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LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazón le pertenece a mi querido Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar lo que siento hacia mis adoradas tortugas.

Carácter: TMNT 2003

Apariencia: película TMNT 2007

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ESPEJISMO

6. El mensajero

El miedo estruja sus corazones.

No saben exactamente si temen por su hermano, o es él de quien tienen miedo.

¿Qué esa luz que lo envuelve?

¿Qué es?

La luz no permanece mucho tiempo brillando. Se extingue lentamente. Con la misma lentitud con que va desapareciendo la amenaza.

Leonardo se vuelve hacia Miguel Ángel, con la apariencia humana normal a la que apenas se están habituando.

-¿Estás bien?

Miguel Ángel quiere alejarse de él, pero sus fuerzas lo abandonan; se arrodilla abrazándose y cerrando los ojos.

Su corazón se apacigua lento, pero todo su cuerpo empieza a temblar inconteniblemente. El frío es insoportable ahora que la adrenalina se ha ido junto con ese miedo que le tuvo a su hermano hace un segundo.

"Hace… mucho… frío."

De momento, se siente solo.

Está solo.

Una lágrima se desliza por su entumecida mejilla.

Lo han abandonado.

¿Por qué lo hicieron?

¿Por qué?

¿Fue porque ya no soportan sus niñerías?

¿Fue por eso?

-Vuelvan… Juro… que…- trata de hablar entre sollozos.

De repente, se siente envuelto en un tibio calor, que aminora considerablemente el frío.

Es más, el frío se ha ido por completo. El frío, el dolor, la soledad, no existen más.

Suspira aliviado.

-Miguel, tranquilo, aquí estoy.

Oye un susurro cerca de su oído.

Abre los ojos.

Se da cuenta que Leonardo lo tiene envuelto en sus brazos.

Le parece que pasan horas, así, rodeado por el cálido abrazo de su hermano… algo absolutamente diferente a lo que sintió hace un momento.

Recordando repentinamente los acontecimientos sucedidos, se aparta de Leonardo.

-¡Oye! ¿Estás bien?

Miguel Ángel lo toma de los brazos como para asegurarse de que no se vaya de nuevo a una lucha él solo.

-Ah.

Cuando se queja Leonardo, es apenas que se da cuenta de que él está herido.

-¡Cielos! ¿Qué le pasó a tu brazo?- Ve el brazo de su hermano ensangrentado; mira su propia mano, manchada de sangre.

-Nada.- Leonardo se pone de pie.- Ve con Doni, después se ocupan de Rafa. Yo iré con la chica. Hay que irnos de aquí antes de que ustedes sufran una hipotermia.

-Pero tu brazo…

-Ve Miguel. Don te necesita.

Leonardo voltea a ver a su otro hermano, que está un poco más allá. Parece que está sufriendo de la misma manera en la que estaba sufriendo Miguel Ángel.

-De acuerdo.- dice Miguel Ángel no muy convencido, cierra en puño su mano que está manchada de sangre, se incorpora y va con Don.

-¡Regresen! ¡Juro… Juro que… entrenaré con más ahínco!- Donatelo grita desesperadamente.

Leonardo voltea al escuchar la suplica de Donatelo.

-¿Qué fue lo que dijo?

Miguel Ángel ya está a su lado confortándolo. Pasa un momento, y lo ayuda a levantarse. Donatelo tiene un triste semblante.

-Es este frío que no únicamente congela sus cuerpos, sino que también hiela sus espíritus. Ojalá se detuviera.- insta Leo.

De improviso, deja de soplar el gélido viento.

Leonardo mira hacia el obscurecido cielo, buscando a alguien, pero no la divisa del todo, un alto edificio se lo impide; el resplandor es lo único que alcanza a ver de la luna llena.

-Así está mejor, gracias.- sonríe y reanuda su lenta caminata hacia la víctima después de cerciorarse que tus tres hermanos ya están juntos, aunque Rafael sigue inconciente.

-No… no… no…- Rafael murmura entre sueños.

-Rafa, despierta.

Donatelo le da unas bofetadas quedas; parece que tiene una pesadilla.

A la quinta bofetada, Rafael abre los ojos.

-¿Doni?- pregunta algo confundido.

-Sí.

Y sin siquiera avisarle, Rafael pellizca una mejilla de Donatelo con la escasa fuerza que tiene, pero la fría piel del quelonio agredido parece maximizar el dolor, porque exclama un grito.

-¡Aaay!

Leonardo, que está revisando las heridas de la chica, se levanta rápidamente al escuchar un grito. Da un vistazo rápido para encontrar el peligro que aqueja a sus hermanos, pero no hay ninguno.

-¿Te dolió?- pregunta Rafael mientras se sienta.

-¡Obvio!- Donatelo soba su pobre mejilla congelada y dolida.

-Lo que quiere decir…- se pone de pie con un leve quejido -que ya no estoy soñando.

Donatelo y Miguel Ángel también se incorporan. Los tres encaminan donde está Leonardo.

-¿Qué no el pellizco te lo debes dar a ti mismo para ver si estás soñando?- Miguel Ángel no entiende la lógica de su hermano de la bandana roja.

-Lo sé. Fue mi desquite por la práctica de ayer. Tú todavía me la debes, así que cuídate.

A pesar del dolor provocado por las heridas de la batalla, Miguel Ángel se mueve con destreza para quedar al otro lado de Donatelo, y lejos de Rafael.

Rafael sonríe de satisfacción al ver el terror en los ojos de su hermano menor.

-¿Cuándo van a madurar?- se queja Donatelo por lo infantil del comportamiento de sus dos hermanos.

-Pues te diré que tú no actúas muy maduro que digamos- le espeta Rafael.

-Menciona alguna ocasión, cualquier ocasión en que yo…

Leonardo suspira tranquilo. Sólo son sus hermanos que riñen como de costumbre

Súbitamente, se gira al percibir una presencia desconocida.

Frente a él, hay un joven, más alto, más corpulento, que viste jeans y una playera de manga larga, y que es tres o quizás cuatro años mayor que él. Lo mira detenidamente a los ojos. No percibe ninguna emoción en ellos.

-… Leo nos pone el ejemplo.– Rafael se queja de su líder -Nada más mírenlo, ahí paradote, sin preocuparse en saber si estamos…- calla al voltear y ver a un desconocido plantado frente al aludido.

Miguel Ángel y Donatelo voltean enseguida al percatarse de la expresión de Rafael. Los tres se apresuran para ir junto a Leonardo.

Leonardo se queda mirando al chico, intentando descifrar si es peligroso para los suyos. Le es imposible saberlo ante la pared de la pasividad contra la que se topa.

-¿Quién eres?- decide preguntar.

-Aleyda le tendió una trampa.

-¿Quién?

Ya con la temperatura a un nivel más cálido, las tortugas, sienten recobradas sus fuerzas, y se plantan entre el extraño y su hermano.

-¡Oye tú! ¿Qué te traes con mi hermano?- reclama Rafael.

Leonardo se acerca al extraño levantando una mano que les indica a sus hermanos que no se alebresten.

-No sé de quién hablas.

-Aleyda- empieza hablar el extraño -es un ser diabólico que anda tras de usted, Leonardo.

Las tres tortugas y el recién vuelto humano se quedan azorados al escuchar tremenda declaración.

De repente, alguien grita.

-¡Yuder!

El extraño voltea. Seguramente así se llama.

Los demás también voltean hacia donde escucharon provenir una fuerte pero melodiosa voz.

Es la chica que estaba inconsciente. Parece tener la edad de Yuder, vestida con un pantalón tipo pescador color negro, sandalias negras y una blusa blanca sin manga, con un lindo estampado que dice "Angel", su piel es blanca, el color de su pelo lacio que le llega hasta la cintura, es amarillo paja.

No tiene la apariencia de ser alguien fuera de lo común.

Es el color de sus ojos lo que no es común: son de un llamativo color magenta.

-Aleyda.- dice Yuder sin inquietarse.

-¿Ella es Aleyda? Es linda- insinúa Rafael -para ser un ser diabólico.

-¡Pérfido!- la joven, claramente molesta, se acerca a Yuder.

-Se nota que no eres popular con las chicas.- resalta Miguel Ángel.

Ella acelera el paso y se arroja contra Yuder, tomándolo desprevenido, ambos caen y ruedan forcejeando.

En el giro final, Yuder queda bajo Aleyda, pero logra doblar sus piernas y, usándolas como catapulta, la lanza.

Los chicos se sorprenden por la fuerza en que la lanzó.

La chica cae muy lejos pero, tras una voltereta, cae de pie.

De nuevo, Yuder dobla sus piernas contra su pecho y las desdobla de un tirón veloz, jalando el resto de su cuerpo, queda de pie en un santiamén.

Pero apenas Yuder está en pie, Aleyda ya está sobre de él, y ella debe agacharse, porque un chako para a escasos centímetros por sobre su cabeza (Miguel Ángel se mira, y le falta su arma). Yuder logra apresar el brazo de la chica, tira de éste y la azota contra el suelo.

Donatelo da un paso, dispuesto a prestar ayuda a la chica

-Espera Don. No sabemos cuáles son las intenciones de esos dos.- Leonardo lo detiene del brazo.

Yuder dirige sus dedos de una mano, rígidamente extendidos, a la garganta de la chica para soltar un golpe y romperle la traquea.

Otra arma abandona a su dueño.

Yuder asesta el golpe, pero algo le golpea los dedos. Suelta a Aleyda y retrocede.

Lo acaba de golpear un bo.

No tiene ni la oportunidad de pensar si Aleyda ha usado telequinesis, ni tiempo para recuperarse, porque recibe un golpe más del bo directo al estómago que le saca todo el aire; Aleyda sostiene el bo ahora, Yuder cae de rodillas enroscándose en sí mismo, jalando aire por la boca.

La chica arroja el bo lejos y a sus manos llega por sí sola una katana. Se aproxima al caído, queda a un paso de él con la espada sosteniéndola con ambas manos. Levanta el arma para asestar el golpe que separa la cabeza de cuerpo.

Una mano aferra uno de sus brazos, deteniendo el mortal golpe.

-¡Suélteme!- ella voltea a ver a quien la ha apresado.

Leonardo niega con la cabeza.

Él intenta averiguar, escudriñando esos profundos ojos, si ella es quien Yuder dice, pero no tiene el tiempo suficiente para averiguarlo.

La chica siente que sus fuerzas la abandonan, suelta la espada y desfallece, pero Leonardo logra sostenerla, y con cuidado, la deja en el suelo.

-¿Ya acabaron con su numerito? ¿Ahora si me puedes explicar qué pasa?

Rafael apunta con su sai a Yuder que se levanta con dificultad.

-Por supuesto… Sólo permítame un… momento.

Leonardo examina enseguida a Aleyda, está herida. Incluso en ese estado, intentó deshacerse de Yuder con las pocas fuerzas que le quedaban; fue impresionante. Luego voltea a ver al otro humano. Viéndolo con detenimiento, él también tiene una apariencia normal: jeans azul marino, tenis café oscuro y playera de manga corta café claro, con un estampado negro que dice Surfer; de piel morena oscura y de cabellos muy rizados y negros, sus ojos son de un verde claro.

-Ella está herida, necesita atención.- les hace saber a los demás.

-¡Leo! Tu brazo.- Donatelo se percata de la herida, después del ajetreo.

-Sólo fue un roce, estoy bien. Es ella quien debe recibir atención primero.

Leonardo voltea de nuevo a ver a la chica, con detenimiento, examinando cada facción de su rostro. Tiene la impresión de conocerla de algún lugar, al igual que a Yuder.

Yuder, ya recuperado, se incorpora, se acerca a Leonardo y a Aleyda, o lo intenta.

-¡Quieto!- le advierte Rafael.

-Lo siento. No me conoce, así que no le culpo si no soy de su confianza.

-¿Qué comes que adivinas?

-Todo es tan indignante.- dice Donatelo.

Se pasa una mano por su cabeza en un vano intento por asimilar la situación tan extraña en la que se han visto envueltos: la mutación de Leonardo, ese chico, esa chica… hasta el clima ha sido un tanto insólito.

-Hay que regresar a la guarida.- sugiere Leonardo.

Toma su espada y la enfunda, preguntándose qué tipo de personas serán como para haber peleado de esa manera.

Se levanta con Aleyla en los brazos.

Donatelo hurga en su inseparable mochila, saca un control remoto, y con éste, llama a El Acorazado. Llega en menos de un minuto.

Leonardo va hacia donde se estaciona el transporte.

-¡Tú camínale!- Rafael le ordena a Yuder, amenazándolo con sus sais.

Yuder obedece.

Miguel Ángel y Donatelo recogen sus armas y se encaminan también.

A unos cuantos pasos Leonardo tropieza, y cae de rodillas.

-¡Leo!

Donatelo y Miguel Ángel se le acercan a él de inmediato.

-Tú también necesitas de atención.- dice Donatelo, algo preocupado.

Él le ayuda con Aleyda y Miguel Ángel ayuda a Leonardo a incorporarse y a caminar.

Reanudan la marcha.

-No lo entiendo.- Leonardo suspira exhausto -En otras ocasiones, he recibido peores palizas, y no me he sentido tan mal como ahora. En cambio… ustedes, están como si nada. Aunque… - calla porque, una posibilidad, es el hecho de que no ha dormido por varias noches.

Yuder no ve a Leonardo, pero escucha las palabras, y su rostro refleja severidad.

-Leo, eres humano ahora. Tu cuerpo no está acostumbrado a las exigencias de un combate.- es la explicación de Donatelo.

-No puede ser.- se niega a aceptar que su nueva "forma" le acarrea inconvenientes.

-Aunque todo depende de la perpetuidad de la transformación. Posiblemente mañana recuperes tu aspecto queloneico y...

-¿Y si no?

-Yo vi que te movías bastante bien.- interviene Miguel Ángel.

-Mi agilidad no se vio afectada, pero tanto mi resistencia como mi fuerza se redujeron a la mitad.

-No lo digas tan fuerte.- le avisa en un susurro- El señor "yo hago lo que se me dé la gana", podría aprovecharse.

Un poco más adelante está Rafael con el prisionero, pero logró escuchar.

-Excelente idea Miguelón. Tú serás el primero en caer bajo mi yugo.- sonríe diabólicamente.

-¡Ay nanita!- Miguel Ángel se apega más a su hermano mayor.

Donatelo sacude la cabeza en desaprobación.

En el rostro de Leonardo se dibuja una leve sonrisa. Sabe que Rafael no hará ninguna barbaridad, sólo se divierte asustando a su hermanito.

¿Cuándo fue la última vez que se divirtieron?

Entristece al descubrir que ha sido él quien, poco a poco, ha ido desintegrando a su familia. A pesar de que él ya se ha perdonado haber cometido tan grave falta, ha obligado a los demás, involuntariamente, a olvidarse de disfrutar de la vida por concentrarse en trabajar incansablemente en la seguridad de los humanos y en la propia. Aunque él ha compartido breves momentos con cada uno de sus hermanos, y con su Sensei también, pero por separado. No es lo mismo. Si pudiera encontrar la manera de que los cinco disfrutaran de un momento agradable… La idea del billar suena bastante bien, inclusive pudiesen integrarse Abril y Casey. Ojalá y mañana puedan acudir todos.

Juntos.

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