Términos dentro del fic.

—Auras, clasificación y color de aura

Humano: azul celeste.

Cazador Puro: blanco.

Cazador Impuro: morado.

Lobo: rojo.

Vampiro: gris.

Felino: verde.

Mestizos-Híbridos: negro.

Ribus (demonio inferior): naranja.

Medium (demonio intermedio): amarillo.

Exoctis (demonio único en su especie): café.

—Fujun'na hanta
Significa "cazador impuro" un título irónico conforme a la situación. Son Mestizos que se someten a un riguroso entrenamiento en los cuales se especializan en el arte de proteger a quien los contrate. Mayormente sean demonios o Seres Sobrenaturales. Es un oficio antiguo que se remota a los principios de su existencia, pues cobran por sus servicios y ejercen cualquier trabajo que se les presente. También son mercenarios, intermediados de información al mejor postor.

—Clanes de Cazadores Puros
Son los encargados de proteger la paz de los humanos como se mencionan en el prólogo. Hasta ahora se han mencionado cuatro Clanes: Haruno, Uchiha, Uzumaki y Hyūga.

—Clanes de Cazadores Impuros
Son Cazadores con líneas de sangre derivados a los Clanes Puros. Sus poderes no son nivelados y son consideramos como "apoyo" para los Clanes; no son muy numerosos por lo que no tienen un lugar como tal en la categoría.

—Fuerte
Lugar apartado de la civilización dónde viven la mayor parte de los Cazadores, escondidos bajo un campo de energía espiritual para evitar ser detectados por Demonios y Humanos.

—Consejo Real
Es un conjunto de Cazadores Puros e Impuros que dictaminan las leyes en el Mundo Sobrenatural cual pertenecen. Tienen la función de juzgar a cada Cazador por sus actos cometidos dando una sentencia cómo castigo.

—Akatsuki
Son un grupo de Demonios y Seres Sobrenaturales de distintas especies. Antes se encargaban de ser intermediados de información entre guerrillas —siendo partícipes las mismas especies—. El Clan Haruno fue el encargado de darles caza, y se cree que por ello el Clan fue eliminado. Hasta ahora uno de sus objetivos es eliminar a los Haruno sobrevivientes y atrapar a Haruno Sakura con vida.

—Hoka No Sekai: Es la dimensión entre la tierra y el infierno. Únicamente las criaturas sobrenaturales o Demonios pueden ingresar, pocas veces lo hacen los Cazadores ya que ellos no tienen acceso a ese mundo que fue creado por los brujos como escape a sus persecuciones.


Segunda parte

La fatalidad es un destino


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Año XXXX

Ojos verdes y rojos chocaron una vez más sosteniendo el filo de sus miradas con sentimientos hostiles por parte de ella, e indiferencia por parte de él; una espada que atravesaba el pecho femenino, justo en el área de su corazón ya no podía destrozarla más. Por más que quisiera regenerarse no se lo permitiría, por eso había matado a todo ser viviente a su alrededor y alejándola de toda posibilidad de vida.

Sobrevivir no era una opción para ella, él no le dejó ninguna posibilidad. A pesar de que intentó que cayeran juntos, el dije que sostenía contra el pecho masculino no purifico su podrida alma. Descubrió su secreto, uno que se llevaría a la tumba porque no permitía siquiera que le avisara a los demás Cazadores. Tendría que morir con la culpa.

La escuchó escupir sangre. Comisuras de sus labios tensos, hilos de aquel liquido carmesí goteaba por su barbilla. Transcurrieron los segundos en que ninguno dijo nada. Las palabras no eran necesarias en el momento de una muerte inminente. Más sus ojos verdes expresaban todo el dolor y rencor dirigido a su persona, no le importó en lo absoluto. Arrebatarle la vida fue un deseo retorcido que fue formándose en lo profundo de su ser desde que la vio unirse en matrimonio.

Fue el principio de las fatalidades de la Cazadora.

—No sabes… cuanto te odio —murmuró la mujer, inyectándole con sus brillosos ojos que perdían vida. Le prestó una mirada intensa, estirando su mano acariciando el pómulo delicado, manchándola de sangre, a estas alturas ella no tenía fuerzas para alejarse de sus caricias.

—Lo sé —respondió él con voz monótona sin dejar su caricia, enfocándose en el momento que estaban más juntos que nunca estuvieron, y la última vez en ese tiempo—, pero el odio te consumió querida, en cambio yo… te amé. Tú debiste amarme, así hubieras podido vivir más tiempo.

A pesar de que no tenía fuerzas, la escuchó reírse quedamente.

—Jamás hubiera amado a un monstruo cómo tú —murmuró con fuerza, sus ojos verdes llenos de intensidad lo enfocaron una vez más. Ah, cómo le gustaba cuando lo miraba como una fiera, furiosa y rencorosa, siempre desafiándolo.

—Ambos somos monstruos.

—Lo somos —Asintió apenas, concordando con él—, pero la única diferencia es que yo sítengo sentimientos.

Sus palabras lograron crispas su semblante que hasta ahora estuvo sereno. Sintió un toque en su mejilla, con los dedos ensangrentados y el dije sagrado de su pecho apretarse. Que patético, hasta el último momento intentaba sellarlo, rio lleno de ironía. Ahora no lo lograría y lo único que conseguía con su caricia era alargar su suplicio.

—Recuérdalo… Volveré cuantas veces sea necesarias para despojarte de este mundo, enviándote al infierno de dónde no debiste salir —recitó la mujer cómo si se tratase de un poderoso conjuro, su voz llenó de convicción no flaqueó en ningún momento, y él solamente la contempló en silencio hasta que sus labios pronunciaron las siguientes palabras mostró algo parecido a la furia—. Te prometo que jamás conseguirás mi amor. Te odiaré por la eternidad... —Ella tuvo la fuerza suficiente para tomarlo de su armadura, apegándolo más a su cuerpo sin importarle el dolor de la mano atravesando su pecho— mi alma te odiará cada vez más y finalmente serás consumido…

Cortó su discurso al sacarle bruscamente la espada del pecho, alejándose un par de pasos dejando el cuerpo libre. La Cazadora abrió desmesuradamente los ojos antes de que su cuerpo cayera entre las flores destrozadas por la secuencia de peleas que hubo en ese lugar. En el último aliento de vida de la mujer, las flores y raíces se alzaron con impotencia rodeando su cuerpo sin vida, custodiando solamente un cadáver que en vida fue una de las mejores Cazadoras que jamás haya pisado la tierra.

Y él acabó con su vida.

La satisfacción recorrió su ser al ver el cuerpo de la femenina a través de las aberturas de las raíces que la rodeaban, aunque intentara atravesar la barrera que parecía frágil, sabía de antemano que no lo conseguiría. Aun así, rodeó la extraña esfera que la rodeaba, apoyando la mano en las raíces, estas inmediatamente la defendieron extendiendo espinas que atravesaron su mano. No emitió ninguna señal de dolor, con tranquilidad retiró su extremidad, la sangre roja escurrió por sus dedos, aquellos con los que tocó la mejilla de la mujer.

Sus pupilas ardieron de intolerancia, entrecerrando sus ojos, admirando por última vez el rostro de su amada Cazadora.

—Incluso después de muerta no me dejas estar a tu lado, Saeko.


17 de junio del 2016.
Tokio, Japón.
Bosque.
Noche.

Kiba salió disparado al otro extremo del árbol, impactando bruscamente en el trocó que se partió en dos por la intensidad. Inmediatamente se levantó un coro de exclamaciones y una cabellera rosada sobresalió corrió desde dónde había salido lanzado. Enfundando la espada en la funda que colgaba en si cintura, acercándose al chico que medio se incorporaba.

—¡Lo siento, lo siento! —exclamó Sakura arrodillándose a su lado, un poco asustada de que le haya roto algún hueso con la patada que le propinó siendo parte del entrenamiento. Movió sus manos enfundadas en guantes sin saber sí tocarlo o alejarse. Su concentración se hallaba en lo mínimo después de ver su brutalidad y temía herirlo más.

—No te preocupes, Sakura —indicó él sentándose, viendo de reojo su hombro dislocado que recibió el golpe. Se permitió sonreír para que ella estuviese tranquila, la veía sumamente angustiada—. Ya te he dicho que no te preocupes por mí en los entrenamientos, puedo soportar esto y más.

De un solo movimiento regresó el hombro a su lugar soltando un pequeño quejido, después de eso giró su hombro con normalidad y extendió las manos indicando que ya no había de que preocuparse. Pero Sakura no podía dejarlo pasar, se sintió un poco culpable de las heridas de su amigo.

—Ya, en serio Sakura, estoy bien, ¡estoy bien! —repitió la frase con cierta gracia al ver a sus amigos lobos alrededor de ellos, preocupados por el tremendo golpe que se llevó en los entrenamientos. Y es que reconocían la brutalidad escondida en elegancia que la pelirrosa poseía, era muy engañosa, a más de uno le ocurrió lo mismo, claro que, sin hombros dislocados.

Ojos verdes entrecerrados con sospecha. Mientras se incorporaba y caminaba detrás de su amigo, observó su espalda, un poco preocupada. Últimamente en los entrenamientos Kiba se ofrecía a ser su retenedor; Kiba era conocido por ser el más fuerte físicamente, comparándose con Sasuke, el chico tenía una sorprendente brutalidad y a ella le venía bien esa característica suya para ayudarla a entrenar. Sus barreras de tierra debían fortalecerse hasta que no pudiera traspasarlas, al principio los pedazos de piedras caían una y otra vez, pero desde hacía unos días logró mantener una pared intacta.

A la par de dominar el elemento tierra, Kakashi le hacía entrenar su concentración de su extraña habilidad de absorber energía natural para aprender a controlarlo. El bosque parecía ser un campo de alimento para ella, y los lobos contribuían a su entrenamiento. Tomaba a la primera ardilla o serpiente que encontraba y entrenaba sus atributos. Al principio fue de lo más bizarro y escalofriante, si se miraba las manos aún podía sentir el flujo de energía recorriendo sus venas, era sumamente extraño. Pero prefería mantenerlo cómo última opción, a menos que fuese necesario lo usaría.

Aunque eso no quisiera decir que no tuviese miedo de ello, ¿qué tal si en un descuido absorbía la energía de unos de sus compañeros u aliados? Nadie pudo evitar que cargara con ella siempre sus guantes negros, sin importar dónde y cómo estuviese. Exceptuando en los entrenamientos se permitía cambiarlos con unos de nudillos, pero hasta ese punto, no quería arriesgarse.

Además, eran cómodos. Karin se encargó de hallar unos que fueran los más accesibles posibles, y con un hechizo de Tsunade en verdad parecía como si no tuviera nada puesto.

—Volvamos al entrenamiento —dijo una voz a sus espaldas.

Sakura observó de reojo a Sasori, de pie en medio de dos enormes árboles que señalaban la entrada del territorio de la manada. Con brazos cruzados y una mirada expectante; no dejando espacios para procrastinar, siendo él quién supervisaba parte de sus entrenamientos no le permitía en ocasiones ni siquiera un descanso. Según él, lo aprendido de golpe se procesaba mejor, ya lo habían comprobado a desgracia.

—Tomemos un descanso —pidió deteniéndose frente a él, viéndolo fruncir el ceño—, esperemos a que Kiba se recupere.

—Estoy listo —se quejó el castaño por detrás—. Ya te dije que no te preocupes, estamos avanzando bien con el combate de cuerpo a cuerpo, perfeccionar lo que ya de por sí te enseñó Sasuke no está demás. Él mismo te lo dijo: nunca te contengas.

La chica apretó los labios, mirándolo fijamente.

—En las batallas reales, no en los entrenamientos —rectificó dándose la vuelta—. No gustaría que queden lastimados gravemente por mi culpa, no quiero que se repita lo mismo que Hachiro.

Un suceso casi traumático para ella, la razón por la cual prefirió portar los guantes. Casi acabó con la vida de uno de los cachorros de la manada cuando intentaba ayudarla a mejorar en ciertos movimientos agiles, en un descuido absorbió su energía dejándolo inconsciente. Y no era una experiencia demasiado bonita ver a un amigo casi morir a tus propias manos.

A pesar de que su tío le dijo que con los guantes no tendría problema alguno si sabía controlarse, prefería no arriesgarse a menos de que fuera una verdadera batalla.

De reojo miró a Sasori que la seguía mirando, expectante. Justo después de que Sasori saliera de los calabozos, se tomó la tirante idea de vigilarla de cerca, merodeando por el bosque en sus entrenamientos que poco a poco fue incorporándose. A palabras de él, debía matar el tiempo de alguna forma, y pertenecer a su alianza le mataría el aburrimiento, claro que, Sakura percibía la mentira de sus acciones.

En realidad, está ahí por ella, nada más. Aun le cuesta asimilarlo desde ese punto, ante su corazón se hubiera acelerado al considerar las posibilidades de que estuviesen juntos. Ahora… no hay nada en su corazón que le haga palpitar por él; cada vez que piensa en sus sentimientos, inmediatamente sus pensamientos vuelan a Sasuke y los sueños recurrentes que ha tenido, imaginaciones suyas.

Sus pensamientos y silencio fueron interrumpido por Isas y un hombre mayor, venían en sus formas lobunas y no tardaron en pasar a su forma humana vistiendo unos simples pantalones. Para fortuna de Sakura, Suigetsu pidió a Tsunade una clase de hechizo que les permitiera conservar sus prendas en la transformación puesto que sería sumamente incómodo para la pelirrosa verlos desnudos cada vez que cambiaban formas. Gracias a ello su salud mental permaneció totalmente intacta.

—Kiba-san —Isas venía jadeando—, hemos detectado movimiento desconocido del lado norte del bosque, al parecer es un Alfa y tres cachorros.

Ante la información, Kiba frunció el ceño. Siendo él el tercer al mando y el único con autoridad que se encontraba ahí, debía atender aquel percance. Se giró a Sakura.

—Regreso en unos minutos, no te muevas de aquí —le pidió.

—¿Sucede algo malo? —preguntó a pesar de haberlo escuchado.

—Espero que no.

Lo vio lanzarse a los árboles seguido de los dos lobos que le franquearon, los observó perderse en la fogosidad del bosque, a un lado, Sasori la veía de reojo, expectante a sus reacciones y Sakura lo supo, no era muy común que se quedara a solas con él, bueno, no tan a solas. La presencia de los demás lobos merodeando a su alrededor la mantenían segura de cualquier indeseado, algunos miraban con renuencia a Sasori y no le quitaban la mirada de encima.

De cierta manera se sentía agradecida con la compañía lejana de la manada. Aunque al principio su naturaleza de Vampiresa le limitó la interacción con los licántropos, poco a poco fue ganándose su aprecio y cariño —sentía que contribuyó mucho el que estuviera a todos lados con su Alfa— a tal punto que estaban a gusto con ella y le hablaban con normalidad, incluso con algunos había formado amistades. La mayoría tenía una personalidad revoltosa, a excepción de los mayores y uno que otro de carácter serio e impasible que se limitaba a sonreír.

Se sentó en el suelo a la espera de Kiba, Sasori imitó a los pocos segundos su acción, siendo separados por casi medio metro, en completo silencio. De reojo, Sakura notó cierto brillo de frustración en los ojos cafés del pelirrojo, se permitió sonreí, irónica atrayendo las rodillas a su pecho.

—¿La decepción no te sienta bien?

Apenas hubo reacción del chico, que, aunque se sorprendió por su pregunta, aparentó total serenidad a sabiendas a que se refería.

—Jamás he saboreado la decepción, mayormente consigo lo que quiero.

—Todos menos a mí.

—Yo no estaría tan segura —rectificó Sasori, apoyando una mano a su lado para inclinarse a ella, quedando cerca de su cuerpo, ambos mirándose fijamente en una batalla silenciosa.

Los ojos verdes le veían con total indiferencia y en ningún momento su respiración o latidos se aceleraron. De nuevo su frustración apareció, ya no tenía ese efecto con ella. Entrecerró los ojos, esperando… más nada sucedió, todo permaneció en su lugar, y las pupilas se volvían más frívolas y carentes de amor a él. Apretó su mano libre.

—¿Esperabas escuchar que mi corazón se acelerara al quedarnos solos? —preguntó de pronto atrapando sus pensamientos.

—Aún sigo esperándolo.

—Pasarán cien años y mi corazón no volverá a latir por ti —sentenció Sakura firme, acercándose más a él demostrando que su cercanía no le afectaba en lo absoluto—. No volveré a sentir algo por ti y debes aceptarlo.

Sasori no lo aceptará.

Incluso aunque pasasen esos cien años que ella menciona.

Incluso si el corazón de la pelirrosa se acelera con otras personas y lo olvidara a él, no dejaría de esperarla por la eternidad.


Aterrizó en contornó a la enorme piedra que marca un punto de reunión para la manada, apenas piso el suelo, observó analítico al hombre mayor de pie a las faltas de los árboles cuya mirada revelaba amabilidad y cierta intensidad en sus ojos, eran franqueado por otro chico de cabellos cafés y dos lobos de pelaje gris y blanco respectivamente. Reconoció al Alfa con sólo mirarlo y los vellos de sus brazos se erizaron de pronto.

—¿Qué es lo que buscan? —Fue directo al grano.

Ryuta sonrió apenas.

—Estoy en busca de mi nieto, quizás ustedes lo conozcan como Sayi —habló el anciano, barriendo con su vista a los seis lobos que se encontraban aparte de ellos, observando cómo el chico de cabellos café entrecerraba la mirada y ladeaba el rostro, en un gesto de reconocimiento—. ¿Han escuchado de él?

—¿Está hablando del jefe? —preguntó uno de los otros chicos, impresionado.

—¿Jefe? —preguntó interesado el anciano.

Kiba le lanzó una mirada envenenada al chico que habló quién tembló un poco, y se giró de nuevo a Ryuta dispuesto a despacharlo.

—Cualquier tema que quiera tratar con el Alfa puede ser conmigo, él no tiene tiempo de atenderlo en estos momentos —rectificó el peli café. Conocía la historia en torno a Ryuta y Sasuke, por parte de este no tenía una buena relación y huyó de las responsabilidades que le dejó para tener su libre albedrío y no quería hacer una metida de pata al decirle que el azabache no se hallaba en la ciudad.

—¡Vaya! Tanto que alegaba a los cuatro vientos que jamás se convertiría en Alfa y terminó siendo uno, que cínico —exclamó el chico alado de Ryuta.

—Masaru —advirtió severo el anciano apenas ladeando la cabeza en un gesto de silencio. Después se giró a Kiba que permanecía expectante a sus palabras a los movimientos, observó a los demás lobos que permanecían a la defensiva, sabía que si daba un paso más serían capaces de lanzarse sobre ellos y lo que menos quería era provocar problemas—. Dile a Sasuke que Ryuta quiere hablar con él.

Y con esas palabras, Kiba los vio partir del lado contrario del bosque, hasta que su vista no los dejó de ver, se permitió soltar el pequeño suspiro librando la tensión. Rápidamente se giró al chico que se pasó de bocazas y este se encogió de hombros balbuceando una disculpa por su imprudencia.

—Extiendan el perímetro, no dejen que ellos se acerquen demasiado al centro dónde se encuentra Sakura —ordenó autoritario—, no dejen que la descubra-

Calló abruptamente al experimentar una repentina inquietud en cuanto el viento cambió de dirección y consigo se trajo la pestilencia de Felinos muy cerca de su territorio, de sopetón se giró a sus espaldas, justo dónde venía aquella pestilencia que tanto detestaba.

—¡Busque el origen de esos aromas!

Y con esa orden todos se lanzaron en su forma lobuna a esa dirección. Kiba se concentró en moverse lo más veloz que sus piernas que pronto pasaron a patas, se lo permitieran.

Temió, porque esos olores se hallaban en los alrededores, muy cerca de Sakura. Aulló alertando a sus compañeros e inmediatamente un coro de aullidos se alzó en lo alto, rompiendo las barreras de comunicación.

Apenas pasó un par de kilómetros y vio al borrón rosa de su amiga incorporándose al estar alerta de los aullidos, no tardó en volver a su forme humana para comunicarse con ambos.

—Sasori, sácala del bosque rumbo al oeste —le dijo serio.

Sakura se tensó de inmediato pensando en un ataca inminente.

—¿Hay peligro alguno?

—Detecto diversos aromas de Felinos que no son nuestros aliados —aseveró Kiba con urgencia—. Debes salir de aquí cuanto antes, estarás segura en el departamento de Kakashi, haré que envíen a Karin.

—Me quedaré con ella mientras tanto —aseguró Sasori comenzando a tirar de Sakura para alejarse.

A Kiba no le dio tiempo de protestar que no era necesaria su asquerosa presencia junto a la pelirrosa, apenas fueron un borrón en la dirección que les indicó. En cuanto estuvieron relativamente lejos, se precipitó en dirección contraria, corriendo sobre sus dos piernas con los demás lobos a sus lados, la jauría pronto se reunió al punto dónde el olor a gato era más penetrante, la nariz le picó más a ir reconociendo parte de los olores.

Incrédulo, se detuvo en el claro que había en medio del bosque, sus lobos también lo hicieron. Esperando, expectantes, del otro lado solamente se hallaba una mujer rubia con una caja abierta entre sus manos. De dicho objeto sobresalían humo, pelaje quemado de varios Felinos, al estar más cerca reconoció la peste de los pumas y jaguares, y debajo de todo eso, el ahora de la mujer que lo veía con sus potentes ojos azules.

—Oh, ¡pero si es Kiba! —dijo la chica cerrando la caja de sopetón, una sonrisa juguetona asomándose en sus labios al ver que los lobunos gruñían y sus pelajes se erizan— y yo que esperaba ver a Sasuke-kun…

—¿Qué quieres, Ino? —interrogó duramente el chico.

—Eres cruel, Kiba —dictó ella dejando la caja a sus pies cubiertos de botas, la gabardina café a su alrededor se ondeó al movimiento dejando ver de soslayo las cuchillas y esferas de colores que traía alrededor de su cintura prensados en un cinturón—, ni siendo viejos conocidos me tratas con amabilidad.

—Tú lo dijiste: conocidos. No te conozco lo suficiente para no tenerte precaución, por eso mismo te pediré que te retires de nuestro territorio a menos que problemas.

Se puso alerta, más que con Ryuta, después de todo tenía frente a él una de las mejores Fujun'na Hanta de la historia, perteneciente a uno de los gremios más fuertes de los tiempos. Siendo entrenada con tácticas mortales a pesar de tener una apariencia que no mataría a ningún indefenso insecto. Aunque en el pasado fue compañero de Sasuke, nada le aseguraba que en el presente lo siga siendo, si Ino descubría a Sakura…

—Me enteré de que Sasuke-kun protege a una chica —dijo de pronto Ino interrumpiendo su habla, los hombros del chico se tensaron inevitablemente, mierda, lo que temió. Repentinamente el semblante de Ino se volvió fructífero y mortal—. Dime dónde se encuentra, yo misma acabaré con esta farsa.

Ante la amenaza implícita, varios lobos soltaron alaridos de advertencia y gruñeron. A Ino no le pareció preocupante la desventaja en número de los canes, solamente los miró, solemne, y después expectante a Kiba que gruñó un poco.

—No permitiré que le pongas una mano encima —sentenció.

—Veo que no comprendes. —Ino tanteó un paso y los lobos otros—. Sucederá lo mismo que hace la última vez, ¿no lo habías escuchado? Sasuke podría perder el control como lo hizo con ese demonio.

—Tú no sabes nada.

—Sé lo suficiente para saber que, si Sasuke se deja consumir por el poder, esta vez lo perderemos de verdad. —Suspiró con sus ojos cargados de advertencia. Después de un corto silencio, el rostro femenino compuso una mueca severa—. Bien, si tú no me dirás nada, entonces la tendré que encontrarla yo misma.

Kiba tensó los hombros y dio la orden de los lobos a atacar, en cuanto pasaron a sus lados brutalmente, Ino, en un veloz movimiento llevó las manos a sus cinturas mientras saltaba en lo alto en reversa, impactando en el suelo las esferas que soltaron humos de colores que de inmediato aturdieron a los lobos por su sensible olfato.

Se llevó una mano a la nariz evitando olfatear, lo último que vio fue la cabellera rubia desaparecer en la fogosidad del bosque, perdiéndose en la infinidad de árboles que le darían un refugio seguro en cuanto movilizara a los lobos para dar con ella.

Apretó los dientes tratando de contener las palabras obscenas que amenazaron en salir de sus labios.


Kioto, Japón.
Madrugada.

Esa misma noche, en el interior de una fábrica abandonada, dos grupos grandes discutían feroz mente entre sí. Vociferando a gritos y lanzándose acusaciones. En ambos grupos la diferencia de auras era notorias, con algunos eran Lobos, y otros tenían dientes de aguja apretados contra sus labios inferiores; había un tercer conjunto, Felinos que se mantenían al margen de la discusión, impasibles, esperando la resolución del problema.

—Los Vampiros son los que han estado cometiendo los asesinatos —objetó muy convencido un licántropo.

—Los Lobos siempre andan en manadas, ¿quién nos asegura que no fue unos de sus cachorros? —bramó un Vampiro moviendo sus manos frenéticamente.

—¡Sus horripilantes rostros me dan asco!

—¡Ustedes son unas asquerosas bestias peludas!

Uno de los lobos transformados gruñó ferozmente cuando ambos empezaron a acercarse amenazadoramente con intenciones de desatar una pelea.

Entre el bullicio, cierta personalidad se abrió paso entre los Lobos y Vampiros, dando codazos a quienes se oponían y gruñía a otros mostrando sus dientes de Lobo. Era seguido por tres personas que iban con su porte de seriedad al igual que él, caminaban confiados entre la muchedumbre y no temían de ser atacados.

Llegaron al centro de la discusión entre el Lobo gris y el Vampiro. El gran animal daba zarpazos al joven Mestizo Vampiro, mientras que este trataba de clavar sus dientes de aguja en el lomo de la bestia, desesperado por hacerle un daño físico que lo dejara fuera de combate.

Permanecieron quietos esperando a que la pelea terminará o en el alguno de los casos, que alguien estuviera dispuesto a entrometerse entre la feroz disputa.

El azabache suspiró resignado después de unos minutos. No era paciente y no estaba de buen humor para esperar a que la batalla culminara. Esperó el momento indicado en que los contrincantes se separaron y se apresuró velozmente entre ellos. Extendió la Kusanagi hacia el Vampiro rozando su garganta, provocando que el chico tragara grueso al tener el filo de la espada sobre su cuello; y al mismo tiempo apuntó con una pistola al Lobo a la altura de su pecho y de esa forma lo obligó a detenerse de sopetón.

Las dos criaturas frenaron en seco y gruñeron a su manera, furiosos, bramaron de coraje y preguntaron quién demonios era.

—Sayi —escueto, Sasuke bajó las armas escuchando las exclamaciones de los grupos y observando el rostro de sorpresa por parte de los Lobos. Sabían quién era, su nombre resonaba en lo más oscuro y recodito del mundo, esa parte que yacía podrida.

—¡Es el Alfa de Tokio!

Detrás de él venía Naruto y Minato, quien se adelantó unos pasos y varios Vampiros lo reconocieron al instante, así que apoyaron la rodilla en el suelo e inclinaron su cabeza en señal de respeto.

La mayoría sintió incertidumbre al ver tales personalidades frente a ellos, aumentando su preocupación. Uno de ellos era un criminal reconocido y buscado por los Cazadores, otro un Lord Vampiro de España; personalidades sobresalientes en el submundo y ellos eran simples pordioseros debajo de sus niveles de poder, en cualquier momento se podrían lanzar contra ellos y acabarlos a todos en un santiamén.

De igual manera se cuestionaron la presencia de la mujer que venía con ellos. Alta y de complexión delgada, de cabellera castaño rojizo abundante que les llegaba a los tobillos, varios mechones se cruzaban entre sí y parte de su cabello lo tenía amarrado en una coletilla; poseía unos ojos verdes de Felino y una pequeña sonrisa afilada sus labios. Se identificó como Temuri Mei y con sólo verla se sabía que se trataba de una Felino.

—¿Cuál es el motivo de su presencia en Kioto? —cuestionó el líder de los Vampiros en esa zona, Felipe, un excéntrico hombre de cabellera abundante.

—Hemos venido para aclarar los hechos de los asesinatos de los Mestizos de diversas especies fuera de Tokio y que precisamente aquí es más concurrente —habló Minato alzando la voz para callar hasta el último murmullo—. Sé que la situación es preocupante y muchos tienen inquietudes.

—Aquí ya se sabe quiénes fueron —intervino Felipe haciendo un ademán hacía los Lobos—. Estos animales volubles mataron a mis chavales. Nos han tenido envidia desde siempre porque somos seres inmortales y se vengaron matando a mis recién convertidos.

—¡Cósete la boca, chupa sangre! —exclamó el Alfa, Kira—. Tus "hijos" mataron a mis cachorros, y los gatos acabaron con los viejos de la manada —acusó apuntando a los Felinos.

—¿Disculpa, sarnoso? —preguntó ofendida la líder de los Felinos, Shira que sonrió de forma sombría con sus ojos dilatados—. Tus malditos perros descuartizaron a mis niñas.

Y nuevamente se desató una disputa entre manadas, gritando ferozmente y lanzando acusaciones sin sentido que podría haberse escuchado en los alrededores, afortunadamente por esos rumbos no pasaba ninguna alma en pena por lo tenebroso que se veían el conjunto de fábricas abandonas desde el exterior.

—¡Silencio! —exclamó Naruto autoritario callando a todos en general, por lo que miraron a las personalidades de Tokio e intrigantes, escucharon a Minato cuando habló después de su hijo.

—Entiendo que estén desesperados por respuestas, pero acusando a quien se les ponga enfrente no solucionará este problema —dijo tranquilamente—. Hemos investigo a fondo y sabemos quién mató a sus camaradas... y no, fue entre ustedes.

Las manadas se desconcertaron enormemente.

—¿Quién fue el culpable de esta masacre?

—Hace poco llegó a Tokio uno de los jefes de los Grandes Clanes Cazadores, Uchiha Fugaku —respondió serio—. Él y sus Cazadores han estado eliminándolos.

El ambiente se tornó lúgubre, todos ahí conocían la intensidad de esas palabras. Jefe, Cazador, Uchiha. Tres palabras juntas que representaban los peores de los problemas. Los Felinos soltaron un maullido de ansiedad y los Lobos lloriquearon de miedo, mientras que los Vampiros se quedaron tan quietos como glaciales estatuas.

—¿Están aquí para pedirnos asilo? —cuestionó Felipe alzando ambas cejas—. Si la Cabecilla llegó a Tokio, eso quiere decir que están en mayor peligro.

—Al contrario. En Tokio hay una ley sobrenatural: está estrictamente prohibido las peleas entre Cazadores y Seres Sobrenaturales cuyo origen sea Mestizo, a excepciones demasiado estrictas que pongan en riesgo a los humanos —dictó Sasuke a información. Mencionarlo les vendría bien, pues una cierta parte de cada grupo contenían algún Mestizo—. Y esta Ley sólo existe en Tokio.

—¿Qué? —se sorprendió Kira, al parecer aún no era muy conocida aquella ley más que fuera de boca en boca.

—Viajamos hasta aquí para hacer un acuerdo con ustedes —intervino Minato dando un paso al frente—. Tokio es la única ciudad con gobernante Sobrenatural, las demás son gobernantes Humanos, así que ustedes se mandan solos. Pero, si permiten que yo los rigiera, la ley que existe en Tokio se extendería por Kinki y está cuidad estaría protegida de todo Cazador.

—Habrá condiciones —advirtió Mei. Las manadas sin gobernantes siempre tenían peleas entre sí, pero eso no estaba permitido bajo el gobierno de Kakashi y Minato.

Al parecer eso no les gustó a todos pues sus rostros disgustados no se hicieron esperar.

—¿Qué tipo de condiciones?

—No matar u atacar a ningún Humano y dispersar las peleas entre los grupos Mestizos de todo tipo, desde Demonios hasta Cazadores Puros e Impuros desterrados. —Naruto mencionó las dos únicas condiciones previendo una reacción no tan buena por parte de todos.

En ese momento todos respingaron y se burlaron de ellos.

—¡¿Mi manada siendo dirigida por un Vampiro?! ¡Nunca! —exclamó Kira a carcajadas, varios de sus amigos lo acompañaron ante la acción.

—Un Vampiro de Linaje fuera de su territorio no puede venir a prohibirnos la sangre Humana —espetó Felipe con soberbia—. Además, Tokio antes era territorio Cazador y puede ser tomado fácilmente, y cuando eso suceda, nosotros seremos los primeros en morir —previno.

—Eso no sucederá porque estamos tomando medidas extremas para mantener el gobierno Sobrenatural en Tokio —alegó Naruto moviendo su cabeza de forma negativa.

—Prefiero quedarme, hay menos posibilidades de morir. Mi manada puede sobrevivir ante los Cazadores que se presenten —alardeo Kira inclinándose hacían ellos con las manos apoyadas en sus caderas—. Mientras tanto, ustedes se pudren en sus mentiras de "medidas extremas". Así que rechazo su "invitación". Todo esto es una mierda sin sentido. Sus mentiras no tienen sentido.

—Piensen en sus familias. —los miró expectantes intentando convencerlos—. ¿Los dejaran desaparecer sin más?

—Mis hijos no desaparecerán —aseguró Felipe mirándolo con desprecio—. Estarán seguros si nos escondemos, no quiero privarlos de los placeres de la vida al quitarles la sangre Humana.

—¿Cómo podrán disfrutar de esos placeres si están muertos? —inquirió duramente Naruto, apretando la mandíbula.

Felipe lo miró con sus ojos rojos.

—Nosotros ya estamos muertos.

Y así, poco a poco se fueron retirando junto a sus manadas, dejando atrás, a los que venía de Tokio, de pie en medio del lugar ante el rechazo. Observaron que unas cuantas identidades permanecieron de pie, sin moverse un ápice.

No tanto para sorpresa del grupo, unos cuantos accedieron a pertenecer a su alianza, un par de lobos, un Vampiro y la manada completa de Felinos fueron aceptados y estarían dispuesto a mudarse a Tokio en cuanto antes. Les convendría la ayuda que recibiría, y Minato no dejaría pasar la oportunidad.

—Es la tercera ciudad que se niega —dijo severo, apartados de sus nuevos aliados—, pero ya no podemos hacer nada por los demás.

—Son unos ineptos. —Mei se cruzó de brazos con una sonrisa de lado—. Pudieron salvarse, pero decidieron condenarse a la muerte. Tarde o temprano Fugaku comenzará a purificar las zonas, es cuestión de tiempo.

—Por el momento Tokio es seguro —afirmó Sasuke.

Mei lo miró con serenidad sintiendo curiosidad, desde que lo vio en Tokio unos meses atrás, decía lo mismo, pero desconocía a qué se debía tanta seguridad.

—¿Cómo estás tan seguro, Sasuke? ¿Lo dices por Kakashi? —cuestionó encarándolo de frente con una sonrisa sensual en sus labios.

El azabache alzó una ceja interrogante al devolverle la mirada a la Felino y después la desplazó a otro lado, no le apetecía en lo absoluto corresponder a la descarada muestra de coqueteo. Sonrió para sus adentros, no le faltaban ganas de mover su mano y destrozarle aquel gesto, le colmaba la paciencia. Mei era conocida por ir probando criaturas de todo tipo, según ella, la experiencia era mejor.

Minato fue quien respondió intuyendo parte de los pensamientos del Fujun'na Hanta.

—Sí, es por Kakashi.

—Y bien ¿cuándo la anunciarán públicamente que sigue con vida? —preguntó la mujer agitando su melena al voltearse a él.

—Hasta que El Consejo Real aparezca. Fugaku no sabe que Kakashi está con vida. —El Vampiro se guardó el secreto de la aparición de Sakura, pocas personas sabían de su aparición, entre menos tuvieran conocimiento era mejor por el momento—. Si Fugaku se entera intentará matarlo, lo mejor es mantener el secreto. Te prometo que actuaremos con discreción y nos beneficiará a todos.


Sasuke tomó junto a Mei la tarea de explicarles a los nuevos aliados en qué consistía exactamente las leyes y protección, especialmente para el par de Lobo, uno de ellos era una Mestiza, y además se hallaba embarazada.

Minato se apartó de ellos junto a Naruto, lo que quería hablarle a su hijo era un tema delicado, ambos nostálgicos ante la mención de su esposa, que con el pasar de los años los rastros desaparecían cual marca que se lleva el agua; sin contemplaciones, sólo un recuerdo dejado atrás.

—Naruto… aún no he encontrado a Kushina —habló lentamente asegurándose de que su hijo no reaccionara en culpabilidad, en el pasado sucedió, todas las cosas que sucedían en torno a la desaparición de Kushina tendía a culparse, lo cual se convertía en debilidad.

Y Naruto lo sabía, intentó controlarse agachando un poco la mirada, abatido. Aún recuerda su cabello rojo y largo, tan sedoso y colorido como el carmín. Sus ojos azules oscuros e intensos, con una mirada cariñosa y una sonrisa alegre en su rostro que le brindaba en las tardes en los que entraba corriendo a casa junto a su hermano gemelo, entre empujones juguetones se sentaban en la mesa dónde siempre les esperaba calientito una sopa de miso cual devoraban con tanta hambre, incluso el té de flores que a ella le encantaba hacer.

Si retrocede un poco más en el tiempo de sus recuerdos, incluso podía sentir su último abrazo.

—Sé que prometí encontrar a tu madre, pero mientras más pasan los años, las pistas se van borrando —susurró Minato por debajo reflejando la tristeza de su corazón que ya no latía físicamente.

El menor posó su mano sobre la de su padre en un intento de consolarlo, al igual que mantenerse firme y seguro.

—Padre, te pedí que buscaras a mamá con la esperanza que encontraras su cuerpo, no que estuviera viva —reveló cerrando sus ojos con pesadez, confesarlo no había sido tan fácil—. No quería decirte esto, pero hace años me resigné a encontrarla con vida. No lo rebelé por temor a que te molestaras conmigo, pero al parecer sólo te presioné.

Minato se quedó sin palabras, detallándolo con dolor en su rostro, y a la vez, calidez. No esperaba menos de su hijo menor, tan comprensible y sincero, llevando cargas que no le correspondían, por eso se lamentaba de muchas cosas en su vida. Pero de lo único que no podía lamentar era haber reconocido a sus hijos en cuanto Kushina intentó que no se enterara de su existencia por temor a que los rechazara.

¿Cómo podría rechazar a su progenie?

—Estoy orgulloso de ti —reveló con una sonrisa cansada—. Superaste este problema sin rencor y con una sonrisa... te pareces tanto a Kushina.

Naruto respiró hondo dejando caer su mano, un poco pensativo. Recordar a su madre siempre le entristecía, por eso intentó cambiar a un tema más urgente y peligroso.

—¿Has sabido algo de Menma?

El extenso silencio de su padre fue un indicio que no eran precisamente buenas noticias, aun así, espero paciente a que decidiera darle la información que descubrió. Finalmente, su padre cerró un momento los ojos para abrirlo destellando un brillo rojo en ellos.

—Tu hermano se ha unido a Akatsuki. Recibí informes de China, ha estado matando a Mestizos de toda procedencia a nombre de Akatsuki.

No se inmutó ante la noticia, tal vez porque de su gemelo mayor podría esperarse lo peor e inesperado. En el fondo le dolía que Menma lo odiara por creer que fue su culpa el que su madre haya desaparecido y tal vez esté muerta. Al principio le había dolido demasiado el rencor y odio de su hermano, pero con el pasar de los años comprendió que la desaparición de su madre no fue culpa suya, sino, un suceso trágico.

—Ya veo.

Minato se sintió impotente. No sabía en qué momento Menma se le fue inesperadamente de las manos y ya no había salvación aparente. Su otro hijo estaba perdido en el mundo, sin Kushina, los tres no sabían que hacer, pero Menma no tomaba las riendas de la situación, se iba a lo incoherente y destruía su vida cada vez más.

—¡Bien! Es hora de ir al Hotel. ¿Regresaras hoy a Tokio, padre?

—No puedo desentender los deberes tantos días —dijo caminando junto a su hijo a dónde Sasuke que se había apartado de los demás y estaba encima de un montón de pilar de cajas, observando por el ventanal con un cigarrillo entre sus labios, una mueca serena suplanta su rostro—. Sasuke.

El aludido ladeó de sopetón el rostro, al parecer estaba concentrado en sus pensamientos que se percató de su presencia hasta que estuvieron junto a él.

—Regresaré a Tokio por Hoka no Sekai, te encargo a los Lobos y al Vampiro.

—¿Los demás se irán contigo? —preguntó tranquilo apagando el cigarro con sus dedos y lanzado al vacío.

—Sí. Es peligroso que la Loba cruce el portal por el embarazo.

Sasuke asintió con la cabeza, sería un gran problema si alguno de los demonios quisiera atacar a la loba para llevarse a la cría que yacía en su vientre. Cuidar de algunos licántropos y un chaval junto a su amigo, bien, no era nada que no pueda controlar.

—Tomaremos la ruta larga para despistar al Alfa, seguramente no querrá que su segundo al mando y esposa se marchen sin más, lo considerará traición.

—En ese caso, tendrás que luchar.

Las palabras de Minato fueron absolutas que el azabache no pudo rebatir nada al respecto. No cuando reconocía a un potencial aliado cómo lo era el Lobo que pidió protección, a leguas se veía demasiado útil, las múltiples cicatrices en los brazos descubiertos revelaban su pasado lo cual la experiencia de ese tipo les vendría bien.

Luchar con los demás, no vendría siendo un sacrificio grande, aunque esperaba no llegar a esos extremos.

—Comprendo —dijo al final.

—También cuida de Naruto.

Naruto bufó sarcástico cuando su amigo lo miró con burla en su rostro.

—Este idiota sólo atrae problemas, pero se mantendrá en una sola pieza —aceptó Uchiha lanzándole una mirada sardónica a su amigo en modo de broma, Naruto le devolvió el golpe en un manotazo, irritado.

—¡Yo puedo cuidarme solo!

—Claro, claro —murmuró su padre con cierta gracia alejándose de ellos.


18 de junio.
Tokio, Japón.
Departamento de Kakashi.
Noche.

—Jaque Mate.

—Es injusto —exclamó Karin con ojos muy abiertos, sin despejar su vista del tablero de ajedrez. Una perfecta pérdida contra su enemigo, el impasible Gaara que retiraba la mano de la Reina negra. Entrecerró su mirada acusadora hacia él—, apenas te enseñé a jugar ajedrez y no dejas de ganarme.

Gaara se encogió un poco de hombros ocultando el hecho de que había leído muchos libros sobre el ajedrez y memorizado un sinfín de jugadas a poner en práctica con Karin o Kakashi, que eran los que aceptaban el desafío. Con el Cazador no había podido derribarlo, por eso entrenaba con la Vampira sus tácticas.

—Sakura dice algo sobre la perseverancia —comentó el chico acomodando las piezas, recordando una de las tantas charlas—: el que persevera alcanza.

—No pudiste haberlo dicho mejor —la aludida se rio desde la cocina mientras terminaba de lavar los platos que utilizaron en la cena. Se asomó por la encimera sonriéndoles—. Gaara tiene ventaja por sus libros.

—¿Libros? —murmuró Karin entornando los ojos.

—He leído casi toda la biblioteca de Kakashi-san —informó el pelirrojo con cierto orgullo en su voz, sacando una pequeña libreta de su bolsillo trasero, la Vampiresa sobre estimó que siempre la traía consigo—. Entre todo, hay uno que habla sobre relaciones intrapersonales. Cuando te quiera saludar a ti, por ejemplo, lo que debo hacer es meterte la lengua hasta la…

—¿¡Qué demonios!? —gritó Karin azotando las manos en la mesa.

—¡Gaara! —exclamó al mismo tiempo Sakura, divertida, el chico la miró—. Ya te dije que esos saludos son inadecuados, limítate a un apretón de manos o quizás un abrazo, a menos que la otra persona te lo permita.

—Entonces, cuando yo vea a Sasuke o Naruto, ¿debo pedirles permiso para abrazarlos o besarlos?

—¡No! —exclamó Sakura llenándose de paciencia por la ingenuidad del chico—. Más bien, no le pidas permiso a nadie. No tienes permitido hacer eso hasta que comprendas muy bien el concepto.

Lo vio confundirse. Rápidamente sacó de su otro bolsillo un libro del mismo vuelo, la portada se extendían letras haciendo referencia a las relaciones interpersonales, después de unos escasos segundos, cerró el libro y seriamente se giró a ella.

—Quiero agradecerles a ambos por haberme sacado de las peleas —dijo— y la mejor forma, según este libro, es mostrando afecto. Me sentiré... satisfecho si les expreso mi gratitud.

La pelirrosa compuso una mueca de ternura, a pesar de todo, Gaara tenía un corazón sincero.

—Algunos libros hay que interpretarlos. Además… No hace falta, con Naruto todo está resuelto y Sasuke…

Karin la interrumpió con una risa por debajo.

—Con Sasuke deja que Sakura le agradezca por ti, ella sí puede besarlo.

Inmediatamente los colores subieron al rostro de la pelirrosa, exclamó su nombre, abochornada por su insinuación. Agradecía al cielo que Gaara no entendiera el contexto de esas palabras o estaría aún más avergonzada de lo que ya se encontraba.

—¡No creo que...!

—A Sasuke no le molestará que tú lo beses —Siguió pinchando con una sonrisa pícara.

Sakura apretó los dientes. Sus palabras no contribuían a olvidar. los sueños que seguían presentándose por las noches, y, sobre todo, la extraña plática después de soñar que Sasuke la besaba mientras dormía, prometiéndole que no se alejaría de ella. Aquello sólo conseguía ponerla más nerviosa, ¿hasta dónde llegaba su imaginación y sentimientos que se unían para hacerle pasar un rato vergonzoso?

Por un lado, agradecía que Sasuke no estuviera en los alrededores, sino ya se habría percatado de que algo le sucedía y no estaba dispuesta soltar felizmente algo como: «Solamente estoy nerviosa porque tengo sueños en los que tú y tus labios se involucran con los míos, nada más». Sí, no sonaba bien.

—¿Debo dejarlo en manos de Sakura? —Gaara lo consideró.

—Definitivamente. En todo caso…

Por el bien de sus nervios, trató de ignorarlos y seguir con la labor doméstica de secar los platos, no contribuía a que tuviera buen oído para incluso escuchar los cuchicheos. Suspiró para sus adentros, pensar en Sasuke la relajaba en ocasiones, pero todo lo que involucraba sentimientos o acciones lograban alterarla un poco.

La pregunta de Naruto rondando por si mente, la afirmación a sus propios sentimientos la confundían. Por eso agradecía internamente la ausencia del azabache y la extraña razón por la cual no se había comunicado con ella desde su partida, le servía para poner en orden sus pensamientos y recriminarse por sus extraños sueños. Cuando él volviera ella estaría normal, como de costumbre habiendo superado esa faceta y aceptando que él jamás la amaría como ella lo hacía

El vibrar de su celular sobre la mesa la alertó. Se secó las manos con el trapo y fue a ver quién era, casi se va de espaldas al observar el nombre de Sasuke en la pantalla en una llamada entrante. Se quedó de piedra por unos segundos con el celular entre las manos temblorosas.

—Sakuraaaaaa, ¿no vas a contestar? —escuchó a Karin quejarse falsamente—. El ruido me hace perder la concentración en la partida.

—Ah, sí… —murmuró reaccionando. De reojo vio a ambos pelirrojos sumergirse en otra partida de ajedrez y no le prestaban atención.

Aprovecho la distracción de ambos para colarse hasta su habitación, cerró la puerta despacio en no llamar la atención, con la mano apretando el celular, tardo en contestar al último timbre.

—¿Hola…?

—Sakura.

Su cuerpo se estremeció ligeramente, incluso por teléfono la voz de Sasuke seguía siendo la misma y le causaba el mismo efecto en ella. Mejillas rojas, mirada nerviosa y una sonrisa en sus labios, enfocándose en nada en particular más que la voz del otro lado de la línea, que volvió a hablar, pero más extrañado.

—¿Sakura?

—Eh, ¡sí! Aquí estoy —se apresuró a decir sobresaltada.

¿Te encuentras bien? —A pesar del tono serio que empleó, notó el tinte de preocupación en su voz. Aquello le reconfortó de sobremanera—. Supongo que estabas durmiendo y te desperté.

—Mm, mm, para nada, justamente terminé de cenar junto a Gaara y Karin —mientras hablaba, se posicionó en su cama, atrayendo la almohada más cercana para recargar su mentón. Un corto silencio entre los dos y fue una señal para ella de seguir hablando—. Espero que te encuentres bien…

Sus labios sellados cuando en realidad quería reclamarle de su ausencia, parte de ella se sentía sola sin su compañía, le habían dicho que únicamente sería un par de semanas a la cual se le agregó una más. A pesar de querer quejarse, no lo hacía porque está consciente de la causa de su ausencia. No era culpa suya, y, además, era necesario.

Así que únicamente lo que hizo fue soportar sus ganas y disfrutar del hecho de que la hubiese llamado. Disfrutar de la calidez de su pecho.

Pensé que dirías algo de mi ausencia —dijo de pronto Sasuke, que a Sakura le pareció un momento que se haya metido a su cabeza y leído su mente. Se quedó de piedra un momento y rápidamente contestó.

—Yo no tengo derecho a… —se quedó callada, mordiéndole el labio inferior conteniendo sus propias palabras—. Sólo me preguntaba por qué no había llamado todo este tiempo… Tío Kakashi me ha pasado algunas noticias, sé que estás bien, pero eso no me basta.

«No me basta» ¿¡Qué estaba diciendo!? Cada vez le daba nervios pronunciar esas palabras, quizás él se daría cuenta de sus sentimientos y pondría una distancia abrumadora, no quería, no deseaba tenerlo lejos.

—Lo que quiero decir… —intentó corregirse.

Confiaba que podrías soportar tener noticias de alguien más —le interrumpió—. Y no intenté contactarte porqué pensé que estarías enojada conmigo por irme sin despedirme.

—¿Y esperar tres semanas a que disminuyera mi enojo? —enfatizó irónica, sin querer, un poco sorprendida al saber la razón de que no le haya llamado. Apretó más la almohada—. Me parece que con unos días son más que suficiente.

Difiero. Puedes ser demasiado testaruda cuando te lo propones.

—No es cierto —Se hizo la ofendida, resultó mal porqué al final soltó una sonrisa sabiendo que era cierto, ahora le era imposible estar enojada con él que luego sustituyó a una mirada de nostalgia—. ¿Cuándo planeas regresar?

Sasuke permaneció en silencio, quizás estimando en si contestarle o no, cuando pareció que no lo haría, habló con cierta tranquilidad:

—Pronto.

—¿Cuánto tiempo es ese «pronto»? —cuestionó ella con cierta urgencia.

Lo escuchó soltar una pequeña risa, de esas que le erizaban el bello de sus brazos y la dejaban desarmada.

Sakura, sé que los demás no te cuidan mejor que yo, pero debes adaptarte a…

—Te extraño.

Dos palabras que salieron de sus labios sin permiso alguno, no se enteró en qué momento su corazón sobresalió de su mente para pronunciar sus verdaderos sentimientos. Mientras miraba el espejo del otro lado de la habitación, su reflejo la detallaba desde ahí, sus ojos brillaban de cierta tristeza y afán de querer sentir más. A diferencia de minutos atrás, se mantuvo firme y a la vez cohibida de su confesión.

Sea cómo lo tomara Sasuke estaría bien.

—Quiero que regreses ya porque te extraño —repitió suavemente y nerviosa, mordiéndose el labio inferior.

Con una voz suave, de esas pocas veces que empleaba lo escuchó pronunciar:

—Me alegra saber que no soy el único que lo hace.

¿Acaso eso fue también su manera de decirle que la extrañaba?

Sintió sus mejillas más calientes y una sonrisa en sus labios mientras hundía el rostro en la almohada, quería gritar de emoción y euforia. A menos que lo haya interpretado mal, él también la extrañaba como ella lo hacía.

—Eres imposible —murmuró.

Sakura. —Se estremeció ante su voz ronca— ¿Estás sonrojada?

—¡Por supuesto que no! —exclamó de pronto al verse descubierta apartando la almohada.

Otra risa del otro lado intuyó la arrebatadora sonrisa de sus labios. Sakura quiso que la almohada traspasara el teléfono para lanzársela con demasiada fuerza, a estas alturas era más que claro que él le gustaba verla avergonzada. Sabía que Sasuke estaba consciente de lo que provocaba en ella y no tenía reparo alguno en aprovecharse, siempre la ponía nerviosa.

Entonces hagamos una apuesta —Sakura permaneció en silencio llena de curiosidad—. Apostemos 500 yenes a que en estos momentos estás sonrojada.

—Yo no…

Y en cuanto nos veamos —interrumpió decidido—, tendrás que darme una moneda o yo te la daré a ti.

—¿Cómo sabrás si has o no ganado? —Le siguió el juego sin saber que no era buena idea.

De nuevo intuyó una sonrisa por parte del azabache.

Lo dejaré a tu criterio, señorita.

Con eso, la llamada cesó y Sakura permaneció un largo rato mirando la pantalla de su celular sin saber cómo reaccionar realmente. ¿Acaso eso fue un juego de lo más peligroso? La apuesta no le ayudaría a calmar sus nervios, estaría pensando en ello hasta que Sasuke se plantara frente a ella y pidiera su moneda. ¿Se la daría o le pediría la suya? ¿Cómo reaccionaría?

Lo dejó a su criterio.

Le dio el libre deseo de decidir si expusiera sus sentimientos o no.

Hundió su rostro a la almohada y gritó un poco, sumamente avergonzada.


19 de junio.
Tarde.

Sai le lanzó una mirada fulminante al asistente personal de su padre, Kotetsu, que estaba del otro lado de su escritorio, con una mirada impasible que en ocasiones le colmaba los nervios.

—¿Es toda la información de esta chica? —preguntó irritado.

—Sí.

—¿Sólo esto pudiste conseguirme en dos semanas?

El pelinegro mayor entrecerró los ojos peligrosamente.

—Es todo. Cómo puedes ver, no es muy relevante la información, es una chica común con un extraño cabello rosado, a excepción que no posee aura alguna.

—¿Ningún indicio de su verdadera naturaleza? —Volvió a preguntar hastiado, le purga que la información no sea completa, la incompetencia de Shisui le colma la paciencia porqué sabía que era a propósito. Con su padre todo era perfecto, con él, sólo migajas. Así demostraba a quién le servía realmente.

El entregarle un expediente que da mucho que desear es la prueba viviente.

—Ninguna. Cómo leíste, no ha tenido ningún problema legal y lleva una vida humana de lo más normal. No le ha hecho nada a nadie —rectificó Shisui con un tono neutro, pero a la vez soltando sus hechos camuflajeados.

Sai cerró con fuerza la carpeta con el ceño fruncido, justamente lo que no quería hacer tendría que recurrir: investigar por su cuenta. Por eso dicen que si querías las cosas a la perfección lo mejor es investigar por tu cuenta. Eso tendría que hacer, aunque no le gustase ejercer algo tan banal cómo buscar a alguien.

No comprendía el interés a la pelirrosa, apenas la vio unos minutos y le manchó su camisa favorita. Tomaba el hecho de que pocas veces se había topado con criaturas cuya aura se encontraba ausente por diversas razones; quería investigar esas razones, dictaminar si era una criatura peligrosa para los humanos o esa fue la excusa que le dio a su padre para permitirle seguir con la investigación. En todo caso, lo único que quería hacer era llamar la atención de Fugaku y ganar más reconocimiento para que lo dejara participar en cuanto les tocara derribar a Minato.

Aún seguía molesto con Fugaku por lo último. En la previa reunión de unas semanas atrás, después del ataque de Akatsuki a la ciudad, acordaron que Minato seguiría en mando de la alcaldía siempre y cuando el altercado no se fuera de sus manos. Quería pensar que su padre únicamente espera a que el Consejo Real tomé las riendas de la situación y hacerse un candidato para la posesión de Tokio.

Después de todo, el Clan Uchiha era el mejor candidato para resguardar esa área.

—Cómo siempre no me serviste de nada, retírate —objetó enfadado corriéndolo con la mano.

Justo después de que Kotetsu se marchara dedicándole una mirada desdeñosa, Fugaku apareció acompañado de sus primos. Lo saludó con una reverencia marcada y miró de soslayo a los otros Cazadores que veían con sus trajes negros entallados, señal particular que apenas arribaron al edificio después de exterminar amenazas en las ciudades vecinas. Su padre les había ordenado acompañarlo a eliminar varios demonios, o en su término: depurar la zona.

No comprendía que ganaba el Jefe del Clan matando a criaturas de otras ciudades, pero viéndolo desde el lado lógico, era su trabajo cómo Cazadores.

—Hola, querido primo —saludó Vanessa de lo más casual, sonriéndole de una forma, según para él, demasiado irritante—. ¿Te sentiste sólo en estos días? No te preocupes, ya he llegado a salvarte de tu absurda soledad.

Sai la ignoró hábilmente y se dirigió a su padre.

—Padre, que bueno que esté de regreso —expresó.

Fugaku apenas lo miró antes de reparar en la carpeta que agarraba con fuerza, no fue necesario una explicación para que Sai entendiera y procediera a explicarse.

—Es la presa que estoy cazando. Le pedí a Kotetsu que investigara, pero parece renuente a obedecerme del todo, ¿por qué aún lo mantiene con usted? Es un inútil.

—Únicamente me obedece a mí —respondió con simpleza.

—Es indignante que no me obedezca a mí, el próximo Jefe del Clan Uchiha y debe mostrarme el debido respeto. Ahora debo hacer todo yo —expresó irritado notando que Vanessa iba a sentarse al sillón de su padre y se subía con todo y botas, ensuciando el respaldo—. ¡Baja los pies de ahí!

—¿Y si no quiero? —preguntó retadora dejando caer la cabeza al mullido cojín, en cuanto vio la mirada afilada de Sai, se rio mientras se sentaba adecuadamente—. Ya, Sai. No tienes sentido el humor, eres muy aburrido.

Fugaku les lanzó una mirada a ambos a que se callaran, pero al estar concentrados en fulminarse mutuamente con las suyas, ninguno reparó del gesto del Cazador.

—Y tú eres egocéntrica y rebelde, siempre haciendo lo que quieres cuando quieres —dijo Sai con desprecio acercándose a Samuel que permanecía del otro lado del escritorio a la espera de las órdenes de su tío; no les prestaba mucha atención pues sabía que pronto acabaría su pelea sin sentido alguno—. Samuel, tú vienes conmigo.

—¿Por qué de….? —La pregunta del chico quedó al ver que Sai se marchaba, y por ende debía seguirlo. Suspiró sonoramente. Sai decía que su hermana hacía y deshacía a voluntad cuando él era exactamente igual.

Bueno, por algo tienen la misma sangre.


21 de junio.
Hospital General.
Tarde.

El primer lugar que quería pisar era el departamento de Kakashi, pero por el momento le resultó imposible debido a las diversas heridas en todo su cuerpo. Sasuke pensó que no estaba peor de lo que aparentaba y era mera exageración de Naruto después que ambos lucharon con la manada de Kira para librar a su nuevo aliado en cuanto pretendían partir; pero tras la revisión que le hizo Tsunade y una mirada severa, le hizo saber que fue una riña bastante dura.

Sí, bueno, el que casi le dejaran sin brazo es una señal. Sin camisa, sentado en una silla de metal sin respaldo, se miró el brazo izquierdo. Las heridas frescas eran cubiertas por la venda, sentía sus músculos comenzar a regenerarse, a lo mucho tardaría un par de días, después de todo las heridas fueron hechas por un Alfa y aunque él fuera uno, no era exento de resentirlas.

Para su satisfacción, Kira no quedó mejor que él, sólo lo dejo convaleciente por unas cuantas semanas.

—Tuviste suerte de no terminar cómo tu contrincante, eres demasiado suertudo —dijo Tsunade frente a él mientras lo observaba ponerse la camisa.

—Me siento afortunado.

—¡Pues no deberías! —gruñó la mujer, a pulso quiso lanzarle las tijeras con las que ocupó para coserle unos puntos—. Debes evitar peleas innecesarias o saldrás lastimado.

Sasuke enarcó una ceja a su dirección, interrogante con ese cinismo que lo caracterizaba.

—¿Estás preocupada por mí, abuela Tsunade?

—¡Mocoso impertinente! —exclamó ella casi golpeándolo—. ¡Sólo lo digo porque me traes más trabajo! ¿Crees que tengo tiempo de venir a atenderte en persona? ¡SIENDO LA DIRECTORA DEL HOSPITAL TENGO MUCHO POR HACER!

Le estuvo gritando un par de cosas más hasta que la puerta fue abierta por la cual se asomó Hikoro que había escuchado los gritos de la rubia. Entró al consultorio sonriendo impasible, acercándose a un lado de Sasuke, notó que él la miraba de reojo y agachaba un poco la vista, evitando verla. Lejos de molestarse, comprendió la actitud de su hermano, después de haberles reclamado y gritado ahora no sabía qué hacer o decir para remendarlo, y era tan orgulloso al respecto que no lo admitiría jamás.

—Sasuke, Tsunade-sama lo dice también por Sakura. Ahora vas con ella, ¿no? —preguntó adivinando, pues el menor emitió un pequeño sonido en afirmación—. Se preocupará al verte herido, lo menos que necesita son más preocupaciones, bastante tiene con los suyos.

Sus palabras alertaron de inmediato al azabache que volteó a ella totalmente serio, frunciendo el ceño.

—¿Sucedió algo que yo ignore mientras estuve ausente?

Hikoro asintió con un suspiro.

—Justamente ayer Kiba informó dos hechos, estaba esperando que arribaras para informarte, pero te los diré yo superficialmente. —Su hermana torció el gesto, un poco pensativa. Se escuchó el metal contra metal de los recipientes que Tsunade dejaba sobre la mesa al terminar de curarlo—. Ayer por la tarde llegó Ryuta-san al territorio pidiendo una audiencia contigo, Kiba los despachó; justo después apareció Ino preguntando por ti, pero igualmente mencionó algo de querer acabar con tu protegida.

Los ojos de Sasuke se dilataron ante la mención de lo último, se levantó de sopetón casi tirando la silla en el proceso, con los ojos fijos en su hermana que era una cabeza y media más pequeña que él, la veía serio. Ningún rasgo del rostro de Hikoro decía mentiras y se veía preocupada por los hechos, especialmente el que involucraba a Sakura.

Con Ryuta podía esperar, sabía a lo que venía el viejo: pedirle de nuevo ser el alfa de la manada —a sabiendas que sería rechazado— y su viaje sería en vano. El asunto con Ino era punto y aparte, involucraba directamente a Sakura; el hecho de que quiera acabar con ella la convertía en una enemiga, lo cual, aunque una parte de él se sintiera renuente, debía refrenarla. No la mataría por los viejos tiempos si no mostraba signos de querer retractarse de su decisión, si se rehusaba, tendría que hacerlo.

En estos momentos Sakura es lo más importante para él sobre su antigua compañera que intentará matarla por alguna recóndita.

Antes de actuar debía investigar.

Sin meditar más palabras, se colocó su camisa manga larga de botones y por encima la gabardina, mientras caminaba a la puerta se abrocho su cinturón de armas, en silencio se aproximó a la puerta revelando que detrás se encontraba Kiba a punto de tomar el picaporte para entrar, se mostró algo sorprendido por ello.

—¿Kiba? —Hikoro expresó la sorpresa del Mestizo. El aludido apenas la miró devolviéndole el gesto.

—Sasuke —saludó apenas Kiba, no había rastro de efusividad en su rostro—. Debo suponer que Hikoro-san te mencionó sobre Ino.

—Lo hizo.

—Apenas me enteré de tu llegada y vine lo más rápido que pude, debo informarte de algo en particular —procedió a decir con cierta urgencia, debía ser delicado para que no pudiera esperar a que arribara al bosque—. Algunos aliados informaron que Ino está intentando llegar a Sakura. Hoy estuvo muy cerca del bosque y tuve que enviar a Sakura a casa. —Su informe rápido consiguió que Sasuke tensara los hombros y sus ojos se volvieran mortales, lejos de asustarse, Kiba continuó—. Es cuestión de tiempo para que la encuentre.

—¿Sakura sabe al respecto?

Para su desgracia, lo vio asentir. Disimuladamente rechinó los dientes, otra preocupación más para la chica.

—Justamente hoy lo descubrió. Sabe que alguien la está persiguiendo —comentó al aire, tras ver el gesto de cierta molestia en rostro de su Alfa al respecto, bufó un poco extendiendo sus manos intentando excusarse—. A mí no me mires así, se ha vuelto muy intuitiva cuando intentamos ocultarle algo, ya nada le pasa desapercibido. Es cómo si tuviera un radar para detectar los problemas.

Aunque él prefería que se mantuviera al margen de todos los persecutores que van detrás de su vida, ella se enteraba de todas formas. De esta manera sabía que Sakura estaría un poco más tranquila, pero al parecer lo menos que quería era esa tranquilidad, prefería estar al tanto de todos esos problemas pues odiaba ser ignorante a todo y mantenerse sometida a sus decisiones sin tomar las propias.

Saber que la estaban protegiendo, pero sin ser consciente de qué exactamente, por ese lado la comprendía perfectamente.

—Ino no es imprudente, no atacará a la primera oportunidad, esperará el momento indicado —dictó Uchiha abriéndose paso al pasillo junto a Kiba—. Esperaremos a que ella aparezca ante nosotros, yo lidiaré con ella. Ordena a la manada que se mantengan atentos.

—¿Qué harás ahora? —inquirió el peli café con cierta curiosidad.

—Iré con Sakura. Cómo dices Ino aparecerá ante ella tarde o temprano y no la atacará de inmediato si yo estoy presente.

Y mientras se alejaban, Hikoro asomó la cabeza por el pasillo viéndolos partir. Se entristeció porque su hermano apenas reparó en su presencia. Agachó un poco los ojos hasta que sintió unas palmaditas en su cabeza. Tsunade estaba a su lado, sonriéndole de una forma tranquilizadora, logró que le sonriera de vuelta.

—Verás que todo se resolverá —dijo gentil antes de seguir su propio rumbo.

Hikoro sabía que no se refería solamente a los recientes problemas.


Departamento de Kakashi.

—¡Sakura comprende que…!

Pudiera parecer grosera, pero la aludida cerró de sopetón la puerta de su habitación echando pestillo para que Karin no entrara detrás lanzando más palabrerías absurdas. Estaba demasiado enojada para lidiar con las explicaciones de la mujer de porqué le mantenían oculto todo lo que sucedía a su alrededor.

Creyó que esa manía suya de ocultarle los problemas se esfumó cuando demostró ser lo bastante capaz de saber controlar sus nervios, ¡pero no! Todavía le ocultaban información, un ejemplo claro fue descubrir a Karin, Sasori y su tío hablar sobre la persona que la perseguía desde un par de días, al parecer era una excompañera de Sasuke que intentaba matarla por alguna extraña razón.

Lo que llevó a mirarlos en un silencio sulfúrico, sin palabras de por medio porque ya estaba cansada de repetirlo, dio la media vuelta pasando de largo al llamado de su tío y corrió hasta el departamento, debió suponer que alguien la seguiría, pues Karin no tardó en darle alcance e intentar excusarse en nombre de todos.

Primero, no conocía a esa mujer por lo que no debía tener motivos para intentar matarla. A estas alturas le parecía irónico que ya a nadie le importaba tener motivos, simplemente despertaban pensando: «es momento un día perfecto para intentar matar a Sakura». Bastante bastardos de su parte en perturbarle su existencia de esa manera.

Y segundo, la irritación de ser excluida de este tema cual involucraba su vida. En esta ocasión ni siquiera su tío tuvo que dar la orden, los demás lo decidieron por su cuenta. Sobreprotegiéndola de la información, de sus propias acciones. ¿Acaso todavía no la creían capaz?

—No es que no confiemos en ti, sólo no queremos que… —Karin seguía hablando del otro lado de la puerta cual podía derribar fácilmente si se lo proponía y si esa era la cuestión se aseguraría de irse a su propio hogar y encerrarse ahí. Le tentaba utilizar el poder de su espada en crear campos de protección momentáneamente para apartarse del mundo y gritar ante sus desgracias.

¿Por qué de pronto se hallaba renuente a tratar con los demás? ¿Por qué sentía una sensación parecida al desosiego y desprotegida ante el mundo?

Le faltaba su seguridad, por un momento se abrazó así misma antes de recuperar su compostura.

—¡Ya basta! —exclamó a la puerta con la respiración agitada—. Por hoy no quiero escuchar más excusas. Solamente…. déjenme sola —dijo con firmeza.

Una vez dentro se quedó quieta, prestando atención al exterior. Apenas escuchó el suspiro que escapó de los labios de la mujer para después alejarse. Sabía que verdaderamente no la dejaría sola en el departamento, pero por lo menos no la estaría hostigándola.

Lo menos que quería era lidiar con ellos y sus absurdas excusas, simplemente se cansó.

Agarró la toalla que reposaba en su armario para encerrarse en el baño privado, tal vez meterse a la bañera le ayudaría a relajarse después de toda la tensión.

Una vez sumergida en el agua se permitió pensar las razones por la cual la creían, quizás, débil. A regañadientes aceptaba que, aunque quisiera en ocasiones sus fuerzas flaqueaban. Se miró las manos libres de guantes, su única debilidad latente era el miedo que sentía ante sus manos desnudas y estar frente alguien querido, ¿y si por error absorbía su energía vital y lo mataba?

Tensó los hombros y negó con la cabeza, a pesar de considerarlo una falta de concentración suya y una latente debilidad, no difiere al hecho de que no le pudieran confiar lo que sucedía a su alrededor. Inevitablemente sus ojos se cristalizaron, pero no se permitió llorar por algo tan absurdo.

Por ratos se quedó en blanco, sin pensar en nada en particular para no escarbar en su enojo que poco a poco fue disminuyendo, quizás contribuyeron las plantas relajantes que Tenten conseguía para ella. Una azul que le ayudaba a relajar su cuerpo ante los entrenamientos, otra que era un perfecto somnífero, pero no lo utilizaría hoy, tendría que estar alerta en los próximos días.

Distraídamente no se percató pronto que el efecto de las plantas hacía efecto y la adormecía, pero sin llegar a tumbarla. Enumeró al aire su lista de personas que la quería muerta —de las cuales tenía consciencia y dudaba que fueran los únicos—, alzando los dedos conforme contaba.

«Veamos…. Comenzando por Akatsuki, especialmente esa mujer llamada Izumi. Los Clanes Cazadores y posiblemente las entidades en conjunto que llamaban El Consejo Real. ¿Quién más…?» Pensó la chica mirando el techo. «Toda Criatura pura que pisaba la tierra que odiara a los Mestizos y recientemente aquella mujer reciente llamada Ino y.…»

No demoró mucho en la ducha después de marearse con sus pensamientos, salió en cuanto sintió su cuerpo más relajado. Quería dormir quizás un par de horas y despertar durante la madrugada para estudiar, su sueño se volvió variante y fue adaptándose a su vida poco a poco que ahora solamente bastaba un par de horas para recobrar fuerzas; a excepción de algunos días que necesitaba un verdadero descanso después de arduas batallas o entrenamientos.

Antes de enrollarse la toalla alrededor de su cuerpo, se miró fugazmente la espalda en el espejo, apenas volteó la mirada y tuvo contacto con las líneas blancas que surcaban en su piel, señales de unas profundas heridas ya sanadas cuyas marcas quedaría ahí por siempre. No pudo evitar pensar en las palabras de Sasuke al decirle que era una sobreviviente, rozó su cadera con aire distraído.

Agarró otra toalla pequeña para secarse el cabello mientras salía del baño directo a su armario en busca de un blusón cómodo, eligió una ropa de colores variantes y se colocó su ropa interior y blusón que le llegaba por debajo de los muslos. De pronto se quedó quieta al dejar sus guantes en el cajón a un lado de su cama, sustituyendo su mano a su espada apoyada a un lado, había escuchado un sonido sospechoso del otro lado.

Inmediatamente pasó sobre su cama y se aproximó a los ventanales cerrados, guardó el máximo silencio antes de que los ventanales se abrieran y de ahí apareciera quién la estaba acechando, agitó rápidamente su espada en defensa. No contuvo su sorpresa al ver que, quién lo esquivo con mucha dificultad, fue Sasuke girando a un lado y apenas se detuvo un momento antes de aproximarse a ella.

—Si te detienes en un momento cómo este, morirás.

Un segundo de comprensión y Sakura contra la pared con las manos sobre su cabeza y a Sasuke junto a ella mirándola con sus profundos ojos. Se le fue la respiración al estar en esa posición, con su cuerpo reaccionando ante el de él, no pudo evitar un gemido de sorpresa y tener los ojos muy abiertos.

—Sasuke ¿qué-?

—Si fuera tu enemigo ya estarías muerta —la interrumpió serio.

—Pero eres tú, no podía atacarte con todas mis fuerzas —se excusó Sakura comenzando a remover sus manos, tenerlo así de cerca la ponía nerviosa—. ¿Podrías soltarme?

Su sonrisa arrebatadora le robó el aliento, pronto la dejó libre para que pudiera moverse con libertad. Observó su rostro unos momentos más, pensando que quizás se había quedado dormida en la bañera y que él estuviera aquí era un sueño, pronto lo descartó al sentir el contacto de los dedos tibios en su mejilla, contornando su rostro. No dejó de mirarlo apretando la espada que sostenía. A menos que mi mente lo haga parecer tan real.

—Debo felicitarte, me detectaste apenas aterrice en tu balcón —dijo él con cierto orgullo en su voz, notándose lo contento que estaba por sus avances— y si hubiera sido un enemigo estoy seguro de que me habrías derribado.

La pelirrosa se permitió sentirse su pecho llenarse de regocijo, sus esfuerzos valieron la pena si recibía elogios de Sasuke. Quiso abrazarlo como de costumbre, pero la conversación pasada le impedía mostrarse así, reprimió su deseo y se alejó de él con la excusa de poner la katana en su funda olvidada en el suelo.

—Pero te reconocí…—dijo dándole la espalda, aún no se sentía preparada. Rodeó la cama para dejar su espada en la habitual esquina y tomó sus guantes, estando Sasuke ahí menos quería no tenerlos—. Tu inesperada visita me ha puesto de buen humor, ¿sabes? Me enoje con el demás porqué...

Antes de que pudiera ponérselo, una mano emergió desde atrás para quitárselos. No tuvo tiempo de reaccionar, volteó rápido y vio a Sasuke sentado del otro lado de la cama observando con cierta curiosidad sus guantes, frunció el ceño y gateó hasta quedar a su altura.

—Devuélvemelos.

—¿Por qué estás utilizando guantes? —preguntó serio.

La chica no pudo evitar sonreír con cierto sarcasmo poniéndose de rodillas y cruzando los brazos bajo su mirada.

—Me sorprende que no lo sepas, contando que sabes más que yo lo que sucede a mi alrededor…

—Hablo en serio. —La voz del chico fue grave.

Dudó un momento porque en verdad Sasuke no parecía saberlo, así que suspiró y se arrastró a su lado, apoyando las manos en sus rodillas apenas descubiertas. Se encogió un poco de hombros.

—Sabes que mi nuevo poder se ha descontrolado un poco. Envié a Hachiro al hospital porque no supe manejar mi poder en un entrenamiento. —Alzó sus manos, dejándolas al descubierto, sin dejar de detallarlas como si escondieran un secreto—. Comencé a utilizar los guantes en cuanto descubrí que casi no lo controlo.

—No quieres lastimar a nadie más —comprendió él sin dejar de juguetear los guantes, Sakura pensó que tal vez sospesaba en devolverle los guantes hasta que los dejó de lado y sorpresivamente tomó su mano desnuda, se asustó de sobremanera.

Tan descuidadamente podía absorber su energía y no quería experimentar la opresión y culpa de haberlo lastimado, no a él.

—¡Sasuke, no tengo los guantes! —exclamó asustada intentando apartar su mano, logrando nada más que el aludido apretara más sus dedos, renuente a dejarla ir.

—No te alteres —le ordenó duramente logrando que todos los sentidos de Sakura se quedaran paralizados, respirando agitadamente, la mano masculina guío la suya hasta que tocara su rostro, acariciando su piel. En ese momento temió a que lograra robarle su energía—. Sakura, mírame a mí, no a las manos.

Le hizo caso, lo miró directamente a los ojos, cada vez más cerca de ella. Fue un efecto catalizador que sólo él lograba influirle, logró que su cuerpo estuviera menos tenso, pero eso no disipo su temor. No hasta que sintió cómo él apretaba más su mano con la suya, y entrecerraba sus ojos negros, desafiándola en silencio.

—Ahora dime ¿tienes miedo a robarme mi energía?

—No quiero hacerte daño —susurró Sakura—. No a ti…

—Y no lo harás —confió él llevando su mano libre el rostro de Sakura, contornando su mejilla. Ambos concentrados en el otro que pronto logró que olvidara el riesgo y su propio miedo. Los hombros de Sakura pronto estuvieron decaídos, en un estado relajante, sin dejar de mirarlo—. Confió en ti y en tu capacidad de controlarte, por eso creo que no me harás daño.

Con sus palabras logró un brillo particular en la mirada de la chica, que pronto sonrió tímida y agachó la cabeza un poco cohibida por su actitud y reciente confianza. En ese momento Sasuke titubeó en su propio control para no ir a más, cerró los ojos un momento y dejó libre su mano, intentando serenarse.

Ciertamente el tiempo lejos de su presencia le sirvió nada más para recordar una y otra vez su pasado liberado y sus propios sentimientos. Sentía que su autocontrol flaqueaba en momentos así, pero debía mantenerse firme y retroceder en sus deseos mientras Sakura no le permitiera. Además, estaban sus propios pensamientos, antes le había dicho a Naruto que no creía en que ella desarrollara sentimientos por él que tenía las manos manchadas con mucha sangre.

Era una de esas veces en su vida que no se arrepentía de sus acciones... ¿o sí? No, no lo sabía con certeza, nunca le había preocupado tanto sus acciones pasadas y las consecuencias de estas en su presente. Lo mejor sería apartarse antes de ir más allá, de no poder controlar sus propios sentimientos y deseos de tenerla cerca sin importar si lo quería o no de la misma forma.

Sin embargo, le gustaba terriblemente jugar con fuego, era inevitable para él. Era egoísta, lo sabía, una criatura de los más ruin que deseaba el amor de esa mujer para él y nadie más. Que lo mirara, que lo eligiera sobre Sasori y le dijera que lo amaba como él lo hace. Pero no eran más que fantasías suyas, ¿quién lo amaría a él con todo y sus pecados? Le dolía esa realidad porque no sabía que sería de su vida si ella lo dejara en el olvido, por eso, quizás…

Se mintió así mismo por miedo.

Miedo. Quiso reír, ¿cuándo él sentiría miedo si no fue de cachorro?

Debía confesar que temía un poco a la reacción de la pelirrosa. ¿Lo juzgaría por sus pecados? Hasta ahora ella parecía no importarle.

La miró una vez más, con ese sonrojo que tanto le gustaba ver porque significaba que no le era del todo indiferente. Fue un acto egoísta, se despojó de todas sus reglas autoimpuestas y se permitió disfrutar de su compañía, no habría otra oportunidad que ahora.

Al carajo tus reglas, Koizumi.

—Sakura ¿te volviste a sonrojar?

Inmediatamente sonrió de lado al verla alterarse, sus mejillas rojas lo volvían loco, tentado en acunar una vez más su rostro.

—¡No es cierto! —se quejó apartando su vista a otro lado.

—Eso me recuerda… —Divagó entornando su mano en distracción y Sakura tragó grueso al intuir lo que se avecinaba sin poder evitarlo—. Nuestra apuesta y el ganador. ¿Me darás los 500 yenes o yo tendré que darte una moneda?

La joven se mordió el labio inferior con cierta insistencia, sin saber realmente qué contestar. Tuvo que apretar las manos sobre sus rodillas, el fuego y cierta adrenalina recorriendo su cuerpo al saber cuál era su respuesta, más su inquietud era lo impredecible que sería Sasuke al responder. Preparándose para su burla, o quizás una sonrisa desbordante y hasta ahí quedaría su intercambio en esta ocasión.

Se sintió ambiciosa y egoísta al desear más que sólo una sonrisa, ¿quizás era el efecto somnífero de las plantas que le daban el valor para considerar su honestidad ante él? No lo sabía, sólo quería que él lo supiera de alguna forma.

Se quedó mucho tiempo en silencio.

Por su parte, Sasuke dudó de que haya ido demasiado lejos y la haya forzado. Con un deje de resignación, rebuscó en el interior de su gabardina la moneda que preparó antes. Antes de sacarla, Sakura se giró a él con un rostro decidido. Iba a decirle que no hacía falta sus palabras y le daría su moneda, pero ella lo interrumpió incluso antes de comenzar.

—No tengo una moneda para darte.

Ensanchó ligeramente sus ojos negros, sin dejar de observarla en silencio. Ella lo admitió. A pesar de que ninguno de los dos pronunciaba con palabras, sabían a que se referían. A un juego silencioso con fuego y coqueteo que solamente entendían en sus acciones que no supieron desde que momento surgió y comenzó a evolucionar al punto de querer más del otro, pero ambos disfrutaban a su manera tal cercanía.

Sasuke cortó la distancia, muy cerca de su rostro, los ojos de Sakura le parecían más cautivadores que otras ocasiones.

—Has perdido la apuesta y no tienes con qué pagarme —sospesó cada vez más sereno, muy peligroso el tono de voz, una presa a punto de atacar—, ¿es un indicio de que no quieres pagarme?

—Soy consciente de mi derrota —dijo convencida con una voz mesurable—, ¿aceptarías otra cosa o prefieres tu moneda?

No debió preguntarlo.

Extendió su mano a su rostro tomándola del mentón, obligándola a verlo fijamente a los ojos. Él entrecerró los suyos, inclinándose hasta que sus labios estuvieron sobre su oído, la sintió estremecerse ante su cálido aliento. En ese momento su cuerpo ardía, no le importó sumergirse en su ser y lo que le hacía experimentar. Su autocontrol yacía en lo oculto de su ser y luchaba en salir a la superficie.

No lo dejó.

—Si te beso ahora como pago ¿no tendrás objeción alguna?

Sakura ensanchó los ojos ante su propuesta y luego soltó un jadeo al sentir los labios de Sasuke debajo de su oreja. Cerró los ojos apenada mientras llevaba sus manos a los hombros en busca de un soporte que no la haga flaquear a pesar de estar sentada. No tenía el atrevimiento de abrirlos, más al sentir las caricias por todo su cuello hasta llegar a su quijada, algo en ella se convenció de que esto era realmente un sueño.

—Sasuke… —murmuró apretando sus hombros. Él iba con demasiado espero y delicadeza con sus caricias, sintió el filo de sus dientes.

—Si no planeas pagarme con dinero, pagarás con caricias tu deuda —dijo.

Y sintió sus labios sobre los suyos en una caricia suave y precisa como sus otras caricias. Correspondió de inmediato sin un ápice de duda en sus acciones, de haberse dejado guiar por el momento que le regalaba aún si él estuviera aprovechándose de la situación en sí.

La mano de Sasuke entrelazada en sus mechones de cabello no la dejaba librarse, y tampoco es que quisiera hacerlo. Ambos con los ojos cerrados, experimentando las caricias que sus labios se daban mutuamente. Sus cuerpos, a pesar de no estar juntos, podían sentir la cercanía y calidez del otro.

Para Sasuke, acortar el beso era su propósito, darle una tortura demasiada placentera a Sakura por hacerlo reprimirse hasta ahora. Juraba que después de esto no podría estar alejado de ella sin querer probar de nuevo sus labios. La liberó demasiado rápido para el gusto de la pelirrosa que iba quejarse y buscarlo de nuevo hasta que notó que Sasuke la aprisionada entre sus brazos y le dejaba un beso en la clavícula de su cuello, jadeó de sorpresa y algo más.

—No sabes cuan irresistible eres para mí —susurró contra su piel, los labios volvieron a trazar una línea por su cuello, pasando por su quijada. La respiración de Sakura era pausada y lo miraba desde arriba, expectante y pronto sus mejillas adquirieron ese tono rojo que le volvía loco—. Tardarás más que esto para saldar tu deuda, ¿estás consciente de ello?

—Lo sé. —Fue su respuesta antes de que Sasuke volviera a trazar otra caricia. Sakura volvió a cerrar los ojos y apretó más sus manos sobre los hombros del chico—. Sasuke…

Un suplica silenciosa de que volviera a besarla. Quería que la besara hasta que no sintiera sus labios y que le faltara la respiración. No sabía que impuso dominó sobre ella, pero no quería apartarse de este momento, no cuando al día siguiente él podría volverse indiferente con ella por creer que cruzó la línea conforme a su puesto. O quizás aprovecharse de su debilidad de que la ponía nerviosa y hasta cierto punto la tenía a su merced.

No sabía que le sucedía en estos momentos, su acaso las flores atribuían a que su mente estuviera en un estado somnífero y estuviera más vulnerable de lo normal o su propia voluntad de contenerse se despojó de ella.

Lo escuchó soltar una risa ronca antes de que la volviera a besar entrelazando apenas sus lenguas, sus besos resultaron ser dulces y a un ritmo lento, pero duro menos que el primer beso.

—Eres muy impaciente —dijo mirándola a los ojos, Sakura notó algo especial en los negros de Sasuke, por alguna razón le parecieron más oscuros de lo normal—, por ahora es todo. No quiero… descontrolarme.

¿Descontrolarse? Pensó ella entrecerrando los ojos, sin querer soltarlo.

—Será mejor que te deje descansar —murmuró el chico dejándola libre, dispuesto a irse, pero antes de que pudiera levantarse, Sakura tomó de su mano y la apretó. Inmediatamente Sasuke volteó a ella mirándola interrogante.

—¿Podrías…? ¿Podrías quedarte conmigo hoy?

La miró unos segundos que parecieron eternos, pensó que si petición fue de por sí indecente e iba a aclararle que no era nada de lo que parecía, pero Sasuke extendió su mano para acariciarle el rostro una vez más. Volvió a sonrojarse.

—Me quedaré todo tiempo que desees. —Su frase fue una promesa más para ella.

Se acomodó en la cama mientras escuchaba a Sasuke deshacerse de su cinturón de armas y dejarlas a un lado, estuvo todo el tiempo pensando en lo que sucedió minutos atrás. Se miró las manos cuales llevó sobre su corazón que latía desbordado, lleno de felicidad a este momento que fue increíble y un tanto apasionante para ella.

A voluntad lo acepto, y a pesar de correr el riesgo de que Sasuke la viera como un juego, parte de ella decidió arriesgarse a recibirlo. Sabía que estaba mal, diablos, lo estaba, pero en verdad amaba a ese chico que no le importaba. Retribuyó el hecho de que en ningún momento hubo indicio de ello, en todos sus gestos y acciones Sasuke parecía sincero. Entonces, ¿sentirán lo mismo que ella y también se dejó llevar por sus sentimientos?

Era un manojo de nervios, ah, no debió pedirle que se quedara con ella. Se cubrió el rostro con ambas manos.

Respingo en cuanto la habitación quedó a oscuras y sintió un peso extra del otro lado de la cama, al voltear la cabeza notó que Sasuke se había acostado dándole la espalda. Aún traía puesto su camisa negra. Dudo un momento antes de acercarse a él y hablarle en susurro, como si alguien más pudiera escucharlos.

Apenas giró, aprovechó para abrazarlo cuál un enorme peluche. Lo sintió quedarse quieto por un momento antes de acomodarse y envolverla en un abrazo, si acaso era parte de sus sueños. Su rostro hundido en el pecho de él se había desabrochado dos botones de la camisa y dejaba al aire su piel y parte de una venda.

—¿Estás herido? —preguntó apenas audible.

Sasuke apoyaba su mentón en la cabeza de Sakura, admirando el ventanal cerrado, considerando las posibilidades de que por ahí apareciera Ino. Apenas le dedicó una vista rápida, sin dejar de acariciar su hermoso cabello.

—No debes preocuparte, sanará en un par de días cuando mucho. Fui al hospital primero a que me curaran —explicó para su tranquilidad—. Sabes que, aunque mis heridas no sanen igual de rápido que las tuyas, resisto más.

Sintió su respiración y sus gentiles dedos acariciarle el contorno de la venda, cerró los ojos unos momentos repitiéndose en control. Bajo un poco la cabeza hasta quedar con sus labios sobre el oído de la pelirrosa que volvió a estremecerse por su cercanía tan repentina.

—No juegues con fuego porque terminarás ardiendo —le susurró bajando la mano a su cadera, apretándola a él. Maldijo en ese momento que notó que ella sólo portaba el camisón, volvió a besarle lentamente mientras intentaba con todas sus fuerzas no perder el control de sus propias acciones, y suponiendo a casos extremos, marcarla como su pareja eterna.

—Si ardo contigo está bien —confesó Sakura entre el beso. Sin saber cómo y cuándo, en ambos la situación se había adelantado y quizás yéndose de sus manos.

Pero no contribuía nada a Sakura lo recibiera gustosa, lejos de recriminarse, le gustaba tanto porque no le era indiferente y tendría oportunidad, una oportunidad que no quería arruinar por sus deseos.

Así que, en cuanto la libero de sus labios, Sasuke la miró con dulzura y acarició su rostro, parecía tan sumisa cuando en realidad no se dejaba someter ante nadie. Cuan diferente eran las cosas en ese momento, su mano alrededor de la cintura ardía y sus labios por querer hundirse en ella.

—Descansa, Sakura. Yo velaré tu sueño.

Otra promesa que la chica aceptó, lo miró unos instantes más antes de apoyar su rostro en el pecho del muchacho, con las manos retraídas hacia sí, dejando que Sasuke repartiera caricias por su espalda y cabello, incluso entre sus sueños sentía sus labios de nuevo por su cuello y rostro, dándole caricias sutiles y murmurándole promesas que quizás no cumpliría o sería meras fantasías de su mente por querer llenar el espacio entre ambos más que superficialmente.

Una acción desesperada en llenar sus corazones.


¡Hola!

Siento mucho que la actualización haya tardado más en venir, pero ciertamente he tenido dificultades personales y mucho trabajo que apenas tuve tiempo de actualizar. Quería ya escribir este capítulo por la alta dosis SasuSaku *se los da con amorsh* fue más largo para compensar mi ausencia de tanto tiempo.

Cómo ven vamos por la segunda parte de este fic: la fatalidad es un destino. Al final de este arco sabrán porqué el nombre. ¿Les gustaron los nuevos separadores? Son de la antigua versión, los últimos que hice.

¿Qué piensan de la primera escena? Es un vistazo al pasado que pronto comprenderán de quienes se tratan, por otro lado, la recolección de aliados no ha resultado tan bien como pensaron y la aparición de Ino no hace más que ponerlos alertas a todos, especialmente a Sasuke que no dejará que nada ni nadie lastime a Sakura mientras él pueda impedirlo.

Espero que hayan disfrutado del SS. Sasuke se dejó de su propio autocontrol por contenerse a los sentimientos de Sakura y se dejó guiar porque ella le dio entrada ante su confesión. Sakura decidió ser honesta en ese momento en su sentir y ambos se dejaron llevar por el deseo de estar juntos, por el momento llegaron a este punto, ya veremos cómo lidian con esto que acaba de suceder *suspenso*

¡Gracias por seguir leyendo! En verdad les agradezco cada leído y comentarios que dejan, me llena de alegría y me motiva a seguir trayéndole los capítulos lo más rápido posible. No olviden decirme que les pareció el capítulo, estaré leyendo sus opiniones. De antemano disculpen cualquier falta de ortografía o dedazo que vean, siempre intentó traerles los más mínimo posible.

En fin, ¡gracias por pasar por aquí!

Nos leemos la próxima vez.

Alela-chan fuera.