Digimon y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
Taiora
― Meiko estará bien; al parecer Gennai solo la dejó inconsciente para provocar a Meicoomon. ― declara Joe mientras observa a la muchacha que mantenía la mirada perdida. No sabían qué había hecho Gennai con Meicoomon, pero por los momentos, tendrían que conformarse con prepararse mentalmente para lo que se avecinaba.
― ¿Y ahora qué hacemos? ― pregunta Takeru.
― Deberíamos adentrarnos un poco más en el bosque por protección; creo que este lugar es inseguro. ― interviene Koushiro y todos concuerdan con él, así que, no perdieron tiempo en emprender camino.
No sabían por qué Dark Gennai se había llevado a Meicoomon y no tenían la menor idea de cuál sería su próximo avance, pero de algo estaban seguros: se avecinaba una gran batalla que no sabían si podrían superar con la situación actual de sus digimons. Estaban cansados y otros además, estaban heridos aunque no lo demostrasen.
―Sora, ¿estás bien? ― pregunta Hikari sacándola del trance en que se encontraba.
― Claro…de maravilla. ― respondió brindándole una sonrisa que Hikari identificó como forzada.
―No, no lo está; y no quiere que nadie la ayuda. ― interviene Piyomon. ― Ella lo niega, pero algo le duele. ― Hikari la observa con preocupación.
― ¿Es eso cierto? Si es así, puedo hablar con los demás para que nos detengamos. ― Aunque no estuvo allí, los demás le contaron sobre los golpes que recibió cuando enfrentaron a Machinedramon y desde un principio, a pesar de que Sora parecía estar ilesa, no estaba convencida del todo.
― Estoy bien; sigamos. ― Obviamente, la pequeña Yagami no mordió el anzuelo, así que, caminó a su lado, atenta ante cualquier señal de debilidad. Ella sabía que su hermano estaba igual de pendientes que ella, pero él sentía y tenía que guiar al grupo y no creía prudente agregarle más preocupación de las que ya tenía.
Por su parte, Sora se recriminaba mentalmente por no ser más discreta. Era cierto que no se sentía bien, pero los demás no tenían por qué enterarse. Ella sabía lo observadora que era Hikari y trato de alejarse lo más que pudo de ella a sabiendas de que sería la primera en notarlo. Le dolía mucho la espalda, lo cual no era para menos después del golpe que recibió, pero no le había dolido tanto hasta que la adrenalina de lo ocurrido abandonó su cuerpo. Además, teniendo en cuenta que con todo lo que estaba pasando con Piyomon, no había estado durmiendo bien y menos alimentándose como se debía y eso, le estaba pasando factura a su cuerpo.
― ¿Segura? ― volvió a preguntar la menor de los Yagami y Sora asiente. Trató de tolerar el dolor lo mejor que pudo, pero al final, fue en vano, por lo que, luego de varios minutos de camino, no pudo seguir más; si no es por la intervención de Hikari, hubiese dado de cara contra el suelo. ― No estás bien… ¡Chicos! ― todos giraron de inmediato.
― Tienes algo de fiebre…― Joe observo a la chica por unos momentos. ― ¿Estás mareada? ― Sora negó. Joe comenzó a palmear la espalda de la chica sobre la ropa y sintió como Sora daba un pequeño respingo cuando palmeó un lugar en específico ― Del uno al diez, ¿Cuánto de duele?
― Un once…― respondió. Todos estaban pendientes al pequeño chequeo que le hacía Joe a la chica, especialmente, Taichi que no perdía ningún rastro de lo que el joven hacía. Estaba por demás preocupado.
― Necesito ver el área afectada…¿puedo? ― Sora se sonrojó levemente; le daba un tanto de vergüenza, pero al final, eran sus amigos y no había nada perverso en la situación. Se levantó un poco la camisa y de inmediato, los chicos observaron el enorme moretón que adornaba su espalda.
― Se ve mal; Sora, ¿por qué no dijiste nada? ― le reprocha Mimi. Ella se mantuvo en silencio.
― ¿Puedes tratarla, Joe? ― pregunta Taichi impaciente.
― Creo que sí. ― buscó entre sus cosas. Sacó un ungüento y un frasco de pastillas― Puede que esto ayude. Aunque estoy preocupado de que tengas alguna costilla rota y eso sí, es peligroso.
― ¿Qué haremos?
― Por ahora, voy a vendarte solo por esta noche, ya que no es un método muy recomendable, pero dado que no estamos cerca de un hospital, es lo mejor que se puede hacer.
―Si quieren, puedo ir por hierbas medicinales. ― ofreció Palmon.
―Se te agradecería mucho. ―dijo, mientras dirigía su atención nuevamente hacia Sora. ―Por ahora, no debes hacer esfuerzos.
Y así, decidieron quedarse a pasar la noche en ese lugar.
La fogata ardía mientras los antiguos niños elegidos descansaban alrededor de ésta. Joe había aplicado el ungüento en la zona afectada y la vendó por precaución. La joven pelirroja había quedado fuera de juego con la mezcla de los analgésicos que le dio Joe y el té que habían preparado con las hierbas medicinales que Palmon había conseguido. De acuerdo a la magnitud del dolor que Sora parecía experimentar, Joe pensó que sería prudente la mezcla de ambas cosas. Sora cayó rendida casi al instante.
Desde entonces, había alguien que resguardaba su sueño.
En el preciso momento en el que Hikari llamó su atención, Taichi sintió el pánico recorrer su ser al ver a Sora apoyada de su hermana menor. Sora, nunca se deja mostrar débil y si se desplomó así, es porque llegó a su último esfuerzo. Y estaba asustado, muy asustado porque lo que dijo Joe era grave. Él no era medico ni tenía el mínimo conocimiento al respecto, pero no había que ser un genio para saber que algo roto o fuera de lugar cerca de los pulmones o el corazón de una persona, es algo que podría amenazar su vida y decir que eso lo preocupaba, era quedarse corto. La observa dormir a su lado y no controla el impulso de acariciar su rostro suavemente. Se veía tan tranquila, tan relajada…tan bella…porque para él, Sora siempre ha sido hermosa; que él no se lo dejase saber muy a menudo, era otra historia. Debió haber estado allí para evitar que se lastimara, se culpaba por no haber estado allí.
―¿No puedes dormir? ―Taichi dio un pequeño respingo.
―Me asustaste.
― Lo siento. ― responde. ― ¿Ha pasado algo?
―Aún tiene algo de fiebre…― Hikari asintió.
― Ya verás que estará mejor. ― él asiente. ― Hermano, en serio, Sora es fuerte; esto no es nada para ella.
―Eso es lo que me preocupa; ella es fuerte y si admitió que le dolía tanto, es porque se siente mil veces peor. ― Odiaba que la pelirroja tomara todo el peso del mundo sobre sus hombros y que encima se enojara con él cuando trataba de aminorarle la carga, pero al mismo tiempo amaba esa faceta de Sora porque era una de las tantas cosas que le confirmaban el corazón noble y sincero que poseía.
Se mantienen en silencio por unos minutos.
― ¿Por qué no le dices que la amas? ― soltó Hikari de repente.
― No sé de qué hablas…
―Puedes negarlo si quieres, pero es algo que escapa de tu control. ¿Qué hubieses hecho si el encuentro con Machinedramon hubiese sido fatal? ¿Podrías haber vivido con la duda?
― ¿Por qué tienes que ser tan madura? Te recuerdo que soy el mayor, ¿eh? ― la menor de los Yagami le sonrió. ― Es una vida, Hikari, una vida de amistad; no puedo simplemente arriesgar una amistad como la que tenemos así. ¿Qué tal si ella no piensa lo mismo? ¿Qué se supone que haga?
―Seguir adelante…
―Oh, vaya, Hikari, no me digas…
―…aunque sé que no será necesario. ―terminó de decir.
― ¿Cómo sabes eso?
― Intuición femenina.
―Eso no es una justificación.
― Pues porque sí.
―Eso tampoco es una justificación. ― ella sólo se encoge de hombros. ― Ya, en serio, ¿por qué lo dices?
― Simplemente lo sé; confía en mí, ¿bien? ― El joven castaño observa a su amiga pelirroja. ¿Realmente valdría la pena? ― Iré a descansar un poco; cualquier cosa, me llamas. ―él asiente. Hikari le dedica una pequeña sonrisa. Algo le decía que pronto las cosas entre su hermano y Sora cambiarían para mejor.
No sabe en qué momento se quedó dormido, solo era consciente de que despertó al sentir un pequeño movimiento a su lado.
―Disculpa si te desperté…―aún medio dormido, no reconoció la voz de inmediato, pero cuando lo hizo, se tensó.
― ¿Qué haces despierta? ¿Estás incómoda? ¿Te duele algo? ― preguntó rápidamente.
―Solo sentí una pequeña molestia. ― dijo mientras quedaba acostada de lado, de frente a Taichi. El castaño colocó su mano en su frente.
― Aun tienes algo de fiebre…―declara.
―Estoy bien…
― No, no lo estás. ― rebate. Le acomoda la frazada y toma el pañuelo húmedo que yacía en un contenedor con agua, lo exprime y se lo coloca en la frente. ― Aun es de noche; vuelve a dormir.
― No has dormido nada…
― Eso no importa.
― A mí sí me importa. ― el castaño se pone en la misma posición que ella y la observa con el ceño fruncido.
― Yo no soy el que está herido. ―ella se queda en silencio. Él también lo hace mientras la observa con adoración ― Solo quiero que estés bien. ― Sora le observa con expectación porque siente que aún no ha terminado de hablar. ― Esto me recuerda aquella vez que Datamon te secuestró; estaba tan asustado.
― Taichi…
― Solo quería salvarte y por eso, mi emblema brilló; has estado involucrada en cada momento de superación que he tenido y quiero que eso siga por mucho tiempo, así que, por lo que más quieras, cuídate, porque no soportaría perderte; matarían dos pájaros de un tiro.
La joven se quedó sin habla. El corazón le latía a mil por hora y es que ese era el efecto que tenía Taichi en ella y el condenado no parecía notarlo. Sí, sentía dolor y sentía la debilidad de la fiebre que la aquejaba, pero cuando él estaba a su lado, todo parecía quedar en segundo plano. Lo amaba, desde hace mucho tiempo y no sabía cuánto más podría ocultarlo. Pues Taichi no era el chico más maduro de todos, pero era el más extraordinario ser humano que había cruzado camino con ella hace tantos años atrás y sabía que era perfecto ante sus ojos. Siempre cuidándola, siempre queriéndola…siempre haciéndola sentir especial.
No sabe qué la motivó, si era un delirio del momento o los analgésicos que le dio el superior, tomando algo de valor prestado de Taichi, lo atrajo del cuello hasta acercarlo a centímetros de su rostro. Ninguno se veía sorprendido por su situación actual, estaban más bien ansiosos por lo que vendría y fue Sora la que dio el paso definitivo.
Tímido, intenso y provocativo: las palabras que llegaron a la mente del castaño cuando sintió los labios de Sora hacer contacto con los suyos. Le encantó sobremanera la corriente eléctrica que lo recorrió de cabeza a pies con tan solo aquel breve roce y su cerebro parecía no poder procesar que de verdad aquello estuviese ocurriendo, es como si trataran de confirmar una hipótesis con aquel roce. Se observaron por unos breves instantes hasta que Taichi apeteció más. Aquel pequeño roce no hizo más que desencadenar todos aquellos sentimientos que llevaba años reprimiendo, así que se dejó llevar y se entregó a aquel beso que podría significar tantas cosas y a la vez nada, pero prefirió no pensar tanto y enfocarse en disfrutar el contacto.
Lamentablemente, el aire se hizo necesario.
― Y… ¿qué tal? ― ella sonríe.
―Idiota…― él sonrió a escasos centímetros de su rostro.
― Te amo, mi cielo. ― Listo, lo había dicho y se sintió realmente bien hacerlo, especialmente, al ver como ella le sonrió ante la declaración.
― Y yo a ti, Tai.
No fue necesario decir más…Taichi la envolvió entre sus brazos, acariciando suavemente la zona de su espalda donde yacía el moretón producto de su encuentro con Machinedramon y es que en que cabeza cabía la idea de enfrentarse a ese monstruo ella sola. Ella tal vez no lo admitiría jamás, pero para Taichi, Sora estaba igual de loca que él, solo que ella sabía disimularlo mejor. Fuese lo que fuese, él estaba loco, pero por ella y era lo único que le importaba en ese momento. Tenía una novia que no titubeaba en sacrificarse por los demás y eso lo asustaba y lo llenaba de orgullo al mismo tiempo.
Ella le correspondió el abrazo y se hundió en la esencia que tanto le encantaba desde su infancia. No esperaba que una herida pudiese traer tan buenos resultados, pero nunca había estado tan feliz de experimentar el dolor que sentía, porque mientras Taichi estuviese con ella, todo estaría bien o por lo menos, él intentaría arreglarlo.
Al estilo Taichi, por supuesto.
