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ESPEJISMO

8. La letra pequeña

-No puede ser ella.- Leonardo repite entre asustado, sorprendido y feliz.

-La Diosa Earane desea que acepte el presente. Acepte el poder que ella le concede. Es lo único que le pide. Le complacería enormemente.

-Earane.- susurra; sólo quiere asegurarse que escuchó bien.

-Ese es el nombre de Mi Lady.- responde Yuder complacido por la reacción del joven que está frente a él.

Leonardo baja la mirada, desviándola ligeramente a un lado, sintiéndose repentinamente tranquilo. Su corazón se ha apaciguado.

Sin embargo...

No puede evitar sonreír.

No puede evitar sonrojarse.

No puede evitar pensar que es un hermoso nombre.

-¿Quién lo creería? Nuestro int…

-Leonardo…- Yuder se adelanta al sarcasmo de Rafael.

Le sujeta un hombro, sacándolo de su ensimismamiento, y le habla con sutileza, temeroso de bajarlo de la nube en la que se encuentra.

-…ella sólo…

-¿Por qué?...- la sensatez obliga a Leonardo a regresar de golpe a la Tierra.- ¿Por qué haría eso por mí?

-Porque ella siente un gran aprecio por usted y porque es una Diosa muy benévola. Ella, por medio de la luz de la Luna, brinda consuelo y esperanza a toda persona que se sienta agobiada al estar afrontando una difícil situación. Ella ha visto su dolor, ella sabe cuánto ha sufrido, y lo único que desea, con todo su corazón, es no verle padecer más. Con el poder que le concede, puede obtener la felicidad que ha deseado, para su familia, para usted.

Leonardo ya no dice más, y baja la mirada.

Todos aguardan en silencio su respuesta.

¿Aceptará el presente de la Diosa?

Donatelo aún no cree en la magia ni en Dioses, necesita pruebas irrefutables, pero… si a él le concedieran sus deseos…

Rafael también imagina las mil y un posibilidades que tendría si Leonardo acepta:

Un laboratorio debidamente equipado.

Un auto de carreras potente.

Su propio equipo de investigación.

Su propio equipo de hockey.

Ya no más entrenamientos de ninjitsu.

Convertirse en el ser el más fuerte del mundo.

El Acorazado se detiene.

Miguel Ángel no se atreve a avisar a los demás que han llegado. No se atreve a voltear. No desea ver a su hermano que está pensando en la posibilidad de decir que sí.

Al principio pensó que un deseo podría ser ir de vacaciones a Europa, o viajar en un trasatlántico alrededor del mundo.

Pero…

¿Pedir que sean felices? Sí ya son felices. Tienen broncas como en cualquier familia, pero son felices.

Y Leonardo cree que no.

Toma la manija para abrir la puerta y salir corriendo.

Leonardo se levanta.

Lo oye Miguel Ángel y se detiene, quiere escuchar qué más tiene que decir.

Leonardo abre la compuerta del vehículo y sale.

Los demás lo siguen.

Leonardo se detiene a unos cuantos pasos.

Los otros también, dándole su espacio.

Miguel Ángel ya no desea bajar.

Leonardo cierra los ojos y cubre su rostro con una sola mano, se tambalea, pero logra conservar el equilibrio.

-Espere Rafael.- lo detiene Yuder porque ya iba en ayuda de su hermano -Dele tiempo para asimilarlo.

Y siguen a la espera de la respuesta de Leonardo.

Es sencillamente maravilloso. Todo ese tiempo había pensado que, la imagen de una linda chica que veía reflejada en la Luna, era una hermosa ilusión, y resulta que esa chica es real.

Una exorbitante alegría surge tempestuosamente en su pecho, provocando que en sus labios se plasme una radiante sonrisa.

Entonces, el sueño que tuvo la última noche que fue capaz de dormir…

Ahora lleva su mano a su pecho y estrecha sus dedos para formar el puño.

Así permanece por unos minutos.

-¡Oye, Leo! ¿Qué nos vas a tener en suspenso por siempre?- habla la desesperación de Rafael.

-Perdone Leonardo, se me olvidó mencionar que no es necesaria una pronta respuesta.- Yuder aclara.

No muestra reacción alguna.

Al escuchar esto, Miguel Ángel por fin se decide y baja. Va directo con Leonardo.

Los demás sólo lo siguen con los ojos.

Al estar cerca, Miguel Ángel le echa un rápido vistazo a Leonardo, asegurándose de no ser inoportuno; se le nota pensativo. Enseguida, pasa un brazo por su espalda y lo conduce al elevador.

-¿Miguel?- Leonardo reacciona, como si lo hubieran despertado de un profundo sueño.

Miguel Ángel no le dice nada; se ve molesto.

-¡Esperen!- Rafael va tras ellos.

Pero Miguel Ángel no espera a nadie; llegan al elevador, que se acciona enseguida dejando atrás a los demás.

-Miguel.- Leonardo ya más despabilado, desea saber el por qué del mal humor del menor.

Miguel Ángel lo suelta y lo mira para enfrentarle.

Leonardo relaja su brazo, bajándolo a su costado. Observa fijamente a Miguel Ángel. Siempre le ha sido fácil saber lo que piensa, y le duele hasta el alma lo que descubre esta vez.

Reproche.

Le reprocha el que haya dudado sobre la felicidad de su familia.

El elevador llega al fondo y se abre la compuerta.

Leonardo sonríe.

A Miguel Ángel le sorprende la tranquilidad que refleja el rostro de su hermano mayor. Lo observa un segundo, para sonreírle ampliamente, después.

-Como que huele a chocolate.- le hace notar Leonardo.

Miguel Ángel se gira y olfatea. Sale presuroso directo a la cocina ampliando aún más su sonrisa.

Leonardo lo sigue, no con tanta prisa, pero igual de sonriente que su hermano menor.

-¡Sensei, ahora sí se lució!

-¡Ah, Miguel Ángel! Me alegra que hayan regresado.- Splinter apaga la estufa.

-¿Ya está?

-Sí.

-¿Puedo?

-Permíteme.

Como niño bueno, Miguel Ángel toma asiento, y se queda quietecito a esperar a que su maestro le sirva la deliciosa bebida.

Se escucha el ascensor.

Splinter coloca una taza llena hasta el borde frente a su hijo.

-Ten cuidado, está caliente.

Leonardo llega justo a tiempo a la cocina para ver la ansiedad de Miguel Ángel; él sopla angustiado sobre su chocolate. Es todo un reto para su paciencia. No puede beberlo enseguida, o sino, se quemará la lengua, aunque ya le ha pasado un par de veces.

-Sensei...- Leonardo lo llama, vacilando, por obvia razón.

Splinter está de espaldas, pero ya había sentido la presencia de su hijo mayor. Voltea.

-Buenas noches, hi…- se queda atónito.

Leonardo se aproxima a su sensei.

-Padre,- se inclina- lamento presentarme ante ti con esta apariencia.

Tras segundos de estupefacción…

-¿Leonardo?

-Sí Sensei- se interrumpe Miguel Ángel brevemente en su afanosa tarea -es Leo. Él tuvo un… pequeño altercado.

-Me siento tan avergonzado por mostrarme en esta forma humana, consecuencia de mi propio egoísmo.

-Disculpen mi intromisión, deseo aclarar el malentendido. Leonardo no es culpable de nada.- es Yuder que está en el umbral de la cocina.

Rafael llega y se posiciona un poco más adelante de Yuder.

Splinter no presta atención al desconocido. Se acerca más a Leonardo. Lo toma de los hombros, y lo obliga a enderezarse. Lo examina detenidamente durante una eternidad, asegurándose de que ese humano, sea efectivamente su amado hijo.

-¿Cómo ocurrió?

Finalmente lo acepta.

-Es complicado y… estoy cansado. Tendrá que pedirle a uno de mis hermanos le narre lo sucedido. Discúlpeme.

Leonardo da un paso atrás para liberarse de las temblorosas manos de su padre, se despide con una leve reverencia y se retira a su habitación.

-¡Hey!- Rafael se interpone en su camino-Tú eres el que debe pagar los platos rotos y sales huyendo. Vaya valiente líder que eres.- le reclama.

Leonardo lo mira suplicante.

-Rafael, permite que tu hermano se retire a descansar.- Splinter sale en apoyo de su hijo mayor.

Rafael resopla, y se hace a un lado.

Leonardo se dirige a paso lento a su habitación. Está por llegar a las escaleras, cuando alguien lo llama.

-Leo, debo curarte ese brazo.- es Donatelo que regresa de la enfermería.

Lo ignora.

Donatelo se ve obligado a acelerar el paso. En cuanto lo alcanza, lo detiene.

-Leo.

-¡Ah! Doni, lo siento. Supongo… que quieres curar mi herida.

Donatelo asienta.

-De acuerdo, pero primero iré a la ducha.

Y continúa su camino a su habitación.

Y Donatelo lo sigue.

-¿Por qué me sigues?- le dice agotado.

-Para asegurarme de que vayas a tu habitación y no salgas a dar un paseo, con excusa de despejar tu mente.

-¿Y por qué haría eso?

-Después de la confesión que hiciste, no entiendo cómo es que no estás deseando que la tierra de trague.

-Porque no he hecho nada malo.

Aparece de nuevo en su pálido rostro esa sonrisa.

Y lo abruma la euforia.

Donatelo lo mira con desconcierto.

-Espérame en mi habitación, no tardo.

Echa a correr.

En vez de dirigirse a las escaleras que conducen al piso de arriba, corre hacia el lado del piso inferior que está paralelo a la entrada de su habitación, y sin detenerse, da un salto, y aterriza justo en frente de la puerta.

Donatelo le mira escéptico.

-Ok.- se encamina a la enfermería, va por el botiquín -Aparentemente, no sólo deseó convertirse en un humano, sino en un superhumano. Eso explicaría su extraordinaria agilidad, pero no aclara su poca resistencia y casi nula fortaleza física.

Suspira incapaz de encontrar la respuesta a tantas inquietudes.

Minutos después, los demás están en la cocina, tomando chocolate caliente; los chicos no le dijeron a Splinter que ya no hacia frío, pero no pudieron resistirse a la dulce bebida. Incluso Yuder aceptó.

Splinter ya se ha enterado de lo que ha sucedido con Leonardo.

-Tiene hasta mañana por la tarde para responder, favorablemente, espero yo, al presente de Mi Lady Earane.- Yuder amplía más ese otro punto relativo al regalo de la Diosa.

-Menos mal que tiene tiempo para pensarlo.- Rafael remarca.

-¿Y si Leonardo acaso se rehusara a aceptar el obsequio?- pregunta Splinter sin necesidad de preocuparse, pensando que, sin duda alguna, su hijo mayor no rechazara tan excelente regalo.

-La Diosa reclamará su vida en compensación a su ingratitud.

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