15 de junio del 2016.
Tokio, Japón.
Alcaldía.
Tarde.
Se masajeó el puente de la nariz, estresado, mientras contemplaba a dos sujetos esposar a Sasori y llevarlo directamente a los calabozos, después de todo en las últimas semanas su rostro estuvo en las mentes de todos sus aliados para mantenerse alerta por si lo veían. Así que tampoco pensaba intervenir para que fuera lo contrario.
Por otro lado, a sólo un par de horas desde su enfrentamiento con Akatsuki y la mitad de la ciudad siendo un completo caos, no se permitió un respiro. Apenas piso la alcaldía en busca de Kakashi para notificarle el problema y se encontró con reportes del desastre del hospital supuestamente en llamas.
Lo que era la cara al público porque en realidad otros miembros de Akatsuki habían ido a capturar a Tenten, llegó a la conclusión de que sabían que era pariente de Sakura. Por fortuna Hyūga Neji la resguardo al principio y después llegaron Kakashi y sus hermanos como apoyo, Neji trajo a Tenten hasta la alcaldía siendo resguardada inmediatamente por Minato, y luego se marchó.
Sin embargo, la batalla en el hospital se complicó y...
Cerró los ojos recordando lo desesperado que se escuchaba Itachi cuando le contacto por llamada:
—¡Hikoro utilizó la teletransportación!
Por un segundo se le fue la respiración.
Intentó mantenerse impasible, estás cosas ocurrían mientras estuvieran involucrados en peleas. Eran guerreros que luchaban por sus ideales y sacrificaban demasiadas cosas en el proceso: su humanidad, sus sentimientos, su integridad.
Pero no pudo. Sus emociones, después de mucho tiempo, le ganaron. Se quedó estático en medio del vestíbulo con la respiración contenida en el pecho al pensar en las posibilidades en que Hikoro no pudiera moverse nunca más.
Le dolió la cabeza de sólo pensarlo.
No esperó más tiempo y localizó inmediatamente a Suigetsu dándole órdenes de que movilizara la manada.
—Desplaza la manada a dónde ocurrieron las dos explosiones y encuentren a Hikoro a como dé lugar. Cuanto tengas noticias comuníquense de inmediato.
La vida de su hermana peligraba si no la hallaban a tiempo.
Después de eso se mantuvo quieto en medio del pasillo, completamente sólo y con la mirada pérdida al frente. Hubiera ido personalmente a su búsqueda, pero debía esperar a la llegada de Kakashi para notificarle todo respecto al altercado con Sakura. Por ello Itachi se unió a la búsqueda y Kakashi concordó que debían informarse de frente los sucesos para idear un plan de acción.
Además, esperaba impaciente a que Aoda lo contactara para afirmarle que Sakura estaba allí, a salvo.
Se permitió apoyarse en una de las paredes ignorando por completo al personal que corría de aquí para allá. Tantas cosas pasaban por su cabeza, sólo necesitaba un respiro para volver a componer sus expresiones pulcras y serenas conforme a la situación.
Y afirmarse que su plan con respecto a Sakura había tenido éxito, se trataba de un retraso, nada más.
No hay razón para sentirme ansioso, se dijo.
Ninguna, y sin querer, lo asimiló con uno de los sueños que se volvían nítidos en su cabeza cuando se esforzaba en recordar los detalles que lo envolvían, y en esa ocasión, por alguna razón, Sakura de niña estaba tendida sobre la nieve a la orilla de un lago congelado.
«—Sakura, ¿puedes escucharme? ¿Te duele algo? —su propia voz angustiada. Recuerda retirarse de la orilla y aproximarse a ella preocupado viendo su pequeño cuerpo tendido sobre la nieve, empapada y temblando sin parar.
Al llegar a ella la cargó en brazo dándole calor, era muy perceptible al frío. Acariciando su cabellera castaña con ímpetu tratando de deshacer el miedo disipado en Sakura, y no era para menos, habían sido atacados por lobos solitarios. El terror que reflejaron sus ojos en ese momento le oprimió el pecho, sin duda jamás querría ver de nuevo esa expresión.
—Sí, sí —decía la niña aferrándose a él entre sollozos, apenas le entendió, ella asentía sin parar.
—Me diste un gran susto —murmuró un poco abatido, recordando la sensación de vacío que le golpeó a su pecho cuando Sakura empezó a ahogarse en medio del lago. Con la boca pegada a su cabellera castaña, siguió hablando—. Tranquilizante, ya estás a salvo.
—Quiero ir a casa —le rogaba en medio de su llanto, mirándolo con sus ojos verdes y acuosos por las lágrimas—. ¡Quiero ir con mamá!
—Pronto estaremos ahí, te lo prometo —aseguró sin dejar de abrazarla, con la mirada perdida en el lago congelado y el enorme agujero en el centro».
Salió de su propio recuerdo al sentir una presencia detenerse frente a él, abrió los ojos rápidamente para toparse con una mujer esbelta, la secretaria de Minato; su expresión profesional siempre era inquebrantable.
—Sayi-sama, Walter-sama lo espera el despacho del Alcalde —dictaminó.
Walter. Así se referían a Kakashi como nombre clave.
Agradeciendo internamente su pronta llegada, se encaminó por los pasillos hasta llegar a dónde pasaba en ocasiones las noches en vela intercambiando información con Minato y Kakashi. Despejó por el momento sus propios recuerdos del pasado, después tendría tiempo de analizarlos.
Ingresó sin siquiera tocar, ahí se encontraba Kakashi hablando rápidamente con uno de los policías de la División Especial manejaban con estos problemas; de Minato no había rastro, seguramente controlaba la situación desde afuera.
Al percatarse de su presencia, el policía finalizó la conversación.
—Con su permiso, me retiro —hizo una reverencia y se marchó.
Sasuke reparó inmediatamente de la sangre salpicadas en las ropas del Cazador, demasiado visible la herida de su hombro derecho y el temblor ligero de su mano; su cansino rostro y los rasguños de sus brazos. Su gesto era sólido y urgente.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Kakashi apenas lo detalló.
Sasuke asintió.
—Doy por sentado que los reportes que envió Shizune sobre lo ocurrido en el hospital son lo bastante claro para ti, así que entremos más detalles en lo que realmente estoy preocupado —dijo Kakashi girándose al escritorio para dejar el celular que traía consigo—. Escuché de los policías que tuvieron que desalojar la zona del centro comercial por una alerta de amenaza de bomba. ¿Qué sucedió exactamente y dónde está mi sobrina?
—Sakura escapó a tiempo a Hoka No Sekai para encontrarse con Aoda y Garuda, no va sola —le respondió la segunda pregunta para su tranquilidad, los hombros del Cazador se bajaron un poco, pero la tensión no disminuyó—. Con respecto a lo primero, Deidara e Izumi nos interceptaron en el centro comercial intentando atraparla. Estábamos con Mugennohi que en realidad es una mujer y con la que está ahora.
—Un momento, ¿Mugennohi es mujer?
—Sí, ignoro su historia, pero al parecer también conocía a Sakura, su nombre verdadero es Nakahara Ali.
El azabache ladeó la cabeza, intentó enfocarse de nuevo en lo importante.
—Rebatimos sus ataques para que abrieran un portal hasta ahí para escapar.
—¿Y Sasori? Uno de los guardias me comentó que venía junto a ti, ¿él no trabaja con Akatsuki?
—Trabajaba. —Casi escupió la palabra, no le agradaba las razones por las cuales Sasori se giró en contra de la organización—. Él nos advirtió del peligro y me ayudó a retenerlos mientras Sakura y Ali escapaban por el portal. Sus razones son un poco distorsionadas a la que suponíamos: intentaba alejarla de Akatsuki porque la ama.
—La ama —repitió Kakashi, no pasó por alto la mueca de molestia e irritación de Sasuke al pronunciar esas palabras. Una interesante reacción—. ¿Cómo llegaste a esa conclusión? Pudo haber sido una trampa.
—Izumi lo insinúo y él no lo negó. Comenzó la pelea y me ayudó a proteger a Sakura en todo momento; y los reportes previos que te informé sobre su acercamiento de unas semanas y jamás atacó, confirman sus palabras —expresó no tan entusiasmado con la idea.
—Me sorprende que lo estés justificando.
El joven gruñó ligeramente.
—No lo estoy justificando, estoy poniendo los hechos como son. Por mi puedes hacer con él lo que te plazca.
Kakashi asintió recargándose en la orilla del escritorio mientras frotaba su hombro, tardaría un poco en sanar, y siendo sincero cada vez dolía más. Advirtió de cómo Sasuke ablandaba un poco su semblante al percatarse de su dolencia.
—Bien. Debemos trazar un plan y pensar si es sensato sacarla de la ciudad o permanecer aquí —ordenó, después reflexionó un poco al recordar a Hikoro—. Quédate un poco más hasta que encuentren a Hikoro, así tendrás la certeza de que estará bien, enviaré a Shikamaru a que verifiqué su paradero en Hoka No Sekai.
—Confío que la encontraran a tiempo —rectificó Sasuke demostrando la repentina confianza que le tenía a su mandada, se acercó a Kakashi y miró fijamente su herida—. Yo iré a Hoka No Sekai, y tú debes ir al hospital para que sanen tus heridas.
Kakashi lo miró con pena, no merecía su preocupación. Se angustiaba que el resultado pueda ser totalmente fatídico.
—Lo siento, Sasuke —dijo repentinamente el Cazador, el chico no comprendió el motivo de sus disculpas—. Hikoro utilizó la técnica para que mi identidad no fuera revelada ante Akatsuki. Si no me hubiera descuidado a que la alabarda de Kisame me mordiera, ella estaría...
—No ha muerto para que te lamentes —le cortó bruscamente el azabache sin concebir la posibilidad—. Estará bien.
Quería creerlo con todas sus fuerzas.
Que estaría bien. Hikoro era una guerrera formidable, no por nada ella junto a Itachi y él eran apodados Los Tres Hermanos Uchiha, imparables y máquinas de pelea que abatían sin remordimiento contra sus enemigos en las guerrillas.
Esto no la vencería fácilmente.
—¡Kakashi-sensei!
Sus gritos fueron amortiguados. El chico reaccionó al girar a la puerta que se abría de un portazo, sorprendiéndose al encontrarse con Naruto y Shikamaru que sostenía por los brazos el cuerpo de una mujer que se le hizo terriblemente familiar en cuanto su rostro se movió débilmente y la melena de risos castaños se alborotó.
Ali.
La dejó en el sillón, no paraba de gemir y escupir sangre. No dudó en acercarse y cuestionar a Naruto, puesto que Shikamaru le pasaba un pañuelo para que limpiara su sangre.
—¿Quién es ella? —cuestionó Kakashi al verla.
—Nakahara Ali —respondió Sasuke por los chicos, miró fijamente a Naruto pidiéndole una explicación—. ¿Qué sucedió? Ella no debería estar aquí y sola.
Naruto compuso un rostro serio.
—Veníamos de regreso por el camino de Hoka No Sekai cuando nos topamos con Aoda y Garuda que la tenía en brazos, ya sabes cómo se envuelven en misterio y nos mandaron a que viniéramos hacía ti mientras ellos investigaban algo importante —explicó rápidamente, por la mirada urgente de Sasuke temió que algo más haya sucedido—. Dijeron que regresarían lo más pronto posible, y esta chica apenas esta consiente.
No, pensó Sasuke al escuchar los hechos.
Impidió que el creciente temor lo cegara, la mirada que Kakashi componía era una de alarma y susto deduciendo lo mismo.
Inmediatamente zarandeó el hombro de Ali, despertándola por completo, los risos caían sobre su rostro y estaba un poco pálida. Luego ensanchó los ojos al reconocerlo y sus labios temblaron.
—Sasuke...
—Ali, ¿dónde está Sakura? —le preguntó duramente, tomándola por los hombros—. Se había ido contigo, ¿dónde está ella?
La expresión apacible de Ali se transformó en completa culpa, su voz salió ronca y llena de remordimientos.
—Raptaron a Sakura.
Tres palabras.
Tres malditas palabras fueron suficientes para que el rostro de Sasuke se descompusiera a uno alarmante e incrédulo. Los ojos abiertos y una expresión pasmada, soltándola lentamente por los hombros.
A su lado Kakashi se había quedado completamente estático tras escuchar sus palabras.
Él mismo estaba incrédulo.
Nervioso.
Desesperado.
—¿Qué sucedió? Tengo entendido que iban con Aoda. —Kakashi habló tras ver que Sasuke no se recuperaba de la revelación.
Todo parecía tan seguro con un plan sin fallas.
Sakura y Ali irían a Hoka No Sekai en busca del Nahual, el único riesgo sería el trayecto a ese lugar lo cual tampoco representaba un gran peligro si se movían rápido. ¿Cómo terminó con este desenlace?
—¡Ese maldito Zorro se la llevó! —exclamó frustrada rascándose la cabeza.
La culpa le carcomía por dentro. Hace unas horas había despertado del golpe que le propino Kurama en medio de Hoka No Sekai, pronto comprendió lo que sucedía al no ver a Kurama y Sakura a su lado. Buscó información de Aoda y fue hasta la criatura esperando que estuvieran ahí.
El caminó fue un poco duro, un par de Demonios intentaron atacarla y los venció tras batallar, agotando sus energías. Afortunadamente llegó a una enorme cueva que albergaba la gran serpiente, Aoda, y un enorme pájaro de nombre Garuda. Bastó que le explicara brevemente la situación para que entendieran y negaran con sus grades cabeza que ellos no se encontraban ahí.
Todo se salió de control y todo por ese maldito Zorro.
—¿Zorro? ¿A quién te refieres? —inquirió Shikamaru a su lado.
—Cuando fuimos al estacionamiento nos atacó un Demonio que tenía una máscara de Noh —comenzó a relatar con agrura—, tuvimos complicaciones y Sakura resultó herida.
Al decirlo el rostro del azabache se crispó, Kakashi expresó preocupación.
Antes de que pudieran cuestionarle, continúo.
—Cuando estábamos en desventaja llegó otro Demonio, un Zorro, a defendernos. Y cuando el enemigo se retiró vino con nosotras. Sakura aseguró que no era un enemigo, se hizo llamar Kurama.
Inmediatamente los ojos de Sasuke cambiaron al temible Sharingan, con la respiración agitada, dio media vuelta apretando los puños intentando contener su furia y no abatir contra el escritorio.
¡Maldición! Lo suponía, ¡sabía que fue él quien ayudó a Sakura en los baños aquella ocasión!
—¿Por qué dejaste que se acercara demasiado? —preguntó con voz ronca, se giró a ella enfadado—. ¿¡Por qué lo permitiste!? ¡Él es igual de peligroso que Akatsuki!
No era la primera vez que sus amigos veían exaltado a Sasuke, lo que les sorprendió es que descargara su frustración de tal manera, siempre controlaba sus emociones en situación tensas que ameritaban analizar con la cabeza fría.
Incluso Kakashi lo miró impactado.
Pero Sasuke no estaba pensando en controlar sus emociones, en parecer sereno ante la situación crítica que se le presentaba. Lo único que necesitaba eran respuestas.
Tener la certeza de que Sakura se encontraba bien. Una certeza que se desmoronó en unos instantes.
—¿¡Qué querías que hiciera!? —Ali se levantó del sillón para desafiarlo con la mirada sin importarle el Sharingan—. ¡Sakura se veía muy segura de que podíamos confiar en él! ¡Por eso dejé que nos ayudara!
—¡Debiste pensar mejor las cosas y alejarte de él!
—¡Tú no estabas ahí! ¡No viste el temor que Sakura reflejaba al pensar que iba a morir!
Lo calló. Con esa frase la ira de Sasuke se aplacó abruptamente, estático y sin dejar de fruncir el ceño, respiró profundamente. Ali seguía desafiándolo con la mirada.
—Sasuke, tranquilízate —ordenó Kakashi empujándolo un poco para que se separara de la chica—. Mugennohi no es responsable de que se la hayan llevado. Nadie previno esto.
Ciertamente ni él mismo consideró la opción de que Kurama apareciera en estas circunstancias. Ahora que sabía que su sobrina no estaba en manos de Akatsuki era un alivio, pero duraba poco al pensar que en vez de ellos Kurama los sustituía, a pesar de que conocía a ese joven como lo hacía con Sasuke, en este momento no estaba seguro por cual bando trabajaba.
—¿Con qué finalidad se la llevó?
Era una pregunta que también rondaba por la cabeza del azabache y no le agradaba la respuesta. En lo absoluto.
Sasuke suspiró mientras se frotaba el rostro, intentando no desatar una vez más su furia. Todas las miradas estaban posadas sobre él.
A excepción de Ali, los demás conocían la historia de Kurama. Casi dos siglos atrás su madre lo rescató de que fuera asesinado por otros Exoctis, lamentablemente la verdadera progenitora murió al defenderlo siendo apenas un recién nacido.
El corazón de Mikoto fue tan bondadoso que le dio cavidad en su pequeña familia, al principio el pequeño Sasuke no parecía estar de acuerdo con tener un integrante más, ellos eran nada más dos y así quería seguir; pero después de verlo creer y enseñarle lo que él sabía, no tardó en que su unión fuera más que compañero de juegos.
Se convirtieron en hermanos. El único antes de Itachi y Hikoro. Y creyó que lazo jamás se rompería.
Pero no fue así.
De igual manera, cuando Kurama lo traicionó, había conocido a una mujer que creía que podía confiar y ser su pareja; pero la traición vino doble: ambos lo engañaron frente a sus narices.
Lo peor de todo que se trató de propio hermano. Midori le dio igual, después de todo sólo fue una aventura pasajera, pero fue la manzana de la discordia entre ambos hermanos.
Un hecho imperdonable que merecía la muerte, según sus pensamientos. Pero no pudo matar a Kurama, no cuando su muerte hubiera ocasionado un verdadero dolor en el corazón de su madre cuando seguía viva.
Por eso no le arrebató la vida.
O se engañaba con esa excusa.
—Sus motivos no están ligados a que sepa quién es Sakura realmente —respondió después de un momento dentro de sus cavilaciones, suspiró y retiró su mano del rostro—. Temo que la atrapado para atraerme a su trampa... ¡maldición!
Pegó con puño a la pared de su lado y recargo el cabeza sumamente afectado.
Kurama era una identidad de su pasado, uno en dónde aprendió a que las personas más cercanas podrían apuñalarte por la espalda sin ningún remordimiento. Él lo traicionó cuando menos se lo espero, con quién menos lo pensó. Pero no sólo fue a su persona, también a Mikoto, la mujer que le dio acobijo y lo quiso como un hijo.
Jamás se lo dijo a su madre para que no se sintiera desilusionado de Kurama y ella partió de este mundo creyendo que estaban en buenos términos.
Todo quedó en silencio mientras cada uno pensaba con respecto a la situación, Naruto fue el primero en preguntar.
—¿Qué haremos ahora?
Kakashi cerró los ojos intentando buscar la serenidad que le faltaba, antes de que él pudiera pronunciar palabra, Sasuke se incorporó completamente y les dirigió una mirada contenida de ira.
—Rescatar a Sakura.
Extrañamente Sakura sabía que era un sueño. De pie en medio de un prado oscuro, todo parecía tan nítido que incluso sentía la brisa de la noche que erizaba los bellos de sus brazos y la luminosidad de la inminente luna enorme que parecía tan irreal, por un segundo la miró, absorta en las posibilidades que estuviera dormida.
A sus oídos llegaron los gritos. Hasta ahora no se fijó mucho en su entorno, pero al bajar la mirada y detallarlo, a menos de un kilómetro había un pequeño conjunto de casas construidas cuidadosamente desde cada ladrillo, con el techó inclinado y coloridas.
Techos que estaban siendo completamente incendiados.
Preocupada, avanzó rápidamente por el sendero dónde estaba al principio. Poco a poco su vista fue aclarándose y el panorama igual cobró sentido. Las personas corrían desesperadas, principalmente las mujeres que llevaban de las manos a los niños, con rostros angustiantes. Le pareció extraño su estilo de ropa, parecían harapos estratégicamente colocados.
—¡Corran a los refugios! —gritaba un hombre que traía una antorcha en la mano, y hacía ademanes a los demás en dirigirse a la dirección que apuntaba—. ¡Los cazadores se encargarán de Midori!
Estaba confundida, inmediatamente se acercó al hombre para saber la situación.
—¿Qué está sucediendo? ¿Algo atacó la aldea? —preguntó precipitadamente, ayudaría si era necesario.
Pero el hombre pareció no escucharla, incluso ignorarla por completo. Seguía dando indicaciones, como si no la viera, ayudando a los niños que caían en la carrera y a punto de llorar. Eso, lejos de molestarle, le trajo inquietud y una ola de desesperación.
—¡Oiga! ¿Qué ha sucedido? Si puedo ayudar en algo...
Mientras lo decía estiró su mano para tomarlo del brazo, grande fue su sorpresa al ver como sus dedos atravesaban al hombre, como si fuera alguna clase de ilusión óptica. Retiró la mano, asustada, retrocediendo unos pasos.
¿Qué significaba esto?
Le temblaba el cuerpo, intentó tocar a una mujer que iba a su dirección, pasó literalmente sobre ella sin hacer daño, como si no existiera.
Se miró las manos, inquieta, y luego su alrededor. Extrañamente la sensación se le hacía familiar y angustiante al mismo tiempo, le aterrorizaba.
—¡MIDORI YA ESTÁ AQUÍ!
El potente alarido que soltó el hombre hizo que respingara, alzó la vista para mirar cómo el hombre era atravesado por unas filosas garras, escupió sangre y abrió los como al extremó antes que la criatura lo lanzara al suelo.
Sakura abrió los ojos, estupefacta al ver a la persona que había atravesado al hombre.
La mujer cuya aura verde relucía entorno a su silueta, poseía una belleza abrumadora, melena azabache abundante y ojos verdes delineados a una mirada felina, llena de astucia y malicia. Toda su presencia reflejaba un peligro inminente.
Desde ahí observó a la azabache con una sensación extraña en el estómago. Ella miraba al frente como los hombres formaban un semicírculo a su alrededor empuñando amenazantes espadas y antorchas que alumbraban la noche fría.
—Apártate, criatura, no te dejaremos pasar —advirtió lo que parecía ser el jefe del grupo—. Así que ríndete ahora.
La mujer rio entre dientes, como si no pudiera creer lo que escuchaba. Luego los miró con una sonrisa en sus labios.
—Son unos ingenuos, ¿acaso piensan que podrán vencerme? Unos simples humanos...
Las manos de los aldeanos alrededor de las empuñaduras se tensaron.
—No volveréis a masacrar una aldea por diversión.
Midori mostro una mueca de satisfacción.
Sakura intentó procesar lo que veía, pero de pronto a su alrededor comenzó a distorsionarse, y una ráfaga de aire la suspendió hacia atrás, como fuera obligada a retroceder. Al mirar a sus espaldas, se dio cuenta que alguien más estaba mirando, abrió sus ojos cuando reconoció a Kurama.
Permanecía quieto y retrocedía con la mandíbula apretada, sin dejar de mirarlos. Después observó a los laterales, dónde grandes masas oscuras que se confundían con la noche se desplazaban al bosque a sus espaldas.
Apretó más los dientes.
—Maldita gata, ¡nos tendió una trampa! —exclamó para sí dando media vuelta para alejarse en dirección a las sombras.
No comprendía que sucedía. Todo a su alrededor comenzó a oscurecer y los pies le pesaban más, los miró dándose cuenta de que desaparecían, así como sus manos. Que su presencia se desvanecía a otro universo.
Una ola de desesperación la inundó, y cuando no vio sus propias manos se sintió abrir de golpe los ojos, totalmente desorientada. Lo que parecía ser un techo con una luz intensa fue obstruida por un rostro cuyos ojos rojos la observan intrigados. Sakura parpadeó, intentando enfocar su vista.
Le tomó unos segundos reaccionar, una voz se hacía más clara conforme parecía regresar a su realidad. Enfocó apenas una silueta… Kurama que retiró la mano que apoyaba en su frente después de unos segundos y habló con alguien más, no comprendió. Supuso que era Ali.
—Kurama... —murmuró todavía desorientada.
—No te muevas o la herida podría abrirse —pareció más una orden.
Forzó su memoria rasgando los últimos acontecimientos de cuando estaba despierta. Había sido atravesada por una espada, Kurama había ido a su ayuda y después cargado para llevarla a Hoka No Sekai, lo último que recordaba era la espalda de Ali caminando frente a ellos.
Lanzó una mirada a su alrededor buscándola con la mirada, se topó con un hombre de pie a su lado que sostenía un embace transparente cuyo liquido verde olía a diferentes hierbas, intentó detener la sensación de su estómago al percatarse de que no era Ali.
—¿Dónde está Ali? —preguntó un poco atolondrada a Kurama.
Él la ignoró, y dirigió al sujeto.
—Lárgate. Y más vale que no digas a nadie que estoy aquí —aseveró con voz gruesa.
—Sí, Kurama-sama —dijo el desconocido haciendo una inclinación exagerada y marchándose por la puerta.
Sakura supo que se encontraba recostada sobre una cama, y tras lanzar una mirada superficial a su alrededor no reconoció el lugar dónde se encontraba.
Frunció el ceño y se incorporó a medias, miró su torso, le habían alzado la blusa y vendado el estómago, el dolor era un eco en su mente. La alerta la mantenía más despierta con cada segundo que transcurría.
Volvió a fijarse en Kurama que le daba la espalda.
—Kurama, ¿dónde está Ali? —preguntó una vez más con voz trémula.
Entonces lo vio ladear la cabeza sin dejar de guardar las vendas en el botiquín, la expresión de su rostro ya no era risueña, más bien, severa.
—Quien sabe. La última vez que la vi estaba recostada en el tronco de un árbol de Hoka No Sekai —dijo sin mucho interés.
Sakura tensó los brazos y el miedo se disparó en ella.
—¿Qué le hiciste?
—La noqueé porqué era un obstáculo para traerte conmigo. —Kurama se giró a ella apoyando una pierna al borde de la cama e inclinándose, la pelirrosa no se movió, lo desafió con la mirada—. Pequeña, ¿acaso no te han dicho que confiar demasiado en alguien es peligroso?
Claro que sí.
Muchas veces. Sasuke lo repetía constantemente, que no debía dejarse engañar por las apariencias de las personas, algunas no eran lo que aparentaban, incluso peores.
Apretó los dientes obligándose a bloquear su miedo, aunque tenía muchos motivos para estarlo, debía mantener la calma ante la situación, reprimió el gemido frustrado al encontrarse en tal situación.
Uno dónde había sido, nuevamente, raptada. Lo dio por hecho al no ver a nadie conocido a su alrededor.
Estaba sola.
¿Hasta cuándo le dejaran de pasar desgracias? ¿Su mala suerte acabaría matándola un día? ¿Le sucedía debido a su nula fortaleza?
—Te lo resumiré: dejé inconsciente a la chica para traerte sin problemas a Egipto. Si te lo pedía amablemente dudó que hubieras venido conmigo.
Los ojos de la pelirrosa se ensancharon ferozmente, le faltó voz para hablar. Kurama la siguió mirando, cada vez ladeando la boca en una sonrisa nada agradable.
—Me secuestraste.
—A vista de ti, puede parecer así —rectificó él, sin dejar de mirarla a los ojos—. Pero a mi vista, solamente te traje conmigo porque eres mi costo de oportunidad.
Sakura frunció el ceño por sus palabras.
—¿Y cuál sería tu oportunidad?
Le pareció ver una sombra oscura en los ojos del Demonio, Kurama tomó su barbilla para verla mejor, lo que le fascinó a su pesar fue la forma en que lo desafiaba con sus potentes ojos verdes. Ladeando el rostro para apartarse de su toque.
Sospeso sus palabras al contestarle.
—Hablar con mi hermano, Sasuke, sin que me entierre su espada a la primera oportunidad.
—¿Cómo la rescataremos si no sabemos en dónde está? —había dicho Shikamaru después de estar tanto tiempo en silencio. Fue el primero en abrir el siguiente debate.
Uchiha apretó la mandíbula, sin saber cómo responder eso. Hace años hubiera respondido sin titubear a dónde pudo haberla llevado Kurama «porqué lo conocía bien», pero ahora era un extraño para él.
Apretó los dientes y miró al frente. Kakashi se había sentado alado de Ali para intentar tranquilizarse, y la mujer los miraba en silencio con una mirada que expresaba total culpabilidad. Se preguntaba porque no se largó de ahí cuando dio el informe, pero no replicó en lo absoluto.
—¿Hay alguna forma de rastrear su presencia? —preguntó Ali.
Naruto se frotó la barbilla.
—Podríamos pedirle a Tsunade-sama que lo haga, tardaría un par de días cuando mucho —dijo con una chispa de intuición en sus ojos azules—. Estoy seguro de que podrá encontrarla incluso si se encuentra en algún lugar recodito de Antártida.
—¿Por qué la llevaría ahí ese tal Kurama? ¿A cazar pingüinos? Muy gracioso —espetó Ali bufando.
Pero, por la mirada absorta de Sasuke parecía ser una opción. Ali lo miró incrédula.
—¿Enserio lo estás considerando?
Sin embargo, nadie pudo mencionar nada al respecto pues la estancia fue inundada por una peculiar melodía. Todos dirigieron la vista al celular de Kakashi apoyado sobre el escritorio, la pantalla se encendía y apagaba.
Sasuke fue el primero en aproximarse y verificar el número, uno privado. Le lanzó una mirada a Kakashi que asintió sin discutir, ambos creían de quién podría tratarse tomando en cuenta que nadie más que su círculo cercano de allegados conocía ese número, incluyendo a Sakura.
Llevó el celular a la oreja, y esperó a escuchar algo.
—¿Hola? Sé que estás ahí, hermano —Sasuke reconoció esa voz animosa.
—Kurama —gruñó su nombre desde lo más profundo de su ser.
—¡Vaya saludo! —ironizó él Kurama —. Puedes considerar saludarme gratamente si no quieres que lastimé a esta belleza que tengo aquí.
Gruñó fuertemente, apretando el celular, los demás temieron que su fuerza excesiva terminara destruyendo el último medio de comunicarse con el captor de Haruno. Kakashi lo miró, pidiéndole silenciosamente que intentara tranquilizarse, Sasuke le hizo caso.
La mayor parte del tiempo lo hacía.
—¿Qué darías por recuperar a tu amada, hermano? —inquirió el Demonio.
Sasuke gruñó ferozmente.
—Si tan sólo la hieres de alguna forma...
Kurama le cortó con un quejido.
—Ella ya estaba herida cuando la traje conmigo, fui muy amable y la curé para que siguiera viva un par de días más.
El escuchar que mínimamente su herida había sido tratada —aunque fuera de parte de Kurama—, le trajo cierto alivio, pero no por mucho. Nada le aseguraba que ella siguiera…
Apretó los labios.
—Ponla al teléfono. Ahora.
—No estás en posición de exigir nada, hermano —advirtió Kurama solemne, pero antes de que Sasuke pudiera rebatirlo, continúo—. Pero como ahora estoy siendo parcialmente amable… puedo considerarlo.
Esperó cuando se produjo el silencio, miró de reojo a Kakashi acercándose a él para escuchar también, puso la llamada en altavoz permitiendo que todos escucharan desde sus lugares. Segundos después la temblorosa voz de Sakura resonó.
—¿Sasuke?
Juro, en serio, que hasta ese momento contuvo la respiración creyendo que Kurama le mentía a que seguía con vida.
—Sakura… —Apretó el celular en su mano, apenas se percató del brillo de alivio en los ojos de Kakashi y su creciente nudo en la garganta—. ¿Tu herida cómo está? Háblame.
Que le hable para que la inquietud de su pecho se fuera, para no cometer una estupidez pronta.
Seguir escuchando su voz le permitiría pensar con serenidad.
—Todavía me duele, decir que estoy bien es absurdo, pero sigo viva.
Es ganancia, pensó él al instante. Mientras estuviera viva la encontraría, aunque tuviera que cruzar el mundo entero, no la dejaría en las garrar de ese hombre despreciable.
—Si esta es la última vez que escucho tu voz, quiero que sepas que…
—¡Bien! Suficiente evidencia de que sigue viva. —La voz de Kurama interrumpió la de Sakura, Uchiha estuvo a punto de gruñir con fuerza—. Estamos dentro de un juego, y la vida de Sakura es el premio mayor —aseguró sin rodeos—. Si llegan a El Cairo en Egipto en menos de un día le concederé más horas de vida. Y si tardas más... puedes imaginar que sucederá.
La llamada cesó.
Ali tuvo que tomar de la mano a Sasuke antes de que pudiera lanzar el celular contra la pared para descargar su ira. Se lo quitó de un movimiento magistral, él gruñó envuelto de colera y a punto de decir obscenidades. Para sus amigos era extraño verlo perder los estribos en una situación así.
—No estás pensando con claridad las cosas —le dijo Shikamaru posando una mano en su hombro—. Este aparato es el único medio que tenemos de comunicación con Kurama.
—Shikamaru tiene razón —se adelantó Kakashi, un poco tambaleante—. Sé que estás tan desesperado como yo por rescatar a Sakura, pero hay que pensar con la cabeza fría.
El azabache respiró hondo unas veces a sabiendas que tenían razón, estando cabreado y con instintos de asesinar a Kurama no ayudaría más que aumentar su irritación, haría que la cordura se esfumara y el razonamiento volviera en sí.
—Lo siguiente es movernos —aseveró Kakashi mirándolos—. Tenemos que lo más pronto posible al Cairo.
—Podemos comprar boletos de avión.
—No. Es arriesgado por Akatsuki, no sabemos cuándo volverán a atacar y no podremos involucrar más inocentes.
Kakashi estaba pensando en todo. Al mirarlos parecían sumamente cansados, no tardarían mucho en ser derrotados si no lograban recuperar sus fuerzas. El avión con muchos pasajeros no era una opción e ir por Hoka No Sekai agotaría sus fuerzas.
Miró a Sasuke, parecía extrañamente analítico. No podía deducir que pensaba a ciencia cierta, pero su rostro mortificado revelaba la angustia que sentía por Sakura, una emoción que no traslucía en él desde hace ya mucho tiempo.
Un sentimiento reflejaba sus ojos oscuros.
—Yo podría ayudarles —dijo Ali interrumpiéndolos—. Mi hermano posee un avión de carga privado y estoy segura qué podría llevarnos hasta allá.
Inmediatamente todas las miradas se posaron en ella, especialmente la de Sasuke. Pero Kakashi habló primero.
—Si nos estás ayudando, ¿quiere decir que aceptarás los términos y serás parte de nuestro equipo?
A diferencia de la ocasión pasada, la chica no titubeó al contestar.
—Si tengo que aceptar los términos para que me permitan acompañarlos, que así sea. Sakura es una amiga importante para mí, ¡salvarla ahora es mi máxima prioridad! —exclamó decidida.
—Eso nos quita de encima los riesgos y vamos a poder descansar —aseguró Naruto con una sonrisa.
—Algunos se quedarán a cuidar de la ciudad, especialmente a Tenten —dijo Kakashi encaminándose al escritorio—. Akatsuki podría atacar nuevamente. Nosotros iremos al rescaté de Sakura. Dejaré a Minato el informe y...
Al acercarse al borde, tuvo una terrible punzada en el hombro y se encogió bruscamente, Sasuke que estaba más cerca se aproximó a tomarlo por la cintura antes de que sus pies se doblegaran y cayera en lleno al suelo. Lo miró preocupado.
—¡Kakashi-san! —exclamó Naruto yendo hasta él—. De ninguna forma puede ir con nosotros en ese estado.
El Cazador aspiró con fuerza, aferrándose al hombro de Sasuke, incluso sus ojos negros le pedían silenciosamente que lo reconsiderara, ciertamente no se sentía bien. La mordida le había absorbido tanta energía vital como para tumbarlo, pero la necesidad de saber cómo estaba su sobria fue lo único que lo mantuvo de pie.
Le aterrorizaba pensar en la posibilidad de volver a perderla. Después del poco tiempo que había estado a su lado.
—Será mejor que lo llevemos al hospital —dijo Shikamaru acercándose a ellos—. Tsunade-sama sabrá qué hacer.
—Yo lo haré, si no les molesta.
Todos dirigieron sus miradas a las puertas entreabiertas dónde entraba un hombre con una mirada serena, cabello castaño claro y ojos amarillos parecidos al de un halcón, sus vestimentas pulcras se parecían más a la forma de vestir de Sasuke, con la diferencia que cargaba visiblemente dos rifles en la espalda. Con una mano en la cintura y la otra colgando de su costado.
A su lado apareció una mujer esbelta y albina cuyos ojos verdes reflejaban su procedencia animal, una serpiente que se movía astutamente. Un pliegue del kimono colgaba dejando al descubierto otro más sencillo de color blanco.
—Garuda, Aoda —mencionó Naruto aliviado.
Ambos se acercaron e hicieron una reverencia corta a Sasuke, asintió recibiendo su saludo respetuoso.
—Maestro, fuimos a investigar a despejar los rumores en Hoka No Sekai sobre Sakura-sama en manos de Kurama-sama —dijo Aoda con su voz apacible, serena y centrada—. Así no tendrán problema alguno en su viaje.
Sasuke asintió conforme con el sencillo reporte. Ellos eran otra clase de criaturas en ese mundo cuya existencia se remota en el centro de Latinoamérica, en el tiempo que los brujos existieron en abundancia, convertían a humanos que hacían pactos con ellos en animales para utilizarlos como mensajeros.
Él simplemente los liberó de su encierro que los dejó su antiguo amo al morir, a cambio ellos les prestaban su poder natural cuando hiciera un pacto de sangre, cada Fujun'na Hanta debía tener por lo menos un demonio inferior a su disposición para absorber parte de sus poderes en cada ritual, como un contenedor de poder.
Pero Garuda y Aoda hacían más que eso, parecían devotas a cumplir sus órdenes, ya sea por compromiso o fidelidad. No le importó al principio, pero ahora podía confiar en ellos para las tareas más complejas.
—Garuda, lleva a Kakashi al hospital y quédate con él —le ordenó.
Le aludido asintió y se acercó para intercambiar su lugar con el de él, Kakashi pasó la mano por su hombro y luego miró intensamente a Sasuke, como si deseara que no desapareciera. Tan desesperado que incluso le pedía cosas que estaban por sentadas, pero debía pronunciarla.
Incluso le rezó a Dios que no le arrebatara a su sobrina, no después de que haya pasado tanto tiempo buscándola, no cuando no la ha podido disfrutar de su compañía como tal. Aunque era algo insensato pedirle al Dios que una vez sirvió con total devoción, pedirle que resguardara a su sobrina, una criatura mal vista ante sus ojos.
Pero Él aprecia la vida misma y todo aquello que tuviese conciencia propia, todo ser que tuviera un corazón, aunque cometieran pecados imperdonables.
A pesar de ser Mestizos.
—Por favor... trae a mi sobrina de regreso —pidió en voz baja y un rostro quebrantado.
Uno que le pedía a gritos que lo hiciera realidad.
Que impidiera que le sucediera algo a Sakura.
Un nudo se formó en la garganta de Sasuke, uno que le costó discernir mientras lo miraba, y lo único que podía hacer era jurarlo por su propia vida que ella estaría frente a él muy pronto. Sana y salva.
También quería creerlo.
Apoyó una rodilla en el suelo y la mano en esta, con la cabeza ligeramente agachada.
Jurándole por su honor de protector a la entidad que seguía ciegamente.
—Te lo prometo, la traeré de regreso.
Una promesa que jamás rompería incluso si le destrozaban los huesos en el proceso.
Aunque se desangrara y la desesperanza estuviera en su contra.
Incluso entre mares y desiertos, lo haría realidad.
La traería de regreso a casa.
El Cairo, Egipto.
Madrugada.
Sakura no comprendía la actitud de Kurama.
Se suponía que un captor debía someter a su víctima, ¿no es así? Recordó la extremada experiencia con Sasori que la encadenó en una pared dándole escasas esperanzas de un escape rápido, de su negación por dejarla libre —y esta era lo único similar en ambos casos—. Pero...
—Buen trabajo en parecer desganada —le dijo el pelinaranja después de que la llamada ceso. Y le entregó una bolsa que contenía un pedazo de pan y una botella de agua, a regañadientes tuvo que comerlo porque admitía que estaba hambrienta.
Pero, a lo que se refería, no la tenía encadenada o amordazada. Solamente la observaba sereno sentado en la orilla de la cama cuando se levantaba y oscilaba cerca de la ventana con la esperanza de trazar una ruta de escape. Se mostraba desinteresado hasta que no la veía hacer algo sospechoso y gruñía diciendo que no debía tentar tanto su suerte.
Y en la quinta ocasión que lanzaba una mirada por la ventana, Kurama se aproximó a la puerta, con la mano en la manija, se volteó a ella.
—Volveré pronto, no se te ocurra salir de aquí por ningún motivo —advirtió con su voz serena, rayando la amenaza—. O lo lamentaras.
Ella lo miró, incrédula.
¿Qué clase de raptor dejaría a su costo de oportunidad, sola, con la posibilidad de escape?
Lo vio marcharse sin dirigirle una mirada. Corrió a la otra ventana y miró desde ahí, pero la negrura se tragaba todo el espacio y le bastó unos segundos para acostumbrarse. Las demás casuchas estaban considerablemente separadas de las otras y apenas se vislumbraba luz por las ventanas.
Y ningún rastro de Kurama.
Se presentó la oportunidad perfecta para escapar, no confiaría de nuevo en Kurama, cometer el mismo error dos veces la llevaría a una muerte súbita. Únicamente debía esperar unos minutos más para asegurarse de que no volviera pronto.
Mientras tanto se dedicó a mirar la pequeña estancia en busca de algún objeto que pudiera servirle como defensa, como las vainas que ocultaba en sus zapatos que Kurama debió quitarle mientras estaba inconsciente.
La estancia apenas contaba con una habitación en la que se juntaba la cama con un colchón viejo desnudo y una mesa de madera con una silla desgastada. Había una puerta a contra la principal, cuando la abrió se dio cuenta de que era una letrina, tuvo que cerrarla de inmediato por el escalofrío que le entró por la columna.
Absolutamente nada.
Se ajustó sus zapatos y tanteó el área de su herida, la sentía sanarse lentamente con las hiervas que le pusieron, quizás se abriera mientras corría hacía el vacío, pero era un riesgo que tomaría. Encaminó hacía la otra ventana rota, abriéndola lentamente y cruzó el umbral a cuestas.
Una vez afuera rápidamente lanzó una mirada a sus lados, con el aire helado revoloteando a su alrededor, no pudo evitar frotarse los brazos con cierta insistencia, el frío era intenso que incluso podía ver el vaho salir de su boca cada vez que respiraba.
Sus pies se movieron a cuestas por la arena, intentó descifrar en dónde demonios estaba, pero no perdería tiempo valioso al pensarlo. Alejarse lo más rápido posible de allí era su única opción.
Se escabulló entre las pequeñas casuchas mal construidas sobre el terreno, apegándose apenas a las paredes con huecos, miraba a sus alrededores totalmente alerta a que Kurama no se apareciera. Al mirar entre las demás casas vio una colina de arena lo bastante alejada, quizás más allá haya pueda vislumbrar mejor que caminó tomar.
Sigilosamente pasó entre los angostos caminos, y cuando llegó a la penúltima casa, se quedó de piedra cuando una sombra emergió desde la oscuridad creciente dónde la luna no alcanzaba a alumbrar. Se detuvo abruptamente, abriendo más y más los ojos al reconocer al sujeto que estaba con Kurama cuando despertó.
Una mirada bastó para que los ojos rojos del hombre le diesen la certeza de que era un Demonio más.
Algo en su mirada le infundió miedo, y la sonrisa retorcida que le dedicó no le dio buena espina. De pronto esa casucha que abandonó le parecía su mejor escondite.
Tragó grueso mientras retrocedía lentamente.
—Eres una criatura demasiado valiosa —dijo el hombre mientras se acercaba lentamente, y Sakura retrocedía con la respiración acelerándose—, no tienes aura, eres hermosa y estás junto a Kurama-dono. Él siempre protege a las mejores criaturas que pueden ser vendidas en el mercado negro a mayor precio
Se detuvo un momento, observándola con un sádico placer.
—Sólo esperé el momento exacto para atraparte, pero me haces el trabajo más fácil al escapar de él —seguía diciendo—… Ah, Kakuzu pagará mucho oro por ti.
¿Esto acaso no podría ir peor? Tembló, ¡planeaba venderla!
—No creas que te dejaré atraparme fácilmente —dijo Sakura sin rendirse aún.
Y el Demonio se rio fuertemente.
—Ya lo veremos, con esa herida fresca dudo que puedas darme mucha pelea. —Y extendió sus brazos al frente.
Sakura corrió con su velocidad sobrenatural al otro extremo del conjunto de casas esquivando por cada esquina las manos del sujeto, parecía una especie de Demonio con la habilidad de estirar sus manos que se volvían una especie de tentáculos negros, por su sombra se guiaba dónde la tomaría, y saltaba a tiempo antes de ser aprensada.
Trepó hacia el techo de una casucha, apretando la herida de su costado con fuerza.
—No te abras, no te abras —murmuraba.
Los tentáculos salieron frente a ella cuando se plantó en la orilla del techo, directamente hacia ella retrocedió rápidamente esquivándolos con agilidad, recordando cada paso de su entrenamiento. Se aproximó al suelo y ahí una de las extensiones le esperaba, la enrolló de la pierna y la derribó.
Se golpeó la cabeza, el dolor fue poco gracias por la amortiguación de la arena, fue arrastrada bruscamente por todo el camino del callejón, intentaba zafarse al tomarlo con sus manos, pero le era imposible. Miró la dirección dónde se dirigía, el Demonio estaba del otro lado acercándose a la par, con una sonrisa macabra en sus labios.
Desesperada, tomó la primera roca que encontró en el camino y la azotó en el tentáculo cual se retorció ligeramente, lo que le dio tiempo de levantarse y aferrarse a la primera ventana que vio. Estampó su puño, rompiéndola y haciéndose de un pedazo filoso y una cortada profunda en la palma.
—Tus esfuerzos son inútiles —gruñó el Demonio moviendo sus brazos gríseos.
—¡Ah! —gritó Sakura cuando su rostro volvió a impactar el suelo.
Esta vez la arrastraba más rápido que apenas tuvo tiempo de ponerse boca arriba y pasar el pedazo de cristal sobre el tentáculo que aprensaba su pierna, un gruñido feroz vino desde el otro lado y la sangre oscura tiño la arena.
Quitó apresuradamente los pedazos de tentáculo y se incorporó a cuestas, alejándose del Demonio. En este momento estaba más desesperada por perderlo de vista que preocuparse por el ardor de su mano, salió a un lugar abierto entre las casuchas. Casi gritó del susto al ver que los tentáculos venían de nuevo a ella y no tenía dónde esconderse.
La atraparía.
Volteó justo en el momento que alguien aterrizaba frente a ella, reconoció esa espalda al instante.
Kurama.
—¡Te dije que te quedarás adentro! —le reclamó apenas mirándola.
Sakura presenció a Kurama extender su mano liberando llamaradas azules que impactaron a los tentáculos, consumiéndose apenas siendo rozados. El grito que profirió el Demonio fue agudo y agonizante, tuvo que taparse los oídos y cerrar los ojos.
Cuando los abrió segundos después, Kurama ya no estaba frente a ella, si no perdiéndose entre las casuchas persiguiendo al Demonio que huía. Alzó la mirada al cielo sabiendo lo que haría, pero el silencio pareció envolverla que no se escuchó más que el viento contra la arena, ni siquiera lo aldeanos de ahí parecieron alterarse.
Cómo si supieran lo que estaba pasando, apagaban todas sus luces y se escondían en los rincones de sus casas.
Ocultándose de los demonios nocturnos.
No tuvo fuerzas para moverse, se miró la mano con la que agarró el cristal, la sangre escurría lentamente, veía apenas cómo empezaba a regenerarse lentamente del extremo. Escuchó pisadas a su dirección, Kurama se acercaba a ella con un semblante furioso, la tomó del brazo apretándola con fuerza.
Su rostro era más serio de lo habitual.
—¿No podías obedecer una simple orden?
—Cómo si pudiera obedecer a mi captor, ¡me secuestraste! ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Sentarme a esperar que regresaras cuando tenía la oportunidad de escapar? —casi le gritó a la cara.
—Pues es justo lo que esperaba —dijo, y la jaló en dirección a las casuchas, aunque Sakura puso resistencia, pronto supo que sería completamente inútil—. Esta zona es peligrosa, hay muchos Demonios viviendo en este pueblo. Por eso te dije que no salieras, ese tipo pudo haberte secuestrado de verdad y…
Dejó de prestarle atención, «Secuestrarte de verdad».
Cuando estuvieron de nuevo dentro de la casucha, Kurama la guio hasta hacerla sentarse en la cama, él jaló la silla con el ungüento en mano y en un silencio sulfúrico le vendó la mano sin siquiera preguntarle, apretándole de más la venda demostrando la ira silenciosa que bullía en él.
Pero Sakura estaba más absorta buscando las respuestas a sus acciones, era como si... la estuviese cuidando. Aunque viéndolo desde el punto de vista lógico, mató a ese Demonio porque iba tras su presa, su costo de oportunidad.
Una oportunidad para hablar con Sasuke.
—¿Hablar sobre qué? —se preguntó en voz baja mientras frotaba su mano vendada.
—Deja de moverte más o se te abrirá la herida —chistó él.
Iba a responder con alguna ironía, pero una manta interceptó en su cabeza, se la quitó de la cabeza para sorprenderse más sobre el detalle... no lo había visto mientras inspeccionaba la casucha, acaso...
¿Acaso salió a conseguir la manta?
Kurama la miró con ojos entrecerrados.
—Intenta dormir solamente por hoy, mañana a esta hora estarás de vuelta a tu ciudad.
¿Qué estaría de regreso?
Intentó descifrar su comportamiento. A pesar de la situación, sus sentidos estaban alerta, no quería pensar que se sentía traicionada de cierta forma por Kurama, cuando la salvó aquella vez pensó que, aunque fuera un extraño, podría ser de confianza.
Con esto demostró que no era así.
Pero seguía en duda.
Él no había hecho nada para lastimarla hasta el momento; en cambio le aplicó un tratamiento a su herida, le dio comida y una manta para el frío.
Y desde ahí, observándolo sentado al otro extremo de la habitación oscura con una mirada que reflejaba melancolía, le preguntó lo que tanto deseaba saber.
—Kurama —dijo, los ojos del Zorro se despegaron de la ventana hasta posarse en ella—. ¿Cuáles son... tus verdaderas intenciones con Sasuke? Dudó que sólo quieras hablar con él.
—Mis verdaderas intenciones... —murmuró, absortó mientras lo consideraba—. No creo que sean de tu incumbencia.
—Comenzó a ser de mi incumbencia cuando me secuestraste —rechistó ella frunciendo el ceño.
Kurama soltó una risa por debajo, pasando la mano por sus cabellos y mirándola divertido.
—Vaya rudeza, pequeña.
—Sólo quiero saber la verdad, sé que no me secuestraste porque quieras hacerme daño.
—¿Y cómo estás segura de eso? —inquirió con voz ronca.
—Me diste comida y una manta.
—Eso no te asegura nada.
—Me salvaste de ese Demonio —le recordó.
—Solamente porque alguien iba a llevarse mi rehén.
—Hace unos minutos me prometiste que mañana estaría en Tokio —rebatió segura, y luego añadió—: y me defendiste aquella vez de esa Vampiresa.
Se quedó callado abruptamente, mirándola con intensidad intentando averiguar a través de sus ojos porqué su esencia parecía tan importante para Sasuke, ¿cómo esa mujer influía en él?
Cuando estuvo en la ciudad mirándolo desde lejos, junto a ella, parecía más tranquilo y centrado, como si no tuviera a media comunidad Cazadora detrás de él para atraparlo, olvidando todos sus demonios y alejándose de la mierda de mundo que vivían.
Solamente viéndola a ella con una sonrisa apacible en sus labios y sus ojos más suaves.
Pensó en ese momento que, para su hermano, Sakura era la persona más importante de su vida, incluso al escuchar su voz hace rato, ocultando una verdadera desesperación por desconocer la integridad de ella.
Jamás, desde que estuvieron juntos, había expresado tanto aprecio por alguien, ni siquiera con Midori.
Volteó el rostro, admirar la luna había sido una costumbre desde que Sasuke lo aborreció y Mikoto creyó que solamente necesitaban un tiempo distanciado para solucionar sus problemas personales. Pero esto iba más allá de un simple disgusto.
La supuesta traición que cometió hacia su querido hermano mayor era una completa falacia. Y el ver la luna le hacía sentirse menos sólo de lo que se encontraba.
Aspirando por la nariz, se permitió ser sincero con Sakura. Extrañaba demasiado hablar con alguien que no corriera de él en primera estancia, que no le tuviera miedo.
—La mujer que medio vida murió protegiéndome cuando apenas nací —dijo de pronto Kurama, sin dejar de observar por la ventana. Sakura parpadeó, consternada a que estuviera hablando de algo tan delicado— mi madre, Mikoto, me encontró entre las cenizas y me acogió como si fuera hijo de sus entrañas a pesar de ser diferente. Me crío a su manera, a la manera de los Lobos. Y Sasuke... es como un hermano mayor para mí, ellos son mi única familia en este mundo.
"Son", aún los consideraba. Tal vez él no supiera que Mikoto yacía muerta en el fango de los caídos, Sakura lo pensó mientras lo veía suspirar y acomodarse mejor, dirigiéndole una mirada pesada.
No, a ella no le correspondía decirle esa verdad.
—Sasuke y yo tuvimos ciertas diferencias hace tiempo, él creé que lo traicioné al involucrarme con su pareja de ese entonces —dijo, y sus ojos se envenenaron—. Esa maldita gata que nos tendió una trampa.
—¿Sasuke tenía una pareja?
Su pregunta salió en un fino y mísero susurro. Su pecho se contrajo de una sensación extraña al saberlo, claramente él pudo haberse involucrado con alguna mujer en el pasado, el hecho de que no lo vea con ninguna no lo hacía exento de esos sentimientos…
Pero… ¿qué era esta sensación de celos por algo que ocurrió en el pasado?
¿Celos?
—Tenía, y no estuvieron mucho tiempo juntos afortunadamente. Midori era una gata astuta que buscaba beneficio y, como son los de su especie, la doble moral por lo cielos —expresó con tanto odio que a la pelirrosa le quedó más que claro su desprecio hacia esa mujer—. Quise hacerle ver a Sasuke que ella no era quién creíamos, que sólo se acercó a él para hacerle daño, pero...
Se quedó callado, recordando el pasado. La noche en que Midori atacó a los aldeanos con tal que pareciera que él los aniquiló, de cómo lo acorraló en medio del bosque y lo besó justo en el momento que Sasuke aparecía buscando explicaciones del ataque repentino hacia Mikoto.
Bastó un segundo y todo se descontroló.
El dolor volvió irracional a su hermano, y no creyó ninguna de sus palabras.
«Los hechos hablan por sí solos».
—¿Intentaste explicarte? —inquirió ella después de observarlo en silencio, su semblante decaído, quitando una máscara de hostilidad.
Kurama se rio quedamente, llevó una mano a su camisa y la alzó mostrándole sus pectorales. Contra la tenue luz de la noche apenas se veía algo, pero con los ojos de Sakura con la capacidad de adaptarse a la oscuridad, vio claramente la cicatriz que se situaba en la parte del torso.
—Lo intenté por todos los medios, pero no estaba dispuesto a escucharme —dijo bajando la camisa—. Pero, por última vez quiero decírselo, aunque no me crea... aunque me atraviese su espada para acabar con mi vida, estará bien morir en sus manos.
¿Matarlo estaría bien?
Los ojos de la chica reflejaron pena y una tristeza profunda, comprendió el verdadero sentimiento de Kurama y lo desesperado que se encontraba por encontrarse con Sasuke que tuvo que recurrir a un medio tan bajo como secuestrarla para atraerlo. A pesar de que se ganara más su odio, él únicamente quería ser escuchado.
Que Sasuke le creyera.
Que su hermano mayor creyera en él antes que cualquiera.
Un nudo se formó en su garganta, conocía bien al azabache como para saber que no le daría oportunidad de pronunciar ninguna palabra, iría directamente a rebanarle la cabeza sin exigir explicación, siendo aquel ser despiadado que conocía cada vez que alguien intentaba hacerle daño.
Pensar en Sasuke le deprimía, esperaba que no estuviese muy herido tras enfrentarse con Akatsuki, quería confiar logró librarse de ellos sin contratiempos. Estar lejos de él en este tipo de situación provocaban los pensamientos negativos sobre sí volverían a encontrarse en esta vida.
Desde aquella vez se metió ese pensamiento a la cabeza, que ambos corrían peligro en cada paso que daban fuera de la ciudad de Tokio, incluso dentro. En las veces que Sasuke se enfrentaba a los Demonios para protegerla.
—Entonces... ¿morirás mañana? —preguntó con voz ahogada.
Ahora lo entendía.
Maldición, lo entendía. El sueño que tuvo antes de despertar... eran las memorias de él, su rostro lleno de confusión y odio a Midori. Incluso ahora, eran los mismos ojos que la miraba abatidos y la sonrisa triste.
Ni siquiera se preguntó en ese momento como fue que lo supo.
—Es lo más probable, así que ten la certeza que pronto estarás en casa —aseguró, y luego, tras un rastro de duda, añadió: — No pensaba traerte conmigo, Sakura. En serio que no, pero la situación se movió de esta manera, tú tenías que salir de Tokio y yo te necesitaba para atraer a Sasuke. Sólo velo como un bien común.
Un bien común, decía.
Y desde esa perspectiva era cierto.
Estaba lejos de Akatsuki y Kurama la había curado a cambio de quedarse con él para atraer a Sasuke.
Conocía muy poco de los sentimientos de Sasuke hacia Kurama, ¿lo odiaría realmente? Lo había visto interactuar con Itachi y Hikoro, sumamente distante en algunas ocasiones, con Kurama seguramente fue más allegado como para no pronunciado ninguna ocasión a causa del dolor que todavía sentía por su traición.
La traición de un familiar.
Miró a Kurama una vez más, él parecía tan sereno.
—Duerme, pequeña. Mañana terminará todo esto.
Y le hizo caso.
Cerró los ojos, confiando una vez más en él, en sus razones para retenerla, de alguna manera, protegiéndola y sirviéndole de escudo. Guiándose meramente por los sentimientos de anhelo a querer ver una vez más a su hermano mayor.
Intentó retener las lágrimas que acudieron a sus ojos en ese instante.
Que afortunados eran algunos de tener a su hermano vivo, de tener la certeza de que estaba de pie en alguna parte del mundo. Y muy idiotas por dejarse llevar con los sentimientos de odio y desprecio para crear una enorme brecha entre ambos. Mientras estuvieran vivos, la esperanza resplandecería.
Y por más que Sakura lo anhelara con todo su corazón, jamás volvería a ver a Sakumo, su hermano mellizo que yacía junto a los Natus a la espera de ser llamado al cielo o el infierno.
Era un deseo imposible.
Tokio, Japón.
Noche.
—¿¡Estás hablando en serio!? —gritó Kiba con los ojos muy abiertos.
Dentro de unas de habitación de equipamiento, el grupo se reunió para abastecerse de armas de fuego y cuchillas, mientras esperan a que Ali apareciera y les indicara a dónde debían dirigirse para abordar el avión. Kiba se había unido al grupo por órdenes de Sasuke y estaba más que ansioso por partirle la cara a Kurama por haberse llevado a su amiga.
Pero cuando vio quién cruzaba la puerta como último integrante, pegó el grito en el cielo. Y después de preguntarle al azabache la razón por la cual ese "tomate podrido" se dirigía a ellos como si fuera lo más normal del mundo, casi se va de espaldas al escuchar que formaría parte del grupo de rescate.
—¿Perdiste la cabeza? ¡Este idiota intentó llevarse a Sakura hace unos meses! —exclamó apuntándolo con el dedo, Sasori lo miró con ojos entrecerrados.
—Lo sé —dijo el azabache cargándose de paciencia con Kiba, poniendo cuchillas en las fundas alrededor de su cintura. Por detrás, Naruto enrollaba su equipamiento y lo guardaba en el bolsillo lateral.
—¿Pretendes dejarla a su merced?
—No, es una amenaza si se queda en la ciudad, así que lo llevo conmigo para vigilarlo de cerca, y de paso, que nos sea de utilidad —aclaró Uchiha serio, considerando la razón principal de que hicieran una especie de trato que se resumía en una sola persona: Sakura.
Kiba volvió a dirigirle una mirada matadora a Sasori, que compuso una mueca de total fastidio.
—Debiste decirle a Suigetsu o Karin-san que vinieran con nosotros —seguía replicando.
—Ellos deben proteger la ciudad junto a la manada en nuestra ausencia —Sasuke se ajustaba sus guantes mientras hablaba—. Recuerda que los Sarutobi no son demasiados en número, y Shisui está en una posición neutral. Itachi se encuentra con Kakashi y Hikoro que están siendo tratados en el hospital.
Recordó el mensaje que le envío Itachi minutos atrás, habían encontrado a Hikoro y se dirigían justo al hospital. Kakashi partió minutos después llevándose a Tenten pues jugaría con la mentalidad del enemigo ocultándola en un lugar predecible dónde no volverían a atacar.
Miró de reojo a Sasori que parecía desinteresado de estar ahí. Sus razones le seguían colmando los nervios. ¿Decía que amaba a Sakura? No era ignorante a la relación que tuvieron ambos en el pasado e incluso llegar a sospechar de la razón por el cual terminó con ella: para no exponerla a Akatsuki.
Lo que le inquietaba de sobremanera eran los sentimientos de Sakura, ¿todavía amaba a Sasori? De sólo considerarlo... le amargaba la boca y su malhumor resurgía sin piedad. En todo caso, no debería importarle.
Pero le importaba.
No podía concebir la idea de Sakura y Sasori juntos...
Tal imagen mental trajo un amargo sabor de boca, entre la charla que los otros tres mantenían, terminó de colocar la última cuchilla y se alejó en sentido a la puerta, intentando poner distancia entre esos pensamientos cancerosos que le carcomían la mente y el corazón.
Las razones de Sasori en rescatar a Sakura eran muy diferentes a las suyas... quería creerlo.
Necesitaba convencerse de lo contrario, de que lo hacía por obligación, por el juramente que le hizo a Kakashi en el despacho tras ver sus ojos desesperados. Que Sakura no merecía morir en manos de Kurama después de todas las dificultades que habían atravesado.
Lo intentó, se lo repitió mil veces en la cabeza desde que comenzó a darse cuenta de lo que estaba albergando realmente en su corazón, y lo estaba sintiendo, realmente él...
—Sasuke, espera.
Se detuvo en secó al escuchar a Naruto, no lo sintió seguirlo. Esperó a que le diera alcance y alzó la cabeza a su dirección, la expresión de su amigo le decía cuán preocupado estaba por todo. Seguramente intuyó parte de sus pensamientos porqué le sonrió ligeramente, dándole palmaditas en la espalda en son de apoyo.
—No deberías angustiarte demasiado por Sasori, también tendré un ojo sobre él.
El pelinegro bufó ligeramente, con el ceño fruncido.
—No hará nada en nuestra contra.
—¿Por eso se ve tan... cooperativo? —dijo un tanto dudoso el rubio.
—Sus razones son poderosas cómo para dejar Akatsuki y unirse a nosotros. Todo se basa simplemente porque la ama.
Escupió esas palabras con desprecio, Naruto ensanchó ligeramente los ojos y después se sereno.
—¿Y tú? —inquirió, su amigo lo miró de reojo— ¿Por qué estás dispuesto a luchar a muerte con Kurama para salvarla?
Porqué yo…, pensó el azabache en un instante, mientras su boca respondía otra realidad completamente diferente.
Una vil mentira.
—Porqué es mi deber —respondió automáticamente, como si hubiera practicado una y otra vez frente al espejo intentando convencerse—. Soy su protector.
—¿Estás seguro de que esa es la razón principal? —Naruto lo encaró de frente, con unos ojos cargados de convicción por hacerle ver ahí y ahora que era peligroso ignorar sus verdaderos sentimientos, Sasuke nunca desviaba la mirada ante la presión, y no sería la primera vez que lo haría, lo taladraba con sus ojos oscuros—. Por qué, a lo que veo, estás mintiéndote a ti mismo sobre lo que Sakura provoca en ti.
Sasuke afiló su mirada.
—Lo único que provoca en mi es estrés por todo lo que le sucede. —Pasó largó intentando culminar esa absurda interrogación, no era el momento adecuado para discutir sobre sus sentimientos.
—Más bien, te provoca miedo.
Se detuvo abruptamente, con la vista fija al frente, escuchando el zumbido de la respiración de Naruto a sus espaldas. Su propia respiración y los pensamientos que comenzaron a surgir desde lo más profundo de su ser.
¿Miedo?
—Ahora mismo tienes miedo de lo que pueda sucederle en manos de Kurama, temes no volver a verla nunca más —decía Naruto acertando en sus más íntimos pensamientos, de lo que intentó ocultar desde un principio—. Temes perderla porqué la amas.
Amor.
No es un concepto que esté del todo gustoso y repudia de él a toda costa, incluso del que le profesaban sus hermanos a causa de la marca tan grande que cargaba en su corazón tras ser repudiado por su propio padre, que alguna vez le dijo que lo amó.
Y se lo demostró de la peor manera cuando intentó matarlo y posteriormente aniquiló a su madre.
—Yo no…
Pero ahora... era otra persona que provocaba en él ese sentimiento, uno viejo, pero se sentía con la misma intensidad de ese preciso momento, porqué fue evolucionando a medida que sus recuerdos se filtraban a su mente.
Recuerda el sentimiento que le profesó a Sakura. No era un amor pasional y lujurioso hacía una niña, no, más bien era cariño por la criatura desprotegida y delicada que era. No había un amor romántico porque lo único que le importaba en ese momento era que ella estuviese bien el resto de su vida.
El tiempo no pedía permiso, tampoco el corazón.
No sabía en qué momento fue, si cuando la vio dormir por primera vez después de encontrarla; cuando la rescató de las manos de Sasori o cada día que convivía con ella y su acercamiento se volvía inevitable, cada vez más estrecho hasta el punto de sentirse a gusto a su lado y buscarla a cada instante, al intentar proteger su propia inocencia ante las aberraciones del mundo que la corrompía al descubrirlas.
De tener la necesidad de abrazarla, aunque no estuviera en peligro.
De probar sus labios rosados de apariencia suave.
De hundir el rostro en su hermoso cabello y tocarla cuando quisiera. Sin pedir permiso, sin tener que excusarse.
No sabía cuándo y cómo fue...
...Que se enamoró verdaderamente de ella.
Lugar desconocido.
—… Izumi intentó atrapar a Sakura, pero no tuvo éxito. Sakura escapó a Hoka No Sekai.
A simple vista Pain sabía que la noticia ya había llegado a oídos de él —el verdadero líder la organización— pero se lo repitió como parte de su informe, con la vista clavada al frente, ignorando del desastre a su alrededor. La estantería vacía cuyos libros y documentos se esparcían en el suelo, la mesa boca abajo y las sillas rotas en las esquinas.
Esa habitación siempre le había parecido tan desolada, oscura e insípida, pero él jamás pactaba otro punto de encuentro que no fuera ese, así que no tenía más que viajas hasta ahí. La casa estaba lejos de la civilización.
—¿Otra vez? —preguntó en murmullo el hombre, sentado en la gran silla, dándole la espada—. Quizás la presioné demasiado…
—Enviaste a Konan a que le advirtiera.
—Sí, lo hice para que lo tuviera presente, no para que se lanzara a ello y echara a perder mis planes —expresó todavía sereno, Pain seguía esperando detrás de él.
—¿La castigo por fracasar?
—No, está bien que haya fracasado —dijo incorporándose, sin dejar de mirar al frente el enorme cuadro que yacía colgado en lo alto de la pared con tapiz rojo—. Aún es muy pronto para que regrese a mí, deja que siga engañándose que estará segura entre sus aliados y que se haga más fuerte, ansío a que llegue ese día.
Pain lo observó aproximarse a su derecha a recoger una fotografía, el borrón rosa apenas fue perceptible cuando soltó el trozo de papel que cayó lentamente al suelo.
—¿Qué harás mientras tanto? —preguntó él observando los ojos rojos del individuo y su sonrisa retorcida.
—Esperaré al nuevo nacimiento de mi camarada a manos de Orochimaru, aún faltan Mestizos y Cazadores para que hagan realidad, encárgate de ello —dijo aún sin dejar de mirarlo con una repentina seriedad.
—¿E Izumi?
Silencio, los ojos rojos del hombre se entrecerraron.
—Deja que intente atrapar a Sakura una y otra vez. Jamás lo conseguirá mientras yo no lo quiera.
Pain sabía de sus planes, y lo que Izumi figuraba en ellos, simplemente para él era una simple diversión, una manera de ayudarle a Sakura a "fortalecerse". No la veía como una aliada y mucho menos una subordinada, si no, un peón más.
Una pieza reemplazable.
—Cómo digas.
Pain partió por la puerta principal, y antes de cerrar a la par, observó una vez más la pintura que colgaba en lo alto de la pared. Una antigüedad del Clan Haruno que se remota a los inicios en que los Cazadores pisaron la tierra, una de las mejores guerreras de la historia inmortalizada en pintura.
Y una de las grandes obsesiones del hombre que la miraba allí todos los días allí, sentado en esa majestuosa sillas con sus sádicos ojos rojos.
Kabom! Cayó la bomba en más de un sentido, comenzando a que el grupo ya sabe que Sakura está en manos de Kurama, que al principio sus razones no son del todo claras, pero ahora que se ha explicado, en realidad busca desesperadamente el perdón de Sasuke. Aunque cada quién da su versión, ¿cuál es la verdadera? Sakura se inclina en la versión de Kurama, pero ¿será cierta?
Por otra parte, ¡SASUKE POR FIN LO ADMITIÓ! Aunque para sí, pero por fin admitió que está enamorado de Sakura, su descubrimiento de años de porqué se sentía celoso cuando recordaba las razones de Sasori, al fin y al cabo, ambos lo hacen por la misma razón.
Y es todo por el momento, cada vez estoy más emocionada porque estás partes siempre fueron y serán las partes que me gustan escribir, ¡Se vienen cosas grandes! Y cada vez nos acercamos a dónde todo quedó, todo es mucho más grande de lo que parece.
¡Estoy tan feliz de que sigan aquí! No me cansaré de repetirlo, gracias por todo el amor que le dan este fic, que a pesar de ser el segundo que nació en mi cabeza, aún no lo he culminado como los otros.
¿Qué les ha parecido el capítulo? ¿Bueno, malo, asco? ¡No olviden decírmelo! *risas* Espero aparecer pronto de nuevo.
¡Alela-chan fuera!
