si ella tenía esas dos posibilidades, Sasuke…

—¿Y Sasuke? Tiene dos elementos naturales y los controla bastante bien su sangre de Cazador —Miró a ambos hermanos con duda.

Pero ellos se miraron entre sí con una expresión que escondía un trasfondo alarmante.

—Primero dominó la transformación de Lobo y después el fuego y después con el rayo —explicó Itachi apoyando los codos en la mesa—. Lo retrasó un poco porque a él no le gusta utilizar la naturaleza que está ligada a los Cazadores pase a que es la que predomina. Se apega más a su lado Sobrenatural.

—¿Por qué? Si es demasiado útil los elementos —preguntó Sakura sospechando la razón, pero quería confirmarlo con ellos.

Hikoro apretó los labios antes de hablar.

—Porque heredó su lazo Cazador de nuestro padre. Y Sasuke lo odia porque…

—Mató a mi madre.

La repentina aparición de Sasuke heló a todos por igual, Sakura casi se atraganta con el pedazo que masticaba, y si no fuera porque el azabache no hubiera alcanzado el vaso con agua ya estaría en el suelo asfixiándose. Bebió casi desesperada y después lo observó tomar asiento en la silla vacía de su lado.

El hecho que lo dijera con una voz fría y monótona le erizaba los bellos de sus brazos. Era como si estuviera acostumbrado a decirlo o a repetírselo constantemente.

Y lo sabía. Sasuke había mencionado el odio hacia su padre en varias ocasiones, repudiándolo con todo su ser. Al principio creyó que se trataba por el simple hecho de que era un Cazador, pero… estaba tan equivocada.

Un nudo se formó en su garganta al mirarlo, sus ojos negros parecían más oscuros y densos. Tuvo ganas de abrazarlo por el dolor que rebosaba su mirada. Se contuvo y volvió la vista a un punto en la mesa, apretando los dientes intentando contener sus lágrimas por lo trágico que era.

Le dolía ver el rencor y odio en los ojos del joven. Tan turbios y desgastados por esas emociones.

No dijo nada más, no le parecía correcto. La tensión era tan palpable que se sentía cada vez más diminuta entre las miradas que se lanzaban los tres. Ella no tenía cabida ahí.

—Eh… Sí sabía que eran de diferentes madres… —intentó desviar el tema sutilmente.

—De echo somos cuatro hermanos —dijo Hikoro volteando a ella, tal dato la sorprendió. El rostro de Sasuke mostró desagrado—. Itachi y yo somos de la misma madre, años después mi padre se casó con otra Cazadora y tuvieron a nuestro otro hermano, Sai. Y el más pequeño es Sasuchi.

El aludido le dirigió una mirada fulminante.

—No me trates como un niño, ya no lo soy.

—Pues a veces lo pareces por lo infantil que te comportas con todo eso de la venganza y el odio.

Unas palabras que dieron en el clavo, por primera vez Sakura presenciaba como los ojos de Sasuke cambiaban a unos carmesí con aspas. El famoso Sharingan pertenecientes a los Uchiha, por el cual muchos temían a ese linaje de Cazadores.

Se encogió más de hombros.

Hikoro no apartó la mirada, de un momento a otro se hablando hasta llegar a un punto de expresar tristeza.

—Lo dices porque Fugaku no mató a tu madre —refutó Sasuke con voz trémula.

La sonrisa de Hikoro fue falsa.

—Por lo menos tú sí conociste a tu madre, yo no tuve esa dicha —sentenció ella.

Inmediatamente el ambiente se tornó más pesado y cargado de tensión. Itachi y Sakura se miraron de reojo. La ojijade estaba encogida en su lugar sin mover ningún sólo músculo, sentía que le dirían algo si se movía o tan sólo respiraban fuertemente, tragó grueso intentando no hacer mucho ruido.

Se sentía en medio de una trinchera y el primero que hablara se llevaría el golpe.

De pronto, Itachi aplaudió un par dos veces frunciendo el entrecejo mirándolos a ambos con desaprobación. Sakura le agradeció con la mirada.

—¿Pueden detenerse? Estamos compartiendo la comida para celebrar el progreso de Sakura, no a tratar nuestros problemas familiares —dijo sin necesidad de alzar la voz, un severo regaño fue lo suficiente para que ambos Uchiha bajaran los hombros y pusieran una expresión culpable a su manera.

Hikoro suspiró y tomó la mano de la chica sonriéndole culpable.

—Disculpa, Sakura-chan. Fue grosero de nuestra parte discutir de un tema delicado cuándo estamos comiendo.

—No tienes que disculparse… —creó, agregó en su mente sumamente nerviosa.

—¿Sasuke? —advirtió Itachi sin quitarle la mirada de encima al menor.

El aludido apretaba la mandíbula y la miraba fijamente, para Sakura esa expresión era lo más cercano a una disculpa que presenciaría de él. Aceptó las disculpas que seguramente no diría en voz alta, sonrió a medias y siguió devorando las rebanadas de pizza que aún le faltaban.


Lugar desconocido.
Tarde.

La paciencia no era un rasgo que Izumi poseyera. Más de una ocasión había sido un grave problema a su temperamento, se lanzaba en contra a los acontecimientos previstos y esta vez no sería la excepción a su regla.

Sasori le dijo que pronto traería a Haruno Sakura frente a ella, pero los días siguen pasando y no hay noticias nuevas. Se impacientó completamente, y Konan podía asegurar que nada bueno vendría de sus impulsos, creía fieramente que mandaría a destruir la ciudad con tal de hacer aparecer a Sakura.

En ese caso era la encargada de retenerla y hacerle entrar en "razón"; ese era el trabajo de Sasori —no por nada era el favorito de Izumi—, pero él no se encontraba ahí. Así que todo recaía a ella, su papel rolaba en mantenerla a raya sin que afectara los objetivos de Akatsuki y una de ellas era obtener a Haruno Sakura con vida.

—Izumi, todavía quedan un par de días —espetó Konan.

La mujer le dirigió una mirada letal mientras se incorporaba sobre su estatura.

—Ya no quiero esperar. Él me está presionando y tú mejor que nadie lo sabe —contradijo Izumi moviéndose al otro lado de la habitación en busca de sus armas.

Konan no dijo nada. Claro que lo sabía, si cometía alguna imprudencia, él no tendría contemplaciones en hacerlas desaparecer de la faz de la tierra. Suspiró después de unos segundos.

Después de observarla colocarse sus armas, un minotauro salió al costado del pasillo anunciando la llegada de Deidara y Kisame. Izumi pareció recobrar parte de su buen humor y los recibió. Los Demonios cruzaron el umbral, el rubio no tardó en darle el informe completo conforme a su misión.

—Y sobre la misión extra que me encomendaste, encontré esto —dijo Kisame sacando de su bolsillo un pedazo de papel cual le extendió con una sonrisa socarrona.

Izumi enarcó una ceja, intrigada. La misión extra trataba de recolectar información de los familiares vivos de Sakura; teniéndola a ella fuera de la partida, debía seguir con los demás para descartar futuros problemas. Erradicar a todos con sangre Haruno era su siguiente objetivo.

Lo que le dio Kisame fue una fotografía de una chica de cabello castaño fuera del hospital, desde ese ángulo se podía apreciar su perfil derecho y que caminaba a cierta dirección. Le lanzó una mirada al demonio cuestionándole mudamente.

—Te interesara saber que es la prima de Sakura. Aunque todavía no verificamos su procedencia —dijo, observando como la mujer se interesaba cada vez más y una sonrisa ladina enmarcaba su boca—. Extrañamente su aura en azul.

—¿Azul? —preguntó intrigada. Y abrió los ojos—. Por supuesto, hay excepciones de nacimientos. Esos casos raros dónde la sangre humana predomina que la del Cazador —asintió tras responderse.

Colocó bien la espada en su cintura y bajó los escalones para acortar distancias. Frente a Kisame parecía una pequeña chica indefensa, pero ellos le debían respeto por el simple hecho de ser su líder a cargo y más poderosa. Le entregó de vuelta la fotografía.

—¿Cómo no nos dimos cuenta de ella antes? —preguntó dirigiéndoles una mirada de reproche.

—No porta el apellido Haruno, sino el de su difunto esposo, Fujioka —se justificó en un tono grotesco—. Además, ¿qué relevante es esta humana?

—Nada, en realidad. Tengo curiosidad del alcance de su poder. Así que tú y Konan vayan a capturarla. Deidara, Tobi y yo iremos con a buscar a Sasori y ayudarle a capturar a Sakura. Parece que no puede hacerlo solo.

Konan le dirigió una mirada pesada.

—Izumi, será mejor que vaya contigo.

—¿Por qué? ¿Temes que arruine nuestros planes? —preguntó en un tono tranquilo. La sonrisa que surcó en su rostro fue siniestra—. No la mataré… por ahora.

Sin más que agregar, Izumi hizo un ademán y se encaminó a la puerta siendo seguida por Deidara, que le lanzó una mirada discreta a Konan que parecía turbada por sus acompañantes.

El rubio siempre tenía la necesidad de explotar todo a su alrededor e Izumi era letal, el único "cuerdo" era Tobi, pero él ni siquiera se involucraba demasiado.

Los vio desaparecer por el inmenso pasillo de la fortaleza. Cerró los ojos y suspiró, el Demonio azulino le dirigió una sonrisa burlona.

—Andando, Kisame.


Sasuke se sentía un poco estúpido…

Bien, no sólo un poco. De hecho, mucho.

Vociferar a sus hermanos en contra de su padre a que asesinó a Mikoto era normal para ellos que ya estaban acostumbrados a su brusca actitud; en ocasiones lo decía tan frívolo con el fin de que no le afectara demasiado el hecho en sí, todavía dolía pensar de nuevo que su madre ya no estaba en el mundo y jamás volvería a verla.

Pero tener una disputa así frente a Sakura era otro nivel.

De antemano supo que le perdonó de inmediato con esa mirada, últimamente perdona fácilmente incluso a los que le atacan verbalmente en la escuela. Aunque no haya sido una situación que lo mereciera.

Y lo aceptó.

Dio por hecho unas disculpas mudas y siguió con lo suyo.

¿Qué más podría afectarle?

Y lo cierto es que se sentía más confundido al respecto, ¿cómo algo tan cotidiano para él le afectaba de esa manera? Se preguntaba una y otra vez mientras esperaba a la chica, recargado en el coche con los brazos cruzados mirando fijamente la puerta del edificio.

La respuesta llegó abruptamente en cuanto la vio salir de nuevo, envuelta vestida casualmente para ir al centro comercial. Con una blusa ligera de color azul pastel de manga corta, unos jeans de mezclilla —trató de no mirar mucho sus piernas— junto con unas zapatillas deportivas y sonriendo alegre como si se hubiese ganado la lotería todos los días.

—Ya estoy lista, Sasuke —dijo ella deteniéndose frente a él con las manos detrás del pantalón.

El azabache asintió solemne, despejando sus pensamientos. Estando con ella trataba de no escarbar en terrenos peligrosos para no verse expuesto.

Se giró y le abrió la puerta del copiloto permitiéndole el paso, no lo hacía porque fuera un caballero, sino, todo lo contrario.

Era para ver el sonrojo en las mejillas de Sakura cada vez que hacía un gesto así o se acercaba demasiado. En secreto gravaba en su mente la reacción y esbozaba una sonrisa de lado, provocando que desviara sus ojos jades y entrara rápidamente al coche.

Disfrutaba ponerla nerviosa.

Una vez incorporado en la carretera, se permitió mirarla más.

—¿A quién irás a ver al centro comercial?

Sakura le había pedido que le acompañara con tanta insistencia, al principio se negó por el peligro que representaba, pero después lo metido un rato. Sobre todo, por el motivo de su salida, al parecer se encontraría con una amiga, lo cual le intrigó.

Que supiera ella no tenía amigas a excepción de Karin, Hikoro y la chica del Ichiraku cuyo nombre no recordaba.

—Te pedí que vinieras para que la conozcas. Kiba ya lo hizo —dijo mientras revisaba su celular.

Sasuke trató de hacer memoria a uno de los reportes verbales que le dio Kiba respecto a esa ocasión y no tardó en recordar. Una Mestiza que conocieron en un Café y al instante se autoproclamo amiga de la pelirrosa, hasta ese punto sonaba demasiado sospechoso.

Y no dudó en expresarlo.

—Es muy sospechoso que hayas conocido a una Mestiza.

—Sabía que dirías eso —rectificó guardando el celular en su bolsillo y se giró a él sacando un dedo—, por eso te pedí que vinieras conmigo para que la conozcas. Te aseguro que no es peligrosa.

Bufó no muy convencido.

—Eso lo dictaminaré yo.

Sakura le devolvió el bufido y se dejó caer contra el respaldo, con él no podía ganar una batalla de palabras, pero aun así lo intentaba a pesar de que sería en vano.

—Hasta ahora no ha hecho nada, siempre nos encontramos en lugares con mucha gente y Kiba me acompaña.

—Ah, entonces no es la segunda vez que la frecuentas —espetó él apretando el volante y entrecerrando los ojos—. ¿Por qué diantres Kiba no me mantiene informado?

La risa femenina dio una respuesta por si sola, y no faltó ser un experto para saberlo: Sakura le había pedido a Kiba que no le dijera nada al respecto.

—Sakura —advirtió en voz baja.

—¿Qué? —respondió inocentemente—. Yo le dije que podía decirte si le preguntabas.

Claro, ¿cómo iba a preguntarle por algo que no sabía de antemano?

Detuvo el auto en semáforo rojo y se giró a ella, seguía sonriendo de forma inocente, como si no hubiese cometido ninguna travesura. No era propio de ella ser tan confiada con una persona en particular, por eso le sorprendía que se lo haya ocultado.

—¿Por qué me lo ocultaste?

De inmediato Sakura compuso una mueca culpable.

—No lo hice porque no confiara en ti. Sabes que incluso pongo mi vida en tus manos, pero últimamente eres muy…

—¿Muy? —Le incitó acercándose más a ella.

Poniéndola nerviosa de nuevo conseguía que le dijera la verdad. Sus mejillas se colorearon ligeramente y habló rápidamente.

—Sobreprotector.

Sasuke enarcó una ceja y desvió la mirada, sorprendido por su respuesta tan inesperada.

¿Qué era muy sobreprotector? Por supuesto que n…

Se mordió la lengua.

Diablos. Hasta ahora no lo había notado por sí sólo. Se enfocaba de hacer para Sakura un entorno más seguro, él mismo convenció a Kakashi que era necesario que fuera la preparatoria junto a ella para cuidarla, o que nunca estuviera sola cuando saliera del departamento. Sea con él o con alguien más.

Incluso la entrenaba más de la cuenta, llevándola más allá de sus límites para convencerse que le daba las herramientas para que en ningún momento estuviera desprotegida.

No tuvo cabeza para renegarlo por dos segundos hasta que habló muy seguro.

—Te imaginas cosas.

—No me las imagino —rectificó con una sonrisa astuta—. Sé que te preocupas por mí, y te lo agradezco. Pero últimamente pareces paranoico, como si medio mundo quisiera matarme.

Ni te lo imaginas, pensó él apretando las manos al volante. Por otra parte, a estas alturas no pudo negar que se preocupaba por ella, pero tampoco lo admitiría de nuevo abiertamente.

Cerró los ojos, rendido. Y acercó más el rostro a ella, desviándose a su oído para susurrarle:

—Tú ganas.

La sintió estremecerse.

Podría haberle concedido la victoria por esa ocasión, pero él se llevaba la satisfacción de verla completamente abochornada por su cercanía, pensó que se veía adorable con esa mirada nerviosa, dientes apretados y cara roja.

Sí, valía la pena dejar de lado su orgullo para obtener esa vista.


Hospital General de Tokio.

Kakashi salía del consultorio de Tsunade cuando se topó con Tenten en el pasillo, le sonrió bajo la máscara y no dudó en acercarse a ella. Siempre le alegraba verla, de hecho, quería fortalecer su relación familiar, con Sakura no había tenido problemas, su sobrina lo adoraba y se lo demostraba cada vez que lo veía al abrazarlo con fuerza.

Con Tenten… a pesar de ser primos lejanos o eso creía. Tenía muchas dudas al respecto de su origen y a que Rama pertenecía, sobre todo por el color azul de su aura. Entre los Cazadores no era tan común, más bien, raro. Y a esos Cazadores con ese color de aura se le denominaban como Adameo.

Quería enseñarle como a Sakura a controlar ese poder que tenía oculto.

Y para ello debía hacer que confiara más y más en él.

—Tenten, me alegra verte —dijo sonriéndole.

La chica le devolvió el gesto.

—Lo mismo digo, ¿viniste a ver a Tsunade-sama? —preguntó curiosa.

—Hay asuntos que tratar conforme a unas alianzas, pero todavía no está resulto nada. —Al parecer eso le frustraba un poco, lo demostró en sus ojos, empero, no tardó en recomponerse—. ¿A que hora terminaras hoy? Quiero invitarte junto a Sakura a cenar.

Tenten lo miró con extrañez.

—¿A cenar?

—O preparar comida. Hace un par de días que no veo a mi sobrina —dijo como excusa, aunque era cierto, los deberes que atendía le alejaban un poco de su interacción con Sakura—, también puedes venir con nosotros. Y si lo que te preocupa es Sasuke, no vendrá con nosotros, sé que no te agrada.

—Bueno… no es que me agrade demasiado, pero lo soporto. Sé agradecerle por protegernos —desvió la mirada un momento y después volvió a sonreír—. Bien, le mandaré un mensaje a Sakura. ¿A las nueve está bien?

—Perfecto. —Asintió y le dio unas palmaditas en la cabeza—. Está noche será cena familiar.

Tenten lo vio alegrarse, lo despidió con una mano y siguió su rumbo a recepción para dejar un reporte a su superior pensando que era una excelente oportunidad para preguntarle muchas cosas. En cuanto dobló por una intersección, casi se va de espaldas cuando dobló en una intersección y se topó con Neji.

—¡Oiga! —exclamó irritada—. No se pare a allí o se topara con alguien más.

Neji le dirigió una mirada entrecerrada, de esas que a Tenten le colmaban la paciencia. Ella no estaba de humor para seguir soportándolo. A estas alturas podía predominarlo como un acosador, de repente aparecía en su vista y no dudaba que la espiaba.

No había querido decirle a nadie para no alarmarlos, no quería estar como Sakura que la acompañaban a todos lados. Pero si esto seguía así… tampoco hacía algo indecente, simplemente la atosigaba con preguntas.

—Fíjate por dónde caminas —le dijo Hyūga.

—¡Ja! Resulta que debo ver dónde camino, que insufrible es —expresó pasando de largo.

No tardó en escuchar las pisadas del joven detrás de ella. Lo miró de reojo.

—¿Me dirás entonces la verdad?

—Ya te dije que no sé "a que verdad" se refiere —repitió como grabadora. Siempre le decía esa frase para evadirlo.

Neji se quedó callado, y a Tenten le pareció extraño ya que normalmente se soltaría a decir que le decía mentiras. Se giró un poco a él, enarcando una ceja en duda.

—¿Cuándo dejaras de tratarme de usted? —preguntó él de pronto.

A la joven le pareció incrédulo que preguntara algo como eso, entornó los ojos y siguió su camino.

—¿Por qué me sigue? Imagino que tiene muchas cosas que haces, por algo está en la ciudad —volvió a evadirlo sin mucho éxito, con la mirada al frente apresuró el paso.

—Mi misión es recolectar información —reveló, aunque no le sorprendió a la chica—. Por eso yo…

No terminó su oración. Se detuvo abruptamente abriendo sus ojos de par en par y rápidamente jaló a la chica hacía él para retroceder, Tenten iba a replicar, pero de pronto la pared frente a ella se destruyó. El estruendo se escuchó en todo el hospital.

Apenas pudo ver algo entre la capa de polvo que se levantó en el lugar. Estaba rodeaba por los brazos de Neji que la sostuvieron mientras retrocedían.

—¿¡Qué diantres fue eso!? —exclamó ella asustada.

Neji activo el Byakugan para mirar a través del polvo y los escombros. Visualizó sin mucha dificultad las dos siluetas de color café de pie en el agujero que hicieron, diferenciándolos como Exoctis por el color de sus auras.

Retrocedió dos pasos más sin soltar a Tenten.

—Son Demonios Exoctis —replicó apretando los dientes.

Tenten se puso pálida al escuchar sus palabras.


Sasuke observó a Sakura caminar por el centro comercial, emocionada por encontrarse con Ali, le hizo considerar seriamente el efecto que tenía la mujer sobre ella, en realidad parecía feliz del próximo encuentro. Se sintió bien por Haruno, cada vez parecía recuperar los retrasos de una vida que le fue negada.

Lo que la mayoría de los Mestizos nunca obtenía.

Y proteger aquella sonrisa que se aviva cada vez era su objetivo. Así que vería objetivamente a la mujer y si determinaba que era un peligro potencial no dudaría en ponerla a salvo.

Se detuvo un momento tras analizarse y darle la razón a Sakura en que estaba siendo sobreprotector, tampoco quería negarle el hecho de que conviviera, era una persona, no una muñeca de porcelana a la que tenía que privarle todo.

—Uhmm, dijo que estaría cerca de los baños —susurró Sakura leyendo el mensaje.

Sasuke se mantuvo cerca, observando a su alrededor la multitud de personas que iba y venía por el enorme lugar. Sus sentidos se mantenían más alerta que de costumbre, estar en una zona con muchas personas lo confundía por los olores mezclados y los diferentes sonidos. Trataba de no revolverse con los diferentes aromas.

—Ah, ¡ahí está! —Sakura la encontró fácilmente.

Uchiha la miró caminar hasta una joven alta que fácilmente le igualaba a él en estatura, de un abundante cabello castaño y rizado, no se fijo mucho en su vestimenta porque captó cierto olor familiar en ella, ¿de dónde la reconocía? Fue su intriga a medida que se acercaba.

Ali dio la vuelta cuando Sakura señaló a su dirección y se topó con unos ojos verdes, casi parecidos a los de Sakura. Y un perfil bastante conocido vino a su mente.

Basto un segundo para reconocerla y enarcó una ceja, realmente sorprendido de que en realidad fuera él.

Se miraron unos momentos, Sakura se quedó en medio extrañada del intercambio de miradas que destilaban reconocimiento. Ali decidió aclararse la garganta, intentando dispersar el ambiente.

—Nos volvemos a ver, Sasuke —su saludo fue serio, y su voz femenina—. Creo que tendrás muchas dudas.

El aludido posó una mano a su cintura.

—Quién iba a imaginar que en realidad eres mujer, Mugennohi —dijo sin mucho interés.

—¿Mugennohi? —preguntó sin entender la pelirrosa frotándose la barbilla—. ¿No es aquel francotirador que arribó recientemente a la ciudad que mencionó Karin?

—Efectivamente.

Sakura permaneció unos segundos mirando a Ali, esta le sonrió con la boca cerrada hasta que soltó un "¡Oh!" y abría sus ojos jades debido a la sorpresa, incluso se llevó las manos a su cara, impresionada por el descubrimiento.

—¿De eso es tu misterioso trabajo? ¿Por qué no me dijiste? —Intentó que no sonara un reclamo.

Entonces Ali le lanzó una mirada fulminante al azabache que seguía aparentando desinterés.

—Iba a platicar de ello contigo precisamente, pero alguien lo arruinó —bufó, se veía irritada—. Nunca imaginé que tuvieras relación con Sasuke directamente, cuando lo mencionaron antes pensé que se trataba de otro, hay muchas personas que se llaman así.

Sakura se rio por su ocurrencia, lo decía de una forma a que se lo tomara en broma, así era la personalidad de Ali con una chispa de alegría. A pesar de la situación en la que estaba sometida, no perdía el carisma.

—De hecho, Sasuke es mi amigo, guion, protector —aclaró medio divertida al ver el ceño fruncido del azabache cuando mencionó la última descripción—. Y ha venido en lugar de Kiba para…

—Dictaminar si no eres un peligro potencial —rectificó Sasuke acercándose a ella, al tener la misma altura fácilmente podían toparse cara a cara.

—¿Peligro? —cuestionó Ali sin comprender— ¿A qué te refieres?

Entrecerró sus ojos negros.

—Lo que escuchaste. Ya te di los días suficientes para pensar en la propuesta, así que dime: ¿la aceptas o no? —Y le presionó a responder con la mirada.

Ali contrajo la mirada, esperaba la pregunta, pero no estaba lista para responder. No aún.

—Sasuke —le advirtió Sakura a su lado, él no la miró—. Viniste conmigo para dictaminar otra cosa, no para tratar este asunto delicado.

—¿Y tu seguridad no es un asunto delicado? —cuestionó él severo, Sakura no respondió—. De todas formas, si responde que no, tendrá que marcharse en una semana.

Sakura no estaba para nada contenta de cómo se estaban dando las cosas, Ali se veía demasiada presionada y turbada pensando en su respuesta, y Sasuke no hacia más que presionarla con la mirada. De antemano sabía que no debía meterse en asuntos que no le correspondían como la residencia de las criaturas que arriban a la ciudad.

Pero tratándose de Ali…

—Dejemos que lo piense otros días, ¿vale? No tiene que ser ahora…

Sasuke dejó de escucharla, de pronto sus sentidos se dispararon y su instinto le avisó del peligro inminente. De inmediato giró la cabeza en dirección contraria y después a su alrededor examinando a las personas, ¿qué fue lo que disparó sus sentidos?

De un momento a otro, se fijó a su derecha. Parecía como si tuviera un imán, bastó unos segundos para ver a la persona que se movía entre las demás, observando a su alrededor como si estuviera buscando algo…

Deidara…

Akatsuki.

¡Mierda!

Agarró de pronto a Sakura de la mano obligándola a que dejara de hablar, ella le iba a preguntar que demonios le sucedía hasta que lo escuchó hablar entre dientes.

—Akatsuki está aquí.

El miedo se disparó al escuchar el nombre de sus pesadillas, del peligro constante del cual se ocultaba día a día. Sakura miró a todos lados con desesperación, apegándose cada vez más a él, intentando descifrar las personalidades de la terrible organización, siguió la dirección a dónde veía Sasuke, pero no podía distinguir entre todas las personas.

Ali no tardó en componer una expresión analizadora mientras miraba disimuladamente a su alrededor. Su pulsó se aceleró por un instante al comprender a que se refería Sasuke.

—¿Dónde están?

—Lado sur. Cerca de las mesas, chico rubio con coleta y ojos azules, aproximadamente metro setenta —describió Sasuke a medida que buscaba una salida optima, Sakura respiraba con fuerza, tuvo que frotarle el brazo para infundirle valor y se tranquilizara—. Todavía no nos han visto, pero no tardará en hacerlo.

Se maldijo entre dientes por el enorme descuido. ¿Qué pensó en traer a Sakura en un lugar aglomerado? El sitio era un lugar de doble filo, tanto te oculta de los enemigos como te hace difíciles verlos, ahora que Deidara apareció, era cuestión de tiempo.

Alguien más debía venir con él, los miembros de Akatsuki nunca trabajan solos.

Y seguramente el otro sujeto estaría más cerca.

Un escalofrío interno recorrió su espalda y volteó de sopetón encontrándose con otra amenaza. En cuanto reconoció al sujeto cuyo cabello rojizo detrás de ellos no le faltaron motivo para querer rebanarle el pellejo, llevó una mano a su lado a punto de invocar a Kusanagi.

—S-Sasori… —murmuró alarmada Sakura retrocediendo por instinto.

La primera reacción de Sasuke fue jalar a la chica hasta quedar frente a ella y protegerla, incluso Ali, que, tras verlo de reojo, tensó los músculos y retrocedió hasta quedar a su altura y mirar desafiante del pelirrojo. Lo más extraño era que Sasori no hacía amago de avanzar o atacar y componía una expresión de urgencia.

—¿Qué demonios estás esperando para moverte, lobo sarnoso? —gruñó Sasori evidentemente enfadado.

Sin dar explicaciones, los empujó a los tres al pasillo que dirigía a los baños, dieron pasos a trompicones e intentando mantener el equilibro. Inmediatamente el azabache llevó tentativamente su mano a la cintura dónde tenía sus armas y lo miró amenazante. El ambiente se tornó tenso y cargado de negatividad.

Por alguna extraña razón el pelirrojo no atacaba.

—¿Qué diantres…? —comenzó a decir el azabache.

—No hay tiempo de hacer preguntas —dijo Sasori avanzando, a cada paso ellos retrocedían—, tienes que sacar a Sakura de aquí ahora.

—¿No vienes a secuestrarme? —preguntó Sakura sumamente tensa.

Los ojos cafés del Exocti se entrecerraron lentamente.

—Si hubiera querido secuestrarte, desde hace tiempo lo hubiera hecho —declaró, y después miró a Sasuke de forma significativa.

Él lo sabía, que siempre había estado cerca de ellos, la manada lo detectaba muchas veces en los alrededores, pero no atacaba.

Sin embargo, sus acciones no le concedían el beneficio de la duda a visión de Sasuke.

—¿Qué es lo que tramas? —gruñó a la defensiva.

Sasori lo miró exasperado.

—¿Vas a cuestionarme sobre mis acciones o sacarás a Sakura de aquí? Deidara se acerca junto a Izumi y Tobi. Y si no la pueden capturar con vida la matarán —señaló sus opciones convenciéndolo de inmediato.

Decidió la respuesta por si sólo y comenzó a adentrarse al pasillo dejándolos atrás. Los tres se lanzaron miradas de reojo, y Sasuke asintió sin más remedio. Exponerse fuera del pasillo sería una captura rápida, debía encontrar otra salida.

Aunque adentrarse al baño no era precisamente la mejor idea.

—Sakura, no te separes de mí —pidió en cuando retomaron la marcha.

La aludida asintió, acatando la orden. Seguía de cerca al azabache que las guio hasta dónde captaba el olor a Sasori, los esperaba de pie cerca de la puerta de los baños. Entrecerró sus ojos cafés y se adentró al baño de mujeres.

—Por si no te habías dado cuenta, necesitamos escapar —expresó Ali cuando estuvieron dentro, le dirigió una mirada molesta a Sasori— no encerrarnos con la posibilidad que nos acorralen.

El pelirrojo la miró fríamente.

—Hay que derribar la pared, del otro lado se conecta con los otros…

No terminó su explicación, escuchó un ligero estruendo a su lado. Al voltear de sopetón, se encontró con Sakura y su puño al aire dando un segundo golpe para derribar parte de la pared. El suelo apenas se sacudió y la pared se agrietó rápidamente hasta que cayeron los pedazos de concreto junto con una ligera capa de polvo. Se formó un hueco lo suficientemente grande para que pasaran al otro lado.

Sakura apenas fue consciente de la mirada ligeramente asombrada de Sasori, en vez de ello se enfocó en Sasuke que asintió con la cabeza.

—Andado.

Cruzaron rápidamente el agujero y salieron del otro lado del Centro comercial. Avanzaron por el pasillo y se detuvieron antes de salir completamente a la zona común. Ali miraba a su alrededor alertada mientras Sasuke y Sasori hablaban por debajo manteniendo la distancia.

—Hay que ir al estacionamiento y escabullirnos por las alcantarillas —dijo Sasori sin dejar de mirar de reojo a la pelirrosa a un lado del azabache, hasta ahora ella no le había dirigido la mirada—. No podemos dejar que Akatsuki la atrape.

—Tengo otra alternativa —intervino Sasuke—. Vamos al estacionamiento, en mi coche tengo un pergamino para abrir un camino a Hoka no Sekai. Estará segura unas horas mientras pienso a dónde llevarla.

Sasori le dirigió una mirada iracunda.

—¿A Hoka No Sekai? Por si no recuerdas ese lugar está plagado de Demonios, sería llevarla a la boca del lobo.

—Hay un escondite perfecto para la ocasión, servirá a que la oculte unos días —rebatió molesto el azabache.

Sin embargo, el otro chico seguía en desacuerdo, pero no rebatió más, el tiempo apremiaba. Tampoco era que Sasuke necesitara su aprobación.

Sasuke se giró a Sakura mientras se quitaba su gabardina y se la ponía encima, ocultando su distinguido cabello rosado. Ella lo miraba fijamente intentando disfrazar el miedo que sentía por valentía, lo veía en sus ojos, estaba aterrada. Tuvo que frotar sus brazos intentando infundirle más valor.

—Te llevaré a un lugar seguro.

Sakura asentía a sus palabras, intentando controlar el temblor de su cuerpo. Sus manos no le obedecían y flaqueaban en torno de la gabardina, todo parecía borroso y el pánico poco a poco dominaba su mente… hasta que sintió dos manos sobre sus mejillas. Cuando abrió más los ojos y enfocó la mirada, se encontró con el rostro de Sasuke cerca del suyo.

Sus ojos negros serios que escondían una promesa.

—Sasuke…

—Respira profundo y dispersa el miedo. Confía en mí, saldremos de aquí.

Por primera vez pedía que confiara en él, a pesar de que sus acciones hablaban por si solas, jamás lo había dicho directamente. Incluso ahora podía sentir la irregularidad de su voz, una que apenas se percibía, y solamente conociéndolo podía detectarlo.

Pánico.

Por ella.

Por lo que podría sucederle.

Asintió, absorta.

—Confió en ti.

Bastaron sus palabras, Sasuke retiró las manos y se giró a Ali para susurrarle el plan que sería cuando estuvieran en Hoka No Sekai, no quería que Sasori se enterara demasiado al respecto. Únicamente dejó que viniera con ellos para más posibilidades de sobresalir, no porque confiara en él.

Sin saber que Sasori había observado con la mandíbula apretada la interacción con Sakura, a este punto no pudo evitar mirar fijamente a la pelirrosa, esta tuvo el valor suficiente de serenar su rostro y hablarle por fin sin que su voz saliera quebradiza.

—¿Por qué nos ayudas? ¿No se supone que estás con Akatsuki? —preguntó seriamente entrecerrando sus ojos.

—Era parte de Akatsuki —rectificó Sasori, dirigiéndole una mirada de reojo a Sasuke—. Si quieres saber mis verdaderas razones primero hay que salir de aquí.

—Hay que movernos rápidamente, confundirnos con las personas —alegó el azabache sin darle tiempo a Sakura de rebatir a Sasori, se quedó con la boca cerrada aceptando sus palabras—. Andando.

Comenzaron a caminar a prisas entre la multitud, Ali iba al frente mirando a sus lados, detrás Sasuke agarraba la muñeca de Sakura guiándola por el camino, evaluaba las salidas buscando la más cercaba al estacionamiento.

No debían detenerse, agachar un poco la cabeza los despistaría. Sasori corría el riesgo de ser identificado rápidamente, por ello iba un poco más atrás, tratando de caminar casualmente, pero sin reducir el paso. Ningún rastro de Deidara o Izumi.

Sakura se mantenía alerta, con los nervios alterados y los oídos más finos que nunca. Escuchaba las respiraciones de su alrededor, las palpitaciones de sus corazones, las voces distorsionadas a la lejanía de las personas, las bloqueaba para que no la confundieran más.

Un silbido chispeante captó su atención, venía incluso más lejos… hacia arriba.

Alzó de sopetón la cabeza mientras se detenía.

—¡Arriba! —exclamó.

Un segundo después se propagó una explosión sobre el techo del centro comercial. Surgió un grito en conjunto de las personas, todos se agacharon ligeramente, consternados por la procedencia del sonido. Hasta que vieron como un pedazo del techo caía en una mesa seguido de otros pedazos.

Los gritos se intensificaron y las personas comenzaron a correr despavoridas, el techo comenzaba a colapsarse sobre ellos.

Sasuke agarró a Sakura fuertemente impidiendo que la avalancha se la llevara pues los empujaban sin darles tregua, Ali miró a sus lados como los pedazos impactaban sobre las mesas y las escaleras que dirigían al segundo piso.

Ofuscado, Sasori se acercó a cuestas murmurando entre dientes.

—Esto es obra de Deidara, el techo colapsará pronto —avisó al echarle una ojeada hacia arriba, y no mentía—. Tendremos que correr.

Sin importarles como se vieran, se dirigieron sentido contrario a la multitud pues de ahí estaban las escaleras de emergencia que dirigían al estacionamiento. Pasando entre las personas que chocaban hombros, Ali tuvo que empujar a uno para que los dejaran pasar.

El lugar era gigantesco y parecía que no iban a llegar. Los pedazos caían al azar y en más de una ocasión estuvo a punto de aplastarlos. Sasori alzó la mano y creó una red con sus cuerdas impidiendo que un gran peldaño les pegara directamente. Tuvo que lanzarlo hacia los locales para evitar dañar a alguien más.

A mitad del recorrido Sasuke se detuvo abruptamente. A su alrededor seguían corriendo algunas personas, pero una silueta en particular permanecía de pie a unos metros de ellos, mirándolos con ojos desquiciados y una sonrisa de superioridad.

Deidara.

—Mierda —espetó.

A sus espaldas, Sasori miró. Izumi se acercaba a paso tranquilo hacia ellos, apretó los dientes y tensó los músculos, preparándose para lo que se avecinaba.

Ninguno hizo amago de moverse, esperando a que Izumi siguiera caminando hasta quedar a una distancia considerable de ellos, fue cuando el azabache giró a su dirección junto con Sakura, que se había retirado la gabardina de su cabeza y una sensación de terror invadía su cuerpo al ver los ojos rojizos de la mujer.

A pesar de que los gritos de las personas seguían irrumpiendo el ambiente y un hueco enorme se formaba sobre ellos, parecía una tensión sublime y el silencio sepulcral bailaba entre ambos grupos.

Izumi fue la primera en hablar, mirando directamente a Sasori.

—Sasori… ¿En verdad me has traicionado? —preguntó serena.

Su tono de voz era una clara amenaza. Sasori contrajo los puños y la mirada.

—Lo siento, Izumi. Pero no puedo permitir que lastimes a Sakura.

La mujer apretó los labios.

—¿Tanto la amas como para sacrificar tu pellejo por ella?

Sus palabras provocaron que la pelirrosa le dirigía una mirada atónita.

¿Qué acaba de escuchar? Parecía un sueño irreal. Palabras que hubiera querido escuchar meses atrás cuando él la dejó sin explicación alguna, dejando los rumores atrás que la perjudicaron. Una explicación a sus acciones.

No ahora que había logrado sacarlo de su corazón.

No cuando ya no quería sentir nada por él.

Sasori no dijo nada, simplemente la miró en silencio.

—Jamás lo esperé de ti… no después de que Sasuke me traicionara, ¿no es así? —preguntó levantando un poco más la voz.

Inmediatamente el aludido profirió un gruñido feroz desde lo profundo de su pecho.

—¿Yo? Nunca te juré lealtad y tampoco pertenecí oficialmente a su descabellada organización —espetó, sin saber que a cada palabra Sakura parecía más impactada por cada palabra que salía de su boca—. Únicamente les vendía información, eso es todo.

Parecía más una explicación que justificación. Ante lo último miró intensamente a Sakura por unos segundos, pidiéndole internamente que no dudara de él por lo que acaba de escuchar, no pudo ver si ella lo hizo o no porque de pronto se escuchó la risa jovial de Izumi.

—Está loca —murmuró consternada Ali, mirándola de reojo.

Izumi se llevó una mano a su boca, intentando fingir diversión.

—Sigues siendo directo y cínico, Sasuke. Eso me gustaba de ti… lástima que no supieras disfrutar lo que Akatsuki te ofrecía. —De pronto su mirada se oscurece, fijándola en la pelirrosa que componía una expresión sin dar tregua—. Y todo por un objetivo noble… que lindo. Y ahora juegas al protector de Sakura que no hace más que temblar.

La aludida apretó la mandíbula, sintiéndose humillada por la forma en que se dirigía a ella.

—Parece que sabes de mí. —Su voz sorpresivamente salió firme y fría—. No me parece justo que yo no sepa quién eres.

—¡Oh! Discúlpeme, princesa. Mis modales son pésimos —La mujer fingió estremecerse y sonrió de lado, inclinándose un poco al frente—. Mi nombre es Izumi, y he venido a llevarte conmigo, por las buenas o por las malas. Tú decides.


¡Hola!

Hacia tiempo que no pasaba por aquí, a compensación el capítulo ha sido muy largo, ¡muchas cosas se avecinan!

Sasuke está teniendo una batalla interna, no quiere descubrir la importancia que tiene Sakura en su vida, los recuerdos vienen poco a poco y sus sentimientos se van aclarando, igual con los de Sakura, será inevitable lo que sienten, ya van por ese rumbo.

Las cosas se complicaron, Fugaku está buscando pistas de Sasuke, Sasori que al principio estaba en una postura confusa el panorama se aclaro un poco: él no se llevó a Sakura por azar, si no porque quería protegerla. Ya veremos porqué no se presentó antes a ellos.

Izumi se ha movido al fin, se cansó a esperar a las respuestas de Sasori y decidió actuar. Él la traicionó, era de esperarse.

Sé que tienen muchas dudas sobre todo en general, ¿qué significa eso que Sasuke revivió? Lo veremos más adelante.

¿Notaron que Sakura vio un recuerdo al momento que Obito la tocó? ¿Qué creen que pudiera ser? ¡Muchos misterios!

Como algunos sabrán, este fic está siendo editado para mejorarlo. Ya nos estamos acercando a los capítulos relevantes, cuando vean las actualizaciones serán más seguidas con sus cambios correspondientes para no perder el hilo.

¡Falta poco!

Muchas gracias por seguir aquí, ¡esto no sería posible sin ustedes! Háganme saber si les está gustando la historia, o por el contrario :D todo es recibido. *risas*

¡No leeremos pronto!

Alela-chan fuera.