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ESPEJISMO

3. Sorpresa. Sorpresa

Al salir de su habitación, Leonardo no ve amenaza alguna. No hay nadie de hecho. O al menos eso parece.

Pega un brinco para evitar bajar cada escalón, llegando al primer tramo de escalera.

Cae flexionando las rodillas para amortiguar la caída.

"¡Wow! ¡Qué extraordinaria ligereza!", piensa asombrándose de sí mismo.

De repente, se siente envuelto en una embriagadora confianza. Cierra los ojos permitiéndose envolver por tan repentino sentimiento.

"¡Es… asombroso!"

Se yergue despacio, al ritmo que brota desde su pecho esa confianza que se extiende por todo su cuerpo. Pareciera que crece, colmándolo hasta la infinidad, una abrumadora confianza que… no es confianza… es… orgullo, un orgullo que se ensancha hasta que se vuelve en una exorbitante sensación de poder.

Poder que le asegura obtener todo cuanto desee con sólo pedirlo.

Repentinamente sacude la cabeza, y abre los ojos ¿De dónde vino ese pensamiento? Debe ser porque se siente de buen ánimo. No importa.

Pega otro brinco, y llega al nivel inferior, aterrizando con un grácil movimiento.

"Las maravillas que hace la meditación."

Se incorpora y camina.

Sigue sin ver a nadie, pero escucha un ruido en el taller de Donatelo.

Va a asomarse.

Lo ve, tendido bajo El Acorazado.

Donatelo ve los pies de su hermano, y sale de su escondite, permaneciendo sentado.

-¡Hola! ¿Cómo te sientes? ¿Y tu tobillo?

Leonardo se pone de cuclillas para estar al nivel que está Donatelo y charlar mejor.

-Excelente, gracias. Oí gritos. No ocurrió ninguna desgracia, ¿verdad?

-No.- a Donatelo le alegra ver que su hermano mayor tiene un buen aspecto -Rafa y Miguel se repartieron los quehaceres, y comenzaron con una pequeña disputa, pero creo lograron resolverla.

-Y, ¿dónde están?

-En el cuarto de los trapeadores y las cubetas.

-Es bueno que no haya habido un desenlace fatídico. – sonríe porque las cosas entre sus dos hermanos no resultaron como temía.

El estupendo ánimo de Leonardo no pasa desapercibido para Donatelo.

-Es bueno que te sientes de maravilla. Se nota en tu semblante.

-Sí.- vuelve a sonreír -¿Y Sensei?

-Descansando.

-Bien.

-Habrá un tornero de billar próximamente, y a Rafa le surgió la idea de que los cuatro compitamos. Inicia la próxima semana. Quiere seguir frecuentando el lugar y llevarse consigo a Miguel para que empiece a practicar.

-¿Así de malo es Mikey, como para que se lo lleve a practicar?

-Sip.

-Y tú, ¿crees que necesitas practicar?

-Tal vez. Hay muchas cosas que debo revisar primero.

-¿Y si vamos al billar después de comer?

-¿Bromeas?

-Nop.

-No puedo dejar inconcluso el mantenimiento de los vehículos y el resto del equipo. Un buen funcionamiento garantiza…

-Don, yo te ayudo.-

-¿De veras?

-Por supuesto.- le guiñe un ojo.

-Pues si lo planteas de esa manera…

Donatelo se deja contagiar por ese entusiasmo que ahora irradia su hermano mayor. ¿Cuándo fue la última vez que se veía tan contento? Acepta ir al billar todos juntos sin siquiera pensar si exponerse de esa manera es arriesgado.

Les toma más tiempo del que esperaban terminar con el mantenimiento.

Salen tarde de la guarida, no antes de avisar a su padre que enseguida regresan.

Se llevan El Acorazado en parte para comprobar que su funcionamiento sea del cien por ciento.

Se estacionan en un callejón que está a unas cuadras del billar.

En la calle se encuentran con que el clima no es tan agradable para ser verano.

-Quelonios… ¿por qué hace frío?- observa Rafa; acomoda la bufanda que llega alrededor de su cuello y que cubre también su cara.

- Es raro en esta época del año.- aclara Donatelo -Si bien no me sorprendería descubrir que es debido al calentamiento global.

-No comiences.- se queja Rafael.

-Sólo decía.

El ligero aire frío que corre, para ellos, que son de sangre fría, resulta un poco molesto, pero para los humanos no tanto, incluso hay algunos que van vestidos con shorts y playeras ligeras, dada la estación del año, que es calurosa.

Tienen un poco de frío, pero podrían vestir ligero como los humanos. Sin embargo, deben cubrirse con varias prendas de ropa para disimular lo mejor posible su aspecto. Si tan sólo no tuvieran que ocultarse…

-¿No sería fantástico no tener que esconderse nunca más?- Leonardo susurra tristemente, aunque más bien para sí mismo.

Donatelo se le acerca.

-Vamos Leo, ¿dónde quedó ese espíritu de la aventura?

-Sólo desearía que…

Se detiene de golpe.

Donatelo reacciona rápido y lo sostiene, temiendo que vaya a desmayarse.

Los otros dos también se preocupan. Quizás todavía no se encuentra bien.

De inmediato, Donatelo percibe un cambio extraño: los hombros de Leonardo pierden un poco de anchura y… la singular curvatura de su espalda… se esfuma, simplemente desaparece, quedándole holgada la sudadera que trae.

-¿Qué rayos…? Rafa también ve este insólito cambio.

-¡Leo!- Miguel Ángel se asusta.

Donatelo toma a Leonardo por los hombros para girarlo hacia él. Lo observa azorado unos momentos.

-¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?- Leonardo se extraña por la reacción de Donatelo.

Donatelo ve directo a sus ojos castaño claro. Hay confusión en su mirada, pero no hay cambio, es su piel la que… la poca piel que deja ver la bufanda que cubre parcialmente el rostro de Leonardo junto con la capucha de la sudadera, su piel es… ya no es verde… es…

Donatelo le retira la capucha y baja la bufanda.

-¡Jesús, María y José!- exclama Rafael.

Miguel Ángel se queda sin habla.

-¡Don! ¿Qué te pasa? ¿Por qué me descubres?- Leonardo se lleva las manos a la cabeza, antes de que alguien note que no es humano, y entonces, toca algo diferente en ella.

La bandana azul se le desliza de sus ojos a su cuello.

-¿Y esto?- se queda anonadado, conteniendo la respiración.

Donatelo se deshace del shock inicial, toma una muñeca de Leonardo y se lo lleva de regreso a El Acorazado.

Miguel Ángel y Rafael reaccionan también, y los siguen.

-¡Pero Rafa! ¿Qué pasó? ¿Por qué Leo es…?

-¡Aquí no, Miguel!

Corren a todo lo que dan sus piernas.

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