Advertencia: Capítulo del pasado. Se centra en la convivencia entre Sasuke y Sakura de niña.

Términos dentro de DDS:

—Auras
Cada ser vivo contiene energía vital y esto mismo los diferencia de los demás. Los grupos se diferencian de los otros conforme a los poderes que resguardan en su cuerpo, al igual que el alma. Los que pertenecen al otro mundo (Cazadores, Seres Sobrenaturales y Demonios) pueden ver las auras por unos escasos segundos, parpadea entornó a la silueta del individuo.

—Clasificación y color de aura

Humano: azul celeste.

Cazador Puro: blanco.

Cazador Impuro: morado.

Lobo: rojo.
Vampiro: gris.

Felino: verde.

Mestizos-Híbridos: negro.

Ribus (demonio inferior): naranja.

Medium (demonio intermedio): amarillo.

Exoctis (demonio único en su especie): café.

—Fujunan'a hanta
Significa "cazador impuro" un título irónico conforme a la situación. Son Mestizos que se someten a un riguroso entrenamiento en los cuales se especializan en el arte de proteger a quien los contrate. Mayormente sean demonios o Seres Sobrenaturales. Es un oficio antiguo que se remota a los principios de su existencia, pues cobran por sus servicios y ejercen cualquier trabajo que se les presente. También son mercenarios, intermediados de información al mejor postor.

—Clanes de Cazadores Puros
Son los encargados de proteger la paz de los humanos como se mencionan en el prólogo. Hasta ahora se han mencionado cuatro Clanes: Haruno, Uchiha, Uzumaki y Hyuuga.

—Clanes de Cazadores Impuros
Son Cazadores con líneas de sangre derivados a los Clanes Puros. Sus poderes no son nivelados y son consideramos como "apoyo" para los Clanes; no son muy numerosos por lo que no tienen un lugar como tal en la categoría.

—Consejo Real
Es un conjunto de Cazadores Puros e Impuros que dictaminan las leyes en el Mundo Sobrenatural cual pertenecen. Tienen la función de juzgar a cada Cazador por sus actos cometidos dando una sentencia cómo castigo.

—Akatsuki
Son un grupo de Demonios y Seres Sobrenaturales de distintas especies. Antes se encargaban de ser intermediados de información entre guerrillas —siendo partícipes las mismas especies—. El Clan Haruno fue el encargado de darles caza, y se cree que por ello el Clan fue eliminado. Hasta ahora uno de sus objetivos es eliminar a los Haruno sobrevivientes y atrapar a Haruno Sakura con vida.

—Hoka No Sekai: Es la dimensión entre la tierra y el infierno. Únicamente las criaturas sobrenaturales o Demonios pueden ingresar, pocas veces lo hacen los Cazadores ya que ellos no tienen acceso a ese mundo que fue creado por los brujos como escape a sus persecuciones.

—Natus: son catalogados como no-natos. Significa: Alma. En esencia son las almas de los primeros brujos y todos los Mestizos que les dieron cobijo después de la caía de Jiyu.


|23|
Un arma de doble filo

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2002.
Eastern Ontario, Canadá.
Noviembre.

El frío exterior nunca le pareció tan entretenido. Contemplando a través de la ventana del automóvil los árboles desnudos en una evidente muerta de que pronto comenzaría el invierno, lanzó un pequeño gruñido de satisfacción. Si le preguntan cuál era la estación del año que le agradaba, contestaría —o, mejor dicho, pensaría porque no revelaría algo tan banal— que el invierno le agrada. Su temperatura corporal elevada se refrescaba ante el clima bajo.

Un tanto aburrido y sin apartar la vista de la carretera hasta que reparó en los árboles comenzaron a manifestarse a masa desde hacía unos kilómetros atrás, por lo que le ganó la curiosidad en indagar su destino que en un principio no le importó.

—Y me pregunto… —habló por primera vez el muchacho desde que salieron de la última gasolinera.—. ¿A dónde demonios me vas a refundir, Kakashi?

—No comas ansias, Sasuke.

Su respuesta no lo dejó satisfecho. Fruncimiento de nariz, permaneció callado durante el resto del viaje. Pensando y considerando su destino. Aceptó hacer el viaje con su mentor para alejarse de sus hermanos, ya bastante tenía en mortificarse asimismo ante la muerte de Mikoto y no tenía ánimos de lidiar con las caras largas y llenas de compasión de Hikoro e Itachi.

El dolor por la muerte de su madre no disminuyó ni un poco todos estos años. Cada noche los recuerdos lo atormentan en pesadillas, no permitiéndole un sueño placentero, no recordaba cuando fue la última vez que durmió a gusto y presentía que ese momento no sería próximo.

Encontró consuelo en sus noches de vela en la luna en lo alto del cielo y las estrellas que lo rodeaban. De niño creía firmemente que ellas eran las almas de sus seres queridos que lo cuidaban desde lo alto; en el presente, se reía descaradamente de sus pensamientos ingenuos de ese entonces y, pensaba amargamente, que los Mestizos no podían ir a ningún lado.

Tan sumergido yacía en sus pensamientos, que al darse cuenta se adormeció bajando la guardia evidenciando la confianza entera a Kakashi. Él era el único que gozaba de tal privilegio, y esperaba que no cambiase.

Unas horas después, abrió los ojos descubriendo que el cielo se teñía de oscuridad y el automóvil se detenía en la entrada unas enormes puertas de madera rodeados de altos árboles que lo protegían de los curiosos, conformando una barrera. Custodiados por centinelas de diferentes auras, uno de ellos bajó de un brinco y Kakashi salió no sin antes indicarle que se mantuviera en silencio.

No les prestó atención, estaba más concentrado admirando las puertas de madera. Entrecerrando los ojos sin dejar escapar un detalle y sospesando el lugar. Pronto las puertas fueron abiertas hacia afuera de par en par y Kakashi regresó e hizo avanzar el auto.

No demostró su sorpresa al ver hileras de casas extenderse por el terreno, no había calles indicadas, solamente los caminos irregulares dónde varios niños que desprendían mayormente auras negras se divertían entre juegos infantiles; parejas, hombres y mujeres, caminando de lo más normal sin importarle el color del aura del otro.

Ver a varias criaturas, de todo tipo convivir entre sí, yendo a pequeños puestos y comprar diversas cosas lo impresionó. ¡Incluso le pareció ver auras blancas! Casi saca la cabeza por la ventana en son de verificación a que sus ojos no lo traicionaban. Sin poder esconder su incredulidad, volteó de inmediato al Cazador a su lado.

—¿Qué es este lugar? —exigió saber y antes de que le respondiera, intervino—. Y no quiero escuchar estupideces de: "ya verás" porque no estoy de humor.

—Tú nunca estas de humor. —Kakashi detuvo el auto en la entrada de una casa de dos repisas estilo japonés; la acera se extendía a lo largo del pequeño jardín. Se volvió al chico y le sonrió con tranquilidad. Lidiar con su carácter era difícil, pero no imposible—. Dime, ¿dónde viviste parte de tu niñez?

Sasuke se extrañó por la pregunta que no venía al caso, alzó las cejas de forma interrogante y movió su mano enfundada por los guantes de nudillos que siempre portaba consigo.

—En Jiyu.

—Aquí viven los sobrevivientes de la aldea—reveló impactándolo. Sasuke recuerda vívidamente esa guerra, aunque hubiese ocurrido siglos atrás; lo hacía tanto que podía sentir el fuego sobre sí y la angustia en su pecho al ver su hogar volverse cenizas—. Después del ataque fundaron otra aldea, pero aún más pequeña. No aceptan a muchos, pero nosotros pasamos ya que ellos me conocen.

—Privilegios ¿eh? —murmuró él sin emoción en su voz.

—Como lo veas, es un lugar seguro y tranquilo para vivir.

Sasuke no habló más.

—Estaremos viviendo con mi hermana y su familia.

Al parecer esa idea no le agrado del todo al azabache, ya que lo vio arrugar la nariz en inconformidad.

—Pensé que Hana estaba muerta. —Este chico no tenía nada de tacto al hablar.

—Pensaste mal. Sigue viva y tiene una hija —siguió explicando mientras bajaba del automóvil en busca de sus maletas.

Apoyó la cabeza en el respaldo y se permitió descartar las posibilidades de que este viaje haya sido en vano. Por lo menos aquí podría despejar su mente y olvidarse por un momento que tenía un montón de enemigos detrás de él y su vida peligrando a cada maldito segundo que respiraba.

Llenó de aire fresco sus pulmones y se bajó del auto, buscó al Cazador con la mirada y se percató de que tocaba la puerta de la casa en la que se estacionaron. Sus botas resonaron por el camino hasta que quedó a su lado al mismo tiempo que la figura de una mujer se asomaba en el umbral; un mísero instante quedó impactado al ver sus ojos azules que se fijaron inmediatamente en él.

Sonrisa cálida, le recordó a su madre: le estaba ofreciendo una sonrisa maternal.

Fue testigo de cómo la mujer abrazaba a Kakashi y vitoreaba a su alrededor de lo feliz que se encontraba de verlo vivo. Después no dudó en hacerlos pasar, y una vez adentro, se acercó demasiado a él, tuvo que retroceder unos pasos abrumado por la calidez que profesaba.

—Ella es mi hermana mayor, Haruno Hana —los presentó Kakashi—. Y él es Uchiha Sasuke.

—Koizumi Sasuke —corrigió de inmediato el aludido sin esconder su irritación ante el apellido de su supuesto progenitor.

Hana sonrió amablemente mientras extendía su mano para formalizar el saludo. La observó discretamente, su cabello rosado caía en cascadas hasta debajo de la cintura y su ropa acogedora, portando encima un delantal blanco y calzando unas pantuflas del mismo color.

—Un gusto, Sasuke-kun. Es placer recibirte en casa, quédate todo el tiempo que necesites.

Reaccionó en una tosca y cínica sonrisa no respondiendo el gesto, en vez de ello, apoyó una mano en su cintura en una pose que aparentaba despreocupación.

—Solamente una loca estaría a gusto teniendo a un asesino durmiendo bajo el mismo techo que su familia.

La de cabellos rosados no se ofendió ante el comentario, sus gestos detonaron tristeza al escuchar cómo el joven se expresaba de sí mismo.

—¿Qué eres en realidad?

—Una carga para el mundo, una desgracia para los Cazadores.

—Pues yo no te veo exactamente como una paria —renegó Hana retomando su sonrisa—. Yo veo a un joven encantador.

Sasuke bufó ladeando el rostro, sin moverse aún.

—Deja que asesine a alguien y veremos si sigues opinando lo mismo —expresó indiferente.

—¿Quién matará a quién?

La voz áspera de Kizashi se presenció en el umbral de la puerta, su aura roja no intimidó para nada al muchacho. Portaba una apariencia tosca, un extraño cabello fucsia y unos ojos verdes brillantes cuales cambiaron a rojo carmesí en un instante, el bigote le quitaba toda apariencia terrorífica viéndolo alguien más tosco de lo que ya de por sí era. De su mano venía aferrada otra pequeña presencia.

Prestó más atención. El Vampiro entró a la sala en compañía de su primogénita. Cuando Kakashi mencionó a la hija, jamás imaginó de que se trataría de una niña que no parecía aparentar más de ocho años, quizás tendría los mismo de edad o más. El aura negra relucía alrededor de su cuerpo, poseía una cabellera avellana y los mismos ojos verdes del Vampiro, a diferencia que estos brillaban alegres.

Curiosidad. Sasuke experimentó esa sensación al toparse con la niña. Obviamente era parte Vampiro, lo cual el hecho en sí era muy inusual ¿cómo seguía con vida? Se preguntó retorcidamente si la alimentaban de sangre u magia para mantenerla con vida.

—Nadie matará a nadie —rectificó Hana girándose a su esposo. Sonriéndole para tranquilizarle, luego se fijó en su hija que venía ligeramente escondida detrás de la espalda de su padre, asomando su cabeza ante la presencia de un desconocido—. Ven, Sakura. Quiero presentarte al amigo de tu tío.

Continuó en silencio y observando. La niña le indicó un gesto a Kakashi en saludó que prometía un abrazo próximo y se acercó a él junto a Hana. Quiso, en ese momento, apartarse. Él no era participe de convivir con infantes de ningún tipo; expresó parte de su descontento frunciendo el ceño y el Cazador lo percibió, pero no dijo nada. Y no era un desagrado de asco, más bien, él no se sentía realmente cómodo alrededor de criaturas pequeñas llenas de inocencia y destilando pureza cuando él era un repugnante ser impregnado de maldad.

—Cariño, él es Sasuke-kun y se quedará un tiempo con nosotros. —La mujer se agachó a su lado, hablándole gentil—. Así que hay que hacerlo sentir como en casa.

Agradecería que fuera todo lo contrario, pensó el moreno, pero no lo expresó en palabras.

—Un gusto, Sasuke-kun. —Su voz un tanto chillona e infantil, sonriéndole de esa misma forma. En ese instante, lo asimiló como un rayo de sol, así de puro—. Soy Sakura ¡también podemos ser amigos!

Miró la mano de la pequeña que extendió a su dirección y luego entrecerró los ojos. En verdad no quería tocarla, pero movió su brazo sabiendo que Kakashi lo observaba y no quería pagarle con desaires a su familia el favor que le hacía en permitirle viajar con él. Hacerle desaire a Hana era una cosa, sin embargo, a la niña no le parecía justo.

Y mientras pensaba al aire si acaso él se vio así de inocente cuando confío en su padre e intento asesinarlo, ocurrió. Si hubiera sabido lo que sucedería a continuación, mejor para él si parecía grosero.

En el momento que tomó su mano y los segundos transcurrieron, Sakura borró la sonrisa de su rostro y sus pupilas cambiaron a negros, al principio le intrigó y creyó que se trataba de algún rasgo de su procedencia como Mestiza. Pero después ella lanzó un potente grito que estremeció hasta sus huesos. La soltó de inmediato y admitió internamente que lo conmocionó.

Los padres de la pequeña se movieron a ella quién se aferraba a Hana, tomándose de la cabeza. No parecían tan alterados, como si la situación ya se hubiese sucedido con anterioridad.

—¡Sangre! ¡Hay mucha sangre…! —sollozaba sin parar Sakura—. Tengo miedo, mamá. Mucho miedo… Duele tanto, ¡duele!

—Shhh. —Hana le acariciaba su cabello sin parar, intentando mitigar su llanto—. No es real, son sólo recuerdos.

Sasuke se miró las manos con perturbación. ¿Él le había hecho daño con sólo tocarla? Ya no sólo sus acciones provocaban daño, si no que él mismo destilaba muerte.

Ese día, le quedó una cosa en claro: no tocar a la niña por nada del mundo, aunque no entendiera el porqué de sus reacciones. Lo descubrió más tarde cuando se hubieron sentado en los sillones y Sakura dormía en las piernas de Hana. Él no apartó la vista de Sakura en ningún momento, intentando descifrar el enigma.

—Sakura puede ver el pasado de las personas —confesó la Cazadora.

—¡Hana! —le reprendió el Vampiro a su lado, lanzándole miradas de soslayos llenos de recelo—. No podemos revelar este secreto a la ligera, y menos con… él.

Para Sasuke no pasó desapercibido que su presencia no era del todo de agrado para el patriarca. Iba a lanzar un comentario mordaz, pero Kakashi le puso una mano en su hombro disimuladamente y tuvo que contenerse.

—Sasuke es de fiar, por algo mi hermano lo trajo consigo —reprendió Hana ante la actitud renuente de su esposo—. Y entiendo que esté confundido, ha de pensar que dañó a nuestra Sakura sin ser consciente y tiene dudas.

Sí, tenía dudas, pero tampoco era que quisiera obtener respuestas. Despegó su vista de la niña que continuaba durmiendo plácidamente en ignorancia a la conversación que sostenían sobre ella.

—No debería estar viva —dijo de pronto él, alzando sus ojos a Hana que pareció sorprendida por sus palabras—. Es mitad vampiro ¿no? Los de su especie tienen complicaciones para vivir. O se vuelven locos por su sed de sangre y se descontrolan, o tienen que sacrificarlos.

La Cazadora soltó una risilla.

—No tuvimos que recurrir a nada de eso en estos tres años —dijo acariciando sus cabellos. Así que tiene tres años, pero parece demasiado lista y su apariencia es mayor, pensó Sasuke—. Es un milagro. Mi milagro.

Hana no pasó por alto la risa irónica del chico mientras este se cruzaba de brazos. La sombra de la tristeza y dolor se asomó en sus ojos negros. Así que Hana no dudó en cuestionarlo.

—¿Crees en los milagros?

Aquellos ojos azules vibrantes, una cabellera rosada similar a las flores de cerezo. La esencia perfecta de un ser puro. Todo era luz a su alrededor, al igual que esa niña que dormía en sus piernas, tan sólo teniendo contacto con él fue dañada, corroboró su existencia.

Todo lo contrario, a él. Desprendía muerte en todos sus poros y la sombra de la desgracia se ceñía en su persona.

—¿Creer, dices? Los milagros los concede Dios, y por lo que tengo entendido, soy una criatura que aborrece. Una plaga en su paraíso perfecto —escupió destilando su rencor a los cuatro vientos.

Unos ojos dolidos dejan entrever el sufrimiento de décadas, un saco muerto sobre sus cansados hombros.

—No por ello estás exento.

—He arrebato miles de vidas, soy un asesino.

Los pecados que ha cometido. Tantas vidas inocentes arrebatadas. Nada de eso desaparecería de sus memorias y suponía que tampoco de las de Sakura que apenas era una niña. Sus manos manchadas de sangre las veían aún si estaban limpias a simple vista.

—Incluso del peor asesino Él tiene misericordia. —La mujer seguía insistiendo, pero él ya no tenía esperanza en nada.

—Pero no de un maldito Mestizo.

La mezcla entre el bien y del mal reside en él, y en todo aquel que tenga esa mezcla de sangre.

Incluso Sakura.


Diciembre.

La nieve trajo consigo más soledad. A pesar de estar viviendo bajo el mismo techo que los Haruno, pareciera que no vivía ahí. Salía todos los días al amanecer a peinar la zona de los bosques a las afueras de la aldea, perdía el tiempo entrenando o procrastinando hasta que llegaba el anochecer y volvía; se subía al tejado de la casa y miraba el cielo nocturno en silencio.

Pocas veces su rutina se veía interrumpida por Hana que subía a insistirle en acompañarlos a cenar y él se negaba rotundamente; o Kakashi, que se sentaba a su lado a hacerle compañía, respetando su espacio.

A Kizashi simplemente lo ignoraba y este no tenía reparos en responder e incluso lo atrapó varias veces refunfuñando ante su presencia.

Y Sakura…

Pensar en esa niña le traía mal recuerdo. No se acercaba mucho a ella en el último mes y la evitaba a toda cosa. No quería que siguiera hurgando su pasado, admitía que tenía cierto temor a que ultrajara alguna memoria preciada para él. Aunque hasta ahora nadie sabía que vio la única que vez que la tocó; intrigado, pero más precavido, supo manejar la situación hasta que, días atrás se topó con ella jugando en medio de la nieve cuando iba de salida. Pronto captó su presencia y se acercó a él.

—Ven ¡juguemos un rato! —Su vocecita destilaba su emoción, tomándolo del brazo descubierto y tirando de él en contra de su voluntad hasta el muñeco de nieve que había formado.

—No pienso jugar contigo —respondió en contra de sus pensamientos que le dictaban quedarse callado y alejarse sin más.

Sus ojitos verdes expresaron su desconcierto.

—¿Por qué? ¿No te gusta la nieve? ¿Te da frío? —preguntó dándose cuenta de que no lo cubría nada abrigador. Sasuke no contestó—. ¡Si quieres te presto mi bufanda!

Y dicho y hecho, comenzó a quitarse la bufanda.

—No, solamente aborrezco estar cerca de ti.

Sus palabras la hirieron y su expresión le pareció similar a un perrito que fue pateado en medio de la calle. Su corazón se estruja y por un instante se arrepintió, pero no lo suficiente. Poniéndose de cuclillas, se posicionó frente a ella y la miró de frente.

—Dejemos esto en claro, chiquilla. Es mejor que no te acerques a mi si no quieres terminar traumada de por vida. ¿Quedó claro? Eres lista y sabrás lo que te conviene.

Sabía que no debió decirle esas palabras a la niña. Ahora se mortificaba solamente un poco al ser cruel. Con los ojos cerrados y dejando que el frío calara en su interior, se permitió pensar que quizás no fue la mejor manera de tratarla. Era una niña, pero bastante lista y sin necesidad de advertirle se hubiera alejado.

Jaló la gabardina y se la puso encima girando a su franco derecho y observando la calle. De un momento a otro, frunció la nariz cuando el aroma de Sakura rompió el espacio junto a otra presencia desconocida para él. Se incorporó a medias, Hana era muy recelosa con su hija que no se la dejaría a cualquiera. Así que no dudó en bajar por la parte trasera de la casa y adentrarse aún con las botas puestas.

Pronto el jadeo de Hana inundó la sala y no dudó en ir hasta allá impulsado por su intriga. Se topó con la escena bastante singular de Hana arrodillada en la entrada de la casa abrazando un oso de peluche, Kizashi a un lado apretando los labios y puños y Kakashi intentando que la mujer se tranquilizara. En el umbral yacía un hombre desconocido que los veía con pena.

Se atrevió a acercarse.

—¿Qué sucede? —se hizo notar e inmediatamente Kakashi reaccionó y ladeó su vista sobre el hombro.

—Sakura desapareció —dijo él observándolo lleno de dolor—. Solamente fueron unos minutos en los qué salió a buscar la correspondencia el buzón.

—Encontré el oso de peluche tirado en la nieve —interrumpió el hombre desconocido. Su aura azul lo delató como un humano—. Venía a invitarla a la fiesta de mi hijo, pero…

—Mi bebé. —Hana casi gritó, hipando con fuerza, se giró a él como si hubiese recordando algo importante—. Sasuke, eres mitad lobo ¿verdad? Ayúdame a encontrar a mi pequeña, por favor…

El chico apretó los dientes ante su súplica.

—No soy un centro de beneficencia.

—¡Por favor Sasuke!

—¡Hana! No le supliques a este malnacido. —Kizashi expresó su odio a él por poner a su esposa en una situación humillante. Sus ojos rojos brillaban intensamente, amenazándolo en silencio—. No vale la pena, yo mismo la encontraré.

—Pagaré por tus servicios. —Estaba desesperada que incluso ignoraba a su esposo—. ¡Te daré lo que sea con tal de que traigas a mi hija de regreso!

Los ojos de Sasuke se oscurecieron al presenciar la angustia de la mujer. Aquel dolor que solo una madre sufre por su hijo e inconscientemente recordó a su Mikoto. ¿Cuántas angustias no le causó cuando salía por la puerta con rumbo incierto? Ahora lo veía reflejado en la Cazadora por su hija perdida, ¿estaría pagando con su ausencia todo el sufrimiento que le causo en vida?

Cerró los ojos unos segundos sin dejar de escuchar los sollozos, cediendo a esos impulsos que les pedían a gritos actuar. Sin saber cómo, sin saber porque, también fue guiado por ellos.

—De acuerdo —sentenció abriéndose paso entre las cuatro personas de la casa hasta salir.


—¿Qué encontraste? —Fue lo primero que preguntó Hana en cuanto Sasuke puso un pie de regreso en la casa unas horas después de que cediera. Cubierto de nieve y un rostro pulcro, se quitó los restos de la nieve sobre los hombros.

—Su rastro me guio hasta el profundo del bosque y terminó en un acantilado. —Las noticias de Sasuke no parecían buenas, a Hana casi se le cae el peluche tras escucharlo—. No hay ningún rastro en el fondo, lo que es más extraño.

—Eso quiere decir que aún puede seguir con vida —se apresuró Kizashi.

—Quizás. Hay dos posibilidades. —Estiró sus dedos enfundados en guantes de nudillos—. La primera: que la hayan asesinado y reducido a cenizas sin dejar rastro alguno. —Sí, él no tenía pelos en la boca para decir la verdad por más dura que fuera, obteniendo un gemido de susto por parte de Hana, aterrada por esa posibilidad—. Y la segunda: dejaron ese rastro como distracción. Y, personalmente, considero que es la segunda.

—¿Cómo estás seguro? —Kakashi se atrevió a preguntar.

—Encontré indicios de luchas en el bosque, especulo que fueron dos demonios que al final terminaron pelando por quién se quedaría con Sakura. Además, dudo que ustedes la hayan entrenado y no había sangre de ella por ningún lado. Si hubieran querido asesinarla, no se molestarían en ocultar la escena cuando tiene su objetivo claro. Quiere decir que la mantienen con vida.

Su sentencia alivió los hombros de los tres.

—Por lo menos sabemos que sigue con vida —murmuró Kizashi bastante intranquilo ante el paradero de su hija—. ¿Tienes idea de qué la secuestró?

—Quizás un Medium —espetó pensativo y en desagrado—. Es bastante astuto, ha ocultado muy bien su aroma, por poco y no lo detecto.

—Pero quien sea que haya sido, seguramente ya no se encuentra en el bosque.

—¿Quién podrá haber sido? —murmuró Hana angustiada.

—Alguien quien desee su destrucción. —El Fujun'na hantā se giró al Vampiro—, y esa criatura debió de ser de aquí dentro. Este lugar tiene una seguridad bastante escrita ¿no? Si alguien hubiese entrado ya nos habríamos enterado.

—¿Alguien de adentro? —Hana parecía realmente sorprendida—. Aquí nadie nos traicionaría.

Sasuke lo miró duramente. Pero Kakashi fue quién habló esta vez.

—Dijiste que Sakura nunca ha salido de este lugar, así que es imposible que alguien de afuera la conozca —redujo al instante impactando al matrimonio Haruno—. Alguna criatura de adentro tuvo que decir algo.

Permanecieron en silencio con la mente trabajando a mil por hora intentando sobreponerse al sentimiento de angustia que inundaba sus corazones al no saber del paradero de la pequeña. Teniendo su única esperanza en el chico frente a ellos, que, aunque no pareciera a gusto con su participación, sabían qué hacía todo lo posible para ayudarlos.

El chico soltó un impecable suspiro, llenándose de la paciencia que carecía. De un momento a otro se halló ansioso, mientras más tiempo transcurriera la niña se encontraba en peligro.

—Si quieren encontrar a su hija les recomiendo que me den una lista de posibles personas con las que hayan tenido diferencias en este lugar.

La búsqueda de su primer y último sospechoso culminó cuando se aproximó a la casa de un hombre Felino que anteriormente tuvo un altercado con Hana debido a opiniones diferentes conforme a la organización del pueblo; quedando en rencor a la mujer ya que su propuesta fue aceptada y la de él no. La envidia hablando.

Bastó para que se detuviera frente la puerta y detectara el ligero aroma de Sakura. Pateó la puerta sin reparos y se adentró con rapidez al lugar encontrándose al Felino a punto de huir por la ventana trasera.

—Ni siquiera lo intentes —gruñó.

Arremeto en su contra jalándolo desde atrás. El Felino maulló del susto y giró en el aire atacándolo con sus garras, Sasuke lo esquivó ágilmente y en un santiamén, ya se encontraba inmovilizándolo en la pared aprisionándolo del cuello. Grito y escupida, el hombre se removió asustado ante su presencia.

—¿A dónde ibas con tanta prisa? —Le preguntó bastante sereno disfrutando del temor reflejado en los ojos amarillos.

—Que te importa, Mestizo —dijo intentando patearlo, pero Sasuke estiró su otra mano y la enterró en sus costillas, otro grito y la sangre salpicó en el suelo. Él era brusco y despiadado con sus enemigos.

—¡Sasuke, detente! —exclamó Hana entrando a la casa, y, tras observar la escena no dudó en acercarse e intentar intervenir.

El aludido la ignoró, retiró su mano, la sangre impregnada en sus dedos desprendían un hedor asqueroso.

—Sólo te lo preguntaré una vez: ¿En dónde está Haruno Sakura?

—No sé de qué me hablas.

—Ah, ¿no sabes? Entonces déjame refrescar tu memoria.

Las alarmas de peligro se dispararon en los instintos del Felino. Antes de que pudiera hacer algo al respecto, su cuerpo se encontró contra el suelo y una espada enterrada en su costado mandándole descargas eléctricas que le hacían imposible moverse. Encima el chico inmovilizándolo y con la otra mano estirada a una distancia prudente, tronando los dedos antes de que el fuego impregnara su piel. ¿¡Fuego!?

—Creo que no te molestará si te rostizo el rostro. Discúlpame por utilizar este método, pero tengo el tiempo limitado —dijo en un tono condescendiente, acercándole la mano al rostro, sintió el calor abrasante y quiso huir, desesperado. Morir calcinado no sería nada grato.

—¡Eres un demente! ¡No sé de qué estás hablando! —Se removían intentando zafarse, pero el chico lo tenía completamente inmovilizando.

—¡Sasuke! —Hana gritó desde atrás obligándolo a detenerse—. Es suficiente. No fue él.

—Créeme, Hana, este hombre ayudó a su secuestro —murmuró el chico seguro. El Felino seguía expresando temor; pero inquebrantable a querer hablar.

Se cansó de ser gentil. Sasuke viró ligeramente el rostro a Kakashi, como si le estuviera pidiendo permiso para su siguiente movimiento. Al obtener un asentimiento de cabeza del Cazador, entrecerró los ojos y se alejó un momento. El Felino creyó que ya había acabado la tortura, lo vio en sus facciones blandas.

Cuán equivocado estaba.

Volvió a él para desenterrarle la espada y alzarlo. Lo inmovilizó contra la pared y lo miró a los ojos. La transición de negros a escarlata fue tan rápida que apenas se percató.

El Sharingan reluciendo en los ojos del joven y la sonrisa siniestra que le dedicó fue lo último que vio. Todo a su alrededor desapareció, encontrándose en un campo de peste y cuerpos putrefactos. Se llevó las manos a su nariz intentando escapar de la escena, corrió y corrió, pero no avanzó nada. Pronto soltó un potente grito al sentir manos emerger del suelo y tomarlo de las piernas, queriéndolo jalar al infierno infinito, rasgándole la piel con sus golosas garras, prendiendo fuego a su cuerpo y el dolor era insoportable. Los rostros de los Demonios sin forma y numerosos rostros; hablándole en voces distorsionadas.

—¡Aléjense, váyanse!

Fuera de la ilusión, el Felino gritaba sin cesar. Sasuke aún seguía mirándolo fijamente, y cuando decidió que fue suficiente, lo sacó de la ilusión. El hombre respiraba agitadamente y se tocaba el pecho ante la sensación que tuvo de que le abrían el tórax con gruesas garras.

—¿Y bien? —El rostro estoico del chico le infundo más miedo, sobre todo el Sharingan que giraba sin parar, ansioso de someterlo a otra ilusión. Continuó callado y Sasuke entrecerró los ojos, ladeando el rostro—. Puedo seguir toda la noche. Te torturaré hasta que desees mejor estar muerto, pero no te daré ese privilegio.

Y sus ojos brillaron.

—¡Alto! ¡Alto! ¡Te diré todo lo que quieras, pero no me sometas a otra ilusión!

Justo lo que quería escuchar. Lo soltó dejando que resbalara por la pared hasta caer de sentón al suelo. Se colocó a su estatura, observando al hombre intentar fundirse con la pared, atemorizado a que lo sometiera a otra ilusión.

—Un demonio me ofreció mucho dinero por ella, no quería a otra —empezó a hablar a voz de hilo.

—¿Por qué?

—Sólo dijo que… —Tragó dolorosamente—, era parte de la Rama Principal del Clan… y podría devorarla para obtener sus dotes.

Fueron interrumpidos por el chillido de la madre. Sasuke viró su rostro y presenció como la Cazadora estuvo a punto de abalanzarse sobre el Felino y matarlo ella misma; sus ojos azules brillaban llenos de odio y coraje. Sin embargo, su esposo la detuvo a tiempo, abrazándola por detrás antes de que realizara su cometido.

—Hana, contrólate —le ordenó Kizashi autoritario.

—¡Eres un desgraciado! ¡Es mi hija de quien estás hablando, de mi niña! —gritaba desconsoladamente, en un llanto horrible y desgarrador para los oídos del joven—. ¡¿No pensaste que sólo es una niña y no sabe nada?! ¡Regrésame a mi hija!

—¡No tuve elección! ¡Era ella o mi esposa!

Así que hizo un cambio, pensó el Mestizo entrecerrando los ojos.

—¿Encubrirás la información de cómo es el Demonio?

El Felino chillaba de dolor y el rostro impasible de su atacante no ayudaba en nada más que infundir terror a su mente no permitiéndole pensar con claridad. Apretó los dientes y volvió a emitir sonidos extraños parecidos a maullidos.

—Un Medium… nunca lo había visto, pero estaba en su forma humana. Era alto, muy alto, cabello largo, un intenso rojo como la sangre y los ojos… eran completamente negros… —Se calló un momento, pero se obligó a proseguir ya que el portador del Sharingan sonrió de lado inclinándose a él con intenciones oscuras en su mirada. Incitándolo a continuar—… De piel clara con muchas pecas, cejas pobladas y unos dientes amarillos muy puntiagudos.

—Tienes una lengua muy larga para soltar la información sin más —se burló el chico sin intenciones buenas—. ¿También serás tan amable de decirme a dónde se la llevo?

—Dijo que lo esperaría a otro camarada, cerca de Merrickville, en una iglesia católica abandonada…

—¿Será verdad o será mentira? —se preguntó ladeando su rostro sin apartar su vista de él—. No importa cuál sea el resultado, espero que no pensaras recibir entero a tu esposa. Le asustara mucho solo ver tu cabeza.

—¡Estás demente! —finalizó gritando a todo pulmón—. ¡Un engendro del mal!

—En eso te doy la razón —dijo fríamente—. Sólo te advierto una cosa: si Sakura aparece muerta, la ilusión que experimentaste quedará pequeña al lado de la que te someteré.

—¡MALDITO!

Le propinó una patada en el rostro que lo dejó inconsciente, descargando así su furia reprimida. La compasión se había ido a vacacionar y él no tenía ganas de traerla de regreso. El tiempo corría y debía darse prisa antes de que fuera demasiado tarde.

Se acercó a la Cazadora que estaba más tranquila en los brazos de su esposo. Le ofreció una mirada significativa.

—Preparen una cálida bienvenida para la chiquilla, le será gratificante.

Luego pasó de largo fuera de la casa. Escuchó a Kakashi pedirle que tuviera cuidado y él alzó la mano en gesto de que lo haría. Rescataría a la niña sin que muriera en el intento, pan comido. Y pensar que probablemente en estos momentos estaba atemorizada, temblando de miedo y pánico, así como él lo estuvo alguna vez.

¿Cuántas veces lo secuestraron de pequeño por ser el hijo bastardo de Fugaku? Le faltaban dedos para contarlo. Lo único que sabía era que perdió la cuenta ya hacía bastante tiempo.


Encontró la iglesia que el Felino mencionó. La vislumbró desde las copas de los árboles. La nevaba disminuyó de intensidad, por lo que logró hacerlo sin ningún inconveniente. Desde ahí visualizó el techo adosado y deteriorado de la construcción a la que antes de le llamo iglesia, tan abandona y descuidada.

Cuando una iglesia contaba con una poderosa unción, criaturas como la Sombras no se acercaban a menos de diez kilómetros a la redonda, pero ahora los podía ver a menos de dos kilómetros, agazapados en la oscuridad a espera en que la protección de la divinidad abandonara por completo la iglesia. Patéticas y débiles criaturas, pero si no tenía cuidado, en masa le causarían problemas.

Se desplazó por los árboles y aterrizó frente a las puertas de madera carcomidas y caídas. A medida que avanzaba el repugnante olor que caracterizaba a los Demonios se hizo presente, azufre y huevo podrido, su nariz sensible apenas lo soportaba. Cruzó las rejas oxidadas que protegían la entrada al espacio de oración, fue ahí que sintió la opresión de su pecho y su respiración acortarse.

Deteniéndose en medio del camino, rodeado de bancos y energía espiritual, alzó la vista al frente. La figura del Cristo sobre la cruz se mostraba imponente obligándolo a entrecerrar los ojos y agachar la cabeza un poco, ni siquiera él podía ignorarlo.

—Sé que te repugno, tú conoces todos mis pecados. Pero si me vas a matar, hazlo después que rescate a la niña —murmuró mirándolo gélidamente.

Claro que él creía en la existencia de ese Dios que todos predicaban que era misericordioso. Las Sagradas escrituras profesaban de su amor infinito, debieron agregar en letras pequeña del contrato que ese amor incondicional solamente era brindado a los Humano y Cazadores, no a la mezcla infame de dos criaturas; como él, su alma yacía condenada al infierno.

Trato de ignorar su sentir y se deslizó al pasillo a su derecha siguiendo el aroma de Sakura. La entrada daba acceso a varias habitaciones que antes habían sido ocupadas por padres y curas; su nariz olfateaba todo, captando el aroma putrefacto evidenciado la presencia de los Demonios.

Se detuvo de golpe al escuchar voces distorsionadas y retrocedió dos pasos hasta dar con la puerta más cercana y se adentró, cerrando suavemente la puerta a sus espaldas y soltando un profundo suspiro quedo, no imaginó que la misión fuera difícil. Estar en un lugar donde aún se sentía la energía espiritual no era del todo reconfortante, era una broma de mal gusto. Ni siquiera sabía cómo los Demonios estaban soportándolo.

Pronto se preocupó sin darse cuenta ¿Cómo estaría soportándolo Sakura? Él lo hacía pues contaba con entrenamiento de décadas, pero ella…

Tensó los músculos al percibir un movimiento proveniente de la esquina. Se incorporó de sopetón y olfateó, antes de que su nariz le diera la respuesta, un borrón marrón se asomó entre las cajas viejas que estaban apiladas en la esquina y unos ojos verdes lo observaron, al principio llenos de terror cuales cambiaron a alivio y seguridad al reconocerlo.

—Sakura. —Expresó él aliviado no dudando en acercarse. Para su sorpresa, la niña se levantó y corrió a su dirección para abrazarlo. Se quedó inmóvil sin saber cómo reaccionar.

—Sasuke-kun, tengo mucho miedo. Ellos van a comerme —decía en susurros temiendo a que los escucharan.

El chico sintió una opresión horrible en el pecho, se mintió diciendo que fue a causa de la energía espiritual cuando sabía que no lo ocasionó aquello. El miedo de la niña logró tocar una fibra sensible de su ser, haciéndole recordar memorias que prefería enterrar. Finalmente cedió y cargó a la niña en brazo cuidando de no lastimarla con la espada.

Ojos verdes que lo miraron con esperanza, le acarició fugazmente su cabello.

—Te sacaré de aquí.

—¿En serio?

Asintió, caminando a la ventana para abrirla.

—Sí. Tus padres te esperan en casa con la cena lista.

La sonrisa débil que le dedicó la niña le reconfortó. Así que no esperó más para salir por la ventana y correr con ella hasta el bosque, buscando un tronco hueco dónde dejarla unos minutos cuando mucho. No recorrió demasiado hasta que dio con lo que buscaba, la bajó, envolviéndola en su gabardina al verla temblar deliberadamente. Al parecer era muy sensible al frío.

—Entra al tronco —le ordenó. La niña obedeció, pero aún aferrada a su brazo.

—¿A dónde vas? ¿Por qué me dejas aquí? —cuestionó ella al borde de las lágrimas—. ¡No quiero estar sola!

El llanto que se desató, para su sorpresa, no lo desesperó más bien le causó dolor el que estuviera sufriendo. La tomó por sus pequeños hombros y le frotó los brazos sobre la gabardina, emitiendo el sonido que recordó que Hana hizo alguna vez en un intento de serenarla.

—Shh… no llores. Volveré por ti —prometió dándole palmaditas a su cabeza al final—. Solamente necesito regresar a encargarme de esos demonios para que no vuelvan a molestarle. Mientras tanto, tú te quedarás aquí, a salvo.

Bastó su explicación y dejó lloras, asintiendo entre lágrimas en un intento de calmarse y se dejó caer de rodillas, sin dejar de mirarlo. Sasuke la observó e incrustó su espada frente al hueco del árbol y se alejó unos pasos. El campo de la espada se activó y así la asiló de los ataques del exterior.

—Por nada del mundo toques la espada hasta que yo regrese ¿entendido? Te mantendrá a salvo. Imagina… —Torció el gesto— que es una parte de mí que te protege.

—No la quitaré.

Le agradó la inteligencia de la niña. Se permitió verla unos segundos más y partió de regreso a la iglesia, ideando mil y una formas de matar a los demonios de la peor manera posible por causar un trauma en la pequeña. Sus garras afiladas se manifestaron mientras andaba por los pasillos de la construcción, directo a la habitación dónde recordó que estaban los Medium. Pero estos ya se encontraban afuera, al parecer se dieron cuenta de la ausencia de la niña.

Se detuvo en el principio del pasillo esperando a que lo vieran. Ellos discutían acalorados.

—¡La niña! ¿Dónde diantres la dejaste?

—¡Estaba ahí hace unos minutos!

—Inepto, hay que buscar-

Pronto los demonios se dieron cuenta de su presencia al virarse. Se pusieron a la defensiva ante su porte y el aire siniestro que rodeaba su ser, su aura negra aumentado. Entrecerró los ojos y se encorvó listo para atacar.

—Vaya, un bastardo.

—¿Y tú quién eres? —preguntó el Medium, que, por sus rasgos característicos, fue el quién hizo el trato con el Felino.

La risa siniestra de Sasuke se enmarcó en su rostro al responder:

—La última criatura que verás en tu miserable existencia.

Y sin más, se abalanzó a ellos sin contemplaciones.


—Te hice un favor eliminando estas escorias, así que no te quejes —comentó el muchacho al aire en medio de recinto principal, rodeado de bancas viejas impregnadas de sangre negra que desprendía un horrible olor a azufre; partes destazadas por todos lados, desintegrándose, las cenizas volaban junto al olor. Una escena que causaría arcadas a cualquiera, pero para él que ya estaba a columbrado a tales masacres, solamente pasó de largo de los cuerpos rumbo a la salida.

Lanzó una mirada de soslayo a la figura del Cristo, sintiéndose observado. La figura representaba un objeto más, la presencia aún no abandonaba la iglesia de apariencia engañosa; parecía una estructura a medio caerse, pero con la energía necesaria en rebatir a los enemigos. Incluso el agua bendita que encontró detrás de la cruz seguía potente.

Vertió el agua bendita alrededor del perímetro formando un círculo y así ninguna criatura como él pudiese entrar hasta dentro de unos años; las sombras, en la oscuridad, emitieron un grito escalofriante ante su acción, ignoró sus quejas y tiró la botella al suelo sin dejar de observar su brazo. A causa de que utilizó el agua bendita contra los demonios para desintegrar sus cuerpos sin la espada, también se vio afectado. Tardaría en sanar, nada que no pudiese arreglarse.

No rebuscó demasiado y regresó a paso lento con Sakura. Pasando por los árboles y la nieve acumulada cuales sus botas se hundían, llegó al tronco hueco. Ahí seguía ella, echa un ovillo y la cara hundida entre las rodillas. Él apoyó una en la nieve y le habló suavemente, de inmediato Sakura se enderezó y sonrió aliviada de verlo.

—Ya estoy de regreso. Aguarda a que retire la espada y…

No terminó la frase. Sakura se había aproximado y contra sus palabras, retirado la espada deshaciendo el campo de energía. Quedó impresionado e impactado, Kusanagi no la rechazó. Esa espada era parte de su alma, recelosa y nadie que no lo aceptara sería rechazado por descargas eléctricas o una llamarada. Pero esa chiquilla la tomaba como si nada, entregándosela sin borrar su sonrisa tímida.

¿Qué era esta niña para él? Al principio no quería estar cerca de ella temiendo a que hurgara sus recuerdos. Pero ahora, teniéndola en brazos y caminando lentamente rumbo a la aldea, reconoció que se ganó su empatía y parte de su cariño al pensar que no deseaba que Sakura experimentara los horrores que él vivió de niño.

Era desgastante vivir rodeado de miedos y pesadillas. Siendo Mestizos son despreciados, humillados, masacrados y castigados. Les harían la vida imposible a dónde fueran. Era su destino después de todo. Las probabilidades de muerte de Sakura eran muy altas, siendo una niña y con los acontecimientos recientes afirmaban sus pensamientos.

Sin embargo…

—¡Mira, está nevando!

Su corazón de hielo se derretía. Al igual que la flor que se mantuvo intacta en el invierno, en lo profundo del bosque, aferrándose al cálido rayo de sol. En pleno brote, buscando una esperanza del cual depender. Inconscientemente aferró más a la niña a sus brazos, porque ella se le antojo a un cálido rayo de sol que disipaba su día nublado. Se contuvo todo este tiempo a no tomarle cariño, ni pensar en ella como una igual a él conforme a especies y que debía ayudarla a adaptarse.

No. Lo que él haría era mucho más que eso. La protegería mientras estuviera a su lado y le enseñaría cómo vivir. No dejaría que pasara lo mismo que él. Y si en algún momento los Haruno murieran, él se haría cargo de ella.

Lo decidió.

Admirándola en silencio, su sonrisa resplandeciente y recuperada a pesar de lo que acababa de vivir; su optimismo era tan grande que lo contagió sin saberlo. Una voz que le decía muchas cosas, una voz resonando en que no debía rendirse.

Que encontró un nuevo propósito de vida.

Madre, por fin lo entiendo, pensó al recordar la última voluntad de Mikoto: encontrar su propósito.

—Sí, está nevando —respondió estirando su mano junto a la de ella, que posó su palma sobre la de él. Un cálido sentimiento de reconocimiento y protección se instaló en su pecho. Y ahí supo que fue su sentencia—. Pronto hará más frío. Regresemos.

—¡Regresemos, sí! —repitió entusiasmada.

Protegerla de las artimañas y caprichos del destino se convirtió en su nueva misión personal.


2003.
Enero.

Despertó sobresaltado, sentándose inmediatamente en el futón en el que Ao lo recostó en cuanto llegó prometiéndole que lo necesitaría. No comprendió al principio mientras lo veía trabajar con los dos cuarzos que trajo consigo y pagó para que los hechizara. Necesitaba alguna protección que constara por siempre para proteger el aura de Sakura y su presencia; por lo que tuvo que someter su energía demoniaca para acelerar el proceso.

—¿Te sientes mejor? —Le preguntó el hombre de cabellos azules y múltiples cicatrices en el rostro. Sentado del otro lado, poniendo los toques finales a los collares entre sus manos.

—Sí.

Apoyó su codo en el suelo y se enderezó, esperando que el mareo cesara, sin dejar de observarlo concentrado en terminar su labor.

Ao era un antiguo brujo, no de los pocos sobrevivientes que habitaba la tierra, o, mejor dicho, Hoka No Sekai. Antes de pactar con un demonio, fue fabricador de armas y su habilidad transcendió con él ante su transformación. Solamente fabricaba armas solicitadas por los Fujun'na hantā o alguno que otra criatura que demostrara ser digno de su obra. Le era fiel a sus ideales ante los Mestizos.

Sasuke tenía una peculiaridad que el viejo Ao se interesó, ya que, a sus palabras, fue un gran reto. Debido a que las armas estaban ligadas a sus almas para hacerlas manifestar a voluntad propia, tenía que pasar por una prueba de confianza. El alma de Sasuke demostraba el recelo que tenía y el odio profesado al mundo, siendo un gran problema, claro que, nada que Ao no pudiera controlar.

Debido a eso, presentía que el herrero le tenía cierta preferencia y por eso acepto hechizarle los collares.

—Ha quedado listo. —Ao se aproximó a él extendiéndole dos cajitas de terciopelo. Una de color verde y otra negra, representando el color de los cuarzos—. Un interesante trabajo, tu alma sigue recelosa, pero supiste manejarte.

Se controló porque sabía que no solamente era beneficio suyo.

Tomó cada caja y la abrió la verde. Admiró en silencio el collar que sería de Sakura. Una pequeña esfera rodeada de tubitos de oro, uniéndose al collar fino e irrompible. Lo tomó entre sus manos y la acarició, el color de la piedra era similar a los ojos de la niña. Fugazmente lo aprobó.

—La eficacia está de más. Al contacto de la criatura ocultara su aura y esencia demoniaca.

—Bien. —Entre ellos existían pocas palabras. Le dio la última parte del pago que consistía en monedas antiguas que valían en Hoka No Sekai, metió las dos cajitas en el interior de su gabardina.

—Sasuke, espera.

El muchacho se detuvo a mitad de jalar la puerta corrediza de la casa, mirándolo sobre su hombro.

—Ten cuidado —le advirtió. Sus ojos amarrillos brillaron de cautela—. Noté que también la presencia que yace dentro de ti está muy inquieta. Ansía en salir cuanto antes.

¿La presencia? Se miró las manos y notó momentáneamente las cadenas invisibles que lo detenían, representados en tatuajes alrededor de sus brazos. Apretó los dedos, entrecerrando los ojos en consideración a sus palabras. Así llamaba a lo que sea que tuviera, ni él mismo sabía que o quién era en realidad. Un enigma de lo que no encontraba respuesta, desplazándolo por el momento mientras lo pudiera controlar.

—Gracias por la advertencia, lo tendré en cuenta.


Febrero.

No se reconocía.

En serio que no lo hacía.

—… ¡Gané! ¡Gané!

—Eso fue suerte —bufó el chico dejándose caer de espaldas en el suelo. Sakura tenía muchas energías. Sintiendo el calor de la chimenea, emitió un quejido al sentir un peso extra en el estómago. Ella se dejó caer entre risas y daba pataditas en el suelo. La chimenea le brindaba el calor suficiente para no tener frío, pero siempre prefería acurrucarse junto al joven.

—No es cierto. Es gracias a mi mente superior —dijo alegre.

—Que engreída. No quiero imaginar como serás cuando dejes de medir un metro.

—¡Sasuke-kun! —se quejó incorporándose y dándole golpes en el estómago. Sasuke se permitió soltar una risa corta.

Seguía insistiendo: no se reconocía así mismo. Cuando hace unos meses mantenía las distancias con todos en la casa, ahora no hacía más que seguir a Sakura de un lado para otro intentando distraerla en lo más mínimo. En una ocasión, Hana comentó que parecía un girasol en busca de sol, él no lo interpretó bien y terminó malhumorado.

Su propia actitud lograba sorprenderlo en ocasiones. Podía estar leyendo tranquilamente un libro en la sala, pero si Sakura le pedía que jugaran algún juego de mesa que estuviera de moda, dejaba desparramado el libro y se sentaban en medio de la sala a ocuparse, escuchándola hablar le parecía divertido e interesante sus ocurrencias. Otras veces la abrigaba lo suficiente para salir al parque más cercano, a ella le encantaba que la empujara del columpio y disfrutaba de su compañía. Hubo una ocasión que lo obligó a sentarse en el columpio, lo empujó lo con bastante fuerza que terminó en el suelo.

Aquellos días negruzcos iban yéndose poco a poco. Sus pesadillas no volvían con frecuencia; se mantenía ocupado con Sakura, intentando concederle todo capricho que pudiese. Aunque eso significara regaños por parte de Kakashi que le decía que no debía malcriarla —claro, como si él no la consintiera trayéndole dulces del pueblo más cercano—. Pero él se sentía a gusto dándole lo que ella pidiese.

¿Quería dulces? No dudaría en dárselos.

¿Algún juguete en especial? Nunca le había pedido alguno, pero se lo conseguiría si fuera el caso.

¿Qué la cargara? Se lo pedía a menudo, ya que ella era muy sensible al frío y su calor corporal le ayudaba a mantenerse en su temperatura.

No le negaba nada. Quizás eso no estaba bien y lo consideró. Aunque jamás le daría algo que le hiciera daño.

Pasar sus tardes con la niña le disipaba de pensamientos negativos, se distraía enormemente. En las veces que entrenaba en el patio trasero lo hacía antes de que ella despertara, y si lo hacía antes, la veía arrastrando su colcha por toda la casa en su búsqueda para desayunar juntos. Ritual de cada día, todas las comidas y después le ayudaba a estudiar. Parecía que la niña le tomó cierto aprecio y aprovechaba cada momento a su lado.

Aprovechar cada instante. No quería pensarse lejos de Sakura, y por si alguna vez sucediera, ya había entregado el collar a Hana. Ella se lo daría si él estuviera lejos para protegerla, por lo menos el collar la ocultaría de los ojos curiosos hasta que regresara a su lado.

Esa misma tarde, después de regresar del parque notó cierta tensión en el matrimonio Haruno y Kakashi. Repusieron una mueca fingida al ver a Sakura, la niña era muy astuta y se hubiese dado cuenta de que algo sucedía.

—Sakura, ¿por qué no vas a jugar a tu habitación? Tenemos que hablar de un tema delicado —pidió Hana a Sakura que se aferraba a la mano del muchacho, respingó y formó un puchero.

—¿Por qué? Yo también quiero saber. Me quedaré aquí.

—Hija… —Hana iba a utilizar un tono más severo, pero el chico irrumpió.

—Obedece a Hana. —Antes de que pudiera seguir quejándose, Sasuke la jaló delicadamente hasta las escaleras y le indicó la parte de arriba—. Ve, yo luego te contaré.

—¿En serio? Es una promesa y tú no rompes promesas. —Y con esa sonrisa destellante, subió corriendo las escaleras.

—Sorprendente, obedece más a Sasuke que a ti, hermana. —Kakashi no pudo evitar divertirse a costa de la situación y Kizashi no parecía contento del acontecimiento. Recibió la mirada fulminante de Hana una vez que el chico regresó y los taladró con los ojos, queriendo saber el motivo de su repentina seriedad.

—¿Qué sucede?

Caras serias. Intuyó que no era nada bueno.

—Han convocado por sangre a todas las Criaturas Puras de la zona —explicó Kakashi y Sasuke se tensó. Aquella convocación solamente lo hacía el Consejo Real, esos vejestorios eran poderosos; pero jamás salían del Palacio de Hierro dónde residían desde la antigüedad. Y si lo hacía, era para tantear terreno a una nueva ley. Aunque no utilizaban sus poderes para luchar, se trataba de algo más diplomático.

Recordó entonces un antecedente. La última vez que sucedió algo similar fue en el tiempo en que Jiyu cayó en guerra contra las masas y terminaron en cenizas. Su expresión reveló sus pensamientos y Kakashi asintió concordando con él, también intuía que se trataba de una trampa.

—Sé que sucedió lo mismo con Jiyu. Convocaron a los Seres Puros y dejaron a los Humanos y Mestizos desprotegidos. Tememos que suceda lo mismo, por eso… —La vio acercarse a él para tomarlo de las manos, estrechándola suavemente y mirándolo suplicante—. Te pido que cuides a nuestra Sakura mientras estemos fuera. ¿Puedo contar contigo?

Protegerla.

Agachó la cabeza, no respondiendo su petición a palabras. Aunque no se lo pidiesen, lo haría con su propia vida. Se prometió que no dejaría que nadie la tocase. Ella entró en lo más profundo de su corazón ganándose un cariño imparable. Lo único que deseaba en el mundo era que siguiera con vida; no dejaría que su llama se extinguiera por la atrocidad del destino.

Deshizo el agarre de las manos, extendiendo su brazo izquierdo para manifestar a Kusanagi en una bola de fuego, agitándola en un movimiento mientras retrocedía. Su gabardina hondeó a su alrededor cuando apoyó una rodilla en el suelo y llevó su mano con mango de katana a su corazón, agachando la cabeza.

Se lo juraba a la madre de Sakura.

Se lo juraba así mismo.

—La protegeré con mi vida.

Una promesa que no pretendía incumplir.


—Volveremos pronto, cariño. No hagas travesuras y obedece a Sasuke —le decía la madre a su hija mientras la abrazaba. Sus ropas abrigadoras evidenciaban el frío del clima. La niña asentía y sus ojos acuosos revelaban su tristeza. Era la primera vez que se separaban—. Cuando te des cuenta, ya estaremos de regreso.

—Te traeré dulces —le prometió su tío cuando fue su turno de despedirse. Y, aprovechando que Kizashi alzó a voladas a la niña, se acercó más a Sasuke para hablarle en susurro—. Si sucede algo con lo que no puedas lidiar con tu fuerza actual, no dudes en desatarlo. Sólo ten cuidado.

Los ojos del chico se entrecerraron peligrosamente. Claro. Si era débil siempre tenía la opción de su otro poder.

—No me arriesgaré a averiguar frente a Sakura si ya puedo controlarlo.

El pesado gesto de Kakashi le caló en lo más profundo.

—Sólo espero que no tengas que recurrir a ello… buscaré la forma de regresar mañana. Esto no me da buena espina.

Ni a Sasuke, pero no lo dijo para no preocuparlos.

Sus sentidos estaban más alertas de lo habitual que fueron aumentando a medida que transcurría la noche y fue tiempo de recostar a Sakura en su habitación. Se desató una batalla campal en que la niña se negaba a dormir y él necesitaba que lo hiciera; Sakura le lanzó un par de almohadas y él bufó divertido, sin poder disipar del todo su tensión.

—Es hora de dormir —le ordenó señalando la cama después de acomodarla de nuevo. Sakura se metió bajo las mantas y la oscuridad se apoderó de la habitación.

—¿Cuándo volverán mis papás? —preguntó con su vocecita. Sasuke se recostó a su lado, meditándolo.

—En unos días. Pero no debes preocuparte, estarán bien allá afuera. —Conocía el temor de la niña. Para ella, el exterior era tenebroso. Su mala experiencia de meses atrás la dejó marcada—. Por ahora, duerme.

Sin embargo, Sakura seguía observándolo en silencio, como si quisiera leer sus pensamientos. Se extrañó, ya que normalmente ella cerraría los ojos y dormiría rápido, tenía esa facilidad. Entonces ella se cubrió de pies a cabeza ante el viento azotando en la ventana, ráfagas que transformaban el sonido en rasguños feroces y rechinidos sacados de pesadillas.

—¿Te quedarás conmigo hoy? Tengo miedo —confesó la niña mirándola sobre la cobija y haciendo un puchero.

Sasuke le ofreció una sonrisa tranquilizadora.

—Me quedaré todo el tiempo que desees.

La contempló dormir plácidamente dándole unas palmaditas en su cabello avellano mientras él se mantenía alerta aún adormilado. En una posición que le permitiera brindarle calor corporal a Sakura y al mismo tiempo que estuviera al alcance de su espada para utilizarla en cualquiera de los casos.

Las horas pasaron lentamente en la habitación, rodeado de un frio insoportable el cual percibió a medida que el aire empezaba a filtrarse por la ventana cerrada. Se levantó de sopetón cuando Sakura comenzó a temblar a causa de la baja temperatura. Si él ya le estaba afectando, que era una criatura que soportaba bien el frío, más ella. Sin dudarlo la cubrió con un sinfín de mantas; lo más lógico habría sido transformarse en lobo y brindarle más calor, pero detectó algo inusual en el exterior por lo que debía primero investigar.

Después de asesorarse de que clavó correctamente la katana en el suelo y manifestara el campo de protección alrededor de Sakura, abrió a ventana y la ventisca le pegó en lleno al rostro, obligándolo a entornar los ojos. Saltó desde el segundo piso —no sin antes cerrar la ventana— sorprendiéndose de hallar el nivel de la nieve muy cerca. La altura estaba a la mitad de las ventanas del primer piso.

Recorrió rápidamente el paisaje, intentando ver más allá de la nieve y la potente ventisca percatándose que algunas casas yacían bajo la tormenta. Pronto vislumbró un grupo de personas caminar en dirección al oeste, contrario a dónde venía las ráfagas. Sintió un toque en su espalda y se viró para toparse con un hombre abrigado de pies a cabeza, apenas vio sus ojos azules y rodeado de un aura negra. Un Mestizo.

—¡Vete de aquí, chico! ¡Una misteriosa tormenta se desató desde las montañas y esto quedará bajo la nieve para el amanecer!

—¿Qué es lo que sucedió? ¡Todo estaba bien en la noche! —inquirió el chico igual a gritos.

—¡Un Exotic fue visto en los alrededores y subió hasta la montaña, creemos que él causa esto! —El otro Mestizo apuntó con su mano al Este y él estrechó los ojos tratando de observar algo más que la nieve—. ¡Los centinelas fueron a la montaña a investigar, pero no ha regresado! ¡Es mejor ir al refugio y esperar a que pase la tormenta!

Después de intercambiar la información corrió de regreso a la casa. Al abrir la ventana se tensó al ver una misteriosa bruma extenderse sin forma alrededor del campo de energía, queriéndolo atravesar. Sakura yacía despierta y lo miraba atemorizada.

No dudó en manifestar el fuego y apuntarlo a la sombra sin forma, pronto la bruma se alejó por el pasillo y no volvió. Rápidamente la siguió descubriendo que desapareció por completo. Tuvo que centrarse y fue con la niña, retirando la espada y tomándola en brazos, la sintió temblar.

—Tenemos que salir de aquí —dijo yendo al armario y sacando un abrigo para ella. Se lo dio, y mientras se lo ponía, metió unas pertenencias a la mochila. Sakura lo obedecía en silencio, chocando los dientes a causa del frío.

—¿Q-Qué está pasando? ¿Por qué hay mucho frío? —preguntó asustada, pero sin dejar de moverse.

Se detuvo en medio de la habitación, observando a la niña presa del miedo. No dudó en hincarse a su lado y tomar sus manitas, frotándolas entre sí.

—El frío te hará daño, así que iremos a un lugar más cálido.

—¿No puedes transformarte en lobo y dejar que me acurruque? Así no tendríamos que salir de casa, mis papá y tío podrían venir pronto —preguntó inocente mientras él le colocaba unos guantes y su bufanda junto a la capucha.

—No. Debemos irnos, no te preocupes por ellos —dijo al ver su tristeza—, nos encontrarán en el refugio. ¿Sí? —Y le acarició su cabeza. Asintió y se aferró a su mochila. Bien, ya la había tranquilizado.

La puso sobre su espalda y le pidió que pasara sus brazos firmes por sus hombros para sostenerse. La tomó de las piernas equilibrándola y saltó por la ventana aterrizando firmemente en la nieve, la tormenta de nieve, por alguna extraña razón, no era potente como minutos atrás. Ya podía ver el paisaje a su alrededor, varias personas seguían avanzando en filas envueltas en sus abrigos.

No dudó en unirse al trote, los centinelas los apuraban. La mayoría eran Mestizos y algunos Humanos. Ninguna criatura Pura presente. El aire trajo consigo un olor extraño, se detuvo unos segundos, intentando descifrar el aroma que parecía a… madera quemada. ¿Madera quemada?

Viró a sus espaldas justo en el momento que los demás igual se detenían y seguían su mirada.

—¡Miren el horizonte! —Apuntó uno.

—¿Qué demonios está sucediendo? —El cuchicheo de la muchedumbre empezó a alzarse, teñidas en desespero.

Él también se preguntaba lo mismo y la respuesta no le agradó.

El aire revoloteó las ropas de todos y un silencio sepulcral se instaló a su alrededor. El horizonte hacía la colina replicaba en un intenso color naranja. El miedo emergía y la desesperación a lo desconocido comenzó a actuar cuando desde lejos, destellos naranjas se alzaron en lo alto del cielo, dirigiéndose directamente a la aldea.

—Fuego —murmuró para sí. A medida que las bolas de fuego iban acercándose, reaccionó—. ¡Es fuego, todos cúbranse!

Su advertencia fue tomada tarde. Los proyectiles mortales impactaron en varias casas así propagando el incendio. Cayeron sin parar, Sasuke tuvo que esquivar las bolas de fuego con el grito de susto de Sakura a sus espaldas, escuchando los quejidos aterrados de la mayoría. Antes de percatarse, el enorme grupo quedó atrapado en los incendios de las casas.

Se adelantó a un costado y estiró su brazo manifestando el agua contra los proyectiles que venían sobre ellos. A causa de su encierro no podían escapar entre los caminos plagados de fuego o saltar, ya que serían víctimas de los proyectiles. Y mientras se encargaba de las bolas, varios Mestizos se adelantaron a él y extinguieron la amenaza de los caminos con su elemento evidenciando que eran parte Cazador.

—¡Abran paso mientras él monitorea el cielo! —gritó un hombre detrás.

En conjunto fueron abriéndose paso. Sasuke sentía la adrenalina recorrer su cuerpo ante la rapidez que lograron abrirse paso, no dejó escapar ningún proyectil que amenazara el grupo, cuidando de que Sakura no se viese afectada, seguía aferrada a él y escondía su rostro en el cuello. Temblaba y apostaba que estaba a punto de llorar.

—No tengas miedo, Sakura —le susurró solamente para que pudiera escucharlo. Batiendo más proyectiles, esquivó las cenizas en un movimiento brusco—, pase lo que pase yo te protegeré.

Fue correspondido con un apretón de manos. El chico respiró bruscamente ante la aceleración de su pecho, utilizar por demasiado tiempo el elemento hacía estragos en él. Respirando con dificultad, siguió con su labor mientras los demás abrían paso.

—¡AAAAAAAAH!

El potente gritó de agonía cortó la acalorada tarea de defensa. Se detuvo de sopetón, apreciando al frente los que dispersaban el fuego. La entrada estaba despejada y los otros cinco fueron retrocediendo lentamente, tensos. Al hacerse un lado, dejaron al descubierto la causa del grito, uno de los hombres yacía en el suelo decapitado, y frente a él, un Ribus de aspecto de un reptil enrollando su áspera y filosa lengua.

Igual se tensó y movió en instinto sus manos al frente. Maldición, justo lo que temía: que fueran atacados. La inmensidad del grupo de enemigos que se acercaban era enorme a comparación de ellos; sin embargo, se pusieron en posición de defense y fueron acumulando algo de valía.

—Estamos perdidos —murmuró alguien a su lado y las manitas de Sakura se aferraron a su camisa.

Detrás del Demonio vislumbró diversas auras demoniacas viniendo rápidamente a su dirección. No tardó en idear un plan en su mente. No podía proteger a los de su alrededor, se enfocaría solamente en Sakura, lamentablemente no contaba con la habilidad necesaria para extenderla. Los demás tendrían que empeñárselas solos para sobrevivir.

En cuanto el Ribus dio un paso al frente rugiendo y el miedo comenzaba a propagarse en todos, un gigantesco muro de piedra se levantó impidiéndole el paso a los Demonios. Sasuke ensanchó los ojos cuando Kakashi aterrizó frente a ellos con la cara manchada de tizne y respirando a cuestas.

—¡Tío! —exclamó la niña al borde del llanto. El Cazador fue hasta ella tomándola de las manos que extendía a su dirección. Cuando la calma parecía recuperarse ante el grupo al ver a un Cazador ahí, fue rota por la desesperanza.

El suelo tembló y resonó un rugido desde lo profundo de la tierra, calando su ser, haciéndole temblar. Jamás en su vida escuchó un alarido tan feroz que enfundara miedo; una premisa que marcaba el final de la paz y el inicio de la destrucción, tiñendo de cenizas y dolor el invierno. Sasuke lo asemejo a una tormenta feroz llevándose todo a su paso.

Por alguna razón no pudo moverse hasta que Kakashi lo empujó haciéndolo reaccionar.

—¿Qué están esperando? ¡Huyan al bosque! —ordenó señalando a su costado la otra vía.

Los pasos del grupo no se hicieron esperar, yendo al paso indicando con Kakashi a la cabecera guiándolos por el bosque en dirección al refugio. Corriendo a su lado, Sasuke lo miraba como si fuera una especie de espectro.

—¿Cómo regresaste tan rápido? —se atrevió a preguntar aún en medio de la situación.

El Cazador lo miró de reojo sin dejar de correr.

—Sólo acompañé a mi hermana y su esposo a mitad del camino. Intuí que algo malo sucedería y regresé en contra del decreto. Seguramente me ganaré una maldición del Consejo, pero no me importa. Soy un Cazador desterrado, no tengo porqué obedecer sus leyes.

Su explicación fue cortada por gritos a sus espaldas. Al virarse, se percataron que varios demonios les habían alcanzado y comenzaban a asesinar a los que estaban en la retaguardia. Algunos intentaban ayudar y terminaban asesinados brutalmente. La sangre comenzó a teñir la nieve blanca y el aire inundarse de gritos, gruñidos y lamentos despavoridos.

Pronto fueron rodeados por enfrente, los enemigos se agazaparon a ellos y no les quedó más que luchar, aunque intentaron no prolongarse, iban con Sakura y no podían moverse libremente sin lastimarla. Esquivando a la mayoría de las criaturas que iban en su búsqueda, Sasuke los embestía y los cortaba en dos con su espada, recibió varios rasguños de criaturas que intentaron llevarse a la niña, no tuvo piedad de ellos y los asesinó sin miramientos.

Kakashi no dudaba en poner muros a los indefensos que se encontraban en el camino, pero sin perder su carrera. Le dolía no ayudarlos bien, pero su principal objetivo era llegar al refugió dónde Sakura estaría a salvo. Una vez que estuviera alejada el peligro podrían volver a ayudar a los sobrevivientes.

—¡Sasuke, cuidado atrás! —gritó Sakura alertándolos.

El aludido apenas logró esquivar el cuerpo que fue arrojado a su dirección por detrás. Una cabeza enorme de un demonio que todavía movía los ojos, masticando un brazo humano y la sangre salpicando, rodó a sus pies. Tal imagen perturbó a Sakura que escondió el rostro en el hombro del chico, llorando.

—¿Qué diantres? —murmuró el Cazador impactado, jadeando por el esfuerzo—. No nos detengamos.

Continuaron corriendo, los enemigos iban disminuyendo conforme se acercaban al prado. Del otro lado estaba el refugio, pero se sentía tan lejos y todavía había muchos demonios cuales aniquilar. Sakura se paralizó por completo y estiró su mano señalando a dirección al que no podía despegar su vista debido a su temor y petrificación.

—¿Q-Qué es eso?

La voz de la niña hizo que viraran sus cabezas a sus espaldas. Justo en ese momento una potente ráfaga de aire impactó en el lugar, obligándolos a detenerse y mantenerse firmes así evitando ser lanzados por los aires, varios fueron víctimas del viento sobrenatural prescribiendo el inminente peligro; el aire vino acompañado del rugido feroz que escucharon anteriormente, a diferencia de que este se podía sentir tan cerca.

—Imposible… —Kakashi tragó grueso.

Y lo vieron. La causante del todo el caos caminando hacia ellos e inevitable de pasar desapercibido.

Esa criatura era enorme, demasiado. Su cabeza era una masa deforme y de ojos azules saltones, cuya boca sin labios mostraba dos hileras de dientes insinuando una sonrisa macabra mientras la saliva escurría, y la nariz apenas eran dos orificios en medio de su rostro. Su cabeza ceñida a sus hombros y piel quemada con hematomas por doquier. Brazos tan largos que, al estar jorobado, sus filosas garras se arrastraban al ras de la nieve, como otro par de piernas, y estas estaban ligeramente flexionadas dando pasos lentos pero grandes.

Abatía a todo aquel que se interpusiera en su camino, ya fuera aliado o enemigo. Los ataques eran repelidos sin esfuerzo alguno y sus garras mancilladas de sangre ajena.

—Es un Exotic. —El Cazador iba retrocediendo junto a Sasuke, pues la bestia se había fijado exclusivamente en ellos porque eran los únicos que se quedaban quietos, mirándolo con precaución y asombro por su aspecto y fuerza.

La bestia alzó su pesada mano con una rapidez sorprendente pase a su tamaño y la apresuró a ellos. Tuvieron que dar un gran salto en reversa esquivando el golpe. Trataron de dar media vuelta y correr lejos de la bestia, pero nuevamente fueron atacados de la misma manera por el Demonio.

El grito de Sakura advirtió de un segundo ataque, Sasuke se giró ágilmente y trazó un arco ingiriéndole una herida profunda que lo obligó a retroceder tres pesados pasos mientras rugía presa del dolor insufrible, de la herida salió humo negro.

Aprovecharon la distracción y decidieron marcharse con rapidez. Ambos podrían contra ese demonio, sin duda, pero si Kakashi estuviera en perfectas condiciones y sin la presencia de la niña.

—Maldición, sí es una trampa —se quejó Sasuke afirmando el agarre de la pequeña Sakura con su mano libre, ella no dejaba de mirar frenéticamente a sus espaldas mientras corrían.

—El ataque fue planeado, no cabe duda —sentencio a su lado, comenzando saltar entre las copas de los árboles para evitar los enfrentamientos innecesarios.

—¡Desapareció! —gritó de pronto la pequeña moviéndose efusivamente en la espalda del joven, apuntaba con desesperación a sus espaldas—. ¡Ese monstruo desapareció de la nada!

—¿Cómo dices?

Ambos varones intentando mirar sobre sus hombros, pero no tuvieron oportunidad de verificar la desaparición del Demonio cuando, desde arriba, una masa pesada y veloz cayó sobre ellos envuelto de llamas ardientes. Fueron embestidos sin previo aviso por unos fuertes y largos brazos, lanzados por los aires para caer en la nieve.

En todo momento Sasuke protegió a Sakura, abrazándola con fuerza evitando que las llamas lograran alcanzarla. La espalda le ardió terriblemente y soltó un grito desenfrenado. Esas llamas no eran comunes, venían del mismo infierno.

—¡Sasuke-kun! —Sakura lo miró preocupada.

—Estoy bien —repuso de inmediato. Se apresuró a ir con Kakashi que yacía hincado a unos metros lejos de él, respirando agitadamente, parte de las garras lograron herirle en el torso y sangraba, además de estar herido y cansado, temblaba a causa del esfuerzo que hacía. Se lanzaron una mirada llena de urgencia, debían salir cuanto antes.

La bestia profirió un alarido, reclamándoles con su voz distorsionada conformada por varias voces diferentes, brutales y agudas.

—¡Ustedes dos morirán!

La sentencia vino acompañada de un feroz gruñido. Incorporándose sobre sus piernas, dejando ver su apariencia más aterradora inspirando pánico, cortando el aire con su presencia y remolinos de fuego formándose a su alrededor.

Retrocedieron lentamente sin darle la espalda. La mente del azabache trabajaba acelerada, pensando en una distracción eficiente que los ayudara escapar. Quedarse así sería un suicidio seguro. La única opción que pensó fue en utilizar la teletransportación; la desventaja sería que posiblemente quedaría paralitico o muerto, un precio razonable para él. Si tenía que agotar sus últimas reservas lo haría, salvaría a ambos a costa de su vida.

Extendió su mano libre y comenzó con el conjuro:

Como fuente de poder te lo ordeno…

—¡Tú no ordenaras nada! —Le gritó desesperado el Cazador a su lado, interrumpiéndolo al agarrarlo del brazo. El chico lo miró asombrado por su grito—. No sacrificarás tu vida así, no si yo estoy aquí.

Y se colocó frente a ellos, desafiando a la bestia que permanecía quieta, a la espera de una señal de hostilidad. Al ver su espalda y su porte decisivo activó una chispa de comprensión a lo que el Cazador pretendía hacer. Palideció al instante, negando con la cabeza.

No.

¡No!

—Me niego a dejarte luchar solo —dijo apretando los dientes y caminó dispuesto a ir a su lado.

—Si luchamos junto ¿dónde queda Sakura?

Se detuvo abruptamente al escucharlo y bajó su vista a la niña que tenía en brazos, aferrándose con fuerza a su suéter, sus ojos aterrados y a punto de llorar. Ciertamente sería difícil, por no decir, imposible luchar con ella de por medio. No batallarían contra un demonio cualquiera, era una criatura única en su especie con habilidades desconocidas y las posibilidades de éxito eran pocas.

Pero no lo aceptó. No quería dejar a su suerte al hombre que consideraba un padre, abandonándolo en un lugar frío y solo, enfrentando a un enemigo que le quitaría la vida. Era egoísta de su parte querer tenerlo en su vida por más tiempo, aún faltaba cosas que le enseñara. Sin embargo, tampoco arriesgaría a Sakura, debía ponerla a salvo.

¡Maldición, era tan difícil pensar! ¡No quería elegir entre las dos personas más importantes en su vida!

—Si los dos morimos, Sakura quedara desprotegida y los Demonios no dudaran en devorarla. —Un escalofrío recorrió la espalda de Sasuke al escuchar el destino de la niña si él decidía quedarse.

Acarició la mejilla de Sakura. No podía permitir que la llama de su vida se extinguiera sin más, la protegería a como diera lugar sin importar qué ¿verdad? Por más que le doliera, tenía que ser a costa de la vida de Kakashi. Una ruptura que no superaría y jamás se perdonaría.

Ni siquiera tuvo tiempo de lamentarse, Kakashi tensó los músculos y le ordenó que se marchara.

—Vete, Sasuke. Y cuida de Sakura.

Ni una mirada.

Ni un gesto.

Porque dolía.

Fue retrocediendo esperando a que se diera la vuelta. Nunca fue fanático de las despedidas, pero deseó con todas sus fuerzas que Kakashi volteara y le diera una última mirada. No sucedió. Tuvo que marcar en sus recuerdos la espalda del hombre que consideraba un padre, sintiendo el nudo de su estomago y la presión de su pecho, dio la media vuelta y comenzó a alejarse.

—¿Por qué nos alejamos? —preguntó Sakura en sus brazos, abalanzándose a su hombro para mirar atrás—. No, ¡no! ¡Tío Kakashi no viene! ¿Por qué? ¡Tío!

El llanto desgarrador de la pequeña cruzó su mente. La abrazó esperando tranquilizarla, al igual que su corazón que latía desenfrenado por lo que estaba haciendo: abandonando a la única persona que lo ayudó a pesar de sus pecados. Que lo acobijo en las noches frías cuando creía que moría de frío, quién lo salvó incontables veces cuando estuvo al borde de la muerte. Quién permaneció a su lado al momento del descenso de su madre, brindándole apoyo y un hombro el cual llorar.

Su padre.

A pesar de que nunca lo dijo, Kakashi es un padre para él.

Siguió corriendo hasta llegar al prado despejado y cubierto de nieve, con los ojos irritados ante la amenaza de las lágrimas. Sakura continuaba llorando, suplicándole que volvieran por su tío. No había volteado atrás, solamente escuchado los rugidos y los gritos de los demás que seguían en la lucha.

No debía volver por el bien de Sakura. Prometió protegerla.

—No llores —le pidió deteniéndose en medio del prado con la nieve cayendo sobre ellos como si los consolara a ambos. La miró a los ojos, intentando apaciguar su llanto—. Por favor, no llores. Kakashi volverá.

No lo haría. Él no volvería.

—¿En serio? ¡Pero ese demonio…!

—Lo vencerá.

Su corazón dudaba. A cada paso que daba su voz interior le gritaba a que regresara. Sabía que Kakashi no sobreviviría sin ayuda, tal vez si contara con él… no, debía refugiar a Sakura o su sacrificio sería en vano.

No volver. No dudar.

Caminó con dificultad por la nieve hasta que pronto visualizó otra pelea. Una chica Mestiza siendo atacada por un demonio entre las rocas del prado, iba a pasar de largo, pero su corazón se encontraba sensible y tuvo el impulso de ayudarla. Saltó sobre el Ribus y lo partió en dos, así salvándole la vida. La chica pelirroja lo miró tendida desde el suelo, respirando agitadamente.

—G-Gracias por salvarme.

Sasuke no le prestó atención. Bajó a la niña al percibir cierta calma, ellos eran los únicos en el prado. Observó el bosque siendo devorado por el fuego. Comenzaron a llegar los sobrevivientes de la aldea después de luchar ferozmente contra los demonios. Sin embargo, el rugido de esa bestia continuaba calando y su putrefacto aroma inundaba el ambiente, mezclándose con la sangre de Kakashi.

Era insoportable. Era inaudito que él se quedara ahí, solamente observando el panorama.

Su convicción se estableció y tomó la decisión más dolorosa de su vida hasta ese momento. No permitiría que ninguno de los dos muriera, si él podía evitarlo, lo haría sin dudarlo. No estaba dispuesto a sufrir por sus pérdidas, se volvería loco de dolor. Tuvo que aspirar con fuerza, retomando el valor y se giró a la chica que se había incorporado y observaba en silencio, al igual que él, el bosque.

—¿Cuál es tu nombre? —le preguntó.

—Tayuya. Mitad Lobo —se presentó de inmediato.

Bien. No le quedaba más que confiar en esta chica, era su única opción.

—Tendrás que hacer algo a cambio de haberte salvado la vida —espetó y la chica no dudó en acceder—. Necesito que la lleves con sus padres que seguramente acudirán al refugió —señaló a Sakura que hasta ese momento se aferraba a su cintura sin dejar de contemplar el horizonte—. Son Hana y Haruno Kizashi ¿los conoces?

—No hay nadie a quién no conozca —dijo aceptando—. Lo haré, pero ¿qué harás tú?

El muchacho no se molestó en responder puesto que la mirada que dirigió al bosque ardiente le dio a entender muchas cosas. Tayuya comprendió y su semblante se endureció.

Sakura tenía puesto sus ojos en las llamas rojas ilusionada en que su tío saliera entre los árboles y corriera a ella para abrazarla. Pero un cuerpo obstruyó su vista y se hincó frente a ella para apreciarla mejor.

—¿Sasuke-kun? —preguntó la niña presintiendo algo malo.

La envolvió en brazos aspirando su aroma a cerezos, guardándola en sus memorias. Disfrutando de su último momento a su lado, si su plan salía a la perfección y salvaba a Kakashi, jamás volvería a verla.

—Debo irme con Kakashi —decirle una mentira tras otra era muy atroz de su parte. Con el nudo en su garganta, la tomó de las manos observando con el corazón partido sus ojos llenarse de lágrimas.

—¡No te vayas! ¡Esperemos juntos a tío Kakashi! —exclamo aferrándose a su suéter con fuerza y Sasuke se hundió en el abrazo sabiendo que era el adiós definitivo, tanto que su corazón se afligió irremediablemente y dudó por un segundo.

—Será imposible —susurró.

Quería quedarse a su lado, protegiéndola por siempre. Quería verla crecer y ser parte de su vida presencialmente. Enseñarle tantas cosas de cómo envolverse en el mundo, de controlarse, de hacerle ver que su destino estaba marcado a la fatalidad y que debía aprender a sobrellevarlo. pero si no iba a batallar contra ese Demonio ninguno sobreviviría al final del día.

Además, abandonar a Kakashi no estaba en sus planes. No lo dejaría morir cuando él estaba de último recurso.

—No me dejes sola, por favor. —A cada suplica de la niña, él se doblegaba.

—No lo haré. —Contuvo sus inmensas ganas de gritar por la frustración y desesperación que inundaba su ser. Aferrándose a sus manos, mirándola directamente a los ojos mientras los copos de nieve caían a su alrededor, siendo testigos de su sacrificio—. Estaré siempre contigo. Cuando te sientas sola, invoca mi nombre y estaré ahí para protegerte —su respiración fue pausada y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no lloró, no derramó su tristeza.

—¡Pero yo no estarás a mi lado! —chilló ella aferrándose a él sin intención de soltarlo—. ¡Prometiste quedarte todo el tiempo que yo quisiera y yo quiero que siempre estés conmigo!

—Siempre estaré a tu lado. —Y continuaba prometiéndole hasta el final. Su voz le traicionó y reveló cuan afectado se hallaba.

Cerró los ojos dándole un beso en la frente en su último adiós. Con la poca fuerza de voluntad que le restaba y con todo el dolor de su corazón, tuvo que separarse de ella o la haría sufrir más prolongando su despedida. Tayuya tuvo que cargar a Sakura y retenerla, pues intentaba ir con él a toda costa, gritando su nombre.

—¡No te vayas!

Alejándose unos metros, desenvainó de un movimiento su espada y la enterró en el suelo formando el campo de protección justo a tiempo que Tayuya vio prudente dejarla libre a causa del campo, la niña no cruzaría fácilmente. Sakura se dio topes con la barrera y dio golpes con sus puños, sin dejar de llorar y llamarlo desesperada. Él no pudo hacer más que observarla, aguardando el nudo de su garganta.

—No dejes que Sakura retire la espada, el campo desaparecerá… pronto —Cuando muera, pensó amargamente sin dejar de observar fijamente cómo la niña intentaba atravesar la barrera sin éxito alguno, desesperada.

Apoyó una rodilla en el suelo al ras de la barrera quedando a la altura de sus ojos verdes logrando que se detuviera de momento. Su manita colocándose en la barrera, rogándole con sus ojos que no se fuera. Alzó la suya, poniéndola sobre la de ella, finalmente su corazón le ganó y una lágrima silenciosa resbaló por su mejilla.

—Sakura, prométeme que nunca me olvidarás. —Rogando para que su deseo fuera cumplido, expresándole su última voluntad. No quería ser un pensamiento pasajero en su mente, quería prevalecer como su guardián.

La vio asentir con fuerza entre lágrimas y su llanto ahogado sin poder formular palabra alguna, pero se conformó ante su acción. Cerró la mano que posaba sobre la barrera, y tras darle una última mirada cargada de tristeza, se levantó cortando el contacto visual descubriendo que su corazón se rompió en el instante que escuchó de nuevo sus gritos tan desgarradores, pidiéndole que regresara a salvo.

Sería imposible, no quería prometerle que regresaría.

No volteó, avanzó con los ojos cerrados y las manos apretadas. En ningún momento se permitió alargar su agonía. Jamás pensó que se encontraría en una situación así, pero le dolía abandonarla. Un sonido escapó de sus labios, apenas perceptible mientras su nombre era susurrado por el viento a voz femenina, dejándole una marca en sus memorias.

El frío fue penetrante y la desolación colmó su alma. No regresó, siguió su camino a prisas convenciéndose de que fue la mejor decisión que tomó para salvar a ambos. Jamás diría que se arrepentía de lo que estaba a punto de hacer.

Pero, lo único que lamentaba era que no pasaría de esa noche.

El desato de sus emociones fue un catalizador que fue liberando su energía, poco a poco, pero rápido, sus brazos fueron revelando los tatuajes que eran las cadenas que lo contenían, marcándose cada vez más.

Al llegar a Kakashi y verlo a punto de ser asesinado, no pensó en otra cosa más que salvarle la vida. Lanzó un alarido y su cuerpo fue envuelto en una poderosa bruma morada reflejó la liberación del poder que yacía encerrados en su interior, de pie frente al Cazador que lo miró impactado y fuera de sí; y frente a la bestia que amenazaba a las personas que le importaban en este podrido mundo.

No dejaría que se saliera con la suya.

—¡Te enviaré de regreso al infierno!

Si quería matar al Cazador primero tendría que pasar sobre él.


Kakashi cayó de rodillas frente al cuerpo de Sasuke, conmocionado, la nieve seguía cayendo sobre ellos reposando en el charco de sangre que se formó alrededor del cuerpo, sangre cálida ante el frío. Sus manos temblorosas se dirigieron rápidamente a una de las múltiples heridas que enmarcaban su cuerpo. Intentó, en vano, detener el sangrado.

En desespero le apretó. Insistente, le habló.

—Sasuke, no, no, ¡no maldita sea! —exclamó apretando los dientes. Sus ojos inundados de lágrimas y las sangre manchando sus manos—. Resiste, te cerraré las heridas.

En su estado de seminconsciencia, Sasuke apenas tuvo fuerzas para sonreír, las comisuras se entendieron en una débil mueca, ojos cerrados y rostro aparentemente sereno. Lo único que quería era ya no sufrir, ya no sentía el dolor de sus heridas, sino un inminente frío interior. Las fuerzas abandonaron su cuerpo desde que se desplomó. Lo único que le restaba era esperar su muerte junto a Kakashi.

No lo lamentaba en sí, el Cazador seguía vivo y Sakura también. Eliminó el peligro.

—Sueñas en grande, ¿eh? —dijo en susurro.

—No hables o agotarás tus energías —le exigió el Cazador al borde de las lágrimas; desesperado, buscaba a su alrededor algún animal cercano que pudiera sacrificar para salvar la vida del chico. Sólo necesitaba un poco.

—Energías… te las regalo, a donde voy no las necesito. —Sasuke ladeó el rostro, cansado.

—¡No te duermas!

—Kakashi.

Su voz, a pesar de ser un murmullo y patosa, sonó convencido. El Cazador, inundado de lágrimas y desesperación, lo volteó a ver. Él alzaba su mano a su dirección, no dudó en tomarla y rodearla, mientras aceptaba que era muy parte para intentar salvarlo. Le dolía, por Dios ¡Estaba sufriendo! Sasuke, un hijo para él, se estaba yendo de sus manos. Controló su llanto, intentando mantenerse firme, pero no lo consiguió del todo.

—No debiste… no debiste volver. —Sí, no debió volver. Pero Sasuke no iba a permitir que muriese—. Tenías que permanecer junto a Sakura y protegerla.

Sakura. Recordar su nombre le traía cierto consuelo. Ojalá estuviese ahí, le sería grato ver el rostro de la niña una vez más.

—Tú… la cuidarás por mí —le anticipó, su mano perdía fuerza y el Cazador se negaba a soltarlo.

—No dejare que te olvide, lo prometo. Le hablaré de ti, siempre.

Su promesa lo consoló en medio de su desesperación. El miedo a morir nunca fue tan intenso, en que la nieve parecía detenerse a su alrededor y solamente estaba él y su conciencia. Mientras el cielo se tenía de oscuridad que sólo él podía ver y los Natus comenzaba a salir del suelo, alzándose con imponencia, susurrándole que era hora unirse a ellos.

Le reconfortó tal vista. Parecían un montón de flores azules brillantes, cada espectro que pasaba y lo tocaba, le susurraba que lo hizo bien, que ya era hora de descansar, que quienes amaba estarían bien en su ausencia.

¿Lo estarían? ¿Kakashi y Sakura estaría bien?

¿También sus hermanos?

Ah, debió despedirse de ellos la última vez que los vio.

Y la única persona que presenciaba su descenso… encontró el consuelo de que fuera el Cazador. Lo miró directamente a los ojos, con sus últimas fuerzas. Estaba triste, lo vio en sus facciones, se contenía en llorar por lo que se avecinaba. Le sonrió de los más tranquilo, intentando darle un poco de consuelo por su pronta partida. Y separó los labios, emitiendo lo que siempre quiso decirle:

—Gracias por todo, Kakashi.

El aludido soltó un jadeo y las lágrimas cayeron en el rostro del muchacho justo en que cerraba los ojos y el último aliento de vida abandonaba su cuerpo. No se contuvo, emitió un grito plagado de dolor y tristeza acumulada en el pecho, negándose a aceptar que el cuerpo inerte que tenía frente a él, se tratara del mismo muchacho al que apreciaba como si fuera su hijo. Su único hijo, cabe destacar.

Muerto.

—¡Sasukeeeeee!

Su nombre a grito. Lo abrazó con insistencia, esperando el momento en que abriera los ojos y dijera que era una broma y terminara por empujarlo alegando que no era participe a muestras afectivas. Lo más cruel fue que no sucedió, entre sus brazos solo un cuerpo inerte le hacía compañía, manchándolo de sangre y dolor.

Lloró amargamente entre la nieve, rogando, pidiendo al cielo que le regresara la vida al muchacho aún a sabiendas que era imposible. Negó varias veces con la cabeza y deseó estar en su lugar, él debió morir, no Sasuke. ¡Él, él!

Acarició su rostro, sus mechones negros. Rostro pálido y ojos cerrados, labios agrietados y heridas por doquier. Su amado hijo, o el cuerpo de lo que una vez habitó el muchacho. Seguía conmocionado, abrazándolo por horas hasta que tuvo que separarse ante la tormenta de nieve que golpeó horas después.

A su pesar, le costaba moverse. Su pierna resultó herida durante la batalla y cojeaba. Miró el cuerpo de Sasuke, quieto, sin ningún rastro de vida. A cuestas lo arrastró hasta una escapada y lo rodeó con unos troncos, como era de esperarse, no hubo ninguna reacción. Eso le dolió más, todavía no lo asimilaba, se hallaba perdido.

—Volveré para darte un entierro digno —le aseguró. No recibió respuesta.

Se aseguró que el cuerpo estuviera bien cubierto y se alejó a cuestas, a un refugió en que pudiera pasar la tormenta y curar sus heridas.


Regresó unos días después ya mejor recuperado de sus heridas cojeando débilmente, pero lo suficiente fuerte para caminar sin cansarse. El cuerpo del chico seguía en la misma posición que lo encontró, y eso le dolió más. Sus ojos humedecidos y el contorno rojo evidenciaron el largo llanto al que se sometió para asimilarlo. Apartó bruscamente la vista y lo cargó sobre su hombro de vuelta al prado, cerca de la roca más cercana dónde le pondría su lápida.

Una vez que dejó el cuerpo en el suelo, sujetó la pala que traía consigo y excavo un profundo hueco entre la nieve y tierra del prado, lo suficiente profundo para que no fuera expuesto a lobos salvajes. Dejó clavada la pala en la tierra y se acercó al cuerpo inmóvil, observándolo desde arriba.

Suspiró y pasó una mano por su rostro.

—Es hora, Sasuke. Aunque tu cuerpo esté frío, sé que estás en un lugar cálido junto a los Natus.

Dicho eso, se agachó para tomarlo de las manos, pero una fuerte sacudida en lo que parecía un temblor lo alertó y obligó a trastabillar, cayendo de sentón al suelo. Apenas se recuperó, presenció cómo el cuerpo de Sasuke dar un espasmo y escuchó claramente un jadeó de sus labios, tomando una exhalación profunda, para segundos después el hielo se cristalizará a su alrededor creando una protección, manteniéndolo seguro del exterior.

—¿S-Sasuke? —Tartamudeó gateando hasta el hielo, posando una mano en la superficie, observando el interior impresionándose al ver el pecho del chico subir y bajar en parsimonia, como si estuviese respirando—. Está vivo… ¡Está vivo! ¡Oh, gracias Dios mío!

Eufórico, pero sin saber qué hacer, permaneció a su lado por el resto de la tarde, esperando una señal. Y así siguieron día tras día, pronto se impaciento, pero uno de sus tantas idas y vueltas, notó que las heridas visibles de Sasuke estaban sanando poco a poco, por lo que intuyó que la protección del hielo le ayudaba a sanar.

La nieve se derritió y con ello abrió paso a la primavera de marzo.


Marzo.

Debería estar muerto.

No debería sentir la tierra bajo sus dedos o la ventisca del viento azotando su rostro. No debería sentir la necesidad de abrir los ojos y llorar de felicidad. Nada de eso. Sin embargo, ahí estaba, sentado en medio del prado rodeado de flores y a un Kakashi abrazándolo con fuerza, sin querer soltarlo. Pidiéndole que no se moviera y preguntarle como se sentía. Mentiría si no dijera que estaba sumamente confundido.

Él murió.

—Kakashi… yo no debería estar vivo, mi poder… —decía palabras al aire.

—Moriste, sí, tu corazón se detuvo por días —comenzó a explicar, ayudándolo a levantarse en medio del viento que trajo consigo un sinfín de pétalos rosados, los árboles de cerezos que en su momento perdieron sus flores, brotaron a su alrededor—. Cuando intenté enterrar tu cuerpo, este dio un espasmo y fuiste rodeado por hielo hasta hace unos minutos. Estuviste así cuatro semanas.

El chico quedó absortó ante el relato. De verdad abandono el mundo por unos días, recordaba haber visto a los Natus, sin embargo, el destino fue caprichoso y una fuerza misteriosa o por no decir, milagrosa, se empeñó en traerlo a la vida. El debió morir en esa noche helada y cruda, donde se había resignado en desaparecer.

¿Por qué razón seguía de pie en el mundo dónde sólo le hacía sufrir incansablemente? ¿Para qué fue revivido? No era un estúpido, el único que podía salvarlo así o traerlo a la vida era el Padre Todopoderoso. ¿Ironía? La cereza del pastel.

—Mis heridas —reaccionó revisando su mano y torso. Su ropa destrozada era una clara prueba de lo intenso que fue la batalla. Se impresionó al no ver ni siquiera una línea de recordatorio de una cicatriz—… no hay nada.

Conmocionado, no apartó la vista de dónde se levantó. Una perfecto ovalo en ausencia de flores, todo lo demás, el prado y los escasos árboles, en todo su apogeo. El paisaje cambió abruptamente entre sus memorias, o eso creía. Ahora que lo pensaba e intentaba recordar… su mente estaba en blanco, no llegó a concretar memorias antes de esa noche.

Solamente una persona le preocupó.

—Sakura…

La mirada de Kakashi le dio a entender que no tenía que preocuparse.

—Todos los del refugió fueron salvaguardados por las criaturas pura, así que supongo que está bien.

—Yo… no recuerdo nada.

—Intenta no pensar tanto por el momento —Le aconsejó.

Pero le era imposible, estaba entrando en pánico. ¡No podía recordar nada!

—Tienes un propósito en este mundo, Koizumi Sasuke —La voz de Kakashi caló en lo más profundo de su ser, quedándose en sus memorias—. Lo sé porque la naturaleza te revivió regalándote de su energía vital. Tienes un gran propósito en este mundo, eso tenlo muy presente.


Año 2014.
Enero.

Sasuke había continuado su vida después de aquel acontecimiento, sumamente frustrado con la vida, especialmente la suya. Los recuerdos de su tiempo con Sakura —acontecimientos que Kakashi le relató en un intento vano a que recordara— eran borrosos y dispersos. No se resignó, sin embargo, mientras ayudaba al Cazador a encontrar pistas del paradero del matrimonio Haruno y Sakura, después de diez años se toparon con la noticia de que había muerto en un accidente aéreo.

Sus esperanzas decayeron. Sufrió mucho. Lanzó muchas cosas en la casa dónde se quedaba con sus hermanos, gritó lleno de dolor y maldijo su vida, una vez más ¿Qué sentido tiene seguir vivo si Sakura estaba muerta? Su tiempo de negación se volvió meses, hasta que, una noche, decidió no seguir sufriendo y enterró los pocos recuerdos que tenía de la niña en su interior, negándose a seguir recordando o sufriría más.

Y así, pasó el resto de sus días. Lleno de remordimientos.

O al menos la mayor parte del tiempo.

Fue interrumpido por el tren de sus pensamientos, de pie detrás de la casa, con las manos metidas en la chamarra. Alzó la vista topándose cara a cara con Kakashi, hacía meses que no lo veía.

—Kakashi…


Ambos estaban sentados en la sala, con la mesita de noche separándolos. En completo silencio, Sasuke esperaba a que el Cazador le dijera el motivo de su visita. Anteriormente, después de saber de la muerte de los Haruno, Kakashi se aisló y marchó, prometiendo que volverían a encontrarse, pero no esperó que tan pronto y dudaba que fuera una visita de cortesía.

—Me alegra verte Sasuke, ¿Dónde están Hikoro-chan e Itachi? —inquirió el hombre al ver que el joven se encontraba solo en la casa.

—En una reunión anual —expresó el joven ladeando el rostro, intuyendo parte de sus intenciones—. Vayamos al grano, ¿qué necesitas?

Kakashi lo miró fijamente a los ojos.

—Que me ayudes a buscar a Sakura.

Un bufido. Sasuke se tensó visiblemente y sus ojos reflejaron ironía.

—¿Aún no lo aceptas? Ella está muerta, resígnate.

—No, no lo está —rebatió repentinamente lleno de seguridad—. Recibí informes de un demonio acuático que es amigo mío. Fue al perímetro dónde ocurrió el accidente, no encontró… rastros de Sakura, solamente de Hana y pertenencias de Kizashi.

Tal noticia tomó con la guardia baja al azabache, que no tardó de hundirse en sus hombros y mostrarse contraído.

—¿Estás seguro de que no son noticias falsas?

—Estoy completamente seguro.

—Es absurdo. —El no se aferraría a esas falsas esperanzas. Jamás. No quería darse de topes contra la pared cuando se enterara de que todo fue una vil ilusión de su mente queriendo recobrar lo que una vez perdió.

—No lo es —contradijo inmediatamente el Cazador, suplicante—. Por favor, solo ayúdame a inspeccionar Asia, es mi última pista. Si en tres años no encontramos nada… me resignaré.

—Tsk. —Sasuke maldijo su lado sensible, por el simple hecho que Kakashi lo mirara de esa forma con atisbos de esperanza en sus ojos negros, tan desolados como los suyos—. Solamente tres años —espetó en tono mordaz—. Después de eso, me rehúso a seguir tu juego.

No. Él no albergaba esperanzas de que Sakura estuviera viva. Debía hacer entrar en razón a Kakashi y si la única forma de hacerlo era acompañarlo en esa absurda búsqueda, lo haría. Le debía la vida a Kakashi, por haberle brindado un atisbo de felicidad en el tiempo que estuvo con Sakura, porque, aunque no lo recordara por completo, sabía que estuvo muy tranquilo en ese tiempo que estuvo en su compañía.

Irónicamente, un recuerdo se filtró en sus memorias: de que él era un girasol, dicho por Hana. En ese entonces no lo comprendió, pero ahora sí. Al verse reflejado en Kakashi, entendió que buscaban con desespero el único rayo de sol que quedaba en el cielo para que les brindara un poco de confort a sus almas marchitas.

Buscando sin esperanzas un halo de luz al cual aferrarse.


Hola! Hola! Después de muchoooooo tiempo he vuelto a aparecer con un capítulo. Aunque no vemos que sucede actualmente con nuestro protagonistas, conocimos parte de su pasado. Aquel que intrigaba a todos, en especial su convivencia. Se aclararon duda y surgieron otras más. Eso se irá desenvolviendo en los siguiente capítulos.

¿Qué les ha parecido la percepción de Sasuke? Lo que se leyó, en un principio no quería estar cerca de Sakura ¿Cómo resistirse a tal solecito de amor? Terminó cediendo y prometiendo que la cuidaría por siempre. Ese sentimiento transcendió y evolucionó a algo más, maduró por así decirlo.

Lamento la tardanza de este capítulo, intentaré traer el siguiente lo más pronto posible. Me he enfocado en avanzar con ESDS teniendo las ideas frescas. Pero no me olvido de los lectores de DDS. Pase a todo, quiero agradecerles que siguen aquí, ya saben, sin ustedes este fic no sería nada de na'.

En fin, ¡muchas gracias por leer! No olviden decirme que les pareció ¿Se conmocionaron por la muerte de Sasuke? Aunque es obvio que vive, pero el sentimiento sigue ahí.

Nos leemos pronto,

Alela-chan fuera.