N/A: Una ni siquiera yo misma me creo que haya vuelto a actualizar tan solo una semana después. Sé que esta semana ha habido fallos con FF, espero que no haya problemas y podáis leer este capítulo.
Como siempre, 1000 millones de gracias a todas las que habéis dejado reviews, ¡no sabéis lo mucho que me alegra leerlos! No os he podido contestar como mereceis, pero tenía muchas ganas de subir este capítulo.
Gracias también a todas aquellas que os habéis pasado un momento para leer mi historia, motiva mucho saber que hay gente que dedica su tiempo a leer algo que has escrito a miles de kilómetros de distancia.
Sin más,a leer!
Lo que esconde tu interior
XIII
Hermione despertó otra vez de madrugada, en medio de un revoltijo de sábanas húmedas de sudor. Aunque no era capaz de recordar bien sus sueños, en su cabeza se agolpaban recuerdos de sangre, tortura, Bellatrix, muerte, Malfoy y besos prohibidos. Respiró hondo; le dolía el pecho y sentía que le faltaba el aire. Los últimos acontecimientos en la mansión, así como las noticias recibidas por parte del Ministro estaban haciendo mella en su ánimo: tenía la sensación de que las paredes de su habitación se cerraban sobre ella, dispuestas a engullirla.
Necesitaba salir de allí, sentir el viento en su rostro, el cielo abierto sobre su cabeza y así poder ordenar sus ideas y tranquilizarse. Sacó un pie de la cama; la sorprendió el frío colándose en sus huesos, haciéndola tiritar. Se dirigió al armario y se vistió con las primeras prendas de abrigo que encontró: un grueso jersey de lana y una cazadora acolchada; en los pies se calzó unas botas forradas de borreguito.
Salió al pasillo y caminó de puntillas, con cuidado de no hacer ruido. Toda la casa estaba en silencio, tanto Millie como Toppy debían de estar durmiendo aún; Hermione no deseaba despertarles y tener que responder a preguntas indiscretas sobre su paseo nocturno. Lo último que necesitaba era dar explicaciones sobre su ansiedad o las pesadillas concernientes a su amo. Cuando llegó a la puerta principal, bastó con un leve empujón para que ésta se abriera sigilosamente, como si el gran portón estuviera obedeciendo a una orden no pronunciada. Hermione salió al exterior e inhaló el aire puro de la noche, cruzó los terrenos de la mansión a paso vivo por los jardines hasta que llegó a la verja forjada; apoyó la cara en los barrotes: el frío metal en su mejilla se sentía extrañamente revitalizante. Atravesó la puerta exterior y pronto estuvo en campo abierto, su vista abarcaba millas y millas de pradera a su alrededor, de pastos removidos por el viento. A lo lejos se divisaba el pueblecito bajo la fantasmal luz de la luna.
Hermione comenzó a caminar sin rumbo fijo, por el mero hecho de sentir el ejercicio físico vigorizante en sus piernas. Tras un buen rato andando, llegó a lo alto de un barranco: bajo sus pies las rocas cortadas a pico descendía una abrupta pendiente, más allá se extendía una llanura inmensa salpicada aquí y allá por viñedos y campos de labranza. Aspiró todo el aire que cabía en sus pulmones: olía a campo, a limpio, a otoño; la brisa pareció llevarse todas sus inquietudes y preocupaciones con ella.
Se sentó en una roca desde la que se oteaba el panorama a su alrededor; en el horizonte un resplandor rosado anunciaba la próxima llegada de la aurora. Se le ocurrió que su situación actual, al borde del precipicio, representaba una buena metáfora de lo que era últimamente su vida. Permaneció un buen rato allí, que pudieron ser minutos u horas, con la mirada perdida, fija en el infinito, contemplando el amanecer.
La sacó de su ensoñación un rugido a sus espaldas.
–¿SE PUEDE SABER QUÉ COÑO HACES AQUÍ?
Hermione dio la vuelta, sorprendida, y se encontró cara a cara con un Draco Malfoy cargado de furia. En sus ojos grises brillaban destellos de ira, como relámpagos en mitad de una tormenta; tenía el ceño fruncido y un rictus desencajado en su rostro: las luces del amanecer pintaban sombras grotescas en el lado cubierto de cicatrices. Ella tragó saliva al verlo en semejante estado y bajó la mirada, aturdida por la intensidad de las emociones que emanaban de él.
–¿Y bien, Granger? ¿Tienes alguna explicación o piensas quedarte ahí parada todo el día? –la voz de Malfoy descendió un tono, pero pese a no gritar, aún se apreciaba el matiz venenoso en su palabras.
–¿Explicaciones, Malfoy? –se hallaba indignada por la actitud de él: no sólo aparecía de la nada gritando como un poseso, sino que además, consideraba que ella le debía algún tipo de explicación por alguna razón que sólo Malfoy era capaz de comprender–. ¿Quién te crees que eres para hablarme así?
–¿Que quién me creo? Teníamos un trato, ¿recuerdas? Son más de las ocho: llevo dos horas esperándote en el laboratorio. Millie y Toppy te han buscado por toda la casa y no aparecías –mientras hablaba, se fue acercando inconscientemente a ella. Hermione retrocedió un paso hasta comprobar con horror que había llegado al borde del acantilado; sólo la mano de Malfoy en su espalda impidió que perdiera apoyo y cayera al vacío–. ¿Se puede saber qué haces ahora? –el gruñido hizo eco en sus oídos– ¿Quieres matarte o qué?
Una vez que comprobó que estaba bien asentada sobre el suelo, lo apartó de un empujón y se alejó de él. En un momento sus papeles estuvieron invertidos.
–¿Qué haces tú apareciendo aquí como un energúmeno? Por si no te has dado cuenta, llevo semanas encerrada entre esas cuatro paredes, necesitaba tomar el aire, salir un poco…
–¿Salir un poco? Fuiste tú la que exigiste dedicar el máximo tiempo posible a tu jodida poción y ahora resulta que quieres dedicar las horas de trabajo a dar paseítos campestres –Malfoy siguió gritando, las palabras escapaban de sus labios como latigazos–. Me levanto a las cinco de la mañana para trabajar en tu maldito proyecto y de pronto desapareces, te largas sin decir nada ¡¿Qué cojones querías que pensara?!
–Siento no haber dejado aviso, pensaba volver a tiempo pero no fui consciente de la hora y…
–¡Tampoco era tan difícil! ¿sabes, Granger?
Hermione no comprendía el repentino ataque de cólera de Malfoy, una cosa es que llegara tarde a trabajar, pero aquella reacción era absolutamente desproporcionada y no estaba dispuesta a que la tratara como si fuera una niña malcriada.
–Bueno, vale ya, lo entendido, ¿de acuerdo? No volverá a ocurrir la próxima vez dejaré una nota o…
–La próxima vez… –La boca de Malfoy se retorció en una sonrisa malévola. Antes de que Hermione pudiera procesar lo que estaba ocurriendo, se hallaba frente a ella, aferrándola del codo sin contemplaciones–. Estás loca si crees que va a haber una próxima vez…
Sintió un tirón en el estómago, la desagradable sensación de la desaparición y al instante siguiente, se hallaban en el vestíbulo de la mansión.
–¡Pero tú estás mal de la cabeza o qué! –aquello había sido la gota que colmó el vaso, Hermione se hallaba completamente fuera de así– ¿Cómo te atreves a desaparecernos sin avisarme? ¡No estaba preparada! ¡Podíamos haber sufrido una despartición, idiota!
–Vamos Granger, deja el dramatismo, no te pega nada –una vez hubieron aterrizado en el suelo enmoquetado, Malfoy se separó de ella como si quemara; la miraba apoyado en la barandilla de la escalinata, con un gesto burlón–. Soy perfectamente capaz de aparecer a otra persona unas cuantas millas hasta el interior de mi propia casa –enarcó una ceja, retándola a contradecir sus palabras.
–No me importa lo más mínimo de lo que creas o no ser capaz, Malfoy. Podía volver sola perfectamente.
–Me alegra saberlo, pero no me voy a arriesgar a comprobarlo: a partir de ahora no quiero que abandones la casa sin mi permiso.
–¿QUÉ?
–Me has hecho perder media mañana por tus caprichos, no pienso permitir que ocurra de nuevo. Aceptaste a trabajar para mí bajo mis condiciones, Granger: ahora asume las consecuencias.
–Acepté a ser tu ayudante, no tu esclava, saldré de casa siempre que me parezca y lo considere conveniente, puedo recuperar el tiempo más tarde –no podía creer que Malfoy estuviera de veras convencido de que ella iba a aceptar sus estúpidas normas; deseó abofetearle para borrar la expresión satisfecha de su rostro, pero se contentó con afirmar, con un tono frío y tajante–: Que sea la última vez que me tratas como si fuera tu prisionera porque no le voy a consentir.
Desde su lugar en la estancia, Malfoy adoptó una expresión amenazante, Hermione alzó la mirada orgullosa y se marchó sin despedirse, directa a su habitación. Al llegar, dio un fuerte portazo y suspiró exasperada, dejándose caer sobre el suelo enmoquetado.
Toc toc.
Un leve toque en la puerta interrumpió su hilo de pensamientos: algo sobre lo asombrosamente insufrible que era Malfoy y las muchas ganas que tenía de terminar la maldita poción e irse lejos de aquella casa para siempre. Hermione alzó la cabeza, dispuesta a permitir el paso a Toppy o Millie, pero lo que no esperaba era que, mucho antes de que ella murmurara un "adelante" una cabeza rubia asomara por el quicio de la puerta.
Se quedó boquiabierta: en todas las semanas que llevaba allí era la primera vez que Malfoy se dignaba a aparecer por sus aposentos. Por supuesto, él se comportó con la mayor naturalidad, porque ignorando la estupefacción de Hermione, entró en la estancia con su paso seguro y arrogante, como si el lugar le perteneciera –que de hecho, lo hacía–. Lejos de musitar una disculpa o excusar su grosero comportamiento de horas antes, Malfoy la miró, con cierto aire de sorna: probablemente tenía un aspecto ridículo, sentada en el suelo con el cabello aún más revuelto de lo habitual, luego bufó algo ininteligible y, dándose la vuelta, lanzó algo sobre la cama. Hermione no fue capaz de reprimir su curiosidad y se acercó un poco para ver de qué se trataba: un periódico. ¿Por qué narices Malfoy aparecía en su habitación después de su gran pelea para llevarle la prensa del día?
Entonces lo vio. Y no pudo evitar lanzar un grito de horror.
La edición del día del El Profeta titulaba "Harry Potter: la maldición se ceba con el niño que vivió". En la portada había una foto en movimiento en la que aparecía Harry, sobre un atril, dando una especie de discurso; de repente, callaba y se frotaba los ojos, dirigía a sus oyentes una mirada hueca, casi sin ver.
–En las páginas interiores se recoge que el mismísimo gabinete del Ministro ha confirmado la noticia –la voz de Malfoy sonó muy lejana, extraña a sus propios oídos.
–Harry… –Hermione se sintió muy estúpida, balbuceando en voz alta. Era incapaz de creerlo: Harry, su mejor amigo, su hermano, siempre dispuesto a ayudar, a sacrificarse por los demás, era víctima de algo tan horrible. Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas sin que pudiera contenerlas.
Malfoy seguía de pie en medio de la habitación, con las manos en los bolsillos. Parecía algo fuera de lugar, sin saber muy bien qué hacer; Hermione lo escuchó carraspear, en un vago intento de romper la incomodidad que se había instalado entre ellos.
–Granger, yo…lo siento, ¿vale? –Hermione giró la cabeza hacia él, con los ojos abiertos como platos: que Draco Malfoy se disculpara con ella era un hecho absolutamente insólito–. Leí lo de Potter y luego no te encontrábamos por ninguna parte… Pensé que te habías marchado, yo… –Se pasó una mano por el pelo, con un gesto de exasperación, despeinándoselo–. Creí que te habías marchado a Inglaterra sin despedirte… que habías vuelto con Potter…
Ella lo miró, sin lograr salir aún de su asombro: Malfoy parecía verdaderamente arrepentido.
–¡No! ¡Yo nunca me iría de esa manera! Es sólo que he vuelto a tener pesadillas: me sentía agobiada y necesitaba un poco de aire fresco. –«¿Por qué le estás contando esto? Estás descubriendo una debilidad ante él». Sin embargo, Malfoy no parecía dispuesto a aprovecharse o a burlarse de su confesión, simplemente permaneció escuchando, con la mirada metálica fija en ella, así que Hermione se apresuró a aclarar–: No fui consciente del tiempo que había pasado ahí fuera.
Malfoy se acercó un poco más, Hermione se puso en pie, de forma que sólo unos cuantos pasos los separaban; de pronto, la habitación que previamente le había parecido inmensa, se le antojó mucho más pequeña. Percibió que él inspiraba hondo antes de hablar de nuevo:
–Mira, Granger, sé lo importante que es Potter para ti ¿vale? Y sé que esto puede resultar un golpe muy duro, pero no puedes permitirte desfallecer ahora –en sus ojos había un brillo curioso, algo Hermione no había detectado nunca en él: determinación, osadía–. Vamos a dar con la maldita poción y vamos a ayudar a toda esa gente, ¿de acuerdo? Todo va a salir bien, pero debes mantenerte fuerte, no puedes desmoronarte ahora.
Era la primera vez que Malfoy se dirigía así a ella: con palabras de ánimo, de consuelo, como si fuera un amigo, como si realmente se preocupara por su bienestar. Hermione asintió, limpiándose los restos de lágrimas con las mangas. Él se quedó unos segundos más observándola, comprobando que realmente se calmaba y gran parte de la pena desaparecía de su rostro.
–¿Estás mejor?
Definitivamente aquel Malfoy debía de estar poseído por algún enigmático espíritu de cordialidad y simpatía
–Sí, gracias Malfoy, yo… –vaciló, sin saber muy bien cómo comportarse con él–: ha sido un lapsus momentáneo, en cuanto desayune, estaré mejor.
–Me alegro, peloarbusto, estás realmente horrible cuando lloras, ¿sabes?
Vale, ahí estaba el mismo bastardo que siempre; no obstante, Hermione no pudo evitar sonreír: en algún momento, las pullas entre ellos habían perdido su carácter ofensivo para convertirse en un tácito acuerdo de paz, una especie de camaradería amistosa entre ellos.
–Tú, en cambio, eres siempre el mismo hurón insufrible.
Malfoy esbozó una sonrisa torcida.
–Tómate el día libre, Granger. Mañana te quiero al cien por cien.
Se giró para marcharse, pero antes de que desapareciera por la puerta, Hermione pudo distinguir que la sonrisa aún bailaba en sus labios.
N/A: Y hasta aquí por hoy. ¿Qué os han parecido las últimas interacciones de este par? Trataré de actualizar en dos semanas, en el siguiente capítulo habrá una booomba.
¿Me dejáis un review para que Draco os desaparezca fuertemente apretadas entre sus brazos? XD
¡Buen fin de semana!
