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Cloeh: Lamento no poder contestar tus hipótesis, tendrás que averiguar por ti misma si le atinas o no conforme vaya subiendo más capítulos, así será más emocionante ¿no crees? Y sí, en este capítulo sabremos más de Aleyda. Qué bueno que te gustó cómo se llevan Leo y Miguel, tenía miedo de que hubiese quedado demasiado cursi, es que yo soy extremadamente cursi, si vieras el trabajo que me ha costado no poner demasiado rosa en mi fic, y hay un capítulo en el que creo que sí me pasé, ya me dirás cuando lleguemos al 11. De las parejitas de "quien se lleva mejor con quien" me gustan Leo con Miguel, por ser el mayor y el menor. No te preocupes por dejar reviews largos, como dije en el capítulo anterior, me sirve para saber si voy por buen camino o no.

Manfariel: ¡Sí! Qué bueno que te gustó lo lindo que se portó Miguel con Leo. Como sabes, yo soy demasiado cursi, espero no haber exagerado en el capítulo anterior, aunque en el capítulo 11 creo que sí me pasé, ya lo leerás cuando lleguemos. En este capítulo, sabrás lo que tiene que decir Aleyda en su defensa, y ya me dirás quien crees tú quién dice la verdad.

Gracias por estar al pendiente del desarrollo de esta historia.

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Disclamer:

LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazón le pertenece a mi querido Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar lo que siento hacia mis adoradas tortugas.

Me encanta la forma de ser de cada uno de los personajes del cartoon del 2003, así que me baso en éste para desarrollar las personalidades en este fic. Me fascina el look que les dieron en la película de CGI, lo único que no me gustó fue el diseño de los humanos, pero bueno, las tortugas sí me gusta como quedaron, en especial los ojos de cada uno, porque el color de ojos difiere en hermosas y diferentes tonalidades en cada uno, y esa es la apariencia con la que me los imagino al escribir o al leer otros fics.

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ESPEJISMO

11. Érase una vez…

"Un pueblo pacífico, los Orenses, prosperaba en las inmediaciones del Río Eufrates. El nombre de su gobernante era Yamil; fue un hombre justo, noble y valiente, amaba en demasía a su pueblo tanto como a su esposa e hijos. Él siempre procuró que su pueblo llevara una vida en armonía con los pueblos vecinos, en especial con uno, que comenzaba a decaer. No creía en la expansión de los dominios de su reino por medio de la conquista y sometimiento de otras naciones, más bien, su filosofía era hacer amigos, aliados, y en vez de expandir un reinado, lo que lograba era borrar fronteras y unir naciones. Así era Yamil. Un extraordinario contraste entre su hermano Yuder, quien, a la corta edad de diecisiete años, su corazón era corroído por la ambición. Siempre…"

-¡Tiempo fuera!

-¡Miguel! ¿Por qué la interrumpes?

-¿Qué no escuchaste? Empezó con "Hace mil años" y después habla de Yuder, o sea, que es el mismo Yuder que tenemos de huésped ¿O me equivoco? ¡Entonces ese tipo tiene más de mil años de vida! ¿Captas?

Leonardo no responde, voltea a ver a Aleyda.

-Es cierto.- responde ella.

-Es cierto. – Leonardo repite las palabras, con asombro.

-¡No me digas! ¡Es una momia que quiere volver a la vida y por eso necesita el corazón de un chico valiente y listo y guapo! ¡POBRE DE MÍ ! ¡AUCH!

Leonardo le jala de nuevo la bandana.

-Discúlpame, pero controla tu imaginación.

-¡Pero!… ¡Pero!

-La suposición de Miguel Ángel no es del todo errónea.

Miguel Ángel voltea a ver a Aleyda con una cara de susto.

-Salvo por unos detalles.

-¿Cuáles?- pregunta con miedo.

-Es un humano, no una momia. A pesar de tener muchos siglos de vida, su apariencia no ha cambiado a través del tiempo. No busca corazones, sino almas y… no es usted de quien necesita el alma sino… de Leonardo.

-¿Mi alma?- pregunta Leonardo, más con desconcierto que con miedo.

-Si me permiten continuar.

-Por favor.

"Yuder aconsejó a su hermano que Orenia podría convertirse en el reino más poderoso de la región, con sólo someter al reino vecino, que estaba en declive: Antareca. Solía ser un gran reino, poseía grandes extensiones de territorio tanto de cultivo como de caza y el más caudaloso río, esto gracias a los cientos de pequeñas poblaciones que había sometido a la fuerza. Por un acuerdo que arregló el Rey Yamil, Orenia era territorio neutral, al menos por un tiempo. En el aquel entonces, Antareca estaba sufriendo una rara plaga en sus cultivos, era rara esa circunstancia porque únicamente sus campos eran los afectados, ni Orenia ni ningún pueblo cercano padecían la angustiante hambruna. Mucha gente afirmaba que era una maldición de los Dioses hacia el Rey de Antareca, estaban castigándolo por su codicia… no era tan desacertada esta suposición. Sin alimento para sus extensas legiones de soldados, poco a poco, fue perdiendo sus colonias y territorios; los que podían hacerlo, se levantaban en revueltas y obtenían su libertad y autonomía; pero ninguno se éstos tenía ni el armamento ni los hombres que se requerían para asestar el golpe final, salvo Orenia. Si Orenia le declaraba la guerra a Antareca aprovechando la enorme ventaja, era más que seguro que lograría la victoria. Este artero plan era el que intentaba Yuder implantar en la cabeza de su hermano, pero era tan generoso y piadoso el Rey que, lejos de someter a Antareca, le ofreció ayuda para que se pusiera en pie. Esta acción plagó de odio el corazón de Yuder, deseaba derrocar a su hermano y autoproclamarse Rey y conquistar Antareca y sus colonias. Lo hubiera hecho, de haber podido."

-¿Pero qué se lo impidió?- Miguel Ángel pregunta con ansiedad.

-Su impedimento fue la edad.

"Siendo aún muy joven, no se le consideraba un adulto, y por lo tanto, no se le tomaba muy en serio. Buscó aliados para derrocar a su hermano, pero no los encontró, al menos en el reino de Orenia, porque fuera, el rey tenía enemigos. Así que se autoexilio y salió en busca de ellos. Y los encontró, pero sucedió exactamente lo mismo, lo consideraron como un niño que quería satisfacer un simple capricho. Esas burlas consiguieron que su odio de convirtiera en venganza sobre todos aquellos que se mofaron de él, incluido su hermano. Para vengarse, convocó a uno de los más terribles y temidos Dioses: Letzerich, el Dios del Infierno."

-¡Ahh! ¡Ya párele!

Miguel Ángel se agacha y cubre su cabeza, empieza a temblar.

-Discúlpeme por asustarlo, casi termino con el relato.

Leonardo se acerca a su hermano para tranquilizarlo.

-Por favor, continúe.

"Yuder invocó a Letzerich. Le ofreció su alma a cambio de que lo convirtiera en un adulto. Pero Letzerich, más sabio y más astuto, le propuso convertirlo en el ser humano más poderoso del mundo, tan poderoso como un Dios. Obviamente Yuder no rechazó la oferta."

-¿A… cambio… de qué?- pregunta Miguel Ángel, que no se recupera del susto.

-Yuder debe entregarle a Letzerich trece almas, trece almas de individuos que posean un buen corazón. El alma de alguien corrupto no le sirve, debe ser el alma de un ser noble, valiente, intrépido, sincero…

-Está bien, ya capte, debe ser puro corazón.- Miguel Ángel ya está como si nada.

-Correcto. No es fácil encontrar el alma adecuada, es por eso que le ha llevado mil años en cumplir con la cuota requerida.

-¡Orale! ¿Y es por eso que dijo que quiere el alma de mi hermano?

Aleyda asiente y mira a Leonardo.

-Bueno… yo… no… no me considero alguien que derroche bondad y…

-Aparte de noble, valiente, intrépido y sincero, debe agregar modesto a la lista de cualidades indispensables para ser candidato.

- Hablando en serio, Miguel, no he sido una buena tortuga.

-Claro que sí. A ver: ¿quién nos exige que nos comamos todas nuestras verduras?

-Yo.

-¿Quién nos motiva a practicar el ninjitsu sin descanso?

-Yo.

-¿Quién nos aconseja de no meternos en problemas, aunque no le hagamos caso?

-Yo.

-¿Quién soporta los berrinches de Rafa?

-Yo.

-¿Quién escucha atento los discursos sobre física cuantinoséqué de Don, mientras los demás huimos?

-Yo.

-¿Quién me cuenta un cuento para poder dormir?

-Yo. Pero Miguel, no recuerdas cuando… fallé, cuando… los traté como…

-Oye, si que ese Yuder te está dando en la torre; ya lo habías superado.

-Lo que quiero decir…

-Leonardo,- interviene Aleyda -usted posee un corazón bueno. No es cuestión de tener una conducta intachable. Muchas personas se dan por vencidas con los dilemas que la vida les presenta, y caen en la zozobra, pierden la esperanza y dejan de luchar; en cambio usted, ha tropezado y caído, se ha sentido perdido y solo, ha gritado, ha blasfemado… pero se ha sobrepuesto y levantado. Ahora es más fuerte.

-Pues ahora no me siento tan fuerte.

-Lo es. Es por esto que justamente es más difícil corromperle y un reto que desafía a la avaricia de Yuder.

-¿Corromperme?

-Letzerich le impuso a Yuder ciertas reglas, para hacer más interesante la obtención de las almas. Él simplemente podría matarlo y llevarse su alma, pero no es así de fácil. Para que sea un verdadero reto, a la persona de buen corazón debe ofrecerle poder y ésta debe aceptarlo.

-¿Así nada más?

-No Miguel Ángel. Él tiende trampas. No se presenta y le ofrece al elegido todo cuanto desee a cambio de su alma. No. Yuder lo asecha buscando su punto débil, puede estar a su lado sin que lo vea, puede leer su mente y corazón, incluso manipular a otros para que le ayuden con el asedio hacia el elegido. Puede hacerle creer que requiere algo con extrema necesidad y que no puede obtenerla de ningún modo, que no hay nada ni nadie que pueda ayudarle; le obliga a creer que ha perdido su fuerza, su valor, su coraje, hasta la confianza en sí mismo. Yuder le arrebata todo cuanto tiene, a tal punto, que la única solución posible para esa desafortunada alma es la condenación, condenación que obtiene al aceptar un poder que no le pertenece, un poder que promete ayudarle, por ejemplo, a obtener una casa más grande y más acogedora en un lugar tranquilo y seguro para la familia amada.

-Eso se parece a lo que Leo intento meternos en la cabeza apenas ayer.

-Porque creí que era lo mejor, pero ahora sé que no fui del todo el culpable. También sé que el poder está en mí.- dice Leonardo haciéndose ya la idea de que están envueltos en otro problema.

¿Cuándo tendrían una vida tranquila?

-Sí. Es otra regla impuesta. Para lograr tentar al elegido, es necesario convencerlo, y que mejor manera que sienta por sí mismo el poder recorrer a través de todo su ser, hasta le permite usarlo a su antojo durante el tiempo en lo logra convencerlo, porque una vez que Yuder obtiene la ciega aceptación del elegido, obviamente, él no cumple con su parte del trato, porque ese imperioso dilema en el que se ve perdida la desafortunada alma, en realidad nunca existió.

Leonardo mira sus manos.

-Entonces no es un obsequio de la Diosa Earane, así que no separará mi cabeza de mi cuerpo… Sabía que ella no es una mala persona.

Aleyda nota el tono de fascinación en la voz de Leonardo.

-Yuder esperaba que no se negara si creía que era un obsequio de Mi Lady. No sólo puede cambiar el aspecto de usted, hacerle sentir indefenso, también puede acrecentar otros aspectos, otros sentimientos, de una admiración hacia alguien, puede obligarlo a creer firmemente que se trata de Amor.

-¿Quiere decir – pregunta Miguel Ángel para que le quede más claro -que las mariposas que Leo siente en su estómago, son de mentiritas?

-¿Mariposas en el estómago?

-Todo es una mentira: - Leonardo dice con tristeza -mi aspecto, mi vulnerabilidad, el sentir mariposas... o lo que sea este sentimiento hacia Mi Lady Earane… En cualquier caso,- levanta la mirada esperanzado en que Aleyda tenga la respuesta -debe existir una manera de derrotar a Yuder.

-La hay. Él tiene un día para convencerle de que el poder que le ofrece, resolverá todos sus problemas. Transcurrido el lapso de veinticuatro horas, y si no ha conseguido su incondicional aceptación, se rompe el convenio que tiene con Letzerich, y él será enviado al Kahal Saashil.

-Así de fácil.- sentencia Miguel Ángel.

-Entonces – concluye Leonardo -debo soportar todos los acosos hasta que termine este día.

-Correcto. El primer impulso no cuenta, es como la bienvenida.

-El haberme convertido en humano- razona Leonardo -fue la bienvenida.

-En el Acorazado se puede contar como el primer "empujón".- agrega Miguel Ángel.

-Claro, y la pelea con la pandilla, ese fue otro; y al declarar que era un presente de la Diosa Earane, uno más; y… lo que me falta.- Leonardo suspira cansadamente -Lo que más me sorprende, es lo fácil que se adentro en mi mente. Nunca lo percibí. ¿Cómo pude permitirlo?

-Es un oportunista y chantajista.- Aleyda despeja esa otra duda -En algún momento en el que usted se sintió acongojado, se aprovechó de su momento de flaqueza.

-La verdad... ya llevo varias noches de insomnio, pensando en... tantas cosas.

Miguel Ángel se da una idea sobre qué son esas tantas cosas.

-Necesitas vacaciones.

-Necesitamos vacaciones, o tal vez una partida de billar baste.

-Mejor un día de campo.

-Luego lo platicamos… y… - Leonardo se vuelve a Aleyda -¿nos puedes ayudar en alguna forma?

-No. Mi deber únicamente consiste en informarle del peligro que le amenaza. Depende enteramente de su coraje, valor y sapiencia librarse de Yuder. Hasta ahora, nadie lo ha conseguido.

-¿Pues cuántas almas lleva?- pregunta inquieto Miguel Ángel.

-Ocho. El alma de su hermano sería la novena.

-Ocho almas… - Leonardo repite las palabras -cinco almas más, y obtendrá lo que quiere; pero, sinceramente, es injusto aprovecharse de los sentimientos y preocupaciones de la gente para convertirlos en su perdición. ¿No hay nadie que lo detenga?

Aleyda sacude la cabeza.

-¿Por qué? ¿Por qué lo permiten?- Leonardo se molesta.

-Aunque el Universo pareciera que está en un irremediable caos, existe la armonía. De la misma forma en que todo pareciera no tener sentido alguno, sí existe verdaderamente.

La mirada de Aleyda es tan penetrante, que Leonardo no tiene manera para objetar esa rotunda sentencia.

-Bueno, en vista de que estamos solos…- se pone de pie.

Lo hace tan rápido, que le provoca un mareo y se tambalea, pero Miguel Ángel se presta para atraparlo, y lo ayuda a sentarse.

-Deberías dormir aunque sea una siesta; así te recuperarías, y podrías darle batalla a ese Yuder. -

Leonardo sólo mueve la cabeza de un lado a otro.

-En verdad lamento – agrega Aleyda -no poder ayudarle en algo más.

-Yo… no lo lamento... del todo.

-¿De qué hablas?- Miguel Ángel cree que finalmente a Leonardo se le zafó un tornillo.

-Ahora sé… que en realidad, ella existe.- sonríe

Miguel Ángel capta en la mirada de él una singular felicidad.

-Gracias por todo Aleyda.- Leonardo se despide.

-Leonardo, espere… Ese sentimiento que surge en su corazón por Mi Lady no es…

-Descuide, sabré manejarlo. Adiós.- y desaparece.

-¡Espérame!

La tortuga de la bandana naranja está por seguir a su hermano, cuando Aleyda llama su atención.

-Miguel Ángel.

-Dígame.

-Cuídelo. Si se arrastra por los suelos, levántelo, si vuela muy alto en las nubes, hágale descender.

-No tema, Mi Lady. Yo, Sir Miguel Ángel, pelearé a capa y espada para proteger al flacucho de mi querido hermano mayor.

Y se va.

Miguel Ángel abre los ojos, sobresaltado, porque ha percibido algo.

-¡Nooo!- pega un grito de horror al ver a Leonardo.

Leonardo está junto a Aleyda y… el resplandor dorado lo rodea nuevamente.

Miguel Ángel se pone de pie y se apresura a estar junto a Leonardo.

-¿Qué haces?

-Estoy curando sus heridas.- Leonardo contesta tranquilamente.

Tiene una mano sobre el hombro de la chica, y el resplandor también la envuelve.

-Pero Leo…

-Es lo menos que puedo hacer por ella, después de los problemas que ha padecido por encontrarme.

Los vendajes de Aleyda se zafan y se desprenden de su cuerpo.

Ella abre los ojos y se incorpora en la cama, completamente recuperada.

La luz se extingue.

-Leonardo, ¿qué ha hecho?

-Me ayudaste, y te devuelvo el favor.

Repentinamente entran con estrépito Rafael, Splinter y Donatelo, preparados para atacar.

Aleyda, Miguel Ángel y Leonardo se giran.

Yuder permanece en el umbral con un semblante de preocupación en el rostro.

Leonardo percibe que el aura extraña no los ha abandonado a su maestro y hermanos.

"Yuder puede manipular a otros.", recuerda.

Leonardo se abalanza sobre los recién llegados, sin desenfundar sus espadas.

"Lo siento", piensa con angustia.

El resplandor dorado resurge, y todo cuanto le rodea, es envuelto en la oscuridad.

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