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Uchiha no es fiar

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25 de julio del 2016
Tokio, Japón.
Hospital General.

—¡Esa maldita mujer, le arrancaré las manos!

Fugaku escuchó el grito proveniente de Vanesa en medio de la habitación del hospital dónde descansaba Samuel. Recostado en la camilla, se veía demacrado, su rostro pálido y hundido. Sus ojos azules apenas teniendo una chispa de vida. Afortunadamente no había secuelas mortales de lo que sea que le hizo la chica tres días atrás.

El mismo día en que se enteró por Shisui que ambos estuvieron envueltos en una lucha, fue directo al hospital de Tsunade dónde los llevó la ambulancia. Era de esperarse que la bruja casi montó una escena, pero lo dejó pasar ya que, como doctora, tenía que atender a sus pacientes. El diagnostico fue alentador pase a la impresión inicial del joven Cazador.

Sin embargo, él seguía intrigado. Samuel perdió parte de su energía vital que recuperaría con descanso. Sabía que Sasuke no poseía ninguna habilidad que pudiera absorber la energía, además él… estaba gravemente herido, por lo que logró a escuchar entre los pasillos del hospital a las enfermeras cuchichear al respecto. Y lo único que le restaba a considerar era la procedencia de la chica en cuestión, ¿qué clase de criatura era? Nunca había escuchado a un ser sobrenatural capaz de robar energía vital.

Sus ojos se ensancharon a medida que lo analizaba.

Ninguna criatura sobrenatural o Mestiza contaba con esa capacidad, pero un Cazador sí.

—Hará algo al respecto, ¿verdad, tío? —Vanessa se dirigió a él entre todos los insultos a la causante del estado de su hermano.

—Por supuesto que lo hará. Después de todo casi consigo arrebatarle la vida a ese bastardo —intervino Sai desde atrás, en una furia silenciosa—. No puede quedarse así, exigir la vida de Sasuke como castigo no será suficiente, también la vida de esa zorra.

—Yo le cobraré la vida con mis propias manos —murmuró la azabache a su lado.

El mayor solamente los escuchó sin responder nada al respecto. Ladeando la cabeza por el gran ventanal, entrecerró los ojos considerando todas sus opciones. Era momento de comenzar a mover su primera ficha, para variar, primero debía comprobar la identidad de esa chica y si tenía alguna relación con Kakashi.

Los únicos que conocía que podían ser capaz de absorber energía vital, pero en animales, eran los Haruno. A menos que la chica sea parienta de Kakashi o alguna Cazadora Haruno, explicaría el robo de energía vital, aunque no en seres que no fueran humanos. Tenía que pensar cuidadosamente cómo proceder al respecto, un paso en falso y todos acabarían hecho trizas.

Ansiosa, Sakura se sentó de nuevo en el sillón a un lado de la camilla de Sasuke, observándolo en su estado de inconciencia. Sus manos revoltosas se movían en un intento de serenarse sin éxito alguno. Esperaba el momento en que abriera los ojos y le hablara, pero nada había sucedido en los tres días que el azabache permanecía en el hospital. La preocupación le carcomía terriblemente.

Estaba bien, solamente debía descansar para recuperarse. Tsunade le había dicho que no tenía de qué preocuparse, era normal que durmiera por mucho tiempo. En lo que respecta a sus propias heridas también sanaban, en sus piernas se veían las vendas que refugiaban algunas heridas, pero está de más verse así misma cuando le preocupaba terriblemente Sasuke.

Al igual que la culpa no la dejaba en paz. Por protegerla él terminó así.

Se preguntó varias veces si sería lo correcto permitirle que continuara a su lado, pero reconocía que, aunque se lo pidiera, él no lo aceptaría y le haría ceder. Tampoco es que su fuerza de voluntad fuera muy fuerte, a regañadientes no quería separarse de él bajo ninguna circunstancia. Además, la extraña conexión que ambos tenían la mantenía ahí, en plena madrugada con las luces apagadas y la única luz viniendo de la lampara de la esquina, pensando en los acontecimientos reciente y su deseo a que abriera los ojos.

Cansada de pensar, se levantó de su asiento y fue a su lado a tomarlo de la mano. Tenía una mascarilla que le ayudaba a respirar y el monitor cardíaco media su pulso. Todo bien. Las marcas que dejó el agua bendita ya habían desaparecido, la única que persistía era la que tenía en el brazo, apenas un color morado tenue.

—Sasuke, ¿Cuándo piensas despertar? —le preguntó un tanto triste. No obtuvo respuesta, suspiró profundamente y regresó al sillón dónde se recostó con la intención de dormir un poco más. Cubriéndose con una manta que Suigetsu le trajo durante la tarde.

Con la vista puesta en el techo, rememoró la calidez de su mirada. ¿Tanto la tenía embelesada? Cerró los ojos fuertemente y se giró acomodándose para descansar. Esperaba que mañana Sasuke abriera los ojos, extrañaba escuchar su voz.


Esa misma noche, Hikoro se puso de pie en medio de la habitación de Sasuke en el departamento de Kakashi. Cerrando suavemente la puerta del closet, se dirigió a la cama metiendo las prendas en la bolsa de tela en la que llevaba el cambio de ropa de su hermano. Con parsimonia jaló el cierre y suspiró sin dejar de observar a su alrededor.

Pocas veces entró a la habitación de su hermano, primeramente, porque esta no era su casa; y segundo, él jamás se los permitió. Dolorosamente descubrió que aún no les tenía la confianza suficiente para permitirles algo tan íntimo. De hecho, se sentía un poco mal consigo misma, se dijo que le daría su espacio y ahí se encontraba, detallando todo a su alrededor.

La opresión de su pecho aún era dolorosa ante la familiaridad. Pensar que Sasuke pudo morir en su antigua batalla si no fuera por la intervención de Sakura y una desconocida, se hubiese ido sin que ella le pidiera perdón por todo, aunque ya lo hubiera hecho varias veces jamás se cansaría de decírselo.

Parte de sus acciones lo lastimaron. Confesó en su mente que fue despiadada sin querer al mencionar consecutivamente "nuestro padre" en presencia de Sasuke cuando él no lo soportaba. Las cosas que le gritó, los reclamos que hizo sobre ambos; a todo le daba la razón. Su madre murió al darle a luz a ella, por lo que vivió bajo los recuerdos hablados de Itachi o sus tíos; pero Sasuke no, él tuvo a Mikoto por muchos años, vivió a carne propia y experimentó el amor de madre, al igual que el de un padre.

Y el hecho que los dos se hayan esfumado y Fugaku fuese el culpable era aún peor. Ahora Sasuke abrió de nuevo esa brecha que antes cerró con mucho esfuerzo, por una parte, quería llorar y reclamarle a su hermano por dejar que algo como su padre se interpusiera en su relación fraternal, pero no podía hacer mucho al respecto.

Intentó distraerse. Ella era una persona muy curiosa, su naturaleza de indagar le trajo ventajas y desventajas a lo largo de los años, así que siguió vagando alrededor en busca de algo interesante entre todas sus pertenencias al aire.

Solamente se topó con cosas típicas de su hermano como sus cuchillas dispersas en la mesa del centro a la espera de ser afiladas, lo conocía y era muy ordenado. La piedra afiladora en una esquina y varias moneadas antiguas dispersas, no comprendía del todo la manía de Sasuke en coleccionar las monedas de todo tipo.

Agarró una observándola mejor intentando recordar el origen de la moneda, se distrajo ante otro artículo que sus ojos vislumbraron a otro costado. Un cuadernillo de aspecto muy antiguo, con la pasta blanda un poco carcomida y manchada, las hojas se veían ya de otro color. Lo tomó atrapada por la curiosidad pensando que quizás se trataba de información escrita que guardó todo este tiempo.

—O seguramente es algún poema —comentó al aire recordando cómo le gustaba reunir poemas en su juventud para dárselos a Mikoto. Aquella mujer tan benevolente y cálida tenía un afán por leer tantos poemas como su hijo en coleccionar monedas antiguas.

Y efectivamente, era un libro de poemas concordó al leer la primera línea de la hoja al azar. Sus ojos se quedaron fijos en las letras escritas y notó cierta familiaridad en ellas. Frunció el entrecejo y entreabrió los labios, impresionada.

—¿Qué haces mi caligrafía aquí? —murmuró.

No podía estar equivocada ¡Era su letra! Estaba sorprendida que pasó las páginas con prisa hasta toparse con algo que hacía de separador, quedándose de piedra al verlo. Su mano tomó la delicada flor marchita que en su momento de apogeo conservó colores vivos, una Weigela que no se había convertido en cenizas.

Su pecho sucumbió y no pudo evitar recordar el momento que ella misma le entregó ese cuadernillo a su hermano. De eso ya hacía demasiados años, más de lo que recordaba. Justamente después de que convenciera a Itachi de que la dejara conocerlo, su hermano mayor accedió y lo permitió.

Al principio Sasuke ponía mala cara y no se acercaba mucho, aunque fuese serio y huraño, sabía que parte de él estaba contento de conocer a sus hermanos. Hikoro no desaprovechó la oportunidad y rápidamente buscó alguna particularidad de él con el que pudieran unirse. Notó, en una de las veces que bajaban a la aldea en busca de comida, como él se quedaba observando a su alrededor y se acercaba a los vendedores ambulantes. Después de unas idas regresaba con un cuadernillo en mano y no comentaba nada.

Hasta un momento en que Hikoro fingió no interesarle él frunció el ceño y lo confesó.

—Son poemas. —Había dicho a voluntad propia. Un sonrojo acudió a las mejillas del chico y que dispersó al ver una sonrisa en los labios de Hikoro—. Son para mamá, a ella le encanta leer poemas.

—Que hermoso pasatiempo —contestó Hikoro rebosante de alegría.

Esa ocasión, cuando regresó al Fuerte ella misma buscó en la extensa biblioteca un libro de poemas tomándose la tarea de transcribir los que le parecieran más hermosos para dárselos a Sasuke en su próximo encuentro. Itachi pasaba a su alrededor intrigado de sus acciones, pero jamás le reveló sus intenciones y tampoco a quién iba dirigido.

Cuando visitó a Sasuke el siguiente mes llevó consigo el cuadernillo dónde transcribió los poemas. Su punto de reunión en esta ocasión fue un extenso prado lleno de flores en plena primavera. Ese día no era ni muy caluroso ni muy frío. Sasuke yacía sentado debajo de la sombra de un árbol observando a la nada. Notó su presencia y apenas asintió con la cabeza en saludo, especuló que esperaba impaciente a Itachi o a Mikoto. Sea quién fuese no le iba a robar su momento.

—Esto es para ti. —Le extendió el cuadernillo y el chico permaneció quieto, observando el objeto—. Son poemas que transcribí para Mikoto-san.

La expresión de su rostro mientras lo recibía fue gratificante para Hikoro, detallando de la vacilación de sus ojos y el agradecimiento en sus gestos en medio de su rostro avergonzado. Nadie más que ella y Mikoto sabían de esto, que él conseguía esos poemas para ver sonreír a su madre.

—Gracias —dijo él absortó observando el cuadernillo de pasta azul entre sus manos. Lo abrió un momento fijándose en la caligrafía y luego lo cerró.

Un viento revoloteó los cabellos de ambos. En ese entonces Hikoro poseía una cabellera corta por arriba de los hombros, aún así, batalló un poco por ordenarlos junto a los pétalos de flores que surcaron a su alrededor, combinándose con el paisaje hermoso y el silencio irrumpido por la ventisca agradable que golpeaba sus rostros. Los pájaros surcaron los cielos atrapando su atención.

Hasta ese momento no se percató de lo que escondía Sasuke debajo de los pliegues del kimono, entre dejó ver su torso y las ventas que lo cubrían. Ensanchó los ojos al pensar que alguien intentó lastimarlo, detalló mejor sus manos y había perceptible cortadas, el viento había agitado el cabello de los costados de su rostro y vio una cicatriz que surcaba desde debajo de su oreja hasta el cuello. Estaba segura que esa cicatriz no existía un mes atrás.

Un nudo se formó en su garganta y estuvo a punto de preguntarle que sucedió, hasta que él la interrumpió con su voz apacible.

1Ave errante, cruzando el infinito por este mundo paso. La ley de la materia me entretiene entre el placer y el llanto. Y al ir desde la cuna hasta el sepulcro bien sé que, infortunado he de llegar a ser ceniza fría para propios y extraños. Mas por que no se olvide hasta mi nombre al disiparse el ruido de mis pasos, flores del alma en mis amantes versos con júbilo derramo, y así las almas puras que me amen las cogerán, pensando que, mañana, tal vez por esa prenda, allá en la eternidad nos conozcamos.

Escuchó absorta lo recitado por él. Los ojos del chico estaban fijos en las flores frente a ellos. Hikoro bajó la mirada triste un momento.

—Flores del alma. Así se llama el poema —comentó él sin moverse demasiado—. Ayer pude ser una flor de alma y cenizas frías hubiesen quedando en mi lugar.

Hikoro lo miró con dolor. Otra vez intentaron matarlo.

—Sasuke…

—Si yo muriera mañana —le interrumpió antes de que dijera algo— ¿Tomarás mis cenizas frías y las acogerás entre tus cálidas manos?

La Cazadora lo miró fijamente por unos instantes controlando su propio llanto. Extendió su mano al frente para tomar la flor que se mecía a su lado y se la entregó, Sasuke la tomó expectante y sin emitir ninguna palabra a que no respondiera a su pregunta, se intrigó a que le diese una flor.

—Weigela —dijo ella señalando la flor y mirándolo con cariño—. En el lenguaje de las flores significa: te deseo un futuro brillante.

Hikoro no quería pensar en su muerte, por eso no respondió la pregunta.

Incluso años después no se atrevería a responderle. Simplemente le parecía una aberración imaginar a su hermano muerto.

Algo en ella se quebró al observar el cuadernillo y la flor como separador. Dudaba que fuese la misma de ese entonces, pero el simple hecho de que estuviera ahí le embargaba un sentimiento de esperanza. Quizás en este tiempo que no les habló reconsideró el hecho de que no alejarse ¿verdad? Pensó que quizás él enfrentaba su propio duelo y lo mejor sería darle espacio.

Empero, no quería decir que le dolía la indiferencia, pero estaba inquieta con lo descubierto, como si él hubiese conservado estos objetos al ligarlos con Hikoro. Quiso pensarlo así.

—Ay, Mikoto-san —murmuró abrazando el cuadernillo y sus ojos derramando lágrimas—. Su hijo es muy testarudo, pero sigue siendo el chico sensible que conocí.

Aquel chico que bajaba a la aldea y buscaba poemas para dárselos a Mikoto en un desesperado deseo de verla sonreír y olvidara por un instante el mundo en que vivían.


Sasuke abrió los ojos de sopetón en medio de la madrugada, sin hacer ninguna clase de ruido, solamente el monitor cardiaco detecto la repentina ansiedad que experimento al verse levantado de un largo sueño entre los recuerdos nítidos de su pasado. Intentó no alterarse, reconoció el lugar de inmediato, el hospital. Estiró un poco sus extremidades descubriendo que le dolía casi todo, sus músculos tensos se quejaron en dolor ante la acción, por lo que tomó una respiración profunda, dándose cuenta del detalle de la mascarilla que tenía sobre su boca.

¿Por qué demonios tenía la mascarilla? Sentía que lo ahogaba. Además, al mover sus brazos notó las intravenosas. Se quitó a cuestas la mascarilla y estuvo a nada de jalarse las odiosas agujas, pero fue frenado por unas gentiles manos y una voz conocida resonó en regaño.

—No te lo quites, por ahí se te administra la morfina para mitigar el dolor de las heridas.

Era Sakura a su lado impidiendo que lo hiciera. La miró como si hubieran pasado años. Y era lo que sentía él, después de experimentar de nuevo sus viejas memorias la nostalgia lo invadía y provocaba en él un sentimiento nuevo: añoranza. La vieja Sakura, aquella niña miedosa se transformó en una inigualable chica llena de valentía.

—No pretendía hacerlo —respondió de inmediato. Notó que no lo soltó, desconfiando un poco de él a que cumpliera su palabra. Sus ojos verdes nunca le parecieron más dulces al reflejar preocupación hacia él.

No se resistió, estiró su mano y la acunó en su mejilla. Inmediatamente obtuvo la reacción que esperaba: sonrojo. Combinado con una expresión seria que intentaba imponer un orden, sin saber porque, provocó en él una sonrisa de medio lado y unas inmensas ganas de provocarla. La pesadez que sintió al principio se fue disipando al enfocarse en ella. En Sakura. La chica de la cual estaba más que enamorado.

—¿Cómo te sientes? —La pregunta lo trajo de regreso. Ella lo soltó y lo inspeccionó de cerca, sin dejar de observarlo fijamente—. Me preocupa que tengas secuelas por el agua bendita.

Retrocedió al momento de la pelea. Lo último que recordaba era el grito de Sakura y la insistencia en que Sai lo dejara a cambio de la vida de Samuel, después de eso una bruma se extendió sobre ellos y no supo más.

Rápidamente la escaneó con la mirada, esperando no ver ninguna herida grave a la vista, pero ella no parecía tan lesionada como él. Lo único visible era una venda alrededor de su brazo.

La tomó delicadamente de la muñeca y le hizo sentarse en la orilla de la cama para alcanzar la venda, inspeccionándola con ojo crítico.

—Lo mío es tratable. En cambio, tú ¿Cómo te hiciste esto?

La vio encogerse de hombros.

—No lo sé, seguramente con los escombros o alguna cuchilla.

Entrecerró los ojos negros e iba a preguntar más, pero Sakura se lo impidió poniendo las manos al frente y negando con la cabeza.

—Nada de preguntas, mejor respóndeme con sinceridad si te duele algo. O, mejor no, llamaré a la enfermera para que te examine. —Se levantó dispuesta a ir por la dichosa enfermera, pero él no quería ver a nadie más.

La retuvo tomándola del brazo, al mismo tiempo que la jalaba y él se sentaba. ¿Resultado?: Sakura quedó recostada en su torso y él la aprisionó en sus brazos. Pronto la chica se volvió a sonrojar y tartamudear debido a la impresión, ¡esa acción jamás lo esperó!

—¿S-asuke?

—Solamente quiero que me cuides tú —rezongó cual niño pequeño hundiendo su nariz en la suave cabellera de Sakura, aspirando su aroma gentil.

—Pero tengo que ir por la enfermera… –Se removió en un esfuerzo inútil ¿de dónde Sasuke sacaba tantas energías? —. Tiene que ver tus heridas.

—Si te digo como me siento, ¿no irás por la enfermera? —cuestionó en un intento de negociar.

La pelirrosa aspiró disimuladamente, intentando no seguir con el nerviosismo que le invadió al estar en tal posición. La respiración de Sasuke sobre su oreja, susurrándole de cerca. Él sabía el efecto que tenía sobre ella y se aprovechaba, que injusto.

—No importa que digas, yo… —De calló al sentir los brazos aprisionarla más. Nerviosa, intentó girar su rostro topándose muy de cerca con la nariz del azabache, a escasos centímetros de ella. Recordó los besos que compartieron y viró de regreso al frente, cohibida.

—¿Tú qué? —insistió Sasuke.

—Yo… —Parpadeó, intentando pensar con claridad—. Quizás… si me dices lo pensaré.

Sasuke sonrió contra su oreja, apoyado la barbilla en su hombro.

—Me siento bien —respondió a medias—. Pero, si cruzas esa puerta, quizás el dolor regrese.

—¿Acaso estás cruzando una dependencia emocional?

—Tal vez.

Su afirmación la tomó desprevenida. Giró la cabeza a su dirección y se encontró con los cálidos labios de Sasuke sobre los suyos, tomándola desprevenida. Ahogó un grito de sorpresa y se alejó de él a prisas. El joven no la retuvo y en cambio, la miró intensamente.

—¿Q-Qué estás haciendo?

—Besarte —respondió él como si no se hubiese dado cuenta. Para consternación de la pelirrosa, Sasuke agarró la intravenosa y estuvo a nada de arrancárselo.

—¡Detente! ¿Qué haces?

—Ya que te alejaste iré detrás de ti —aseguró él deteniéndose sólo para ver a la chica, abochornada y sonrojada, volver a su lado.

A Sasuke no le importó mostrar una faceta que nunca había salido a la luz y tampoco se avergonzó de sus acciones. El hecho de que recordara todo de sopetón le movió su fibra sensible y ansiaba no soltarla nunca más, comportándose de una forma que quizás no retomaría, pero no se arrepentiría de mostrárselo a Sakura.

La abrazó de nuevo repartiendo un camino de besos por su mejilla hasta llegar a su frente, su actitud contradecía demasiado su carácter, de eso estaba seguro. Pero no podía resistirse, el solamente recordar lo que sintió al dejarla en medio del prado, de los pensamientos que inundaron su ser mientras moría y su último aliento de vida saliendo de su cuerpo.

Todos estos años fingió no anhelar su compañía, fingió que no le importaba si la hallaban muerta. Secretamente sus esperanzas afloraron, sin embargo, el golpe llegó al encontrarla y descubrir su paradero. Por todos los medios intentó engañarse así mismo el que no conservaría ese cariño, y claro que no lo hizo, su corazón le dio una mala jugada y ese sentimiento evolucionó de una forma que jamás imaginó.

Pero no se arrepentía. Justo ahora no lo hacía. Si le dieran la oportunidad de olvidar todo de nuevo batallaría con todas sus fuerzas para evitarlo. Por más doloroso que fuera, nunca se despojaría de sus sentimientos.

—Sasuke… yo… —La temblorosa voz de la chica entre sus brazos lo sacó de sus pensamientos. Se detuvo momentáneamente y la miró desde su posición, esperando paciente a que continuara—. ¿Qué es esto qué tenemos? Quiero decir… tú y yo…

Vio la vacilación en sus gestos. Sin ser demasiado prepotente y altanero conocía sus sentimientos. Desde un tiempo lo sospechaba y, aunque tenía sus propias dudas y los celos cegaban repentinamente, estaba seguro de que Sakura sentía lo mismo que él. Sus bellos ojos siempre eran expresivos cuando se trataba de él, y no era difícil de leer sus gestos. Bastaba en observarla, conocer sus gestos, cada faceta de su rostro.

Sonrió un poco, sus dedos se movieron al mechón de cabello que se deslizó por su hombro y lo colocó delicadamente detrás de su oreja. No le apartó la mirada de encima.

—Ya te darás cuenta. —Fue su respuesta. No quería presionarla o ella saldría corriendo. Lo mejor sería que se percatara a su ritmo. Él tenía todo el tiempo y estaba dispuesta a esperarla.

Sakura parpadeó un poco confundida analizando sus palabras. Permaneció en silencio después de eso. Ambos abrazados llegando al punto que Sakura ladeó el rostro dejando que los cálidos labios de Sasuke acariciaran gentilmente los suyos. Su mano aferrándose delicadamente a su pecho, y la de él en su nuca, intercambiaron un momento dulce y único.

Fue lento y conciso, sin prisa alguna. Cada vez la mano de Sasuke se enredaba en sus cabellos, sin dejarla ir y tampoco ella quisiera apartarse de él. En cuanto sus labios fueron jugueteados y absorbidos con delicadeza, abrió la boca y apretó la bata de Sasuke. Inconscientemente tocó una de sus heridas provocando que él soltara un jadeo y se apartara un poco.

—Lo siento. —Sakura se exaltó un poco alejando sus manos, pero sin apartar su cuerpo. Sonriendo levemente, observó los ojos de Sasuke que la anhelaba. Negó con la cabeza y le dio un beso en la frente—. Pero fue suficiente.

—Besarte nunca es suficiente —renegó él.

Ante su descaro, la pelirrosa abrió la boca y estuvo a punto de decirle que no dijera tales cosas que aceleraban su corazón. Sin embargo, la enfermera entró justo en el momento en que pretendía darle un golpe en el brazo. Retrajo las manos y se levantó rápidamente de entre las piernas de Sasuke apenada a que los haya visto en una posición comprometedora.

Pasó las manos por su cuello y se alejó un poco mientras la enfermera los saludaba y comenzaba el chequeo en él. En todo momento observó que Sasuke no le apartó la mirada, a excepción de cuando la enfermera obstruyó su línea de visión.

Suspiró cansina y cerró los ojos, dejándose caer en el sillón esperando a lograr tranquilizar las palpitaciones de su corazón ante las caricias del muchacho. Esperó paciente a regular su respiración.

—Intenta no levantarte por hoy. Aunque tus genes de lobo ayuden a sanar tus heridas, las quemaduras del agua bendita serán las más problemáticas —dijo la enfermera terminando de venderle parte del brazo. Sakura atendió a sus explicaciones ya que el azabache no parecía muy interesado—. Vendré por la mañana a revisarte de nuevo.

En cuanto se quedaron solos, la chica titubeó en el sillón. Pronto se escandalizó al ver la intención del chico en incorporarse. Saltó de su asiento a prisas.

—¿Acaso no escuchaste a la enfermera? Nada-de-levantarse —pronunció con lentitud reprendiéndolo.

Él pareció suspirar profundamente mientras se dejaba caer en la cama, formando una especie de mohín que parecía una mueca de inconformidad. Sus ojos oscuros parecieron ablandarse por un momento antes de que la tomara de la muñeca y la arrastrara a su lado, prácticamente quedó con medio cuerpo encima suyo, y no pudo evitar escandalizarse.

—Duerme conmigo.

—¡¿Qué-!?

Los colores se subieron al rostro de la pelirrosa que se alejó de nuevo, dirigiéndole una mueca de advertencia.

—N-No bromees de esa forma.

—¿Acaso piensas que estoy bromeando? —La seriedad con la que dijo tales palabras la hicieron titubear, pero no lo suficiente. En verdad deseaba acurrucarse a su lado como la última vez que despertó entre sus brazos, pero la situación era diferente comenzando que él se encontraba herido y cualquier podría ingresar y encontrarlos en una situación comprometedora.

Reunió todo su autocontrol y se cruzó de brazos, frunciendo el ceño se inclinó a su lado posando un dedo en los labios que amenazaron en soltar otras palabras.

—Sasuke, necesitas descansar. Si duermo a tu lado estarás molestándome y agotarás tus energías —su explicación fue respaldada con los hechos, pues la sonrisa contra su dedo lo delató. Era obvio que no la dejaría dormir, obtuvo un escalofrío y finalmente suspiró, cansada—. Duerme por hoy, ¿vale? Hay… muchas cosas que enfrentar mañana. Será mejor que recuperes energías.

El azabache no tuvo nada que contradecir al ver su rostro, decidió no seguir insistiendo, pero sin evitar fruncir el ceño. La observó irse al sillón y recostarse con toda la calma del mundo. La fulminó con la mirada cuando ella le sonrió y se acobijo con la manta.

—Descansa —le deseó dándole la espalda.

Murmuró unas cuantas cosas relacionado a que acababa de levantarse y ella quería que durmiera. Sakura soportó la risa enternecida que amenazaron sus labios sin despegar la vista del sillón. Lo escuchó moverse y finalmente el silencio, después de un rato de mantener los ojos abiertos y mirar sobre su hombro notó que él había caído profundamente dormido en cuestión de minutos. En verdad le faltaba recuperarse.

Se movió de lado y se quedó dormida mientras lo contemplaba en silencio.


Cuando se despertó Sakura no estaba en la habitación y parecía ser de noche. Le costó un segundo para entrar en ansiedad al no verla en el sillón y los retazos de su dulce aroma inundaban ágilmente en el ambiente combinándose con otro que le resultó demasiado familiar.

Recostado en la camilla, giró la cabeza a su costado. Ahí dónde estaba Hikoro moviendo algo en la mesa pegada a la ventana, taranteando una canción sin letra. Vagamente reconoció el sonido y no pudo evitar perderse en la melodía. Conocía tan bien esa canción: era la que su Mikoto le taranteaba de pequeño. ¿Cuándo lo aprendió Hikoro? Una emoción semiamarga inundó su boca, pensó que jamás escucharía esa canción a boca de otra que no fuera la suya o su madre.

Un nudo se formó en su garganta e intentó no pensar al respecto.

Los pensamientos de su madre lograron eclipsar la repentina sensación de ansiedad que acogió su pecho al no saber de Sakura. Sin hacer ruido se sentó notando que ya no traía puesta la mascarilla. Inconscientemente soltó un suspiro alertando a la Cazadora que giró completamente y le ofreció una sonrisa.

—Sasuke, que bueno que despiertas —dijo aliviada acercándose a su lado. Sasuke retrajo la mirada al pensar que Hikoro lo tocaría como acostumbraba, pero en vez de eso, la Cazadora le sonrió y jaló la mesita suspendida de sus piernas. Hasta ese momento se percató de la comida que reposaba ahí—. Antes que nada, come, Saku-chi me pidió que vigilara que lo comieras. Ayer apenas te levantaste, pero no comiste nada.

—¿Dónde está ella? —preguntó sin intenciones de comer.

—Se fue por la mañana al departamento a ver a Gaara. No te preocupes, no tardará en llegar —le consoló a sabiendas que la pelirrosa era la primera que deseaba ver. Sasuke permaneció en silencio sin saber que más decir, se suponía que en este momento estaba… arraigado a sus hermanos, pero Hikoro parecía… extraña—. Vine a dejarte un cambio de ropa, escuché de Tsunade que podrás irte a casa por la mañana.

«A casa» la sensación le golpeó en el estómago.

—Kakashi te llevará por la mañana si Sakura no ha regresado.

—¿Kakashi? —No pudo evitar preguntar.

Hikoro asintió cerrando por completo el bolso sobre el sillón.

—O si prefieres esperar a Sakura —dijo ella malinterpretando su gesto.

En realidad, Sasuke inconscientemente esperaba que Hikoro se ofreciera ella misma y aludiera que lo cuidaría o lo llevaría a su departamento alegando que allí era su hogar. Sin embargo, nada sucedió, Hikoro le transmitió otro itinerario y no se opuso en lo absoluto. Antes hubiera armado un escándalo como si se tratara de pelear la custodia de su hijo, estaba… extrañamente cooperativa.

Y por alguna razón, le hizo sentirse incómodo, frotándose los dedos entre sí, la observó mientras la escuchaba hablar sin prestarle la debida atención.

—Listo. No olvides terminarte todo —le dijo Hikoro acercándose a la puerta. Fue cuando Sasuke reacción y estiró repentinamente el brazo, como si quisiera retenerla. Su acción sin palabras detuvo a la mujer, intrigada—. ¿Sucede algo?

—…

Sasuke se percató de su acción y rápidamente bajó su mano. Por un momento se sintió estúpido, ¿Qué estaba haciendo?

—No es nada. —Terminó por murmurar.

—Bien. Nos vemos luego.

Hikoro lo miró un momento más, y aunque pareció que insistiría, contempló su menuda espalda y escuchó su despedida. Se quedó solo en la habitación y dejó escapar el aire por la boca con cierta tensión. ¿Qué fue todo eso? ¿Le había sucedido algo a Hikoro para qué dejara de lado su comportamiento habitual?

La puerta se volvió a abrir y esperó ver a Hikoro, tal vez había regresado para decirle que cambió de opinión que lo llevaría de vuelta a con ellos. Pero el rostro sonriente de Kiba se asomó y no pudo evitar sentirse decepcionado.

—¿Uh? Parece que te desilusioné —comentó el chico juguetón cerrando la puerta con el pie y se encaminó a su Alfa. Sasuke manutuvo su compostura cuando le dieron un par de codazos suaves—. Apuesto a que pensaste que era Sakura.

Aunque estaba lejos de su suposición no rebatió nada al respecto. Cerró los ojos y tomó los palillos, dispuesto a comer.

—Hikoro me pidió que te hiciera compañía ya que tiene cosas que hacer —siguió diciendo Kiba ignorando por completo que Sasuke le prestaba menos atención de la que comúnmente lo hacía—. Kakashi-san está ahora mismo en una reunión con Minato-san, y, lamentó darte las malas noticias jefe, pero la Cabecilla de los Uchiha pidió una audiencia.

Sasuke no había pensado en el incidente y las consecuencias, aunque no era de extrañarse. Por supuesto que Fugaku pediría una audiencia, uno de los involucrados fue Sai, el legitimo sucesor en el Clan. No pudo evitar entornar los ojos y comer con excesiva fuerza.

—¿Sabes cuándo será? —cuestionó.

—No, se supone que eso están discutiendo ambos, pero supongo que mañana. —Kiba jaló la silla más cercana y se dejó caer, apoyando las piernas sobre la orilla de la cama y cruzado de brazos. En ese momento el azabache se percató de cierto detalle.

—Kiba, si tú estás aquí. ¿Quién se encuentra con Sakura? —preguntó amenazadoramente.

—Ey, no me mires con esos ojos amenazantes. —El chico movió sus manos al frente y sonrió—. Suigetsu y Karin están con ella, fueron a ver a Gaara al departamento. Ha estado un poco ansioso.

Al nombrar los antiguos guardianes de la chica, pudo estar tranquilo y enfocarse en otra cuestión.

—¿Sucedió algo con Gaara? —No pasó desapercibido que había algo detrás de las palabras de su tercer al mando.

Kiba se rascó la mejilla en un gesto de «¿Le digo o no le digo?».

—Pues… hace unos tres días llegó una rubia a la alcaldía exigiendo ver a Gaara. Resultó ser la hermana de él, una Cazadora llamada Temari y quiso llevárselo a la fuerza. Tuvo un fuerte altercado con Sakura. —Al mencionar tal acontecimiento, los hombros de Sasuke se tensaron—. Afortunadamente Kakashi intervino y no lo permitió, pero concedió a que Gaara hablara con ella y tomara una decisión. ¡Gaara no dudó ni un segundo en decir que se quedaría aquí! Por supuesto que la Cazadora se enfureció, pero tuvo que aceptarlo y se marchó.

—Uh… —murmuró él con la vista fija en los platos. Con razón Sakura se veía un poco ansiosa y fue a ver a Gaara—. Supongo que no hay peligro.

—No, al parecer Temari vendrá a visitarlo de vez en cuando, pero Gaara dejó muy en claro con quién quería estar. ¡Parece que se encariñó mucho con Sakura!

Su comentario provocó los celos en Sasuke, pero no lo dejó ver. Aunque Kiba lo decía en otro sentido, no pudo evitar pensar si acaso Gaara se enamoró de la pelirrosa y estaría pegado a ella. Un sentimiento se apoderó de su ser y comió de mala gana ante la atenta mirada de Kiba, sin notar como este ensanchaba su sonrisa divertida.

Eres fácil de leer cuando se trata de Sakura, pensó el peli café complacido riéndose por debajo.

—¿Algo más destacable? —preguntó Sasuke desviando el tema, cosa que Kiba notó, pero no comentó nada al respecto.

—Ryuta-san a insistido en verte —Escuchar el nombre de su abuelo no le agradó—. Le he dicho a Tsunade que le prohibiera la entrada, así que por eso no ha aparecido por aquí.

—No, dile a Tsunade que le permita acceder —Kiba lo miró sorprendido por sus palabras, por lo que le lanzó una mirada seria—. Hablaré con él y dejaré en claro que no pienso ceder.

El muchacho de ojos cafés comprendió la actitud de su amigo. Ryuta había estado detrás de él desde la muerte de Mikoto a que tomara su lugar, pero él siempre rehuyó de esa responsabilidad que le correspondía por sangre; y ahora que él mismo tomó una manada seguramente el viejo le reclamaría y lo obligaría a aceptar la otra manada. Sin embargo, sabía que Sasuke no lo permitiría.

Asintió recibiendo las órdenes observando disimuladamente que no tocó mucho su comida, iba a decirle que incluso estaba ahí a órdenes de Sakura para vigiarlo a que terminara todo, pero fueron interrumpidos por la puerta abriéndose. Pensó que se trataría de una enfermera, hubiera sido mejor.

En la puerta se vislumbró la silueta de Fugaku provocando tensión en el lugar apenas cuando le dirigió una corta mirada a Sasuke.


La sensación que experimentó Sasuke fue impactante. Después de tantos años ver de nuevo al hombre que lo engendró —ni padre se atrevía a decirle en su mente en estos momentos— le causaba un retorcijón de odio y rencor profundo. Sus ojos lo expresaron en todo momento en que apartó la mirada mientras cuatro personas más ingresaban a la habitación detrás de él.

Se obligó a apartar la vista y enfocarse en otro pensamiento. Sus manos picaban en invocar a Kusanagi e ir en contra de Fugaku, se retuvo por una sencilla razón: sería contraproducente en su estado actual. Aunque estaba seguro que podía caminar sin problema alguno, el luchar era otra cuestión. Las quemaduras del agua bendita, a pesar de que ya no estuvieran a la vista, ardían debajo de su piel.

Disimuladamente notó que Sai era una de las personas que entró y venía con su sonrisa altanera, con él no retuvo la mirada de odio que le dirigió. Maldita sea, y él ahí postrado en la cama. Estuvo a nada de levantarse hasta que notó la reprimenda silenciosa que le lanzó Kakashi del otro lado, resignado, el azabache dejó de lado sus acciones.

Se alarmó al notar el detalle de la presencia de Kakashi, estaba envuelto en ropas oscuras y la mascará que cubría la mitad de su rostro, a su lado, estaba Minato con un rostro tan estoico. Kiba se había puesto de pie y permanecía a su lado, sin poder retener la mirada de resentimiento a los Cazadores Uchiha.

—Sasuke, supongo que sabes porqué estamos aquí —habló Minato después de un corto silencio. El muchacho apenas asintió, parecía absortó en sus pensamientos—. Queremos llegar a un acuerdo conforme a la pelea que se suscitó en la ciudad.

—No hay nada que aclarar —espetó Sasuke sin el menor atisbo de ceder.

—¿Qué no hay nada que aclarar? —inmediatamente Sai avanzó unos pasos y lo fulminó con la mirada, a pesar de que la sonrisa de había desvanecido se notó la soberbia hasta los poros—. Intentaste matarme.

Los ojos negros de Sasuke se entrecerraron.

—Te recuerdo que fuiste el primero en amenazar y atacar. No salgas con estupideces que tu vida no significa nada para mí.

—¿No recuerdas con quién estás hablando? Soy el hijo legítimo y que heredara el puesto de Cabecilla.

Para nadie pasó desapercibido que resaltó la palabra "hijo legítimo" queriendo dejar en claro su posición. A este punto, y apenas comenzando, Sasuke le dedicó una mirada indiferente y aparentando aburrimiento. A él le importaba un comino qué cargo tuviese Sai, lo único que le interesaba era que no metiera a Sakura en tales asuntos. Juzgando por la mirada de Kakashi y que contenía cierto alivio, supo que ella no tomaría parte o eso quiso creer.

—¿Y? —Kiba interrumpió sin poder contenerse—. Con más razón deberías respetar las leyes si serás la próxima Cabecilla, ¿acaso ignoras la ley de no atacar deliberadamente a las criaturas de esta ciudad?

—Nadie está hablando contigo, Mestizo inmundo —gruñó Sai.

—¿¡Cómo me dijiste pequeño engreído!? —Fue detenido por una mirada corta de su Alfa, se reprimió bastante cortando la frase y terminó gruñendo.

—Sai, silencio. —La advertencia de Fugaku no fue esperada por nadie, incluso el aludido se giró a él con sorpresa. No bastaba que dijera más palabras, con una sola mirada sabía que no debía seguir hablando deliberadamente.

—Pero, padre…

—Basta. —Intervino Minato acallándolo—. Tenemos que llegar a un acuerdo, Uchiha-san, su hijo cometió una violación a la ley. Las represalias se atentarán con los involucrados. No pediré ningún castigo a Samuel por su estado, pero pediré consideración de esto.

De pronto, Sai soltó una risotada.

—Dices que todos los involucrados, pero ¿Qué me dices de la chica que él defendió? ¿Cómo es que se llamaba? —Sai fingió hacer memoria, y todos a su alrededor contuvieron el aliento, a excepción de Fugaku que repentinamente se mostró interesado—. ¡Ah, por supuesto! Sakura…

La tensión subió por los hombros de Sasuke y fue incapaz de disimular el gruñido que brotó de su pecho, alertando a Kakashi temiendo que empeorara la situación. Él era capaz de dejar a un lado su fachada e irse contra Sai si él seguía provocándolo con Sakura.

—¿Dónde se encuentra en estos momentos? También debería haber represalias contra ella, casi mata a Samuel —objeto con insolencia.

—Fue en defensa propia, Samuel intentó matarla primero —defendió Sasuke.

—Pero eso no resuelve que casi lo despoja de su energía vital ¿En verdad esa chica se controla bien? ¿No será una amenaza para los humanos? Ni siquiera sabemos qué es —miró fijamente a su padre cuando dijo eso. Era sabiendo que Fugaku, pase a todo lo ruin y despiadado que decían de él, de igual manera velaba a medida la integridad de los Humanos.

—La chica se controla. —Interrumpió Kakashi. Su voz salió amortiguada por la máscara y tuvo los ojos fijos de Fugaku sobre él.

Entonces, inesperadamente la Cabecilla Uchiha interrumpió.

—Si dices que se controla, Walter, ¿puedo pedir una demostración?

La trampa había sido puesta y estúpidamente cayeron en ella. Kakashi apretó disimuladamente los puños, no podía dejar que Fugaku viese a Sakura o se daría cuenta de quién era hija, Hana y ella se parecían terriblemente. A juzgar por sus palabras no sospechaba nada, ni de él al tener ese nombre falso y dudaba que Sai la reconociera.

Su mentira a decirle que lo controlaba fue una forma de intentar zanjar el tema, pero Fugaku quizás sospechaba de su origen o por lo menos que no era alguna clase de ser sobrenatural. En toda la historia solamente algún demonio podía robar la energía vital pero ese Exotic fue asesinado hace siglos; y los únicos capaces eran los Haruno, pero en animales.

¿Intentaba comprobar algo? Incluso para Kakashi era un misterio de la habilidad de Sakura, aunque tenía sus leves sospechas de que se debía a la mezcla de sangre.

Sin embargo, ante todo pronóstico, Fugaku agitó ligeramente la cabeza.

—Aunque, si ha estado establecida en la ciudad por muchos años y no ha ocurrido nada, podemos determinar que no es un peligro. Si ella fuera un peligro real, dudo que Minato haya acobijado a tal criatura —dijo a Sai específicamente que se ponía rojo de la furia por no lograr su cometido. Luego se giró específicamente a Minato que seguía expectante—. ¿Cuál es el castigo?

—¡Padre! —reclamó Sai anonadado.

Minato lo pensó seriamente. Si lo expulsaba de la ciudad levantaría severas sospechas, pero si no hacía nada al respecto los expondrían. Tenía en cuenta que ellos estaban ahí —específicamente Fugaku— para juzgar sus acciones como alcalde de Tokio y determinar si era apto, pasaba información al Consejo Real sobre sus avances, pero en ocasiones parecía que Fugaku no tramaba nada cuando podría ser todo lo contrario.

Frunció los labios.

—Pasar una semana entera en los calabozos subterráneos.

Su sentencia fue dada, y Sai exclamó y renegó a aceptarlo dándose topes a la pared cuando Fugaku simplemente asintió y le dirigió una mirada que no aceptaba objeciones. Inmediatamente toda la sangre se acumuló en el rostro rojo de Sai, lleno de vergüenza y humillación, justo cuando entrados dos guardias con esposas que les costaron ponérselos ya que sellaban su energía espiritual, a pesar de las insistencias y las reclamaciones, fue arrastrado por los pasillos del hospital.

—¡PADRE, NO PUEDES HACERME ESTO!

En silencio, Fugaku lo observó alejarse. Minato se acercó a él y le dio una corta reverencia.

—Le agradezco su cooperación. Esperemos que esto no vuelva a ocurrid.

—Esperemos —concordó Fugaku.

Y sin dirigirle ninguna mirada a nadie salió imponente por la puerta. Apenas avanzó a la siguiente intersección que estaba a unos cuentos metros y escuchó pasos a sus espaldas. Pensó que era Sai que se había liberado y miró sobre su hombro al sentir la energía diferente, vio a una mujer pelirroja cuya aura delataba que era Vampira, entrar a la habitación. Si de por sí era pálida, su expresión urgente le hizo parecer aún más muerta.

—Mala noticias ¡Sakura fue atacada por un Cazador Hyūga!

Apenas escuchó esa frase que fue exclamada, se intrigó por un momento.

Notó pasos y cómo exclamaban dentro de la habitación el nombre de Sasuke, en menos de unos segundos lo vio de pie arrastrando unos cables que se los quitó a la fuerza junto con las agujas de sus brazos. Fugaku interpretó la reacción de Sasuke en silencio, mientras continuaba su camino doblando en la intersección evitando ser visto por los demás.


Unas horas antes, Sakura se apartó de Suigetsu y Karin a las afueras del centro comercial y se debía a una razón en particular. Les pidió a ambos que la esperaran cerca, que se encontraría bien. Le costó demasiado trabajo convencerlos, pero no quería que ellos se enteraran de lo que iba a hacer.

Mientras esperaba sentada en uno de los paraderos de autobuses, miró disimuladamente sus manos recordando la razón de sus acciones. Días atrás, justo después de que Sasuke cayera en el hospital la chica rubia cuyo nombre ya sabía, Ino, se presentó en le balcón de su departamento durante la noche en que fue por un cambio de ropa.

El tremendo susto que le dio la puso más pálida y sin titubeos había tomado su espalda y se puso en defensa. Pero la rubia simplemente permaneció de pie con una ceja alzada envuelta en su gabardina café. Le tuvo miedo en un principio porque el nombre figuraba en las personas que deseaban matarla, no dudó en ir contra ella pero titubeando en el último momento ante la acción que Ino hizo a continuación.

Apoyando una rodilla en el suelo hizo una reverencia marcada, dejando expuesto su cuello justo dónde detuvo la hoja de su espalda. Aspirando con fuerza, la miró desconcertada. No olvidaba que gracias a su ayuda Sasuke seguía vivo, pero, por otro lado, ella quería matarla. ¿Qué estaba haciendo en ese momento?

Su mano no tembló, pero su rostro reflejó sus dudas.

—Pido que me perdones, Sakura-san, por la intención que tuve en atentar contra tu vida —Las palabras de Ino parecían tan sinceras que dudó por un instante—. En mi defensa, lo único que puedo abogar es que intentaba proteger a Sasuke-kun de ti.

—¿Eh? —Aquello la desconcertó mucho. No pudo evitarlo. Ino alzó ligeramente la cabeza para admirarla desde ahí—. ¿Qué quieres decir con eso?

Ino siguió en su posición, hablando con su voz terciopelada.

—He de suponer que sabes lo que sucede con un Fujun'na Hanta cuando cae bajo la influencia de su protegido —dijo, y por la mirada que le dirigió creyó en que sí y continuó—. Temí a que tu influencia se fuera contra él, la última vez que se dejó llevar terminó perdido y casi muere. Yo no podía permitir eso e intenté la forma de acabar contigo para liberarlo de su trato.

—Entonces ¿Qué cambió? ¿Por qué me ayudaste ese día? ¿Por qué estás aquí? —Siguió cuestionando.

Vio a Ino apretar fuertemente los puños.

—Lo entendí.

—¿Entender qué?

—Entendí que Sasuke no te protege por obligación, lo hace por necesidad a verte a salvo.

Sus palabras provocaron en Sakura un sentimiento indescifrable, algo cálido en su pecho y a la vez que la ahogaban. Ino parecía tan sincera y honesta al decirle aquello que la impactó.

—Por eso te rindo mis disculpas y estoy dispuesta a tomar cualquier castigo que me impongan con tal de obtener tu perdón.

A este punto, la pelirrosa ya había bajado la espada y la miraba desconcertada. Si Ino quisiera podría escapar y nunca volver sin recibir represalias. ¿Por qué se quedaba?

Al parecer su rostro preguntó por ella, Ino la miró fijamente sin cambiar de posición y sonrió un poco, siguiendo con la cabeza gacha y acentuó su pose.

—No me he ido porque quiero hacerte una petición egoísta: por favor, permíteme ser uno de tus guardias.

—¿Qué?

Sakura se impresionó por su petición, y aunque le dijo que lo pensaría, en realidad estaba contraída y un poco renuente los días posteriores hasta que pactaron un encuentro nuevo. No le dijo a nadie de lo sucedido, bastante tenían con tantas cosas encima como establecer a los nuevos aliados, negociar con Fugaku y el que Sasuke no despertaba.

Así que a escondidas lo pensó y consideró seriamente. Una decisión propia sin intervención de nadie, a lo mejor pedirle consejo a Kakashi era lo correcto, pero no se sintió lo suficientemente capaz de encararlo. Por un momento quería tomar su propia decisión, después de todo, si aceptaba, Ino estaría la mayor parte del tiempo con ella. Le confiaría su vida.

No era fácil, menos cuando la mujer tuvo intenciones de asesinarla, pero comprendía perfectamente su punto: intentó proteger a Sasuke al pensar en asesinarla. Recordó esa época que le confesó él hace unos meses, de lo perdido que se halló con la sed de sangre bajo la influencia de un gran demonio, y supuso que Ino se refería a ese tiempo.

Además, Ino parecía sincera y no le hizo verdaderamente daño. Y si hubiese querido, cuando fueron atacados por Sai pudo matarla, ella se encontraba herida e Ino en buen estado, pero en cambio le permitió irse, bien pudo tomar a Sasuke y marcharse tras cegar su vida. Pero no lo hizo, incluso anteriormente en el balcón, no dudaba y lastimosamente lo aceptaba, que Ino estaba cerca del nivel de Sasuke y fácilmente podía hacer algo en su contra.

Más jamás la dañó directamente.

Mientras lo pensaba, sintió a alguien sentarse a su lado. Al alzar la vista vio a Ino en todo su esplendor con las manos metidas en su gabardina y mirando el frente. Se quedaron en silencio unos minutos antes de que Ino suspirara y la volteara a ver.

—¿Ya lo decidiste, Sakura-san? —cuestionó Ino. Sakura pudo ver el anhelo en sus ojos, ¿tanto quería que aceptara?

—Ino, si acepto que seas uno de mis guardias ¿Qué me darías a cambio? —cuestionó.

Inmediatamente la rubia se llevó un dedo a la barbilla y sonrió. La primera sonrisa risueña que Sakura vislumbró.

—Es obvio: daría mi vida.

Tal respuesta le sorprendió e incomodó, lo notó Ino al ver que llevaba las manos entre sus piernas y las apretaba entre sí, indecisa.

—… ¿O no basta?

—No es que no baste, simplemente… —Sakura arrugó los labios— me parece abrumante que las personas den su vida por mí. Es… injusto para ustedes.

—Sasuke te protege por una razón en particular, y yo quiero contribuir a ello. —La sinceridad de Ino parecía encoger más de hombros a Sakura que la miró de reojo—. Es gaje en nuestro oficio, dar nuestra vida protegiéndolos. Estamos mentalizados para ello, así que no debes sufrir por nosotros.

—Pero, ¿si no quiero que den su vida?

Ino pareció comprender su anhelo de no ver a nadie morir. Titubeó, antes te posar una mano en el hombro de la chica y sonreírle.

—Viéndolo en perspectiva, tú también das tu vida por alguien. Así que es mutuo.

—Tus palabras me llegan.

Ino esbozó otra sonrisa y alejó su mano.

—Si dudas de mi honestidad, podemos pactar con sangre —indicó haciendo un movimiento de mano—. Estaré obligada a obedecerte, aunque no quiera.

Vio la mueca de desagrado de Sakura.

—Definitivamente no quiero tener a mi lado a títeres que me complacen por algo tan absurdo como un pacto de sangre.

Las palabras de la pelirrosa llenaron a Ino, que la miró con sorpresa antes de sonreír y bajar un poco la cabeza.

—Comprendo más porque Sasuke sigue a tu lado —murmuró para sí. Sakura apenas la escuchó porque no emitió más que un pequeño sonido. Retomó su sonrisa—. Si aún tienes dudas entonces ponme a prueba.

Sakura suspiró.

—No es necesario. Yo… decidí darte el beneficio de la duda —dijo moviéndose y regalándole una sonrisa. La rubia se la devolvió no evitando la emoción de su pecho—. Así que solamente déjame hablar con mi tío y Sasuke.

—Si tengo que pasar una prueba o recibir un castigo de ellos no dudaré en aceptarlo.

La firmeza con la que Ino lo nombraba impresionó a la pelirrosa que se convencía de su sinceridad. No dudó de sus palabras, se veía totalmente decidida a que aceptara. No pudo evitar soltar una risita sin burlarse, le parecía embriagante su presencia. Ino se desconcertó, pero terminó por sonreír.

—Gracias por aceptarme, prometo…

—No me digas que darás tu vida o ahora mismo me rehúso a aceptarte —dijo Sakura incomoda. Ino se calló obedientemente, pero no pudo evitar protestar.

—¡Por favor, no declines!

Justo cuando las palabras salieron de su boca y Sakura se rio con fuerzas, a sus oídos sensibles llegó un sonido irregular. No le prestó atención al principio, estando en medio de la ciudad los sonidos se mezclaban y se confundían con facilidad; ese sonido siguió persistiendo aún después de que ambas se levantaran y tomaran rumbo a dónde Suigetsu y Karin la esperaban. Pasando unos segundos, Sakura se detuvo lentamente a medida que el sonido se fue haciendo más claro y pudo distinguirlo: eran gemidos combinados por sollozos.

Los escuchaba tan claro como si la persona estuviera detrás de ella, pero voltear solamente había una muchedumbre de personas en lo suyo, sin prestarle atención.

—¿Escuchas eso? —Le preguntó a la rubia que se detuvo unos pasos al frente, mostrándose dudosa.

—¿Escuchar que cosa? ¿Las voces? ¿El sonido de los carros? —Atino a decir al azar. El hecho de que especulara en ellas no era erróneo, en verdad uno se podía confundir.

—No, no. Parece… un llanto.

Impaciente, se apresuró entre las calles. Los sollozos eran cada vez más fuertes a medida que se acercaba. Detrás Ino la siguió apresuradamente preguntándole que sucedía, pero la pelirrosa sólo explicó la voz en su cabeza y avanzaron entre los edificios, adentrándose a una zona dónde repentinamente la circulación de persona aminoró brutalmente y se toparon con las desérticas calles en pleno ocaso.

Sakura de halló ansiosa de pronto, deteniéndose frente a un callejón en el momento que Ino también lo hizo y olfateo ligeramente, torciendo su cabeza a lo profundo. Incluso antes de que la rubia lo confirmara, Sakura se adelantó al escuchar los tenues sollozos.

Adelantándose a prisas, se encontró con un panorama desagradable. Por inercia llevó su mano a la nariz evitando aspirar el fuerte aroma a sangre, las paredes estaban impregnadas de ese líquido carmesí, incluso el suelo. Sus pisadas ligeras pero firmes se encontraron con la sangre.

A pesar del olor no retrocedió, siguió adelante hasta toparse con la criatura que lloraba. Inmediatamente se le encogió el corazón. Sus ojos captaron un bulto agazapado en la esquina de un contenedor de basura, gimiendo sin parar con una herida en la pierna que sangraba, moviéndose apenas como si intentará levantarse. Su mano que no presionaba la herida la movían al azar y su pequeño rostro emitía tanta desesperación.

Una niña.

Cuando la pequeña se dio cuenta de su presencia, sus ojos expresaron terror y pánico. Intento por todos los medios retroceder, pero ya no había más espacio.

—No te asustes, pequeña —Sakura habló con gentileza, poniéndose de cuclillas sin acercarse más—. No te haremos daño.

—Es una Mestiza —habló Ino a sus espaldas. Sakura le dirigió una mirada rápida entendiendo a que con su frase le dio la explicación de porqué la niña parecía querer fundirse en la pared. Comúnmente los Mestizos eran atacados sin miramientos—. Su herida no se ve nada bien.

—Llevémosla al hospital —dijo. Y se volvió a la niña intentando persuadirla—. No tengas miedo, sólo queremos ayudarte. —Y extendió su mano sin presionarla. Quería decirle que tenían todo el tiempo del mundo, pero quizás la criatura que la atacó volvería para rematarla.

La niña dudó demasiado. Sus ojos perla expresaron demasiado temor hasta que notó que no había segundas intenciones detrás de ella, que finalmente extendió su menuda mano sin dejar de temblar ferozmente.

Rozando sus dedos, Sakura se acercó a punto de cargarla, pero un escalofrío recorrió su cuerpo y volteó al frente. Al mismo tiempo, Ino se giró a la misma dirección agitando la mano derecha liberando una feroz ráfaga de aire cortando en miles de pedazos los picos de hielo que iban dirigidas a ellas.

La pelirrosa se cubrió el rostro y se posicionó frente a la niña que seguía en el suelo. Así que el atacante volvió, una espalda se puso frente a ella y encontró la cabellera rubia de Ino ligeramente inclinada en posición de defensa. Deslizando la vista al frente, en medio de la entrada del callejón, una silueta humana impedía el paso, de pie asentando firmemente su pierna derecha y el suelo a mitad del camino cubierto de hielo.

Las alarmas se dispararon en Sakura que tensó su cuerpo y no evitó el escalofrió. Analizando la situación, la persona frente a él debía ser un Cazador Hyūga, ignoraba si existía algún demonio que pudiera producir hielo mismo. Con una mirada de reojo Ino se lo confirmó asintiendo la cabeza, no pudo evitar maldecir su mala suerte y aspirar hondo.

Antes de que pudiera incluso decir algo, el Cazador se aproximó a ella tan rápido que la pelirrosa apenas lo notó. Ino salió disparada al frente sin esperar más tiempo, Sakura supo lo que debía hacer: huir con la niña mientras ella lidiaba con esto. Aunque no le agradó del todo la división, no tuvo cabeza para pensar en nada más, confió en la rubia y se agachó para cargar a la niña entre sus brazos.

La sangre se impregnó en su ropa una vez que la apretó contra su cuerpo, la niña seguía consciente, mirándola con sus grandes ojos amenazándose a cerrarse. Hizo presión en la recién herida que exponía su pecho y que no se percató en un principio ¡Era incluso más severa que el de la pierna!

Rechinó los dientes y dio una ojeada a sus espaldas sintiendo las fuertes ventiscas de aire frío y las paredes retumbar. Ino se movía con una gracia digna de un Felino, sus pasos delicados parecían mortales sin dejar que nada pasara sobre ella para alcanzarla, en su mano se enrollaba un látigo negro como el carbón, y cuando los picos se aproximaban saltaba y agitaba su látigo partiendo el hielo en miles de trozos. En una pelea de uno a uno a larga distancia claramente Hyūga tenía cierta ventaja, pero dudaba que fuera el mismo resultado en uno en corta-media distancia.

No miró más, aferrándose a la niña se impulsó para saltar a los barandales de los edificios. Impulsándose en cada uno hasta escalar al techo, una vez arriba se dedicó a mirar a los lados e intentar tomar la dirección correcta. Estaba desubicada, así que decidió primero alejarse y luego tomar su rumbo.

Sus piernas se movieron e intentó no rebotar mucho debido a que notó que a cada movimiento la niña se quejaba, seguramente del dolor. Le dio una mirada y siguió corriendo saltando entre los edificios.

Al tercero que piso la azotea, por detrás se alzaron picos de hielo. Ensanchó los ojos al ver un pico emerger y con el Cazador agazapado que saltó al techo y se aproximó a ella. Tuvo que esquivar las dagas de hielo que fueron a su dirección, girando sobre sus propios pies y saltando de un lado a otro.

Justo cuando se preguntó por Ino, la rubia apareció por el mismo rumbo que el Cazador con la sangre escurriendo por su boca y sus ropas manchadas de rojo. Al mirar mejor, en medio de su desesperación y tensión, notó que el Cazador también estaba herido. Una profunda marca de látigo exponía su pecho y la ropa rasgada.

—¡Sigue corriendo! —Le gritó Ino.

Sakura no se atrevió a desobedecerle. Sus piernas se apresuraron de nuevo, pero está vez Ino venía detrás de ella sin dejar de repeler los ataques del Cazador que no les daba tregua. Sus ojos verdes viajaron de un lado a otro intentando idear una estrategia que les ayudara a escapar exitosamente. Ino no podía matar al Cazador descuidadamente, pero lamentablemente este no pensaba lo mismo de ellas.

Algo pasó rozando su hombro, una cortada no muy profunda se expuso y notó que un pico de hielo se clavaba frente a ella antes de pasarlo. Miró a sus espaldas y ahogó un grito al ver a Ino con un pico enterrado en el estómago, pero aun así repelía los ataques con precisión y furia. Sus ojos azules brillaban con sus pupilas dilatadas y la piel enchinada, agitando sin piedad el látigo.

En un momento de descuido, el Hyūga alzó picos de hielo e Ino los destruyó, pero al hacerlo, detrás del más cercano el Cazador se acercó tan rápido que estuvo a menos de unos centímetros cerca para enterrarle otro pico en la pierna. Ino lanzó un maullido y la sangre salpicó en el suelo.

La pelirrosa se detuvo al instante, con la respiración atascada y preocupada.

—¡Ino!

—¡NO VENGAS! —gritó la aludida.

Sus manos temblaron cargando a la niña, sin dejar de observar a Ino que seguía inmóvil con el Cazador, había enrollado su látigo alrededor de la mano que el Cazador alzó para golpearla también dejándolo inmóvil. Sakura dudó en seguir corriendo, pero temió que le sucediera algo a Ino, ideó una rápida estrategia para ayudarle e iba a dejar a la niña un momento en el suelo cuando sintió dos presencias a sus espaldas.

Un borrón rojo y uno blanco pasaron a sus lados sin tocarla, sus cabellos se agitaron al movimiento y sus ojos se ensancharon al ver a Suigetsu y a Karin atacar.

Suigetsu, en su forma de lobo, soltó un alarido feroz y lanzó una mordida al Cazador. Este rápidamente se movió, separándose de Ino y extendiendo su mano para manifestar un chorro de agua que fácilmente el lobo esquivo. Por el contrario, Karin rodeó sus ataques y por el costado embistió contra el Cazador, tomándolo desprevenido; el Hyūga agitó su mano y se estabilizó en la orilla del edificio, o lo intentó.

En ese preciso instante el látigo salió disparado desde la mano de Ino y e impactó en su cuerpo justo en la primera herida formando una "x" en su pecho descubierto. El Cazador finalmente perdió el equilibrio y desapareció cuesta abajo. No fue necesario asomarse para confirmar que él cayó sobre un auto, se escuchó el impacto y las sirenas de alarma sonaron, incluso se escucharon gritos.

Al ver pasado momentáneamente el peligro, Sakura se acercó a Ino con la preocupación marcada en el rostro.

—Estaré bien —afirmó la rubia con su rodilla sana apoyada en el suelo—. Lo primordial es llevar a la niña al hospital, no creo que soporte más que yo.

—Karin, ayúdale por favor.

La pelirroja asintió sin cuestionar y agarró a Ino pasando uno de sus brazos por sus codos. Sakura la observó sin despejar su preocupación. Sintió algo peludo en su espalda y al girar se topó con el Lobo blanco que se inclinó ligeramente y agitó su cabeza.

—Sube. —Le indicó Karin cerrada a protestas, su rostro tensó demostró cuan enojada se encontraba y se contenía a regañar a Sakura en ese momento.

La chica decidió no contradecirla y rápidamente se montó en el lomo del gran Lobo agarrándose fuertemente con la mano libre, dándole un vistazo a Ino y la niña que eran las que presentaban heridas de gravedad; la niña ya había cerrado los ojos ante el dolor y cansancio. Sólo esperaba llegar a tiempo al hospital para que sus heridas fueran atendidas.

Los cinco dejaron atrás la azotea cubierta de sangre y hielo con los pensamientos agitados y el olor metálico en el aire.


1: Poema escrito por José Tomás de Cuellar en 1850, con el título de: FLORES DEL ALMA.

Hola, Hola!

He resurgido de mi ausencia de casi un mes, aunque con esta historia lastimosamente actualizo en este tiempo, PERO espero que este capítulo haya sido de su agrado. ¿Qué les ha parecido? Fugaku ya tiene sus sospechas pero por alguna razón no ha movido sus fichas observamos sus acciones que siempre esconden un propósito.

Al final si apareció Ino, y aunque creyeron que sería una enemiga más resulta que nooo ¿Quién fue vilmente engañado? *risas* No se crean, nunca pensé en poner a Ino como enemiga al final, Ino es un sol que defendió a Sakura del Cazador y muchos ya saben quién es *guiño* *guiño* y la niña ¿Alguna idea de quién podría ser?

Bueno bueno, el siguiente capítulo espero traerlo pronto. Ya nos acercamos a esos capítulos que les he dicho que serán menos tardíos en actualizar *gritos internos* Ya les di su dosis SasuSaku en compensación de mi mes de ausencia ¡DISFRUTENLOOOOO!

En fin, ¡muchas gracias por leer y comentarios! Me motivan a seguir a este fic a media estructuración. A quienes leyeron la versión final no les de un patatús por los cambios que ha habido.

¡Nos leemos en el próximo capítulo!

Alela-chan fuera.