-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-

ESPEJISMO

13. Persecución

Los fugitivos están sentados en el suelo, calmando su respiración por la carrera, en un rincón dentro de un local de videojuegos.

Miguel Ángel mira a su alrededor, no ve a Aleyda, después recuerda que ella misma dijo que sólo debía advertirles; ya cumplió, así que debe haberse ido ya. Suspira. Le hubiera gustado que estuviera con ellos. Enseguida mira las maquinitas. Se jaló a Leonardo ahí adentro porque creyó que podría jugar un poco, pero su hermano le llamó la atención; no era el momento. Resignándose a dejar pasar tan valiosa oportunidad, se mira fascinado su nuevo look. Ahora es un chico de cabello rubio, lacio y ligeramente largo; su piel es de un tenue ligeramente rosa; trae una playera naranja algo larga y holgada, los pantalones café oscuro le llegan a la rodilla; trae tenis, y los calcetines le llegan al tobillo; un atuendo perfecto para el calor que hace ahí adentro, a pesar de que hay aire acondicionado. Se toca los ojos porque siente que le falta algo, pero no recuerda qué; no importa, lo que importa es su hermano mayor. Está a su lado, sentado, desparramado en el suelo, con las piernas estiradas y sus brazos caídos a sus costados, en una postura de completa derrota y cansancio, sumido en sus pensamientos, seguro evaluando la situación. No entiende cómo, trayendo una camisa azul marino de manga larga y holgada que le llega a la palma, con una ancha franja blanca que cruza el pecho, unos jeans azules deslavados y semi-acampanados y zapatos café oscuro casuales, no sienta calor, o quizás sí, porque está sudando. Se acomoda para arrodillarse a su lado.

-No entiendo, ¿para qué me volviste humano?- le desabrocha un botón de la camisa.

Perfecto, trae una camiseta blanca debajo, sin mangas, cuello redondo y amplio, es estrecha, que se ajusta perfectamente a su torso. Continúa con los demás botones.

-¿Eh?... Ah… pues… la idea era aprovechar el tiempo que les tomaría… subir a El Acorazado,- sintiendo que se le cierran los ojos, sacude levemente la cabeza -para… que no corrieran ellos el riesgo de seguirnos al completo descubierto, así nos mezclaríamos entre los humanos, y nos perderían la pista, pero me equivoque.

Miguel Ángel termina de desabrocharle la camisa y la extiende a los lados, permitiendo que, el poco aire fresco que llega hasta donde están, también refresque a su hermano.

-Gracias.- dice cansadamente.

Miguel Ángel le sonríe y se sienta a su lado, flexiona una pierna y apoya su brazo en ella.

-A pesar de que el aura maligna los envuelve, debimos quedarnos y decirles la verdad.

-¿Entonces por qué desenfundaron sus armas?

-Creen que Aleyda es una amenaza. Ellos sólo querían protegernos.

Leonardo reflexiona un momento; le mira con inquietud.

-Tienes razón. ¿Qué pasa conmigo? Los he obligado a exponerse, corren peligro.

-Y si nos agarramos a trancazos, será peor; está muy concurrido aquí.

-Y apenas acabo de darme cuenta. ¡Qué estúpido soy!

-Iban con todo, sí, pero tú no actúas de esta manera, hermano. Primero, hubieras intentado hacer entrar en razón a Sensei, aunque se hubieran roto algunos muebles y huesos, pero le dirías la verdad de las cosas.

Leonardo se lleva las manos a la cabeza, comienza a dolerle.

-Es que… fue lo único en que pude pensar.- dice agobiado -Es mi culpa. He permitido que Yuder vaya muy lejos; ha logrado hacerme dudar de mí mismo inclusive.

-Lo que pasa, es que no has dormido, y la proyección te agotó. No sé de dónde sacaste fuerzas para correr. Ahora, ellos deben de estar buscando en cada rincón; eso les llevará un rato, puedes tomar una siesta y descansar.

-No. Sensei se guiará por mi aura, que es algo llamativa ahora.- levanta el rostro para mirar a su único aliado, aún sintiendo que estallará su cabeza- Mejor salgamos de aquí. Podemos pasar desapercibidos, pero ellos no. Volvamos a la Guarida, tomaremos El Acorazado, y saldremos de la ciudad. No quiero más gente inocente involucrada en esto.

-¿Y los demás? ¿No crees que los pueda atrapar la policía, o el control de animales?

-Los humanos creen que están disfrazados, y mientras no armen un escándalo… estarán bien, y hasta ahora, no se han escuchado gritos. Tenemos una… pequeña posibilidad para escapar de ellos.

-¿Pero que pasó con "hablando se entiende la gente"?

-Ok.- suspira -Entonces, los llevaremos de regreso a la Guarida, y estado ahí, les explicaré.

-Mejor.

-Vamos entonces.

Salen de su escondite sin ninguna cautela, buscando por todos lados a los llamativos perseguidores.

Leonardo se concentra como puede debido al punzante dolor, para localizar a Splinter, a Donatelo y a Rafael.

Con cada paso que da, el dolor de cabeza se hace insoportable.

Se detiene.

-¿Ubicas a alguien, Miguel?

-Sí, están cerca, lo raro es que no se ven por ningún lado.

-Seguramente ellos ya nos vieron, sigamos entonces; en cualquier momento aparecerán.

Leonardo aprieta sus sienes en un inútil intento para alejar el dolor de cabeza. Es imposible que los demás estén cerca y no los vean.

Van con calma abriéndose paso entre la gente.

Leonardo quisiera correr de regreso a la Guarida. Es peligroso si se inicia una pelea ahí con la gente que está alrededor… ¡Pero qué piensa! Sensei no es capaz de arriesgar vidas, lo escuchará… lo escuchará… Debió hablar y no huir, bueno… ya están ahí, entonces… entonces…

¿Qué tenía que hacer?

Leonardo camina con paso vacilante.

De repente, Miguel Ángel se detiene, percibe muy cerca el aura maligna.

Y de entre la gente, aparecen frente a ellos y a escasos metros, tres humanos.

-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-

Creo que resulta obvio quiénes son esos tres humanos. Yo hice unos bocetos de las tortugas con la apariencia de humanos, si alguien los quiere ver, puede mandarme un mensaje, y se lo enviaré con gusto.