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Cloeh: Pues, sí es algo grave lo que augura esa oscuridad y se pondrá peor en el siguiente capítulo. El que no sepas a quien creerle, si a Aleyda o a Yuder, es parte del plan, y obviamente, deberás seguir leyendo si quieres salir de la duda, sólo espero no llegar a fastidiarte o a molestarte o a aburrirte, porque parece que no tiene final ni solución tanto enigma. Gracias por tu paciencia y por tu entusiasmo con que sigues tan de cerca mi historia, ojalá y logre seguir manteniendo tu atención y tu fe en ella.

n.n

Y bien, con este capítulo ya estamos en la segunda mitad de mi fic. Mil gracias a quienes me han escrito tan alentadores comentarios, a pesar de que cada capítulo es demasiado largo y que la historia es enredada, así lo había planeado desde un principio, pero sinceramente, no esperaba ninguna respuesta, ninguna, ni siquiera una pequeña queja sobre mi extraño y extenso fic, pero me equivoque, ha sido gratamente aceptado, al igual que mi otro fic SIESTA, eso me demuestra que uno nunca sabe lo que puede pasar si no lo intenta. Y ya que estoy siendo sincera, la verdad, tenía miedo de subir mis fics para que alguien los leyera, imaginaba lo peor, desde que nadie dejaría un review, hasta los más feos abucheos, eso demuestra que nunca hay que perder la fe en las personas ni la fe en uno mismo. De nuevo les agradezco infinitamente sus comentarios, me ayudan bastante para esforzarme y mejorar mi fic, es que no deseo que, al llegar al final de esta historia, se desilusionen, porque ya me ha pasado a mí: he leído buenas historias, y por alguna extraña razón, el(la) autor(a) le dan un tremendo giro a su historia, y el desenlace no me ha gustado en absoluto. De verdad deseo que este fic sea de su agrado hasta el final.

Pues te dejo para que lean.

Disfruten de la lectura tanto como yo he disfrutado escribir.

n.n

Disclamer:

LAS TORTUGAS NINJA no son mías, al contrario, mi corazón es de ellos, en especial de Leonardo, más que a nadie en el mundo mi corazón le pertenece a mi querido Leo. No obtengo ningún beneficio económico por escribir este fic, lo único que espero obtener son reviews por expresar lo que siento hacia mis adoradas tortugas.

Me encanta la forma de ser de cada uno de los personajes del cartoon del dos mi tres, así que me baso en éste para desarrollar las personalidades en este fic. Me fascina el look que les dieron en la película de CGI, lo único que no me gustó fue el diseño de los humanos, pero bueno, las tortugas síme gusta como quedaron, en especial los ojos de cada uno, porque el color de sus ojos difiere en hermosas y diferentes tonalidades en cada uno, y esa es la apariencia con la que me los imagino al escribir o al leer otros fics.

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ESPEJISMO

12. Huida

Un resplandor dorado se abre paso entre Splinter, Rafael y Donatelo, y en el siguiente instante, toda la Guarida es sumida en la oscuridad.

Momento que aprovechan Leonardo y Miguel Ángel para ir hacia el elevador.

No se escucha ningún ruido de la huida, ni siquiera el ruido de sus pisadas, ni el transpirar de la preocupación creciente de Leonardo, ni del miedo desbocado de Miguel Ángel.

Si bien Leonardo puede correr más rápido que cualquiera de ellos, no se atreve a dejar a su acompañante.

*¡Corre! ¡Corre! ¡Corre! ¡No puedes enfrentar a tus seres queridos! Yuder los ha engañado! Es preferible huir a levantar tu puño contra tu familia.*

Otra vez Leonardo escucha esa voz, que lo único que consigue es angustiarlo más.

Miguel Ángel se pregunta por qué huyen, son sus hermanos y padre. Es cierto que hay un aura siniestra que los envuelve, pero pueden contarles lo que les acaba de decir Aleyda.

Pero no hay forma de detener la despavorida huida de Leonardo.

A pesar de que no pueden ver nada, conocen bien su hogar, no tropiezan con nada, pero es de esperarse que para los otros tres tampoco haya obstáculos; sólo les aventajan por segundos.

Y los segundos transcurren, y un ruido y una luz blanca surge poco a poco: son las compuertas del elevador que van abriéndose, acabando con el silencio y la oscuridad.

Salvo que la luz revela a los dos fugitivos que están a pocos metros de la salida. Leonardo se arroja hacia el interior del elevador y Miguel Ángel hace lo mismo. En cuanto están dentro, Leonardo se incorpora y junta sus palmas, y a la par, se cierran las puertas, pero Splinter salta y consigue colocarse entre las compuertas que van a aplastarlo. Leonardo reacciona a tiempo y separa sus manos enseguida, para no aplastar a su sensei. Donatelo y Rafael aprovechan para entrar, al igual que Splinter.

-¡Háganle recapacitar, por favor! ¡Yo me encargo de Aleyda!- se oye que Yuder grita antes de que las compuertas se cierren.

El elevador sube.

-¡Leonardo, hijo! Te suplico que nos escuches. ¡Esa mujer te ha mentido!

Leonardo no dice nada.

Splinter mira acongojado a Leonardo y a Miguel Ángel. Su hijo mayor, y ahora el menor, son envueltos por esa horrible aura de Aleyda. Se recrimina a sí mismo el no haberse anticipado a lo que haría Leonardo: obviamente él no se quedaría de brazos cruzados, y buscaría otra respuesta, buscaría a Aleyda para escuchar lo que tuviese que decir. Leonardo no duda en absoluto de las personas en quienes confía, y no aceptaría fácilmente que la Diosa le impondría algo a la fuerza. No es una imposición, sólo es una cláusula, como en un contrato, para prevenir una catástrofe.

Leonardo mira inquieto a su padre y a sus dos hermanos. Sabe perfectamente lo preocupados que deben estar; pero, ¿cómo convencerlos de que Yuder es un mentiroso? La influencia de él sobre ellos es muy poderosa, tan poderosa, que los obligará a que lo detengan a la fuerza.

El elevador se detiene y las puertas se abren.

-Ya que no quieres entender por las buenas…

Rafael confirma sus sospechas.

Splinter, Rafael y Donatelo salen del elevador, sin darles la espalda a los otros, para tener el espacio que se requiere para una confrontación.

Los otros también salen del elevador.

Leonardo nota que su sensei y sus hermanos se han quedado frente a la compuerta de la bodega, que es la única salida.

Miguel Ángel toma sus chacos.

-No Miguel.

-¿Entonces?- los guarda.

Leonardo mira fugazmente el dispositivo que acciona la puerta; está lejos de él, y para accionarlo, tendría que pelear contra su sensei y sus hermanos, así que… ¡levanta rápidamente su mano derecha, y con un estruendoso ruido, se abre la compuerta!

Es de mañana, y hay algunas personas que caminan por la calle, que al escuchar el ruido, voltean.

Las dos tortugas y el roedor, sintiéndose descubiertos, miran atónitos a los humanos.

Leonardo no lo piensa dos veces, y aprovecha la distracción que provocó para tomar la mano de Miguel Ángel, que también está estupefacto, y echar a correr.

En el momento en que Leonardo toma su mano, Miguel Ángel siente un raro escalofrío, lo que lo hace reaccionar.

-¡Espera Leo! ¡No es Halloween! ¡No puedo salir a pasear asííííííí!

Leonardo lo lleva a la carrera.

Al centrar su atención en su hermano, Miguel Ángel nota que trae un atuendo diferente, además, no trae consigo sus katanas ni su bandana azul. Le parece sumamente extraño; al subir al elevador las traía. También se percata de la tensión con la que sostiene su mano… y que su propia mano ya no tiene el color de siempre, y echándose un vistazo rápido a sí mismo, no tiene el aspecto de siempre.

-¡AAAHHH!

-¡Hey tú! ¿Por qué te fuiste sin despedirte?

Leonardo se sobresalta. Acaba de oír la voz de Rafael. Imposible. Ellos no pudieron haberlos seguido así, al descubierto.

Se detiene y voltea; efectivamente es Rafael.

Miguel Ángel también se gira pasada la primer sorpresa, para encontrar que no es la única.

-Leo… por favor, dime que no soy humano, ni que… nuestro sensei y hermanos nos están siguiendo… trayendo puestos sus disfraces de Halloween.- dice preocupadísimo.

¿Qué pretende Leo?

Continúan la fuga, más bien, Leonardo es quien continúa su fuga, continúa corriendo despavorido y llevando a arrastras a Miguel Ángel.

Splinter, Donatelo y Rafael los siguen muy de cerca.

-¡Más rápido que se nos van!- apura Rafael.

-¡Debimos subir a El Acorazado!- dice Donatelo -¡Nos estamos arriesgando demasiado! ¡Exponernos, y en pleno día!

-¿Y perder valioso tiempo dándoles chance de escapar? No, gracias.

Donatelo saca de su cincho su celular, lo prende. En la pantalla aparecen los puntos que respectivamente corresponde a Splinter a Rafael y a él, pero no muestra los que corresponderían a Miguel Ángel y a Leonardo.

-No traen consigo sus celulares; de ser así, no los perderíamos.

-Rafael, Donatelo,- el tono de la voz de Splinter suena como una regañada -si hubiesen aprendido percibir un aura, les sería fácil ubicar a sus hermanos, porque ahora ellos los embarga el aura de Aleyda, sofocando sus propias esencias.

-¿De veras?- pregunta Rafael.

Splinter suspira ante la poca atención que le prestan sus amados hijos.

Entre la gente que ve pasar a tres animales que caminan, la mayoría se muestra indiferente, otras tantas se asombran y muy pocas se asustan.

Pero esto no ocupa las mentes de ellos tres, de momento.

Por el contrario, ese detalle sí mantiene ocupada la mente de Miguel Ángel.

-¡Leo, detente por favor! ¡Regresemos!

Leonardo no le presta atención, pero Miguel Ángel comprende: es preferible escapar que pelear contra su sensei y hermanos. Aunque es una locura, porque los otros, por no dejarles escapar, se han arriesgado a ser vistos por medio mundo. No tiene otro remedio más que seguir al lado de su hermano, con lo confundido que debe sentirse. Debe apoyarlo, aunque no sea una buena idea poner en riesgo a los demás. Afirma más su mano para hacerle saber que está con él, que cuenta con él, y acelera el paso, para emparejarse en la carrera y no ser jalado como si fuera a la fuerza.

Leonardo nota este sutil apretón en su mano; no necesita voltear y verle; comprende el mensaje de su hermanito. No esperaba menos de él.

Doblan en una esquina. Conforme avanzan, las calles se atiborran de humanos. Van más despacio para no aventar a nadie.

-¡Ya no los veo!- dice Rafael, desesperado.

-Ni yo. Les es fácil perderse entre tanta gente.

-Han ido hacia allá.- Splinter sabe hacia dónde van.

Continúan la persecución en la dirección que Splinter señala.

-Esteee… Sensei, - Rafael habla con titubeos -¿podremos recursar esa lección?- admite que es útil eso de percibir las auras.

-Ya lo discutiremos después.

Seguro que sí, aunque lo más probable es que a Donatelo y a él les costará muy caro, quizás uno o dos meses de encargarse de todas las labores domésticas, perder los descansos de los fines de semana, sesiones de entrenamiento por duplicado, y quién sabe que otros tormentos les esperen.

Los fugitivos pasan frente a una enorme una plaza comercial, y deciden entrar.

-¡Wow! ¡Cuántos humanos!- exclama Miguel Ángel.

Se queda maravillado ante tanta concurrencia. Si en la calle son muchos, ahí adentro hay miles. Le encantaría poder echar un vistazo a la plaza. Nunca en la vida había caminado entre los humanos en pleno día, sin necesidad de ocultar su verdadera fisonomía, y ahora se le presenta una grandiosa oportunidad… lástima que estén huyendo, pero eso no le impide echar un vistazo rápido a su alrededor, aprovechando que Leonardo lo guía. En eso, escucha un sonido muy familiar, algo lejano, en el nivel superior, y se jala a Leonardo para las escaleras eléctricas, quien no puede poner resistencia a la impetuosidad de su hermano.

En la calle, un chico alaba los estupendos trajes de extraterrestre que traen otros chavos, pero no le ha gusta tanto el de rata.

-¿EXTRATERRESTE? ¡SOY TORTUGA!- Rafael se detiene a reclamarle.

-Pues que pésima confección entonces.- se defiende el chico.

-¡Vamos Rafa, que los perdemos!- lo apremia Donatelo.

Entran al centro comercial que, por ser sábado, está repleto de gente.

-¿Dónde se meterían?

Rafael busca ávidamente entre la multitud.

Algunos humanos voltean a ver a los disfrazados.

-¡Qué padre atuendo! ¿Dónde es la fiesta de disfraces?

Dice un niño que se acerca a Rafael y le pincha el plastrón.

-¡Sáquese!- le da un leve manotazo para ahuyentar al molesto niño.

Éste se aleja rápido.

Al ver la actitud poco agradable del chico que trae el traje verde y la cinta roja sobre sus ojos, la gente se aparta y sigue con sus asuntos.

-No se les ve. Hay demasiados humanos deambulando por todas partes.- dice Donatelo.

-Sí que son listos: mezclarse y perderse entre la muchedumbre; y nosotros que resaltamos como jacarandas en primavera.- observa Rafael.

Splinter se concentra.

-Es por aquí.- echa andar.

-Lo seguimos, Sensei.- dice Donatelo.

No dejan de llamar la atención, pero poco les importa.

-No únicamente es el aura de Aleyda que envuelve a sus hermanos, es mucho más intenso el poder que ahora Leonardo lleva consigo, destaca en demasía; no sabe cómo disimularlo.

-¿Leo no sabe algo así? Se lo recordaré cuando lo vea. No es tan aplicado como presume.- dice Rafael.

-Quizá se deba a que el poder es de una magnitud exorbitante.- agrega Splinter.

-¿Se puede ocultar la presencia?- pregunta Donatelo.

-Por supuesto.

Definitivamente es recomendable tomar de nuevo esa lección.

-Y… ¿qué haremos cuando los encontremos?- pregunta de nuevo.

-Atraparlos, Don.- le responde Rafael -Me sorprendes. ¿Ya no te funciona el cerebro?

-Lo siento, no fui específico. ¿Cuál será la manera en que nos acercaremos a ellos? ¿Qué medios usaremos para hacerle entender a Leo, que el verdadero motivo de Aleyda, es matarlo para arrebatarle el poder que la Diosa Earane le concedió a él? Que los argumentos que Aleyda haya usado para ganarse su confianza, son meras falacias; que la amenaza de degollarlo, si no acepta gustoso el presente, únicamente se trata de un molesto trámite administrativo, que no hubiera tomado tan en serio.

-Sí. ¿No entiendo como Leo pueda creerse todo tan fácil?- agrega Rafael.

Splinter lo sabe perfectamente, pero no se los hace saber. Deben descubrirlo por sí mismos, descubrir las debilidades y fortalezas en los demás, descubrir la valiosa utilidad de la empatía. Es parte de su formación como un equipo de pelea y como miembros de una familia, porque, tanto en uno como en otra, uno debe ser fuerte donde el otro es débil.

-Hallar a Leonardo y a Miguel Ángel es fácil.- dice Splinter -Será una difícil labor hacerle recapacitar a Leonardo, si como témenos, Aleyda ya tiene su entera confianza.

Permanecen en silencio, mientras avanzan con relativa calma hacia las escaleras eléctricas.

-Yo tengo un plan.- asegura Rafael, poniéndose gravemente serio.

-¿De veras?- pregunta Donatelo.

Si no fuera por la expresión de Rafael, Donatelo creería que está bromeando.

-¿Qué plan es ese, hijo?

Se detiene.

Splinter y Donatelo también.

-Por la actitud de Leonardo, es más que obvio que le cree a Aleyda, y nada en el mundo lo convencerá de lo contrario, así que… ante esta situación desesperada, tomaremos medidas desesperadas.

-Explícate.- exige Donatelo; no le gusta la severidad en el tono de voz de Rafael.

-Leo no escuchara palabras: usaremos la fuerza para atraparlo, y los puños para que entienda.

-Hijo, no nos extralimitemos. Probablemente debamos usar la fuerza para regresar con él a casa, pero de ninguna manera, Rafael, usarás tus puños para ayudarle a entrar en razón.

-Sensei, perdóneme, pero todos sabemos perfectamente que es el único camino que hay. Leo todavía tiene tiempo para darle el sí a su querida Damisela, pero Aleyda está por ahí acechándolo, y en cualquier momento…

Splinter y Donatelo se miran un momento, y en el siguiente, asienten con la cabeza, aceptando el plan de Rafael.

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