Cloeh: Qué bueno que te haya gustado la acción del capitulo anterior. Yo también sentí bien feo cuando Don tenía contra el piso frió al pobre de Miguel, y también sentí requetefeo cuando la vocecita esa le pedía a Leo que también jugará con sus hermanitos…y no lo hizo….Bueno, si Leo se enferma de neumonía ya sé cual es el procedimiento a seguir. El plan de Splinter era aprovechar algún momento de debilidad de Leo e inducirle a que dijera que sí, pero como leíste, Miguel se interpuso. Leo se iba a ir a casa así nada más porque creyó en la sinceridad de Splinter, que ya no iban a detenerlo a la fuerza, creyó que el regreso a la guarida sería tranquilo, así que el plan que tenía lo desecho de inmediato, y eso era parte del plan de Rafa: hacerle creer que respetaban su decisión de rechazar el presente de la Diosa…y como no funcionó la idea de Splinter, Rafa decidió aplicar su plan….es lo que sigue en este capitulo…por eso nadie va en ayuda de Leo… Y la vocecita esa que manipuló a Leo, no te preocupes, ya recibirá su merecido.

Manfariel: Tu tranquila, Leo no se murió, en otro capitulo más adelante… sí.

En este capitulo hay una tremenda pelea y se me complicó al escribir. Ruego a los Dioses porque haya quedado más o menos creíble y entendible. Ai me dicen.

Y en el próximo capitulo por fin se sabrá la verdad, pero surgirá otro misterio por resolver…Leo acepta las condiciones del enemigo….

¿Por qué?

n.n

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ESPEJISMO

10. Suplica

Se siente desfallecer pero logra apoyarse con ambas manos para no desplomarse en el suelo y con gran esfuerzo gira un poco para ver a sus espaldas. Presiente que algo sucede.

¿Dónde están los demás?

Y no le agrada lo que ve.

Miguel forcejea con Don en el suelo.

Ya no es un juego, es una pelea.

Splinter y Rafa se aproxima a él.

Al ver que pelean sus hermanos, Leo trata de reunir fuerzas y levantarse, y casi lo consigue, pero sus piernas no le responden y cae de rodillas. No le queda otra alternativa que mirar la lucha entre sus hermanos, y tras unos segundos de forcejeos, sorpresivamente, Don se queda quieto y rígido en el piso y Miguel se pone de pie y echa a correr hacia él.

-¡Leo! ¡Huye!

No se mueve, no se irá sin él.

Rafa se vuelve y salta y cae sobre Miguel y enseguida Rafa se queda inmovilizado como Don.

Miguel se lo quita de encima y de nuevo se pone en pie.

Leo intenta levantarse otra vez y no lo consigue. Entonces percibe que Yuder está cerca. El coraje que siente por ese humano, por atreverse a manipular de esa manera a su familia, obligarlos a luchar entre ellos, ese coraje le da fuerza para una confrontación más. Y en cuanto se endereza un poco, percibe a Yuder justamente a sus espaldas, se gira rápidamente y tomar un brazo, que de no haberse movido, lo hubiera golpeado en el rostro, y con su otra mano, agarra la camisa del agresor, se recuesta sobre su espalda y usando el propio impulso con el que le ataca, decide arrojarlo lejos, no sin antes mirarle directo a los ojos para demostrarle que esta vez no, esta vez…

…todo ese coraje se desintegra y el miedo, un paralizante miedo toma su lugar instantáneamente.

El agresor es Splinter.

El miedo le impide a Leo arrojar a su Sensei con mayor fuerza.

Arroja a Splinter, quien yendo en el aire, consigue girar y cae de pie sin problema alguno.

Aún recostado, Leo se vuelve para asegurarse que Splinter está bien.

Splinter va hacia él a toda prisa.

-¡Sensei!-Miguel lo llama, estando a unos pasos de su hermano mayor.

Lo único que obtiene de él es una mirada llena de furia.

Miguel percibe la imponencia de Splinter, así que se detiene, sin necesitad de una orden explicita a entendido que no desea que interfiera.

Y como si el tiempo repentinamente transcurriera más lento, Leo puede observar cada zancada, cada braceo, cada inhalación y cada exhalación que realiza Splinter en su desesperada carrera hacia él.

Cuando Leo imaginó que deberían ser humanos Rafa, Don y Splinter para que no se vieran en apuros, también pensó que no estaría mal que Splinter tuviese unos años menos para que fuese más fuerte y más rápido.

Ahora Splinter luce como un hombre de 40, encanecido por completo sus cabellos, pero indudablemente de la escuálida rata que era no tiene nada, es semi-fornido y medianamente alto.

Leo ahora entiende el por qué de su propia fisonomía. Si él deseo que sus hermanos y padre fuesen capaces de defenderse sin problemas, Yuder le deseo a él todas las desventajas que fueran posibles para que se sintiera y viera indefenso y débil para que cediera fácilmente. Quizás hasta mentalmente, es por eso…

Es por eso supo de Earane.

Por eso supo de ella.

Por eso le fue tan fácil cavar en sus más recónditos sentimientos.

Aprieta los puños y baja la cabeza horriblemente apenado, insultado.

Ahora quiere que se enfrente a su padre.

Una cosa es agarrarse con Rafa pero…. ¿pelear contra su padre?

No lo hará.

No le dará el gusto de verle levantar el puño contra su padre.

Levanta la cara y ya tiene prácticamente encima a Splinter, y se topa con esos ojos cafés fervientes y tristes.

Desde hace un rato que la gente se centro de nuevo en el rodaje de la película. Ahora están emocionados porque sí habrá una pelea.

Leo todavía tiene tiempo para preguntarse: ¿Qué puede hacer él, un débil chico de quince, contra un temerario adulto de cuarenta?

El tiempo recobra su ritmo.

Splinter llega a su objetivo, lanza un puño con la derecha, directo a la cara de su hijo.

Leonardo lo esquiva.

Splinter ahora arroja su puño izquierdo. Leo lo esquiva de nuevo, retrocede unos pasos, da un salto, pasa por encima de Splinter y cae retirado de él.

Se escucha un Wow de la audiencia. Fue un gran salto.

Splinter ya sabía que Leo se rehusaría a pelear.

Leo se siente con fuerzas, tal vez Yuder le ha liberado un momento para ver qué hace ante esta situación.

Splinter arremete de nuevo ante la indecisión de Leonardo.

Esta vez, Leo lo sujeta por el antebrazo, pero Splinter, siendo más fuerte no logra contenerlo y lo golpea en la cara.

Leonardo retrocede pero no cae.

-¡Leo! ¡Cuidado!-le advierte Miguel.

Leo reacciona tardíamente, recibe un derechazo en pleno rostro, yéndose de lado. Inmediatamente Splinter lo golpea con la izquierda y con la derecha lo golpea varias veces en el estomago y por ultimo lo golpea con al izquierda con más fuerza.

Leonardo retrocede sin caer. Se yergue. Lo único que se le ha ocurrido es hacer tiempo, cuando pasen los veinte minutos, sino es que menos, y al no suceder nada, se darán cuenta de quién dice la verdad.

Splinter se aproxima al ver que Leonardo sigue en decidirse no atacarle. Lanza una patada derecha a la cara de él y éste se agacha pero Splinter usa el impulso mismo para dar una vuelta completa y cae apoyándose con el pie derecho, y con la pierna izquierda que mantiene doblada, lo golpea en el pecho y manda a volar a Leonardo.

Leonardo se gira en el aire y cae de pie pero sus rodillas se doblan, sintiendo que sus fuerzas lo abandonan de nuevo, pero consigue incorporarse lentamente.

Splinter embiste de nuevo, corre y a unos metros de Leonardo salta, cayendo muy cerca de él y hace un barrido a las piernas de él para hacerle caer pero Leo consigue saltar. Splinter se gira enseguida. Mientras Leo también gira, Splinter ya está frente a él y de un puñetazo izquierdo lanza a Leonardo lejos. Leo cae al suelo. Splinter corre hacia él. Leo se levanta cansadamente y Splinter al llegar frente a él, le da un rodillazo en la mandíbula. Por el impulso Leonardo se gira trescientos sesenta grados y logra caer sobre sus pies y brazos. Leo no reacciona a tiempo y recibe una patada derecha en el rostro. Esa misma pierna regresa para golpearlo con el talón en la cabeza. La otra extremidad lo golpea en el estomago obligándolo a arquearse.

Sólo Splinter ha quedado en pie, y no muestra ninguna pizca de cansancio.

Leo, respira afanosamente. Aunque no ha gastado sus fuerzas para atacar y sólo se ha defendido, se siente cansado. Permanece agachado, recuperando el aliento.

Depués de unos momentos, Leo levanta la cara y mira a su Sensei.

Se miran sin parpadear. No desafiantes. Ni con odio. Ni amargura. Ningún sentimiento de esos que corroen el alma. Es más bien resignación. Uno por dejarse morir a golpes antes que herir al otro y el otro golpear al uno si es necesario para hacerle entrar en razón.

Splinter lanza un golpe al pecho de Leonardo pero Leonardo cruza sus brazos para protegerse y por el impulso es arrastrado, consiguiendo que sus piernas no se despeguen del suelo, se desliza varios metros, así arrodillado. Levanta la vista y Splinter ya está frente a él, quien lanza un golpe, lo esquiva, queda descubierto el pecho de Splinter y Leonardo lo toma de la camisa y aventajando el impulso que lleva Splinter lo lanza. Splinter reacciona al segundo que es lanzado, se gira, agarra a Leo por la muñeca al tiempo que consigue apoyar sus pies en el suelo, levanta a Leo y, cual lanzador de martillo, Splinter da vueltas sobre su propio eje, girando junto con Leo, y después de varias vueltas, suelta a Leo, arrojándolo de cabeza hacia una columna.

La muchedumbre mira con la boca abierta cómo sale volando el pobre chico que se va a estampar en la columna, pero…

Celulares y cámaras graban la acción.

En pleno aire, Leonardo se gira para que sus píes choquen contra la columna, previniendo un terrible golpe y toma impulso para regresar donde Splinter como si volara hacia él.

Leo cierra un puño.

Splinter cruza sus brazos para recibir y bloquear el fuerte impacto con que se acerca su hijo.

En el último segundo antes del impacto, Leo abre su palma y junta ambas manos, se apoya contra los brazos de Splinter, tirándolo al suelo y mientras cae, Leo coloca sus pies desnudos sobre el pecho de él para azotarlo contra el suelo a la vez que toma impulso hacia arriba. Splinter golpea el piso, Leo gira y queda de cabeza verticalmente, estira ambos brazos, uno para apoyar su mano en el hombro de Splinter y con la otra, usa su dedo índice para tocar el cuello de su Sensei paralizándolo de inmediato. Se da un último impulso con el brazo que apoya en el hombro de Splinter y salta lejos del vencido.

En cuanto cae en tierra firme, se arrodilla, de nuevo se siente desfallecer.

No repara en la ovación ni en los aplausos.

-¡Estupenda pelea!

-¡Grandioso encuentro!

-¡Fenomenal combate!

Rafa y Don empiezan a recuperar el movimiento de sus rígidos cuerpos.

Leo levanta la cabeza y ve a su padre, ahí tirado en el suelo, inmóvil, como si…estuviese muerto.

No escucha los gritos de la eufórica muchedumbre.

Sólo escucha el golpe de sus latidos en su pecho y su dificultosa respiración.

-Leo-susurra Miguel.

Es la segunda vez que Leo hiere a su padre…debe sentirse horriblemente culpable.

Se encamina hacia él.

Miguel no se da cuenta que Don está detrás de él, hasta que siente alguien tira de su hombro y lo obliga girarse.

-¡Don, espera!

La suplica de Miguel llega a los oídos de Leo.

Voltea alarmado. Ve a un Don amenazante ante Miguel. Don golpea con su puño directo a la quijada de Miguel, tan tremendamente que cae noqueado al suelo.

El público se centra ahora en la otra pelea y calla de inmediato.

Imposible.

Es imposible que Don haya golpeado a Miguel.

No puede levantarse y llegar a donde su hermano menor, no puede ni gritar su desconcierto, sólo se queda boquiabierto mirando fijamente el inerte cuerpo de Miguel.

Es tal su shock que Leo no se da cuenta que Rafa se le acerca, ni cuando lo toma de un brazo, lo levanta a la fuerza, lo lleva a rastras donde está Don y lo arroja al suelo, junto a Miguel, ni cuando Rafa se arrodilla junto a él y lo amenaza con una de sus sais.

-¡Qué valiente eres grandioso líder! Sabes perfectamente que Sensei jamás lastimaría a su consentido, aprovechaste perfectamente esa ventaja, pero sabes…yo no tendré esa misma conmiseración contigo.

No responde.

-Rafa, creo que Aleyda está cerca, es el momento perfecto para que aparezca.-dice Don muy afligido y sin apartar la vista de Miguel que yace a sus pies.

Rafa toma a Leo del cabello para obligarle a verlo.

-Te propongo un trato.

Rafa lo mira con disimulado desenfado y Leo con pesar y sin poder hablar aún.

-Tan sólo debes decir "Acepto" y te dejo ir tranquilamente. Imagina que…le estás dando el SÍ a la bruja esa que nos ha metido en este embrollo.

Leo intenta levantarse.

¡Cómo osa llamarla así!

Pero la punta de la sai está muy cerca, y un tirón de cabellos que está demás, lo obligan a guardar compostura.

-Leo, no te estoy pidiendo mucho. Haber dilo conmigo "Yo Leonardo, acepto el presente que tan gentilmente…"

Espera a que lo imite.

Los labios de Leo no se mueven.

-Leo, la paciencia no es mi virtud más destacable, y bien que lo sabes. Una vez más "Yo, Leonardo…"

El silencio sigue siendo la respuesta.

-OK. Plan B Donatelo.

Don no se mueve de su postura.

-Don.

-¿Qué plan crees que sea?

-Por lo que entiendo, el chico de cabello negro debe jurar algo, pero evidentemente no lo hará, y su compañero está inconciente a su lado, y yo creo que…

-Que…

-Lo obligarán si…

-¡Ay no, qué previsible es!

-¡Con un demonio, Don! ¡Te necesito aquí!

Sólo gritándole es que Don reacciona y voltea verle.

-Bien. Toma.

Rafa le pasa la otra sai.

-¿Qué clase de cuchillo es ese?

-Shhhhh

-¿Qué va a hacer con eso?

-Shhhhhhhh

Don se estira para agarrar la sai y se arrodilla junto a Miguel y lo gira a él para que quede boca arriba, después, toma una de sus manos y la coloca de tal manera que este a la vista de Leo.

Leo palidece. ¿Serán capaces de…?

-Bueno Leo, como no cooperas, este es el trato. Que te parece…un dedo de Miguel por tu respuesta afirmativa.

Leo, incrédulo, abre los ojos de par en par.

Don, con mano temblorosa, acerca la sai al dedo meñique de Miguel.

-¿O qué te parece una oreja?

Ahora la sai apunta a una oreja de Miguel.

Leo intenta levantarse pero Rafa se lo impide.

-¿Que tal un ojo?

La sai va por un ojo.

-No, creo que me estoy pasando ¿Verdad? Mejor un dedo.

La sai regresa al dedo meñique.

-¿Qué dices, eh?

Don roza la piel de Miguel con la punta de la sai haciéndole un corte superficial que sangra.

Leo cierra los ojos para no ver la delgada línea roja y mueve sus labios pero no pronuncia sonido alguno.

-No te escucho.-Rafa dice más irritado.

Leo agita bruscamente la cabeza.

-No ¿Qué?

De nuevo sacude la cabeza.

-¡No es broma Leo! ¡Habla de una buena vez!

Don hace un corte más profundo. Brota más sangre.

Y como si lo sintiera en carne propia, Leo siente un escalofrío.

-Te preguntaré de nu….

Rafa no termina de hablar.

Leo levanta la cabeza abriendo los ojos, le mira con rencor.

Rafa sabe que ese rencor no va dirigido a él. Se aproxima más al rostro de Leo. Y le susurra:

-Es preferible perder un dedo, una oreja, inclusive un ojo…que perderte a ti hermano…

Los ojos de Rafa reflejan un angustiante pesar.

A Leo se le estruja el corazón.

Rafa se aparta.

-Miguel lo comprenderá….y tú también.

Jamás había oído hablar a Rafa tan seriamente…entonces…lo hará.

Leo siente venírsele el universo entero encima.

Rafa voltea hacia Don y asiente.

Don empuña con decisión la sai, lo levanta con decisión, aprieta los ojos y…

En una fracción de segundo…Leo empuja a Rafa. La sai que apunta a su cara, le roza la mejilla abriendo una herida.

… y asesta el golpe.

-¡No lo hagas!

La voz interior de Don le grita desesperadamente.

En la última angustiante silaba, Don desvía el golpe, pero percibe claramente que el arma rebana la carne.

Se oye algunos gritos de espanto de la multitud.

Abre horrorizado sus ojos, no desvió el golpe lo suficiente…

-Leo-susurra en un hilo de voz.

-¡Estúpido líder!

Rafa se incorpora.

Leo lo mandó dos metros más allá. Y de un sólo empujón.

Leo está sobre el brazo de Miguel, cubriéndolo con su cuerpo y con la sai incrustada en su hombro.

Don, congelado, ve como brota la sangre de su hermano mayor, hasta que Rafa llega y desencaja la sai.

-¡Aaaaah!-se queja Leo.

-¡Rafa!-Don le reclama.

El moreno no tuvo ni la más minima delicadeza para retirar la sai del hombro de Leo, ahora brota más sangre.

Rafa aparta a Leo de Miguel, tomándolo del hombro ileso y lo avienta por ahí como un trapo, aparta a Don y se arrodilla quedando sobre Miguel.

Miguel se mueve, está recuperando la conciencia.

Rafa empuña la sai ensangrentada y la dirige hacia un ojo del chico rubio.

-Como quieras hermano mayor.

-¡Basta!-Don se arroja a Rafa impidiendo que hiera a Miguel.

Cae lejos y forcejean.

Leo trata de levantarse. Todo su ser tiembla de coraje, de miedo, de dolor…Se apoya con el brazo ileso y lentamente se endereza hasta quedar sentado, con la vista baja y su brazo herido, colgándole, sin vida. No tiene deseos de ver lo que escucha:

Una multitud enloquecida por ver tanta violencia.

A dos de sus hermanos pelear como fieras.

Y alguien quejándose por las heridas.

¡No! ¡Definitivamente no quiere ver el infierno en el que se encuentra!

Miguel se despierta, desorientado. ¿Qué hace en el suelo?

Se sienta con esfuerzo.

Voltea a un lado para ubicarse. Ve mucha gente, que lo observa con atención. Se pregunta por qué pero la ignora y sigue sondeando.

Al otro lado ve a Rafa y Don en una revuelta. Deben de estar jugando a las luchitas. Se soba su cara, de repente le duele al igual que su mano.

¿Qué hizo que lo no recuerda?

Y voltea para otro lado aún sobándose el rostro y ve Splinter que se pone de pie con trabajo.

¿Qué hace en suelo también?

Mejor se pone de pie, aturdido todavía.

-¡Qué trancazo debí haberme dado! ¡Pobrecito de mí, me duele todo mi lindo cuerpo!

-Pues sí, eres lindo-le parece oír pero también ignora el comentario, o lo que haya sido.

Y en eso voltea y ve a Leo, en el suelo también.

-¿Qué les pasa? ¿A que están jugando que…-ve sangre en el hombro del chico de cabello negro.-Leo.

Y como de rayo, recuerda lo que ha pasado. Se levanta y tambaleante va con su hermano mayor.

Éste, al oír su nombre y reconocer quién es, levanta el rostro, que refleja la alegría de ver que su hermano está bien.

Apenas unos pasos y Miguel presiente esa temible aura. Voltea y ve a Splinter dirigirse como fiera hacia Leo. Cambia su rumbo y va con Splinter.

Leo lo sigue con la mirada. Sacude la cabeza, en señal de desaprobación.

-Sensei, espere.-Miguel lo detiene.

-¡Miguel Ángel, hazte a un lado! ¡A tu hermano se le agota el tiempo! ¡Aleyda está detrás de él!

-Pero Sensei…-intenta hacerle recapacitar.

Splinter lo empuja y cae de sentón.

Leo agacha de nuevo la cabeza, muerto de miedo.

Splinter se dirige hacia él, enardecido.

Esta vez no será tan piadoso.

Lleva su puño a su pecho y solloza estremeciéndose.

-Earane…-susurra suplicante-…por favor…...ayúdanos….

El silencio se hace sentir y escuchar, de golpe.

Una calidez nace tímidamente desde su corazón. Es la misma calidez que siente cuando dirige la mirada a la hermosa y pálida niña que se pasea tranquilamente por el cielo nocturno.

Los sollozos y el estremecimiento cesan.

Conforme surge, la calidez cobra fuerza y desplaza todos los inquietantes sentimientos.

La calidez va extendiéndose más allá de su corazón, más allá de su pecho, más allá de sí mismo. Una luz blanca lo envuelve completamente.

Suspira profundamente.

Y…

Escucha su nombre.

Abre los ojos.

Se pone de pie calmadamente.

Con un sutil ademán de su brazo, ordena a la luz que se expanda abruptamente, abarcándolo todo.