Término dentro de DDS:

—Auras
Cada ser vivo contiene energía vital y esto mismo los diferencia de los demás. Los grupos se diferencian de los otros conforme a los poderes que reguardan en su cuerpo, al igual que el alma. Los que pertenecen al otro mundo (Cazadores, Seres Sobrenaturales y Demonios) pueden ver las auras por unos escasos segundos, parpadea entornó a la silueta del individuo.

—Clasificación y color de aura

Humano: azul celeste.

Cazador Puro: blanco.

Cazador Impuro: morado.

Lobo: rojo.
Vampiro: gris.

Felino: verde.

Mestizos-Híbridos: negro.

Ribus (demonio inferior): naranja.

Medium (demonio intermedio): amarillo.

Exoctis (demonio único en su especie): café.

—Fujunan'a hanta
Significa "cazador impuro" un título irónico conforme a la situación. Son Mestizos que se someten a un riguroso entrenamiento en los cuales se especializan en el arte de proteger a quien los contrate. Mayormente sean demonios o Seres Sobrenaturales. Es un oficio antiguo que se remota a los principios de su existencia, pues cobran por sus servicios y ejercen cualquier trabajo que se les presente. También son mercenarios, intermediados de información al mejor postor.

—Clanes de Cazadores Puros
Son los encargados de proteger la paz de los humanos como se mencionan en el prólogo. Hasta ahora se han mencionado cuatro Clanes: Haruno, Uchiha, Uzumaki y Hyuuga.

—Clanes de Cazadores Impuros
Son Cazadores con líneas de sangre derivados a los Clanes Puros. Sus poderes no son nivelados y son consideramos como "apoyo" para los Clanes; no son muy numerosos por lo que no tienen un lugar como tal en la categoría.

—Consejo Real
Es un conjunto de Cazadores Puros e Impuros que dictaminan las leyes en el Mundo Sobrenatural cual pertenecen. Tienen la función de juzgar a cada Cazador por sus actos cometidos dando una sentencia cómo castigo.

—Akatsuki
Son un grupo de Demonios y Seres Sobrenaturales de distintas especies. Antes se encargaban de ser intermediados de información entre guerrillas —siendo partícipes las mismas especies—. El Clan Haruno fue el encargado de darles caza, y se cree que por ello el Clan fue eliminado. Hasta ahora uno de sus objetivos es eliminar a los Haruno sobrevivientes y atrapar a Haruno Sakura con vida.

Los Diez Escalones de Akatsuki: sin información concreta.


|16|
Nula esperanza


15 de junio del 2016.
Tokio, Japón.
Hospital general.
Tarde.

Desde que Tsunade regresó de su reunión con el Clan Sarutobi supo que no descansaría por un largo rato. En el hospital reinaba el caos y Shizune apenas logró lidiar con los problemas durante la primera hora, mandando a que fueran por los cuerpos inertes en los pasillos antes de que dejaran entrar a los pacientes Humanos. Parte de la construcción del Hospital fue dañaba, y tras una valoración rápida, dictaminaron que no se vendría abajo.

Venía de aquí para allá coordinando a sus doctores y ayudantes, tanto como Humanos y Sobrenaturales, en una emergencia como esta debían colaborar sin hacer ninguna clase de pregunta.

—Vean lo que vean, es totalmente confidencial —dijo abruptamente—. Confórmense con saber que sus pacientes sobrevivirán.

La luz del Hospital se fue en ese preciso instante, los murmullos se alzaron en terror lo sucedido. Comenzaron a alborotarse sin razón alguna, o eso pensaba Tsunade.

—¡Silencio! Los generadores de emergencia funcionan, la luz volverá en unos minutos —espetó y las voces bajaron a murmullo. En cuanto la luz se hizo presente, se dirigió a los doctores que la seguían—. Vayan a atender sus labores, estén pendiente a las indicaciones, búsquenme a menos que sea estrictamente necesario.

—¡Sí!

Los vio partir entre los pasillos, se giró directamente a recepción observando la entrada de emergencias, en plena noche los accidentes ocurrían y arribaban diversas personas sobre camillas, atendió a dos pacientes de un múltiple choque cerca del Centro Comercial debido a la conmoción de la supuesta bomba que estalló en el interior.

Cuando los dejó estabilizados, vio a Itachi cruzar a prisas las puertas de emergencia con Hikoro en brazos, su rostro expresaba total terror.

—¡Tsunade-sama! Necesito su ayuda —le rogó a medida que se acercaba—. Hikoro utilizó la teletransportación.

—¡Kia, trae una camilla! —dijo a la enfermera que iba de paso, pero tras lanzar una mirada de nuevo a la puerta y ver a Garuda y Tenten traer a Kakashi, volvió a gritar: — ¡Que sean dos camillas!

El estado de Hikoro, el tan sólo verla dolía. Su piel era cubierta por manchas negras al igual que la mitad de su rostro, con los ojos abiertos en su totalidad y completamente blancos, boca semiabierta y sangre escurriendo de la nariz. Tsunade arrugó la suya al comprender lo que sucedía, no era la primera vez que la veía en ese estado, sin embargo, siempre esperaba que fuera la última. Si fuera por Uchiha se sacrificaría con esa técnica por salvar a sus seres queridos.

Luego viró a Kakashi, que, aunque no se veía tan horrible en aspecto como Uchiha, estaba inconsciente. Lo tocó sintiendo su energía espiritual escasa, lo único que necesitaba era descansar y ser curado del hombro, se veía más grave de lo que creyó principio.

—¿Qué sucedió con Kakashi?

—Escuché que la alabarda de Kisame le mordió el hombro y absorbió toda su energía —explicó Tenten, reuniendo todas sus fuerzas para sostenerlo—. Estaba consiente hace unos minutos, pero no pudo más.

Kai apareció regreso empujando las dos camillas, Itachi dejó a su hermana sobre una sin dejarla de mirar con total preocupación. Soportó la necesidad de gritar frustrado por verla en ese estado. Quiso regañarla ahí mismo por su imprudencia, pero las palabras no le salían, pensar en la posibilidad de que no pudiera moverse nunca más le traía un nudo en la garganta.

—Tienes que salir de esta, hermana —le dijo en susurro acariciándole el cabello delicadamente—. Sasuke está preocupado por ti, ¿puedes imaginarlo? Él mando a los Lobos a buscarte, en verdad te quiere.

A su lado Kakashi fue recostado en la otra camilla, Tenten estuvo a punto de retirarle la máscara de su rostro para que no dificultara su respiración, pero Tsunade se lo impidió tomándola de la mano; con la mirada gélida del frente.

Itachi hizo lo mismo, desvió la mirada a dónde la mujer la tenía puesta y casi le da un ataque de ansiedad.

Quién estaba de pie observándolos con una mirada fría era su padre.

Fugaku.

Pero ¿qué demonios...?

—Itachi —Nombró Fugaku clavándole la mirada.

El aludido se enderezó completamente.

—Padre —apenas dijo, sin dejar de mirarlo, entrecerró los ojos al percatarse de que Fugaku se percataba de Hikoro y su estado, aunque quisiera ocultarlo no podría hacerlo.

Inmediatamente los ojos de su progenitor viajaron a la camilla dónde Hikoro reposaba, rápidamente notó su estado grave, y del hombre de la otra camilla cuya aura blanca relucía, supuso que se trataba de uno de los aliados de Tsunade y Minato. Volvió a fijar la vista en Itachi, su hijo mayor.

Le parecía bizarro haberse encontrado cara a cara con sus dos hijos en esta situación, en medio de una catástrofe que envolvía a la ciudad, escuchó sobre el altercado en el hospital, seguramente Hikoro y ese Cazador estuvieron involucrados. Lo que le parecía casi incomprensible era de qué manera ocurrieron las cosas.

Toparse con ambos fue prematuro, pero aprovecharía la ocasión.

—¿Qué sucedió con Hikoro? —interrogó sin moverse.

El azabache menor entrecerró los ojos. Miró de reojo a Tsunade que se dedicaba a fulminar a Fugaku con la mirada.

—No es de tu incumbencia, padre. —A pesar de todo, Itachi le hablaba con el respeto que, sin duda, no se merecía. Una costumbre más que nada.

—Me concierne puesto que uno de mis hijos está gravemente herido —replicó Fugaku serio, volviendo a centrar su atención en Hikoro—. Por sus marcas supongo que utilizó la teletransportación, ¿no tiene prohibido hacer esa técnica?

—Lo tiene, pero no debes preocuparte por ello. —Itachi recalcó la palabra con su voz, haciendo un sutil empujón a la camilla para que comenzaran a avanzar.

Tsunade vio la oportunidad perfecta para escabullirlos.

—Kai, Tenten, llévenlos a Cuidados Intensivos —les dijo en voz baja a ambas que no tardaron en obedecer sus órdenes.

Tenten miró de reojo a Fugaku, que de pronto tenía la vista clavada en ellas, desvió la suya rápidamente y comenzó a empujar la camilla de Kakashi. Así que él es el padre de los hermanos Uchiha, pensó mientras se alejaba junto a Garuda que no se separaba de Kakashi. Me intimida demasiado con esa mirada.

—Después de todo somos Cazadores desterrados de tu Clan —siguió diciendo mientras tanto Itachi, atrayendo de nuevo la atención del patriarca—, no tengo porque rendirte explicaciones.

—Soy tu padre.

—Y te respeto todavía por eso —dictó—, pero, te repito, no tengo porque darte explicaciones.

Fugaku observó, impasible, cómo la camilla dónde Hikoro reposaba desaparecía por el pasillo continúo siendo empujada por la castaña y el hombre con una distorsión en su aura amarilla, por último, el Cazador inconsciente. Debía hacer una búsqueda en los registros policiacos para saber quién podría ser ese hombre y su relación con Itachi.

Regresó su vista a él que tenía la mandíbula tensa y sus ojos serios, a la vez serenos. Siempre manteniendo la compostura en las peores situaciones, un rasgo que heredó de su madre: mantenerse calmo frente a un potencial factor de riesgo. No supo que sentir al saber que su hijo mayor lo veía con esos ojos.

Cómo dijo él, no le debía ninguna clase de explicación a lo que sucediera, pase a que eran miembros desterrados de su Clan y sus hijos, perdió el respeto que se merecía de ambos...

De los tres.

—Márchate, Fugaku —expresó Tsunade dando un paso al frente, sus ojos mieles brillaron cual gema gélida, para nadie era un secreto que lo aborrecía. Los ojos negros de Fugaku mantuvieron la misma intensidad—. No quiero verte merodeando alrededor de mi hospital. No juegues con mi paciencia o te arrancaré la cabeza.

—Me verás más seguido, bruja. Así que reúne mucha paciencia —dijo el Cazador, tras lanzarle una mirada larga a Itachi, se dio la media vuelta encaminándose a la salida, y antes de traspasar las puertas, se viró de nuevo directamente a su hijo que no le quitaba la vista de encima—. Sé que él se encuentra cerca de ustedes. Lo vi luchando en el centro comercial.

Itachi soltó el aire que estaba conteniendo frente a su padre para no darle ningún indicio de duda, sus brazos temblaban ligeramente. Jamás imaginó encontrarse cara a cara con su padre en una situación similar, sabía que tarde o temprano se toparía con él, aunque la ciudad fuera tan grande, se verían las caras de nuevo.

Lo que crispó completamente sus nervios fue la advertencia conforme a Sasuke, cada vez que se veían reafirmaba que estaba más que dispuesto de darle caza a su hermano menor. Hasta ahora seguía preguntándose por qué demonios sus ideales y absurdas creencias arraigadas del Clan le alcanzaron años después de que Mikoto tuvo a Sasuke.

Antes de ello Fugaku lo adoraba... o eso pensó. A estas alturas consideraba que pudo haberse tratado de una simple tetra, y cuando los mayores le reclamaron la vida del Mestizo que engendró, tuvo que actuar. O esa es la conclusión que idealizó en su mente para no mortificarse con tales cuestiones que no le llevarían a ningún lado.

—Creo que no sabe que Sasuke no está en la ciudad en estos momentos, lo que es una ventaja... ¿A qué habrá venido mi padre? —se preguntó en voz alta, restregándose el rostro.

Tsunade frunció el entrecejo, pensativa.

—Su presencia en la ciudad sólo puede significar dos cosas —señaló alzando los dedos a medida que decía—: que el Consejo Real lo envió para supervisar el mandato de Minato o que tantea terreno de la próxima ciudad que reclamará bajo su jurisdicción.

Itachi enarcó una ceja a su dirección.

—¿Crees que venga a lo último?

—Tengamos en cuenta que, cuando dieron por muerto a Kakashi hace años, el Clan Uchiha fue uno de los más interesados en "proteger" está ciudad. Así que, sí, quizás sea lo segundo.

—Pero si es así puede que revoquen de su cargo a Minato por lo que sucedió con Akatsuki —aseveró preocupado, ciertamente si no hubieran estado su padre y compañía en la ciudad, la bomba hubiera explotado.

La rubia soltó un suspiro tras pensar lo mismo.

—No te agobies por ello ahora, mejor ve a esperar en la habitación de Shisui mientras trato a Hikoro e Itachi —dijo en tono suave, Itachi ensanchó los ojos al escuchar el nombre de su primo, por lo que Tsunade se explicó—. Forzó demasiado su Sharingan, tengo entendido que Obito, Sai, Fugaku y él mandaron la bomba de Deidara fuera de la ciudad. Está en la habitación 23 de cuidados especiales, quizás Fugaku vino en un principio a verlo —sugirió dándole palmadas en el hombro y se alejó.

Asintió, con un rostro cansino. No se trataba de un malestar físico, más bien emocional. Todo le pasaba de factura: primero con Hikoro, el pensar en las consecuencias; después la preocupación por Sakura y consecutivamente Sasuke, y seguido de verse cara a cara con Fugaku.

Sin duda, había sido un día de lo más ajetreado. Y los siguientes seguramente serían peores.


16 de junio.
Cairo, Egipto.
Mañana.

Sakura abrió los ojos de sopetón, topándose con el techo desgastado de la casucha de dónde se encontraba, la manta azul de pronto le parecía tan bochornosa y se la quitó a cuestas, olvidando por un segundo que no debía mostrar esa actitud frente a Kurama, solamente escuchó su risa jovial del otro lado de la habitación.

Inmediatamente giró la cabeza a él, se encontraba de pie frente al ventanal con una botella abierta en su mano. Su sonrisa socarrona no se hizo esperar.

—Tienes un agradable humor por las mañanas, pero no puedo culparte, en medio del desierto hace mucho calor que pone de malhumor a cualquiera —aseguró mientras se acercaba a ella, tendiéndole la botella casi llena.

Sin decir nada, la pelirrosa lo agarró, y mientras le daba un largo trago no dejó de mirar a Kurama revolotear en la otra esquina de la habitación directo a la bolsa de cuero, esa tampoco estaba ahí la anoche cuando inspeccionó el lugar en busca de sus cosas.

Kurama apoyó la bolsa sobre la mesa, mirando de reojo a Sakura que desvió la mirada y empapó su cuello con agua.

—¿Sabes qué hora es? —preguntó ella en voz baja.

—¿En tu horario o de Egipto? —le devolvió con cierta diversión, rebuscando en su bolsillo—. Aquí es alrededor del amanecer. No te apures, en unas horas Sasuke estará por aquí.

—No lo digo por eso —pensó Sakura agachando la vista hasta sus manos.

¿Por qué sentía pena y tristeza al pensar que en unas horas Kurama desaparecería? Era parte ignorante a los hechos del pasado, cual era verdad y cual mentira, pero, mientras lo pensaba y se adentraba a sus propios pensamientos, las acciones del Zorro se basaban meramente en un deseo genuino y despiadado de ver a Sasuke.

Y, seguía repitiéndose, no le había hecho daño alguno a ella.

Mientras pensaba en eso, no se percató de que Kurama se acercó y depositó sobre sus piernas la bolsa de cuero. Lo miró dudosa.

—Son los cuchillos que traías escondidos en tus tenis y en el costado de tu abdomen, también recogí unas pistolas de tu amiga —decía dejándole a merced sus armas, y después dándole la espalda.

Sakura abrió la boca, incrédula. Prácticamente le estaba dando la oportunidad de atacarlo ahí mismo, bastaba con que sacara el cuchillo y se lo enterrara en la espalda, eso le daría tiempo para escapar. Podría escabullirse entre las casas y correr tan rápido para desaparecer por las pequeñas colinas de arena.

Pero... siempre había una razón para sus acciones, estaba aprendiendo de él.

—¿Por qué me das esto? —preguntó escéptica.

—Porqué tú y yo iremos a buscarte mejor ropa que no esté ensangrentada y algo de comida, y tienes que estar equipada por si algo sucede allá fuera. —Kurama la volteó a ver con una sonrisa astuta, la sorpresa marcaba el rostro de la chica, parecía un pez boqueando—. ¿Qué? ¿Acaso no tienes hambre?

—¡P-Por supuesto que sí! —exclamó Sakura levantándose de sopetón, apretando la bolsa con fuerza.

Extraño. Kurama sin duda era impredecible.

—Entonces lávate esa linda cara y ponte los zapatos, probarás un platillo que está a otro nivel de tu paladar —dijo alegremente.

Y, por primera vez en todo este embrollo, vio la sonrisa contagiosa de la pelirrosa.

—Me decepcionará si no es así, Kurama.

—Oh, créelo, pequeña. Superará tus expectativas.

Una sonrisa que quedaría gradaba en su memoria y le daría alguna clase de consuelo mientras estuviera al borde de la muerte.


—¿Por qué?

Su voz se escuchaba tan lejana, pero a la vez lo oía con claridad. Sus ojos ardían debido a las lágrimas que amenazaban con salir a la fuerza, un gran nudo formado en su estómago y garganta le impedían soltar el llanto, su respiración acelerada y pesada a la vez era una gran carga para él.

La aldea a sus espaldas ardía fervientemente bajo el cielo estrellado cual era cubierto por el humo negro que descendía de las puertas que eran devoradas en llamas, los humanos sobrevivientes corriendo despavoridos clamando la misericordia del mismo dios. Dejando por detrás las cenizas de su felicidad efímera.

Así como la de él.

Nada es eterno.

Ni siquiera el amor.

—¿¡Por qué me hiciste esto!?

Su voz exigente y teñida de dolor demostraba cuando afectado resultó su corazón que buscaba en desesperación una razón para encerrarse una vez más, para no perdonar a la persona que tenía frente a él con una herida en el pecho.

Los ojos del Zorro lo miraron, con esa inútil y patética actuación de sufrimiento, todo parte de su plan. Nada de sus emociones era verdadero, más bien, un mentiroso y ruin que lo engañó, ¡a él y a su madre!

—¡Yo nunca te traicionaría! —debatía su supuesto hermano con voz quebrantada.

Mentiroso.

—¡Confié en ti! —le gritó sosteniendo fuertemente su espada—. ¡Madre confió en ti!

Su corazón dudaba. Lo seguía haciendo.

Dudaba que fuera verdad; quería que todo esto se tratara de una maldita ilusión creada por su Sharingan, pero lamentablemente la realidad parecía más dolorosa que eso, el mundo parecía un lugar ajeno y lleno de dolor.

Un dolor que se clavaba en su corazón una y otra vez.

—¡Jamás haría algo cómo eso! —seguía diciendo Kurama, manteniéndose apenas de pie frente a él—. ¡Nunca iría en contra de nuestra madre y de ti!

—¡No es cierto! ¡No es cierto! —Seguía llevándose las manos a sus orejas, no quería seguir escuchando sus mentiras.

—¡Jamás te dañaría a ti, hermano!

Hermano.

Siempre fue su hermano. Desde que lo vio de bebé en brazos de su madre, desprotegido e indefenso, y aunque al principio estaba celoso a que su madre le prestara más atención, decidió enseñarle todo lo que sabía.

Tanto, que se metió dentro de su corazón cómo su único hermano.

Y por eso su traición le sabía amarga.

—Sasuke... hermano, escúchame por favor.

—No... lo hechos hablan por sí solos...

—Sasuke...

No quería seguir sufriendo.

—Sasuke.

Abrió los ojos de sopetón al escuchar la voz de Sakura, e incluso la vio frente a él, inclinada. Mirándolo con sus ojos verdes, intentó decir su nombre, pero cuando parpadeó dos veces, la imagen frente a él se esfumó y el rostro de Ali fue remplazado abruptamente.

Suspiró con fuerza, su mente le dio una mala jugada con respecto a la chica.

—Estamos cerca, debemos prepararnos —le dijo ella y después se alejó.

Permaneció un momento más mirando el techo de la cabina tratando de contener la frustración que bullía en su interior. Después de unos segundos suspiró largamente y ladeó el rostro hacia la ventana, las nubes apenas lograban obstruir las pequeñas colinas de arena y los rayos del sol indicando el día. Vagamente se preguntó qué hora sería, solamente se enfocó en pensar que pronto tocarían tierra.

A su alrededor los demás estaban sentados en las sillas suspendidas y asegurados con arnés, se iban levantando conforme Ali pasaba a sus lugares a avisarles que llegarían pronto. A su lado Naruto bostezó audiblemente y estiró los brazos para desentumirse.

—Sí que dormí como bebé —comentó esbozando una sonrisa a medias—. Me siento renovado como no tienes idea después de semanas de no dormir bien... ¿qué hora es?

Desganado, Sasuke extrajo de su bolsillo el celular, cuando la pantalla alumbró, se percató que tenía un nuevo mensaje del mismo número que Kurama le contactó. Sin perder más tiempo accedió a él y leyó la frase venía escrito.

«Nos vemos en dónde terminó todo».

—Un mensaje de Kurama —le indicó a Naruto mientras le pasaba el aparato, aprovechó para desabrocharse el arnés.

—¿Dónde queda eso? —preguntó su amigo con duda. De reojo observó que los demás hacían lo mismo y comenzaba a enderezarse sobre sus piernas, el único que permanecía sentado como si su vida dependiera de ello era Kiba.

Sasuke lo pensó seriamente, "dónde terminó todo". ¿Se refería a su relación de hermanos? Porque si era así solamente se le ocurría un lugar en esa parte del mundo. Se distrajo un momento al sentir algo enrollarse en su pierna, vio a la serpiente morada subir por sus piernas hasta enrollarse a su cintura. Aoda había vuelto a su forma animal para descansar a gusto.

—Si estoy en lo correcto, hay un pequeño pueblo en medio de la nada, cerca de un santuario y mercado de valores —dijo.

—Debemos ir allá entonces, en menos de una hora culmina el tiempo que Kurama nos dio —advirtió con urgencia Naruto tras hacer su análisis de horarios.

En cuanto se quitó el último, Sasuke se dirigió a los demás que estaba reunidos en la parte de la rampa, le explicó la causa del mensaje y que perderían más tiempo si iban primero directamente al aeropuerto para desembarcar ahí. El tiempo era un factor en su contra y no debían desperdiciarlo, especialmente si eso jugaba con la vida de Sakura.

Ali comenzó a buscar las coordenadas que Sasuke le proporcionó en un aparato que traía consigo.

—¡Demonios! Hace unos kilómetros lo pasamos —dijo tras verificarlo en la pantalla—. Esto es muy malo, demasiado malo.

—¿Tardaremos mucho en dar la vuelta y regresar? —preguntó Aoda en su forma de serpiente, su voz era gruesa, la de un hombre.

—Permíteme ver.

Voltearon a ver al hombre que venía de la cabina, hablando con su acento americano y mirándolos con sus ojos verdes, iguales a los de Ali. Su cabello negro lo traía alborotado y sus fracciones delataban su procedencia, además del aura azul que lo rodeaba. Y cabía resaltar que era el piloto de la aeronave.

—Si Thomas está aquí, ¿quién está controlando esta cosa? —cuestionó Kiba lleno de pánico, aferrándose a su arnés.

El aludido sonrió mientras miraba la pantalla del dispositivo, y respondió calmadamente:

—Lo puse en piloto automático, no te preocupes.

—¡Me dirás lo mismo cuando nos estrellemos contra un montículo de arena! —exclamó Kiba abrochándose el siguiente arnés.

Sasuke lo ignoró y se dirigió al piloto. Lidiar con los ataques de pánico a las alturas de su segundo al mando la parecía cansino.

—¿Y bien? —preguntó impaciente. Sintió a Aoda alrededor de su torso y su cabeza sobresaliendo por el cuello de su camisa.

Thomas compuso una mueca, alternando entre él y los ojos frívolos de la serpiente, sin saber a quién dirigirse.

—Tardaríamos unas horas en regresar, o menos... pero el problema radica en que no tengo permitido hacerlo —expresó, pasando una mirada en cada uno de ellos—. El avión posee un rastreador y me monitorean desde la torre central, tengo permiso para aterrizar exclusivamente en el aeropuerto.

—¿Y no puedes aterrizar en medio de la nada? —inquirió Sasori.

El piloto negó con la cabeza.

—Si acaso pienso en regresar, detenerme o intentar aterrizar aquí, lo cual sería imposible debido a la arena, mandarán a sus aviones de fuerzas especiales y los descubrirían. Se supone que vengo sólo con la carga —señaló las enormes cajas del fondo.

—¿Qué deberíamos hacer entonces? —preguntó Naruto frotándose la cabeza, cada segundo que transcurría se alejaban más de la aldea. Además, no debían crearse más problemas, y eso lo sabía claramente Sasuke.

Por un segundo se quedaron en silencio, hasta que Thomas dirigió la mirada a sus espaldas. Se quedó así un momento y los demás siguieron la trayectoria de lo que atrajo su completa atención. Las mochilas que poseían los paracaídas.

—Pues... deberán saltar del avión.

—¿QUÉ? —gritó asustado Kiba desde su asiento.

Los demás se miraron entre sí al considerar la única posibilidad que tenían.

—¿No estarán hablando en serio? —seguía diciendo, soltando una risa nerviosa.

Pero el temple sereno y serio del hombre lo daba por hecho. Entonces Kiba se llevó la mano a la boca experimentando de nuevo las náuseas que retuvo mientras dormía. Soy un jodido licántropo, no me deben de dar miedo las alturas, pensó.

Ali avanzó hasta los paracaídas y comenzó a repartirlos a cada quién, cuando llegó la hora de dárselo a Kiba, este la miró con una cara que expresaba todo su terror, se aferró más a las correas que lo mantenían seguro en su asiento. Ella le insistió con la mirada.

—No tenemos todo el día —le recordó como si nada.

—Y por sí no lo sabías yo quiero vivir —dijo él abrochándose con más cinturones—. ¿Saben qué? Me adelantaré al hotel como acordamos, ustedes pueden seguir sin mí.

—¡Que llorón eres! —se burló Naruto mientras se acercaba a él con el paracaídas ya puesto. Agarró el paracaídas que le ofrecía la mujer y le guiñó el ojo—. Yo me encargo.

Ali se apartó, dirigiéndose al grupo con una mueca.

—¿No es más fácil que Sasuke utilice su voz de mando para que Kiba se levante? —preguntó.

—Me niego a mandarlo por una tontería —bufó el azabache ajustándose el cinturón del paracaídas—. Es natural que tenga miedo cuando apenas está saliendo de su etapa de cachorro.

—¡Que no soy un cachorro! —exclamó entre grito Kiba a pesar de que su edad hablaba por él.

Se escuchó una risa seca desde el otro lado, el azabache miró de reojo a Sasori que terminaba de colocarse las tiras sobre el torso.

—Tu segundo al mando resulto ser un cobarde —comentó Sasori con un deje de burla en su voz, lo cual llegó a oídos de Kiba que seguía batallando con Naruto para impedir que le pusiera el arnés—. ¿Acaso consigues a puras criaturas débiles? Que patético eres, perro.

Sasuke afiló su mirada oscura a su dirección. Le hostiga tenerlo tan cerca, todavía seguía experimentando la llamarada en la boca del estómago al pensar que ese idiota amaba a Sakura, así como él...

¿Qué diantres pensó justo ahora? Agitó la cabeza recordando la charla que tuvo con Naruto, le parecía impertinente de su parte tenerlo presente en su mente durante esta misión de rescate, nada debía interponerse.

—Patético es decirle a ella que la quieres, que te rechace y te dé un desliz —le devolvió el golpe con dichas palabras—. Ambos sabemos que si fuera por Sakura se mantendría lejos de ti.

Sasori apretó el casco que tenía entre manos y los dientes, ambos se desafiaron con la mirada. Un duelo a muerte que nadie estaba dispuesto a interrumpir o terminarían destrozados. En la mente de ambos se habían matado diez veces de la peor manera. Incluso el ambiente se tornó pesado para los demás.

—La conquistaré de nuevo, bastardo.

—Suerte con ello, maldito Pinocho. —Seguía mofándose Sasuke sin saber que a sus espaldas los demás cruzaban apuestas a escondidas para ver quién ganaba en llevarse el corazón de dicha pelirrosa.

Shikamaru miró a Naruto enarcando una ceja.

—Míralos, se convirtieron en rivales amorosos.

Ali se aclaró la garganta interponiéndose entre ellos tras apostar a favor del azabache a sus espaldas.

—¡Bien! Ha llegado el momento de saltar. ¿Están listos?

Ambos chicos dejaron de fulminarse con la mirada para centrarse en lo que se avecinaba.

—Explicaré lo básico por si no saben cómo funcionan las mochilas paracaídas —dijo mirando fijamente a Kiba, la mayoría soltó una risa divertida al ver que Naruto seguía batallando con el chico, pero sabían que la escuchaban—. La caída durará aproximadamente dos minutos, después de eso tendrán que tirar de esta manija azul —les mostró el que tenía del lado derecho—, si no sale al instante tendrán que tirar de la roja de emergencia.

—¿Y si la roja no acciona el paracaídas? —preguntó Kiba desde el asiento.

La francotiradora la miró un momento para luego esbozar una sonrisa:

—¿Sabes cómo se ve un huevo estrellado?

Entonces el peli café comenzó a gritar más asustado y diciendo que ella estaba desquiciada por obligarlos a saltar a una muerte segura. Ali soltó una risa escandalosa tomándose del estómago, Sasuke comenzó a irritarse más, cada minuto era vital para ellos.

Sasori dio un paso adelante haciéndose notar.

—¿Eso es todo? Perdemos demasiado tiempo con sus estúpidos juegos.

—Si fuera por mí ni te hubiera dejado subir al avión, tomate podrido —espetó rudamente Ali enderezándose a su dirección, con una mirada desafiante—. Conozco lo que le hiciste a Sakura y me caes en el hígado, para que sea de tu conocimiento. Así que cállate o muere.

Su trato rudo hizo gruñir al pelirrojo, pero no dijo nada más.

—Es hora —dijo Thomas acercándose a la compuerta apretando el botón rojo. Al instante se escuchó el traqueteó y la parte inferior del avión comenzó a abrirse lentamente a modo que quedó en una especie de rampa; el aire helado se coló al interior con tal brutalidad que agitó los cabellos de todo.

Se asomaron en la orilla, desde ahí se apreciaron rastros de las nubes que atravesaban, y el paisaje lejano debajo de ellos. Toda la superficie cubierta de arena, lo tan lejano que se veía todo asustó a Kiba quién fue obligado a salir de su zona de confort, y cuanto se arrepentía de haberse dejado vencer por Naruto.

—¿A qué altura estamos? —pregunto Kiba a voz de grito.

—¡A trece mil ciento veintitrés pies! —respondió Ali a su lado, sin dejar de mirar abajo.

—¿Y en metros eso es...?

—Unos cuatro mil metros, nada más —aclaró Thomas por detrás de ellos.

—¿Nada más? —pregunto sarcástico Naruto.

Sasuke aspiró profundo anticipando lo que se venía cuando escuchó a la castaña decir que primero era el turno de Kiba. No fue necesario imaginarlo, segundos después se escuchó el grito ahogado del muchacho.

—¡ESTÁS COMPLETAMENTE LOCA SI CREES QUE ME LANZARÉ, NAKAHARA! —gritó desesperado Kiba a pegándose a la pared de metal.

—¡No seas un llorón, Kiba! —protestó Ali con malicia.

—¡MALDITA LOCA!

—¡No tenemos todo el día, así que lanza tu trasero cuesta abajo, pero ya!

—¡PONLO TÚ! —grito él casi arrastrándose a la cabina del piloto—. ¡TODOS ESTÁN LOCOS SI PIENSAN TIRARSE PARA HACERSE MIERDA!

Sasuke comenzó a desesperarse por sus idioteces, estuvo a punto de hacerse valer como el Alfa ante Kiba si no fuera porque vio como Naruto lo tomaba del pie y prácticamente lo lanzaba al vacío, apenas vio el borrón café rodar por la rampa y desaparecer en medio de un grito desesperado. Debió darle lastima, pero aceptó que le causo diversión. Ya quería ver su rostro cuando estuvieran con los pies en la tierra.

Después observó a Naruto seguirle el rumbo sin rechistar, con una sonrisa de lado tomando la experiencia. Ciertamente no era la primera vez que saltaban de una altura similar. Miró de reojo cómo Sasori entornaba los ojos yéndose por el otro lado.

—Todos son unos idiotas —dijo despectivo tomando vuelo y corrió hacia la rampa impulsándose en el último segundo.

Cuando lo vio desaparecer, Ali se asomó y grito:

—¡Y tú eres el rey de todos los imbéciles!

—¡Ali! —le reprendió Thomas por lo infantil que resultaba a veces su hermana mayor, ella hizo un mohín—. Puede cortarte la cabeza.

—Que lo intenté, antes le meteré una bala entre ceja y ceja.

Y mientras Shimakaru seguía a los demás al vacío, Sasuke suspiró creyendo que reunió a una parda disfuncional para rescatar a Sakura, aunque cada uno de ellos contaba con poderes indispensables para que fuera un éxito la operación. Todo para un fin mayor. Reparó que Ali tomaba vuelo para saltar.

—Ali, tú no vendrás con nosotros. —La detuvo cuando estuvo a punto de saltar, ella freno en seco y maniobro para enderezarse dirigiéndole una mirada confusa—. Ve a adquirir habitaciones en el hotel que acordamos, llegaremos en un par de horas con Sakura.

—¿Estás seguro de que no necesitan de mí?

—Conmigo es más que suficiente. —Sasuke gruñó colocándose los lentes sobre sus ojos. Kurama solamente se las empañaría con él y nadie más, de esto estaba completamente seguro—. Así que ten todo preparado para su regreso, debemos ser cautelosos. Estamos en una ciudad dónde las leyes hacia los Mestizos no importan. Ten, oculta tu aura con esto.

Le extendió su collar que ocultaba el aura. En cuanto se lo quitó la castaña notó que su aura volvía resplandecer por un instante alrededor de su cuerpo. Lo tomó sin vacilación, asintiendo con la cabeza aceptando el trabajo que Sasuke le daba. Sakura, Naruto, Kiba, ella y él eran Mestizos, normalmente en Tokio estaría tranquilos, pero fuera de la ciudad debían mantenerse alertas.

—Cuenta con ello Sasuke —intervino Thomas sintiendo un pequeño escalofrío por la mirada que le dirigió el chico, a pesar de verse en apariencia menor que él sabía que le dobleteaba la edad. Intentó ser más amigable—, conozco la ciudad más que ustedes. Me aseguraré que pasen desapercibidos.

Sasuke se permitió confiar en aquellas palabras, mirándolo largamente por unos segundos recordó que el tiempo no estaba a su favor. Asintiendo, aceptando la ayuda y tomó impulsó para lanzarse al vacío. Cada paso que daba, Sakura estaba más cerca.


—Esto está delicioso... ¿Cómo dices que se llama? —inquirió Sakura sin dejar de comer la última croqueta de aroma delicioso.

Esperó a que Kurama dejara de tomar agua mientras caminaban bajo el sol saliente de la mañana de El Cairo tras haber comprado artículos para ella, se miró las botas altas que portaba en conjunto de un pantalón de algodón ligero con la tela metida entre sus botas.

Al principio pensó que el Zorro bromeó al respecto de conseguirle ropa, pero en verdad se empeñó a visitar los puestos ambulantes desplegados en el otro pueblito más cercano. A unos metros detrás se podía apreciar el pequeño oasis y casi corrió a él para empapar su rostro quitando toda la suciedad y sangre que apenas pudo lavar. Al volver la mirada observó a Kurama venir a ella con nuevas prendas y comida recién hecha.

Se deleitó demasiado en el sabor que no dudó en pedir más con un rostro iluminado, por un instante se maldijo internamente por haberse dejado llevar por la situación y mostrar su lado natural ante Kurama, pero él no pareció tomarle mucha importancia y le consiguió más de esa comida deliciosa para el camino de regreso.

—Se llama Tamiya¹, es un platillo común de esta área —dijo enroscando la botella, sin dejar de mirar al frente. Sus pisadas se hundían ligeramente sobre la arena—. ¿Verdad que saben deliciosa?

—Sin duda alguna, tendré que conseguir la receta para hacerlas en casa —objetó Sakura saboreando el pulgar dónde sostuvo la croqueta con anterioridad. Lástima que se terminó.

—Yo te enseñaría a hacerlas, pero... —vaciló después de decirlo, como si se hubiera arrepentido—. No creo que esté vivo para mañana, así que tendrás que conformarte con buscar la receta por tu propia cuenta.

Una punzada de dolor en el pecho de Sakura. Sintió mucho remordimiento al escucharlo hablar de esa manera, aceptando su muerte en manos de Sasuke, no tenía esperanzas, solamente decía las cosas que pensaba. ¿Se guiaba por el Sasuke del pasado o del presente? Una vez él le contó de lo que fue capaz tiempo atrás, pero lo que es ahora se reflejaba en sus acciones. Incluso apostaba que se volvió más compasivo de cierta manera.

Aunque lo había visto aniquilar a sus enemigos sin remordimientos, Kurama podría tener una fina oportunidad de ser escuchado, de salvar su vida por el hecho de que fue importante.

—Tu vida no tiene que terminar hoy. —Sakura frunció los labios, y Kurama le dirigió una mirada consternada por la seguridad de sus palabras—. Hablaré con Sasuke al respecto —sentenció.

—¿Qué demonios estás diciendo? Esto no tiene nada que ver contigo.

El hombre abrió más los ojos aminorando su marcha, pero Sakura apresuró la suya por lo que tuvo que darle alcance. La vio tan decidida que por un momento sus ojos fueron severos, lo menos que quería era involucrarla más, él nunca se arrepentía de sus actos, pero por primera vez lamentó haberla traído hasta aquí como señuelo para su hermano. Había otras formas de hablar con él sin afectar a esta chica tan cálida.

—Sakura.

La aludida no dejó de caminar, frunció más el ceño.

—Mi decisión es absoluta. Me enoja que estén distanciados por un malentendido, ¿saben la oportunidad que tienen frente a sus narices y no la aprovechan? —seguía diciendo completamente afectada por la situación, pensando en su difunta familia.

—¿Y cómo sabes que te digo la verdad? —intentó persuadirla. La pelirrosa se detuvo abruptamente, alzando la vista a sus ojos rojos que la enfocaban reflejando seriedad—. ¿Estás tan segura de que mi versión es sólida? Puedo estar engañándote.

Apretó los labios sin saber que decir. Las dudas seguían surgiendo a medida que convivía con Kurama. En realidad, él no era una criatura peligrosa para ella, solamente se encontraba cansado de la soledad que lo rodeaba. El que muchos le tuvieran miedo incentivó a que no quisiera acercarse a nadie más y se encerró en su coraza, puesto que el único hermano que podía confiar lo odiaba a muerte.

Pero con ella no era así. Ha sido amable hasta ahora, a su manera claro está, pero nunca le intentó hacer daño verdaderamente. Entonces, ¿cómo decirle que le estaba mintiendo? ¡Le creía! Lo hacía por el hecho de que lo vio. Ese sueño que tuvo no pudo ser simple coincidencia, no cuando no supo que sucedió hasta después.

Se llevó las manos a la cabeza. ¿Acaso era una extraña habilidad suya? Ya no estaba segura de ello, ¿su tío sabía y aun así se lo ocultó? Cosas más extrañas sucedieron desde que fue hallada por él.

Pero ahora lo único que se centraba su mente era en ese sueño.

—Por eso digo que eres ingenua y torpe, no debes confiar en... —decía Kurama contradiciendo sus propias palabras.

Sakura no soportó más y le gritó.

—¡Lo vi, Kurama! ¡No sé cómo, pero vi a esa mujer, Midori, atacar la aldea y masacrar a los aldeanos! ¡Tuve ese sueño de ustedes, sé la verdad!

Se quedó estático al verla tan afectada con algo así. La misma fuerza de su grito no le permitió pensar, sólo escucharla.

—Por eso me repugna que los dos estén peleados. Si yo tuviera a mi hermano vivo ahora mismo iría a arreglar las diferencias sin importar quién demonios tiene la razón o no. ¡La vida se acaba! ¿Y desperdiciar momentos de no estar a su lado por algo como esto? ¡Es demasiado triste!

Le parecía desalentador de su parte saber que Sasuke no tuvo la suficiente confianza en su propio hermano y prefirió creer en los hechos. El Sasuke de ese entonces fue así, ¿y que sería del presente? Ella tenía la esperanza de que escucharía a Kurama antes de atacarlo, ella se encargaría de ello. Porqué en el fondo lo sabía, a pesar de no haberlo visto a la cara, de la renuencia que tenía con Itachi y Hikoro.

Porque Sasuke tenía miedo a ser traicionado por otro hermano. Creía en verdad que Kurama lo apuñaló por la espalda, que traicionó el amor de Mikoto.

Pero ella crearía esa oportunidad.

—Abriré la brecha —siguió diciendo muy segura, aspirando con fuerza sin dejar de observar al Zorro que permaneció quieto en su lugar, consternado—. Conseguiré una oportunidad para ambos. Deben aclarar las cosas.

Sus palabras tomaban forman en el interior de Kurama, que bien permaneció en silencio, escuchándola, sabía que esa oportunidad era más inclinada para Sasuke. Pero no le importó. ¡Alguien le decía que le creía! Alguien... no lo miraba con miedo al estar cerca. Sakura, a pesar de su apariencia pequeña y frágil era poseedora de un carácter fuerte y a la vez benevolente. Y con él la hacía relucir.

No le tomó importancia que se inclinara más a su hermano, porqué intuía de sentimientos hacía él, pero con ello conseguía una oportunidad de seguir con vida y codiciar el perdón de Sasuke. Era egoísta.

¿Sería amable de su parte considerarlo para sí mismo?

Tener una fina esperanz...

Frunció el ceño en ese momento al olfatear una anomalía en el aire, se percató de que Sakura se quedó quieta y virando la vista a la misma dirección que venía el aroma tan familiar para él.

El olor a sangre.

—Escucho gritos —murmuró Sakura, abriendo sus ojos de par en par.

A medida que hablaba iba caminando a esa dirección, a cada paso los gritos se iban haciendo incluso más audibles para Kurama. Viendo fijamente la colina que tenían que subir y así observar el pueblo, pero él tenía una mala sensación de todo esto. Al intentar detenerla fue demasiado tarde, ya estaba sobre la colina mirando hacia el pueblo.

Llegó a su lado para observar junto a ella la destrucción que se estaba viviendo ahí, a unos cuantos metros. Las casas ardían con un fuego abrazador que reduciría a cenizas todo, los humanos corrían desesperados a escapar de las entidades de diferentes auras, vestidas completamente de negro, perseguían especialmente a los aldeanos que poseían auras de colores que los identificaban como criaturas Sobrenaturales.

Bastó un segundo para que Kurama comprendiera lo que sucedía, viendo la sangre manchar la arena de los que se resistían. Siendo envueltos en redes con púas, arrastrados hasta el otro extremo. De cómo se desataban una feroz lucha entre ambos bandos, uno intentando capturarlos y el otro luchando por su libertad.

Era cuestión de tiempo para que los vieran.

—Hay que irnos de aquí —apresuró tomando del brazo a Sakura, jalándola por la colina. Ella reaccionó ante el movimiento—. Alejarnos lo más rápido que podamos.

—¿Quiénes son ellos? ¿Qué está sucediendo? —preguntó de forma atropellada.

—Son mercenarios que se dedican a capturar criaturas para venderla en el submundo —mencionó sin dejar de avanzar, comenzó a preocuparse—. Había escuchado de un grupo grande en Egipto, pero no pensé que estuvieran cerca de nosotros. Es una suerte que hayamos salido al amanecer por suministros o estaríamos en el fuego cruzado.

—Esas personas... —Un nudo se formó en la garganta—. ¿Serán vendidas como esclavos?

Kurama no dijo nada, sus ojos bailaban de un lado a otro intentando trazar la ruta más rápida de escape.

—¡Hay que ayudarlos entonces! —exclamó ella intentado frenarlo.

—Imposible. Esas personas ya están muertas.

—¡Kurama!

—¡Entiende! —se giró a ella tomándola de los hombros, los ojos verdes de la chica se engrandecían al verlo desesperado, preocupado—. Si volvemos ahí estaremos en desventaja, ¿cuánto es que puedes protegerte a ti misma? ¿Serías capaz de ayudar a alguien más?

Sakura deseaba con todas sus fuerzas responder un rotundo sí, sin dudas, sin arrepentimientos, pero las palabras de Kurama taladraban sus oídos menos que los gritos que escuchaba a los lejos. No comprendía las palabras, sin embargo, la desesperación teñía sus voces. Clamando a ser ayudados. En su mayoría eran humanos...

Humanos...

¿Será posible que por esa razón su sangre llamaba? La parte Cazadora le clamaba a que los ayudara. No importaba su origen, si alguien quién grita de esa forma suplicando ser salvado no le era posible ignorarlo.

—Ellos también merecen vivir —dijo, apretando su mano—. Merecen tener esperanza.

Kurama aspiró con fuerza, la determinación en la mirada de Sakura lo hizo flaquear un momento, cual se dejó guiar y dirigió su vista a espaldas de ella. En lo alto de la colina venía cojeando un hombre que los había visto, extendiendo sus manos ensangrentadas y una mirada desesperada. Sakura también lo vio.

No dudó en zafarse de él y correr hacia la colina, el hombre perdió la compostura y cayó, rodando por el desnivel hasta quedar boca debajo de la arena. Siguió a Sakura mientras observaba la cima dónde apareció otra criatura envuelta en prendas negras, mirada afilada y una cuerda repleta de puntas.

Su objetivo era claro: el hombre moribundo a faldas de la arena.

Maldijo entre dientes. Si el captor regresaba a la aldea alertaría a sus camaradas, lo cual los pondría en desventaja.

—Tú ayuda al Felino —dijo moviendo sus dedos y siendo más veloz—. Yo me desharé del otro.

La pelirrosa se dejó caer de rodillas apenas llegó al hombre tendido en el suelo, quejándose débilmente. Sus manos temblaron al principio cuando lo volteó y ensanchó los ojos al percatarse de la enorme herida del estómago. Mordió su labio inferior, sin saber que hacer al principio. ¿Qué demonios estaba pensando? Siempre siendo temeraria e impulsiva al querer ayudar a los demás a pesar de no saber cómo.

—¿Señor? ¿Me puede entender? —le habló en su escaso inglés. Supo que el Felino no lo hacía, pues le clavó sus enormes ojos abiertos, sin reconocimiento alguno.

Verificó la herida rompiendo lo que restaba de la camisa, primero debía hacer presión a la herida, así que amarraría un nudo con la prenda alrededor de la cadera. El inconveniente fue al ver que no alcanzaba, alzó la vista de sopetón observando a un costado cómo el cuerpo del captor se precipitó a la arena. Kurama no tardó en aparecer a su lado.

—Dame tu cinturón, ¡rápido! —le pidió.

Kurama torció el gesto mientras removía la hebilla del cinturón y se lo entregaba, la observó moverse rápidamente y con las manos temblorosas. A pesar de sus dudas internas si lo hacía bien o no, no titubeaba al ayudarlo, apretando el cinturón para detener el sangrado, manchando sus propias prendas y piel.

Con una herida mortal que le causaría la muerte. Y Sakura lo sabía, desde el instante que lo revisó sabía que moriría, y pudo haberlo abandonado. Pero no lo hizo, hacía todo lo posible para ganarle más tiempo a ese hombre. Pidiéndole disculpas mientras le apretaba el cinturón, mirándolo con ese gesto de lastima.

—Sakura. —La llamó Kurama, pero ella se negó a mirarlo—. Debemos irnos.

—No, tenemos que llevarlo a un lugar seguro —seguía necia a dejarlo, miró de nuevo al hombre que entendía a medias que intentaba ayudarlo a pesar de que moriría. La miraba con ojos muy abiertos conteniendo su propio dolor de la herida. La mirada de esa chica se gravó en sus retinas—, hay que ayudarlo.

—¿Quieres morir aquí o qué? —le llamó de nuevo rudamente, tomándola del brazo—. ¡No volverás a ver a Sasuke si dejas que te capturen!

Su última oportunidad era sacar a relucir el nombre de su hermano, y funcionó: Sakura abrió más los ojos, asustada.

—¡Me niego a dejarlo morir aquí sólo! —exclamó.

—Nosotros moriremos aquí si no...

Por reflejó empujó a Sakura al percibir que algo venía a ellos, varias dagas se enterraron en dirección dónde antes estaba su hombro. Giró a la cima de la colina, un par de criaturas los observaban suspicaces y dispuestos a atacarlos de nuevo. Apretó los dientes y se enderezó por completo.

Era demasiado tarde.

—Quédate detrás de mí —le dijo a la chica que siguió su mirada topándose con esas dos criaturas. Kurama fue caminando a su dirección tronando sus dedos de la mano derecha y gruñendo por debajo—. Terminaré esto rápido —y desapareció de su vista.

Sakura aspiró con fuerza y se giró al Felino que no le apartaba la vista de encima, quiso sonreírle intentando transmitirle alivio, pero ni siquiera ella lo sentía. Se inclinó a tomarlo del brazo y levantarlo a cuestas, se le dificultó al principio, mientras se concentraba en escuchar la batalla a sus espaldas y mantener la atención al Felino.

—Puedes hacerlo, tienes que sobrevivir —le pedía a medida que daban los pasos, casi arrastrándolo, soltando quejidos sin rendirse por completo—. Puedes hacerlo...

—¡Arg!

Escuchó su quejido en el instante que una fina corriente de aire atravesó sus espaldas. Apenas logró voltear la cabeza para observar a una mujer marcar un arco con sus potentes garras en la espalda del hombre, fallando por poco a herirla. Reaccionó rápido, sacó la pierna y le propinó una patada en la costilla que la mandó hasta el otro extremo, cerca del primer cadáver que despachó Kurama y el segundo sujeto que le estaba dando problemas.

A su lado el Felino cayó de espaldas sin poder sostenerlo más, casi la lleva consigo. Se hincó a su lado, sin saber que hacer. Tenía que cargarlo, podía hacerlo, pero eso sería llevar una carga extra y se le dificultaría al intentar defenderse, Kurama no lograría llegar a su rescate ahora.

Miró a la mujer, se incorporaba tocándose la costilla que seguramente le fracturó y no tardaría en sanar. Le lanzó el par de cuchillos de su cinturón, la mujer los esquivó.

—Ah... —balbuceó el hombre, atrayendo su atención.

Un nudo se formó en su garganta al ver sus ojos llorosos, se vio reflejada en sus pupilas, conteniendo las propias. La mano rozó cerca de su garganta, cerca de su collar que ocultaba el aura.

—Dios no —renegó, cerrando los ojos con fuerza—. ¿Qué debo hacer? No, no.

Abandonarlo.

No abandonarlo.

—Sasuke... dame valor.

Reaccionó cuando el hombre le dijo algo en su idioma, pero la urgencia de su voz le dictó lo que en realidad deseaba el hombre. Que huyera. Que lo abandonase ahí a su suerte por qué no tardaría en morir. Que lo olvidara. ¿Cómo hacerlo?

Ah, esto era cruel.

—Lo siento, lo siento.

Quería llorar.

Ni siquiera tuvo tiempo de considerarlo, de pensarlo, tuvo que esquivar el siguiente ataque de su contrincante desenvainando la espada que portaba. En un instante observó la mirada abrasadora que la atrapó, no se dejó intimidar y ladeó la espada una vez más a su dirección siendo repelida por una vaina. Sus ojos oscilaron en dónde Kurama batallaba, él apenas le dirigió una mirada de horror al verla acorralada.

—¡Sakura, tienes que correr!

—¡Tú encárgate de ellos, yo lidiaré con esto! —gritó.

Antes de alejarse completamente se percató de que vislumbraba el aura de todos, y que su collar había quedado a un lado del cuerpo del moribundo. No pudo regresar y tampoco arrepentirse de su abandono, apartó la vista intentando que no le carcomiera. Aunque fuese un completo desconocido, implantó esperanza en alguien que había aceptado su destino.

Corrió lo más rápido que pudo esquivando los ataques de la mujer, que por su aura era una especie de demonio Medium, lo que los hacía relativamente peligrosa. Conocía a algunos de su especie, esperaba que no...

Le llegó ácido directamente a su pierna derecha, gritó debido al ardor.

...Fuera ácido.

¡Ácido!

El ardor fue persistente mientras llegaba al mercando ambulante dónde estuvo con Kurama antes, ahí la mujer le dio alcance y se abalanzó a ella. Una patada en el pecho dejándola incapacitada un momento, después fue lanzada en contra de uno de los puestos, destruyéndolo. Sakura agitó su cabeza dispersando los pedazos de madera y abrió los ojos al ver que la Medium agitaba una cuerda con púas.

—Mierda —murmuró—. No debo dejar que me atrape.

Tensó los músculos y saltó a un costado evitando que parte de la cuerda la atrapara. Se ocultó detrás de un puesto que fue destruido de nuevo, las personas a su alrededor comenzaron a correr despavoridas. Estimó a sus lados la vía más rápida para eludirla, pero parecía tan complicado a menos que... ideara una especie de distracción y aprovechar su propia agilidad

Apretó el mango de la espalda con su mano, entrecerrando la mirada trazando el plan en su mente mientras se escabullía entre los siguientes puestos que terminaron destrozados por el látigo. Aspiró con fuerza completamente decidida, se acercó a la mujer esquivando por poco los cuchillos que venían a su dirección, rodó por el suelo, saltó entre las tiendas y cuando estuvo a metros de ella alzó una pared de piedra tras tocar un pequeño monumento a su costado.

Las púas impactaron en el muro y la Medium frunció el ceño, deteniéndose. Se dirigió detrás del muro sin encontrar rastros de la pelirrosa preguntándose dónde se había metido. Miró a sus lados pensando que se fugó, sin previo aviso sintió algo enterrarse en su espalda desde arriba y alguien apoyarse sobre ella. ¡Esa maldita mocosa se había escondido en la parte superior de la barrera!

Giró la cabeza y ahí se encontraba agazapada la escuincla enterrándole con fuerza la espada. Escupió sangre, intentando sacársela de encima.

—¡Ah-Ah! —exclamó Sakura enterrándole más la espalda, debía aniquilarla ahí mismo. Pero no contó que la mujer prefiriera soltar el látigo y tomar sus brazos desprendiendo el ácido, quemándole la piel.

Esta vez apretó los labios resistiendo al dolor. Tendría que dejar la espada en la mujer y aprovechar a escapar. Tomó de los otros brazos y comenzó a impulsarse con fuerza para arrancárselos y así librarse. El chillido de la mujer era tan potente que lastimaba sus oídos, sólo un poco más de fuerza y podría librarse.

Tan concentrada estaba que no se percató de que otra criatura se acercó a ellas, cuando reaccionó, cerca cayó un artefacto metálico, una especie de esfera con luces rojas diminutas y parpadeantes. Le dio mala espina. No tuvo tiempo de pensar en nada, de pronto la esfera emitió un sonido tan agudo y desquiciante que la obligó a soltar un grito incluso irreconocible para ella. También para la Medium que soltó de ella a taparse los oídos.

Sakura cayó al suelo llevándose las manos a los oídos, su cuerpo retumbaba de dolor y sus huesos parecían chocar entre sí. Giró de un lado a otro encogiéndose a medida que el sonido se prolongaba, el sufrimiento fue tanto que por un momento deseó estar muerta para no seguir sufriendo.

Apenas acabó permaneció sobre la arena, totalmente desorientada. Varias sombras a su alrededor. Un sonido perceptible. Parpadeó intentando enfocarse... sus manos estaban entumecidas y llenas de sangre que brotaron de sus oídos. Todo le dolía, incluso la herida que se suponía que había sanado, la sentía palpitar.

—... Es una Mestiza —apenas entendió ante su dolor de cabeza—... es sensible a los sonidos...

Viró a un costado, observando al hombre que la tomaba de las manos y la arrastraba, al parecer iba con alguien más. Pero no podía rendirse así, aún le quedaban fuerzas.

—¡Sakura!

El llamado de su nombre la hizo reaccionar más. A pesar de su aturdimiento pudo ver que Kurama se acercaba a ellos con las manos envueltas en llamas azules, dispuesto a atacarlos. Intentó liberarse de su captor, moviéndose a un lado y pasando sus piernas en los de él. Logró derribarlo al tomarlo desprevenido.

La esperanza era un fino rayo de luz al fondo de un túnel oscuro. Y en ese momento, en ese instante, parecía ser Kurama su rayo de esperanza para no ser capturada por un vendedor de esclavos. A medida que se arrastraba por la arena con todas sus fuerzas, viendo a Kurama desesperado, reduciendo a cenizas a cualquiera que se acercara, su esperanza en vez de aumentar se iba apagando.

Un dardo tranquilizando en su brazo fue surtiendo efecto casi enseguida. Y a lo lejos, mientras Kurama la observaba desmayarse, también recibía el suyo en el cuello. El efecto en él tardó un poco más, se resistía a ceder por temor a lo que le sucediera a la chica después, al tenerla de lejos.

Cayó al suelo totalmente indefenso, con las heridas de la batalla brotando a sangre y la respiración cada vez más compasada, sus ojos se iban cerrando mientras estiraba la mano a dirección de la chica.

—Perdóname... hermano —murmuró quedamente al aire, pensando en Sasuke—. Condené a la chica amas a la muerte.

Sin duda alguna era una culpa que se llevaría a la tumba.


—Deja de ser un llorón, Kiba —pidió Naruto mientras corría a su lado.

—¡Yo no estoy llorando! —se quejó a medio rugido sin detenerse.

Por tercera vez Sasuke le lanzó una mirada caladora desde su espalda, advirtiéndoles que guardaran silencio al avanzar, los pensamientos revolotean en su mente y quería concentrarse en diferentes estrategias para confrontar a Kurama. Pero los de atrás no se lo ponían fácil desde que aterrizaron, Kiba se quejaba de cómo todos —incluido él, siendo sinceros— se burlaron de su poca tolerancia a las alturas.

Le pareció divertido al principio para romper la tensión, pero ahora lo único que podía pensar era en Sakura.

Con la vista al frente recorrían el desierto, Naruto sostenía el GPS al ver las coordenadas lo cual resultaba de poca utilidad puesto que en realidad Sasuke era quién los guiaba, conocía este lugar tan bien a pesar del pasar de los años.

Recuerda cada cosa, antes de que este lugar se convirtiera en un completo desierto, la vegetación que creía a los alrededores era de una especie única, las casas asentadas de una forma estratégica para protegerse; y todo eso quedó en el olvido cuando ocurrió la pelea entre Kurama y él. Otros demonios se aprovecharon de la situación y arrasaron con lo que quedó de la aldea.

Volviéndola cenizas.

Reduciéndola a nada. Tener esa clase de pensamiento ahora no le servían de nada.

—Estamos cerca —dijo Naruto sacándolo de sus pensamientos—. O eso indica el aparato, ¿reconoces el lugar, Sasuke?

—Es obvio que los montículos de arena cambian y todo parece igual —farfulló frunciendo el ceño—. Si estamos yendo al norte es la dirección correcta.

—Ni siquiera te ves seguro —intervino Sasori, para su desgracia venía desde el lado derecho—, ¿para qué tener un olfato desarrollado si no sirve de nada?

Antes de que pudiera contestarle con otra ofensa, el aire trajo consigo un aroma familiar para él, además de la arena que se pegaba a su rostro, el olor metálico y humo inundó sus fosas nasales. Ensanchó los ojos a medida que avanzaban pudieron contemplar las colinas de humo que comenzaban a alzarse al cielo, y el pequeño pueblo entero con algunas llamas apenas extinguiéndose después de reducir todo a polvo.

—¿No es ese el pueblo que debían estar Kurama y Sakura? —preguntó Kiba preocupado.

—Sí —respondió Uchiha con voz ronca, pensando lo peor.

Una vez que estuvieron al borde del pueblo contemplaron más de cerca la destrucción. La mayoría cadáveres dispersos, la sangre impregnada en la arena, las casas apenas eran un rastro más. A ninguno le debería sorprender un escenario así, habían visto peores. Lo que les inquietaba de sobremanera era encontrar a Sakura entre toda aquella destrucción.

—¿Qué clase de criatura provocó esto? —murmuró consternado Naruto con náuseas por el olor de la sangre. Se llevó una mano a su nariz.

—No servirá de nada quedarse aquí parados sin hacer anda —aseveró Aoda en su versión humana girándose a su Maestro—. Revisaré mientras tanto los alrededores.

—Ve. —Le dio el permiso y la vio desaparecer.

Apretó los dientes mientras Naruto apoyaba una rodilla a lado del cadáver más cercano, retirando su mano de la nariz para pasarlo un dedo en la sangre, olfateándolo y llevándoselo a la boca.

—La sangre aún es fresca, demasiado —afirmó incorporándose.

—Dispérsense y búsquenla, no debe estar lejos —ordenó yendo por su propio camino acompañado de Naruto que lo notó demasiado inquieto.

—Sasuke, estoy seguro de que ella está bien —le dijo a pesar de no estar del todo convencido. Si él se encontraba asustando por el panorama no quería ni imaginar lo que experimentaba su amigo, así que intentó darle algo de calma—. Recuerda que ahora sabe defenderse y jamás se rinde fácilmente.

No respondió. Inverso en olfatear por dónde caminaba tratando de encontrar el aroma de la muchacha entre los diversos olores mezclados, ciertamente le era difícil. Los rastros se habían ido, el fuego se encargó de sustituirlo por el humo y sangre. No se adentró a las casas, con tan sólo pasar frente a ella bastaba para saber si ella estaba o no ahí.

Quería confiar, en serio quería hacerlo. El que ella pudo escapar a tiempo de quién haya provocado tal masacre. Arrugó la nariz, insatisfecho al terminar de recorrer su lado después de un rato y no encontrar nada. Trató de tranquilizarse, pero lo cierto es que no sabía si lo lograría. ¿Qué había pasado exactamente en ese lugar?

Al salir por el extremo se encontraron con Aoda y su característico semblante serio.

—Maestro, encontré algo que podría interesarle —dijo.

—¿Qué es exactamente?

Los guio hasta la colina que se vislumbraba más adelante, fue cuestión de tiempo para que los demás notaran sus siluetas y fueron siguiéndolos más desde atrás. Apresurados pues ellos se mostraban cómo si hubieran encontrado algo importante.

—Revisé los alrededores como dije, después de esta pendiente hay otra aldea un poco más cerca —decía Aoda mientras caminaban—. Pero también encontré a alguien que seguramente sabrá lo que sucedió.

No fue necesario preguntar, cuando llegaron hasta la cima pudieron ver a que se refería. El sujeto moribundo en medio del desierto cuya aura se encontraba ausente, desde ahí ambos sintieron el aroma de la sangre. Advirtieron que seguía con vida, a medida que se acercaban, por el sutil movimiento de su pecho.

Sería una enorme suerte si podía responderles.

—¡Oiga, señor! —exclamó el rubio arrodillándose a su lado—. ¿Puede escucharme?

El Felino apenas mantenía los ojos abiertos, la sombra que le proyecto la cabeza de Naruto le pareció refrescante.

—Kiba y los demás revisen la siguiente aldea —dijo Sasuke apenas llegaron, se pusieron en marcha a la aldea, pero Sasori que no tenía por qué obedecerlo se quedó ahí, mirando al Felino de una manera intensa.

—¡Señor! ¿Puede hablar? —seguía hablando Naruto con un deje de compasión al percatarse de la herida mortal de su estómago, ni siquiera el cinturón alrededor de este lo salvaría de la muerte, que lamentable suceso.

—Idiota, estamos en Egipto, quizás no te comprenda —intervino el Fujun'na Hanta, agachándose a su lado, mirando fijamente al hombre moribundo hablándole en su idioma—. ¿Puede entender lo que digo? Necesito saber qué sucedió aquí.

Uzumaki entornó los ojos. Cómo ese hombre hablará si le exiges las cosas, debes ser más considerado, pensó.

—Ustedes... —Claramente pudieron entenderlo, hablaba un atropellado árabe, de su boca seguía fluyendo la sangre—... ¿Por qué quieren saber? Es muy tarde, muy tarde para ayudarnos.

—¿Fue un demonio quién hizo todo esto? —se apresuró Sasori a preguntar.

—No. Fueron un grupo extenso de Demonios y Criaturas... —se detuvo para tomar una bocanada de aire fresco, ah, se sentía tan bien—. Llegaron en camionetas capturando a todo aquel que tuvieran enfrente... pero... a los que se resistieron como yo... los aniquilaban.

—¿Saben a dónde se los llevan? —se apresuró a cuestionar Sasuke.

Los ojos del Felino se enfocaron en él y luego en los dos chicos.

—Escuché una vez de un grupo de mercenarios que van capturando toda clase de criaturas... en esta área principalmente son llevados ante Zuberi Nasser... él tiene... —Tosió con demasiada fuerza que se le dificultó seguir hablando—... un negocio de entretención de peleas a muerte.

Cerró los ojos por un instante, Sasuke creyó que cada segundo se debilitaba y Naruto se lo confirmó con una mirada. Moriría en cuestión de segundos.

Sasuke lo observó un poco más, considerando toda la información, las dos opciones si acaso Sakura fue capturada y llevada a ese lugar o escapó en un as de suerte. No lo podían saber con certeza y eso los mantenía a los tres con desespero en su interior, especialmente él. Se había contenido el gritar y armar un escándalo dejando que sus impulsos hablaran por él.

Seguiría conteniéndose, controlan su lobo interior. Lo lograría. Esperaba con todas sus fuerzas que Sakura haya escapado, de alguna manera quiso pensar que posiblemente Kurama la protegió desde el punto de vista que no quería que nadie atrapara a su presa. Pero incluso para ese Zorro podían ser demasiados enemigos hablando de Medium o Criaturas Sobrenaturales entrenados especialmente para capturar otras Criaturas.

—El hecho de que sepamos que sucedió, no nos da la certeza de saber si Sakura fue atrapada o no. —El azabache les habló a ambos, desde su lugar, apretando los nudillos—. ¡Esto es tan frustrante!

—Mantén la calma, Sasuke —le advirtió Naruto, sin dejar de mirar al Fenilo que poco a poco dejaba de respirar pausadamente—. Debemos averiguar más. Alguien debió ver algo.

—¿Sasuke? —murmuró el Felino abriendo a cuestas sus ojos.

Su nombre en labios del moribundo le causó curiosidad. Dirigió la vista de nuevo a él, los ojos del sujeto iban apagándose, la vida abandonaba su cuerpo.

—Soy yo.

—Ah... entonces... ¿podría ser...? —murmuró el hombre.

Extendió la mano en puño que reposaba sobre su estómago hacia el chico que, tras dudarlo un segundo, lo tomó en un gesto de empatía. No comprendió lo que sucedía hasta que sintió en la palma de su mano caer algo. Cuando el Felino retiró su mano, observó lo que yacía en la suya.

El collar de Sakura.

Alzó la vista de sopetón para presenciar cómo el aura verde rodeaba al hombre.

—¿Qué-? —Sasori parecía confundido.

—¿Dónde consiguió esto? —preguntó apresuradamente Sasuke, mostrándole el collar. De pronto su estómago se revolvió y lo sintió pesado—. ¿¡Dónde!?

—Es de ella. Una Mestiza de cabello rosado... —comenzaba a hablar con más dificultad—. Intentó rescatarme a pesar de las negativas del Zorro que venía con ella y le insistía en escapar. Pero me ayudó... consiguió algo de tiempo para mí.

La pausa le causó más ansiedad al azabache, quería tomarlo de la soplas y que escupiera todo de una vez.

—... Se le cayó cuando le pedí que me abandonara —miraba fijamente el collar que sostenía el chico—. Su nombre... quizás era Sakura... o eso gritaba desesperado ese Zorro cuando intentó rescatarla de los mercenarios.

Sasuke aguanto la respiración. Kurama intentando salvar a Sakura. No... que no sea lo que estoy pensando.

—Al final... —Una bocanada de aire, el Felino apenas tenía voz—... ambos fueron capturados... lo más... seguro es que...

De pronto su vida se extinguió y sus ojos no vieron más la luz del sol.

Así cómo se extinguió la pasibilidad de Sasuke. Todo su cuerpo ardió, su mente fue un revoltijo de pensamiento inconcretos por lo mal que la estaba pasando en esos momentos. La sensación que antes experimento que ni siquiera se detuvo a pensar cómo lo recordó, le oprimía el pecho y lo volvía loco al pensar en infinitas posibilidades.

Y la que se hizo realidad fue dónde Sakura había sido raptada por vendedores de esclavos. La utilizarían para peleas clandestinas, o en peor de sus casos la compraría como esclava para...

Sintió su cambió de visión. El Sharingan se activó inconscientemente.

—¡Tranquilízate! —Naruto lo tomó el hombro al verlo. Bastó a que lo apartara bruscamente, mientras daba vueltas sobre su sitio—. Todavía nada está perdido, ella sigue con vida.

Debía serenar su mente el simple hecho, pero no lo consiguió.

Incluso cuando los demás regresaron de su inspección y Kiba trajo consigo la katana que él mismo mando a forjar para Sakura, la hoja impregnada de sangre que no era la suya, y apenas unos vestigios de su aroma en ella. Pidió silenciosamente un segundo para pensar en su siguiente movimiento, nadie habló a pesar de que Sasori se hallaba igual de ansioso y desesperado que él a diferencia que ocultaba bien.

Se preguntó cómo pudo ese imbécil perder los estribos de esa forma, verse preocupado. En los años pasados la presencia de Sasuke representaba peligro, y seguía presente esa sensación, pero algo cambió... incluso en él.

Ambos encontraron a Sakura.

Ambos fueron embriagados por su presencia.

Ambos fueron impulsados a encontrar un lado más sensible.

Pero, debía admitir a regañadientes que, a diferencia de él, Sasuke supo protegerla mejor, cuando se trataba de Sakura bastaba un momento de mantener la cabeza fría para comenzar a tomar el orden en sus emociones y actuar conforme a la lógica.

Una forma de salvarla del peligro.

—Necesitamos hallar algún comprador de información de la zona —decía Sasuke a medida que se alejaban a paso decidido con rumbo a la ciudad—. ¿Alguien conoce alguno?

Sasori quiso morderse la lengua en ese momento, pero de nada serviría guardarse esa información para él. A regañadientes sabía que solo no podría rescatarla, quería que Sakura de nuevo lo viese con esos ojos ilusionados y que mejor que ser su salvador llevándose tal gloria; pero tenía que aceptar la realidad en cuanto a ello.

La situación se superaba así misma y debía cooperar por el bien de Sakura.

—Sé que Kakuzu está por esta zona. —Su voz atrajo todas las miradas, se maldijo por debajo cuando Sasuke le dirigió una mirada seria—. Quita esa cara, estúpido. Es lo único que se me ocurrió.

—¿Qué hay de problema con ese hombre? —preguntó Shikamaru sin comprender, deteniéndose a la par de Sasuke que permaneció quieto durante unos segundos.

—Kakuzu es un antiguo miembro de Akatsuki. Aprovechó la revuelta que armó este imbécil al cortar lazos con la organización, ahora vive entre las sombras —dijo Sasori al intuir que el azabache no diría nada.

—Es imprudente obtener información de él —aseveró Sasuke ladeando la cabeza a su dirección—. Fue uno de los Diez Escalones de Akatsuki.

—Entonces sí es de cuidado —murmuró Kiba conociendo perfectamente los rumores sobre el grupo élite de Akatsuki conformado por Demonios únicos, desde Medium hasta Exoctis, las peores criaturas sangrientas que han pisado la tierra y cometido abominables fechorías. ¡Incluso tenía alado a uno de ellos! El pelirrojo que seguía mirando a Sasuke con seriedad.

El que su Alfa se negara a tratar con él quería decir que sabía algo que ellos no. Y a pesar de ser muy cercanos a él, había cosas que les ocultaba ya sea por su propio bien o el de ellos. Sea cual sea la situación, tenía conocimiento de algo más grande, y su instinto también le decía renegar de tal propuesta.

—Pero es la única forma de llegar rápido hasta Sakura —dijo Shikamaru interviniendo entre los dos—. Piénsalo bien, buscar a otro informante tomará uno o dos días cuando mucho. Sasori sabe dónde está Kakuzu, cada segundo que transcurre Sakura corre peligro.

Su nombre lo hacía reaccionar, no tenerla en frente. Apretó la mano dónde sostenía con fuerza el collar de ella, reposando en la palma de su mano, mirando fijamente. La piedra era similar al color verduzco de sus ojos, tan resplandecientes y cálidos. Imaginar que jamás lo vería de frente le daban náuseas y ganas de destruir cualquier cosa.

Debía tomar ese riesgo. A pesar de no querer agravar las cosas debía arriesgarse a perder, porque con Kakuzu nada resulta seguro. Absolutamente. Por eso aborrecía a esa criatura avara que se dedicaba a conseguir riquezas sin importar como.

Lo decidió.

—Sasori, llévanos con Kakuzu.

Porque no importaba si él llegase a involucrar de nuevo en una pelea.

Nada de eso importaba ahora.

Lo único que él codiciaba ahora era tener a Sakura entre sus brazos y saber que se encontraba a salvo.

«Pronto estaré contigo... Sakura, espera un poco más».


Lugar desconocido.

Tuvo un sueño hermoso. La persona que se encontraba a su lado era igual de hermoso, lo reconoció casi al instante en que alargó su mano y toco con desespero su rostro, verificando que estuviese bien. Él hablaba, pero no podía escucharlo, solamente se enfocaba en su rostro que poco a poco traslucía un semblante cálido.

Sasuke le pedía que estuviese bien.

Que resistiera.

Que fuera valiente.

¿Cuánta más fortaleza quería que tuviera?

En ese sueño se sentía protegida, ajena a lo que le esperaría al despertarse porque no quería sentirlo. Ella misma se indusio a la inconsciencia al no soportar el dolor de los látigos cuando se resistió en entrar a la celda. Los gritos que daba fueron bloqueados de inmediato al sentir el olor de la sangre brotar, o los que profesaba Kurama a su lado en amenaza a que dejaran de golpearla, apenas vislumbró su cabellera naranja y descubrió que incluso le iba peor que a ella.

Los que se resistían fueron azotados.

Ella fue azotada y al principio mantuvo la boca cerrada hasta que en ella se descargó el dolor. Pensó que debía resistir y ser fuerte. Una vez más le pidió fuerzas a Dios que sería algo absurdo de su parte, ¿pedirle fuerzas a quién los aborrece? Hubiera reído si no fuera porque se sentía tan débil incluso para respirar. Contra el suelo helado y el aire húmedo.

Quizás por eso soñó con Sasuke ferviente a que le diera fuerzas en dónde estuviese, parte de su seguridad y valor para soportar esta situación a pesar de estar muerta de miedo por dentro sabiendo que toda esperanza se había esfumado. Ellos fueron capturados y nadie más lo sabía. Nadie vendría a ayudarles. Así que ellos debían encontrar la forma de cómo escapar.

Le parecía tan desalentador.

—Llévenla a la última celda, esperemos que sobreviva al monstruo. —Fue lo único que entendió entre sus conversaciones.

Cuando abrió los ojos de nuevo se encontraba dentro de una celda diferente a la que recordaba que estaba en un principio. Entró en pánico y apenas se apoyó con los brazos, sintiendo todo su cuerpo adolorido. Las heridas de las manos apenas le sanaban y se sentía mucho más débil que antes. Sus brazos temblaron, recayó de nuevo con la vista a la celda de alado, se topó con Kurama sentado con la espalda apoyada en la pared de piedra, respirando quedamente. También vio heridas en sus brazos. Le brindó cierto alivio.

—¿Kurama? —murmuró apenas.

Respiró aliviada cuando un dedo de su mano se movió, y después su cabeza entorno a ella. Cabello alborotado y cara manchada de sangre, una sutil sonrisa se asomó en su rostro.

—Eh, pequeña... ¿ya has despertado? —preguntó y luego tosió—. Menos mal, me tenías preocupado...

—No puedo decir que estoy bien —recitó apenas.

Se quedaron en silencio, compartiendo miradas desalentadoras porque conocían tan bien la situación en la que se encontraban, pero, sobre todo, esperando apoyarse mutuamente. Kurama estiró su brazo a ella, pasando por el espacio de los barrotes hasta tomar su mano, apretándola.

—Pequeña, no quiero asustarte, pero... —Sus ojos se volvieron urgentes—. Procura no moverte mucho al otro extremo de la celda.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Tienes compañía.

Tensó sus músculos y la respiración se le aceleró de pronto. Incluso pudo escuchar su propio corazón, ¿acaso la temperatura de ahí siempre fue así de sombría y helada? Al voltear al otro lado sin poder moverse, desprotegida se encontró con lo que se refería Kurama.

Unos ojos como los suyos le devolvieron una mirada intimidante desde la esquina de la celda, apoyado entre las paredes y sentado con las piernas dobladas. Las cicatrices que resaltaban en su torso le dieron un aire más tétrico envuelto en la oscuridad que pronto se fue adaptando a sus ojos. Su cabello rojo con manchas más oscuras suponiendo que era sangre, portando solamente un pantalón descuidado y encadenado de manos y tobillos.

Tuvo un escalofrío en todo su cuerpo, tembló inesperadamente y algo en ella se removió al sostenerle más tiempo la mirada.

Aterrador.

Peligroso.

Y...

—¿Quién eres tú?

Una voz que demostraba todo lo contrario, renuente y suave. Revelando una profunda curiosidad y miedo.

¿... Miedo de ella?


Mansión de Akatsuki.
Noche.

—Sólo intenta no hacer una tontería de nuevo, Izumi —advirtió Pain frente a ella. Ya era común verla sentada en esa silla que atribuía a despertar un aura intimidante a los demás, pero para él no. Parecía rutina tratar con Izumi por sus estupideces que él cobraba caro—. Atrapar a Haruno Sakura se desplazó por el momento, necesito más Cazadores y Mestizos para nuestro otro propósito, consíguelos.

El rostro de Izumi remarcaba su inconformismo.

—¿Cuándo, Pain? ¿Cuándo seré yo la líder del Clan Haruno en su totalidad? —preguntó ella con furia—. ¡Han pasado tantos años que me lo prometieron y aún no he visto nada!

—La paciencia no es tu virtud —renegó él frunciendo el ceño, pulverizando el par de hojas que reposaban en la mesita de noche dónde ella tenía siempre una botella de licor—. Así que debes ser cuidadosa a menos que no quieras terminar igual que la hoja. Tú estás debajo de mí, tenlo presente.

Cada vez que conversaba con Pain, Izumi terminaba lanzando la botella de su lado en la puerta por dónde él desaparecía, y esta ocasión no fue la excepción. El líquido escurrió sobre la alfombra roja dejando una mancha oscura que sería difícil de limpiar. Se dejó caer de nuevo en la silla, moviendo con desespero la pierna.

—¿Crees que soy estúpida? Incluso tú estás debajo de alguien —murmuró contenida de ira.

Supo la verdad y su posición desde hace mucho. No era nada estúpida porque lo supo desde el momento en que Pain apareció frente a ella después de que masacrara a toda esa multitud de soldados utilizando su control con la flora de su alrededor, su poder descomunal que despertó repentinamente en ella sin previo aviso. Pain proponiéndole que se uniera a su causa al querer derrocar a todos los Cazadores existentes en este asqueroso mundo.

Cazadores que en cierta parte fueron parte de su familia de nombre porque siempre la aborrecieron por ser Mestiza. Cegada de odio y rencor aceptó, con la condición de que ella sería la nueva líder del Clan Haruno cuando no hubiera más quienes reclamar el puesto. No fue por egoísmo, no fue por avaricia, simplemente quería ser una líder que no despreciara a los Mestizos con sangre Haruno.

Y luego apareció esa chiquilla, ¡tenía que nacer junto a ese mocoso, Sakumo! Ambos no tenían la culpa de nada, de nacer con un título que no pidieron, pero se convirtieron en un obstáculo y tenían que deshacerse de ambos. Con el mocoso fue rápido y sencillo arreglar todo, pero con Sakura... tan pronto apareció Sasuke a su lado le resultaba cada vez más difícil desaparecerla.

Todo se complicó cuando apareció Sasuke. Y fue ahí que conoció realmente que ella se trataba de una marioneta más, un peón en el inmenso tablero de la vida; un dónde él movía las piezas a su favor y tendría que obedecer. La presencia de Sasuke lo desesperó a tal punto de mandar a destruir los restos de Jiyu por un acto tan egoísta.

Dónde el principal jugador era el verdadero líder de Akatsuki, y su extraña obsesión con Sakura. ¡No lo comprendía del todo! Pero desde que esa niña nació, desde que la tuvieron en la mira cuando Iván murió, el creciente interés del líder se avivó como nunca.

Y ellos creyendo que ella no se percataría de eso.

¡Claro que lo sabía!

Pero debía ser prudente y mover sus propias piezas, odiaba ser utilizada de esa manera y no lo permitiría más. Les daría la vuelta a sus acciones cuando pudiese; y si eso era jugar en contra de sus intereses para mantenerse con vida, lo haría. Se cambiaría de moral y lado para seguir en el mundo, tendría que hacerlo.

Porque quería vivir.

Una vez más.

Un día más.

Hasta que el sol se escondiera en el horizonte.


Continuará...

Tamiya: es una croqueta de garbanzos o habas. Suele consumirse en Oriente Medio.

¡Hola! ¡Hola! Por fin he podido traerles el nuevo capítulo que ya estaba ansiosa, pero me ha costado un poco de trabajo escribirlo, ¡no me gustaba como quedaba! Pero después de varios intentos por fin lo conseguí, además de mejorarme de mi salud. Estaba tipo: YA PUEDO LUCHAAAAAAR.

Conforme al capítulo ahora a dado un nuevo giro. De nuevo la Sakura involucrada de verdad algo más turbio, ahora si fue secuestrada de verdad. A que esta chica le sigue la mala suerte y sus desgracias, si se desesperan recuerden que es parte de su crecimiento como personaje, más adelante sabrán el porqué.

Resultó que Kurama tenía razón y Sasuke se negó a escucharlo como tal, se aferró a su propio dolor que no permitió ver más allá de eso porqué según él "los hechos hablan". Pero en el presente quizás sea diferente, ¿quién sabe? se ha vuelto más blando de cierta manera.

Se ven atisbos de que Sasuke estuvo involucrado con Akatsuki lo cual ya no es un secreto, y con lo último, ¿Quién se lo estaba de Izumi? Ella a su modo es desquiciante y desesperada, pero reconoce a que partido tomar para seguir con vida. Es su propia victima así como su verdugo y decidirá cuando y dónde acabar. En esta nueva versión estoy abordando los personas con su desarrollo, cosa que en la otra versión no profundice cómo los pensamientos de Sasuke y Kurama o la propia Sakura a este tema.

¿Se esperaron el encuentro de Itachi y su padre? *risas malevolas* ESTAMOS TAN CERCAAAAA todo se va desarrollando paso a paso, pero con seguridad.

Espero que les haya gustado el capítulo cómo a mí, estoy satisfecha con el resultado. ¿Qué les pareció? ¿Demasiada tensión y giros? ¿Bueno o malo?

Quiero agradecer a todas las personitas que se preocuparon por mi estado de salud, estoy mejor ahora y con ganas de venir con todo. ¡En serio mil gracias! A pesar de las actualizaciones lentas. Estaré colocando también parte de los términos al principio de los capítulos para que no se confundan, creó que lo manejaré así, ¿les parece más cómodo?

Estoy flipando, además, porqué gracias a todos ustedes este fic es querido, sin ustedes no sería nada, así que espero que estén disfrutando el fic cómo yo al escribirlo.

Y bueno, ya saben, tomen awa, coman saludable y cuidanse mucho (?

¡Nos leemos pronto y gracias por leer!

Alela-chan fuera.