Términos dentro del fic.

Fujun'na hanta
Significa "cazador impuro" un título irónico conforme a la situación. Son Mestizos que se someten a un riguroso entrenamiento en los cuales se especializan en el arte de proteger a quien los contrate. Mayormente sean demonios o Seres Sobrenaturales. Es un oficio antiguo que se remota a los principios de su existencia, pues cobran por sus servicios y ejercen cualquier trabajo que se les presente. También son mercenarios, intermediados de información al mejor postor, asesino a sueldo.

Clanes de Cazadores Puros
Son los encargados de proteger la paz de los humanos como se mencionan en el prólogo. Hasta ahora se han mencionado cuatro Clanes: Haruno, Uchiha, Uzumaki y Hyūga.

Clanes de Cazadores Impuros
Son Cazadores con líneas de sangre derivados a los Clanes Puros. Sus poderes no son nivelados y son consideramos como "apoyo" para los Clanes; no son muy numerosos por lo que no tienen un lugar como tal en la categoría.

Familia Impuras
Se refiere así a un grupo menos de Cazadores Impuros, puesto que no son muchos Cazadores en ese linaje para considerarse un Clan como tal.

Fuerte
Lugar apartado de la civilización dónde viven la mayor parte de los Cazadores, escondidos bajo un campo de energía espiritual para evitar ser detectados por Demonios y Humanos.

Akatsuki
Son un grupo de Demonios y Seres Sobrenaturales de distintas especies. Antes se encargaban de ser intermediados de información entre guerrillas —siendo partícipes las mismas especies—. El Clan Haruno fue el encargado de darles caza, y se cree que por ello el Clan fue eliminado. Hasta ahora uno de sus objetivos es eliminar a los Haruno sobrevivientes y atrapar a Haruno Sakura con vida.


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Lazos irrompibles


Que estupidez.

Sí, una enorme estupidez.

¿Por qué? No niegues que fue divertido —decía él caminando a su lado, tratando de convencerlo mientras caminaba por el sendero repleto de nieve, sus pies descalzos se hundían en la nieve—. Oh, vamos, hermano, es entretenido confundir a esos demonios.

No cuando están furiosos y pueden arrancarte la cabeza —seguía replicando sin darle tregua.

¡Tks! Que aguafiestas eres, Sasuke —dijo sin más, alzando la bolsa de cuero que sacó del pliegue del kimono, agitándola frente al aludido que abrió los ojos—. Si sigues con esa actitud no te daré tu parte del pago.

El azabache frunció el ceño, deteniéndose en medio de la ligera nevada que caía sobre ellos. El frío no les afectaba en lo absoluto y eso lo comprueban sus pies descalzos.

Eso sí que no. Yo conseguí irritarlos antes que tú, Kurama.

¡Je! No cuent a —replicó alejando la bolsa cuando intentó quitársela, se miraron desafiantes—, yo los lleve al punto máximo de ira. ¿Has escuchado la frase "el que ríe al último ríe mejor"?

Sasuke bufó volviendo la mirada al frente.

Tonterías.

¡No son tonterías! —exclamó el menor apuntándolo con un dedo.

¿Hasta cuando dejaran de discutir?

Ambos reaccionaron al escuchar la voz angelical de su madre a sus espaldas, ella se encontraba de pie llevando una canasta repleta de leña cual cargaba sin dificultad alguna. Fruncía ligeramente el ceño, y a pesar de no verse tan molesta ambos sabían que apenas una señal como esa en su rostro podría significar problemas, y era mejor no jugar con la ira.

¡Mamá! Dame eso, te ayudaré a llevarlo —se apresuró Kurama a quitarle la canasta, rebasaba la menuda figura de Mikoto por una cabeza, la misma estatura que su hermano mayor. Volteó a él sonriendo—. Por cierto, no estábamos discutiendo, sino…

Debatíamos quién se quedaba con la paga y coincidimos que debo ser yo el que lo administre —dijo serio Sasuke atrayendo la atención de la mujer.

Kurama entrecerró los ojos a su dirección.

Eres muy abusivo, ¿no se supone que debes tener consideración con tu adorable hermano menor?

La sonrisa en el rostro del azabache fue irónica mientras retomaban sus caminos por el sendero blanco.

¿Adorable hermano? Espero que no te refieras a ti mismo, porque no tienes nada de adorable.

¡Estás celoso porque…!

Mikoto, que hasta ese momento había escuchado la entretenida conversación en medio de sus hijos, tiro de la oreja de ambos. Se quejaron a media voz al sentir el jalón y casi sudaron frío como el clima, su madre no era de regañarlos a menudo.

¡Suficiente! Desde que crecieron discuten por todo, espero que esto no sea una señal de que se detestan mutuamente —amenazó la mujer con una mirada afilada soltando las orejas de sus hijos que se frotaron dicha parte con un quejido.

¿Detestar a mi hermano mayor? ¡Imposible! —exclamó sorprendido Kurama abalanzándose a abrazar a Sasuke por los hombros, este se cruzó de brazos y bufó en dirección contraria—. Jamás lo odiaría, sólo me gusta molestarlo mucho. Ya sabes mamá, los menores nunca estamos conformes.

Solamente lo molesto porque ya no es mi pequeño esclavo que me obedecía en todo —murmuró bastante audible el azabache logrando que Kurama se quejara, pero sin soltarlo.

¿Esclavo? ¡Me veías como un esclavo!

¿Y cómo más te voy a ver si eres el menor? —se burló—. Desde que creciste te has vuelto muy molesto…

¡Repite lo que dijiste!

Mikoto suspiró cansinamente sin dejar de mirarlos uno a otro, a pesar de las recientes discusiones sin sentido podía ver en ambos el amor y el cariño que se profesaban. Años atrás esa fue su principal preocupación tras acoger a Kurama de cachorro en su núcleo, aunque al principio Sasuke estuvo celoso de que le pusiera más atención, a medida que fue creciendo comprendió que podía ver en él un hermano menor más.

Supuso al hecho de que aún le dolía el hecho de que en realidad Itachi y Hikoro se acercaron a él por conveniencia —cual su propósito se torció a uno genuino con el pasar del tiempo—, así que sus heridas seguían frescas.

Pero no fue impedimento para apreciar a Kurama, le alegraba que el Zorro hubiera alcanzado su corazón y estuviera sanándolo lentamente.

Se acercó a ellos para abrazarlos, ellos detuvieron su discusión y permanecieron quietos, observándola extrañados por su repentina acción.

Ambos son mi vida. Me destrozaría el corazón si llegaran a odiarse algún día. —La mirada de Mikoto pasó de uno en uno, con sus ojos llenos de amor y persuasión, tocando sus mejillas sin dejarles de sonreír maternalmente—. Por eso, prométanme que pase lo que pase jamás se odiarán o pelearán seriamente entre ustedes. En este mundo despiadado solamente se tienen el uno al otro, y si algún día llegase yo a faltar, no me gustaría que se distancien.

Kurama la miró por un largo momento y tomó la mano sobre su mejilla, apretándola al dedicarle una sonrisa despreocupada.

Cómo te lo dije mamá, jamás odiaré a mi hermano, somos un equipo eterno, ¿verdad que sí? —preguntó a Sasuke que seguía observando sin contemplaciones la suplica muda de su madre—. Te aseguro que siempre estaremos el uno para el otro sin importar qué.

Satisfecha por su respuesta, la mujer miró ahora a Sasuke que evadió sus ojos en cuanto lo hizo.

¿Sasuke?

Un segundo de silencio y después los ojos oscuros de su hijo se ablandaron, pero sin mirarla.

Lo prometo —dijo lleno de sinceridad ligeramente sonrojado, ahora atrapando al vuelo el cuello de Kurama y los hombros de su madre, juntando sus cabezas, sonriendo un poco demostrando cuan gran eran los sentimientos que albergaba su corazón—. Prometo que siempre seremos una familia sin importar qué.

Sin importar qué…

Una promesa que jamás se rompería.

Debemos darnos prisa o cenaremos tarde el estofado que planeo preparar —dijo Mikoto al recordar la cena pendiente.

¡¿Harás estofado?! —Los ojos rojos de Kurama brillaron y comenzó a caminar con más energía—. ¡Démonos prisa! ¡Andando! ¡Andando!

Sasuke los observó alejarse mientras caminaba, admirando desde lejos lo que era su familia. Su madre y hermano menor, estando con ellos, ¿quién necesitaba a su padre que intentaba matarlo y hermanos mayores que se acercaron a él por convivencia? Ni siquiera él, podía estar satisfecho estando a su lado, sin pedir nada más que su compañía.

Sólo eso.

Sakura abrió los ojos lentamente despertándose de lo que sintió como un largo sueño, con el pecho lleno de nostalgia y tristeza, derramando lágrimas silenciosas. A pesar de que sabía que esos recuerdos no eran suyos, los sentimientos que albergaba en su interior tampoco lo eran, pertenecían a Sasuke, no estaba equivocada.

Limpió los rastros de lágrimas con el dorso de su mano e intentó mover la otra para ayudarse, pero sintió que algo la tenía apresada. Poco a poco deslizó la vista a su lado y casi respinga, Sasuke aprensaba su mano con la suya.

Trató de serenarse mientras lo observa, sentado en una silla de madera e inclinado a la cama, con la mitad del cuerpo, durmiendo plácidamente. Por la posición en la que se encontraba quizás estuvo ahí toda la noche. Pocas veces había logrado ver a Sasuke dormir pues él permanecía la mayor parte del día despierto.

Sin dejar de mirarlo, se obligó a recordar todo lo que sucedió en el desierto. La pelea en la arena. El rescate de los chicos. El beso que Sasuke le dio en la frente… tocó dicha parte con su mano libre sin evitar sentir la calidez de su gesto, logrando que se pusiera nerviosa de nuevo.

—Qué vergüenza —susurró cohibida.

—¿Qué es lo que te da vergüenza?

Se sobresaltó de inmediato al escuchar la voz de Sasuke, casi se le detiene su corazón. Lo miró, él seguía en la misma posición, pero con la cabeza ladeada a un lado, observándola sin contemplaciones, esos ojos intensos que no se apartaban de ella. Sus mejillas se tornaron rojas de nuevo y evitó verlo separando por inercia su mano de una forma brusca.

El azabache entrecerró peligrosamente sus ojos enderezándose completamente mientras frotaba su nuca. Sakura no pudo evitar pensar que su aspecto incluso al despertar era mucho más atractivo, con ese gesto adormilado y el bostezo entre sus labios.

—Este… —Buscó desesperadamente una excusa, fue cuando notó que la sábana resbaló de su torso, no tenía nada más puesto excepto una venda rodeaba su pecho siendo el único impedimento para quedar expuesta. Se puso más roja al sentir la mirada de Sasuke ella y estando en esas condiciones, rápidamente jaló la sábana para cubrirse—. ¿Por qué estoy así? ¿No me digas que tú…?

Su rostro rojo era un espectáculo digno de admirar para Sasuke, quiso provocarla un poco más.

—¿Si yo lo hice qué? ¿No crees que es un precio justo por haberte salvado la vida?

Jadeó, llena de sorpresa y vergüenza. Le recordó cierta escena cuando se conocieron y tuvo que cambiarse la blusa estando él cerca.

—¿¡Cómo pudiste…!?

Sasuke le jaló la mejilla antes de continuara quejándose, divertido por su actitud tan inocente.

—Por supuesto que yo no lo hice, Sakura —se burló soltándola, la chica se frotó su mejilla sin dejar de refunfuñar—. Ali y Aoda se encargaron de limpiar tus heridas, ya deberían haber sanado después de tres días.

—¿Tres días? —preguntó sorprendida, había dormido mucho tiempo—. ¿Y los demás? ¿Lograron escapar?

Lo que en realidad quería preguntar era si Kurama y Gaara lograron salir de la Arena, pero en estos momentos no sentía el valor suficiente, y no quería arruinar el aparente buen humor del azabache. Se notaba extrañamente tranquilo a su lado, con esa mirada serena en su rostro mientras movía la silla a otro punto.

—En estos momentos se encuentran fuera arreglando varios asuntos —respondió sin dar muchos detalles, por lo que Sakura frunció el ceño al notar su evasiva, por esto en ocasiones se frustraba por ser excluida. Iba a replicarle hasta que él la miró con repentina seriedad—. Sakura, necesito que te quites la venda.

—¿Qué? —interrogó al principio sin comprender, hasta que se percató de que él le echaba un vistazo rápido a su pecho cubierto de vendas. Logró despistarla por completo y se sonrojó al máximo volviendo a cubrirse con la sábana—. No estarás hablando en serio…

—Claro que hablo muy en serio —replicó acercándose.

—¡Sabía que eras un pervertido!

Sakura se alejó de él que se hastió de sus palabras y la tomó del brazo para jalarla junto a él, quedando demasiado juntos para su estabilidad mental, la miró intensamente a los ojos sin darle tiempo de replicar, sabía que con ello cedería de alguna forma. Él lograba ponerla nerviosa.

—No lo soy, necesito verificar que tus heridas sanaron por completo —reveló su verdadera intención.

—Eso… puedes esperar a que Ali regrese y te diga.

—No puedo esperar tanto tiempo —dijo convencido de que su desequilibrio emocional no soportaría otra hora sin saber.

Acercó su rostro cada vez más, embriagándose de su aroma, tanto tiempo privándose de eso. Tensó la mano que tenía entorno a la piel de su cintura, sentía su mano arder cada vez más. Ella tan hermosa toda roja y nerviosa por su cercanía, eso le gustaba más de lo que debería.

—Necesito verlo con mis propios ojos. —Siguió diciendo—. Te aseguro que no te haré nada extraño, solamente necesito asegurarme de que estás bien —Agregó para calmarla.

Teniéndolo así de cerca, mirándola con esos ojos intensos y su aliento casi rozando su rostro le era incapaz de negarse, parecía más embriagarse de su presencia, y se lamentó por ello segundos después de acceder. ¿Por qué parecía ser tan débil ante él?

Lo pensó unos instantes más cuando Sasuke la soltó y se dio la vuelta indicándole que le avisara cuando estuviese lista. Se quedó observando inversa el porte de él cuando le dio la espalda, hasta ese momento se dio cuenta de que traía una camisa ligera sin mangas dejando al descubierto parte de los indicios de sus tatuajes en sus brazos; un pantalón de algodón como el que ella traía puesto, pero de color negro y descalzo. Un aspecto tan casual que le dolía.

Apretó su mano sobre el pecho antes de proceder a quitarse la venda.

Tranquila. Sólo verá tus heridas, nada más, se repetía a medida que desenrollaba la venda. Tímida y nerviosa a que cualquier momento él pudiera voltear, nunca lo hizo. Esperó pacientemente a que ella le avisara.

Se giró quedando con la espalda a su dirección, cubriendo la parte delantera de su torso con la sábana, apretándola con fuerza y pasando su cabello sobre el hombro para no obstruirle la visión. Exhaló disimuladamente.

—Ya… puedes voltear.

Sasuke esperó unos segundos antes de hacerlo, lo menos que deseaba en estos momentos era incomodarla. Al girar se topó con la espalda descubierta de la chica, casi encogida de hombros y con rastros de tensión en sus hombros.

Quizás la obligó a hacerlo, pero él no estaría en paz hasta no verlo con sus propios ojos. Durante estos tres días tuvo que soportar sus nervios a que ella no despertara, y aunque Tsunade aseguró que seguramente se debía al cansancio y el hecho de que combatiera el veneno, él prefería asegurarse cuanto antes.

Se sentó en la orilla de la cama enfocándose por completo en la espalda menuda de la chica, dándose cuenta de los bultos de las cicatrices sobre su piel blanquecina. Parecía que las heridas ya cerraron por fuera.

—Ya cerraron completamente —avisó sin dejar de contemplarla.

Las manos femeninas se apretaron la sábana, sus ojos verdes enfocados en un punto entre sus piernas, agachando la cabeza.

—Seguramente quedaran una marca horrible —murmuró absorta, sonriendo triste—. Fui débil al dejar que me dañaran. Un precio justo que pagar, ¿no lo crees?

Sasuke alzó la vista de las cicatrices para observarla abrazarse así misma, encogiéndose cada vez más de hombros, sus ojos centellantes que dejaban ver miles de emociones desbordantes. ¿Le afectaba el hecho de que le quedarían cicatrices? Seguramente ella sabía que por sus genes vampíricos no quedaría más rastro que una línea más oscura sobre su piel.

Entonces se refería a…

Tocó la cicatriz más abultada con la yema de los dedos, Sakura respingó al contacto y giró la cabeza a su dirección, impresionada por el tacto. Se miraron directamente a los ojos.

—El que te hayan herido no significa que seas débil. Estas heridas —recorrió la cicatriz desde cada ángulo, sus ojos siguieron la trayectoria— son marcas de que lo diste todo en el campo de batalla, de lo valiente que fuiste al enfrentarte al peligro sin titubeos. Son marcas de que sobreviviste.

Un sentimiento cálido se instaló en el corazón de Haruno, las lágrimas se acumulaban en sus ojos sin permiso alguno, intentó por todos los medios no derramar ninguna, dejar de llorar por todo sería un buen paso para ella. Sin embargo, cuando Sasuke le decía cosas así no podía evitar sentirse conmovida.

Se giró a él que seguía observándola intensamente, queriendo transmitir todos sus pensamientos. Admiró su figura como lo hizo con anterioridad, a diferencia que lo tenía de frente y pareció que todo resaltó de repente. Las líneas oscuras de sus toscas manos, en los antebrazos, incluso en un costado de su cuello; a la vista de cualquiera que se tomara la molesta de querer verlos.

Marcas de un sobreviviente.

¿Cuántas veces tuvo que sobrevivir?

Alargó su mano hasta la marca del cuello, dejándola ahí, sin dejar de mirar cada línea. El chico permaneció quieto mientras los dedos de ella delineaban cada cicatriz antigua. De años, de otras épocas, de otras circunstancias. Siendo un solo término al intentar vivir con todas sus fuerzas en esta mundo despiadado.

—Tú también… eres un sobreviviente.

Sasuke abrió los ojos mientras tomaba bruscamente la mano de Sakura, separándola de él. Tal cercanía jugaría en su contra si no se detenía a tiempo, tenía tan gravado su aroma que en cualquier momento perdería en control de sus propias acciones.

Cerró los ojos y se levantó de su lugar en busca de la maleta de Ali. Rebuscó rápidamente una blusa y se la lanzó a un lado, ordenándole que se la pusiera, mientras escuchaba su piel en contacto de la tela, se mantuvo con la vista a las cortinas, pensando en las cuestiones pendientes que tenía que enfrentar ahora, intentó alargarlo por todos los medios, pero simplemente no podía.

—Necesito que me digas todo lo que sucedió mientras estuviste con Kurama —Pronunciar su nombre, tan agrio y lleno de resentimiento. Incluso él mismo lo sentía palpable. Entrecerró los ojos intentando que su propia furia no explotara en ese momento—. ¿Te hirió de alguna forma?

No la escuchó pronto, así que decidió girar a ella sin acercarse. Sakura estaba sentada en la orilla de la cama, con los pies sobre el piso y su vista en las rodillas que poco a poco fue elevando a él, con una mirada totalmente extraña, cautelosa.

—Si te dijera que no me hizo ningún daño, ¿me creerías? —preguntó ella en murmullo.

—No. —La respuesta de Sasuke fue rápida y seca, con su mirada dura—. Creería que te manipulo para decirme eso, después de todo es un Zorro engañoso. Siempre busca su beneficio sobre los demás y es engañoso.

Sakura apretó los dientes y se levantó de sopetón, apretando las manos a sus costados y mirándolo con molestia.

—¿Cómo puedes saber tú que no lo has visto en años?

—¿Me vas a decir que lo conoces mejor que yo por haber estado con él un par de días? —inquirió cada vez más irritado Sasuke, acercándose a ella tratando de hacerla entrar en razón, convenciéndose más de que Kurama le hizo algo—. Tonterías, lo conozco mejor que nadie y es un vil Zorro.

—Kurama en realidad no es malo, me protegió de los peligros del desierto y nunca pensó en dañarme, incluso… —Recordó su rostro de ese día bajo la luz de luna, triste y resignado a su final, un final agridulce para ambos—. ¡Incluso se arrepintió de llevarme con él!

Crispó el rostro al escucharla hablar así. Lo que temió en un principio se hizo realidad: Kurama puso en contra suya a Sakura. No culpaba a la chica, ella últimamente era bastante ingenua para creerle a cualquiera con esa historia, que le haya metido ideas absurdas a su cabeza con tal de fastidiarlo más.

O quizás… se engañaba asimismo intentando no hacerlo.

—Dudo que se haya arrepentido de secuestrarte —rebatió bastante seguro dándole la espalda bastante afectado a que estuviera defendiendo al Zorro, eso lo envenena profundamente—. Lo que Kurama más desea en este mundo es matarme, y no escatimara en hacerte daño al pensar que eres importante para mí.

Lo cual era cierto, y aunque ambos lo sabían, no lo admitían en voz alta.

—¡Lo que más quiere en el mundo es que le creas primero a él! —replicó la pelirrosa.

Suficiente.

Giró a ella tomando de sus manos, apretándolas en intentó de saber qué demonios hizo Kurama para que Sakura lo defendiera de esa manera. Pero sus ojos verdes determinados no lo perdían de vista y se encendían a medida que apretaba su agarre y los dientes, enojado con ella.

Con Sakura por no apoyarlo a él, por creerle primero a Kurama, por defenderlo.

—¿Cómo te atreves a decir esa mentira? No sabes absolutamente nada…

—Sé lo suficiente —le interrumpió ella con decisión, cansada de la terquedad de Sasuke—. Sé que crees que te traicionó con Midori.

—¿Creer? Tengo la certeza de que lo hizo —murmuró entre dientes, cada vez más furioso—. Me traicionó y te expuso a un peligro como las peleas clandestinas, son motivos suficientes para querer matarlo.

Cada palabra que destilaba su boca, cada mirada llena de odio destilado a Kurama confirmaba sus sospechas, mientras lo veía completamente perder la calma por esto y seguía apretando con fuerza sus muñecas, demostraba cuán afectado se encontraba en estos momentos. No despegó su vista de él, llena de actitud y determinación.

No, Sakura no dejaría que siguiera consumiéndose así.

Aunque Sasuke creyera que no lo apoyaba en realidad buscaba un alivio para su corazón.

Por qué él…

—¿En verdad odias a Kurama?

Los dedos de Sasuke dejaron de hacer presión, ofuscado por la repentina pregunta que lo dejó completamente helado, sin poder dejar de mirarla, sin alejarse ningún centímetro, ensanchando sus ojos. Sakura repentinamente hablaba con una voz tranquila, como si hubiera pensado mejor su forma de hablarle.

—Pregonas que lo detestas cuando en realidad sigues amándolo —continuó diciendo sin darle tiempo de rebatir, los dedos de Sasuke la libraron—. Lo amas, por eso lo odias. Si en verdad no sintieras ningún cariño especial por él simplemente le serías indiferente, lo contrario del amor es la indiferencia. Pero tú lo odias. Lo odias y por eso no serías capaz de matarlo.

Eso hizo reaccionar a Sasuke.

—¿Qué te hace pensar que no?

—No lo mataste cuando lo viste en la Arena. —Su sola respuesta lo dejo estático.

—Eso fue por…

—Y no lo has hecho aún en estos tres días a pesar de que tienes la oportunidad de buscarlo porque seguramente está cerca—dijo—. Esperaste a que yo despertara y escuchar lo que hizo, ¿quizás para justificar tus acciones? En realidad, no quieres acabar con él, pero sigues buscando excusas.

Sí, si quería acabar con él. Absolutamente… ¿verdad? ¡No! No debía dudar solamente porque Sakura decía esas palabras, no cuando ella parecía tan convencida de que era así, que en verdad él…

No…

Sasuke se tomó la cabeza, confundido.

—Me di cuenta de que, si Kurama fingió odiarte hasta que su amor lo frenó, a lo mejor… —susurró más bajo, como si estuviera a punto de revelarle un secreto—. A ti te suceda lo mismo.

Levantó los ojos negros de sopetón, gruñendo por debajo.

—Estás equivocada, yo no albergo ningún cariño especial por esa escoria.

Sakura lo miró por un largo rato, intentando comprender las razones por las cuales Sasuke seguía negando lo que para ella de pronto se volvió evidente. Le dolía verlo así, tan distanciado, consumido por ese sentimiento que solamente le traía agonía e intentaba desesperado hacerle comprender.

Estiró su mano a él, acariciándole la mejilla, agradeció que no rechazara su contacto, sino que la mirara como si quisiera que ella le creyera. Porque intentaba convencerse a él mismo de sus propias palabras.

Era doloroso y cansino intentar engañarse.

Sus recuerdos la llevaron al sueño que tuvo, estaba consiente de que algo sucedía en ella para poder ver los recuerdos de otras personas, y en este caso fue de Sasuke junto a Kurama, la mujer hermosa de cabellos azabaches debía ser Mikoto. La promesa que ambos hicieron y que pisoteaban en este momento.

Aquello era su última carta.

Mikoto-san, pensó su nombre con todas sus fuerza, lo único que deseo es que Sasuke-kun no sufra más.

Mirándolo directamente a los ojos, se sintió transportada a ese recuerdo. La nueve debajo de sus pies, el aire frío que la estremecía por completo, los copos de nieve quedarse en su cabello. La voz serena de la mujer mientras les pedía a ambos prometerle que jamás se odiarían y serían siempre una familia.

Sí, una promesa rota.

Una promesa que Sasuke recordó en ese momento, mientras veía los ojos de Sakura cambiar de color como los suyos y su propia mente traía súbitamente ese recuerdo a él.

Lo había olvidado.

—En este mundo despiadado solamente se tienen el uno al otro —dijo Sakura cerrando los ojos, concentrándose en el rostro de mujer mientras los tres caminaban por el sendero, se veía tan gentil y llena de vida. Y a su lado Sasuke parecía más… feliz que ahora, mirando a Kurama sin odio alguno—. Si sigues por este camino… es como si estuvieras pisoteando el recuerdo de Mikoto-san.

Sasuke apretó la mandíbula, sumamente afectado. El recuerdo de su madre… incluso en su lecho de muerte se lo hizo prometerse de nuevo. Ella intuyó algo al final, del porqué Kurama se alejó de ellos tan repentinamente, intentó pasarlo por alto, convenciéndose de que se trataba de una simple riña, pero se percató de ello.

Fue su madre después de todo, las madres siempre sabían todo antes de uno mismo.

Sabía que estaban disgustados y quería tener la certeza de que se fue del mundo en paz.

—Yo… —Abrió sus ojos enfocándolos en los de Sakura que volvían a ser verdes, brillosos y comprensibles. Un hogar cálido que lo recibía a cada instante cada vez que la agrura de su corazón le recuerda sus pecados—… yo… quizás no lo odie.

A medida que recordaba cada instante que pasó a su lado, desde el momento en que lo sostuvo en brazos de bebé, en que aprendió a caminar y a hablar, cuando le enseñó a utilizar un cuchillo para defenderse y a cazar en su forma animal. De las tardes compartidas haciendo trabajos para ganarse la vida.

Convirtiéndose en su hermano.

—Quizás tengas razón y no lo odie realmente —dijo inverso, rompiendo esa barrera que le impedía ser sincero consigo mismo frente a Sakura, dejándole ver su lado más vulnerable—. Tal vez en un principio lo odié, pero después me di cuenta de mi error y seguí lleno de enojo contra él por no puedo odiarlo. Después de todo… él es mi hermano.

Sakura sonrió triste un poco tras escuchar sus palabras, sabiendo a que abría su corazón a ella. Una mirada afligida, aflicción reflejada en cada gesto.

Una cicatriz pendiente de cerrar.

Su mano siguió acariciando su rostro, seguido de su cabello con delicadeza. Por primera vez en ese rato Sasuke la miró directamente a los ojos. Sakura dejó su acción y lo abrazó, posando su oreja en el torso, a la altura del corazón, concentrándose en escuchar su suave palpitar del corazón.

—Tú corazón necesita ser liberado, Sasuke —dijo—. Necesitas perdonar para sanar.

El azabache no apartaba la vista de ella, su mirada serena y a la vez de a de dulzura lo transportaba a un trance infinito en el que quería permanecer siempre. Olvidar todo, su dolor, sus penas, su fatiga. Hundirse siempre en la calidez que ella le brinda sin reparó alguno.

Cerró los ojos, suspirando fuertemente. Ella tenía razón, lo acorraló por completo.

Sonrió un poco.

—¿Qué voy a hacer contigo? —Se preguntó más para sí, abriendo sus ojos tomándola por la cintura para abrazarla, hundiendo su rostro en el hueco de su cuello, con terribles ganas de dejarle una beso—. Me dejas completamente desarmado.

—Pero hasta ahora no he podido quitarte la espada en el entrenamiento —replicó Sakura.

Sasuke se rio entre dientes por su respuesta inocente. Dejó todas sus cargas a un lado y se concentró en disfrutar la caricia que Sakura le daba a su cabello, sin moverse en lo absoluto. Compasando sus respiraciones, empapándose de la esencia del otro. Volviéndose un catalizador de todas sus emociones negras que inundaban su mente.

Fue hasta que la pelirrosa suspiró y detuvo su carica.

—¿Qué piensas hacer ahora?

Sabía a lo que se refería, pero él permaneció callado por un buen rato intentando considerarlo mejor, las cartas estaban puestas sobre la mesa, no había más escusas por interponer ni quejas de por medio. Y aún así… ella le preguntaba que pensaba hacer al respecto. Cualquiera que sea su respuesta lo apoyaría.

Se enderezó por completo soltando un suspiro largo, con el rostro ladeado y los ojos cerrados, concentrándose en su respuesta.

Sí, era lo mejor. Necesitaba librarse de sus propias cargas o se ahogaría con ellas.

—Hablaré una vez más con Kurama —sentenció, su voz salió un poco forzada.


Japón, Tokio. Hospital General.
Tarde.

Hikoro permanecía con una oreja pegada a la conversación que se desarrollaba a su lado, estando sentada en la camilla teniendo a Tenten quitándole los puntos que le pusieron apenas unos días atrás. Al nacer siendo Cazadora fue dotada por ciertos dotes, su regeneración no se comparaba con las Criaturas Sobrenaturales, pero tampoco se recuperaba al mismo ritmo que los humanos.

Escuchó vagamente algo relacionado con las leyes de la ciudad. Kakashi se recuperaba al igual que ella, sentado en la cama continua. A pies de esta se encontraba Minato con su elegante porte, a su lado, Suigetsu encargado de liderar a los Lobos en la ausencia de su hermano —era la primera vez que lo veía, le parecía un hombre agradable— y por último Tsunade, que llegó antes que todos para reñirla sobre las consecuencias médicas de utilizar la teletransportación.

—… Y no ha habido movimiento de Akatsuki en la última semana, suponemos que retrocedieron al no ver a Sakura en la ciudad —decía Minato a Kakashi que se ajustó la tela alrededor de su rostro, cubriendo la mitad de este.

—¿Y los Lobos?

—La manada barrió los alrededores en su búsqueda —dijo Suigetsu ante la cuestión del hombre—, tampoco encontramos nada.

Atento al reporte verbal que les daban de los respectivos planes, Kakashi trató de concentrarse al máximo, después de todo tenían que asegurar el entorno para cuando Sakura estuviese de regreso. Miró de reojo el celular que reposaba en la mesita, minutos atrás le llegó un mensaje avisando que su sobrina recuperó la conciencia y su recuperación fue pronta.

Agradeció que Tsunade hubiera viajado hasta allá para revisar sus heridas y administrarle el antídoto al veneno de su cuerpo, pero pronto tendría que recibir otra dosis por precaución. El cuerpo de la chica no contaba con su propio veneno como cualquier Vampiro, así que no era susceptible a contrarrestarlo.

Este y otros aspectos —como que se encuentran en El Cairo, una ciudad sin protección a los Mestizos— le preocupan, por ello debía asegurarse de que Akatsuki creyera que se encontraba lejos para traerla de regreso. También se hallaba ansioso de verla.

—Pero ¿es seguro traer de regreso a Sakura? —preguntó Hikoro desde su lugar cuando Tenten terminó de retirarle los puntos, cabezas fueron viradas a su dirección—. Akatsuki aún puede estar tramando algo.

Tsunade, que hasta ese momento permanecía callada, asintió con la cabeza.

—Finalmente el Clan Sarutobi aceptó nuestros términos y se unirán a nosotros. Te dije que en cuanto supieran quién eres no dudarían en aliarse —aseveró dirigiéndose a Kakashi, repasando mentalmente la conversación que tuvo con el Jefe del Clan—. Después de todo, los Sarutobi fueron el Clan de apoyo de los Haruno cuando estaban con vida. Será cuestión de tiempo para que las otras Familias Impuras accedan a los términos.

Kakashi lo suponía, los Sarutobi tenían mucha influencia con los Cazadores Impuros, y los demás no dudarían en considerarlo cuando supieran que se habían aliado con el Alcalde de Tokio en busca de proteger a la ciudad de Akatsuki. Debían aprovechar el revuelto que se armó para poner esa excusa ante la verdadera de resguardar a Sakura.

—¿Saben sobre Sakura? —Era lo que realmente le preocupada.

—Tuve que decirles, pero no te preocupes, juraron jamás decirlo a los otros Cazadores —le aseguró al ver atisbos de preocupación en su mirada—. La mayoría se pusieron eufóricos al respecto y ayudarán en los que sea necesario para librar los peligros para Sakura. Incluyendo el peligro potencial de Akatsuki.

Sí, el Cazador se puede imaginar porqué el Clan Sarutobi se arriesgaría tanto para proteger a su sobrina, la culpa era un factor que impulsa a las personas al remordimiento. Ya sea la misma lealtad que le tuvieron al Clan o esa culpa, les ayudarían. Más personas se unían a su causa estos conocían el trasfondo de todo.

—Aunque tengamos varios aliados, lo que realmente me preocupa es Hyūga Neji —dijo Suigetsu atrayendo la atención de todos, especialmente de Tenten que lo miró expectante a sabiendas de esa desconfianza, incluso ella no confiaba en el joven Hyūga—. Hasta ahora no ha hecho ningún movimiento en nuestra contra ni a favor. Estando aquí no tardará en descubrir la identidad de Sakura.

En silencio los mayores se vieron, de igual manera les preocupa ese detalle, de por sí Kakashi corría el mayor peligro puesto que todos los Clanes Cazadores creían que estaba muerto. Y pocos sabía de qué Hana tuvo mellizos los cuales solamente Sakura seguía con vida, la candidata para ser la próxima líder del Clan Haruno a pesar de ser Mestiza, por ley le correspondía.

Hasta ahora solamente se preocupaban por Akatsuki pues era su principal enemigo, pero si los Cazadores llegaban a enterarse…

Haruno cerró los ojos intentando serenarse. Primero lo primero.

—En su momento tendremos que idear un plan al respecto, con suerte él no lo sabrá hasta que ella asuma el poder dentro de unos meses —dijo Kakashi mirándolos a todos—. Por ahora Sakura tiene que volver para que la ley de la ciudad la siga respaldando. Hay que expandir nuestra área de convencimiento a aliados.

Minato frunció ligeramente el ceño.

—¿Quieres aventurarte a las otras ciudades?

—Podemos tratar de convencer a varios que tengan relación con los Mestizos, podremos sostenernos con la ley de esta ciudad —explicó revelando unos de sus planes. El rubio acepto la idea de expandir sus horizontes, pero no sería tarea fácil.

Después de debatir el asunto, Kakashi le pidió a Suigetsu que diera luz verde a Sasuke en traer a Sakura a la ciudad cuanto antes.

—Andando, Tenten, —El albino la miró intensamente. Tenten comprendió al instante que debía dejarlos solos porque tratarían temas que no le incumbía. Asintió terminando de colocar la tijera sobre la mesita de metal.

—No intentes levantarte de la cama —advirtió a Hikoro que le sonrió inocente, como si hace un rato no hubiese intentado levantarse cuando ni siquiera puede permanecer aún de pie completamente. Entrecerró sus ojos chocolate—. Vendré antes de irme a casa —avisó más a Kakashi que asintió, aún pensativo.

En cuanto los dos abandonaron la habitación, Minato suspiró ligeramente, torciendo un poco el gesto tras la mirada larga del hombre recostado en la camilla. Ese gesto les supo a problemas.

—Fugaku-san ha estado insistiendo en tener una audiencia conmigo.

Hombros tensos, Hikoro desvió su vista a las manos que se apretaron en puño sobre la sábana. Sabía lo que se avecinaba. Pocos en la ciudad sabían de que la Cabecilla del Clan Uchiha se encontraba merodeando, lo más extraño para ella era la actitud de su padre. Él jamás andaría a sus anchas en una ciudad dirigida por un Vampiro, más sabiendo la ley que recientemente establecida protegiendo a los Mestizos.

Le dolió la cabeza al pensarlo, sobre todo cuando Sasuke se entere será todo un caos.

—¿Sabes por qué quiere reunirse contigo? —inquirió Kakashi.

El rubio permaneció callado, sospesando las posibilidades hasta que se escuchó un perceptible resoplido a su lado, Tsunade parecía revelar lo evidente.

—Seguramente para saber el paradero de Sasuke —alegó Tsunade haciendo un ademán con su mano, sus ojos mieles parecieron irritarse—. Anko me comentó que fue a la preparatoria a buscarlo y terminó enfrentándola a ella. Seguramente Shisui le está dando datos al azar, falsos y verdaderos. Bueno, tampoco es que pueda hacer mucho al respecto —agregó recordando el deber del Jefe de la Policía.

De reojo Kakashi observó a Hikoro, tratar este asunto frente a ella debía ser duro, pero la mujer permanecía callada, concentrada en sus propios pensamientos.

—Será cuestión de tiempo para que se encuentre con Sasuke —siguió diciendo la doctora— y será inevitable una pelea. No puedes pretender que siga protegiendo a Sakura sin que se desate una catástrofe.

Con sus palabras, Tsunade sugirió lo que muchos le dijeron en el pasado a Kakashi, pero él, como siempre, seguía negándose.

—No hay mejor persona en el mundo para cuidar a mi sobrina que Sasuke —debatió pronto, centrándose en ambas personalidades sumamente serio.

Hasta ahora nadie entendía que se aferrara tanto a Sasuke, pero era un secreto entre el azabache y él —la situación que murió años atrás y la misma naturaleza le devolviera la vida, una incógnita más en su vida—. Incluso lo veía como un hijo suyo, y por ese amor fraternal quería que viviera, la mejor vía para que Sakura y Sasuke sobrevivieran eran que estuviesen juntos, así se complementaban.

—Entonces tendrás que asumir las consecuencias, deberás que sacrificar a uno sobre el otro.

Se enfrentó silenciosamente a los ojos mieles de la mujer, ella dedujo tan rápido parte de sus pensamientos, tanto Minato como Tsunade sabía que Kakashi veía a Sasuke como un hijo más y estaría dispuesto a sacrificarse por él.

—O sacrificarme yo. —Cerró sus ojos negros bajo la perturbación de Hikoro al escucharlo—. Tarde o temprano Fugaku sabrá mi identidad y la de Sakura. Entonces, y sólo entonces, cumpliré mi papel.

Tsunade frunció el entrecejo, Hikoro respingó, abriendo por completo los ojos intentando enfocarlo.

—¿Acaso ese era tu plan desde un principio? ¿Volverte el cebo? —gruñó, por la mirada que Minato tenía llena de tristeza, supo que así era—. ¿Te volviste loco? ¿Entonces por qué diablos estás reuniendo aliados si al final de ofrecerás a la boca del lobo?

—Sin importar mi ausencia, Sakura debe seguir viviendo —contradijo impasible, separando con demasiada parsimonia los parpados, enfocándola a la rubia que arrugaba los labios—. Ella es la última esperanza para los Mestizos del mundo.

El semblante de la rubia se ablando de pronto recordando la charla que tuvo con Kakashi hace tiempo. El hecho de que Sakura fuera una pieza clave para ellos por ser Mestiza con línea sucesora a ser la próxima líder del Clan, a pesar de que no fuera Pura, las siguientes generaciones de Cazadores seguramente vendrían de los pocos que seguían con vida, escondiéndose en alguna parte del mundo y del mismo Kakashi.

Este quería hacer que los Haruno resurgieran de nuevo con victoria imponiendo la igualdad, avivando las voces de los celos que descansan en sus hermanos de sangre, los mismos Cazadores llenos de envidia. Porque todos sabía que el Clan Haruno fue el más fuerte de los seis por todas sus habilidades, por sólo eso fueron dividiéndose, tanto Uchiha como Hyūga. La envidia y codicia los alcanzó. En cuanto a los Nara, Yamanaka y Uzumaki, permanecieron como medidores entre el inminente desastre.

Todo se fracturó cuando los Haruno revelaron públicamente su apoyo a los Mestizos, solo fue cuestión de tiempo para que todo el Clan fuese asesinado. Los únicos sobrevivientes eran los que fueron desterrados tiempo atrás y que dudaba que siguieran con vida.

Como Hana que fue desterrada del Clan por involucrarse con Kizashi, un Vampiro; y por consecuente Kakashi por apoyarla.

—Así que, por favor, cuiden de ella hasta el final.

Tanto Minato como Tsunade se quedaron impactados al verlos ofrecerle una reverencia muy pronunciada, el aire que circulaba por la ventana abiertas agitó los cabellos de todos, como si la naturaleza también lo pidiera silenciosamente. Incluso Hikoro, volteó a la ventana conteniendo sus propia desdicha.

Porque seguramente, lo que propiciaría a Kakashi volverse el cebo, sería cuando Fugaku descubriera su identidad.


Egipto, El Cairo.
Mañana.

Kurama dejó escapar el aire por los pulmones una vez más mientras leía el periódico que el servicio dejó en la mesa por la mañana, ocupaba su mente intentando pasar el día y no preocuparse más por el incierto estado de Sakura. No sabía nada de ella y hasta ahora no lo había contactado, eso quería decir que no había despertado.

De soslayo no descuidaba el teléfono fijo de la habitación, esperando a que sonora. El día anterior por la noche se encontró con Naruto y le dejó el número dónde se quedaban a la espera de escuchar que Sakura se encontraba bien, a palabras del rubio la chica dormía, pero era normal pues tenía que recuperar fuerzas. A pesar de que el Vampiro debería mantener las distancias, le sonrió y aseguró que él mismo le informaría cuando despertara.

Por eso se mantenía en ese cuarto de hotel, sólo un par de días.

Además…

—Kurama, ¿por qué no se ve nada?

Desplazó su vista a la pequeña sala dónde Gaara se encontraba sentado, agarrando el control cómo si fuese de juguete y observando la pantalla del televisor en negro. El chico se había acercado para palpar la superficie, esperando que aparecieran de nuevo las imágenes.

—¿Lo rompí? ¿Me va a tragar la oscuridad?

El Zorro entornó los ojos y se acercó a él tomando el control y encendiendo el televisor. De inmediato aparecieron las imágenes.

—Sólo estaba apagado, presiona este botón cuando ya no quieras ver nada o se ponga negro —Le señaló mientras le entregaba el aparato, el chico asintió lleno de seriedad, aún le parecía un misterio el pequeño aparato repleto de botones.

Además… pensó Kurama regresando a su asiento. Le prometió darle unos días a Gaara para que decidiera que hacer, si se iba con él cuando se asegurara que Sakura estaba bien o permanecía solo. No lo obligaría a nada. Aunque Gaara le insistió que quería dónde Sakura, le dejó muy en claro que era imposible que vieran y tendría que esperar mucho tiempo para volver a encontrarse.

Especialmente si Sasuke se encontraba cerca.

Hasta ahora no se había permitido pensar en su hermano. Se separaron de sus amigos cuando alcanzaron casi la ciudad, les agradeció la ayuda y se llevó a Gaara junto a él suponiendo que ellos no se harían cargo de Gaara que prácticamente era un niño en cuerpo de adolescente.

Sí, un niño, pensó resignado al ver al pelirrojo inverso tan cerca de la televisión preguntándose en voz baja porque las personas dentro de la televisión permanecían ahí encerradas.

—Si te pegas tanto a la televisión esas personas te sacaran los ojos —replicó Kurama sarcástico retomando su lectura, pero no se esperó que Gaara se alejara de sopetón cubriéndose el rostro alegando que no quería quedarse tuerto.

—No quiero quedarme sin ojos.

—¡Es una broma! —exclamó Kurama entornando los ojos. ¿En que lío se metió? Apenas su paciencia alcanzaba los límites, no quería imaginar que sería de ellos en los siguientes años. Sin duda alguna las vería duras.

—¡Servicio la habitación! —exclamó alguien detrás de la puerta de entrada.

—Por fin nos trajeron la comida —dijo el hombre mejorado su humor.

Gaara observó a Kurama levantarse y dejar el periódico en dónde estaba sentado, se perdió por el pequeño pasillo que conducía a la puerta. Apenas escuchó palabras, se concentró en mirar la enorme caja que transmitían muchas imágenes, jamás imaginó que existiera algo así.

Se miró las mano limpias, sin rastro de suciedad. Tampoco llegó a imaginar que existieran unas enormes bañeras y tuviera agua suficiente para estar horas debajo del chorro, quedando completamente limpio y ropa que olía bien. ¡Incluso la comida! El sabor de la comida que ingerían los humanos era realmente fascinante, sobre todo esas cosas blancas suaves ligeramente saldas, ¿cómo le dijo Kurama que se llamaba? Ah, queso.

Todas estas cosas en el mundo… no podía creer que Temari le engañó todo este tiempo.

Fue interrumpido por un extraño sonido, se levantó de un salto siguiendo la fuente del ruido hasta que se topó con un extraño aparato sobre un mueble, tenía varios botones con números y una pequeña pantalla que brillaba. Sonaba y sonaba. Kurama le había dicho que si sonaba alguna vez que él no estuviera, que contestara.

Sí, pero nunca le explicó cómo hacerlo.

—Este… —habló acercando su rostro al aparato que seguía sonando—. Kurama no se encuentra en estos momentos…

Frunció el ceño, mirando el pasillo a espera que Kurama apareciera, pero no lo hizo. Volvió su vista al teléfono que cesó el sonido, y después de unos minutos volvió a sonar.

Detalló mejor el aparato haciendo memoria de cómo lo utilizaba el hombre, recordó que levantaba algo de ahí, apretó varios botones al azar, analizando y jaló el cable haciendo que el articular cayera al suelo y dio un pequeño salto, sobresaltado.

¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —Escuchó apenas una voz que procedía del aparato.

Gaara movió sus manos asustado de escuchar una voz, sin saber que hacer realmente. Hasta que halló la solución y se puso de rodillas en el suelo, cerca del aparato, apoyó las manos a los lados e inclinó su cabeza lo más cerca que pudo.

—¿Quién eres? ¿Por qué esta cosa habla? ¿Es alguna clase de demonio? —preguntó atropelladamente.

¿Eh? ¿Eres tú, Gaara? —preguntó la voz.

—¿Por qué sabes mi nombre? ¿Acaso eres un demonio que puede leer mentes? —Gaara se asustaba cada vez más.

¡Soy Sakura, Gaara! Escucha, agarra el…

El chico se azoró, ¡imposible!

—No puedes ser Sakura, ella estaba durmiendo en estos momento. Además, ella es una chica, no… un pequeño demonio de aspecto dudoso. —Siguió diciendo, levantándose, abriendo cada vez más los ojos al pensar en una descabellada idea—. Si eres Sakura… ¿¡Quiere decir que te secuestró este demonio con cables!?

¿Qué? ¡No! Gaara, ¿de qué estás hablando?

—¡Deja ir a Sakura o te destrozaré! —exclamó Gaara agarrando por fin el articular, intentando ahorcarlo.

Fue entonces que Kurama apareció y se detuvo abruptamente al ver al chico pelear con el articular del teléfono de una forma tan ridícula, lo miró como si estuviese completamente loco.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —murmuró sin creer lo que veía.

—¡Kurama, ayúdame! —exclamó desesperado Gaara—. ¡Este demonio secuestro a Sakura! ¡Hay que rescatarla!

El aludido se llevó una mano a su rostro, frotándose las sienes con paciencia. Es un niño que no sabe nada del mundo, es un niño… un niño bastante ingenuo rayando lo estúpido.

—No es ningún demonio —dijo Kurama cargándose de paciencia, quitándole el articular por las fuerzas y procedió a hablar tan rápido que apenas Gaara le entendió—. Ya te había dicho que esta cosa se llama teléfono y sirve para comunicarse a largas distancias por voz, y si escuchaste a Sakura quiere decir que ella está despierta en algún lugar de la ciudad sosteniendo uno de estos para hablar contigo… ¡Oye, ¿me estás escuchando!?

Gruñó al ver que Gaara apenas comprendió, parecía tan confundido.

—Sólo… olvídalo —negó con la cabeza y mano, llevándose el articular a su oreja soltando un gran suspiro cansino—. ¿Hola?

¡Kurama! —La voz de Sakura resonó llena de vida, eso logró quitarle un peso de encima—. Me alegra escuchar, uh… ¿Puedo preguntar que estaba sucediendo con Gaara?

—No, es demasiado penoso decirlo en voz alta —dijo jovialmente recuperando los ánimos, por detrás, Gaara se apegaba a él intentando escuchar—. ¿Cómo estás? ¿Te sientes mejor?

Todavía no me recupero del todo, pero no me quejo. Estoy viva —aseguró manteniendo su tono gentil y alegre—. Me alegra que ambos pudieran escapar, sobre todo Gaara. Él no merecía estar encerrado toda su vida ahí, ¿qué harás ahora?

El silencio de Kurama fue muy corto.

—Sólo estaba esperando tu llamada para irme, no tengo nada más que hacer en la ciudad. Me llevaré a Gaara conmigo —reveló, mirando de reojo el semblante de Gaara decaer— así que no te preocupes por él, le enseñaré lo que sé.

Sobre eso… ¿podríamos vernos antes de que te alejes de la ciudad?

Se le secó la boca por su petición, ¿pedía verlos? Miró de reojo a Gaara que recobraba las esperanzas, su rostro parecía resplandecer.

—Pequeña, sabes que…

Si lo piensas por Sasuke no hay ningún problema —le interrumpió—. Quiero verlos antes de partir, no sé cuando volveremos a vernos. ¿Puedes, por favor?

—Uh… tú ganas, me convenciste.

Tampoco es que haya suplicado demasiado —se rio la chica—. ¿Tienes dónde anotar? Te diré dónde me estoy hospedando.

Gaara frotó los costados de sus piernas mientras esperaba a que Kurama colgara el teléfono, una vez que lo hizo agitó el pedazo de papel que contenía la dirección de Sakura, sonrió un poco al pensar que volvería a ver a la chica antes de partir por el mundo.

—Bien… busquemos nuestras mejores ropas que iremos a visitar a la señorita —dijo.


Sasuke colgó la llamada de su celular tras decirle a Shikamaru que cambiara la fecha de los boletos para la noche, pero a medias escuchando a Sakura ponerse de acuerdo con Kurama por teléfono sobre su visita. En cuanto terminó, se giró a él con esa sonrisa consoladora y le informó pronto llegarían.

Intentó dispersar su mente preparándole comida para que recobrara parte de sus fuerzas, la chica se la pasó revoloteando a su alrededor, inspeccionando toda la habitación. No le prestó demasiada atención, sus emociones remoloneaban furiosamente contra su pecho e intentaba no pensar en nada en particular, no hasta el momento que tuviera que enfrentarlo.

—¿Tardarán mucho en volver los demás? —preguntó Sakura una vez que se sentó junto a él a degustar los platillos, estaba gratamente sorprendida, pues cuando Sasuke le cuestionó si quería algo en particular, respondió "Tamiya". En cuestión de una hora los tenía frente a ella.

—No deben tardar en regresar, solamente fueron a conseguir los boletos de avión y víveres para el camino. —Sasuke lanzó una mirada de soslayo al reloj de la sala, hacía más de dos horas que los chicos salieron—. ¿Qué? ¿Te preocupa que estén aquí cuando llegue Kurama?

Ella sonrió al verse descubierta.

—No me preocupo por ellos, más bien por ti —reveló llevándose un bocado, masticando suavemente—. Dudo mucho que quieras que se enteren completamente del asunto.

Suspiró al verse descubierto, llevando una mano a su quijada y desviando la mirada a un costado.

—Esta habitación tiene otra división de cuartos, así que deja de preocuparte por mí —advirtió con una mirada suave, queriendo parecer desinteresado cuando por dentro se ponía cada vez más nervioso a medida que los minutos transcurrían—. Acabaré rápido con esto para prepararnos e irnos a casa.

—¿Volveremos hoy? —Aquello pareció impactarle, no tenía previsto. Ah, fue justo cuando él hablaba por celular con Shikamaru—. Pensé que…

Se calló. Sasuke le dirigió una mirada larga desde ahí.

—Estoy inquieto por ciertas cuestiones. El hecho de que pudiste mostrarme el mismo recuerdo que soñé hoy —dijo, y Sakura ensanchó los ojos al saber que él se percató de ese detalle—. Al igual lo que ocurrió en la Arena y tu repentina fuerza.

La chica bajó la mirada y apretó el tenedor, sintiéndose confundida.

—Yo… no sé que me sucede. Ocurrió lo mismo con Kurama, soñé la noche en que Midori atacó la aldea y lo vi a él alegando que les tendió una trampa. —A medida que explicaba ese suceso, el ceño de Sasuke se fruncía, tratando de comprender la situación, ahora sabía que se entrometió entre ellos porque ´vio´ ese recuerdo de Kurama—. Luego… tú… y ese recuerdo…

—Es real, justamente así sucedió —completó llevándose la mano a su rostro, intentando comprender que sucedía—. Es demasiado extraño que puedas acceder al recuerdo de otras personas. Jamás había escuchado algo similar que no estuviera relacionado con los Uchiha.

—¿Eh? ¿Los Cazadores pueden hacer eso? —preguntó sorprendida.

Sasuke asintió recordando la información que sabía del Sharingan.

—Solamente los que pertenecen a la Rama principal, incluso entre ellos es demasiado difícil —explicó—. Son poco los casos que he escuchado.

—Uh… El Sharingan. Es impresionante que cambien de color de ojos —murmuró absorta suponiendo que el muchacho no poseía esa habilidad, sino se lo hubiera dicho.

—Incluso los tuyos cambian de color.

—¿En serio? —Se tocó los parpados.

—Por eso hay que hablar con Kakashi cuanto antes, él es la única persona que sabe dónde se encuentra Jiraya-sama, seguramente sabe algo de tu situación.

Sakura dejó de tocarse la cara, intrigada por el nombre que jamás había escuchado, a que Sasuke lo mencionara con cierto respeto le traía curiosidad.

—¿Quién es Jiraya-sama?

—Es un profeta. El único humano en el mundo que ha vivido desde la llegada de los primeros Cazadores —respondió dejando boquiabierta a Haruno, no tardó en esbozar media sonrisa de lado sabiendo que era impactante el dato—. Sorprendente, ¿no?

—Es humano… ¡¿Y lleva más de mil años vivo?!

—Es un misterio incluso para él mismo, pero está convencido de que es porque tiene un propósito especial concedido por Dios. —Al mencionar ese nombre, pudo notar el desdén en los ojos del azabache seguido de un bufido de incredulidad—. Sí, claro.

Iba a decir algo, preguntarle el origen del desdén marcado en todas sus fracciones, pero era tan obvia la respuesta incluso para ella. Ambos son Mestizos, una mezcla de sangres que jamás debió existir en este mundo. Una plaga en el paraíso perfecto que la divinidad construyó en la tierra, su especie eran asemejados a insectos merodeando entre las hermosas flores.

Criaturas que Dios aborrecía.

Debajo de toda ese enojo logró percibir la resignación cruda de la realidad que enfrentan día con día, así que intentó cambiar de tema.

—¿Y mi repentina fuerza? Estoy segura de que viste como mis manos cambiaron a los de ese Demonio —comentó extendiendo sus manos a él que no dudó en tomar una de ella y examinarla, como si tuviese algo, pero en realidad sólo quería tocarla—. ¿Sabes algo al respecto?

Claro que sabía algo, por la expresión que compuso y desviar la mirada se lo dijo todo. Entrecerró los ojos y se inclinó a él, incitándolo a que le dijera.

—No voy a esperar a escucharlo de mi tío.

Lo vio suspirar suavemente, enfocándola una vez más.

—Es una de las tantas habilidades que tienen los Cazadores Haruno —procedió a explicarle, mientras miraba los dedos de la chica, cuando antes eran tan lisas y perfectas, ahora se asomaban los callos debido a todo el entramiento que hacía—, tengo entendido que pueden absorber la energía vital de los animales para regenerar sus heridas más rápido. También se adueñan de ciertas características, por ejemplo, si absorbes la energía de una serpiente, obtendrás su olfato o sentir mejor la radiación térmica de las personas.

—¡Oh! —murmuró asombrada por el dato, abriendo los ojos de par en par. Había escuchado vagamente al respecto, Tenten se lo comentó una vez pues ella tenía un libro dónde venían escrito la historia general de los Cazadores y los Clanes, pero no le había tomado demasiada importancia—. Jamás pensé que yo pudiera despertar tal poder contando que soy una Mestiza.

—A lo mejor se deba a que tu sangre dominante sea el del Cazador —dijo soltándole la mano—. Eso explicaría por qué no has enloquecido.

—¿Eh? ¿Por qué debería enloquecer? —No comprendía a que se refería.

Sasuke se cruzó de brazos mientras recargaba su espalda en la silla.

—Sakura, ¿cuánto crees que llevas sin probar sangre?

Entonces lo comprendió, su pregunta provocó que su mente diera un respingo de reconocimiento. Haciendo cuentas, murmurando mientras se ayudaba de los dedos… días, semanas que no había ido de cacería. La última vez que lo hizo fue aquella ocasión que cazó con Naruto y comieron las hamburguesas.

Después de eso… nada.

—Casi dos semanas. Las pastillas se acabaron y todo dependía de ti —siguió diciendo sin dejarla procesar completamente. Le sonrió un poco al ver sus ojos que comenzaban a acumularse de lágrimas, seguramente de felicidad—. Tienes una gran fuerza de voluntad, te felicito.

—¡No puedo creerlo! —exclamó llena de alegría, llevándose las manos a su boca—. Esto… no puedo creerlo. Puedo controlarme, ¡no mataré a ningún ser humano para sobrevivir!

La sonrisa llena de felicidad que expresaba Sakura contagió a Sasuke, apoyó el codo en la mesa y sonrió ligeramente al verla tan desbordante de energías y alegría. Diciendo una y otra vez que ganó la batalla y estaba segura de que ganaría la guerra. La confianza con lo que profesaba le restauraba la suya.

Observó su brazo recordando su propio poder reprimido, ese que en ocasiones sentía que quería domar sobre él. Contrajo la mano a puño, considerándolo. Tarde o temprano tendría que hacerles frente a sus peores temores.

Cómo el de ahora, su nariz capto una aroma familiar del otro lado de la puerta.

Ya estaban aquí.


Gaara no entendía muy bien porqué Kurama parecía nervioso, moviendo su piernas contra el suelo sin parar, no despegó la vista de la puerta frente a ellos. Se preguntó que esperaba para tocar, Sakura estaba del otro lado, sentía su esencia y las ansías lo carcomían.

—¿Kurama?

—Ah, sí —murmuró saliendo de su trance, tocando la puerta dispuesto a morir apenas se abriera.

Esperaron pacientes unos segundos mientras escuchaban ligeros pasos. En cuanto la puerta fue abierta, la figura de Sakura apareció ante ellos, sonriéndoles de oreja a oreja.

—¡Gaara, Kurama! Me alegra verlos —Saludó ella.

Entonces el pelirrojo se abalanzó a abrazar a Sakura, como un pequeño niño en busca de afecto. La chica parpadeó, sorprendida por su repentina acción y luego le sonrió mientras le acariciaba un poco el cabello, comprendiendo parte de sus emociones.

—Que valor tienes —dijo Kurama sin atreverse a adentrar a la habitación por completo, había captado el aroma de Sasuke por todo el lugar, muy penetrante que daba a entender que estaba cerca—. Sakura, ¿Qué dices si vengo por él más al rato? Tengo unas cosas por…

Su frase fue interrumpida, otra puerta fue abierta y de ahí se asomó Uchiha en todo su esplendor, con aquel semblante lleno de indiferencia cuando cruzaron miradas. Negro contra rojo, y este sintió que todo su mundo se derrumbaba.

—Tengamos una charla, Kurama —dijo el azabache regresando a la habitación dejando la puerta abierta haciendo énfasis a su invitación.

Inmediatamente el aludido volteó a Sakura totalmente impactado por lo que acababa de escuchar, boqueó cual pez fuera del agua. Recibió una sonrisa de total alegría e hizo un ademan a la puerta abierta.

—Anda, no pierdas la oportunidad de arreglar las cosas con tu hermano.

—¿Estás segura de que no me clavara su katana al entrar? —preguntó nervioso.

Ella sonrió.

—Ve.

Kurama trago el nudo en la garganta, sus nervios estaban de flor y sentía su cuerpo entero temblar ligeramente, camino directo a la habitación y cerró la puerta tras de sí.

Su hermano le daba la espalda, contemplando la vista a través de la enorme ventana cuyas cortillas corridas dejaban infiltrar la luz del sol proyectando la sombra en el suelo. Inspeccionó a su alrededor intentando encontrar alguna clase de arma con el que Sasuke pudiera atacarlo, pero sabía que, aunque no contara con una lo lograría.

Y él no se defendería.

Aclaró su garganta después del extenso silencio incomodo que se extendió entre ellos. Esto lo sofocaba de sobre manera.

—Si lo que intentas es torturarme mentalmente, déjame decirte una cosa: lo estás logrando —dijo sereno.

Pero Sasuke no le respondió, si no que cambió el tema. Seguía dándole la espalda.

—¿Recuerdas cuándo irritábamos a los demonios menores para cobrar recompensas?

Aquello desconcertó un poco al Zorro. Sobre todo, los sentimientos que envolvían esas memorias. Días gratos dónde todavía eran una familia.

—Sí, muy a menudo —respondió en un susurro—. Extraño mucho esos días.

El azabache giró a él mirándolo con cierta frialdad, Kurama nunca se había sentido intimidado por esa mirada y no empezaría ahora. Le sostuvo el gesto con valor.

—Te lo preguntare una vez más, Kurama —dijo Sasuke acercándose unos pasos, estando frente a frente, sin ninguna clase de barrera, abriendo sin que él se diera cuenta su corazón y mente. Luchando consigo mismo por intentar creerle, de sus propios sentimientos—. ¿Por qué me traicionaste?

Una pregunta que sólo una vez le hizo.

Y fue tan estúpido por ello.

—Nunca lo hice —respondió de inmediato Kurama, pero había algo diferente en sus gestos, no buscaba que le creyera, lo que hacía más convincente sus palabras—. Nunca los traicionaría. Menos a nuestra madre.

Porque ambos sabían que Sasuke en realidad no se sentía dolido por Midori, no, más bien el hecho de que esa mujer intentara matar a su madre y embarró a Kurama junto a ella para que ambos se odiaran y mataran a muerte.

Lo sabía.

Siempre lo supo, pero su terquedad no lo dejó ver más allá. Convenciéndose de que todos sus hermanos lo traicionarían tarde o temprano, se dejó guiar por ese prejuicio que adquirió de Itachi y Hikoro la primera vez, de que Kurama también le hirió.

Cuando Kurama era muy diferente a ellos, primeramente, él no es un cazador, y segundo, es su hermano menor.

Sin embargo, necesitaba escucharlo una vez más para creerle por completo.

—Eso no es muy susceptible de tu parte cuando los escuché conversar esa noche —advirtió.

Kurama apretó los dientes.

—Llevaba semanas advirtiéndote, Sasuke, que Midori no era la mujer inocente que nos hizo creer. Ella buscó la manera de hacerse cercana a ti porque su verdadero objetivo era matar a nuestra madre.

Uchiha lo miró repentinamente serio. Eso no lo sabía.

—Explícate mejor.

—Una noche la descubrí hablando con tres Cazadores. Me intrigó tanto que decidí esconderme y escuchar, logré averiguar que ellos querían la cabeza de mamá por órdenes de Uchiha Fugaku. Y la misión de Midori era apártate de su lado para que ellos procedieran a matarla.

Sasuke recordó que horas después que el regresará de su casería, Kurama le advirtió de Midori alegando que no era quien les hacía ver, pero nunca le dio razones.

—Pensé que tal vez era un malentendido, así que nuevamente la seguí noche tras noche hasta que la atrapé en medio de una charla donde ella recibía dinero. En ese momento la enfrente y ella me dijo que nunca le interesaste que solo estaba cerca de ti para matarte.

» Y entonces mamá apareció e intentó matarla, cuando la defendí fue que empezó a gritar que teníamos un trato y tú apareciste, enfadado, llevándote a nuestra madre pensando que los traicioné —dijo bajando la voz a medida que relataba—. Luego intentaste matarme yo no me defendí por temor a hacerte daño.

Sasuke permaneció expectante ante la explicación que le dio. A cada palabra que emitía concordaba con las circunstancias y las acciones de él, pero... la duda lo carcomía. ¿Era del todo cierto su explicación? ¿En verdad no tuvo nada que ver en el ataque a la aldea?

—Pero... la aldea fue atacada ese mismo día —justificó Sasuke dando un paso al frente—. Si en verdad hubieras querido a mi madre, debiste advertirme del ataque.

—Sí, eso fue mi error. En el fondo quería equivocarme y pensar que Midori no era una maldita gata —repitió Kurama con sus ojos abatidos, dando unas palmas a sus bolsillos delanteros del pantalón—. Su plan era provocar una pelea entre los dos y tú tenías que matarme. Una vez que quedaras indefenso ella acabaría contigo y así nadie podría defender a mamá.

—¡¿Como puede decirme esto?! —exclamó de repente Sasuke pasando una mano por el cabello, provocándole un respingo al verlo fuera de sí—. Eres demasiado... cruel. Hasta el último segundo... sigues insistiendo... en que no eres culpable...

—¡Porque no lo soy! —grito Kurama apretando los puños, tomándolo de las soplas, hastiado de que no comprendiera razones—. ¿Qué es lo que te impide creerme? ¡Dímelo!

—¡Te creo!

Kurama se quedó mudo cuando observó a Sasuke cerrar los ojos, aquella acción siempre lo hacía cuando trataba de despejar sus emociones, siempre había sido así, lo conocía tan bien. Se hallaba abrumado por la situación.

—Te creo... —susurró abriendo los ojos, apenas con rastros de perceptibles lágrimas. Él nunca lloraba o expresaba lágrimas, ahora las estaba a nada de derramarlas—... Lo hago, en serio que lo hago.

El agarré en la camisa fue aflojándose, tanto por la impresión de él y la carencia de fuerza que sentía.

—Y ahora me odio a mí mismo. Si todo lo que me dices es verdad eso quiere decir que yo le hecho daño a mi hermano menor profesándole un odio que no se merecía —mientras hablaba, sus palabras iban tomando fuerza, una culpa tan grande que no cabía en su pecho y Kurama lo entendía—. Un odio cual te hizo daño y si eso fue así... he roto la promesa que le hice a nuestra madre —susurró apretando los puños y cerrando los ojos para no llorar.

—¿Promesa? —Kurama alejó las manos, abriendo sus ojos de par en par sin creer que Sasuke le hiciera una promesa a su madre con respecto a él estando distanciados. De alguna manera presentía que Mikoto se dio cuenta, pero hasta ahora no se había acercado a ellos por temor a ser rechazado—. ¿A qué promesa te refieres?

Evadió la mirada inquisidora de Kurama, con un sabor amargo en su boca. Ciertamente él no estaba enterado de la muerte de su madre dos décadas atrás. Lo mantenía oculto de todos para evitar esto, porqué, al fin al cabo, siempre pensó que esta noticia lo destrozaría así cómo lo destrozó en su momento. Incluso sentía sus propias lágrimas de ese entonces resbalar por sus mejillas y su propia garganta desgarrada al gritar su nombre cuando el último aliento de vida abandonó su cuerpo.

«¡No madre! ¡No me dejes!»

—¿Qué promesa? —insistió.

Soltó el aliento por la boca, esperando que su voz no temblara.

—Le prometí a nuestra madre que siempre cuidaría de ti —reveló, por fin mirándolo, transmitiéndole una consolación muda.

—No comprendo —dijo extrañamente calmo, esa calma antes de la tormenta—. ¿Por qué le prometiste tal cosas si me odiabas?

En los ojos de Sasuke se reflejó su profunda tristeza.

—Se lo prometí en su lecho de muerte.

Silencio. Sepulcral silencio entre los dos. Una risa rayando a la incredulidad brotó de los labios del pelinaranja.

—Deja de bromear, por supuesto que es mentira —aseguró intentando sonar divertido, pero a medida que observaba el rostro de su hermano, la apenas perceptible sonrisa se fue desvaneciendo. Sobre todo, cuando él apartó la mirada, evitando verlo—. No… esto debe ser una maldita broma.

—Lamentablemente no lo es —habló crudo, apretando los puños sin atreverse a verlo—. Sucedió hacer veinte años.

—No, no es verdad.

—Lo es, y tienes que aceptarlo.

—No te creo nada —su voz fue ahogada mientras retrocedía unos pasos, entrando en un estado de negación mientras veía a Sasuke cerrar los ojos y componer un gesto de sufrimiento. Fue todo lo que pudo soportar—. No… ¡Ella no pudo morir así! ¡Tenía que permanecer siempre con nosotros!

A Sasuke se le formó un nudo en la garganta ante el derrumbe emocional de Kurama, verlo comenzar a negar de esa manera, tomándose la cabeza entre las manos murmurando que esto era un cruel sueño. Que Mikoto cruzaría la puerta en cualquier momento y dijera que fue una broma demasiado pesada.

Pero la realidad golpea horrible.

Ella jamás regresaría.

Se acercó a él que temblaba y lloraba en voz baja. Seguía procesando la antigua situación entre ambos, pero verlo tan vulnerable movió una fibra sensible de su ser, esa que le unía con Kurama por ser hermanos. Su instinto de protegerlo e incluso consolarlo, ambos habían perdido a la persona más importantes de sus vidas.

A su madre.

Tocó su hombro logrando sacarlo de su trance. Kurama lo miró directamente a los ojos, los suyos derramando lágrimas sin parar y bastante turbados.

—Madre nunca regresará, tienes que aceptarlo —lo dijo tan suave que no creyó que fuera su voz. Apretó ligeramente el agarre, enfundándole fuerzas, aquellas de las que él carecía porque aún no aceptaba la muerte de Mikoto tras veinte años y seguramente jamás lo haría—. Pero me tienes a mí. Nosotros… ahora sólo nos tenemos el uno al otro.

—¿Lo dices en serio? —murmuró absortó, sin poder creer lo que sus oídos escuchaban. Aquello que tanto anhelo por años, las palabras de Sasuke le quitaban un peso de encima, lo reconfortaban de sobre manera.

Asintió ligeramente.

—Será difícil, pero… cumpliremos una de las últimas voluntades de madre: nunca dejar de ser hermanos.

Kurama intentó sonreír, pero no pudo. Apretó los dientes conteniendo por todos los medios sus propias lágrimas mientras se cubría el rostro con sus manos, sintiendo el apoyo de su hermano con el gesto que tenía con él, incluso sintió el apretón en su hombro.

Y fue suficiente para él.


—¿¡Qué!?

Tanto las expresiones de Naruto y Kiba eran perplejas, observando incrédulamente a Sasuke. Lo mismo para Ali, que dejó el emparedado a medio comer y su hermano, Thomas, los miró sin comprender del todo que sucedía. Shikamaru que estaba a su lado, murmuró algo que no deberían reaccionar así por algo tan pequeño, y siguió mirando las cartas entre sus manos junto a Aoda que no reaccionó en lo absoluto; más allá, sentado en la sala, Sasori giró la cabeza a dirección de ellos, enarcando una ceja sin dejar de mirar al otro chico pelirrojo que abría sus ojos de par en par, impresionado.

—Lo que escucharon —dijo Sasuke volteando ahora a Sakura, que tenía los ojos abiertos de la impresión y a la vez llena de emoción—. Gaara vendrá con nosotros.

—¡Esto es una sorpresa! —exclamó Naruto virándose a Gaara, que estaba sentado a su lado observando como se desarrollaba la partida de Naipes con la intención de aprender. Los ojos verdes del muchacho no se despegaron de los de Sasuke—. Pensé que estaría con Kurama, digo…

Guardó silencio repentinamente, y todos cuestionaron al azabache con la mirada. Este solamente dio evasivas.

—Yo le propuse la idea a Sasuke-kun —intervino Sakura, lo cual no resultó una mentira. Antes de que Sasuke hablara con Kurama le preguntó sobre la posibilidad, pero el muchacho no le contestó. Por eso esta noticia la agarró con la guardia baja de buena manera—, pensé que no sería adecuado para Gaara estar con Kurama, después de todo él siempre está viajando.

Vagamente los demás se preguntaron que tipo de relación ahora tenía Sakura con el Zorro, pues hablaba tan familiarmente con él, y también estaba el punto de que Sasuke tuvo un encuentro con él y no resultó en fatídico, pues no olía a sangre y detectaron la presencia del Exotic abandonar la estancia.

Se miraron entre sí y luego a Gaara que no salía de su asombro.

—¿Eso quiere decir qué estaré dónde tú estés? —preguntó esperanzado el pelirrojo, la esperanza se reflejaba en sus ojos que encogió el corazón de Naruto y Ali, especialmente el de Sakura estuvo asintiendo con la cabeza.

—¡Por supuesto! Estaremos muy cerca del otro —aseguró, a pesar de que no pudiera ser cierto, no quería quitarle la felicidad que emitía.

Gaara sonrió ligeramente mientras bajaba la mirada a la mesa, lleno de paz.

—Esto es grandioso, ¡se unirá otro Mestizo al grupo! —dijo eufórico Kiba pasándole un brazo por los hombros, dándole palmadas. El pelirrojo se tensó de sobremanera y pareció asustado por el tacto.

—Kiba, lo asustas. Gaara no está acostumbrado a las muestras de afecto —intervino Haruno dedicándole una mirada de advertencia.

—Viejo, tienes muchas cosas que aprender. —Naruto le sonrió mostrando sus dientes—. No te preocupes, ¡nosotros te enseñaremos!

—Aprenderá pura mierda entonces —alegó Sasori volviendo su vista al televisor, deslindándose de ellos. Esquivó por poco una carta que fue lanzada a su dirección con intensiones mortales.

El bullicio se formó en la sala, una discusión entre Sasori y Ali saliendo a relucir que lamentaba que su cabeza de tomate podrido no explotara, y el pelirrojo le insultó con unas cuantas palabras. Así, se perdió la calma que antes había, pero el toque de alivio y libre de estrés se sentía en el aire.

Sakura los veía desde el ventanal, riéndose un poco de sus discusiones. No apartó por unos segundos la mirada de dónde Sasori se hallaba sentado, tratando de ignorar los insultos de Ali; desde que lo vio ahí tuvo cierta renuencia. Pero no hizo más que saludarla, decirle que le alegraba que se encontrara bien y después sentarse en el mismo lugar que ahora.

Naruto le aseguró que Sasori parecía haberse convertido en una clase de aliado, sus razones aún no estaban claras, pero su cabeza había tantas teorías que podía acercarse a la realidad.

Sin embargo, decidió no escarbar mucho al respecto y se giró a Sasuke que estaba a su lado, observando la ciudad en plena tarde, el calor que seguramente hacía afuera no afectaba allí dentro. El aire acondicionado les refrescaba, quizás por eso no se sintió sudar frío, un poco nerviosa por que quería preguntarle.

—Sigo sorprendida por la repentina decisión de que Gaara vaya a Tokio con nosotros —comentó llevando las manos detrás de su espalda, balanceándose un poco. Decir que no estaba feliz sería mentirse.

Ojos negros entrecerrados, no la miró.

—Tuve que hacerlo, le dije a Kurama sobre la muerte de nuestra madre. Él no lo sabía —aclaró cuando el gesto de Sakura decayó—. Debe enfrentar la realidad. Cuidar de Gaara no le ayudaría mucho puesto prácticamente es un niño, desconoce muchas cosas.

—¿Eso te dijo Kurama?

—No querrás saber a que grado llega su ingenuidad, es vergonzoso decirlo en voz alta —murmuró el azabache negando con la cabeza tras remontar lo que le dijo el Zorro.

La risa de Sakura lo distrajo, por fin la miró. Tenía una mano sobre su boca y parecía divertida, sin saber cómo eso lo llevo a un punto de pasibilidad.

—Kurama me dijo exactamente lo mismo que tú —aseguró sonriente. Después giró su cuerpo a él, ablandando su semblante, sintiendo su corazón apaciguarse ante el gesto que le dedicó—. ¿Dónde está ahora? Pensé que vendría a saludarme.

—Se fue —respondió simple, ladeando la cabeza. Su mano ingreso al bolsillo de su pantalón, apretando la tela—. Desconozco cuando aparecerá de nuevo, le dije dónde podría encontrarnos. Vendrá a nosotros cuando se sienta listo.

Por sus palabras, quizás Kurama no era el único que tenía que asimilar ciertos hechos, y Sakura intuía que para Sasuke también sería difícil enfrentar su repentina realidad. Pero no parecía atormentado o frustrado con ello, más bien… sus ojos parecían haberse librado de una enorme carga que yacían en sus hombros.

—¿Y está todo bien entre ustedes?

La pregunta que seguramente se guardo desde el principio y no pronunció por respeto, pero en realidad Uchiha quería que le preguntara. Esbozó una sonrisa sincera, de esas que a Sakura le gustaba mirar y preservar en sus memorias pues eran muy raras de ver en él; lo mismo sería contemplar a un dinosaurio extinto. Casi similar.

—Será complicado retomar nuestro vínculo, años de odio no se borran en días, pero sé que lo lograremos —confesó, tomando la mano de Sakura, apretándola un poco en busca de más valor. Extrañamente sentía que sus males se iban cuando la tocaba, la miró a su rostro sin borrar su expresión—. Gracias a que me hiciste entrar en razón, podré cumplir una de las últimas voluntades de mi madre.

La chica se abochornó un poco por la voz suave que usó, como si quisiera acariciarla con sus palabras y arrulladora voz.

—M-Me alegra haber sido de ayuda.

Apartó ligeramente la mirada, intentando controlarse, pensó que incluso con esa expresión él se veía más atrayente, siendo amable y gentil. Ah, le dolía sólo verlo, ¿por qué tenía que ser tan atractivo?

¿Por qué se tuvo que enamorar de él?

Esa era su propia realidad, y sin duda alguna, sufriría con ella. Después de todo, Sasuke… él… no sentía nada por ella, solamente le gustaba molestarla, ¿verdad?

Dudó un segundo de ello al sentir la mano grande del chico darle una espontanea caricia en la mejilla, sonriéndole ladinamente, como si adivinara sus pensamientos. Por supuesto, él disfrutaba ponerla nerviosa, y por más que quería enojarse, se permitía experimentar el nerviosismo de su cuerpo y los latidos acelerados de su corazón.

Un corazón que latía inquieto por las emociones que desborda su ser.


Corea del sur.
Madrugada.

—Uh…

Se detuvo en medio del bosque, alzando la vista al cielo en pleno crepúsculo. El susurro del aire acariciando con delicadeza las hojas de los árboles, el mismo viento que traía consigo una refrescante aroma para su nariz. Tras vivir décadas jamás dejaba de sentir las mismas sensaciones que la naturaleza le brindaba. Cuando joven no se tomaba la molestia de hacerlo, ahora anciano, el tiempo transcurría más lento.

—Ryuta-sama —Uno de los chicos le habló. Abrió los ojos, buscándolo en la maleza del bosque, al pie de una rama sobresaliente del árbol, totalmente serio—, ¿se encuentra bien? ¿necesita que nos detengamos a descansar?

Sí, cuando joven como ese chico le hubiera molestado que alguien le dijese eso, pero ahora los años pasaban sobre él y las heridas de batallas le calaban en lo fondo. Ya no era lo mismo. Comenzó a caminar a su dirección, metiendo el pergamino que antes sostenía en su mano derecha, dentro del pliegue de su saco.

—Puedo seguir un poco más —dijo sereno incorporándose a él en su caminata.

—Todavía no sana por completo, debemos buscar una posada para pasar la noche —le aconsejó el muchacho de cabellos plateados, pero el anciano pareció no escucharlo—. ¿Ryuta-sama?

El anciano se detuvo unos minutos, volteándose a él, sonriéndole amigable.

—Estoy bien, no te preocupes por mí. Debemos llegar a Tokio lo más pronto posible, no quiero dejar a la manada desprotegida por mucho tiempo —explicó intentando hacerle comprender al chico, retomando su andar.

—En primen lugar no debimos venir… —susurró—. Atienda a lo que le digo, este viaje será en vano. Ya sea si él llega a aceptar o no el cargo, la manada no lo aceptará. Incluyéndome.

Ryuta le dio un ligero golpecito en la cabeza en son de advertencia, apenas se quejó, sabía que se lo merecía. El anciano tenía sus razones para hacerlo.

—Ya hemos hablado al respecto, Noaki. —Su semblante se tornó serio, dirigiendo su vista de nuevo al frente, observando a lo lejos el pelaje de dos lobos que los miraban desde ahí, después siguiendo con lo suyo que era cuidar sus flancos—. Ninguno en la manada tiene la capacidad de liderarlos, y mi nieto es el mejor candidato para hacerlo.

—Pero es un Híbrido…

—No es impedimento alguno —refutó con bastante calma.

Noaki suspiró en resignación, no podía rebatirle nada. Frotó su nuca con cierta insistencia.

—Bien, dejaré de alegar por hoy si buscamos ahora mismo una posada para pasar la noche —aseveró ladeando el rostro, observando por el rabillo como el anciano fruncía más el ceño—; o me escuchará toda la madrugada quejándome sobre "porqué sería contraproducente nombrar Alfa a Sas…"

—De acuerdo, tú ganas. Busquemos dónde pasar la noche —le retuvo Ryuta antes de que soltara su monologo. Exhausto, se viró a los lobos haciéndoles señas para que se acercaran a ellos.

Bueno, un día de atraso no afectaría a nadie, después de todo también tenía que retomar energías si quería aparecer frente a su nieto, le llevaría toda su energía hacerlo. No sería fácil, de eso estaba consiente, pero debía intentarlo de todos modos siendo su única y última opción.


¡Hola, hola!

Hemos llegado hasta aquí, por fin el asunto entre Sasuke y Kurama se ha culminado, Sasuke se dio cuenta que en realidad aún albergaba cierto aprecio por su hermano y por eso se sentía dolido, me pareció más asertivo que se diera cuenta de sus pensamientos mediante Sakura pues ella es astuta adivinando algunas emociones, sobre todo entre estos dos. Ella, por su parte está feliz de verlo en paz, es lo único que le trae tranquilidad.

La charla de Kakashi, Minato y Tsunade se dio a conocer uno de los verdaderos objetivos que tiene Kakashi en mente conforme a que Sakura sea nombrada la Cabecilla del Clan. Revelando que los Haruno eran el Clan más poderoso entre los seis, pero terminaron asesinado por Akatsuki, recuerden que se había mencionado antes que alguien del mismo Clan los traicionó y reveló su debilidad.

Por otro lado, ¡el tierno Gaara! JAJAJA me fui de espaldas cuando escribí su escena, me parecía justo algo entretenido para librar toda la tensión, y me pareció poner cómo descubría la funcionalidad del teléfono siendo que jamás había visto uno. Al final descubrirá eso y más ya que irá con Sakura a Tokio junto a los demás.

Ñam, hubo dosis de SasuSaku en este capítulo, así que siento satisfecha por el momento, que se acercan más situaciones que los involucran a ambos. Prontooooo habrá mucho más, hahaa.

¡Muchas gracias por todo su apoyo y comentarios! Leo sus teorías y me parecen muy interesantes, pronto sabrán si son verdades o no XD no coman ansías que les será de sorpresa.

En fin, ¡Gracias por leer! Hasta el próximo capítulo.

¡Alela-chan fuera!