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Gracias Manfariel por dejar un review, y para que no esperes mucho, aquí tienes el segundo capítulo.

¿Y quién es la chica? Bueno, deberás seguir leyendo bajo tu propio riesgo para averiguarlo.

n.n

Oh, y el disclamer:

LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazón le pertenece a mi querido Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar lo que siento hacia mis adoradas tortugas. Intento que el carácter de cada uno sea parecido al del nuevo cartoon, pero me gusta imaginarlos con la apariencia que tienen en la película de CGI ¡Es que Leo es tan gallardo! ¡Rafa tan musculoso! ¡Miguel tan lindo! ¡y Don…..! es demasiado serio, pero… ¡se ve requetebien!

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ESPEJISMO

2. Bienvenida

Desde que Leonardo se ha vuelto 'alivianado', los fines de semana han sido designados como los días de descanso, aunque ese descanso signifique, más bien, levantarse tarde; aún así, los chicos quedaron agradecidos.

Es por eso que todavía no se ve alma alguna deambulando por la guarida a las 7:50 a. m.

A excepción de Rafael, que apenas va llegando del reventón al que lo invitó su amigo.

Camina tranquilamente a su habitación, hasta va tarareando una rola.

-Hoooy

Yo voy a tomaaar

Para olvidaar

Un desengañoo

Laaaa

Mujer que améééé

Con toda mi alma

¡Ay de me fuee!

Eso por eeeso

Que voy a tomaar

Para aliviar mi corazón

que sufre por ella.

Y es por eeeso

Que vooooy a tomaaaar…

-Buenos días Rafael.

Pero su inspiración se ve cortada cuando alguien lo saluda. Se gira alarmado al oír la voz de su padre. Claro, Splinter jamás se levanta tarde.

-Bu… buenas, Maestro.

-¿Qué tal te la pasaste, hijo mío?

-Bien… muy bien. De lujo.

-Me alegra que hayas disfrutado de la fiesta.

-¡Y qué fiesta! Para la otra me llevo a mis hermanos.- el temor a ser sermoneado se le pasa.

-¿Y para cuándo es el próximo compromiso?

-La otra semana. Comenzará el primer torneo de billar. El local comenzó con el pie derecho. ¡Hubiera visto! Fue mucha gente.- empieza a relatar con entusiasmo -No era gente de la alta alcurnia, ni el lugar era de cinco estrellas, pero eso no fue excusa para que no hubiese diversión: el ambiente, la música, las jugadas, las chicas…- deja escapar un profundo suspiro, y se pierde un segundo en sus pensamientos, esbozando una tímida sonrisa.

Su maestro lo mira divertido al escuchar tremendo suspirote.

Rafael se recupera rápido, comprendiendo que ha llamado la atención.

-Y… estee… ¿Cómo está Leo? Ayer se veía agotado, el pobre.- finge preocupación.

Le pareció que no estaba tan grave, sólo pregunta para cambiar de tema.

-Leonardo estaba sumamente fatigado, pero no hay nada como un merecido descanso para recobrar fuerzas. Te sugiero que hagas lo mismo.

-Claro, pero ya se levantó ¿no?

-Sigue en reposo.

-Es raro. Le echaré un vistazo.

Y por supuesto, Leonardo tampoco se levanta tarde, es por eso que a Rafael le extraña que no se haya levantado.

-Te estaré agradecido. Justamente me dirigía hacia su habitación.

Rafael hace una pequeña reverencia y sube a ver a Leonardo.

-Mmmm

mmmm mmmm

mmm mm

mm mmm

Sigue tarareado la canción.

Splinter sonríe y se retira al dojo a meditar antes del entrenamiento, lo que le recuerda…

-¡Rafael!

-¿Si, Sensei?

-No olvides que el entrenamiento es dentro de una hora.

-Por supuesto.- continúa su ascenso, ya sabía que no se libraría de entrenar; por mucho sueño que tenga, su sensei no lo va a dispensar.

No importa. Valió la pena la desvelada.

Rafael va muy quitado de la pena, tararee y tararee, pero cuando llega al umbral de la habitación de Leonardo, calla, y entra cauteloso, dejando la habitación a oscuras para no despertar a su hermano; pero apenas da un par de pasos, se da cuenta que Leonardo está meditando.

Tuerce una sonrisa.

Sabía que Leonardo no se levantaría tarde.

Preocupándose más por su propio descanso, da media vuelta, procurando no interrumpir la meditación de su hermano (no desea un interrogatorio a esa hora tan temprana); sin embargo, repentinamente presiente algo… Voltea enseguida.

Hay alguien de pie, detrás de Leonardo.

Rafael parpadea asombrado. Ya no hay nadie. Se acerca un poco, sólo para estar seguro. No hay nadie. Sacude la cabeza, consternado.

-Necesito dormir.- se dice quedamente y sale dispuesto a disfrutar de su escasa hora de sueño.

Va a su habitación, entra, se despoja de todo lo que trae puesto y se arroja a su hamaca, ahora sí, sintiendo los estragos de la fiesta.

Tras cinco segundos de haber cerrado los ojos, o eso le parece, el despertador suena.

-¡Rayos!

A tientas lo busca, cuando lo halla, lo apaga, lo levanta a la altura de sus ojos y medio distingue la hora que marca. Se acerca más el despertador a la cara.

Ya son las nueve.

-¿Tan pronto?- gruñe -Ni modo. Hay que levantarse.- frustrado, arroja lejos el pobre reloj, como si éste tuviera la culpa de no permitirle dormir a gusto.

Se atavía con su atuendo de ninja, baja y se topa con Miguel Ángel.

-¡Buen día, hermano! ¡Qué carita traes!

-Buen día.- Rafael saluda cayéndose de sueño.

-¿Y qué cuentas? ¿Cómo te fue?

Con escuchar las palabras mágicas, Rafael despierta, esbozando una enorme sonrisa.

-Pues déjame decirte que…

-Buenos días.- Donatelo hace aparición -¡Vaya! Te lo dije Miguel: Rafa no iba a llegar al medio día.

-¿De qué hablas?- la sonrisa de Rafael desaparece.

-Miguel quería apostar sobre la hora de tu regreso. Él insistía en que estarías de vuelta a las doce del día.

-¿Ah, sí?

Voltea a ver a su hermano menor, con esa miradita clásica de "o me dices o te…"

-Eh… Nada más me falló por…- levanta una mano para hacer cuentas con los dedos -¿A qué hora llegaste?

-Apenas.

-Se te nota.- le da una palmadita en el hombro, compadeciéndose de él.

-No importa. Mejor comencemos de una vez. Tengo asuntos que atender en la tarde.

Rafael y Miguel Ángel van al dojo.

-Enseguida los alcanzo. Voy con Leo para cerciorarme que esté bien.- se ofrece Donatelo.

-Yo fui con él hace rato.- responde Rafael -Está bien.-

-Eso es bueno, y será mejor que no entrene por el día de hoy. Vamos entonces.

Rafael se detiene; Miguel Ángel lo imita.

-¿Que Sensei no le va a exigir que baje?– reclama Rafael, esperando que Splinter regañe a su hermano mayor por faltar al entrenamiento.

-Sensei ya dijo que Leonardo puede estar ausente en esta ocasión.

-¿Y se puede saber de qué privilegios goza para ausentarse? Ya ni yo que no he dormido.

-Preferiste irte a la fiesta.- le recuerda Miguel Ángel.

-Eso sí.- lo reconoce -Lo bailado nadie me lo quita.

-¿En serio bailaste?- pregunta Donatelo, curioso.

-¡Los ojos!- se ríe Miguel Ángel -¡Ay!

Recibe un zape por ello.

-Claro que bailé.- Rafael prosigue la ida al dojo con una sonrisa de mejilla a mejilla.

Donatelo y Miguel Ángel lo siguen.

-Mi querido Don, a veces no conviene saberlo todo. No saber bailar, fue la perfecta excusa para que una linda chica me enseñara algunos pasos.

-¡Orale! Nuestro Rafita todo un Don Juan.- lo alaba Miguel Ángel.

-Pa´que veas.

-¿No sospechó…?- Donatelo se preocupa.

-Por supuesto que no. Soy un ninja, y hablando de ninjas… En serio, ¿Leo quedo tan mal por la paliza de anoche?

-Una contusión en la cabeza, un tobillo lesionado y múltiples moretones.- Donatelo le reporta los daños.

-Nononono.- Rafael lo desaprueba -Aunque ya se le pasó el berrinche, todavía se presiona. No le hace bien entrenar demasiado, comer poco, dormir poco…

-O no dormir.- agrega Donatelo.

-La tensión no le hace otra cosa más que desmejorar. Necesita distraerse en algo. ¿Cuándo fue la última vez que hizo algo divertido?

-Querrás decir: ¿Cuándo fue la última vez que hicimos algo divertido?- le corrige Donatelo.

-Pues… desde… -Miguel Ángel señala el borde de su caparazón.

-Oh, claro. - Rafael no necesita que Miguel Ángel le explique ese gesto -Eso lo dice todo. Entonces, me lo llevo en la tarde.

Llegan al área de entrenamiento y ocupan sus lugares.

-¿A dónde irás en la tarde?-

-¿Me llevas?

Sus hermanos no demoran en asediarlo con preguntas.

-Buenos días.- aparece Splinter y los saluda.

-Buenos días, Sensei.- contestan los tres y hacen una reverencia.

-Luego les cuento.- Rafael le susurra a sus hermanos.

Empieza el entrenamiento… y empieza el martirio para Rafael. Como si dejar de hablar de la fiesta se agotaran sus energías, no da ni una: se queda dormitando en los ejercicios de la meditación; en la ejecución de las katas, no tiene ni equilibrio ni coordinación; y en combate, no esquiva para nada las afrentas de ninguno de sus dos hermanos… En otras palabras, le propinan una paliza (pero al rato 'se la pagan'). Hasta que Splinter por fin se compadece de él, después de una ardua hora de ajetreados movimientos, le dice que se retire para que descanse, pero Rafael se niega. Total, lo deja que continúe, pero sin exigirle demasiado.

Después del ejercicio matinal, de una ducha fría, de un abundante desayuno y de beber cinco tazas de café, Rafael es el de siempre.

Permanecen en la cocina, charlando.

-Miraba fijamente mi objetivo: una linda niña que me sonreía deseándome suerte, y…

-Rafa,- interrumpe Miguel Ángel; el tono de su voz es algo desesperado -es la quinta vez que hablas de una chica, y ni siquiera has terminado de lanzar la chuza.

-¿Chuza? ¡Si no es boliche!

-La queja de Miguel- Donatelo aclara- es referente al hecho de que no terminas de describirnos tu movimiento en la mesa de billar, sólo porque, al parecer, te gusta más restregarnos en la cara que hubo una chica que se interesó en ti.

-Ok. Sólo intentaba convencerlos de formar un equipo y competir en el campeonato de billar.

-Pues conmigo no funciona el atractivo visual.- declara Donatelo.

-Aparte de chicas y del billar, ¿no hay otra cosa?- pregunta Miguel Ángel, considerando seriamente la propuesta de Rafael, que es de lo más aburrida.

-También hay un concurso de baile.

-Paso.

-Hijos, hay otras formas recreativas en las que pudieran interesarse.- Splinter sugiere.

-Escuchen…- Rafael está decidido en convencer a sus hermanos y padre -No sólo es por la emoción de aplastar al enemigo,- golpea un puño contra la palma de la otra mano -sino también por la incomparable sensación de poseer un trofeo. Estaba pensando que podríamos ponerlo en… -señala un espacio de la cocina.

-Rafa, - Donatelo está en desacuerdo -no podemos ponernos al descubierto sólo por un pedazo de metal.

-Sí. – Miguel Ángel apoya a su hermano -Quizás para conocer lindas chicas, pero arriesgar el caparazón por…

-Miguel.- Donatelo le llama la atención.

-No dije nada.- levanta las manos en señal de defensa.

-¿Eso es lo que te preocupa, Don? – Rafael le mira con incredulidad -Ayer, esas personas me consideraron otro más del grupo, mi aspecto no les pareció extraño. Vamos chicos... Esas personas son buenas, como nuestros dos y únicos amigos humanos. Aparte, somos ninjas, maestros del disfraz; no pueden descubrirnos.

-Pues…- Donatelo toma su mentón -Analizando la situación, bien podríamos pasar desapercibidos.

-No hablas en serio.- ahora en Miguel Ángel quien no cree en las palabras de Donatelo.

¿De cuándo acá Donatelo es tan aventado?

-Sólo estoy sopesando nuestras posibilidades.

-¡De qué ganamos, ganamos!-asegura Rafael.

-El problema evidentemente es el que nos descubran.

-Disculpa, Donatelo.- Splinter decide intervenir, como que están yéndose lejos -¿En verdad estás considerando la posibilidad de ingresar al torneo?

-Es billar es fácil. Se trata básicamente de calcular matemáticamente los ángulos y las trayectorias de los cuerpos esféricos.

-¡Sí! Nada más hay que hacer un hoyo en uno.- dice Miguel Ángel; definitivamente no sabe de billar.

-Así no es el juego cabezón. – Rafael lo reprende -Que se me hace que serás el primero en tomar unas clasecitas.

-¿Ahorita?

-En cuanto terminemos con los deberes. Quedé con Casey en la tarde para que me ayudara a refinar mi estilo.

-¿El de flirtear?- se burla Donatelo.

-También ese.

-Hijos, yo considero que…

-Sensei, por favor… - Rafael le mira de manera suplicante -Desde hace meses que nuestra vida es mucho más tranquila. Ya hemos acabado con todos los más malos, y los que quedan, la policía puede hacerse cargo de ellos. Creo que nos merecemos un poco de distracción, ¿no lo cree?

-Sí, pero…

-Está dicho. Vamos Miguel. – Rafael, sin deseos de escuchar otra réplica, se pone de pie y su hermano también -Tú limpias la cocina, yo barro, tú lavas el baño, yo sacudo, tú trapeas el piso, yo saco la basura, tú…

-¿Por qué me parece que me estás dejando lo más difícil?

Los dos se alejan discutiendo la repartición de deberes.

-Bueno, al menos Rafa ya controla mejor su temperamento.- atina a decir Donatelo.

-Sí, pero sigue siendo muy testarudo.- suspira el Sensei, claramente derrotado.

-Eso sí, pero tarde o temprano tenemos que enfrentar el mundo exterior, pero de una manera que no implica para nada ninjas del Pie o Dragones Púrpura.

-Sé perfectamente la atracción que ejerce en ustedes el mundo de allá arriba, hijo.

-De una manera muy distinta en cada uno de nosotros, pero es inevitable, Sensei. Sin embargo, existe otra posibilidad para no permanecer por siempre entre las sombras.

-¿Cuál?

-Pues ir a otro mundo, donde no seamos vistos como monstruos.

-También ese pensamiento ha surgido en mi mente.

-Leo y yo lo discutimos una vez.

-¿Y a qué conclusión llegaron?

-Es una alternativa más viable que esperar a que los humanos nos acepten. Tenemos amigos que nos ayudarían.

-Ciertamente.

-Sólo es cuestión de que nos decidamos. Como bien mencionó Rafa, Nueva York ya no nos necesita.

-Un cambio de ambiente no estaría del todo mal.

-Y hablando de cambios… -se levanta de su asiento -Lo dejo Sensei. Debo realizar el mantenimiento de rutina.

-Muy bien. Yo estaré al pendiente de Leonardo.

-Por favor. Debe descansar todo el día de hoy.

-Procuraré que no abandone su habitación.

-Gracias.

Donatelo deja sus trastos sucios en el lavabo, y se retira a sus deberes.

Pasa al lado de sus hermanos que están 'echando volados', para saber quién hace qué.

-Buena táctica.- los felicita.

-¡Verdad que sí!- fue idea de Miguel Ángel.

-Claro. – Rafael protesta -Con la suerte que tengo, mejor hago todo yo.

-Como digas.

Al escuchar la propuesta de Rafael, Miguel Ángel se echa a correr.

-¡Oye tú!

-Demasiado tarde.- lo compadece Donatelo.

-¡VAS A VER CUANDO TE ALCANCE! ¡TAMBIÉN ME LA DEBES POR LA SESIÓN DE ESTA MAÑANA!

-¡RAFA NO…! … grites.- Donatelo deja escapar un suspiro porque sus hermanos no saben cómo permanecer en silencio.

Donatelo sigue su camino. Sólo espera que Leonardo no despierte con tremendo escándalo, aunque lo duda, tiene el sueño ligero. Si se levanta, ya no querrá regresar a la cama; debió darle un sedante.

Leonardo escucha el alboroto. Abre los ojos, se pone de pie y sale de su habitación para asegurarse que sus hermanos no causen desastres.

Una misteriosa sombra sigue a Leonardo muy de cerca.

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