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Los acontecimientos suceden tiempo después de que Leonardo regresa de Japón tras ser entrenado por The Ancient One.

LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazón le pertenece a mi querido Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar lo que siento hacia mis adoradas tortugas. Intento que el carácter de cada uno sea parecido al del nuevo cartoon, pero me gusta imaginarlos con la apariencia que tienen en la película de CGI ¡Es que Leo es tan gallardo! ¡Rafa tan musculoso! ¡Miguel tan lindo! ¡y Don…! es demasiado serio, pero… ¡se ve requeté bien!

n.n

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ESPEJISMO

1. Una noche más

La Luna en plenitud se desplaza por el cielo tan pacifica y radiante, que cualquiera que la observe, queda mágicamente hechizado por esa paz. La esperanza emerge incluso cuando se creía ida, se recobran las fuerzas perdidas para enfrentar hasta al mismísimo Hado que, a veces, pareciera que se ensaña más con unos que con otros. El corazón late tan ansioso por ver, sentir, oler, saborear, soñar, correr, reír, jugar, gritar, llorar, amar… late tan fervientemente, que su sonido basta para eclipsar cualquier tristeza, cualquier temor, cualquier incertidumbre.

Estas mismas sensaciones, y otras más indefinibles, son las que embargan a Leonardo ahora, al ver el andar tímido de la Luna. Siempre que puede la contempla, aunque sea brevemente, para que le ayude a renovar su fatigada alma.

Un ruido lejano lo distrae de su fascinación.

Leonardo yace de cabeza, aferrando firmemente sus katanas. Está sobre cajas de madera desechas, que destrozó él al impactarse sobre éstas. Adolorido, intenta incorporarse con lentitud, no muy convencido de querer seguir con la pelea, pero con un leve movimiento, las cajas se desquebrajan completamente, obligándolo a aterrizar sobre su plastrón en el duro y frío concreto. Se queda tendido por un momento, lo que no le impide continuar mirando a la esplendorosa y pálida divinidad de allá arriba. Enseguida se yergue, revitalizado, listo para darles una paliza a aquellos que lo han hecho quedar mal ante la Luna, su Dama, salvo que cae de nuevo. Su tobillo: hace rato que se lastimó y con el golpe de ahorita ha empeorado. Un par de profundas respiraciones, y domina el dolor. Se levanta y echa a correr hacia el callejón de donde proviene el barullo que se escucha a varios metros más allá.

-¡Vaya! ¡Ya era hora de que aparecieras!-le reclama Rafael; corre hacia Leonardo después de mandar a dormir a un rufián -¿Dónde andabas?

-Vi a alguien conocido y quise saludarle.

-¿Qué?

-¡No te distraigas!

Leonardo salta para propinar una patada a un villano que llega a espaldas de su hermano, que por 'armarle bronca', no lo oyó venir.

-Gracias.-a duras penas Rafael se oye a sí mismo decirlo.

-No hay de qué.-Leonardo le dice divertido.

Los dos se separan para despachar a los maleantes que faltan.

Leonardo llega a ayudar a Donatelo, que 'se las está viendo negras' con cuatro sujetos fornidos.

Donatelo es derribado; quien lo derribó escucha que alguien se aproxima y voltea sosteniendo su arma. Con un rápido movimiento, Leonardo rebana el fúsil, el maleante mira sorprendido su inservible juguete, distracción que aprovecha Leonardo y de una patada en el rostro lo manda lejos; otro sujeto que voltea al no ver más a su compañero, es despachado de la misma manera.

Mientras, Donatelo se vale de la confusión que ocasiona su hermano: se levanta ágilmente y a uno lo golpea con su bo en las pantorrillas, haciéndolo caer de espaldas, enseguida usa el estómago del caído como trampolín y se lanza contra el último que queda, golpeándolo con su bo en el rostro. Aterriza a un lado de los derrotados y se acerca a Leonardo, que ya despachó a otros más.

-Gracias ¿Estás bien? Vi cuando uno de estos mastodontes te lanzó hasta el otro lado de la calle.

-Estoy bien. Un poco magullado, pero aún puedo pelear.

-Bien. Después te examino.

-Claro.

Ambos van por los aguerridos que quedan.

Durante la pelea, Leonardo es derribado un par de ocasiones más, pero sus hermanos están cerca para acudir en su ayuda.

Algunos minutos después, y los cuatro hermanos han dejado a todos los maleantes 'barriendo el suelo'.

-Ni sirvieron pal' arranque.-Rafael está decepcionado; él hubiese deseado que dieran más batalla.

-Concuerdo con usted colega. - Miguel Ángel coincide, simulando la voz como la de un ejecutivo de alto rango- Últimamente la eficiencia de la mano de obra se ha visto horriblemente decrementada.-

-Aunque su número no disminuye.– comenta Donatelo -Al contrario; pareciera que los clonaran. ¿De dónde saldrán tantos?-

A la distancia, se oyen las sirenas de la policía.

-Podremos… discutir al respecto en la guarida. Hay que emprender la retirada.-sugiere Leonardo, cansado.

Corren hacia la alcantarilla más cercana. Rafael levanta la tapa y la deja a un lado. Miguel Ángel es el primero en saltar hacia las profundidades. Donatelo le sigue. Rafael va enseguida de sus hermanos menores. Leonardo voltea una vez más hacia el estrellado cielo, hacia la joya del firmamento más esplendorosa. Después de que se despide, se mete a la alcantarilla, bajando los primeros peldaños de la escalera lo más rápido que puede, toma la tapa y la deja caer sobre su cabeza justo a tiempo para no ser cachado por la policía. Ya sintiéndose seguro, baja con calma los siguientes peldaños.

-¡Date prisa! ¿Eres una tortuga o qué?- lo apremia Rafael.

-¡Uy! No estás de humor ¿verdad?-Miguel Ángel se burla del gruñón.- ¿Cuándo?- agrega.

Rafael lo mira con desgano

-Leo está herido.- le hace notar Donatelo -No le hagas caso Leo, tomate tu tiempo.

-¿Y de cuándo acá se deja que lo apaleen?- Rafael se mofa.

-Cualquiera puede tener una mala noche.- Miguel Ángel defiende a su hermano mayor.

Rafael resopla y echa a andar sin deseos de seguir discutiendo.

Y Leonardo se toma su tiempo, hasta que llega al fondo y se une a sus dos hermanos que lo esperan.

-¿Cómo te sientes?- le pregunta Donatelo muy preocupado.

-Fatigado.-suspira.

-Yo te llevo-Miguel Ángel sugiere.

Sus dos hermanos mayores se le quedan viendo, extrañados.

-¡Sí!-se da vuelta, dando la espalda a Leonardo.-Anda, sube.-lo invita a que se trepe a su caparazón.

-¿Cómo crees? Yo peso más.

-No es cierto, pesamos lo mismo.

-De hecho, - interviene Donatelo -Leo pesa menos que tú, Miguel.

-¡No'mbre! ¿Qué insinúas? ¿Qué estoy gordo?

-Si no te la pasarás comiendo…

-Pero todas las calorías las quema con lo hiperactivo que es.-Leonardo agrega y sugiere enseguida- Lo correcto sería que yo lo llevara, se ve agotado.

-Leo, - Donatelo protesta -él puede caminar por sí mismo, tú eres quien…

Y sin más, Miguel Ángel se trepa a la espalda de Leonardo echándole los brazos al cuello.

Leonardo, concentrándose en el dolor de su tobillo para no ceder al peso extra, lleva sus brazos a su espalda para sostener a su hermano menor.

-Miguel, bájate. - Donatelo lo reprende - Él está cansado.-

-¡Pero él insistió!-asegura rotundamente.

-Está bien Don. Vamos.

Leonardo empieza a caminar, pero despacio, llevando su preciada carga.

La pelea en la que se vieron envueltos fue para impedir el tráfico de drogas que una apenas naciente pandilla intentó realizar, pero gracias a las tortugas, fue desintegrada antes de que pudiese causar mayores problemas. La riña no fue lejos de la guarida. Llegaron caminando, eso les sirvió de calentamiento, según Leonardo, y ahora regresan caminando.

-¡Arre! ¡Arre!-exclama de lo más contento el peque de las tortugas.

-No abuses.-lo sosiega Don.

Leonardo sólo sonríe, y Miguel Ángel voltea a ver a Donatelo sacándole la lengua.

Por los gritos que escucha, Rafael se detiene y gira para ver qué hace ahora su inquieto hermanito. Se queda boquiabierto al ver que el mayor lleva al menor en su espalda. Pasada la sorpresa, cierra la boca y los mira ceñudo hasta que lo alcanzan.

Cuando pasan junto a él, Miguel Ángel y Leonardo le sacan la lengua. Rafael voltea a ver a Donatelo y mueve la cabeza, preguntándole de esta a forma que 'qué onda' con ese par.

Donatelo simplemente se encoge de hombros.

Si Leonardo está tan de buen humor como para consentir a Miguel Ángel, Rafael decide tentar su suerte. Alcanza a su hermano mayor.

-Leo...

-¿Qué pasa?- voltea a ver a Rafael y se acomoda a Miguel Ángel porque se le resbala.

-Eh… sabes… La noche aún es joven y... yo también y…

-Ya suéltalo.

-OK. Déjame ir con Casey. Me dijo que en la tarde iría a… -duda entre decir la verdad o una mentirilla blanca; se arriesga a decir la verdad -… a festejar con unos cuates la inauguración de un nuevo billar y me invitó, pero como teníamos asuntos que arreglar, le dije que no.

-¿Por eso Casey no vino con nosotros?- Miguel Ángel quiere salir de la duda -Pero si dijo que tenía que arreglar la fachada de la casa de su abuela.

-Eh… sip- Rafael se lamenta interiormente al 'echar de cabeza' a su amigo -y bueno… como terminamos 'tempra' pues…

-¡DIOS! ¡SE VA A ACABAR EL MUNDO! ¡RAFA ESTÁ PIDIENDO PERMISO!-Miguel Ángel medio ahorca a Leonardo al abrazarlo con fuerza por la sorpresa que acaba de darles Rafael.

Leonardo de inmediato lleva una mano a su garganta para ayudarse a aflojar el estrangulamiento.

-Jaja.- Rafa finge reírse.

Donatelo mira desconfiado a su hermano temperamental.

-Está bien.-Leonardo lo toma con calma, una vez que logra respirar.

-¿DE VERAS?- ahora Rafael es el sorprendido.

Detienen su andar.

-De veras. Nada más no tomes.-le recomienda Leonardo.

-¿Consejos?-pregunta Miguel Ángel.

-¿Ingerirás bebidas embriagantes?-se asombra Donatelo.

-Sí metiche. No cerebrito. Entonces… me adelanto. Al rato nos vemos.- Rafael se despide intentando contener su alegría.

-Con cuidado.-otro consejo del hermano mayor.

-Nos vemos.-se despide Donatelo.

Aún sin poder creerlo, Rafael echa a correr y desaparece de la vista de sus hermanos. Unos segundos después, los tres, mejor dicho, los dos que van caminando, y el que va muy a gusto, escuchan un grito de júbilo.

-¡Uuuuujuuuu!

-¡Hasta mañanaaaa!- Miguel Ángel se despide del entusiasta chico.

-¿Estás seguro, Leo?- Donatelo le interroga un tanto preocupado -Habrá muchos humanos dado que se trata de una celebración, y conociéndolos perfectamente, es cien por ciento factible que habrá alcohol, y por lo tanto, cientos de pares de ojos que podrían descubrir al amigo "especial" de Casey.- trata de disuadir a la tortuga de la bandana azul de haberle dado permiso a Rafael; aún pueden detenerlo.

-Confío en que Rafa sabrá disimular su presencia.

-¿Y en que no beberá?-pregunta Miguel Ángel, curioso por saber si hasta eso tolerará el mayor.

-Y en que no beberá.

A Leonardo se le oye muy confiado.

Donatelo decide no discutir más. De un tiempo para acá, Leonardo se ha vuelto tan…

-Oye, Leo, ¿crees que podría tener una mascota?- pregunta Miguel Ángel esperanzado en que funcione su plan como le funcionó a Rafael.

-¿Cómo de qué clase?

-Pues,- va por buen camino -un perro.

… condescendiente.

El proceder de Leonardo para con ellos es más 'alivianado': a Rafael ya no lo ha importunado con las clásicas preguntas "¿A dónde fuiste que no avisaste?", o "¿Qué estuviste haciendo?", o ¿Qué horas son estas de llegar?... En otras palabras, ya no está cuestionándolo todo el tiempo. Eso ha propiciado que Rafael le tenga más confianza y respeto… bueno, respeto, no del todo, pero hay que reconocerle que se esfuerza por controlar su temperamento. El caso es que ahora le pide permiso para salir con su amigo humano a sabrá Dios dónde.

Con Miguel Ángel, se involucra más en sus intereses; por ejemplo, juegan con el Nintendo en vez de dedicar ese tiempo a entrenar; o juegan a los superhéroes; o les juegan bromas a Rafael y a él; incluso, lo ha estado alentando a que aprenda a pintar sobre lienzo. Debe admitir que ha logrado que la hiperactividad de Miguel Ángel se apacigüe. Ahora él es más considerado con las cosas de los demás y cuidadoso con las suyas.

En su caso, lo ha acompañado un par de veces a las afueras de la ciudad tan sólo para ver una lluvia de meteoritos; o contemplar un eclipse de Luna; o a alguna exposición de fotografía o artes plásticas de su interés; o Leonardo mismo se ha acercado a preguntarle sobre la veracidad del hecho de que Plutón no es un planeta, o sobre la versión de que existe un hoyo negro en el mismo centro de la Vía Láctea, o por cierta especie de dinosaurio en particular; a lo que él, con gusto, le ha explicado al detalle sobre éstos y otros hechos. Al hacerle sentir necesario, le ha ayudado a tener más confianza en sí mismo, porque no será bueno en combate, pero sí es todo un erudito en varios campos del saber, sapiencia que los ayuda a salir de sus múltiples dilemas.

Le agrada que sea tan atento, es sólo que… siente que actúa de esa manera para compensar el trato que les dio cuando…

-¡Un San Bernardo!

El entusiasmo de Miguel Ángel distrae a Donatelo de sus pensamientos.

-Demasiado grande.

-¿Qué tal un Pastor Alemán? ¿O mejor un Salchicha? ¡Ya sé! ¡Un Chihuahua! No necesita de mucho espacio ni de mucha comida.-Miguel Ángel continúa divagando.

-Mmmm…- Leonardo lo piensa un segundo -Posiblemente el Chihuahua sea la mejor opción: tienes tantas cosas en tu habitación y tan poco espacio.

Miguel Ángel sonríe, entonces quiere decir que 'ya estuvo'.

-Yo podría construirle una residencia canina.-se aventura a sugerir Donatelo.

-¿En serio?- Miguel Ángel ya cree que tendrá su adorado perro.

-Sí. Como es pequeño, será fácil construirle una casa, sin embargo, tendría que adecuarla al escaso espacio de tu habitación; la construiría con la misma funcionalidad de un rascacielos, que es la de aprovechar el espacio hacia arriba.- Donatelo hace un ademán con sus manos, como si quisiera alcanzar el techo del desagüe por donde caminan.

-¡Wow!- Miguel Ángel mira atento el ademán de Donatelo; ya se imagina la casa que su Chihuahua.

Leonardo escucha atento la descripción que Donatelo hace sobre la casa del perro: que pisos, que elevador, que un jardín, que un área especial para sus necesidades especiales, que una minipiscina… pero una punzada en su tobillo le obliga a concentrarse en mantener distante al dolor. Sólo unos cuantos pasos más. Puede hacerlo.

Su rostro refleja la agonía que padece.

Donatelo deja de describir la maravilla de perrera porque se ha dado cuenta de que Leonardo no está bien.

-Miguel, creo que deberías bajarte ya.

-Nooooo- Miguel Ángel se niega a bajarse aferrándose más a su hermano.

-Miguel.-lo presiona.

-Por mi no hay problema.- dice Leonardo, más como una queja que un gusto.

Donatelo le dedica una mirada de reproche a Miguel Ángel, éste por fin capta el mensaje.

-De acuerdo.-se desanima, ya le había gustado el paseo.

Leonardo se detiene al oír que Miguel Ángel acepta bajarse. Al retirar el peso extra sobre su tobillo, sin desearlo, suspira de alivio y se tambalea pues ya no puede ni con su propia alma; Miguel Ángel logra cacharlo.

-Ya estuvo bien. Ahora, yo te llevo.

-Yo puedo caminar.-

-Leo, no seas testarudo.- le reprocha Donatelo -Siéntate. Debo revisar tu tobillo.

-¿Su tobillo?- pregunta Miguel Ángel un tanto sorprendido; ayuda a Leonardo a sentarse en suelo; él dejando escapar un quejido.

-Sí. Tiene lesionado el tobillo.- Donatelo palpa el hinchado tobillo de Leonardo, que con el simple roce, él hace un gesto de dolor y aprieta los dientes -La lesión no es grave, pero te has exigido demasiado esfuerzo, Leo, por lo que se han inflamado mucho los tendones. Necesitará que lo vende.

Donatelo echa un vistazo a su bolsa de trucos, saca unas vendas y un rociador para calmar el dolor.

-A veces me pregunto qué tanto traes ahí.- aflora la curiosidad de Miguel Ángel en un intento de dispersar la tensión.

-Yo también.- Leonardo le imita.

Primero, Donatelo rocía el hinchado tobillo de Leonardo, quien agradece un alivio casi mágico, y después, con sumo cuidado lo envuelve.

Finalmente al terminar la curación, Leonardo suspira aliviado.

-Muy bien, ahora ayúdame, Miguelón, a subirlo a mi espalda. Yo lo llevaré.-le pasa su mochila y su bo.

-No Don, yo...

-Leo, no protestes.– Donatelo es tajante.

Miguel Ángel recibe el bo y la mochila y se los acomoda a su espalda y a su hombro, respectivamente. Después ayuda a Leonardo a levantarse en lo que Donatelo se inclina para que al mayor le sea más fácil treparse a su espalda.

Conmovido por la atención de sus hermanos, Leonardo no se queja más, y dócil, sube al caparazón de Donatelo.

-Con cuidado.-

Leonardo se trepa a la espalda de Donatelo y se afianza del cuello de su hermano; Donatelo le sostiene las piernas, y se endereza con calma.

-¡Muy bien, andando! – Miguel Ángel comienza a cantar - ¡Ai jo,ai jo! ¡Nos vamos a casa! ¡Ai jo ai jo ai jo! Fiuu fiuu fiuuufiiuuu.

Y continúan su lenta marcha. A pesar de que Donatelo sí puede ir más rápido, no tiene prisa por llegar.

-Gracias.- Leonardo susurra.

-¡Qué gracias ni que nada!- Miguel Ángel interrumpe su canción- ¡Quedaste en dejarme tener mi perro!

-¿A qué hora?- Leonardo finge no saber de qué habla su hermanito.

-Hace un rato, hasta Don ya tiene los planos de su casa.

-¿Que ya tengo qué?- Donatelo sigue el juego.

-Espera Miguel…- Leonardo le pide; al parecer, ha reconsiderado el tema de la mascota.

-¡Rafa puede ir de pachanga y yo no puedo tener mi perrito!- protesta Miguel Ángel haciendo un puchero.

-Miguel.

-Porfis, Leo.- suplica, juntando sus palmas por un instante.

-Oye, tu tobillo sí que está muy hinchado-Donatelo sale al rescate cambiando de tema.

-¿Y… así me cargaste todo este trecho?-se apena Miguel Ángel por ser tan desatento.

-.- Leonardo murmura con cansancio.

-¡Discúlpame no quise…! ¡Creí que…!- dice apenadísimo -Perdón.- y termina triste.

-No importa. Además, quedaste en que si te cargaba, tú lavarías los trastes toda una semana.- Leonardo dice con humor.

-¿Eh? ¿Sí?-dice confundido.

-Sip.

-No lo recuerdo.- Miguel Ángel se rasca la cabeza haciendo memoria.

Los tres ríen por la broma que se han estado jugando.

-Lo que sí recuerdo, -dice Miguel Ángel, dejando su petición a un lado, por ahora- es que Rafa pidió permiso para ira dar la vuelta.

-Si no lo hubiera escuchado con mis propios oídos, - dice Donatelo -tampoco lo creería. Vamos Leo, dinos que metodología de la pediatría estás usando con Rafa para que se esté convirtiendo en un niño modelo.

-Pues…-Leo acomoda la cabeza en el hombro de Donatelo.

-Don eso no importa. – interrumpe Miguel Ángel -la pericomosellame no nos ayudará a saber si se portará bien.

-Claramente escuche que dijo "nos vemos al rato", eso quieres decir que regresará en unas horas y en sus cinco sentidos.

-¡Qué va! Yo creo que llegará después medio día, para que tenga chance de que se le pase la jaqueca por beber.

-No lo creo capaz de llegar a tanto.

-¡A qué sí!

-Yo lo dudo, Miguel. No puede permitirse perder la credibilidad que se ha ganado. No por una noche de parranda, echará por la borda el trabajo que le ha costado obtener la confianza de maestro Splinter y de Leo.

-Una apuesta entonces: Rafa volverá hasta el medio día de mañana y 'hasta las chanclas'.

-No sería válida. No recuerdo que Leo le haya fijado una hora de llegada. No lo hiciste, ¿verdad Leo?

No contesta.

-¿Leo?- Donatelo cuestiona a Miguel Ángel con la mirada.

-Se está quedando dormido.-

Por la comodidad con la que va y el cansancio que desde hace rato lo hostiga, y que finalmente lo está venciendo, Leonardo ha cerrado sus parpados, hasta ha aflojado un poco el abrazo alrededor del cuello de Donatelo, quien está atento para no dejarle caer en cuanto se duerma.

Miguel Ángel y Donatelo caminan callados.

Leonardo sólo ha descansado los ojos por un momento pues los abre de nuevo, negándose al reposo que su cuerpo le exige.

No puede darse el lujo de flaquear ¿Qué tal si son tomados por sorpresa? Estando herido, dos no podrían oponer resistencia, tampoco podrían huir rápidamente con él siendo una carga ¿Por qué dejó ir a Rafael? Donatelo tenía razón… Aunque él no está solo, está con Casey y, ¿y si…? No puede quedarse dormido hasta asegurarse de que lleguen a la seguridad de su hogar, hasta que estén a salvo… hasta…

Su mente no puede maquinar más. No puede esquivar por más tiempo al acosador cansancio.

No es por la confrontación de hace un rato que le ha mermado las fuerzas; de hecho, lleva varias noches sin dormir bien debido a que siente que sobre su familia se cierne una amenaza constante.

Poco a poco sus parpados los siente de plomo. Poco a poco todo su entorno pierde sonido, forma y sentido. Poco a poco lo embarga una paz que aplaca el dolor de su tobillo y la asfixiante angustia.

Miguel Ángel mira a Donatelo, asintiendo con la cabeza.

Leonardo se ha quedado dormido…

… pero no por mucho tiempo.

En cuanto su cabeza toca la almohada, despierta.

Tras asegurarse que se ha quedado solo en su habitación, se levanta de la cama, enciende una vela, y se pone a meditar.

Sus ojos están a punto de cerrarse y sus brazos desfallecer cuando algo llama su atención. Pudiendo más su interés que la somnolencia, aprieta sus ojos y los abre por completo parpadeando un par de veces, intentando alejar el sueño.

Se endereza un poco.

-Espera.

Donatelo se detiene y Miguel Ángel lo imita.

-¡Qué no estabas durmiendo ya?-se inquieta Miguel Ángel.

Leonardo no parece que quisiera descansar.

-Casi casi, pero vi algo.-dice ya despabilado y olvidando por completo los pensamientos que lo agobiaban segundos antes.

-¿Qué?-inquiere Don.

-Por ahí.-extiende un brazo indicando la dirección.

-No veo nada.

-Ni yo.

-Ve hacia allá.

Donatelo obedece, Miguel Ángel lo sigue de cerca.

-Detente ¿Lo ven?

-¿Ver qué?

-¡Chicos, pero si ahí está, bajo tu pie Don!-se exaspera.

¿Cómo es que no lo ven si esta a la vista?

-Sólo mueve tu pie.-trata de mantener la calma.

Donatelo mueve su pie y toca algo.

-¿Eso?-pregunta incrédulo.

-Eso.-afirma Leonardo.

-¡Ah! ¡Eso!-le cae el veinte a Miguel Ángel.

Se agacha y recoge una piedra del tamaño de una nuez, pero ovalada, gris y sucia, se la entrega a su hermano.

Leonardo la recibe y la examina detenidamente.

-Es linda.-murmura.

-Si tú lo dices-Miguel le sigue la corriente.

-Tiene un hermoso brillo blanco, muy similar al de…

-Es únicamente una roca como cualquier otra.-asevera Donatelo.

Miguel Ángel toca la frente de Leonardo.

-No tiene fiebre, pero sí que está alucinando.

-Debió golpearse la cabeza cuando uno de esos tipos lo mandó volar.

-Sí lo vi. Seguro fue un fuerte trancazo.

No prestándole atención a la divagación del mayor, Miguel Ángel y Donatelo siguen el camino a casa, en silencio.

Leonardo ya no protesta, el sueño lo invade esta vez con mayor pesadez. Sonríe. Cierra con la fuerza que le queda la mano con la que sostiene su piedra y, despreocupadamente, deja sus brazos suspendidos sobre los hombros de Donatelo y apoya su cabeza en la espalda de éste, dispuesto más que nunca a rendirse ante Morfeo.

Donatelo no le reclama sobre llevarse un sucio pedazo de piedra, en cuanto se duerma la dejará caer.

Leonardo se queda dormido al instante.

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Antecedentes (o algo así):

Leo tiene su crisis existencial, va a ver al Ancient One, quien le ayuda a superarlo, regresa a su hogar y lo encuentra tal como lo dejó, (es que me gusta más esta guarida que la nueva a la que se mudan, es por eso que para este fic es ésta y no la otra) sus hermanos y él acaban con los malos más malos, y ahora sólo combaten a los malos insignificantes que quedan, y por un rato se la han llevado relax, hasta ahora.

Dudas, comentarios, sugerencias, aplausos, abucheos, reclamos, etc., son bienvenidos.

Gracias por tomarse su tiempo y leer esta rara y loca ocurrencia mía.

n.n